aprendizbibliotecario
Usuario (El Salvador)
El 17 de junio de este año, mediante facebook, el actual alcalde de Nuevo Cuscatlán, departamento de La Libertad, en El Salvador, compartió una experiencia personal en un conversatorio, donde exponía su punto de vista sobre la administración pública en El Salvador. No soy una persona versada en todos esos asuntos, y tengo demasiada ignorancia al respecto (algo que me da vergüenza admitir), pero deseaba compartir esta información, sin ninguna clase de color político. Lo ideal y mi mayor deseo, es dar a conocer esta visión de un salvadoreño a todos los taringueros; y contribuir, al menos como en una gota en el mar, a generar conciencia sobre asuntos en los que todos debemos reflexionar alguna vez. Como todos sabrán, mi país ha sufrido apaleadas de toda clase (y en todas las áreas), desde hace muchísimos años, hasta el punto de continuar sumido en el más grande de los subdesarrollos; por lo que políticos que comparten sus ideas, y sus verdades personales, dejan esa extraña sensación de esperanza, de que no todo está tan perdido (al menos en el área de la política). Creo que se me pasó la mano en mi opinión personal. Mejor dejo el texto a continuación, y... juzguen ustedes... ¿Por qué nuestro país es pobre? por Nayib Bukele Hace unos días tuve el honor de compartir un conversatorio, en la universidad Dr. José Matías Delgado, con otros 4 panelistas, dos de ellos, reconocidos diputados de ARENA. Un alumno preguntó: ¿Por qué nuestro país está tan mal? ¿Por qué la economía no crece? ¿Por qué no hay empleos? Los diputados de ARENA inmediatamente y con una fluida coherencia explicaron que en nuestro país no se incentiva la inversión privada (única creadora de empleos), que los impuestos son muy altos, que el gobierno mucho gasta, que hay mucha burocracia, que no hay una ley de flexibilidad laboral, que no se amplía la base tributaria y que los empresarios no encuentran predictibilidad y seguridad jurídica para sus inversiones. Uno de los diputados de ARENA fue más allá, afirmando que solo hay dos posibilidades de resolver nuestro déficit fiscal, subiendo ingresos o reduciendo gastos. Y que, como en nuestro país existía un problema de gastos, la solución no era incrementar ingresos, sino reducir el problema, el gasto. La mayoría de jóvenes aplaudieron. Era la respuesta que esperaban, la respuesta lógica, la que les habían enseñado en clase, la que explicaba la razón por la que nuestro país está mal. ¿Pero realmente es esa la razón? El conversatorio no suponía ser un debate. Sin embargo, sentí que estaba ante la verdadera causa de nuestros problemas: el constante deseo de correr hacia atrás, de aplicar recetas tercermundistas, como si compitiéramos por ser cada vez más subdesarrollados. "Lo que propone el diputado es precisamente lo contrario a lo que debemos de hacer" -dije. "Nuestro país tiene una recaudación fiscal más baja, en relación al PIB, que todos los países desarrollados y que todas las economías emergentes. Nuestro país tiene un gasto más bajo, en relación al PIB, que todos los países desarrollados y que todas las economías emergentes". "Todos los países desarrollados: Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Japón, etc. tienen una recaudación fiscal y un gasto mucho mayor, en relación al PIB, que nuestro país. Sin embargo, tenemos una recaudación fiscal mayor y un gasto mayor que Haití". La pregunta es: ¿Queremos aplicar la receta del diputado y bajar nuestra recaudación y nuestro gasto, para parecernos más a Haití o queremos subirlo y parecernos más a Japón?" Varios jóvenes asintieron con la cabeza, no hubo aplausos, pero al menos tenía su atención, y sus mentes abiertas. Un paso en el largo camino de cambiar un poco las cosas. "Me imagino que los padres de muchos de ustedes han solicitado algún préstamo en un banco", continué. "Sin conocer los casos específicos, dejenme decirles que estoy seguro que se los negaron". Todos rieron. Otro paso. "¿Saben por qué?. Porque los bancos no fueron creados para ustedes, nuestro sistema feudal está creado para que el que tenga más pueda tener más, punto. Todo lo demás es accesorio, un mal necesario". "Dejenme contarles un poco sobre la historia de nuestros bancos: Hace 25 años los bancos eran del Estado. Todos: El Agrícola, El Cuscatlán, El Salvadoreño, etc. Todos los bancos eran estatales. Entonces, el gobierno del ex-presidente Cristiani decidió que, ya que la empresa privada es más eficiente en administrar bancos, lo correcto era privatizarlos, es decir, venderlos a inversionistas privados. Luego, se analizó que realmente los bancos no valían mucho, así que se tomó la segunda decisión: Venderlos baratos. La tercera decisión fue que los bancos tenían mucha cartera morosa, ya que al ser del Gobierno, hacían muchos préstamos a personas que "no eran buenos sujetos de crédito", y que entregarle los bancos con esa alta cartera morosa a los inversionistas sería "irresponsable". Así que lo correcto era que el estado asumiera su saneamiento, es decir, que el estado se quedara con toda la cartera morosa, y vender los bancos únicamente con la cartera sana, apetecible, lo que en el léxico empresarial salvadoreño llamamos: La carnita". "La cuarta decisión fue que los inversionistas podrían no tener el dinero para invertir, así que lo mejor, era que fuera el mismo gobierno el que les prestara el dinero para ello. Y que el préstamo se pagara con las mismas utilidades de los bancos. En otras palabras, los bancos se entregaron gratis. Nadie pagó por ellos". "Para postre pasó algo más inaudito: hace algunos años (y después de muchos años de utilidades) bancos internacionales (Citi, HSBC, Scotiabank, Bancolombia, etc.) compraron nuestros bancos en aproximadamente $4,000,000,000.00 (cuatro mil millones de dólares). Un precio exponencialmente mayor al precio que pagaron (o mejor dicho no pagaron) los inversionistas por los bancos. El impuesto de la renta lógico (la tasa que pagamos la mayoría de empresarios salvadoreños) era de aproximadamente $1,000,000,000.00 (mil millones de dólares). Sin embargo, y gracias a las leyes que rigen las transacciones de la bolsa de valores, el pago efectuado de impuesto de la renta fue: $0". "¡0 dólares!, ¿un grupo de personas recibe $4,000,000,000.00 y el estado no recibe nada? Ahora pregunto: ¿Qué pudimos haber hecho con mil millones de dólares de impuestos? Este monto es equivalente a 100 años de la reducción al gasto que se logró con el nuevo y criticado sistema de subsidio al gas. Equivalente a darle una laptop por persona a 1.5 millones de estudiantes". ¿Que pudimos haber hecho con mil millones de dólares? "¿Y cuál es la solución que se propone ahora? ¿Ampliar la base tributaria? Esa es la forma técnica de decir que hay que cobrarle impuestos a la señora de las tortillas y a la que vende mango twist en la calle. ¿Flexibilización laboral? Es solo otra forma de llamarle a que te puedan despedir sin indemnización. ¿Bajar el gasto del gobierno? Estoy seguro de que todos estamos de acuerdo en que los diputados no coman caviar, pero ningún analista serio va a afirmar que controlando este tipo de gastos (que se tiene que hacer) se va a reducir en un 1% nuestro presupuesto. ¿Entonces que se tendría que recortar? ¿las pensiones? ¿los programas sociales? ¿salud? ¿educación?" "Esa no puede ser la solución. En nuestro país necesitamos más inversión social y en infraestructura, instituciones fuertes garantes de que los funcionarios corruptos paguen sus faltas, que el que tiene más pague más y el que tiene menos pague menos, que invirtamos en educación y que las instituciones trabajen para todos". -Los jóvenes aplaudieron. Un gran paso. La única forma real de empezar a solucionar los problemas de nuestro país, es aplicar las recetas (adaptadas a nuestra realidad por supuesto) de los países desarrollados, no las de Haití. Que los que tengan más paguen más y los que tengan menos paguen menos. Que dejemos de buscar fondos en donde no los hay y empecemos a pagar los que si podemos pagar. Que las 100 familias (incluyendo la mía) que tenemos el 95% del capital del país empecemos a devolver un poco de esto para financiar la inversión social e infraestructura que necesitamos para crecer. Que contratemos un ejercito de maestros (bien pagados) que enseñen a nuestros jóvenes que no están condenados a ser pobres y que en El Salvador (así como en Estados Unidos) si alguien tiene un sueño puede alcanzarlo. La otra opción, y la que escucho es la que más se propone, es seguir facilitando que el que tiene más, tenga más, que el que tiene menos, tenga menos. Que con la ley de flexibilización laboral, las mujeres que trabajan en las maquilas no solo sean explotadas y que controlen las veces que van al baño, sino que además puedan ser despedidas sin indemnización, puedan ser "suspendidas" por uno o dos meses sin salario, y que los horarios de trabajo puedan ser los que su empleador quiera. ¿De verdad alguien cree que este tipo de propuestas solucionaría algo? Estoy seguro que no. ¿Entonces por qué se proponen? En mi humilde opinión, estamos ante otra embestida de la codicia y la ambición desmedida. Lastimosamente hay algunos vientos de cambio, hacia atrás, que probablemente triunfen de nuevo en esta nueva etapa de la historia de nuestro país. FIN DEL POST

Creo que está de más en decirlo, pero bueno... soy salvadoreño y quiero compartirles un poco de la literatura de mi país. Como nunca he salido de mi terruño, no puedo asegurar si nuestra literatura es desconocida o no en el resto de América Latina. La mayoría de las referencias que he leído son academicistas; y aunque he encontrado información muy escueta en blogs de usuarios que son simples mortales como yo, tengo la impresión de que se sabe poco o casi nada, sobre nuestra literatura en el extranjero. Es por eso, que decidí compartirles un poco de lo que considero novelas recomendadísimas de autores salvadoreños. Es un pequeño homenaje a mi país... todo es desde mis gustos y mi punto de vista, así que no puedo afirmar "irresponsablemente" que estas sean las más grandes novelas, las más importantes, o las más fundamentales de la literatura salvadoreña. Que resuelvan eso los críticos. Yo apenas soy un aprendiz de bibliotecario. En fin... paso a lo mío... Estas son las novelas salvadoreñas que más me han gustado, y que personalmente las recomiendo (no necesariamente en orden de importancia): Pobrecito poeta que era yo... (1976) de Roque Dalton Novela publicada un año después del asesinato del autor. Escrita con una técnica nombrada por algunos como collage. Contiene un prólogo (aclaración: prólogo que YA FORMA PARTE de la novela... un prólogo cualquier libro lo posee... este prólogo es como un pre-capítulo de la novela); cinco capítulos relativamente independientes, pero muy bien relacionados, cada uno escrito en una diferente técnica narrativa; y un "Intermezo apendicular" (sic) que contiene diez apéndices (que son como recortes de periódicos, de libros, informes policiales, etc. Solo con su lectura en conjunto con la novela, cada apéndice adquiere sentido). Personalmente, de todas las novelas de mi país es mi preferida porque me identifico con la representación que el autor hace, de esa sustancia intocable, invisible y para algunos inútil, de lo que podría llamarse (para el caso de mi terruño) "salvadoreñidad". En la novela hay un realismo crudo, iconoclasta, con una clara intención de derrumbar muchos muros ideológicos en mi país de aquel momento. Todo eso con un peculiar sentido del humor, a veces hiriente, a veces ingeniosísimo. Narra la historia de cinco poetas que tratan de vivir su tiempo a plenitud; queda en el lector descubrir por qué podrían considerarse cada uno de distinta forma pobrecito. El asma de Leviatán (1990) de Roberto Armijo Es la única novela del poeta y ensayista Roberto Armijo. Ya que Armijo fue de esa clase de escritores que nunca están conformes, anduvo cargando esta novela por muchos años, hasta que un día, mientras Ignacio Ellacuría lo visitaba en su casa, prácticamente se la arrancó de las manos para poder publicarla con UCA editores. Es de esa clase de novelas que filtran a los lectores (puedo citar un ejemplo, porque de mi poca cultura lectora, recuerdo apenas un libro para comparar: El nombre de la Rosa) por lo que esta novela se presta a múltiples lecturas; lecturas del argumento principal, y lecturas de todas las referencias a nuestra cultura y conocimiento general. La cantidad de referencias culturales latinoamericanas y europeas es bastante interesante. Pero eso no es el todo de la novela. No he leído otras novelas salvadoreñas para comparar, pero es la única que conozco que trata del tema guerrillero. Por si algún lector de este post no lo sabe, El Salvador vivió una guerra en el periodo1980-1992 (según la historia oficial). Y cuando me refiero que trata el tema guerrillero en El Salvador, no hablo acerca de escenas de guerra, de campamento o de una vida fugitiva llevada al límite: me refiero a esa humanización, esa sensación de vivir sin vivir-en-sí, que solo con el trato y maestría que este autor nos presenta, nos muestra todas las aristas del cubo que representa la vida en la guerrilla. En fin: recomendado para lectores experimentados. Yo soy la memoria (1983) de Hugo Lindo Para el lector de novelas contemporáneas, o publicadas en los últimos 5 años, el estilo de esta novela le parecerá medio empalagoso, pero podrán acostumbrarse... esto no es intención de la novela, sino que su autor, siempre cuidó a niveles obsesivos su expresión lingüística. Pero eso no va en detrimento de la novela, sino todo lo contrario. Aunque para gustos, ya lo sabemos... No podría decirse que es una novela futurista, y sin embargo, la sociedad que retrata, cuyos distintos aspectos el narrador tratará de totalizar (como si se tratara del testamento de toda una era) nos mostrarán un mundo donde ha triunfado la mente sobre la materia. Es decir, en lugar de existir el sistema actual en que vivimos, existe "El Consejo" donde están los hombres sabios, los que poseen todo el conocimiento humano. De entre ellos, nuestro protagonista, Medilón de Opas, cumple el papel de "La Memoria", quien almacena (como un disco duro de 1000 yotta-bytes) TODO, ABSOLUTAMENTE TODO, desde el principio de los tiempos, lo que ha ocurrido en la historia de la humanidad. El propio personaje lo dice de una forma muy interesante: «Conservo mi nombre, porque así es la ley. Y recuerdo al niño que yo era porque, simplemente, el Venerable Antur era la Memoria, y nada de lo que es o ha sido, ni de lo que se ha dicho o pensado, está fuera de mis registros. Pero ya me es totalmente ajena la figura que se amparaba bajo este mismo nombre de Medilón de Opas, ni me importa de ello, porque lo que fue no es. Yo soy la Memoria. Y por eso conozco muchísimas cosas de la Raza, que no trascendieron al público o que fueron debida y oportunamente olvidadas por los demás. Y por la misma razón he venido a ser uno de los Señores del Consejo, en cuya provecta compañía contrasta mi aparente juventud.» Esta novela no puede (y no es justo hacerlo) compararse con las grandes novelas del mundo, pero intenta lo que han intentado las más grandes: abarcar todos los aspectos de la vida en una sola novela. Catleya luna (1974) de Salarrué Por momentos es una novela esotérica, por momentos con algo de aventuras. El mismísimo Salarrué prefería llamarla una novela de desván. Para él, esto quería decir, que no era perfecta, pero tampoco era ingenua; que era novela de juventud, sin importar a la edad que se escriba; y que era de desván, porque es el único rincón de los ensueños y proyectos del para siempre joven poeta. Salarrué agregaría además que «es un esfuerzo de superación plausible por los escasos elementos con que el escritor de desván cuenta.» Nunca me han gustado las afirmaciones categóricas (sobre todo en estos tiempos, donde todos esperan que una autoridad en alguna materia afirme categóricamente) pero considero que esta novela es la obra maestra de Salarrué. Aquí se encuentra su pensamiento mágico, pero también su visión política, social y cultural, del pueblo salvadoreño. Además, nos presenta su visión de mundo, con una seguridad que ya no se ve en estos tiempos de duda. Si no es eso un mérito, puede considerarse una actitud loable, donde el compromiso es con la ética personal. He llegado a pensar que los protagonistas representan los distintos alter-egos del autor, ya que las situaciones se van deslizando para presentarnos su tesis de la vida y de lo profundo. En fin, una novela altamente recomendable, con un poco de aventura, filosofía y por momentos, esoterismo. Otro aspecto a destacar, es que el pensamiento indígena se siente muy bien reflejado, no con la mirada del hombre blanco, sino con la búsqueda e intento de un sentir-en-sí y vivir-en-si todo ese legado milenario. Trenes (1942) de Miguel Ángel Espino De esta novela hay mucho qué decir, y sin embargo, poco se ha dicho. Es de esa clase de novelas, que algunos prefieren denominar "poemática" y otros como "anti-trama". En lo personal, es muy difícil (y lo digo con honestidad) definir en una cuantas líneas de qué se trata en verdad. No sé cuántos saltos en el tiempo hay, o si los tiene. Desconozco cuántos personajes participan, porque a veces no pueden definirse totalmente algunos de ellos. Aún no he sido capaz de determinar cuántas de las escenas que he leído, fueron imaginadas por el protagonista, fueron una broma del narrador, o simplemente fueron conjeturas de lo que podría pasar. En ese sentido es una novela muy compleja. Pero recomendada, para los amantes de las novelas de introspección. En lo personal, es una de mis preferidas no solo por su lenguaje, sino porque me identifiqué con muchos de sus pensamientos. Me recordó esa megalomanía que todos llevamos dentro, sumado al cinismo que a nuestra sociedad contemporánea caracteriza: esto último es impresionante (al menos para mí), porque nunca imaginé que una novela salvadoreña de ese tiempo, fuera tan "anti-novela" para lo que se escribía por entonces. De hecho, el autor hace una advertencia al principio, afirmando: «esta novela es el estudio de una emoción». Hombres contra la muerte (1942) de Miguel Ángel Espino Su trama se desarrolla en Belice. Su estilo se encuentra todavía entre el cuadro de costumbre, la descripción pintoresca de la naturaleza (desde la línea de José Eustacio Rivera) y la denuncia sobre los abusos a los campesinos. Aunque es muy típico de la narrativa de los años 40's, para los amantes de las descripciones paisajísticas, el amor por la selva, y ese sentido melancólico de las frases (como para viajar en el tiempo) puede considerarse una buena opción de lectura. Cenizas de Izalco (1966) de Claribel Alegría & Darwin Flakoll Esta novela puede considerarse tejida en varios hilos narrativos: por una parte, narra una interesante y peculiar historia de amor; por otro, los hechos que ocurrieron alrededor de la matanza indígena de 1932, en Izalco, El Salvador. Pero la novela inicia muchos años después, con otras personas que nada tienen que ver con la historia principal, pero sí con sus protagonistas, que fueron testigos de uno de los más grandes crímenes contra la humanidad. Es una interesante mezcla de denuncia histórico-social, con una particular historia de amor, entre un estadounidense y una salvadoreña, en los años 30's. De vez en cuando la muerte (2002) de Rafael Menjívar Ochoa Puede decirse que es una mezcla interesante entre novela negra y novela detectivesca. Sin embargo, posee claras diferencias con esta última, por la crudeza con que intenta pintar los asesinatos, las torturas, y sobre todo, por irrespetar las leyes de una clásica novela detectivesca: el investigador se equivocará hasta sentirse prácticamente desubicado, y las respuestas a veces nunca llegarán; todo en ocasiones será como menos imaginábamos. Nuestro "detective" será un periodista que quiere "atrapar la historia" atando cabos a través de una serie de crueles asesinatos. Como la trama se desarrolla en cualquier lugar donde haya un gobierno X latinoamericano, a medida que vaya acercándose a sus respuestas, este periodista se dará cuenta que hay demasiada gente involucrada, haciéndole las cosas difíciles. A veces un simple asesinato, o una serie de asesinatos, pueden ser tapaderas de distracción, sobre un asunto mucho mayor, que puede escaparse de las manos, y que involucra a nuestras más altas autoridades. El asco. Thomas Bernhard en San Salvador (1996) de Horacio Castellanos Moya Para la mayoría de críticos salvadoreños esta novela se consideraba aberrante; fue muy rechazada al principio, y se dice que su autor fue amenazado de muerte. Me atrevo a decir que en la actualidad, sobre todo los que nacimos en los 80's, y los que nacieron en los 90's, hay más identificación con lo que la novela trata, precisamente por el cinismo y el humor sardónico con el que comenta todos y cada uno de los aspectos que componen a nuestra sociedad (salvadoreña en particular). Es una crítica muy fuerte. Esta novela llevó a decir a Roberto Bolaño en su artículo Horacio Castellanos Moya: la voluntad de estilo: «Aquí reside una de las muchas virtudes de este libro: se hace insoportable para los nacionalistas. Su humor ácido, similar a una película de Buster Keaton y a una bomba de relojería, amenaza la estabilidad hormonal de los imbéciles, quienes al leerlo sienten el irrefrenable deseo de colgar en la plaza pública al autor. La verdad, no concibo honor más alto para un escritor de verdad.». El sueño de Mariana (2008) de Jorge Galán Me atrevería a decir que es la única novela salvadoreña distópica. En cuanto a temas futuristas, tenemos interesantes precedentes, sobre todo en cuento, como La ilustre familia androide de Álvaro Menen Desleal o algunos cuentos de Hugo Lindo, sobre todo los del libro Espejos paralelos. El sueño de Mariana plantea un futuro donde el mundo entero está dividido en únicamente 2 clases sociales: los que viven en los "Círculos" y los que viven en una suerte de "Mega-Edificios". No está planteado este escenario como un mundo totalmente represivo, pero sí de una manera que da a entender, que los habitantes de los círculos (que es la mayoría del mundo) no tiene ni la más mínima oportunidad de acercarse a los "Mega-Edificios", ya que estos últimos poseen absolutamente todo (todo es todo, incluido súper-tecnología) y los que viven en "Círculos", simplemente no tienen nada. No sé qué tanto escribir sobre la trama porque a pesar de ese escenario, la novela es bastante cotidiana, y su protagonista (Mariana) es la única persona, que por su belleza prodigiosa, pudo salir de los "Círculos" para vivir en los "Mega-Edificios". Decir algo más, sería arruinarle a un futuro lector, el disfrute de una novela que a cada capítulo, habla por sí misma. Eso es todo... Lo más seguro es que me se escaparon otras que son muy buenas... los que estén un poco interesados en la literatura salvadoreña, pueden comentar sobre eso, o sobre las que les he compartido... ¡GRACIAS!
Es probable, que la persona que conocemos como William Shakespeare, nunca hubiera sido el genio que realmente creemos. Aparentemente (esto es una teoría conspiracionista) las obras de Shakespeare no fueron escritas por él, sino por otros autores. Y te preguntarás, "por qué debería creer en una teoría conspiracionista..." y te entiendo. Pero te puedo ofrecer una lista de académicos para que investigués por tu cuenta... y creéme... luego volverás a la teoría conspiracionista. Para los academicistas: Bertram Fields, Mark Anderson, Barry R. Clarke, Karl Bleibtreu, Jonathan Hope, H.N. Gibson, Al Justin y Judy Woodruff, N. Cockburn, Lewis Frederick Bostelman, E.A. Honigman, J. Thomas Looney, Peter Dawkins, Celestin Demblon, John Michell, Charlton Ogburn Jr., Amelie Deventer von Kunow, Pierre S. Porohovshikov, Irvin Leigh Matus, Diana Price, Penn Leary, Ilya Gililov, Ian Wilson, Scott McCrea, Bob Grumman, Harold Bloom, etc. son algunos de los autores que pueden revisar. ¿Ya los revisaste y volviste? ¿Te pasó las mías y te quedaste en lo mismo? Entonces estamos en el mismo lugar: la academia no puede (o no quiere... quién sabe) probar la existencia de William Shakespeare, tal y como lo conocemos. Pues bien, revisemos entonces la teoría de conspiración. Esta teoría sostiene que las obras de Shakespeare, fueron en realidad escritas por otros autores, como Francis Bacon, Christopher Marlowe, Roger Manners, (conde de Rutland, William Stanley, conde de Derby, Edward de Vere, conde Oxford) y otros. Estos escritores, según se afirma, publicaron sus obras de forma anónima —a través de la compañía teatral de Shakespeare— porque los temas que abordaban eran políticamente peligrosos. Recordemos que era una época donde te podían encarcelar y hasta matar por escribir una obra "sediciosa" ya no digamos si presentabas algo que incitara políticamente a las masas. Francis Bacon Los teóricos de la conspiración impugnan el hecho de que Shakespeare, o "Shakspere" como fue registrado su nombre en Stratford-upon-Avon, Warwickshire, fuese el verdadero autor de Hamlet (1601), Mackbeth (1606) y otras obras teatrales publicadas bajo su nombre. A lo largo de los siglos, escritores de la talla de Walt Whitman, Mark Twain, Charles Dickens, Nathaniel Hawthorne y Ralph Waldo Emerson han prestado sus nombres a la teoría de la conspiración. La identidad de Shakespeare no ha sido probada nunca más allá de su certificado de nacimiento y un puñado de documentos legales y anécdotas. Y lo que es más importante, lo poco que se conoce de Shakespeare no parece coincidir con la autoría de las obras que se le atribuyen. El dramaturgo era claramente un hombre culto, mundano y de espíritu generoso, con amplios conocimientos de arte, literatura, medicina, navegación, guerras y muchas más cosas... aparentemente demasiadas para un solo hombre. Christopher Marlowe Sin embargo, no existe prueba alguna de que Shakespeare fuese siquiera un hombre instruido, mucho menos de que hubiese sido capaz de reunir todos esos conocimientos. Se sabe que abandonó Stratford-upon-Avon y se marchó a Londres, dejando a su esposa en la indigencia, para convertirse en actor y más tarde en empresario de un grupo teatral. Cuando regresó a Stratford se negó a pagar las deudas contraídas por su esposa y se vio envuelto en negocios dudosos y disputas legales. No escribió nada y no dejó libros ni manuscritos en su testamento. Su reputación nacional como escritor fue establecida solo después de su muerte. Algunas de las obras que en algún momento se le atribuyeron fueron, de hecho, escritas por otros autores. La ausencia de pruebas convincentes deja muy abierto el problema de la autoría de las obras. Los principales candidatos incluyen a Sir Francis Bacon y Christopher Marlowe, quien nació el mismo año que Shakespeare. Marlowe era un erudito, poeta y dramaturgo, autor de al menos cinco de los mejores dramas de su época, incluyendo Tamburlaine (1587) y Fausto (1589); y era espía de la reina Isabel. Muerto aparentemente a resultas de una pelea en una taberna en 1593, algunos sostienen que fingió su muerte y vivió para escribir las obras teatrales de Shakespeare. Edward de Vere Durante la era isabelina, todas las obras impresas estaban censuradas, pero las representaciones teatrales ofrecían un medio clandestino de promover temas controvertidos. Ricardo III (1595), una "obra de Shakespeare" es un claro ejemplo de ello. Trata de la caída del monarca y fue considerada por Isabel I como un ataque personal contra ella. Una de las escenas fue prohibida directamente, y un escritor fue encarcelado de por vida por mencionar la escena en letra impresa. Cuando el conde de Essex encabezó una rebelión armada contra la reina en 1601, hizo que la obra se representase en todo Londres a fin de ganarse al público para su causa. Después de que la rebelión fuese aplastada, todos los que habían intervenido en la obra fueron interrogados. Shakespeare no se encontraba entre ellos. El conde de Rutland, sin embargo, relacionado sólo de forma distante con los conspiradores, fue juzgado y condenado a muerte. Nadie sabe por qué. Curiosamente, las obras más sombrías de Shakespeare fueron escritas mientras el conde se enfrentaba a su sentencia de muerte (más tarde fue puesto en libertad). Se sabe también que el conde visitó Elsinore, en Dinamarca, donde se desarrolla Hamlet. Si leíste a todos los académicos (o al menos a 3 de ellos) te darás cuenta que ponen en duda a Shakespeare, por cuestiones aparentemente simples, pero lapidarias en su complejidad: El hombre que nació en Stratford-upon-Avon, hijo de un comerciante y una ama de casa (independientemente de su supuesta —y no probada— condición de origen noble), ¿podría haber llegado siquiera, a aprender a leer y escribir? ¿No fue esa una época en que la educación era exclusiva para los pudientes? Si ya leíste a Shakespeare, ¿no te parece sospechoso que un hombre que nunca salió de Inglaterra pueda contener tanto mundo y tantas referencias universales, sin haber vivido al menos la mitad de esas cosas? El verdadero autor, definitivamente conocía el teatro español y la Commedia dell'Arte, inaccesibles para el público inglés dentro de sus fronteras. Recordemos que la visión tradicional del William Shakespeare de Stratford es aquella en la que el joven poeta deja su pueblo natal para trabajar en Londres y conseguir triunfar en el Teatro empezando desde el humilde puesto de quien abre la puerta de las carrozas. Esto nos dice que una fuerte ilusión ha permanecido en el inconsciente del mundo durante casi 400 años. Pues bien... La época de Shakespeare era un tiempo caracterizado por las intrigas políticas y la agitación religiosa. Las obras de teatro eran formadoras de opinión, además de un entretenimiento, y los dramaturgos podían arriesgarse a ir al cadalso si provocaban la ira de la autoridad de cualquier manera. Bacon, Marlowe, el conde de Rutland, Edward de Vere, y otros, pertenecían a sociedades secretas y defendían concepciones controvertidas. Shakespeare, como actor-empresario, desesperado por encontrar nuevas obras, estaba bien situado para representar sus dramas de forma anónima. Si él también se atribuía el mérito, los verdaderos autores no podían poner ninguna objeción. Tal vez en un polvoriento desván en alguna parte duerme un antiguo documento que, si algún día es descubierto, resolverá esta cuestión... ya sea en un sentido o en otro. Si todavía pensaste en un último recurso, como la prueba hermenéutica o el análisis de estilo, te remito a los académicos. ¿Ya los olvidaste? ¿Ya te acordaste que la totalidad de obras fueron publicadas en lo que ahora llamamos First Folio? ¿Ya te acordaste que los editores de la época acostumbraban a dar unidad de estilo a los textos de un solo autor? Así que ya sabías: esos análisis no valdrían nada. ¿Todavía pensás en la prueba grafológica? Ya veo... olvidaste que, además de la supuesta firma, no existe un solo documento escrito de puño y letra del supuesto bardo inglés. En fin... Todo esto no pretende cambiar tu punto de vista sobre todas estas cosas. Pueda ser que te importe un bledo, una berenjena o lo que querrás. Yo lo único que sé, es que no puede ser gratuito, que se intente defender la imagen de un sujeto de tiene las probabilidades de 99 a 1, de no ser quien aparenta ser. Recordá que nada es inocente, y solo por algún propósito, los que siempre tienen algo que ocultar, intentan dejar toda instancia salvada. ¿Quién fue William Shakespeare?