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Primer post: 4 abr 2016Último post: 20 oct 2016
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La violencia no tiene género
La violencia no tiene género
Apuntes Y MonografiasporAnónimo6/4/2016

Naciones Unidas ha definido la “violencia de género” como “aquella que se dirige a individuos o grupos sobre la base de su género”. Es decir: para que un acto violento pueda ser categorizado como “violencia de género”, debería constatarse que el móvil del acto es el odio hacia el otro género como tal, de la misma forma que, por ejemplo, damos por hecho que la “violencia racial” se trata de aquella que fundamenta su eficacia en el odio de raza. En los últimos tiempos, no obstante, hemos asistido a una progresiva ideologización de la cuestión, y el uso cotidiano de la expresión “violencia de género” ha devenido simplemente en la violencia del hombre hacia la mujer que, sin importar los verdaderos móviles de la misma, comenzaron a forjar la sensación de que en todo acto de violencia que vaya en esta dirección, media el odio hacia el sexo femenino como tal. Nada más alejado de la realidad. La problemática de la violencia perpetrada por hombres hacia mujeres sería mejor abordada si se hiciera a un lado la ideología de género. En efecto, podríamos constatar que la violencia, en cuanto tal, tiene un sinfín de determinantes que exceden a la categoría del género que, llamativamente, se ha impuesto en nuestros días de manera excluyente como la razón explicativa de la violencia entre los sexos. Pero la violencia es un flagelo que azota a nuestra sociedad en todas sus dimensiones. Por empezar, valdría recordar que según DatosMacro, en Argentina el 83,6% de los asesinados son hombres y el 16,4% mujeres. ¿Esto evidencia que tenemos que preocuparnos entonces más por los primeros que por las segundas? Semejante pregunta, en su propia ridiculez, pone de relieve la inconveniencia de recortar la realidad por los bordes del género. Asimismo, la ideologización de la cuestión de la “violencia de género” nos lleva muchas veces a olvidar que la mujer también puede hacer uso de la violencia contra el hombre. Las consecuencias están a la vista: las manifestaciones contra la violencia de género se cierran discursivamente a la unidireccionalidad de la misma; la violencia de la mujer hacia el hombre es un recurso típico del humor y resulta socialmente aceptable; la academia no le presta la suficiente atención. Las investigadoras Ann Frodi, Jacqueline Macaulay y Pauline Thom han revelado por ejemplo que de 314 estudios sobre violencia realizados a lo largo de siete años, sólo el 8% se preocupaba sobre la violencia femenina. ¿Y es que verdaderamente la mujer también puede ejercer violencia contra el hombre? Hay estudios que han llegado a resultados determinantes. He aquí un breve recorrido sobre algunos de ellos. En un estudio longitudinal realizado en Estados Unidos por Murray Straus y Richard Gelles con más de 430 mujeres maltratadas, se encontró que el hombre daba el primer golpe en el 42,6% de los casos mientras la mujer lo hacía en el 52,7%. En la Encuesta Nacional de Violencia Familiar de Estados Unidos (1990) se encontró que hombres y mujeres tenían mismas probabilidades de dar el primer golpe a su pareja en el marco de un conflicto. El Departamento de Justicia de Estados Unidos analizó los 75 mayores condados judiciales y halló que, de 540 asesinatos entre cónyuges, en 318 (59%) casos era mujer la víctima, y en 222 (41%) casos quien terminaba muerto era el hombre. Martín Fiebert, de la Universidad de California Long Beach, en base a 117 estudios que reunieron 72.000 casos, concluyó que “la violencia doméstica es mutua, y en los casos en que hay un solo miembro abusador, éste es un hombre o una mujer, por igual”. En la Universidad de Hampshire, estudios concretados por el Laboratorio de Investigaciones de la Familia en 1975, 1985 y 1992, hallaron que “las tasas de abuso eran semejantes entre esposos y esposas”. En el clásico estudio de Alice Eagly y Valerie Steffen sobre la violencia, se encuentra que los hombres son apenas más violentos que las mujeres. En una encuesta realizada en la Universidad de Lima se encontró que las mujeres atacan psicológicamente en el 93,2% de los casos mientras los hombres en el 88,3%, y físicamente las primeras en el 39,1% de los casos frente a un 28% en los hombres. La Universidad Nacional de México, con la ayuda de datos del Centro de Atención a la Violencia Intrafamiliar en México, halló que 2 de cada 50 hombres son víctimas de violencia física y psicológica por parte de su pareja (algo similar se encontró en Corea, Japón, India, y otros países latinoamericanos). En España, según cifras del año 2000 del Ministerio del Interior, el número que la violencia entre cónyuges dejó en ese año fue de 64 mujeres (59,26%) y 44 hombres (40,74%), aunque los casos en los que la persona terminó muriendo son bastante más altos para las mujeres (44 contra 7), no obstante lo cual, si agregamos en este análisis parejas de hecho y noviazgos, los números se vuelven a acercar (67 mujeres asesinadas y 44 hombres asesinados). En Kentuky (Estados Unidos) el Law Enforcement Asistance Administration estudió a parejas con problemas de violencia, encontrando que el 38% de los ataques eran de las mujeres hacia los hombres. En Inglaterra y Gales, la British Crime Survey reveló que el 4,2% de las mujeres y el 4,2% de los hombres informaban haber sido agredidos físicamente por su pareja. Otro estudio en Inglaterra, el de Michelle Carrado et al. examinó a 1.955 personas y halló que el 18% de los hombres y el 13% de las mujeres decían haber sido víctimas de violencia física por parte de sus parejas en algún momento de su vida. En Canadá, Reena Sommer de la Universidad de Manitoba llevó adelante una investigación de varios años y encontró que el 26,3% de los hombres admitió haber sido violento físicamente contra su pareja en algún momento, frente al 39,1% de mujeres que admitió lo mismo respecto del hombre. En Nueva Zelanda está el “estudio Dunedin”, en el cual 1.020 personas fueron examinadas durante veintiún años, y donde se encontró que el 37% de las mujeres declararon haber sido violentas con sus parejas, mientras el 22% de los hombres admitió lo mismo. Ya hemos explicado que si bien se define la violencia de género como aquella que está motivada por el odio hacia el otro género, actualmente el uso de esta categoría se ha extendido a todos los casos en los que una mujer resulta agredida por un hombre, creándose la falsa sensación de que la violencia que va en este sentido está siempre determinada por el odio de género y que estamos inmersos en una suerte de “guerra de hombres contra mujeres”. Pero este reduccionismo no podría explicar, por ejemplo, porqué en Estados Unidos se ha encontrado que la violencia en parejas lesbianas y homosexuales es tan frecuente como la que ocurre en parejas heterosexuales. ¿No será que son móviles un poco más complejos y variantes que la simple aversión por el otro género, los que desencadenan comportamientos violentos? Y es que entendiendo la violencia como un todo complejo, teniendo en cuenta que tanto hombres como mujeres pueden ser violentos entre sí y a raíz de las más variadas causas, podremos avanzar de manera mucho más contundente en la erradicación de la violencia en cuanto tal que es, en definitiva, el gran azote contra nuestra sociedad. Agustín Laje : (Acaba de lanzar su nuevo libro, en coautoría con Nicolás Márquez: “El libro negro de la Nueva Izquierda. Ideología de género o subversión cultural”) Videos: link: https://www.youtube.com/watch?v=4AX7xyO6h_0 link: https://www.youtube.com/watch?v=TmyAkAGj2Bg

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Agustín Laje : Sobre víctimas y victimarios
Agustín Laje : Sobre víctimas y victimarios
Apuntes Y MonografiasporAnónimo9/2/2016

Sobre víctimas y victimarios EL INSÓLITO DEBATE SOBRE LA LEGÍTIMA DEFENSA Un médico encuentra a un delincuente invadiendo su propiedad, queriendo llevarse su automóvil. El médico es amenazado. Le golpean la cabeza con un culatazo de una pistola calibre 16. No es la primera vez que lo asaltan: es la enésima vez. Jamás el Estado le proveyó Justicia. El delincuente no sabe bien cómo manejar el vehículo. El médico busca una pistola y acaba con la vida de su atacante. La sociedad queda moralmente desconcertada frente al hecho: el ladrón pasa a ser la víctima, el médico pasa a ser el victimario. Al menos eso es lo que los medios de comunicación, en su mayoría, enseñan. El caso evidencia la metástasis ideológica que ha hecho en nuestra sociedad el marxismo cultural. Sí; marxismo cultural. Es decir, un marxismo que abandona la definición economicista de sus sujetos revolucionarios y las traslada sobre superficies culturales. Un marxismo que ya no define los sujetos por su relación con los medios de producción; se definen, para el neomarxismo, por su relación cultural desviante respecto del orden vigente. Veamos muy sencillamente cómo opera esta lógica respecto de los delincuentes. La clave está en un análisis colectivista de la situación. Se dirá, pues, que un delincuente, en rigor de verdad, no es victimario toda vez que antes fue “víctima”. ¿Víctima de quién? Pues de la “sociedad”, esa entidad metafísica, esa abstracción que, arrebatándole toda posibilidad de llevar una vida decente, lo empujó a la delincuencia. Evidente ficción colectivista que anula cualquier margen de volición individual. Explicitemos esta lógica argumentativa, tan típica de los tiempos “progresistas” (?) que corren, con un ejemplo concreto. Imaginemos que el señor López ataca y roba al señor García. Inmediatamente se nos dirá que la responsabilidad no es de López, sino de “la sociedad”, lo cual suena al mismo tiempo sofisticado y humanitario. Pero lo que esconde esta estratagema ideológica es que, al endilgar la responsabilidad no a quien comete el acto delictual sino a “la sociedad”, lo que se quiere decir en definitiva es que todos tienen la culpa (incluyendo a la víctima, el señor García), excepto, por supuesto, quien cometió el delito, el señor López. Llevada la lógica en cuestión a última instancia, en una sociedad guiada por estos principios ideológicos todos los hombres honestos terminan siendo victimarios, y todos los delincuentes víctimas. Cuando esta forma tergiversada de analizar los problemas de seguridad penetra en el “sentido común” de una sociedad, el neomarxismo se hace de un nuevo sujeto desviante para su causa: el delincuente. ¿Cómo? Pues a través de dos efectos prácticos: 1) Los delincuentes encuentran una base de legitimación social para delinquir 2) Las víctimas de la delincuencia son desmoralizadas por presiones ideológicas que, en caso de que aquéllas pretendan resistir con éxito el ataque, saben de antemano que serán perseguidas no sólo por la familia del malviviente, sino por una moralidad pro-delincuente que se está haciendo carne en la sociedad. Los conflictos de clase toman así nuevas texturas. La tradicional lucha entre la “clase explotada y la explotadora” se traslada a una lucha, ya no de clases sino cultural, entre delincuentes revestidos de víctimas y víctimas revestidos de delincuentes. El “sistema económico y social” aparece como el motor del conflicto; guiño de ojo para el neomarxismo. En efecto, para detener el motor del conflicto no habría que reforzar el respeto de lo ajeno para garantizar seguridad; hay que “socializar” lo ajeno para sentirnos seguros. Es decir, hay que darle al Estado el trabajo del delincuente para que, una vez todos seamos esquilmados, no haya necesidad de robar. Inmejorable propuesta que, con nuevos actores, suena a un viejo cuento aggiornado a nuevos contextos. Pero que este breve análisis no parezca tremebundo. Es apenas una ilustración de algo que está aquí y que se llama ideología. Es esa misma que nos hace pasar inadvertidos los cotidianos casos en los que un delincuente asesina a su víctima, pero la misma que nos pone los pelos de punta cuando la víctima mata al delincuente; la que hace que un transeúnte asesinado por un ladrón deseoso de hacerse de su billetera sea apenas un frío dígito más de alguna base de datos burocrática que ya a nadie conmueve, mientras que convierte en escándalo nacional el caso del médico que decidió gatillar contra quien, luego de atacarlo, pretendió hacerse de su automóvil.

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Otra visión sobre La noche de los lápices
Apuntes Y MonografiasporAnónimo9/18/2016

Como todos los 16 de septiembre, se acaba de cumplir otro aniversario más de la llamada “Noche de los lápices”. La historia oficial sobre el suceso quedó plasmada primero en el libro de M. Seoane y H. R. Nuñez, luego en la exitosa película dirigida por Héctor Olivera, y más o menos dice así: un grupo de adolescentes luchaba en vísperas de la dictadura por una rebaja del boleto estudiantil, razón por la cual los militares, una vez en el poder, los secuestraron, torturaron y asesinaron a todos menos a uno de ellos, Pablo Díaz, quien sobrevivió para contarnos lo sucedido. La película en cuestión hoy se proyecta religiosamente cada año en todas las instituciones educativas, y la legislación bonaerense ha declarado precisamente el 16 de septiembre como “día de los derechos del estudiante secundario”. Afortunadamente, existe una corriente revisionista que cada vez gana mayor fuerza, pues cada vez se hace más claro el manoseo histórico (con fines económicos) que hizo el kirchnerismo con nuestro pasado. Cada vez sabemos un poco más sobre los tristes años `70, y el episodio de “la noche de los lápices” no debería quedarse fuera de esta revisión, no para justificar la represión ilegal (de ninguna manera), sino para conocer lo que verdaderamente nos pasó a los argentinos despojándonos de cuentos maniqueos de ángeles y demonios que en nada contribuyen. En efecto, lo primero a decir es que miles y miles de jóvenes participaron de las manifestaciones por el boleto estudiantil de 1975, hecho que pone en duda que las Fuerzas Armadas y sus aparatos de inteligencia hayan podido detectar a sólo 10 de ellos y con un año de dilación. Resulta más creíble pensar que las razones de la detención y posterior muerte de estos jóvenes no estaba vinculada el boleto, sino a su participación en las fachadas estudiantiles de las organizaciones guerrilleras de la época. Con gran honestidad y efectuando un homenaje a su hermana muerta en este episodio, Jorge Falcone (hermano de Claudia, la co-protagonista de la historia, encarnada en la película por la actriz Vita Escadró), le ha dicho lo siguiente a Viviana Gorbato en su libro Montoneros: Soldados de Menem. ¿Soldados de Duhalde? : “Mi hermana no era una chica ingenua que peleaba por el boleto estudiantil. Ella era toda una militante convencida […]. Ni María Claudia ni yo militábamos por moda. Nuestra casa fue una escuela de lucha. […] La construcción ideológica de María Falcone y de quien les habla no fue libresca. […] Nadie nos usó ni nadie nos pagó. No fuimos perejiles como dice la película de Héctor Olivera… fuimos a la conquista de la vida o la muerte”. Además, Jorge ha revelado un dato crucial: “En el departamento donde cayó mi hermana se guardaba el arsenal de la UES de La Plata. Mi hermana no cayó solamente por el boleto secundario… La compañera María Clara era su responsable. No se agarraron a los tiros con el pelotón que las fue a buscar por no hacer mierda a los vecinos en un edificio de departamentos. No porque no querían o no podían. […] Mi hermana no era una Caperucita Roja a la que se tragó el lobo […]. Era una militante revolucionaria. […] Era miliciana. El miliciano era un tipo que podía revolear una molotov en un acto relámpago. También podían hacer una acción de apoyo a un acto militar de mayor envergadura”. Claudia Falcone participó junto a su hermano, por ejemplo, del atentado terrorista que el 22 de septiembre de 1975 hundió la Fragata Santísima Trinidad. En esa ocasión, buzos montoneros le colocaron al buque cargas explosivas que lo hicieron explotar y le provocó serios daños. El alistamiento de la unidad en el AFNE, Astillero Río Santiago, se vio retrasado, ya que el 22 de septiembre de 1975 se produjo un atentado explosivo por parte de la agrupación paramilitar Montoneros, mediante buzos tácticos que colocaron la carga de gelamon en un pilote del muelle al que estaba amarrada la nave, lo que causó su hundimiento parcial. La explosión produjo daños importantes principalmente en lo relativo a la deformación de ejes y cunas, pero ello no impidió una vez reflotada y reparada la terminación del buque, aunque con considerable demora respecto del calendario. Tuvo a cargo este atentado el jefe montonero Arturo Lewinger. Se menciona que este atentado supuestamente causó problemas posteriores durante su uso durante la Guerra de las Malvinas principalmente en cuanto a las vibraciones que habría sufrido por la mencionada deformación de ejes y cunas. Obviamente en época de guerra y debido a necesidades lógicas se usó el buque menos cuidadosamente (motores funcionando a mayores revoluciones de las ideales, para su caso) y ello ayudó a agravar el daño original originado por el atentado. https://es.wikipedia.org/wiki/ARA_Sant%C3%ADsima_Trinidad_(D-2) El 15 de septiembre de 1998, Página/12 publicó un reportaje a Emilce Moler, una de las jóvenes vinculadas a “La noche de los lápices”. La nota fue relevante primero que nada porque quedaba en evidencia que había sido mentira que Pablo Díaz era el único sobreviviente. Al contrario, Moler dejó constancia en esa nota que Gustavo Calloti y Patricia Miranda (todos involucrados y muertos según la historia oficial) se encontraban viviendo en Francia y La Plata, respectivamente. Pero por otro lado, Moler explicaba las causas de la detención: “No fue exclusivamente por el boleto, eso era un objetivo superfluo que fue utilizado buscando reivindicar la militancia. […] No creo que a mí me detuvieran por el boleto. La lucha fue en el año 75, además no secuestraron a miles de estudiantes que participaban en ella”. Y sobre la cantidad de sobrevivientes, remarcó: “Siempre fui fiel al relato de que éramos cuatro los sobrevivientes”. http://www.pagina12.com.ar/1998/98-09/98-09-15/pag02.htm En lo que respecta a Pablo Díaz, éste integraba la Juventud Guevarista, organización estudiantil del PRT-ERP, la segunda organización guerrillera de mayor envergadura militar de los años ’70. Ya en democracia, Díaz integrará el Movimiento Todos por la Patria (MTP) que atacó al cuartel de La Tablada y que se cobró la vida de 9 militares y 2 policías. http://www.enlacecritico.com/investigaciones-articulos/la-tablada-el-dia-que-volvieron-la-guerrilla-y-el-terrorismo-de-estado Memoria e historia no son lo mismo. La primera puede ser manoseada por el poder político, mientras que la segunda está sujeta a los datos concretos que el pasado nos deja. Arribar a la verdad sobre los años ’70 implica volver a los datos y dejar los eslóganes atrás, incluso allí donde los sucesos son más oscuros y políticamente incorrectos de revisar. Agustín Laje

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No pienso cerrar ninguna grieta
No pienso cerrar ninguna grieta
OfftopicporAnónimo4/4/2016

No pienso cerrar ninguna grieta Durante seis meses, por cuestiones personales, estuve fuera del país. Para ser más preciso, desde el 28 de septiembre de 2015 hasta el 29 de marzo de este año. Me fui en plena campaña electoral, con el país gobernado por Cristina. Lógicamente, con Internet uno puede seguir todas las alternativas que vayan ocurriendo en el mundo al instante, pero no es lo mismo ver las cosas desde el exterior que estando en el lugar. Pensaba encontrar algún cambio, pero en honor a la verdad, no vi muchos, todavía. En lo personal, estaba convencido, y lo sigo estando, de que el kirchnerismo iba a hacer lo que mejor sabe hacer, molestar, y no me equivoqué. Siguen molestando. Un breve, pero contundente ejemplo, son las declaraciones del ex intendente matancero, Fernando Espinoza. En una entrevista publicada en Infobae, a la pregunta del periodista “¿Extrañás a Cristina?” Espinoza respondió lo siguiente: “No. Extraño al peronismo en el gobierno. Nosotros hubiéramos tomado medidas en forma gradual. Hoy aumentábamos la luz a los sectores altos. ¿Por qué el ajuste lo tiene que pagar la clase media, los trabajadores y los jubilados?”, dijo. Ahora bien... si ellos hubiesen tomado medidas graduales, ¿qué significa? ¿Medidas de qué? ¿Para solucionar qué? Evidentemente, además de que el periodista obviamente no repregunta, Espinoza deja en evidencia que si ellos hubiesen tomado medidas, significa que algo estaba mal, o no? Un pequeño detalle es, además, que él más que nadie debería saber que para solucionar los miles de errores que ellos hicieron, lo que está haciendo el gobierno es precisamente aplicar medidas graduales, lo que demuestra que el ex intendente peca de desconocedor de la realidad o lo que dice lo dice de mala leche, no hay alternativa. Pero lo más grave no fue eso, sino otra declaración un tanto golpista: “si explota el conurbano, salta (el Presidente Mauricio) Macri”. Esto representa lo que es el kirchnerismo, una legión de impresentables desde el primero al último. Pero volviendo a los cambios que encontré, me llama la atención que ahora los kirchneristas hablen de "cerrar la grieta". Ahora, piden diálogo, debatir ideas, cosa que durante más de 12 años jamás hicieron. Y le siguen llenando la cabeza a la gente, y la gente que los votó, que lógicamente creyó en el "proyecto nacional y popular", sigue repitiendo lo que les dicen que tienen que repetir. Lo curioso es que los mismos que durante más de doce años no se quejaban del deterioro social en el que nos metieron, ahora le exijan a un gobierno que todavía no tiene cuatro meses en la administración, que vivamos como en Suiza. Estas personas, que todavía no entendieron que, por ejemplo, es una farsa pagar 60 u 80 pesos de gas a o de luz, que es imposible sostener una red ferroviaria con boletos irrisorios, y que mucho menos entienden que generar empleo no es meter gente en dependencias del estado y menos aún entienden que el déficit fiscal es lo que genera inflación, son las que reclaman que no haya aumentos de tarifas, o que se elimine la pobreza, que entre paréntesis el kirchnerismo aumentó considerablemente, y no entienden que, hasta que no se pueda arreglar el desastre que dejaron los k respecto al gasto público va a ser imposible enderezar el barco. No lo entienden, y es lógico, si lograran entender eso, que dicho sea de paso es algo muy simple de entender, no hubiesen votado a Scioli y no estarían reclamando soluciones a problemas que no solo generaron los K, sino que además no tenían la más mínima idea de cómo solucionarlos. Pero no solo eso. Durante más de diez años no pagamos nada por el suministro de luz, agua, gas y transporte público, simplemente porque los fondos que deberían haber ido a otras cosas (entre ellas las jubilaciones, salud, seguridad, educación y, fundamentalmente infraestructura) era destinada a tener contento a un sector de la población para que los voten, pero... se acabó la fiesta populista, y ahora hay que poner los pies sobre la tierra. Por lo tanto, no tengo ninguna intención de cerrar ninguna grieta con ningún kirchnerista, y explico porque. Si alguien es kirchnerista, máxime ahora, después de todo lo que estamos viendo, hay dos posibilidades, a saber: A - Fue parte de la banda, o B - Tiene una manera diametralmente opuesta a la mía de ver las cosas. Por lo tanto, no me interesa cerrar ninguna grieta con delincuentes y/o personas con las que no tengo absolutamente nada que ver ideológicamente. Grieta, además, que ellos mismos generaron. ¿Cómo voy a cerrar la grieta con personas que ven un video de delincuentes amparados por el gobierno contando millones de dólares y siguen defendiendo el modelo? ¿Cómo voy a cerrar la grieta con personas que se quejan porque ahora tenemos que pagar los servicios por su valor real cuando estuvimos más de una década pagando prácticamente nada por eso? ¿Cómo voy a cerrar la grieta con alguien que no entiende que la inflación que estamos padeciendo es producto del déficit fiscal generado por el kirchnerismo? ¿Cómo voy a cerrar la grieta con alguien que sale a manifestarse defendiendo a ñokis? ¿Cómo voy a cerrar la grieta con personas que no entienden que hasta ahora todas las medidas que tomó el nuevo gobierno fueron para solucionar el desastre que ellos dejaron? Por lo tanto, más que cerrar la grieta mi intención es profundizarla, ya que tanto con los delincuentes como con personas que defienden lo indefendible tengo algo personal. link: https://www.youtube.com/watch?v=J91Uu0b18u0

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No era una señora
OfftopicporAnónimo10/20/2016

No era una señora 18 Jul 2016 /Arturo Pérez-Reverte / Patente de corso Ayer me quedé de pasta de boniato. Estaba a punto de entrar en una librería y coincidí en la puerta con una señora. Al menos, creí que lo era. Una mujer sobre los cuarenta años, normalmente vestida, quizá con un punto demasiado juvenil para su edad. Por lo demás, de aspecto agradable. Ni elegante ni ordinaria. Ni guapa ni fea. Coincidimos en la puerta, como digo, viniendo ella de un lado de la calle y yo del otro. Y en el umbral mismo, por reflejo automático, me detuve para cederle el paso. Desde hace casi sesenta años –su trabajo les costó a mis padres, en su momento– eso es algo que hago ante cualquiera: mujer, hombre, niño; incluso ante los que van por el centro de Madrid en calzoncillos y chanclas, torso desnudo y camiseta al hombro, impregnando el aire de aroma veraniego; tan desahogados, ellos y la madre que los parió, como si estuvieran en el paseo marítimo de una playa o vinieran de chapotear en la alberca del pueblo. Me detuve en el umbral, como digo. Para cederle el paso a la señora, igual que se lo habría cedido al lucero del alba. Incluso a mi peor enemigo. Hasta a un inspector de Hacienda se lo habría cedido. Pero mi error fue considerar señora a la que sólo era presunta; porque al ver que me detenía ante ella, en vez de decir «gracias» o no decir nada y pasar adelante, me miró con una expresión extraña, entre arrogante y agresiva, como si acabara de dirigirle un insulto atroz, y me soltó en la cara: «Eso es machista». Oigan. Tengo sesenta y cuatro tacos de almanaque a la espalda, y entre lo que lees, y lo que viajas, y lo que sea, he visto un poco de todo; pero esto de la señora, o la individua, en la puerta, no me había ocurrido nunca. En mi vida. Así que háganse cargo del estupor. Calculen el puntazo de que eso le pase a un fulano de mis años y generación, educado, entre otros, por un abuelo que nació en el siglo XIX, y del que aprendí, a temprana edad, cosas como que a las mujeres se las precede cuando bajan por una escalera y se les va detrás cuando la suben, por si les tropiezan los tacones, que cuando es posible se les abre la puerta de los automóviles, que uno se levanta del asiento cuando ellas llegan o se marchan, que se camina a su lado por el lado exterior de las aceras –«Que no digan que la llevas fuera», bromeaba mi padre con una sonrisa– y cosas así. Calculen todo eso, o imagínenlo si su educación familiar dejó de incluirlo en el paquete, y pónganse en mi lugar, parado ante la puerta de la librería, mirando la cara de aquella prójima. Habría querido disponer de tiempo, por mi parte, y de paciencia, por la de ella, para decir lo que me hubiera gustado decirle. Algo así como se equivoca usted, señora o lo que sea. Cederle el paso en la puerta, o en cualquier sitio, no es un acto machista en absoluto, como tampoco lo es el hecho de no sentarme nunca en un transporte público, porque al final acabo avergonzándome cuando veo a una embarazada o a alguien de más edad que la mía, de pie y sin asiento que ocupar. Como no lo es ceder el lugar en la cola o el primer taxi disponible a quien viene agobiado y con prisa, o quitarte el sombrero –porque algunos, señora o lo que usted sea, usamos a veces panamá en verano y fieltro en invierno– cuando saludas a alguien, del mismo modo que te lo quitas –que para eso también lo llevas, para quitártelo– cuando entras en una casa o un lugar público. Así que entérate, cretina de concurso. Cederte el paso no tiene nada de especial porque es un reflejo instintivo, natural, que a la gente de buena crianza, y de ésa todavía hay mucha, le surge espontánea ante varones, hembras, ancianos, niños, e incluso políticos y admiradores de Almodóvar. Ni siquiera es por ti. Ni siquiera porque seas mujer, que también, sino porque la buena educación, desde decir buenos días a ceder el paso o quitarte la puta gorra de rapero, si la llevas, facilita la vida y crea lazos solidarios entre los desconocidos que la practican. Y, bueno. Me habría gustado decir todo eso de golpe, allí mismo; pero no hubo tiempo. Tampoco sé si lo iba a entender. Así que permanecí inmóvil, mirándola con una sonrisa que, por supuesto, le resbaló por encima como si llevara un impermeable; porque al ver que me quedaba quieto y sin decir nada, cruzó el umbral con aire de estar gravemente ofendida. «Lo he hecho polvo», debía de pensar. Y yo la vi entrar mientras pensaba, a mi vez: No es por ti, boba. Sé de sobra que no lo mereces. Es por mí. Por la idea que algunos procuramos mantener de nosotros mismos. Algo que, mientras te veo entrar en esa librería que de tan poca utilidad parece serte, me hace sonreír con absoluto desprecio.

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