ateopoeta
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10 preguntas comprometedoras Podemos empezar analizando las ideas astrológicas desde un punto de vista escéptico y con humor, considerando las consecuencias de sus afirmaciones. Éstas son mis 10 preguntas favoritas: 1) ¿Cuál es la probabilidad de que a una doceava parte de la humanidad le suceda lo mismo en un día? Los que escriben las predicciones astrológicas en los periódicos (sólo en Estados Unidos aparecen más de 1.200 predicciones diarias) [en la Argentina aparecen en casi todos los diarios] te anuncian lo que te va a suceder ese día. No tienes más que leer una de las doce predicciones. Un pequeño cálculo nos muestra que a 500 millones de personas le va a ir igual de bien (o de mal) en ese día. Como hay que contentar a tanta gente a la vez, las predicciones astrológicas se redactan de una manera muy vaga y genérica . 2) ¿Por qué se fijan los astrólogos en el momento del nacimiento en lugar de en el día de la concepción? Hay quienes creen que la astrología es científica porque se basa en un dato exacto: la fecha de nacimiento. Cuando la astrología comenzó hace mucho tiempo, el momento del nacimiento se consideraba como el momento crucial en la creación de la vida. Hoy, sin embargo, entendemos que el nacimiento no es más que la culminación de nueve meses de desarrollo en el interior del seno materno. Además los científicos sostienen que muchos aspectos de la personalidad del niño se desarrollan antes del alumbramiento. Sospecho que si los astrólogos mantienen la importancia de la fecha de nacimiento lo hacen por motivos alejados de la astrología: todo el mundo sabe cuándo nació pero no es fácil (y a veces puede resultar embarazoso) preguntar por la fecha de la concepción. Los astrólogos utilizan la fecha de nacimiento, muy fácil de recordar, para que sus predicciones parezcan lo más personalizadas posible. 3) Si el vientre materno puede protegernos de las influencias astrológicas, podríamos conseguir los mismos resultados con una “cabina de carne”? ¿Cómo podemos protegernos de las poderosas influencias de los astros hasta el día de nuestro nacimiento sólo con una delgada capa de piel y músculos? Si es así, y el horóscopo de un niño que va a nacer será desfavorable, ¿podríamos retrasar las adversas influencias astrológicas colocando al recién nacido en el interior de una “cabina de carne” hasta que los astros vuelvan a serle propicios? 4) Si los astrólogos son tan buenos como dicen ¿por qué no son ricos? Unos responden diciendo que no pueden predecir acontecimientos concretos, sólo tendencias generales. Otros dicen que sólo pueden predecir grandes acontecimientos, no los pequeños. Incluso en este caso los astrólogos podrían ser multimillonarios prediciendo las tendencias generales de comportamiento de las bolsas y así no tendrían por qué cobrar a sus clientes tarifas tan elevadas. ¿Cuántos astrólogos predijeron el “lunes negro” de la bolsa [de Nueva York] de octubre de 1987 y advirtieron a sus clientes? 5) ¿Son incorrectos los horóscopos que se hicieron antes del descubrimiento de los tres planetas exteriores? (*) Algunos astrólogos opinan que el signo del zodíaco (la posición del Sol en el zodíaco en el momento del nacimiento), el único horóscopo que aparece en la mayoría de los periódicos, no es una buena guía de los efectos del cosmos. Estos astrólogos serios (suelen ser astrólogos que han fracasado en el lucrativo negocio de las columnas de periódicos) insisten en que también hay que tener en cuenta la influencia de los grandes cuerpos solares, incluyendo los planetas exteriores, Urano, Neptuno y Plutón (descubiertos en 1781, 1846 y 1930, respectivamente). En tal caso ¿cómo quedan todos los astrólogos que dicen que su práctica astrológica es fiable porque desde hace siglos se hacen predicciones exactas? ¿Son erróneos los horóscopos anteriores a 1930? ¿Por qué no se dieron cuenta los astrólogos de que había unas influencias astrales desconocidas antes del descubrimiento de Urano, Neptuno y Plutón? ¿Por qué los astrólogos, no dedujeron la existencia de Urano Neptuno y Plutón antes de que se descubrieran, analizando las inexactitudes de sus predicciones? 6) ¿Podríamos acusar a la astrología de ser intolerante y discriminatoria? En nuestra civilizada sociedad, rechazamos cualquier sistema que discrimine a las personas por su sexo, color de piel, religión, nacionalidad o cualquier otra circunstancia de su nacimiento. Hoy los astrólogos presumen de que pueden valorar a las personas basándose en otra circunstancia de su nacimiento: la posición de los astros. El no querer salir con un Leo o no contratar a un Virgo, ¿no es tan malo como no querer salir con un católico o no contratar a una persona de color? 7) ¿Por qué mantienen opiniones tan distantes las diferentes escuelas de astrología? Parece que los astrólogos no se ponen de acuerdo en algunos aspectos fundamentales de su trabajo: si hay que tener en cuenta o no el movimiento de precesión del eje de rotación de la Tierra, cuántos planetas y objetos celestes hay que tener en cuenta y, lo más importante, qué rasgo de la personalidad está asociado con cada fenómeno cósmico. Lee 10 columnas de horóscopo diferentes y seguramente encontrarás 10 interpretaciones diferentes. Si, como dicen los astrólogos, la astrología es una ciencia ¿por qué no llegan, después de miles de años de acumular datos e interpretaciones cada vez más refinadas, a una teoría aceptada por todos? Las ideas científicas acaban convergiendo al ser evaluadas y comprobadas en los laboratorios o por otros medios. Por el contrario, los sistemas basados en la superstición o en las creencias personales suelen divergir cuando los seguidores excavan nichos separados mientras están embaucando a la gente por poder, dinero o prestigio. 8) Si la influencia astrológica se transmite mediante una fuerza conocida, ¿por qué los planetas son los que más influyen? Si los efectos de la astrología pueden atribuirse a la gravedad, las fuerzas de las mareas o el magnetismo (cada escuela astrológica invoca uno diferente), incluso los estudiantes de primeros cursos de física saben hacer los cálculos necesarios para ver qué es lo que de verdad afecta a un recién nacido. Roger Culver y Philip Ianna, en su libro Astrology: true or false (1988, Prometeus Books [hay traducción española: Astrología :¿mito o realidad?. Tikal ediciones, Gerona, 1994]), analizan algunos. Por ejemplo, el médico que ayuda en el parto ejerce una atracción gravitatoria unas seis veces la de Marte y unos dos billones (dos millones de millones) de veces la fuerza de las mareas. El médico tendrá mucha menos masa que Marte, pero está mucho más cerca del niño. 9) Si la influencia astrológica se ejerce a través de una fuerza desconocida ¿por qué es independiente de la distancia? Todas las fuerzas de largo alcance del Universo son más débiles cuanto más nos alejamos del objeto que la crea. Pero, como era de esperar en un sistema geocéntrico elaborado hace miles de años, las influencias astrológicas no dependen de la distancia. La importancia de Marte en tu horóscopo es la misma si el planeta está al mismo lado del Sol que la Tierra que si Marte se encuentra al otro lado del Sol. Una fuerza que no dependiera de la distancia sería un descubrimiento revolucionario y cambiaría muchos de nuestros principios científicos fundamentales. 10) ¿Si las influencias astrológicas no dependen de la distancia ¿por qué no hay astrología de las estrellas, de las galaxias o de los cuásares? El astrónomo francés Jean-Claude Pecker ha señalado que los astrólogos son muy estrechos de miras al limitar sus energías al sistema solar. Miles de millones de maravillosos cuerpos celestes que se mueven por el Universo deberían sumar sus efectos al de nuestros pequeñitos Sol, Luna y planetas. ¿ Se puede elaborar un buen horóscopo omitiendo los efectos de Rigel, el púlsar de la nebulosa del Cangrejo o la galaxia Andrómeda? Autor: Andrew Fraknoi. http://www.astrosociety.org/education/astro/act3/astrology3.html#defense (*) El artículo fue escrito antes de que se quitara a Plutón de la categoría de "planeta". Post amigo en T! http://www.taringa.net/posts/info/836050/Astrologia:-puras-mentiras.html
Escribí esto hace un tiempo, y lo publico con la expectativa de que mantenga su interés. Se trata de un breve relato acerca de las investigaciones sobre el llamado "Jesús histórico" (el personaje realmente existente a partir del cual se "montó" el mito de Cristo). Paralelamente a ese relato, voy mostrando también ese montaje y muestro lo legendario de sus contenidos fundamentales (la existencia de Dios que se encarna, la resurrección, etc.). Espero comentarios, ya que es mi primer post en T! Cruz y ficción Por Fernando G. Toledo 1. El paso del Jesús histórico al Cristo de la fe es una de las empresas más fascinantes de la historia de la humanidad, y la que ha marcado a fuego a una cultura que se dice «occidental» en buena parte merced a la estela dejada por ese legado. Tamaña pirueta podría formularse así: un predicador galileo, nacido cerca del año 6 anterior a nuestra era, fue transformado míticamente en un dios encarnado que perdonaría los pecados del mundo con su propia muerte y anunciaría el advenimiento del «Reino». Desde que los ilustrados del siglo XVIII se lanzaron por primera vez a la búsqueda del hombre verdadero sobre el cual se fundó una nueva religión (el cristianismo), las investigaciones no han cesado. En un tema donde la fe juega un papel tan importante no es de extrañar que esa exploración jamás se detenga. Sin embargo, algo ha salido a la luz. Lo primero, es que así como los evangelios canónicos (los tres sinópticos: Marcos, Mateo y Lucas, más el de Juan) son la fuente principal para conocer la vida de Jesús, éstos no son relatos históricos, sino complejas interpretaciones teológicas de ciertos acontecimientos. Por ende, acudir al Nuevo Testamento para saber si hubo un Cristo sería como consultar con La Ilíada para saber si existió Aquiles. 2. La llamada «búsqueda del Jesús histórico» ha sido dividida en tres olas. La primera (Old Quest), básicamente germana, tuvo lugar del siglo XVIII hasta principios del XX, con nombres de la talla de Samuel Reimarus o Wilhelm Wrede, y fue clausurada por Albert Schweitzer. La conclusión de éste fue la imposibilidad de encontrar al Jesús verdadero, pues aparecía perdido en el tiempo y condenado a la tergiversación particular de cada uno de los historiadores. Sin embargo, Reimarus había descubierto algo más: que fuera quien fuere ese hombre, sirvió de excusa a la naciente Iglesia para montar sobre él una exégesis dogmática. Jesús y sus discípulos entendieron de manera opuesta la predicación del nazareno. Para Jesús, el Reino era inminente; los seguidores, ante el fracaso por la muerte de su líder, se volcaron hacia la resurrección y la parusía (la segunda venida). Uno de los hallazgos más importantes del siglo XIX correspondió a Ch. H. Weisse y Ch. G. Wilke, y consistió en determinar que el evangelio de Marcos era el más antiguo de todos (aunque aparece segundo en el canon). Datado cerca del año 70, de él habían bebido los otros (incluso algunos de los llamados «apócrifos»), acomodándose al público para el que estaba pensada su difusión, fuera judío o gentil, y recibiendo numerosas adiciones hasta por lo menos el siglo V. A pesar del desasosiego tras la primera búsqueda, antes de la segunda surgieron estudiosos notables. Entre ellos Rudolf Bultmann, quien -aparte de demostrar cómo los evangelios emergieron de diversas «pequeñas unidades literarias» ya teologizadas- determinó el carácter judaico, no cristiano, de Jesús de Nazaret. Otra vez se evidenciaba la distancia entre lo que pensaba Jesús y lo que la Iglesia hizo de su mensaje, incluyendo lo ficticio de su principal mercancía: la divinidad y la resurrección. Joachim Jeremias, un investigador de Gotinga (Alemania), protestante, protagonizó una dura e infructuosa exploración. El filósofo español José Antonio Marina, en su libro Por qué soy cristiano, resume así el empeño de Jeremias: «dedicó gran parte de su esforzado trabajo a intentar recuperar las "mismísimas palabras" (ipsissima verba) de Jesús, a descubrir los ecos del arameo originario, sus ritmos, los hallazgos retóricos y poéticos del personaje. No contento con eso, buscó además las palabras de Jesús que no constan en las Escrituras canónicas. Aprovechó todos los recursos imaginables: las adiciones y variantes de los manuscritos de los Evangelios, los apócrifos cristianos, los Padres de la Iglesia hasta el año 500, las liturgias y ordenamientos eclesiásticos, los discursos de himnos gnósticos, el Talmud, incluso una inscripción árabe del siglo XVIII existente en una mezquita del norte de la India. Al final de tan azarosa búsqueda, tuvo que reconocer: "En su conjunto, todo ese material es legendario y lleva la marca evidente de la falsificación"». 3. La New Quest, entre 1950 y 1980, debió asumir los hallazgos de Bultmann, pero intentó despegar a Jesús de su judaísmo. Los historiadores quisieron separar lo que tuviera de novedosa la predicación de Jesús como para no alejarse tanto del cristianismo. Los resultados fueron dispares, pero dieron paso a la Third Quest, que desde 1980 y con sede principal en los Estados Unidos, ha ejercitado las últimas investigaciones, entre ellas las del popular «Jesus Seminar», un grupo heterogéneo de estudiosos que cotejan los datos y deciden democráticamente los rasgos que parezcan más atribuibles al Jesús histórico. Lo interesante es que a esta altura es posible disponer de más fuentes antiguas: los papiros de Nag Hammadi, la reconstrucción de la fuente Q (de la que abrevan, además de Marcos, Mateo y Lucas) y los manuscritos del Mar Muerto (o de Qumrán) o el «flamante» evangelio de Judas. Las conclusiones han conformado el retrato irregular de un Jesús carismático, a veces un taumaturgo, pero también un predicador cínico, fiel a la ley mosaica y convencido del arribo del Reino de Israel, con todo lo ambigua que pudiera ser esa expresión. 4. La posibilidad de que ni siquiera el referente humano llamado Jesús existiese permanece latente. «No hay tumba, ni sudario, ni archivos; apenas un sepulcro que en el año 325 inventó Santa Elena, la madre de Constantino, muy inspirada pues le debemos igualmente el descubrimiento del Gólgota y del titulus» ironiza Michel Onfray en Tratado de ateología. Fuera de las fuentes cristianas, aparece el abismo. De entre las pocas disponibles de la época, las de los romanos Tácito, Plinio el Joven o Suetonio son dudosas, y la del judío Flavio Josefo (un «soberbio mentiroso», al decir de Harold Bloom) es la única que tendría más valor. Sin embargo, está viciada. En sus Antigüedades judías, datables entre el año 70 y el 90, Josefo menciona a Jesús, mas todo lo referido a su divinidad son claras interpolaciones, agregadas por manos cristianas en un intento descarado por otorgar verosimilitud al mito. Aun cuando flota la sombra de la ausencia, los esfuerzos que parten de la existencia histórica de un judío llamado Jesús han sido los más serios. A pesar de todo, indagaciones tan exhaustivas como las de las «quests» no han podido dar con la posibilidad cierta de que un hombre fuera la encarnación de un Dios o que se levantara de entre los muertos. El eminente cristólogo francés Michel Quesnel, rector de la Universidad Católica de Lyon, hombre de enorme honestidad, ha dicho: «los evangelios son mezcla de historia y fe» y «sin sus fieles, Jesús es sólo un agitador judío más de los que proliferaron». La figura de un Cristo («el ungido») aparece ya 500 años antes de la era común, con deidades como Mitra, Krishna, Dionisio, además de Buda (cuyo paso real por la Tierra es también discutido), Osiris y Horus. En muchas de esas figuras ya se menciona a un dios-hombre, el nacimiento un 25 de diciembre, la concepción virginal, la prédica, los milagros, el ritual del vino, la muerte por ejecución y la resurrección. Si se atienden tales similitudes, todo sugiere un trabajo de sincretismo, mediante el cual los seguidores de este predicador judío sumaron esos antecedentes a las profecías davídicas inscriptas en lo que luego se llamaría Antiguo Testamento, y contribuyeron a transformar a un ser de carne y hueso en un Dios. Una afirmación que al propio Jesús (judío) le habría parecido blasfema. 5. El gran impulsor de tal transformación parece ser ni más ni menos que Saulo de Tarso, o San Pablo, el llamado «decimotercer apóstol», quien fuera perseguidor de los nazareos (los primeros seguidores de Jesús) y otras sectas contrarias a la Ley hebrea. Como observa sagazmente Harold Bloom en Jesús y Yahvé. Los nombres divinos, para Pablo «la resurrección» fue «meramente espiritual» si se lee I Corintios 15:44. Pero no caben dudas de que la furiosa prédica emprendida tras su conversión en el camino de Damasco, luego de que Cristo se le «apareciera como a un aborto» (I Cor 15:1-8), fue decisiva. Las cartas de Pablo, escritas entre los años 51 y 62, incluidas en el Nuevo Testamento, no sólo son anteriores a Marcos (éste es cercano a la fecha de la muerte del tarsiota), sino que su influencia fue determinante para darle forma al Jesús-Cristo pospascual. En un contexto de diáspora -Vespasiano arrasó Jerusalén en el año 70-, Pablo encuentra en el Jesús ejecutado por sedición el esqueleto que servirá para inscribir su propia interpretación de un mensaje escatológico urgente. Por ello pone en marcha la construcción teológica que culminará en Cristo, hijo de Dios (I Tesalonicenses 1:10), resucitado (I Cor 15:3-5), llegado para anunciar el fin de los tiempos y poner «a todos los enemigos bajo sus pies» (I Cor 15:25). Ese Pablo moriría cerca del año 65 no sin tristeza, quizá, a la espera de una redención que no pudo atestiguar, a pesar de la predicada inminencia (I Tes 4:15-17, Marcos 13:30-31). 6. Los evangelios siguen el influjo de Pablo, y el de Marcos abre un surco legendario que abonará la tradición posterior, regándolo con elementos neoplatónicos. El ex embajador de España en el Vaticano Gonzalo Puente Ojea (brillante autoridad en el tema) ha puesto la lupa en el llamado «secreto mesiánico», figura que se hace central en el escrito marquiano y constituye la «palmaria ficción» que «escenifica la revelación hecha por Jesús de que el Mesías -él mismo- debe sufrir y morir conforme a un plan de salvación universal establecido por Dios desde el inicio de los tiempos». El secreto mesiánico, la advertencia que Jesús habría dado a los horrorizados discípulos sobre su crucifixión, es para el estudioso Hanz Conzelmann «la presuposición fundamental del género Evangelio». Así, en el breve pero imponente librito El mito de Cristo, Puente Ojea propone que «el elemento axial del Evangelio se sitúa en las perícopas que van de Mc 8:27 a 8:31». «De una parte -dice el ensayista- la reiteración del anuncio del drama de la pasión, muerte y resurrección (Mc 8:31-33, Mateo 16:21-23, Lucas 9:22-27, para el primer anuncio; Mc 9:31-32, Mt 17:22-23, Lc 9:44-45, para el segundo; y Mc 10:32-33, Mt 20:17-19, Lc 18:31-34, para el tercero). De otra parte, la obstinada incredulidad de los discípulos ante la noticia de que Jesús había resucitado, encabezada por María Magdalena y difundida in crescendo, pero inicialmente rechazada por los discípulos«, que no por nada «le abandonaron y huyeron» (Mt 26:56), «sin duda por entender que la cruel realidad había puesto el punto final a una loca aventura». A este respecto, «lo primero que salta a la vista -cuestiona el español R.H. Ibarreta en La religión al alcance de todos, 1887- es una sorprendente resistencia por parte de los apóstoles a creer que Jesús pudiese haber resucitado, lo cual demuestra claramente que todos los dichos que en los mismos evangelios se atribuyen a Jesús de que resucitaría a los tres días, son falsos. De lo contrario, ¿cómo podrían negar los apóstoles su resurrección? Y si sus discípulos dudaban que pudiese resucitar, claro está que no tenían a Jesús por Dios, sino por simple mortal; creencia que (...) fue la de los primeros cristianos». Y la de muchos «herejes» perseguidos por la misma Iglesia, habría que agregar. 7. Ahora bien, ¿cuál es la razón para que un grupo sectario se decidiera a predicar tan tozudamente la divinidad de Jesús? José Antonio Marina, a tono con Edward Schillebeeckx, dice en Por qué soy cristiano que los seguidores del galileo, a través de Pablo, «tuvieron una profundísima, perturbadora experiencia», la cual no tiene que ver con que Jesús efectivamente resucitó, sino que asumieron en su mensaje una especie de «salvación definitiva». Quesnel se acerca a esa postura, con matices menos místicos: «Un grupo de fieles creyó que Jesús había resucitado. Usted puede no creer que resucitó, pero lo que sí es historia es que muchos lo creyeron resucitado». Visto de otro modo, la primera razón para la creencia en un Mesías, consubstancial a «Dios», es la necesidad de ver cumplidas algunas profecías mesiánicas del Antiguo Testamento (por ejemplo Salmo 16:10, Isaías 7:14 y 62:11, Oseas 6:2 o Daniel 7:13-14 y 12:1-3). Así como ciertas prédicas del Jesús neotestamentario aparecen también en el Tanak judío (el «amarás a tu prójimo como a ti mismo» está en Levítico 19:18), a medida que se atraviesa Marcos, Mateo, Lucas y Juan, las citas proféticas aumentan para dar la sensación de que se han cumplido las Escrituras (Mc 15:28; Mt 26:55-56, 27:9 y 31:1-8; Lc 17:26-29 y 20:41-44; Juan 7:40-43, 18:9 y 19:36-37, etc.). Pero, además, Puente Ojea explica algo que es crucial: «Para acomodar la nueva religión al imperio romano y para no ser vistos como enemigos de Roma, los evangelios sinópticos crearon el Cristo pacífico, el Cristo de la fe. Y se falsea la realidad sosteniendo que él ya había previsto su crucifixión». En realidad, Jesús nunca pensó ese final, tal como se advierte en frases del tipo «aparta de mí este cáliz» (Mt 26:39) o el desgarrador grito «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?» (Mc 15:34). El historiador Donald Harman Akenson, aclamado por H. Bloom como la voz más autorizada para hablar hoy de Jesús, ha dicho: «sin duda hubo un Jeshúa de Nazaret, al que sus creyentes acabaron transformando en Jesús el Cristo». Paralelamente, el sacerdote católico Xavier León-Dufour ha elegido estas palabras: «en tanto que despertar de la muerte y en tanto que exaltación a Dios, la resurrección no es un hecho histórico, aunque sea percibida por el creyente como un hecho real». Por su parte, el mismo Puente Ojea, ha reflexionado que «la resurrección (...) le servía, al parecer, a Pablo, pero no era lo que necesitaban los fieles con los pies en el suelo y ajenos a los arrebatos místicos del tarsiota. Los evangelistas se impusieron la tarea de anclar este hecho milagroso en detalladas referencias testimoniales, pues los creyentes se interesaban, al revés que Pablo, por el Cristo katá sarka, según la carne. Pero fracasaron estrepitosamente en el intento..., sencillamente porque las leyendas de la tumba vacía (...) eran expedientes inoperantes (...), pero después de haber transcurrido 30 o 40 años del supuesto suceso, se pudo comprobar que nadie sabía realmente nada, o casi nada, de aquellas experiencias». Un número notable de historiadores creyentes (entre ellos, Hans Küng, John D. Crossan J.K. Elliot), además de los irreligiosos, coinciden en rechazar como hecho histórico la crucial hazaña divina de la resurrección. Bajo las evidencias, esto es o bien una «intepretación teológica» o, algo similar y más mundano: «cuestión de fe». Sin embargo, detrás de todo, hay algo que resuena de manera lúgubre. Es la voz de Pablo, quien en I Corintios 15:14 advierte: «Y si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación y vana nuestra fe». (Publicado previamente en Razón Atea). http://razonatea.blogspot.com/2006/04/cruz-y-ficcin.html
Ateopoeta, el nick que elegí para Taringa! es algo más que un mero seudónimo. Y no sólo porque describa dos aspectos de mis actividades o visiones del mundo, sino porque es un “juego de palabras” muy divertido (y complejo) que hasta tiene un sonoro nombre: Palíndromo El palíndromo es una palaba o frase cuyo sentido se lee igualmente desde adelante hacia atrás o de atrás hacia delante. Equivale al capicúa en los números. En el caso de mi nick está claro: >>>ateo poeta>>> <<<ateop oeta<<< Pero también en estos casos: Adán o nada. Somos o no somos Y, si ya van entendiendo el asunto, éste: Sé verla al revés Pero esto es juego de niños para algunos de los palíndromos que numerosos escritores o juguetones de las palabras han creado a lo largo de la historia humana. El latín, por ejemplo, tiene muchos palíndromos. Un célebre por su complejidad y fuerza poética es: In girum imus nocte et consumimur igni (Girábamos en círculo por la noche y fuimos consumidos por el fuego) Impresionante, aunque no sé si tanto como éste, que es una inscripción hallada en Pompeya: SATOR AREPO TENET OPERA ROTAS Dice algo así como “Arepo tiene ruedas para trabajar”. Si se fijan se lee de atrás para adelante, y de arriba hacia abajo (en sentido vertical). Palíndromos hay en todos los idiomas. En catalán hay uno que hace referencia al nombre de nuestro país: Argentina, la nit negra (Argentina, la noche negra Éste, en inglés, es soberbio: A man, a plan, a canal: Panama! (Un hombre, un plan, un canal: ¡Panamá!) Volviendo al español, podemos recrearnos con algunos que son divertidos, sutiles y asombrosos. Veamos: A mí sí, dama amadísima No deseo yo ese don A la manía, cocaína mala Se van sus naves Dábale arroz a la zorra el abad Dos escritores argentinos se destacaron en esto de los palíndromos. Uno de ellos es Julio Cortázar, quizás no porque se dedicase especialmente a componerlos, sino porque en su primer libro de cuentos (Bestiario), el cuento Lejana incluye algunos bellos palíndromos: Amigo, no gima Atar a la rata Salta Lenín el Atlas; Átale, demoníaco Caín, o me delata Pero sin dudas el rey del palíndromo en la Argentina es el escritor Juan Filloy. A él (un verdadero lúdico del lenguaje: todos los títulos de sus libros, por ejemplo, tienen siete letras) se deben algunas verdaderas “obras palíndromas maestras”. Según sus propios cálculos, Filloy escribió 8.000 palíndromos. Algunos, simples y contundentes: Acaso hubo búhos acá Subo tu autobús Sólo dí sol a los ídolos Si tragar era gratis… Otros, relacionados con la política local: Allí tápase Menem esa patilla Otros, geniales, increíbles: Sólo diseca la fe de falaces ídolos ¡Sosa ya pagó su soga, payasos! Sarita Sosa es idónea en odiseas o sátiras Le vino dote de todo nivel A sor Paloma Fidel le difamó la prosa Y, por fin, éste, en el que se basa mi nick: Ateo por Arabia iba raro poeta FUENTES Y EXTRAS: Para encontrar más palíndromos. http://www.educared.org.ar/tamtam/archivos/2004/11/17/palindromos.htm El cuento Lejana, de Cortázar: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/cortazar/lejana.htm Entrevista a Juan Filloy: http://www.bibnal.edu.ar/salavirtual/Entrevistas/filloy.htm