angusrey
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COMO INFLUYE LA MUSICA EN LOS MAS CHICOS Desde el año 2003 el Hospital Universitario de la Paz ha llevado a cabo un programa terapéutico que ha beneficiado a casi 4.000 niños, se trata de la musicoterapia. Según los estudios realizados en el hospital antes mencionado, los niños tratados han sufrido una mejora psicológica así como un mejor estado físico. No sólo son estas mejoras, según indican los especialistas del hospital, los indicadores clínicos son muy positivos, se constataba por ejemplo un aumento del oxígeno en la sangre o una disminución de la frecuencia cardíaca, y es que la tranquilidad y el estado de ánimo influyen notablemente. La musicoterapia ayuda en diferentes aspectos, aprendizaje, relajación, comunicación. Existen estudios que indican que el canto materno favorece que el sistema nervioso del futuro bebé se desarrolle adecuadamente, además el vínculo afectivo entre el bebé y la mamá se refuerzan. La música ejerce sobre la mente un efecto muy relajante que permite aliviar tensiones e incluso atenua los posibles miedos. Estudios científicos han demostrado que la música de Mozart tiene influencia en el comportamiento de los bebés, proporcionándoles mayor desarrollo intelectual y creativo. El Metodo Tomatis. Los 50 años de investigaciones llevadas a cabo por el doctor Alfred A. Tomatis, han culminado con el desarrollo de una disciplina denominada “Audio-Psico-Fonología”. El método se basa en la reeducación del oído para potenciar el aprendizaje y el desarrollo global de las personas. Al desarrollar la percepción del oído, estimulado mediante ciertos sonidos, pueden verse estimulados el aprendizaje y la comunicación, especialmente en los bebés y niños pequeños, así como mejoras en motricidad y problemas de equilibrio. Pero, ¿en qué consiste el método Tomatis? Se trata de una terapia musical basada en escuchar, filtradas a ciertas frecuencias altas, composiciones de Mozart, cantos gregorianos y la voz materna tal y como se escucha desde el útero. Es decir, sonidos que resultan relajantes y equilibrantes. Mediante este método se quiere evitar una relajación de los músculos del oído medio que algunos bebés o niños pueden desarrollar inconscientemente, por ejemplo al bloquear por rechazo ciertos estímulos sonoros. No se trata de crear pequeños genios, y si considero interesante este método, que también se puede aplicar para mejorar problemas de aprendizaje, es porque la enorme capacidad de los bebés para aprender sí que puede recibir “un empujoncito” gracias a los conocidos beneficios de la música. El método se puede emplear para muchos fines, pero ahora nos interesa el que entrena el oído de bebés y niños para beneficiarse de los sonidos escuchados en su desarrollo integral como personas. A los pequeños se le ponen unos auriculares que van reproduciendo los sonidos mencionados, basados en los que Tomatis consideró que eran los naturales en el desarrollo de la escucha, desde el periodo fetal al adulto. Algunos psicólogos, pedagogos, logopedas y médicos se interesan por este método y lo recomiendan. También hay centros escolares que aplican el Tomatis para mejorar el rendimiento académico de los niños., Entre los beneficios de estos sonidos (para niños y adultos) se encuentran una mejora en el humor, mayor resistencia al cansancio mejoras en la capacidad de memoria, de concentración y de creatividad, una sensación de calma (intelectual y física)... Eso sí, repito que no esperemos “crear” pequeños genios. Cada bebé tiene su propio potencial y lo que podemos hacer los mayores es abrirle el máximo de puertas posible para que éste se expanda y desarrolle todas las capacidades lo más ampliamente. Enseñar a escuchar sin duda es un paso importante, y lo debemos hacer a través de todos los medios. Algunos terapeutas aplican y recomiendan el método Tomatis para tratar problemas como el déficit de atención (con o sin hiperactividad), retrasos en el aprendizaje, autismo, dislexia... También puede resultar beneficioso para los problemas de equilibrio y coordinación (relacionados con el oído), problemas de integración sensorial y de motor, el síndrome de Asperger, trastornos generalizados de desarrollo, síndrome de Down y problemas de oído en general. Escuchar música, hablarles, leerles, que repitan nuestras palabras, que tarareen, realizar juegos lingüísticos… todo es bueno para desarrollar el oído. La música y sus efectos en el desarrollo del cerebro Las investigaciones que se han referido al efecto de la música sobre el cerebro infantil, han coincidido en que ésta provoca una activación de la corteza cerebral, específicamente las zonas frontal y occipital, implicadas en el procesamiento espaciotemporal. Asimismo al evaluar los efectos de la música a través de registros de electroencefalogramas, se ha encontrado que la música origina una actividad eléctrica cerebral tipo alfa. Todo lo anterior se traduce en lo siguiente: la música (sobre todo la música clásica, de Mozart) provoca: • Aumento en la capacidad de memoria, atención y concentración de los niños. • Mejora la habilidad para resolver problemas matemáticos y de razonamiento complejos. • Es una manera de expresarse. • Introduce a los niños a los sonidos y significados de las palabras y fortalece el aprendizaje. • Brinda la oportunidad para que los niños interactuen entre sí y con los adultos. • Estimula la creatividad y la imaginación infantil. • Al combinarse con el baile, estimula los sentidos, el equilibrio, y el desarrollo muscular. • Provoca la evocación de recuerdos e imágenes con lo cual se enriquece el intelecto. • Estimula el desarrollo integral del niño, al actuar sobre todas las áreas del desarrollo. La música tiene el don de acercar a las personas. El niño que vive en contacto con la música aprende a convivir de mejor manera con otros niños, estableciendo una comunicación mas armoniosa. A esta edad la música les encanta. Les da seguridad emocional, confianza, porque se sienten comprendidos al compartir canciones, e inmersos en un clima de ayuda, colaboración y respeto mutuo. Los beneficios de la música en los niños La etapa de la alfabetización del niño se ve mas estimulada con la música. A través de las canciones infantiles, en las que las sílabas son rimadas y repetitivas, y acompañadas de gestos que se hacen al cantar, el niño mejora su forma de hablar y de entender el significado de cada palabra. Y así, se alfabetizará de una forma más rápida. La edad ideal para que un niño empiece a aprender a tocar un instrumento musical es a partir de los 5 años de edad. El aprendizaje jamás debe ser impuesto por los padres, siempre será el niño quien elegirá el instrumento que quiere tocar, aunque los mejores instrumentos para se introducir en la música sean la flauta y el piano, porque no exigen demasiado del niño. Pero, ante todo, tiene que gustarle al pequeño. Si el niño no está preparado, si no sabe lo que le espera, si no se le habla más que de solfeo, clases instrumentales o exámenes, el aprendizaje de la música no se le presentará como algo entretenido y atractivo. Tenderá a asimilarlo con una especie de “trabajo forzado” al que ha sido “condenado”. En la gran mayoría de los casos hay que ir paso a paso, haciendo que el niño pase primero por los cursos correspondientes a la apreciación musical y a su iniciación en el campo de la música. Hay que dar tiempo al tiempo, no querer iniciar a toda costa a un niño demasiado pequeño y saber acompañarlo sin una presión familiar insoportable. La música es fácil para unos y mucho más difícil para otros. Si se empieza por avanzar como quien da un paseo y, mientras se hace camino, se estimula al niño mostrándole el sendero, el gusto por el trabajo se transforma en placer y en pasión por la música. Cada instrumento exige una edad mínima para empezar. Esta edad depende de factores físicos: por ejemplo, es necesario que las manos del niño sean lo suficientemente grandes como para que los dedos puedan alcanzar la distancia necesaria, o bien será indispensable que los incisivos estén en su lugar. A veces, aun los instrumentos más pequeños son demasiados grandes para ellos. Es más arriesgado obligar a un niño a empezar demasiado pronto que hacerlo cuando se cree que es demasiado tarde. Si no está listo, la música le resultará muy difícil, se sentirá apremiado y presionado y pronto la rechazará. Esta precocidad es, de hecho, uno de los factores más frecuentes entre los que llevan al fracaso en los estudios, ya sean musicales o no. Los científicos han descubierto fases de desarrollo en las que los niños aprenden determinadas habilidades de forma especialmente rápida: la motricidad, el lenguaje, la música... Estas etapas sensibles se llaman ventanas neuronales y se van cerrando una vez pasa la edad óptima. Así, la mejor época para aprender a tocar un instrumento se sitúa entre los tres y los diez años, aunque esto no quiere decir que más tarde todo esté perdido. Algunos músicos han empezado en la adolescencia y hasta personas de treinta, cincuenta o incluso mayores pueden alcanzar cierto nivel, aunque no lleguen a ser grandes profesionales. Las modas también influyen. En otras épocas los criterios burgueses imponían que los niños estudiaran piano, violín o flauta. Hoy en día, la guitarra está a la cabeza del pelotón y las clases de música para este instrumento son las más demandadas. Instrumentos de viento-madera: Son ideales para iniciarse. No resulta difícil leer las notas, ya que se toca sólo un tono a la vez y en una sola clave. Tampoco requiere un oído especial, suenan bien aunque se toquen melodías sencillas. La flauta dulce es el mejor instrumento para que los niños se acerquen a la música. Para tocar la flauta travesera conviene ser diestro (se sostiene a la derecha) y tener la suficiente estatura para alcanzar los agujeros en horizontal. El clarinete atrae especialmente a los hombres, que deben tener buenos pulmones y, a ser posible, incisivos fuertes. Instrumentos de viento-metal: La trompeta es un instrumento fuerte, ideal para personas dominantes y agresivas, que tengan buenos pulmones. El trombón de varas se distingue porque los tonos no vienen dados, sino que hay que buscarlos, como en el caso del violín. Entre el manejo de las válvulas o pistones y el control de los labios, tocar la trompa requiere bastante técnica. Tocar un instrumento de metal exige fuerza física y pulmonar. No se debería comenzar antes de la adolescencia. Instrumentos de cuerda y arco: Requieren largos años de estudio, por lo que sólo se recomiendan para personas concienzudas y pacientes, con buen oído. Ser zurdo favorece su aprendizaje, ya que la mano que lo tiene más difícil es la izquierda. Con el violín se puede comenzar en edad preescolar: se necesita un cuerpo ágil y buen equilibrio (el instrumento se sostiene entre la barbilla y la clavícula). Es el instrumento que suelen preferir los hijos únicos y exige apoyo por parte de los padres. El violoncelo puede gustar más a un principiante, ya que la posición es más fácil y los tonos no suenan tan descorazonadores como en el caso del violín. Conviene que la estatura sea alta o media y los brazos, largos. No son apropiados para personas con mucha energía, sino más bien para gente tranquila. Instrumentos autónomos: Se trata del piano, la guitarra clásica y el arpa; se llaman así porque no necesitan del apoyo de otros instrumentos. Su aprendizaje no es sencillo, ya que todos los dedos están implicados. La mejor edad para empezar se sitúa sobre los siete u ocho años. Para los principiantes mayores resulta ventajoso haber empezado con un instrumento más sencillo y saber algo de solfeo. El piano satisface pronto, porque incluso las melodías sencillas suenan bien. Sin embargo, las partituras son muy complejas, con claves distintas para cada mano. Hacen falta muchas horas de ejercicio. La guitarra resulta muy atractiva para muchos niños y jóvenes ya que tiene un sonido muy bonito. Tocar estos instrumentos requiere inteligencia, perseverancia y cierta introversión. Percusión: Para dedicarse a los instrumentos de percusión hace falta mucho sentido del ritmo. Los hay afinados como el xilófono o el timbal, y otros no afinados, como el tambor y la batería. Para tocarlos se necesitan reflejos, movimientos ágiles, una buena coordinación de las manos y capacidad de concentración. Un buen batería es capaz de usar manos y pies a la vez y pasar con rapidez vertiginosa de un tambor o platillo a otro. Son instrumentos ideales para chicos hiperactivos, que necesitan liberar energía. Conviene empezar con el tambor y pasar luego a los otros. Beneficios El cerebro tiene dos hemisferios definidos, ambos complementarios y a la vez entrelazados. La parte abstracta y la parte racional se necesitan una a la otra. Dentro de la parte abstracta se encuentra el arte y si se desarrolla éste, todo el cerebro incrementará su potencial. Un instrumento musical, realmente hes una erramienta muy útil para lograr el desarrollo integral de toda persona y potenciarla tanto en creatividad como en la salud mental y hasta orgánica. Practicar de forma habitual mejora las habilidades del lenguaje, la memoria, la conducta o la inteligencia espacial (capacidad para percibir de forma detallada el mundo y formar imágenes mentales de los objetos). Además de los beneficios fisiológicos citados, la práctica de tocar mejora el estado anímico de los niños y su relación con los demás. En el terreno individual, tocar un instrumento convierte a quien lo hace en una persona metódica que cuida los detalles, planifica bien las tareas y tiene mucha capacidad de atención. Esta conducta puede trasladarse a la labor propia del estudiante, a quien se exige calidad y resultados.