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Usuario (Guatemala)

Afortunadamente, jamás llegó a volar; pero de haberlo hecho el SLAM (Supersonic Low-Altitude Missile, misil supersónico de baja cota) Plutón hubiese sido la mayor abominación armamentística de la historia. Se trataba de un misil de crucero trisónico con ojivas múltiples de hidrógeno y propulsión nuclear. Su mera onda de choque era capaz de matar al sobrevolar el suelo a baja altura; si esto no acababa contigo, lo haría la radiación de su motor, un reactor nuclear desnudo que iba expulsando pedazos de plutonio a medio gastar y altamente radioactivo en su recorrido. Y si todo esto fallaba, siempre estaban las 16 cabezas termonucleares de un megatón cada una. Todo esto en un paquete de prácticamente ilimitada autonomía que le hubiese permitido recorrer la Unión Soviética a placer, devastándolo todo a su paso. Una fantasía necrófila de la Guerra Fría. Durante la Segunda Guerra Mundial, las bombas de aviación británicas se clasificaban, por la cantidad de explosivo que contenían, en tres grandes tipos:GP (General Purpose), de empleo general, con una carga explosiva que oscilaba entre el 30 y el 35% de su peso.MC (Medium Capacity) o de mediana capacidad, con un contenido en material explosivo que oscilaba entre el 40 y el 50 por ciento de su peso. HC (High Capacity) o de alta capacidad, con un contenido de explosivo alto, aproximadamente entre el 75 y el 80% de su peso.La doctrina general empleada por todos los ejércitos, era que cuanta mayor cantidad de explosivo llevase una bomba, mayor sería el daño causado, de ahí que se fabricasen proyectiles de mediano peso (entre 125 y 500 kg. de peso) con finas paredes para contener el mayor porcentaje de explosivo.Empleándolas tácticamente, si el bombardeo se efectuaba por debajo de los 3.000 metros, se corría el riesgo de resultar cegados por los reflectores enemigos, además de volar al alcance de la mayoría de armas antiaéreas. Si por el contrario se efectuaba el ataque por encima de los 4.500 metros, esos riesgos se minimizaban, pero en cambio resultaba extremadamente difícil identificar visualmente los objetivos asignados, y sobre todo acertar en ellos o al menos aproximarse lo suficiente para causar daños.Normalmente el mando aéreo se decidía por practicar la segunda opción, volar alto para garantizar la vida de los aviones y sus tripulantes, a cambio de perder puntería, que era contrarrestada enviando varios centenares de aviones que “saturaban” el blanco con bombas en la creencia que “algunas” caerían en el objetivo (el 30 de mayo de 1942, 1.046 bombarderos británicos atacaron la ciudad alemana de Colonia, en lo que habría de ser el mayor bombardeo estratégico de la 2 GM). Si por el contrario se decidía efectuar un bombardeo a baja altura, para asegurar el objetivo, lo obligado era realizarlo durante la noche, con las consiguientes restricciones en la localización del blanco.Se pueden contar por centenares los ataques a objetivos militares que resultaron fallidos, con daños colaterales que suponían miles de víctimas inocentes, así como decenas y decenas de aviones derribados y muchos cientos de tripulantes muertos o prisioneros.Por si todo eso fuera poco, los estudios de las fotografías tomadas días después de los bombardeos confirmaban que los daños habían sido rápidamente arreglados y la producción y actividad bélica continuaba.El empleo de bombas de mediano tamaño tenía como ventaja su mayor número de unidades transportadas por avión, aunque por otra parte las desventajas también eran mayores; eran casi inofensivas contra objetivos fuertemente protegidos por gruesos muros de hormigón, y los daños que causaban a los blancos militares eran fácilmente arreglados, pues parte de la fuerza de la deflagración se disipaba en el aire.Barnes Wallis (foto de la derecha), constructor de aeroplanos y conocedor de la problemática sobre el bombardeo a gran altura, diseñó en 1939 un proyectil de caída libre, el cual, cargado con una gran cantidad de explosivo, debería ser capaz de introducirse profundamente en el terreno, y una vez allí, estallar produciendo grandes ondas sísmicas que, con efecto similar a un terremoto, derribaría por simpatía edificios enteros. Pero su idea de “bomba terremoto” no cuajó en el alto mando británico, que desestimó su propuesta, olvidando el proyecto que se empolvó en un cajón de despacho.No fue hasta después de mayo de 1943, tras el éxito de la bomba “revientapresas” de Wallis, en el que Sir Wilfred Freeman, Jefe del Ejecutivo en el Ministerio de Producción de aeronaves británico, se presentó frente al diseñador y le preguntó si podría poner en marcha la producción de “bombas terremoto”. Wallis respondió que con materiales y mano de obra podría tener lista la primera en unos cinco meses, comenzando enseguida la producción.El problema de este tipo de bomba era que, si se realizaba con la clásica envoltura metálica, podría llegar a fragmentarse, más que estallar, si chocaba con terreno rocoso o blancos fuertemente protegidos con gruesos muros de hormigón. Para evitar ese riesgo, Wallis diseñó una bomba aerodinámica, capaz de alcanzar grandes velocidades en el tramo final de su viaje, con una gruesa pared metálica de acero (manufacturada en una sola pieza) y dotada de una punta reforzada que facilitase la penetración en objetivos duros. Así nació la bomba “Tallboy”, también conocida como “bomba terremoto”.La bomba Tallboy (chico alto)Se trataba de un proyectil mixto, compuesto por un explosivo propiamente dicho, al que se le añadía una cola postiza de aluminio aeronáutico, con aletas, que se unía al cuerpo de la bomba antes de su uso.Durante las primeras pruebas, Wallis comprobó que la bomba efectuaba extraños movimientos en la etapa de caída libre, por lo que diseñó unas aletas inclinadas cinco grados, que al rozar con el aire, imprimían al proyectil un giro que mejoraba los efectos de cabeceo y guiñada y aumentaba de igual modo la precisión.Sus dimensiones alcanzaban los 6,40 metros de longitud (si bien el proyectil sólo medía 3,150 metros, el resto formaba parte de la cola postiza), con un diámetro de 0,95 metros y un peso total de 6.943 kilogramo (12.000 libras), de los cuales aproximadamente el 45 % (2.358 kg –unas 5.200 libras-) era alto explosivo.A la derecha aviadores uniendo las aletas al cuerpo de la bomba.Este tipo de proyectil podía ser transportado por diversas clases de aviones bombarderos, y si se lanzaba desde una altitud de 6.000 metros, se clavaba en el terreno, después de caer libremente durante unos 40 segundos, produciendo al explosionar un cráter de unos 24 metros de diámetro,Si el objetivo era de los denominados “duros” (refugios de sumergibles o fábricas protegidas de combustible sintético con gruesos techos de hormigón), el poder de penetración se reducía hasta unos 2,5-3 metros.A la izquierda Bomba terremoto cayendo hacia su objetivo. Abajo, dos techos reforzados de hormigón, perforados por bombas terremoto.FabricaciónManufacturar un proyectil de esas dimensiones no era nada fácil. Tras realizar la fundición de la carcasa de la bomba de una sola pieza, se mecanizaba casi a mano para dejarla pulida, de forma que tuviese un alto coeficiente aerodinámico. Una vez finalizada se prestaba especial interés al tapón de acero endurecido que era acoplado a la punta de la bomba para conseguir el efecto de penetración, y se dejaba lista para ser rellenada.El explosivo utilizado en las “bombas terremoto” era el Torpex, una combinación compuesta por TNT y ciclonita (también llamada Ciclotrimetilentrinitramina, RDX, hexógeno, o T4, es un explosivo del tipo nitroamina utilizado ampliamente en aplicaciones militares e industriales), al que se añadía polvo de aluminio, el cual al unirse a los dos compuestos anteriores elevaba la temperatura de la explosión. La proporción de esa mezcla era 40% de TNT, 42% de ciclonita y 18% de aluminio pulverizado.Se decidió por el Torpex por superar aquel en potencia al explosivo clásico, alcanzando una velocidad de detonación del orden de 7.600 metros por segundo (las dinamitas suelen ser del orden de los 5.200 m/s)Una vez lista la carcasa de la bomba, se vertía en el interior el explosivo Torpex fundido. Tras enfriarse, se completaba la carga con una capa de 2,5 centímetros de grosor de TNT, sellándose seguidamente con una capa de cera de 10 centímetros. Se instalaban tres detonadores que garantizaban la explosión segura si alguno de ellos fallaba, y se cerraba, dejándola lista para su transporte.Una vez decidido su empleo, se trasladaba a pie de pista, se instalaba la cola aerodinámica con las aletas y se acoplaba al avión.Este tipo de bomba empleaba principalmente dos clases de espoletas, la denominada modelo 58 de contacto y la modelo 47 de retardo. El retardo que se utilizaba normalmente era de hasta 11 segundos (para dar tiempo al proyectil a enterrarse completamente en el suelo), pudiendo ser modificado dependiendo del empleo estratégico. Si se decidía que además de la destrucción del objetivo se pretendía causar muchas víctimas, se retardaba su explosión hasta los 30 minutos.La instalación de hasta tres espoletas garantizaba la detonación de la bomba si fallaba alguna de ellas, no obstante durante el dragado para su reparación de la presa del Sorpe en 1958, se encontró una bomba Tallboy intacta, la cual no había explosionado a pesar de sus tres mecanismos de ignición y que llevaba incrustada en el fondo del embalse desde mayo de 1943. Tras el éxito de las primeras bombas Tallboy contra el viaducto de Saumur, se aumentó la producción hasta unas 2.000 unidades, siendo la mitad construidas en Inglaterra por las empresas Vickers Armstrong y la English Steel Corporation. Igualmente se elaboraron también en Estados Unidos, bajo supervisión de la empresa A.O. Smith Corporation con sede en Milwaukee.Grand Slam (golpe impresionante)Después de comprobar el éxito de las bombas Tallboy, el gobierno inglés decidió fabricar una bomba aún más grande destinada a poder con los objetivos que se le resistían a los otros proyectiles. Se les denominó “Grand Slam”, y consistieron en un proyectil también mixto, compuesto por una carcasa rellena de alto explosivo y un cuerpo de aleación ligera aerodinámica, con cuatro aletas destinadas a dotar al mismo de giro. La única diferencia con las Tallboy era sus dimensiones: de 7,70 metros de longitud total, 9.979 kilogramos de peso total y con una carga de 4.144 kilogramos de Torpex.El principio de su funcionamiento era similar al de las Tallboy; tras ser arrojada desde unos 12.600 metros de altura (debido al peso nunca se llegó a alcanzar esa altitud teórica, quedándose en unos 7.700 metros la eficaz) comenzaba a girar, cayendo a una velocidad próxima o superior a la del sonido (de 960 a 1.500 km/h). Debido a su carcasa reforzada de hasta 10 centímetros de grosor, llegaba a enterrarse unos 30 metros en el suelo antes de explosionar, derrumbando gracias a las ondas sísmicas todo lo que encontraba a su paso.Una explosión en terreno normal suponía generar un cráter de unos 29.000 metros cúbicos, aproximadamente unos 45 metros de diámetro y 18 de profundidad.Para poder trasladar semejante monstruo, tuvieron que suprimir el blindaje, las torretas antiaéreas y las portas inferiores de los bombarderos Lancaster para que pudiese elevarse con semejante peso.El sistema de puntería se efectuaba mediante un visor denominado SABS (Stabilizing Automatic Bomb Sight), que además efectuaba correcciones en el blanco tras analizar distintos factores ambientales como eran la temperatura o la velocidad del viento y que estimaba la precisión en unos 100 metros desde una altura de 6.000 metros (20.000 pies).Debido a la tardanza en ser producidas, no fueron utilizadas operativamente hasta el 14 de marzo de 1945, cuando aviones Lancaster del 617 Escuadrón de Bombardeo de la RAF arrojarían con éxito las primeras unidades en el viaducto ferroviario de Bielefeld, un punto estratégico que no había sido dañado pese a los bombardeos de saturación con más de 3.000 toneladas de bombas .Tras el lanzamiento de 14 bombas terremoto, alguna cayó a sólo 100 metros del viaducto, haciendo las ondas sísmicas derrumbarse un tramo de unos 150 metros de vías, cortando por tanto el importante suministro de las fuerzas alemanas.A la derecha el viaducto de Bielefeld.El 27 de marzo de 1945, 20 bombarderos Lancaster del 617 Escuadrón de la RAF (armados con 13 proyectiles Grand Slams, 4 con Tallboys y doce bombas de 454 kg) atacaron el centro de producción de submarinos del tipo XXI en Farge (Búnker Valentín). Aunque sólo dos bombas perforaron el techo del refugio de 4,5 metros de grosor (formando unos orificios de unos 8 metros cuadrados) las casi 800 toneladas de hormigón que se desprendieron del techo dejaron inservible esas instalaciones, que ya estaban casi finalizadas en el 90%.El 9 de abril de 1945, 17 aviones bombarderos británicos del 617 Escuadrón, arrojaron 2 bombas Grand Slam y 15 Tallboy sobre el búnker Fink-II de Hamburgo desde una altitud de 3.600 metros. Una de ellas acertó en el techo del búnker perforándolo y otras dos cayeron en las proximidades, en el río Elba, causando un pequeño tsunami que causó daños en el interior del refugio y en las proximidades, afectando a los alveolos 1, 2 y 5 y causando numerosos muertos y heridos.Ese día alcanzó la Grand Slam su mayoría de edad. Posteriormente fueron empleadas en misiones diversas, hasta el final de la guerra, teniendo el dudoso honor de haber sido el proyectil más potente del conflicto, sólo superado por la bomba atómica.Valga mencionar como anécdota, que fue tal el costo y la escasez de este tipo de bombas, que a las tripulaciones se les ordenó, ante una incidencia durante el despegue o en las primeras etapas del vuelo, que era preferible regresar a la base (con el consiguiente riesgo que se producía al aterrizar con semejante carga de explosivo), antes que dejarlas caer en el Canal de la Mancha.Uso operativoDurante la Segunda Guerra Mundial, y según cifras aliadas, se emplearon un total de 854 bombas “Tallboy” y 41 proyectiles del tipo “Grand Slam” contra objetivos difíciles de ser alcanzados (por su férrea defensa antiaérea) o bien duros (como refugios de sumergibles o lugares de producción de armas protegidos por fuertes capas de hormigón).El avión encargado de efectuar el lanzamiento fue el británico Avro Lancaster, un cuatrimotor de 21,18 metros de longitud, una envergadura de 31,09 metros, una altura de 5,97 metros y una superficie alar de 120,8 metros cuadrados. Poseía un peso en vacío de 16.705 kilogramos y su peso cargado alcanzaba los 29.000.Este bombardero estaba equipado con 4 motores Rolls Royce Merlín de 1280 cv. y refrigerado por agua, que le proporcionaba una velocidad de 240 nudos (450 km/h) a una altitud de 5.600 metros (15.000 pies). Iba tripulado por 7 hombres (piloto, ingeniero de vuelo, navegante, bombardero, operador de radio, y 2 artilleros) y su autonomía era de unas 1660 millas (unos 2.600 kilómetros).A la derecha un Lancaster con una “bomba terremoto” en su bodega.El armamento defensivo era de 8 ametralladoras de 7,7 mm en tres torretas y el ofensivo consistía en una bodega de carga de 10,5 metros, con capacidad para unos 10.000 kilogramos de bombas, aunque algunos aparatos modificados llegaron a transportar una bomba Tallboy de 5.443 kg o una Grand Slam de 9.979 kg. La unidad que operaba los Lancaster modelo I y III y la encargada de efectuar los bombardeos con las “bombas terremoto” fue el 617 Escuadrón de Bombardeo de la RAF (incluido dentro del V Grupo y conocidos como “The Dambusters” –reventador de presas-) con base en Scampton, cerca de Lincoln, y formado el 21 de marzo de 1943 con la misión específica de destruir las presas alemanas que proporcionaban energía a las industrias del Ruhr.Tras esa precisa misión, al Escuadrón se le asignó la tarea de entrenarse con las “bombas terremoto”, con vistas a realizar bombardeos de precisión sobre objetivos bien defendidos y protegidos.A la izquierda el emblema del 617 Escuadrón de la RAF. Se distingue en el centro una presa reventada, y abajo el slogan “Apres moi le deluge” (detrás de mi el diluvio, en alusión a la destrucción de las presas del Ruhr).Después de cumplir su misión destruyendo el túnel ferroviario de Saumur, continuó realizando bombardeos de precisión sobre bases de Uboot, refugios de producción de combustible sintético y de producción de bombas volantes hasta el final de la guerra.Sin duda alguna, la operación más famosa de cuantas realizó este Escuadrón, fue el hundimiento del acorazado Tirpitz en noviembre de 1944.El 617 Escuadrón utilizó aviones bombarderos Lancaster, rotulados con las letras "AJ", "KC", "YZ" y “B.I.”, este último rótulo destinado a las unidades que utilizaban las bombas “Grand Slam”. La primera misión de esta unidad fue realizada el 17 de mayo de 1943, bombardeando las presas alemanas del Ruhr, siendo la última la que se produjo el 25 de abril de 1945, dejando caer sus bombas en el último refugio de Hitler en Berchtesgaden.Últimas operaciones y conclusionesDurante los años 1946 y 1947, la USAAF realizó un programa destinado al estudio del efecto de las bombas de grandes dimensiones sobre estructuras de hormigón armado, empleando como objetivos diversos búnker destinados a la protección de los Uboote. Esta operación recibió el nombre de “Proyect Ruby”. Se emplearon bombarderos B-17 y B-29 que partiendo desde Marham volarían sobre el búnker Valentín en Farge. El B-29 fue en su momento el único avión capaz de alcanzar la altitud teórica necesaria para que la bomba “Grand Slam” desarrollase todo su potencial (10.500 metros –35.000 pies-). Al parecer las bombas erraron el blanco.Como continuación del Proyecto Ruby, se diseñó el llamado Projec Harken, destinado a seguir probando bombas gigantes en sus aviones B-29, dando como resultado la fabricación de una bomba gigantesca de 44.000 libras (19.958 kilogramos) lanzada en 1946 y transportado internamente por el B-36. Al parecer algunas bombas Tallboy fueron dotadas de sistemas de radiocontrol y empleadas con éxito en la Guerra de Corea. El programa se inició en febrero de 1945 y continuó en 1948 con una variante de bombas-misil guiadas denominadas Tarzon ASM-A-1.Aunque las bombas Tallboy y Grand Slam resultaron ser unos excelentes proyectiles, destinados a causar graves daños en los grandes complejos industriales y edificios muy resistentes y protegidos, el mayor problema que tuvieron fue el de la puntería. Estas bombas, para ser realmente operativas en su misión como “bombas terremoto”, necesitaban ser lanzadas desde grandes alturas y eso complicaba acertar en los blancos. A pesar de la debilidad de las defensas antiaéreas alemanas durante la última fase de la contienda, los resultados en cuanto a puntería dejaron mucho que desear, si bien las que acertaron de lleno los refugios, hicieron bien su trabajo perforando los gruesos techos de hormigón.En la imagen de la derecha podemos ver el techo del búnker de Brest con cráteres perforados. En el círculo rojo, las columnas de refuerzo del falso techo denominadas “fangrost”, destinadas a reforzar la protección, que no llegan a cubrir toda la superficie.