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Primer post: 22 jun 2011Último post: 13 mar 2012
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Cortazar -Las puertas del cielo-
Cortazar -Las puertas del cielo-
Apuntes Y MonografiasporAnónimo6/22/2011

Comparto con ustedes un trabajo que hice: Análisis de las representaciones sociales en un cuento de Cortázar. 1) Introducción 1.1 En el siguiente trabajo se presenta un análisis del cuento titulado “Las puertas del cielo” de Julio Cortázar, publicado en 1951 junto a siete relatos más en el libro Bestiario. Al momento de su publicación, Argentina se encontraba bajo el gobierno de Perón y en plena expansión de la doctrina peronista, que además de haber sido un hecho político fundamental para nuestro país, inauguró una nueva forma de participación popular. Un sector de la sociedad, que hasta entonces había sido marginado de las decisiones políticas, se hizo protagonista de la historia. Este cuento se acerca al peronismo, y lo aborda desde una perspectiva compleja, ya que encontramos una estrategia constructiva alrededor de la voz del narrador que permite al texto configurar una representación determinada de la sociedad. Esta estrategia será la que origine tanto la verosimilitud como la transposición de los valores ideológicos en el cuento. La palabra dentro de un discurso funciona como un fenómeno social ideológico. Ellas no son un medio de comunicación neutral, sino que expresan la voz de distintos grupos sociales. Desde esta perspectiva, el discurso se convierte en un lugar habitado por la diversidad social. La palabra utilizada por una voz expresa una concepción determinada del mundo, es decir, una ideología. Según Bajtín, la dialogicidad es el concepto que articula todas las voces en un intercambio permanente, es la lengua en uso. Cada vez que se emite un enunciado esas palabras se entrecruzan con todos los enunciados anteriores incluyendo la respuesta ante la palabra del otro. La escritura es un recurso capaz de traducir la voz humana en la medida en que es portadora de ideología, preservando sus características específicas. El mundo que nos rodea se encuentra poblado de voces que circulan permanentemente, y una de las tareas del escritor consistiría en organizar ese caudal, expresando la polifonía en la que se encuentra inmerso. Si consideramos al texto como un tejido de usos sociales, es imprescindible, al momento de introducirnos en el cuento, pensar quién habla, es decir, según Bajtín, debemos pensar qué ideología expresa el hablante. Este análisis nos permite mostrar cómo a partir de una estrategia narrativa en torno a la voz del narrador se puede establecer situaciones de poder, ya que la ideología no se manifiesta explícitamente a través del argumento, sino que se puede deducir de los recursos que utiliza el autor para reproducir el habla y de las estrategias narrativas, que reflejan el discurso de diferentes sectores sociales. La figura del narrador es fundamental en la estrategia narrativa, porque mediante él se realiza una interpretación y reorganización de la dialogicidad social. 1.2 Objetivo El objetivo de este trabajo consiste en mostrar cómo el discurso literario, mediante la voz del narrador y otras formas lingüísticas, puede construir una representación estereotipada de un determinado sector social. El lugar de la enunciación le permite al narrador una relación de jerarquía, que se establece mediante el poder que da el saber y la posibilidad de narrar. Así, compone una representación racista y prejuiciosa sobre las clases sociales que fueron beneficiadas por el peronismo, para mostrar una posición respecto a estos hechos históricos. Esta representación se realiza mediante la construcción de un enunciador que reproduce la ideología de la clase media y alta “acomodad” de la década del ‘40. Utilizando los aportes de la teoría de la Enunciación y enfocándonos en los principios de la Gramática Sistémica Funcional de Halliday, considerando que el estudio de los significados ideacionales e interpersonales realizados a través del modo y la transitividad junto al lenguaje evaluativo (Martin) son fundamentales para este análisis, también se utilizan aportes realizados sobre el estereotipo. 1.3 Marco teórico-metodológico Se ha decidido recurrir a diferentes teorías sobre el análisis del discurso considerando que su integración funciona de manera complementaria para realizar la lectura del texto que este análisis se propone. Se ha recurrido a la teoría de la enunciación, ya que la construcción del sujeto discursivo y la inscripción del sujeto en sus enunciados fueron considerados aportes importantes para el estudio de este texto. A partir de esta teoría el enunciado es entendido como producto del proceso de enunciación, es decir la actuación lingüística en contexto. En los enunciados se presentan trazos lingüísticos, que pone el enunciador para que sean descifrados por el enunciatario. La Teoría de la Enunciación propone la búsqueda de los procedimientos lingüísticos con los cuales el locutor imprime su marca al enunciado, se inscribe en él, implícita o explícitamente, y se sitúa en relación a él. También se ocupa del enunciatario, es decir, a quien está dirigido ese enunciado. Se desarrollará principalmente un análisis funcionalista, basado en la teoría Sistémico-Funcional creada por Halliday. Esta teoría, en particular el modelo de transitividad, representa un marco adecuado para la explicación de los roles y procesos en las diferentes cláusulas del texto. Halliday construye su teoría a partir de una relación estrecha del texto con el contexto social, donde se destacan el contexto de la cultura y el contexto de la situación. Considerando que el lenguaje es un fenómeno social y contextualizado, se lo percibe como un sistema de significados condicionados, que podrían dividirse en metafunciones. Estas metafunciones del lenguaje son tres: la ideacional, que refleja la realidad del mundo y nuestras experiencias en él, la interpersonal, que se relaciona con los participantes de la interacción y refleja sus opiniones y sentimientos; y la textual, que organiza el texto. Las tres metafunciones permiten expresar tres tipos de significados: ideacionales, interpersonales y textuales, y una configuración de estos constituye el registro. Halliday destaca tres dimensiones de la variación que caracterizan cualquier registro: campo (de qué trata el texto), tenor (cómo son las relaciones entre los que están involucrados) y medio (cómo funciona el lenguaje). Estas tres áreas corresponden a las metafunciones mencionadas arriba, de tal manera que el campo se realiza en los significados ideacionales, el tenor en los significados interpersonales y el medio, en los textuales. Los significados ideacionales se realizan en el lenguaje a través del léxico-gramatical. La transitividad es justamente una de las maneras en que la metafunción ideacional se realiza en el discurso y que representa la acción social de los hablantes. En ese sentido, una idea central de la teoría funcionalista es que la estructura del lenguaje se relaciona directamente con las funciones del lenguaje. La cláusula es la unidad central del estrato léxico-gramatical y del análisis que se realizará. Al analizar los procesos expresados en las cláusulas desde la función ideacional se pondrá énfasis en la clasificación de los procesos y de los respectivos participantes. También se realizará un análisis cualitativo de los recursos de valoración utilizados por el narrador para describir a un grupo social, expresar sus emociones, emitir juicios y referir las actitudes y valoraciones de estos. Para ello seguimos los lineamientos teóricos-metodológicos de la teoría de valoración (Martin, 2000, Martin y Rose, 2003) específicamente analizamos el componente semántico discursivo de la actitud y sus tres niveles de expresión: el afecto, el juicio y la apreciación. De acuerdo con la teoría de valoración (Appraisal Theory) desarrollada desde la escuela de Sydney (Martin, 2000) y a partir del modelo teórico de la lingüística sistémico funcional de Halliday (1994), el lenguaje ofrece una serie de opciones semánticas y recursos de valoración que nos permiten negociar y mantener las relaciones con los otros, y al mismo tiempo, expresar juicios, emociones, adoptar posiciones, expresar evaluaciones, en fin, expresar lingüística y discursivamente la actitud (White, 2003). La teoría de la valoración centrada en describir y explicar el sistema evaluativo del lenguaje está estrechamente relacionada con la subjetividad y modalidad discursiva. A través de él se puede interpretar cómo se construyen las identidades y las ideologías y cómo se expresan verbalmente los sentimientos, creencias, percepciones sociales y valores. A partir de esta teoría se pretende determinar de qué modo y con qué fines pragmáticos el narrador adopta una postura actitudinal, observando una evaluación positiva o negativa con respecto a personas, lugares, objetos y circunstancias, una postura hacia los lectores y una postura hacia el contexto intertextual en el cual se produce el discurso (White, 2004). Los recursos a partir de los cuales se construye la evaluación discursiva, se organizan de acuerdo con tres dominios de interacción: la actitud, el compromiso y la gradación (Martin y White, 2005). La actitud será el principal elemento de evaluación en este cuento. Se refiere al contenido que expresa una valoración intersubjetiva de los hablantes y de los procesos y se puede manifestar como afecto (expresión de emociones negativas o positivas), como juicio (evaluación sobre las acciones, comportamiento y sentimiento de las personas) y como apreciación (evaluación sobre los objetos y procesos). Además se utilizó aportes realizados sobre la teoría del estereotipo de Amossy y Pierrot. Los estereotipos son esquemas cristalizados, representaciones colectivas fijas de una porción de la realidad. Designa una representación compartida subyacente en las actitudes y conductas de una representación simplificada operando en la base del sentido o de la comunicación (Amossy y Herschberg Pierrot. 1997). Desde el análisis del discurso el estereotipo es una construcción de lectura (Amossy, 1991) que emerge desde el momento en que el lector reúne estos rasgos. El lector reconstruye un esquema abstracto y lo relaciona con un modelo cultural preexistente. “El estereotipo y los fenómenos de estereotipia se vinculan al dialogismo puesto al descubierto por Bajtín y recogido en las nociones de intertexto y de interdiscurso. Todo enunciado retoma y responde necesariamente a la palabra del otro, que él inscribe en sí: se construye sobre lo ya dicho y lo ya pensado, que él modula y eventualmente transforma.” El estereotipo es una construcción de lectura, depende del cálculo interpretativo, es decir que se activa durante la lectura cuando se reconoce una serie de atributos o rasgos entorno a una entidad. Este proceso implica cuatro pasos: • Selección de ciertos términos que no son directos pero que se reconocen en ellos ciertos atributos. • Recorte donde se descarta lo que no es relevante. • Combinación de elementos dispersos. • Desciframiento donde se interpretan expresiones indirectas. 2) Contexto histórico En el relato no aparecen referencias claras a un contexto histórico determinado. Sin embargo se toma la palabra “monstruos” como un dato referencial de la década del ’40. Así se denomina a los sectores sociales emergentes de esa época que apoyaban o eran beneficiados por el peronismo. Durante este período se produjo el ascenso de Perón al gobierno, pasó de ser subsecretario de Guerra a conducir la Secretaria de Trabajo y Prevención. Allí comenzó una intensa actividad para ganar adhesiones obreras, conformó una red de apoyos impulsando una política social inédita hasta entonces. Ubicó la cuestión social en el centro de los problemas del Estado, secundado por el empleo de un discurso político audaz. Dice Ipola al respecto: “La ‘doctrina peronista’ era mas bien un producto híbrido de proposiciones filosóficas abstractas, de afirmaciones válidas en casi cualquier contexto, de eslogans ya conocidos y, cosa importante, de reiteradas expresiones de lealtad al Líder y de reconocimiento de autoridad sobre prácticamente todos los terrenos.” La gestión de Perón consiguió el apoyo de amplios sectores a partir de las novedosas medidas que adoptaron a favor de los trabajadores. Por otra parte, se alentó la formación de sindicatos y se promovió la sindicalización masiva de los trabajadores. Esta serie de concesiones y reformas sociales produjo una integración de los trabajadores conducida desde el Estado. En 1946, con su primera presidencia, la política del gobierno peronista atrajo la adhesión de dirigentes sindicales, de los trabajadores organizados en sindicatos y de los sectores sociales más desprotegidos. A los trabajadores en general el estado les permitió acceder a beneficios materiales y sostener expectativas de vida impensables en los años anteriores. La situación de bienestar social se expandió también a los trabajadores no sindicalizados. El estado ayudaba a modificar la posición social de las familias de los trabajadores, y con el incremento súbito del gasto social, se invertía en educación. De este modo, las familias obreras podían aventurar un futuro diferente para sus hijos. Las clases acomodadas rechazaron la presencia masiva de los sectores populares urbanos, que se nutrían de migraciones internas, en la vida política y social, despectivamente los llamaron “cabecitas negras” y su reclamo aumentaba porque debían compartir los espacios públicos que antes les pertenecía en exclusividad, como los teatros, los cines, las calles, las plazas y otros lugares de esparcimiento. A partir de 1935 muchos trabajadores se desplazaron desde las áreas rurales a las principales ciudades, atraídos por las fábricas ubicadas en la periferia. Según la Historia de la Argentina de Barral y otros “Entre 1936 y 1943, arribaron a la ciudad de Buenos Aires y al conurbano alrededor de 72.000 personas por año, cifra que se elevó a 117.000 en los cuatro años siguientes. El aumento de habitantes en las ciudades colapsó la infraestructura urbana, insuficiente para alojar a tanta gente. “ Las políticas implementadas por Perón produjeron una gran división en la sociedad, porque habían logrado que la situación de los asalariados mejorara notablemente respecto de la década del ’30. En la presidencia de Perón se dispusieron diversos controles de precios que beneficiaban a los sectores populares, en particular sobre los alquileres urbanos y algunos productos de las canasta familiar, lo que aumentó la capacidad de consumo de los trabajadores, es decir, que el nivel de los salarios crecía, mientras muchos bienes que compraban los trabajadores mantenían sus precios estables. Además, otras políticas de estado actuaban para mejorar el nivel de vida: la ampliación de los sistemas públicos de salud y educación, la construcción de viviendas y el bajo precio de los pasajes en los transportes, en particular del ferrocarril, incidieron en el mismo sentido, aumentando el poder adquisitivo de los asalariados. El crecimiento de los salarios no abarcó a todo el país por igual: fueron más altos en el área metropolitana, las provincias del litoral y las patagónicas, mientras que permanecieron mucho más rezagados en las provincias del norte. Esta situación y las mejores posibilidades de vida en las zonas urbanas acentuaron las migraciones internas. Durante el peronismo Julio Cortázar comenzó a enseñar literatura francesa y de Europa septentrional en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo. Pocos meses después renunció a su cargo por divergencias con el peronismo y su política universitaria. En el año 1948 se recibió de traductor público de inglés y de francés. Antes de partir a Francia autoexiliado, publica su primer y ya famoso libro de cuentos, Bestiario (1951), que recoge muchas de las manías persecutorias que habían despertado en la clase media argentina la aparición de esas grandes masas populares que llenaban plazas y se lavaban los pies en fuentes. En 1951, a los 37 años de edad, se instaló definitivamente en París, ya que había recibido una beca del gobierno francés para estudiar 10 meses en París, de octubre a julio de 1952. En 1974 fue miembro del Tribunal Bertrand Russell II reunido en Roma para examinar la situación política en América Latina, en particular las violaciones de los Derechos Humanos. Cortázar falleció el 12 de febrero de 1.984 a causa de una leucemia. 3) Análisis del cuento 1 Análisis de la representación de la experiencia Utilizando la estructura de transitividad se analizarán los procesos y roles que se le asigna al narrador y los que este le adjudica a los personajes. Para realizar este análisis se discriminarán entre los procesos que se relacionan con el narrador, y los que se refieren solamente a los personajes Mauro y Celina. Esto permitirá encontrar las representaciones del mundo que construye el narrador sobre él y sobre sus personajes, evidenciando el rol de cada uno de los sujetos como representantes de la sociedad. 1.1 Análisis de procesos relacionados con el narrador. Procesos mentales La primera cláusula donde el narrador es el sujeto muestra un proceso mental, en este caso el narrador cumple el rol de experimentador. Así podemos observar que elige presentarse a través de un proceso mental de cognición: “Me acuerdo que reparé instantáneamente en la frase.” Esta elección de presentarse en escena a través de un proceso mental nos permite sospechar la intención de caracterizar al narrador con cualidades mentales e intelectuales, podemos encontrar más ejemplos dentro del relato con los siguientes procesos: me acuerdo, pensaba, sé, me parece, estudiaba, me di cuenta, escuché, miraba. Podemos ver que los procesos mentales marcan una distancia entre el experimentador y el fenómeno que presentan, ya que se trata de una reflexión sobre la experiencia exterior, es decir, el fenómeno. Ejemplos de esto son las siguientes cláusulas: “En el camino supe que Celina había empezado a vomitar sangre a las seis, que Mauro trajo al médico y que su madre estaba con ellos.” Vemos que el narrador se interesa por acumular información y datos referidos a la muerte de Celina y se ocupa de concentrarse en su objeto de estudio: “Yo pensaba en Celina.” El objeto de estudio del narrador es la pareja de Celina y Mauro, se preocupa por ellos y por todo lo que puede relacionar a ellos, hay plena conciencia de que detrás de ese interés existe la intención de un trabajo de investigación, por eso recopila sus datos en un fichero: “Yo sé que detrás de eso está la curiosidad, las notas que llenan poco mi fichero” Aparecen procesos más específicos de un trabajo científico como “estudiaba” que insinúan un trabajo intelectual minucioso describiendo rasgos de manera detallada y comparándolos dentro de la pareja: “yo estudiaba la diferencia entre su cara de rasgos italianos, la cara del porteño orillero sin mezcla negra o provinciana, y me acordé de repente de Celina” El experimentador se muestra como si tuviera mucho conocimiento acerca de sus objetos de estudio, la cultura y las costumbres de quienes habitan esos lugares: “Me parece bien decir aquí que yo iba a esa milonga por los monstruos y no sé de otra donde se den tantos juntos.” Todas estas cláusulas tienen como experimentador al narrador, más adelante comienzan a aparecer cláusulas con procesos mentales de percepción que le asignan una característica más observadora al narrador: “casi no escuché los gritos de las viejas y el revuelo en el patio” El narrador está atento a todo lo que ocurre a su alrededor, lo percibe en la medida que puede e intenta realizar descripciones de todo eso que observa porque considera que se trata de situaciones que le sirven para analizar a ese grupo social: “vi a dos o tres amigos de la barra de Mauro” También encontramos cláusulas donde observa la relación cotidiana que tenia Celina con Mauro y con los lugares donde asistían: “la vi girando entusiasta en brazos de Mauro.” “Íbamos juntos a los bailes y yo los miraba vivir” Estas cláusulas dejan en evidencia a un narrador que se interesa por percibir todos los movimientos de Mauro y Celina y el grupo social del cual se rodean. “Cuanto más me reprochaban estas amistades, más me arrimaba a ellos para presenciar su existencia de la que ellos mismos no sabían nada” Aquí “presenciar su existencia” hace referencia a la relación que había creado con la pareja para poder observarlos, a pesar de ser una actividad que no estaba aceptada por su entorno social. Se encontraron procesos mentales de sentimiento que muestran dos impresiones definidas y contrarias en el narrador, por un lado podríamos decir que aparecen sentimientos positivos como: me gustaba, quería, me enternecieron. Y por otro lado sentimientos negativos como: tuve asco, me resigné. Estos procesos que consideramos positivos muestran una simpatía hacia la pareja, un cariño que se generó por el vínculo, aunque el abogado comenzó a interesarse por ellos para investigarlos como “cobayos”: “Me gustaba salir con Mauro y Celina” “Los quería, cuánto los sigo queriendo” “Me enternecieron los dos o tres agujeritos” A pesar de intentar tener un perfil analista que observa lo que le rodea con imparcialidad, expresa sentimientos de simpatía y también de rechazo y desagrado: “Tuve asco de Mauro pero mucho más de mi mismo” Este proceso está construido a partir de una locución verbal para decir que conocer a Mauro le generaba rechazo, pero más repudio se tenía a él mismo por pensar así: “Me daba asco pensar así, una vez más estar pensando todo lo que a los otros les bastaba sentir” Se somete a situaciones que le producen rechazo, configurándose como un sujeto intolerable. El contacto con el otro se vuelve insoportable: “Me resigné a escuchar” “Dijo el viejo, dándome una mano que me pareció una sardina viva” Los procesos mentales cumplen una función predominante en el relato porque le otorgan un rol científico al narrador como observador de su pareja amiga, esta intención lo ubica como el ser pensante, con un conocimiento superior capaz de opinar sobre sus amigos-objetos de estudio con una aparente objetividad. Procesos relacionales Estos procesos implican una relación entre dos roles ya sea de entidades con un atributo o solo entre entidades. El primer proceso de este tipo que aparece en el relato es una cláusula con relación de identificación, allí el narrador niega la identidad de Mauro y Celina como cobayos, refiriéndose a ellos como roedores que suelen ser utilizados para la experimentación y observación científica. “Mauro y Celina no habían sido mis cobayos, no.” Esta negación nos aporta pistas para comprender qué intensiones tiene el narrador al relacionarse con la pareja de Mauro y Celina a pesar de negarla. Enseguida aparece un proceso relacional intensivo con una cláusula de identificación que el narrador utiliza para presentarse: “Yo soy el doctor Hardoy” Aquí la designación es “doctor Hardoy", se presenta como una persona intelectual, con un título universitario, asignándose un status social superior al de Mauro y Celina. Estos procesos relacionales que encontramos, a pesar de ser pocos en el relato, son sumamente significativos ya que aportan información sutil y contundente para una interpretación de la postura y las intenciones del narrador. Las siguientes cláusulas relacionales son circunstanciales: “Yo estaba otra vez con Celina y Mauro en el Luna Park.” “Así ellos se acercaron un poco a mi pero yo estaba tan lejos como antes” En estos procesos se ve que a pesar de compartir situaciones y lugares, el narrador continúa manteniendo una distancia. Esa distancia le permite continuar observando, encontramos cláusulas que evidencian la sistematicidad y seriedad con que realiza su investigación: “En mis fichas tengo una buena descripción de Santa Fe Palace” En este proceso relacional posesivo el narrador presenta las consecuencias de esa lejanía que mantiene con la pareja: sus fichas. Creadas para describir todas las observaciones que realiza. Es mediante el repaso de esas fichas que puede arribar a conclusiones: “De pronto me di cuenta como Santa Fe era Celina, la presencia casi insoportable de Celina.” Así llega a identificar a una persona con un lugar bailable, en el que deposita todas las características negativas. De esta forma desubjetiviza a Celina, utilizando a una persona como arquetipo de todo un grupo social que participa de un evento. El siguiente proceso relacional que encontramos tiene un sentido de obligación: “Me veía forzado a alimentarme, por reflejo de su sangre” Esta expresión esta funcionando como una perífrasis modal de obligación. Vemos que el interés que se produce en el narrador por la pareja pasa a ser una necesidad, algo que traspasa el limite entre lo que quiere y lo que debe hacer, se trata de un proceso circunstancial, porque se vincula al modo en que está el portador. Procesos materiales Estos procesos dan cuenta de la participación que tiene el narrador en la vida de la pareja y de las acciones concretas que realiza en torno a ellos y ocurren en el mundo material: “Pegué un par de telefoneadas y salí con José María a buscar un taxi” Vemos que para continuar con su hobby que consiste en un trabajo de investigador tiene que acomodar sus tiempos para poder dejar su rutina a un lado y hacer cosas que le incomodan como la siguiente: “Aguantando las ganas de putearla me metí en el caldo caliente de la pieza” Encontramos que es capaz de realizar acciones aunque le generen incomodidad y aunque sean mal vistas por sus pares. Sin embargo, él encuentra una explicación y un motivo para hacerlo: “Un abogado que no se conforma con el Buenos Aires forense musical y avanza todo lo que puede por otros zaguanes.” Le suma formalidad y seriedad a su trabajo mediante un proceso material que demuestra que todos los datos que observa no se pierden, sino todo lo contrario, son retenidos en su memoria para poderlos analizar: “Lo que hacia era reunir y ordenar mis fichas sobre Celina, no escritas nunca pero bien a mano” En esto consiste el trabajo de un etnólogo que estudia sistemática y comparativamente las etnias y las culturas de los pueblos, se considera una rama de la antropología. Por otra parte, en su relación con la pareja realiza acciones como estas: “Cuando acabó el pleito y le hice ganar cinco mil pesos a Mauro” En este proceso se deduce una superioridad por parte del narrador que a través de sus conocimientos sobre la materia de las leyes, le permitió a Mauro, casi como un favor, ganar dinero. Aquí deja ver explícitamente una relación de poder debido a sus conocimientos. También podemos encontrar procesos materiales que involucran a los personajes. Estos tipos de procesos son los que abundan en el texto. Se aproximan a un trabajo de investigación, en ese caso podríamos compararlo con un trabajo de campo. Para poder recopilar información tiene que realizar acciones concretas junto a sus “cobayos”. Vemos que en todas las cláusulas los participantes son los tres, el narrador, Celina y Mauro: “Íbamos juntos a los bailes y yo los miraba vivir” La relación de amistad entre ellos tiene una historicidad y una periodicidad porque habían repetido varias veces la salida a los bailes y otras situaciones sociales: “Ni yendo juntos a los bailes populares, al box, hasta al fútbol o mateando hasta tarde en la cocina.” Sin embargo, a pesar de realizar actividades en común, en el siguiente proceso material abstracto expresa que no pude participar de ese estilo de vida y de esa forma de pensar: “Nunca pude entrar en su simpleza” Podemos observar que el interés por la observación traspasa ese límite y la investigación del narrador pasa a ser similar a un trabajo de campo, donde se relaciona de cerca e interactúa con su objeto de estudio. Procesos verbales Encontramos que estos procesos refuerzan la distancia entre el narrador y la pareja, hay reproches y referencias a un tratamiento de vos y otro de usted, al nombrar estas acciones se entiende que existe una reflexión sobre lo que ocurre por parte del narrador. “Yo le hablaba de vos a Mauro pero a Celina le devolvía el tratamiento.” También sus amistades aparecen en el relato para hacer referencia al rechazo que les genera que se relacione con gente de una clase social que consideran diferente: “Cuanto más me reprochaban estas amistades, más me arrimaba a ellos para presenciar su existencia de la que ellos mismos no sabían nada” En todas estas cláusulas se marca una distancia entre el narrador y su entorno, tanto con la pareja amiga que cumple el lugar de objeto de estudio, como con los pares del narrador. 1.2 Análisis de procesos relacionados con los personajes Celina y Mauro. Los procesos relacionados con los personajes son importantes para entender cómo el narrador arma el mundo de la experiencia, dentro de un conjunto determinado de procesos y produce las representaciones de sus personajes. En este caso prevalecen los procesos de comportamiento. La selección del proceso automáticamente determina los tipos de participantes que se asocian a él. Es interesante observar los roles que les asigna el narrador a estos personajes. En este apartado también se incluye el análisis de los procesos relacionados con los “monstruos”. El narrador incluye a Celina y Mauro en el grupo de los “monstruos” y mediante la generalización los considera representantes de una clase social baja. Procesos de comportamiento Gramaticalmente son procesos intermedios entre los materiales y los mentales. Los participantes son actuantes. Celina y Mauro no llegan a ser identificados con procesos mentales pero sí con procesos de comportamiento que permiten al narrador sacar sus conclusiones sobre ellos: “girando entusiasta en manos de Mauro.” “Después bailó conmigo una machicha.” Estos procesos se relacionan con la situación de baile de la pareja, ese lugar le interesa porque, según él, allí se desenvuelven los monstruos. Analiza sus comportamientos, como en este ejemplo donde realiza hipótesis sobre el modo de tratarlo ante los demás como “doctor”: “Tal vez la enorgullecía darme el título delante de otros…” También hace referencias al avance que tuvo dentro de su campo de estudio, logrando el acercamiento a la pareja: “Así ellos se acercaron un poco a mi pero yo estaba tan lejos como antes” Encontramos cláusulas donde el comportamiento de los participantes consiste en disimular sus sentimientos y demostrar algo diferente, ocultando lo que se quiere: “Aceptaba de a poco, se sometía sin ceder.” “Entonces Celina fingía conformarse” Los siguientes procesos también son de comportamiento, pero se refieren de manera genérica a los “monstruos” y describen la actitud que el narrador observa en ellos cuando van al baile: “Asoman con las once de la noche, bajan de regiones bajas de la ciudad.” Según el narrador, todos los “monstruos” sin ningún tipo de distinciones cumplen un horario para asistir al baile y además provienen del mismo lugar Procesos mentales Las cláusulas que contienen estos tipos de procesos son muy pocas. Los procesos mentales suponen un participante que dotamos de conciencia. A diferencia de los procesos relacionados con el narrador, no encontramos ningún proceso mental de cognición relacionado con los personajes Mauro y Celina. Los únicos procesos mentales que encontramos son de sentimiento: “Mauro prefería el patio, las horas de charlas con vecinos y mates.” “Ellos se querían” Estos sentimientos les asignan a los experimentadores características que tienen que ver con los instintos, si el narrador no les otorga facultades intelectuales, sí les da la facultad de sentir asemejándolos más con los animales que con los seres humanos. En cuanto a los procesos relacionados a los “monstruos” se observa un proceso de cognición seguido de uno de percepción. Este reconocimiento mutuo que el narrador describe les generaría humillación por eso no lo demuestran: “se reconocen y se miran en silencio sin darlo a entender” Este comportamiento los presenta como sujetos que se avergüenzan de su condición y que se sienten parte de una misma clase social. Procesos verbales El intercambio de información que representan estos procesos tiene que ver con el tratamiento, el tuteo y la denominación “doctor”. “Ni ella ni Mauro me tutearon nunca” “A Celina le costó dejar el ‘doctor’” En la última cláusula encontramos una elipsis, el elemento que se omite podría ser el verbo “llamarme”, así observamos que se trata de un proceso verbal. En la cláusula que sigue el proceso verbal implica un acercamiento y un aprecio por parte de Celina hacia el narrador: “Celina fue la primera en pedirme que no me alejara, que fuese a verlos” 2 Análisis de las relaciones interpersonales 2.1 Léxico evaluativo El sistema de valoración nos ofrece información sobre el significado interpersonal porque permite conocer e interpretar cómo los sujetos expresan sus apreciaciones y sentimientos. Para este análisis nos ubicamos dentro del sistema de actitud en el subsistema de juicio para ver cómo se evalúa el comportamiento del grupo social al que pertenecen Mauro y Celina. Uno de los sitios que más le interesa al narrador es el de los bailes, él lleva un estudio sobre estos a través de sus fichas, donde describe cada uno de los lugares que va conociendo. Los estudia y analiza como un espacio que no le pertenece, en donde se siente observador. Uno de los elementos léxicos que se relaciona con los bailes es la “milonga”. Este lugar se lo considera un “cabaret” y se lo asocia con los siguientes lexemas: “infierno”: considerado un lugar destinado al eterno castigo de los condenados, donde persiste el tormento, se trata de un juicio de propiedad negativo; “horror”: es un lexema que se acerca al anterior, como algo que causa espanto, miedo intenso. Es una apreciación de reacción cualidad, negativa; “caos” y “confusión” son estados de desorden donde se mezcla cosas diversas, es una apreciación de composición, balance, negativa. “barato”: como algo que vale poco porque se lo considera ordinario, es una apreciación de reacción, cualidad, negativa. “torvos”: algo bestial, espantoso o terrible a la vista, es una apreciación de reacción impacto, negativo. “mugre”: se utiliza para hablar de suciedad, especialmente la de carácter grasiento que ensucia, es una apreciación de reacción, cualidad negativa. De este modo es como se presenta el espacio de los bailes. El lugar a donde asiste el grupo social que le interesa como objeto de análisis del narrador. A partir de este análisis del léxico, podemos decir que, por un lado se critica y, por el otro, se hace una valoración negativa de las características de ese espacio y, por lo tanto, de las personas que asisten allí. La milonga se puede interpretar aquí como lo monstruoso y anormal, que impide el transcurrir normal de la vida urbana. También, se consideró interesante analizar la actitud del narrador cuando explica porqué le interesan las milongas: “(Para una ficha: de dónde salen, qué profesionales los disimulan de día, qué oscuras servidumbres los aíslan y disfrazan)… Además está el olor, no se concibe a los monstruos sin ese olor a talco mojado contra la piel, a fruta pasada, uno sospecha los lavajes presurosos, el trapo húmedo por la cara y los sobacos, después lo importante, lociones, rímel, el polvo en la cara de todas ellas, una costra blancuzca y detrás las placas pardas trasluciendo.” En este fragmento aparece una evaluación evocada, porque aunque no hay una valoración explicita, la interrogación “de dónde salen” busca un origen para todos los sujetos que participan de los bailes, está denotando un lugar desconocido y oculto con un valor negativo. Lo mismo ocurre cuando se pregunta “qué oscuras servidumbres los aíslan y disfrazan” pero en este caso la palabra “oscuras” le otorga una valoración explícita de juicio con propiedad negativa. El tema del olor es introducido mediante una valoración evocada, es implícita, expresando una característica propia de una especie con un olor propio, el talco también es un elemento negativo porque tendría una intención de ocultar el color oscuro de la piel, lo mismo que la fruta pasada haciendo referencia a algo que ya no sirve y que desprende un olor desagradable. “Los lavajes presurosos” indican que no hay dedicación, que quienes los realizan son descuidados y torpes, una valoración completamente negativa. Luego, al utilizar la metáfora “una costra blancuzca” para referirse al polvo en la cara hay una apreciación de reacción refiriéndose a una cualidad negativa, de la misma forma que en la metáfora “placas pardas” para mencionar la piel oscura. 3 Estereotipo Los estereotipos sociales se refieren a las imágenes simplificadas y generalizadoras que se construyen alrededor de determinados colectivos y se generan mediante la dinámica de los prejuicios. Estos esquemas siempre están encadenados a una determinada concepción ideológica. Los rasgos estereotipados de los “monstruos” en el cuento son los siguientes: el pelo oscuro y la piel de tonalidad intermedia, la pertenencia a la clase trabajadora, la identificación con provincianos migrantes internos que provienen de las zonas rurales del norte. Se los considera invasores de los sectores urbanizados como Buenos Aires, son vistos como intrusos de origen humilde con malas costumbres, sin modales, ignorantes y sin cultura. El término “monstruos es utilizado de la misma manera que el término “cabecitas negras”. Encontramos en el relato varios pasajes que se adecuan a este esquema que fue compartido por sectores pertenecientes a las clases medias y altas porteñas, pero también por los intelectuales de izquierda que en aquel entonces se solidarizaron con el espanto de quienes eran considerados “gente bien” de Buenos Aires y con su intento por preservar su carácter de ciudad culta y aristocrática, sus jerarquías espaciales y su propiedad territorial: "Me parece bueno decir aquí que yo iba a esa milonga por los monstruos, y que no sé de otra donde se den tantos juntos. Asoman con las once de la noche, bajan de regiones vagas de la ciudad, pausados y seguros de uno o de dos; las mujeres casi enanas y achinadas, los tipos como javaneses o mocovíes…" Las regiones vagas serían los suburbios de la ciudad, en ese sector se aglomeró la mayor parte de migrantes de las provincias. A las mujeres se las caracteriza con la poca estatura y los hombres son asociados con antiguas tribus. La identificación de este sector social como descendientes de pueblos originarios representa una desvalorización ya que la exclusión de lo europeo era mal vista por las clases altas. Se los caracteriza como personas sin cultura y sin refinamientos, según los rasgos del estereotipo. “Se reconocen y se admiran en silencio sin darlo a entender, en su baile y su encuentro, la noche de color. Van a eso, los monstruos se enlazan con grave acercamiento, pieza tras pieza giran despaciosos sin hablar, muchos con los ojos cerrados gozando al fin la paridad, la completación…las mujeres hablan chillando para que las miren, entonces los machos se ponen más torvos…” En este segmento aparece el estereotipo del color de piel, son todas personas de tez oscura las que participan de los bailes, según el narrador, y necesitan relacionarse con personas de su misma clase. A las mujeres se les asigna una acción que se acerca a lo animal: “chillar”, negándole la sofisticación del lenguaje. Los hombres pasan a ser “machos”, y a tener características de brutalidad. 4 Análisis del enunciado Según Ducrot (1984), en el enunciado podemos rastrear a un sujeto hablante (ser empírico), él es el productor auténtico del mensaje, y puede coincidir o no con el locutor (ser del discurso). En el relato podemos observar que el sujeto discursivo construido en este texto activa diversos enunciadores que son utilizados por el autor para realizar una representación de las clases medias y altas porteñas de la década del ‘40. Veamos los diferentes locutores que podemos encontrar en este cuento. El principal es el narrador, al que denominaremos L1. Hay una voz que se sitúa por detrás de L1, encargado de organizar los relatos mediante la configuración de los diferentes discursos, a este lo llamaremos L0 y pude relacionarse con la figura del autor. Otros tipos de locutores ingresan en el relato mediante la polifonía, a través de la voz de los personajes, la intertextualidad y la negación. L1 se expresa en primera persona y es el encargado de componer las diferentes hablas al reproducir el discurso directo de los personajes, para eso, utiliza un registro coloquial. El procedimiento de composición de los personajes se realiza mediante el habla popular y el habla coloquial de la época. La enunciación se produce desde la voz de una persona que pertenece a una clase acomodada. Se presenta como el abogado Hardoy, pretende ser un observador o agente externo. No es un ente abstracto, sino un sujeto social que se presenta de una determinada manera. Así generaliza la experiencia e incluye al interlocutor de una manera personal, lo encontramos en la siguiente oración: “Mejor Mauro, ir a buscar a Mauro que seguía del lado nuestro.” El uso del pronombre posesivo tiene un valor inclusivo. “Este deíctico es una unidad lingüística cuyo funcionamiento, tanto en la codificación como en la decodificación, implica tomar en consideración algunos de los elementos constitutivos del marco enunciativo. Para reconocer el referente debemos tener en cuenta el papel de los actantes en la enunciación.” En este caso la identificación del narrador con la 1º persona plural incorpora al interlocutor a un grupo, en este caso un colectivo que tiene una ideología definida: antipopulista. Al elegir este tipo de focalización el autor (ser empírico), que será designado L0, le proporciona al relato la mirada hacia el Otro. Lo popular es descripto a través de una voz que no pertenece a un sector popular, sino a un sector de elite “acomodada”, y que tiene como objetivo la investigación y la crítica social. Para comprenderlo se necesita la complicidad de quien recibe e interpreta el enunciado, el enunciatario. Para eso se van dejando huellas y pistas utilizando el sistema lingüístico que proporciona elementos a partir del sistema léxico y del sistema deíctico de los hablantes cuando ponen en juego sus formas de presentación de uno mismo y de relación con los demás. Análisis de la polifonía La polifonía se ubica dentro del estudio de la subjetividad en el lenguaje. En el enunciado encontramos diferentes voces incluidas que muestran la participación de diferentes enunciadores. La polifonía se encarga de incluir la heterogeneidad en el discurso. En primer lugar, como procedimiento para integrar un fragmento de discurso en el cuento, se observa la presencia del discurso directo. Este se reproduce literalmente, las palabras citadas y la frontera entre el discurso citado y el citante es nítida. Es un discurso dentro de otro discurso, donde cada uno conserva sus propias marcas de enunciación: “_ Yo lo sujeté a Mauro, el doctor tuvo que salir porque Mauro se le quería tirar encima. Usté sabe como es el cuando se cabrea.” En este ejemplo la marca del discurso directo es el guión y el enunciador que se introduce a través de él tiene su propia manera de hablar. El uso de “usté” le proporciona una marca sociocultural, propia de las clases populares. Otro ejemplo de polifonía es la negación porque presupone que alguien dijo lo que se está negando, en el relato el narrador dice “Mauro y Celina no habían sido mis cobayos, no”, esta negación introduce otra voz, este enunciador que se introduce es L3. Nos está afirmando que el papel que cumple la pareja es de “cobayos” y que se establece una relación de investigación con ellos. También aparece la polifonía con el término que se utiliza para nombrar a la clase social identificada con Perón: “monstruos”. Esta palabra evoca a la intertextualidad, se refiere al cuento “La fiesta del monstruo” donde se utiliza este término para referirse a Perón, representando a alguien que provoca espanto por ser desagradable o por realizar acciones monstruosas. Así la voz del narrador en ese cuento de Borges aparecería en el texto para denominar de manera negativa a las clases populares. Esta estrategia se dirige al “horizonte del que entiende”, intentando desmantelar la “otra voz”, que se sitúa por encima de la del narrador, para reestructurarla significativamente, apuntando a unos lectores que podrán realizar a partir de este relato una interpretación ideológica diferenciada. 4) Conclusiones Este trabajo contribuye a desarrollar una conciencia crítica de las estrategias discursivas propias de una ideología racista, evidenciando la visión de las clases medias y altas sobre las clases sociales populares que migraron hacia las zonas urbanas en busca de una mejor calidad de vida, a quienes el narrador denomina “monstruos”. También, encontramos una crítica a las clases acomodadas de la sociedad porteña. El cuento relata una relación de amistad entre un abogado y una pareja de “cabecitas negras”. El narrador describe constantemente características que observa en ellos y al mismo tiempo que le causan asco tiene una fascinación por aspectos que le impresiona. De este modo, desarrolla una descripción que resultar repulsiva a los ojos del lector. Las representaciones que el narrador construye de los “monstruos” les otorgan una imagen desfavorable. Se observa que el narrador participa principalmente en procesos mentales, y se configura, en sentido figurado, como un sujeto intelectual que llena “fichas” sociológicas sobre la pareja de Celina y Mauro. También se lo relaciona con procesos materiales, relacionales y verbales; considerándolo como un sujeto que piensa y actúa. Sus acciones son motivadas por la curiosidad, con la inquietud de avanzar en una investigación simulando un trabajo de campo. La ausencia de procesos mentales y los pocos procesos verbales que se le atribuyen a la pareja, tienen como fin despojarlos de sus facultades humanas y ofrecer una imagen animalizada, destacando un aspecto irracional en ellos. En ese sentido, también se puede interpretar la gran cantidad de procesos de comportamiento que encontramos, el comportamiento se encuentra en el límite de los procesos mentales y los procesos materiales. Mediante la voz de narrador (L1) se introduce, explícitamente, la discriminación y se expresa la ajenidad radical que sentía el porteño de clase alta frente a nuevos habitantes, cuyos gustos y costumbres encuentra desagradables y carentes de delicadeza. La distancia que establece el narrador con los Otros es lo ideológico. Esta distancia tiene un carácter paródico, ya que el autor (L0) utiliza la voz del narrador y las descripciones que hace del Otro para dejar en evidencia la representación racista y discriminatoria que tienen las clases medias y altas de las clases populares. El mundo popular es descripto por el narrador remedando el procedimiento de un biólogo al observar “cobayos” con el fin de producir el efecto de una descripción objetiva y distante. Pero la caracterización que realiza de los sectores populares es completamente subjetiva. Estos personajes que representan al mundo popular en “Las puertas del cielo” se encuentran muy cercanos a los estereotipos y prejuicios que se habían difundido en las clases medias y altas porteñas desde fines de los años treinta. Estos rasgos aparecen en la voz del narrador-protagonista, el abogado Marcelo Hardoy (que también puede considerarse como un estereotipo del porteño ilustrado) y el matrimonio amigo/objeto de estudio, Celina y Mauro. Las descripciones más detalladas los tienen por objeto. Los bailes populares son su hábitat; se detiene en sus rostros y sus modos realizando valoraciones negativas de ellos y establece una relación directa entre el color de la piel y la vulgaridad. El narrador expresa una sensación de rechazo hacia la pareja, y al mismo tiempo le genera una gran curiosidad. Esta contradicción o ambigüedad en sus pensamientos se observa en el desprecio al otro y en una fascinación por el otro y un reconocimiento positivo, por ejemplo en la oración donde dice “Me gustaba salir con Mauro y Celina pasa asistir de costado a su dura y caliente felicidad.” Se podría decir que, incluso con el desprecio que demuestra el narrador hacia los sectores populares, ellos son reivindicados desde la voz del autor, reconociendo el “duro cielo” que tuvieron que conquistar. En el cuento se identifica a los sectores populares, no ya siquiera como una etnia o incluso una raza diferente, sino más bien como otra especie. El lenguaje se encuentra ultrajado, ya que se puede percibir la manipulación del discurso por parte del autor, el cual refleja una ideología anti populista por parte de un enunciador intelectualmente superior, que configura la imagen de una clase social popular. Esto se evidencia en las descripciones con una perspectiva de extrañamiento que elabora el autor y las expresa en la voz del narrador Esta voz se utiliza con las intenciones de ser una crítica a la opinión de las clases altas y medias porteñas sobre el sector popular, que había migrado hacia Buenos Aires durante la gestión peronista. Podríamos decir que esas intenciones corresponden a la caracterización que históricamente han hecho del movimiento peronista los sectores más acomodados de la sociedad argentina. Donde los acontecimientos se narran como la invasión de este gobierno al Estado, y la amenaza del fervor del pueblo a la estabilidad de la Argentina. Bibliografía Amossy, Ruth y Henschberg Pierrot (2001) Estereotipos y clichés, Buenos Aires, Eudeba. Bajtín, M (1989) Teoría y estética de la novela, Madrid, Taurus. Barral, María Elena y otros (2000) Historia de la Argentina, Argentina, Estrada. Blancafort, Helena Calsamiglia y Tusón Valls, Amparo (1999) Las cosas del decir, España, Ariel. Charandeau, P. y Maingueneau, D. (2005) Diccionario de Análisis del discurso, Buenos Aires, Amorrortu. Cortázar, Julio (1951) “Las puertas del cielo”, en Bestiario, Argentina, Sudamericana, 1972. Ducrot, Osvald (1984) El decir y lo dicho. Polifonía de la enunciación, Barcelona, Paidós. Halliday. M. A. K. (1986) El lenguaje como semiótica social, México, FCE. HOOD, Susan y MARTIN, J. R. Invocación de actitudes: El juego de la gradación de la valoración en el discurso. Rev. Signos . 2005, vol.38, n.58 [citado 2010-08-12], pp.195-220. Disponible en: <http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-09342005000200004&lng=es&nrm=iso>. ISSN 0718-0934. doi: 10.4067/S0718-09342005000200004. Ipola, Emilio de, (1987) El discurso político, Bs As. Hachette. Martin J. R. et al (1997) Working with functional grammar, London-NY, Arnold. White, P. R. R. y A. Don (2004) Workshop on Apparaisal, Mendoza.

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Cortázar- Las Puertas del cielo
Apuntes Y MonografiasporAnónimo3/13/2012

Comparto con ustedes un trabajo que hice: Análisis de las representaciones sociales en un cuento de Cortázar. 1) Introducción 1.1 En el siguiente trabajo se presenta un análisis del cuento titulado “Las puertas del cielo” de Julio Cortázar, publicado en 1951 junto a siete relatos más en el libro Bestiario. Al momento de su publicación, Argentina se encontraba bajo el gobierno de Perón y en plena expansión de la doctrina peronista, que además de haber sido un hecho político fundamental para nuestro país, inauguró una nueva forma de participación popular. Un sector de la sociedad, que hasta entonces había sido marginado de las decisiones políticas, se hizo protagonista de la historia. Este cuento se acerca al peronismo, y lo aborda desde una perspectiva compleja, ya que encontramos una estrategia constructiva alrededor de la voz del narrador que permite al texto configurar una representación determinada de la sociedad. Esta estrategia será la que origine tanto la verosimilitud como la transposición de los valores ideológicos en el cuento. La palabra dentro de un discurso funciona como un fenómeno social ideológico. Ellas no son un medio de comunicación neutral, sino que expresan la voz de distintos grupos sociales. Desde esta perspectiva, el discurso se convierte en un lugar habitado por la diversidad social. La palabra utilizada por una voz expresa una concepción determinada del mundo, es decir, una ideología. Según Bajtín, la dialogicidad es el concepto que articula todas las voces en un intercambio permanente, es la lengua en uso. Cada vez que se emite un enunciado esas palabras se entrecruzan con todos los enunciados anteriores incluyendo la respuesta ante la palabra del otro. La escritura es un recurso capaz de traducir la voz humana en la medida en que es portadora de ideología, preservando sus características específicas. El mundo que nos rodea se encuentra poblado de voces que circulan permanentemente, y una de las tareas del escritor consistiría en organizar ese caudal, expresando la polifonía en la que se encuentra inmerso. Si consideramos al texto como un tejido de usos sociales, es imprescindible, al momento de introducirnos en el cuento, pensar quién habla, es decir, según Bajtín, debemos pensar qué ideología expresa el hablante. Este análisis nos permite mostrar cómo a partir de una estrategia narrativa en torno a la voz del narrador se puede establecer situaciones de poder, ya que la ideología no se manifiesta explícitamente a través del argumento, sino que se puede deducir de los recursos que utiliza el autor para reproducir el habla y de las estrategias narrativas, que reflejan el discurso de diferentes sectores sociales. La figura del narrador es fundamental en la estrategia narrativa, porque mediante él se realiza una interpretación y reorganización de la dialogicidad social. 1.2 Objetivo El objetivo de este trabajo consiste en mostrar cómo el discurso literario, mediante la voz del narrador y otras formas lingüísticas, puede construir una representación estereotipada de un determinado sector social. El lugar de la enunciación le permite al narrador una relación de jerarquía, que se establece mediante el poder que da el saber y la posibilidad de narrar. Así, compone una representación racista y prejuiciosa sobre las clases sociales que fueron beneficiadas por el peronismo, para mostrar una posición respecto a estos hechos históricos. Esta representación se realiza mediante la construcción de un enunciador que reproduce la ideología de la clase media y alta “acomodad” de la década del ‘40. Utilizando los aportes de la teoría de la Enunciación y enfocándonos en los principios de la Gramática Sistémica Funcional de Halliday, considerando que el estudio de los significados ideacionales e interpersonales realizados a través del modo y la transitividad junto al lenguaje evaluativo (Martin) son fundamentales para este análisis, también se utilizan aportes realizados sobre el estereotipo. 1.3 Marco teórico-metodológico Se ha decidido recurrir a diferentes teorías sobre el análisis del discurso considerando que su integración funciona de manera complementaria para realizar la lectura del texto que este análisis se propone. Se ha recurrido a la teoría de la enunciación, ya que la construcción del sujeto discursivo y la inscripción del sujeto en sus enunciados fueron considerados aportes importantes para el estudio de este texto. A partir de esta teoría el enunciado es entendido como producto del proceso de enunciación, es decir la actuación lingüística en contexto. En los enunciados se presentan trazos lingüísticos, que pone el enunciador para que sean descifrados por el enunciatario. La Teoría de la Enunciación propone la búsqueda de los procedimientos lingüísticos con los cuales el locutor imprime su marca al enunciado, se inscribe en él, implícita o explícitamente, y se sitúa en relación a él. También se ocupa del enunciatario, es decir, a quien está dirigido ese enunciado. Se desarrollará principalmente un análisis funcionalista, basado en la teoría Sistémico-Funcional creada por Halliday. Esta teoría, en particular el modelo de transitividad, representa un marco adecuado para la explicación de los roles y procesos en las diferentes cláusulas del texto. Halliday construye su teoría a partir de una relación estrecha del texto con el contexto social, donde se destacan el contexto de la cultura y el contexto de la situación. Considerando que el lenguaje es un fenómeno social y contextualizado, se lo percibe como un sistema de significados condicionados, que podrían dividirse en metafunciones. Estas metafunciones del lenguaje son tres: la ideacional, que refleja la realidad del mundo y nuestras experiencias en él, la interpersonal, que se relaciona con los participantes de la interacción y refleja sus opiniones y sentimientos; y la textual, que organiza el texto. Las tres metafunciones permiten expresar tres tipos de significados: ideacionales, interpersonales y textuales, y una configuración de estos constituye el registro. Halliday destaca tres dimensiones de la variación que caracterizan cualquier registro: campo (de qué trata el texto), tenor (cómo son las relaciones entre los que están involucrados) y medio (cómo funciona el lenguaje). Estas tres áreas corresponden a las metafunciones mencionadas arriba, de tal manera que el campo se realiza en los significados ideacionales, el tenor en los significados interpersonales y el medio, en los textuales. Los significados ideacionales se realizan en el lenguaje a través del léxico-gramatical. La transitividad es justamente una de las maneras en que la metafunción ideacional se realiza en el discurso y que representa la acción social de los hablantes. En ese sentido, una idea central de la teoría funcionalista es que la estructura del lenguaje se relaciona directamente con las funciones del lenguaje. La cláusula es la unidad central del estrato léxico-gramatical y del análisis que se realizará. Al analizar los procesos expresados en las cláusulas desde la función ideacional se pondrá énfasis en la clasificación de los procesos y de los respectivos participantes. También se realizará un análisis cualitativo de los recursos de valoración utilizados por el narrador para describir a un grupo social, expresar sus emociones, emitir juicios y referir las actitudes y valoraciones de estos. Para ello seguimos los lineamientos teóricos-metodológicos de la teoría de valoración (Martin, 2000, Martin y Rose, 2003) específicamente analizamos el componente semántico discursivo de la actitud y sus tres niveles de expresión: el afecto, el juicio y la apreciación. De acuerdo con la teoría de valoración (Appraisal Theory) desarrollada desde la escuela de Sydney (Martin, 2000) y a partir del modelo teórico de la lingüística sistémico funcional de Halliday (1994), el lenguaje ofrece una serie de opciones semánticas y recursos de valoración que nos permiten negociar y mantener las relaciones con los otros, y al mismo tiempo, expresar juicios, emociones, adoptar posiciones, expresar evaluaciones, en fin, expresar lingüística y discursivamente la actitud (White, 2003). La teoría de la valoración centrada en describir y explicar el sistema evaluativo del lenguaje está estrechamente relacionada con la subjetividad y modalidad discursiva. A través de él se puede interpretar cómo se construyen las identidades y las ideologías y cómo se expresan verbalmente los sentimientos, creencias, percepciones sociales y valores. A partir de esta teoría se pretende determinar de qué modo y con qué fines pragmáticos el narrador adopta una postura actitudinal, observando una evaluación positiva o negativa con respecto a personas, lugares, objetos y circunstancias, una postura hacia los lectores y una postura hacia el contexto intertextual en el cual se produce el discurso (White, 2004). Los recursos a partir de los cuales se construye la evaluación discursiva, se organizan de acuerdo con tres dominios de interacción: la actitud, el compromiso y la gradación (Martin y White, 2005). La actitud será el principal elemento de evaluación en este cuento. Se refiere al contenido que expresa una valoración intersubjetiva de los hablantes y de los procesos y se puede manifestar como afecto (expresión de emociones negativas o positivas), como juicio (evaluación sobre las acciones, comportamiento y sentimiento de las personas) y como apreciación (evaluación sobre los objetos y procesos). Además se utilizó aportes realizados sobre la teoría del estereotipo de Amossy y Pierrot. Los estereotipos son esquemas cristalizados, representaciones colectivas fijas de una porción de la realidad. Designa una representación compartida subyacente en las actitudes y conductas de una representación simplificada operando en la base del sentido o de la comunicación (Amossy y Herschberg Pierrot. 1997). Desde el análisis del discurso el estereotipo es una construcción de lectura (Amossy, 1991) que emerge desde el momento en que el lector reúne estos rasgos. El lector reconstruye un esquema abstracto y lo relaciona con un modelo cultural preexistente. “El estereotipo y los fenómenos de estereotipia se vinculan al dialogismo puesto al descubierto por Bajtín y recogido en las nociones de intertexto y de interdiscurso. Todo enunciado retoma y responde necesariamente a la palabra del otro, que él inscribe en sí: se construye sobre lo ya dicho y lo ya pensado, que él modula y eventualmente transforma.” El estereotipo es una construcción de lectura, depende del cálculo interpretativo, es decir que se activa durante la lectura cuando se reconoce una serie de atributos o rasgos entorno a una entidad. Este proceso implica cuatro pasos: • Selección de ciertos términos que no son directos pero que se reconocen en ellos ciertos atributos. • Recorte donde se descarta lo que no es relevante. • Combinación de elementos dispersos. • Desciframiento donde se interpretan expresiones indirectas. 2) Contexto histórico En el relato no aparecen referencias claras a un contexto histórico determinado. Sin embargo se toma la palabra “monstruos” como un dato referencial de la década del ’40. Así se denomina a los sectores sociales emergentes de esa época que apoyaban o eran beneficiados por el peronismo. Durante este período se produjo el ascenso de Perón al gobierno, pasó de ser subsecretario de Guerra a conducir la Secretaria de Trabajo y Prevención. Allí comenzó una intensa actividad para ganar adhesiones obreras, conformó una red de apoyos impulsando una política social inédita hasta entonces. Ubicó la cuestión social en el centro de los problemas del Estado, secundado por el empleo de un discurso político audaz. Dice Ipola al respecto: “La ‘doctrina peronista’ era mas bien un producto híbrido de proposiciones filosóficas abstractas, de afirmaciones válidas en casi cualquier contexto, de eslogans ya conocidos y, cosa importante, de reiteradas expresiones de lealtad al Líder y de reconocimiento de autoridad sobre prácticamente todos los terrenos.” La gestión de Perón consiguió el apoyo de amplios sectores a partir de las novedosas medidas que adoptaron a favor de los trabajadores. Por otra parte, se alentó la formación de sindicatos y se promovió la sindicalización masiva de los trabajadores. Esta serie de concesiones y reformas sociales produjo una integración de los trabajadores conducida desde el Estado. En 1946, con su primera presidencia, la política del gobierno peronista atrajo la adhesión de dirigentes sindicales, de los trabajadores organizados en sindicatos y de los sectores sociales más desprotegidos. A los trabajadores en general el estado les permitió acceder a beneficios materiales y sostener expectativas de vida impensables en los años anteriores. La situación de bienestar social se expandió también a los trabajadores no sindicalizados. El estado ayudaba a modificar la posición social de las familias de los trabajadores, y con el incremento súbito del gasto social, se invertía en educación. De este modo, las familias obreras podían aventurar un futuro diferente para sus hijos. Las clases acomodadas rechazaron la presencia masiva de los sectores populares urbanos, que se nutrían de migraciones internas, en la vida política y social, despectivamente los llamaron “cabecitas negras” y su reclamo aumentaba porque debían compartir los espacios públicos que antes les pertenecía en exclusividad, como los teatros, los cines, las calles, las plazas y otros lugares de esparcimiento. A partir de 1935 muchos trabajadores se desplazaron desde las áreas rurales a las principales ciudades, atraídos por las fábricas ubicadas en la periferia. Según la Historia de la Argentina de Barral y otros “Entre 1936 y 1943, arribaron a la ciudad de Buenos Aires y al conurbano alrededor de 72.000 personas por año, cifra que se elevó a 117.000 en los cuatro años siguientes. El aumento de habitantes en las ciudades colapsó la infraestructura urbana, insuficiente para alojar a tanta gente. “ Las políticas implementadas por Perón produjeron una gran división en la sociedad, porque habían logrado que la situación de los asalariados mejorara notablemente respecto de la década del ’30. En la presidencia de Perón se dispusieron diversos controles de precios que beneficiaban a los sectores populares, en particular sobre los alquileres urbanos y algunos productos de las canasta familiar, lo que aumentó la capacidad de consumo de los trabajadores, es decir, que el nivel de los salarios crecía, mientras muchos bienes que compraban los trabajadores mantenían sus precios estables. Además, otras políticas de estado actuaban para mejorar el nivel de vida: la ampliación de los sistemas públicos de salud y educación, la construcción de viviendas y el bajo precio de los pasajes en los transportes, en particular del ferrocarril, incidieron en el mismo sentido, aumentando el poder adquisitivo de los asalariados. El crecimiento de los salarios no abarcó a todo el país por igual: fueron más altos en el área metropolitana, las provincias del litoral y las patagónicas, mientras que permanecieron mucho más rezagados en las provincias del norte. Esta situación y las mejores posibilidades de vida en las zonas urbanas acentuaron las migraciones internas. Durante el peronismo Julio Cortázar comenzó a enseñar literatura francesa y de Europa septentrional en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo. Pocos meses después renunció a su cargo por divergencias con el peronismo y su política universitaria. En el año 1948 se recibió de traductor público de inglés y de francés. Antes de partir a Francia autoexiliado, publica su primer y ya famoso libro de cuentos, Bestiario (1951), que recoge muchas de las manías persecutorias que habían despertado en la clase media argentina la aparición de esas grandes masas populares que llenaban plazas y se lavaban los pies en fuentes. En 1951, a los 37 años de edad, se instaló definitivamente en París, ya que había recibido una beca del gobierno francés para estudiar 10 meses en París, de octubre a julio de 1952. En 1974 fue miembro del Tribunal Bertrand Russell II reunido en Roma para examinar la situación política en América Latina, en particular las violaciones de los Derechos Humanos. Cortázar falleció el 12 de febrero de 1.984 a causa de una leucemia. 3) Análisis del cuento 1 Análisis de la representación de la experiencia Utilizando la estructura de transitividad se analizarán los procesos y roles que se le asigna al narrador y los que este le adjudica a los personajes. Para realizar este análisis se discriminarán entre los procesos que se relacionan con el narrador, y los que se refieren solamente a los personajes Mauro y Celina. Esto permitirá encontrar las representaciones del mundo que construye el narrador sobre él y sobre sus personajes, evidenciando el rol de cada uno de los sujetos como representantes de la sociedad. 1.1 Análisis de procesos relacionados con el narrador. Procesos mentales La primera cláusula donde el narrador es el sujeto muestra un proceso mental, en este caso el narrador cumple el rol de experimentador. Así podemos observar que elige presentarse a través de un proceso mental de cognición: “Me acuerdo que reparé instantáneamente en la frase.” Esta elección de presentarse en escena a través de un proceso mental nos permite sospechar la intención de caracterizar al narrador con cualidades mentales e intelectuales, podemos encontrar más ejemplos dentro del relato con los siguientes procesos: me acuerdo, pensaba, sé, me parece, estudiaba, me di cuenta, escuché, miraba. Podemos ver que los procesos mentales marcan una distancia entre el experimentador y el fenómeno que presentan, ya que se trata de una reflexión sobre la experiencia exterior, es decir, el fenómeno. Ejemplos de esto son las siguientes cláusulas: “En el camino supe que Celina había empezado a vomitar sangre a las seis, que Mauro trajo al médico y que su madre estaba con ellos.” Vemos que el narrador se interesa por acumular información y datos referidos a la muerte de Celina y se ocupa de concentrarse en su objeto de estudio: “Yo pensaba en Celina.” El objeto de estudio del narrador es la pareja de Celina y Mauro, se preocupa por ellos y por todo lo que puede relacionar a ellos, hay plena conciencia de que detrás de ese interés existe la intención de un trabajo de investigación, por eso recopila sus datos en un fichero: “Yo sé que detrás de eso está la curiosidad, las notas que llenan poco mi fichero” Aparecen procesos más específicos de un trabajo científico como “estudiaba” que insinúan un trabajo intelectual minucioso describiendo rasgos de manera detallada y comparándolos dentro de la pareja: “yo estudiaba la diferencia entre su cara de rasgos italianos, la cara del porteño orillero sin mezcla negra o provinciana, y me acordé de repente de Celina” El experimentador se muestra como si tuviera mucho conocimiento acerca de sus objetos de estudio, la cultura y las costumbres de quienes habitan esos lugares: “Me parece bien decir aquí que yo iba a esa milonga por los monstruos y no sé de otra donde se den tantos juntos.” Todas estas cláusulas tienen como experimentador al narrador, más adelante comienzan a aparecer cláusulas con procesos mentales de percepción que le asignan una característica más observadora al narrador: “casi no escuché los gritos de las viejas y el revuelo en el patio” El narrador está atento a todo lo que ocurre a su alrededor, lo percibe en la medida que puede e intenta realizar descripciones de todo eso que observa porque considera que se trata de situaciones que le sirven para analizar a ese grupo social: “vi a dos o tres amigos de la barra de Mauro” También encontramos cláusulas donde observa la relación cotidiana que tenia Celina con Mauro y con los lugares donde asistían: “la vi girando entusiasta en brazos de Mauro.” “Íbamos juntos a los bailes y yo los miraba vivir” Estas cláusulas dejan en evidencia a un narrador que se interesa por percibir todos los movimientos de Mauro y Celina y el grupo social del cual se rodean. “Cuanto más me reprochaban estas amistades, más me arrimaba a ellos para presenciar su existencia de la que ellos mismos no sabían nada” Aquí “presenciar su existencia” hace referencia a la relación que había creado con la pareja para poder observarlos, a pesar de ser una actividad que no estaba aceptada por su entorno social. Se encontraron procesos mentales de sentimiento que muestran dos impresiones definidas y contrarias en el narrador, por un lado podríamos decir que aparecen sentimientos positivos como: me gustaba, quería, me enternecieron. Y por otro lado sentimientos negativos como: tuve asco, me resigné. Estos procesos que consideramos positivos muestran una simpatía hacia la pareja, un cariño que se generó por el vínculo, aunque el abogado comenzó a interesarse por ellos para investigarlos como “cobayos”: “Me gustaba salir con Mauro y Celina” “Los quería, cuánto los sigo queriendo” “Me enternecieron los dos o tres agujeritos” A pesar de intentar tener un perfil analista que observa lo que le rodea con imparcialidad, expresa sentimientos de simpatía y también de rechazo y desagrado: “Tuve asco de Mauro pero mucho más de mi mismo” Este proceso está construido a partir de una locución verbal para decir que conocer a Mauro le generaba rechazo, pero más repudio se tenía a él mismo por pensar así: “Me daba asco pensar así, una vez más estar pensando todo lo que a los otros les bastaba sentir” Se somete a situaciones que le producen rechazo, configurándose como un sujeto intolerable. El contacto con el otro se vuelve insoportable: “Me resigné a escuchar” “Dijo el viejo, dándome una mano que me pareció una sardina viva” Los procesos mentales cumplen una función predominante en el relato porque le otorgan un rol científico al narrador como observador de su pareja amiga, esta intención lo ubica como el ser pensante, con un conocimiento superior capaz de opinar sobre sus amigos-objetos de estudio con una aparente objetividad. Procesos relacionales Estos procesos implican una relación entre dos roles ya sea de entidades con un atributo o solo entre entidades. El primer proceso de este tipo que aparece en el relato es una cláusula con relación de identificación, allí el narrador niega la identidad de Mauro y Celina como cobayos, refiriéndose a ellos como roedores que suelen ser utilizados para la experimentación y observación científica. “Mauro y Celina no habían sido mis cobayos, no.” Esta negación nos aporta pistas para comprender qué intensiones tiene el narrador al relacionarse con la pareja de Mauro y Celina a pesar de negarla. Enseguida aparece un proceso relacional intensivo con una cláusula de identificación que el narrador utiliza para presentarse: “Yo soy el doctor Hardoy” Aquí la designación es “doctor Hardoy&quot;, se presenta como una persona intelectual, con un título universitario, asignándose un status social superior al de Mauro y Celina. Estos procesos relacionales que encontramos, a pesar de ser pocos en el relato, son sumamente significativos ya que aportan información sutil y contundente para una interpretación de la postura y las intenciones del narrador. Las siguientes cláusulas relacionales son circunstanciales: “Yo estaba otra vez con Celina y Mauro en el Luna Park.” “Así ellos se acercaron un poco a mi pero yo estaba tan lejos como antes” En estos procesos se ve que a pesar de compartir situaciones y lugares, el narrador continúa manteniendo una distancia. Esa distancia le permite continuar observando, encontramos cláusulas que evidencian la sistematicidad y seriedad con que realiza su investigación: “En mis fichas tengo una buena descripción de Santa Fe Palace” En este proceso relacional posesivo el narrador presenta las consecuencias de esa lejanía que mantiene con la pareja: sus fichas. Creadas para describir todas las observaciones que realiza. Es mediante el repaso de esas fichas que puede arribar a conclusiones: “De pronto me di cuenta como Santa Fe era Celina, la presencia casi insoportable de Celina.” Así llega a identificar a una persona con un lugar bailable, en el que deposita todas las características negativas. De esta forma desubjetiviza a Celina, utilizando a una persona como arquetipo de todo un grupo social que participa de un evento. El siguiente proceso relacional que encontramos tiene un sentido de obligación: “Me veía forzado a alimentarme, por reflejo de su sangre” Esta expresión esta funcionando como una perífrasis modal de obligación. Vemos que el interés que se produce en el narrador por la pareja pasa a ser una necesidad, algo que traspasa el limite entre lo que quiere y lo que debe hacer, se trata de un proceso circunstancial, porque se vincula al modo en que está el portador. Procesos materiales Estos procesos dan cuenta de la participación que tiene el narrador en la vida de la pareja y de las acciones concretas que realiza en torno a ellos y ocurren en el mundo material: “Pegué un par de telefoneadas y salí con José María a buscar un taxi” Vemos que para continuar con su hobby que consiste en un trabajo de investigador tiene que acomodar sus tiempos para poder dejar su rutina a un lado y hacer cosas que le incomodan como la siguiente: “Aguantando las ganas de putearla me metí en el caldo caliente de la pieza” Encontramos que es capaz de realizar acciones aunque le generen incomodidad y aunque sean mal vistas por sus pares. Sin embargo, él encuentra una explicación y un motivo para hacerlo: “Un abogado que no se conforma con el Buenos Aires forense musical y avanza todo lo que puede por otros zaguanes.” Le suma formalidad y seriedad a su trabajo mediante un proceso material que demuestra que todos los datos que observa no se pierden, sino todo lo contrario, son retenidos en su memoria para poderlos analizar: “Lo que hacia era reunir y ordenar mis fichas sobre Celina, no escritas nunca pero bien a mano” En esto consiste el trabajo de un etnólogo que estudia sistemática y comparativamente las etnias y las culturas de los pueblos, se considera una rama de la antropología. Por otra parte, en su relación con la pareja realiza acciones como estas: “Cuando acabó el pleito y le hice ganar cinco mil pesos a Mauro” En este proceso se deduce una superioridad por parte del narrador que a través de sus conocimientos sobre la materia de las leyes, le permitió a Mauro, casi como un favor, ganar dinero. Aquí deja ver explícitamente una relación de poder debido a sus conocimientos. También podemos encontrar procesos materiales que involucran a los personajes. Estos tipos de procesos son los que abundan en el texto. Se aproximan a un trabajo de investigación, en ese caso podríamos compararlo con un trabajo de campo. Para poder recopilar información tiene que realizar acciones concretas junto a sus “cobayos”. Vemos que en todas las cláusulas los participantes son los tres, el narrador, Celina y Mauro: “Íbamos juntos a los bailes y yo los miraba vivir” La relación de amistad entre ellos tiene una historicidad y una periodicidad porque habían repetido varias veces la salida a los bailes y otras situaciones sociales: “Ni yendo juntos a los bailes populares, al box, hasta al fútbol o mateando hasta tarde en la cocina.” Sin embargo, a pesar de realizar actividades en común, en el siguiente proceso material abstracto expresa que no pude participar de ese estilo de vida y de esa forma de pensar: “Nunca pude entrar en su simpleza” Podemos observar que el interés por la observación traspasa ese límite y la investigación del narrador pasa a ser similar a un trabajo de campo, donde se relaciona de cerca e interactúa con su objeto de estudio. Procesos verbales Encontramos que estos procesos refuerzan la distancia entre el narrador y la pareja, hay reproches y referencias a un tratamiento de vos y otro de usted, al nombrar estas acciones se entiende que existe una reflexión sobre lo que ocurre por parte del narrador. “Yo le hablaba de vos a Mauro pero a Celina le devolvía el tratamiento.” También sus amistades aparecen en el relato para hacer referencia al rechazo que les genera que se relacione con gente de una clase social que consideran diferente: “Cuanto más me reprochaban estas amistades, más me arrimaba a ellos para presenciar su existencia de la que ellos mismos no sabían nada” En todas estas cláusulas se marca una distancia entre el narrador y su entorno, tanto con la pareja amiga que cumple el lugar de objeto de estudio, como con los pares del narrador. 1.2 Análisis de procesos relacionados con los personajes Celina y Mauro. Los procesos relacionados con los personajes son importantes para entender cómo el narrador arma el mundo de la experiencia, dentro de un conjunto determinado de procesos y produce las representaciones de sus personajes. En este caso prevalecen los procesos de comportamiento. La selección del proceso automáticamente determina los tipos de participantes que se asocian a él. Es interesante observar los roles que les asigna el narrador a estos personajes. En este apartado también se incluye el análisis de los procesos relacionados con los “monstruos”. El narrador incluye a Celina y Mauro en el grupo de los “monstruos” y mediante la generalización los considera representantes de una clase social baja. Procesos de comportamiento Gramaticalmente son procesos intermedios entre los materiales y los mentales. Los participantes son actuantes. Celina y Mauro no llegan a ser identificados con procesos mentales pero sí con procesos de comportamiento que permiten al narrador sacar sus conclusiones sobre ellos: “girando entusiasta en manos de Mauro.” “Después bailó conmigo una machicha.” Estos procesos se relacionan con la situación de baile de la pareja, ese lugar le interesa porque, según él, allí se desenvuelven los monstruos. Analiza sus comportamientos, como en este ejemplo donde realiza hipótesis sobre el modo de tratarlo ante los demás como “doctor”: “Tal vez la enorgullecía darme el título delante de otros…” También hace referencias al avance que tuvo dentro de su campo de estudio, logrando el acercamiento a la pareja: “Así ellos se acercaron un poco a mi pero yo estaba tan lejos como antes” Encontramos cláusulas donde el comportamiento de los participantes consiste en disimular sus sentimientos y demostrar algo diferente, ocultando lo que se quiere: “Aceptaba de a poco, se sometía sin ceder.” “Entonces Celina fingía conformarse” Los siguientes procesos también son de comportamiento, pero se refieren de manera genérica a los “monstruos” y describen la actitud que el narrador observa en ellos cuando van al baile: “Asoman con las once de la noche, bajan de regiones bajas de la ciudad.” Según el narrador, todos los “monstruos” sin ningún tipo de distinciones cumplen un horario para asistir al baile y además provienen del mismo lugar Procesos mentales Las cláusulas que contienen estos tipos de procesos son muy pocas. Los procesos mentales suponen un participante que dotamos de conciencia. A diferencia de los procesos relacionados con el narrador, no encontramos ningún proceso mental de cognición relacionado con los personajes Mauro y Celina. Los únicos procesos mentales que encontramos son de sentimiento: “Mauro prefería el patio, las horas de charlas con vecinos y mates.” “Ellos se querían” Estos sentimientos les asignan a los experimentadores características que tienen que ver con los instintos, si el narrador no les otorga facultades intelectuales, sí les da la facultad de sentir asemejándolos más con los animales que con los seres humanos. En cuanto a los procesos relacionados a los “monstruos” se observa un proceso de cognición seguido de uno de percepción. Este reconocimiento mutuo que el narrador describe les generaría humillación por eso no lo demuestran: “se reconocen y se miran en silencio sin darlo a entender” Este comportamiento los presenta como sujetos que se avergüenzan de su condición y que se sienten parte de una misma clase social. Procesos verbales El intercambio de información que representan estos procesos tiene que ver con el tratamiento, el tuteo y la denominación “doctor”. “Ni ella ni Mauro me tutearon nunca” “A Celina le costó dejar el ‘doctor’” En la última cláusula encontramos una elipsis, el elemento que se omite podría ser el verbo “llamarme”, así observamos que se trata de un proceso verbal. En la cláusula que sigue el proceso verbal implica un acercamiento y un aprecio por parte de Celina hacia el narrador: “Celina fue la primera en pedirme que no me alejara, que fuese a verlos” 2 Análisis de las relaciones interpersonales 2.1 Léxico evaluativo El sistema de valoración nos ofrece información sobre el significado interpersonal porque permite conocer e interpretar cómo los sujetos expresan sus apreciaciones y sentimientos. Para este análisis nos ubicamos dentro del sistema de actitud en el subsistema de juicio para ver cómo se evalúa el comportamiento del grupo social al que pertenecen Mauro y Celina. Uno de los sitios que más le interesa al narrador es el de los bailes, él lleva un estudio sobre estos a través de sus fichas, donde describe cada uno de los lugares que va conociendo. Los estudia y analiza como un espacio que no le pertenece, en donde se siente observador. Uno de los elementos léxicos que se relaciona con los bailes es la “milonga”. Este lugar se lo considera un “cabaret” y se lo asocia con los siguientes lexemas: “infierno”: considerado un lugar destinado al eterno castigo de los condenados, donde persiste el tormento, se trata de un juicio de propiedad negativo; “horror”: es un lexema que se acerca al anterior, como algo que causa espanto, miedo intenso. Es una apreciación de reacción cualidad, negativa; “caos” y “confusión” son estados de desorden donde se mezcla cosas diversas, es una apreciación de composición, balance, negativa. “barato”: como algo que vale poco porque se lo considera ordinario, es una apreciación de reacción, cualidad, negativa. “torvos”: algo bestial, espantoso o terrible a la vista, es una apreciación de reacción impacto, negativo. “mugre”: se utiliza para hablar de suciedad, especialmente la de carácter grasiento que ensucia, es una apreciación de reacción, cualidad negativa. De este modo es como se presenta el espacio de los bailes. El lugar a donde asiste el grupo social que le interesa como objeto de análisis del narrador. A partir de este análisis del léxico, podemos decir que, por un lado se critica y, por el otro, se hace una valoración negativa de las características de ese espacio y, por lo tanto, de las personas que asisten allí. La milonga se puede interpretar aquí como lo monstruoso y anormal, que impide el transcurrir normal de la vida urbana. También, se consideró interesante analizar la actitud del narrador cuando explica porqué le interesan las milongas: “(Para una ficha: de dónde salen, qué profesionales los disimulan de día, qué oscuras servidumbres los aíslan y disfrazan)… Además está el olor, no se concibe a los monstruos sin ese olor a talco mojado contra la piel, a fruta pasada, uno sospecha los lavajes presurosos, el trapo húmedo por la cara y los sobacos, después lo importante, lociones, rímel, el polvo en la cara de todas ellas, una costra blancuzca y detrás las placas pardas trasluciendo.” En este fragmento aparece una evaluación evocada, porque aunque no hay una valoración explicita, la interrogación “de dónde salen” busca un origen para todos los sujetos que participan de los bailes, está denotando un lugar desconocido y oculto con un valor negativo. Lo mismo ocurre cuando se pregunta “qué oscuras servidumbres los aíslan y disfrazan” pero en este caso la palabra “oscuras” le otorga una valoración explícita de juicio con propiedad negativa. El tema del olor es introducido mediante una valoración evocada, es implícita, expresando una característica propia de una especie con un olor propio, el talco también es un elemento negativo porque tendría una intención de ocultar el color oscuro de la piel, lo mismo que la fruta pasada haciendo referencia a algo que ya no sirve y que desprende un olor desagradable. “Los lavajes presurosos” indican que no hay dedicación, que quienes los realizan son descuidados y torpes, una valoración completamente negativa. Luego, al utilizar la metáfora “una costra blancuzca” para referirse al polvo en la cara hay una apreciación de reacción refiriéndose a una cualidad negativa, de la misma forma que en la metáfora “placas pardas” para mencionar la piel oscura. 3 Estereotipo Los estereotipos sociales se refieren a las imágenes simplificadas y generalizadoras que se construyen alrededor de determinados colectivos y se generan mediante la dinámica de los prejuicios. Estos esquemas siempre están encadenados a una determinada concepción ideológica. Los rasgos estereotipados de los “monstruos” en el cuento son los siguientes: el pelo oscuro y la piel de tonalidad intermedia, la pertenencia a la clase trabajadora, la identificación con provincianos migrantes internos que provienen de las zonas rurales del norte. Se los considera invasores de los sectores urbanizados como Buenos Aires, son vistos como intrusos de origen humilde con malas costumbres, sin modales, ignorantes y sin cultura. El término “monstruos es utilizado de la misma manera que el término “cabecitas negras”. Encontramos en el relato varios pasajes que se adecuan a este esquema que fue compartido por sectores pertenecientes a las clases medias y altas porteñas, pero también por los intelectuales de izquierda que en aquel entonces se solidarizaron con el espanto de quienes eran considerados “gente bien” de Buenos Aires y con su intento por preservar su carácter de ciudad culta y aristocrática, sus jerarquías espaciales y su propiedad territorial: &quot;Me parece bueno decir aquí que yo iba a esa milonga por los monstruos, y que no sé de otra donde se den tantos juntos. Asoman con las once de la noche, bajan de regiones vagas de la ciudad, pausados y seguros de uno o de dos; las mujeres casi enanas y achinadas, los tipos como javaneses o mocovíes…&quot; Las regiones vagas serían los suburbios de la ciudad, en ese sector se aglomeró la mayor parte de migrantes de las provincias. A las mujeres se las caracteriza con la poca estatura y los hombres son asociados con antiguas tribus. La identificación de este sector social como descendientes de pueblos originarios representa una desvalorización ya que la exclusión de lo europeo era mal vista por las clases altas. Se los caracteriza como personas sin cultura y sin refinamientos, según los rasgos del estereotipo. “Se reconocen y se admiran en silencio sin darlo a entender, en su baile y su encuentro, la noche de color. Van a eso, los monstruos se enlazan con grave acercamiento, pieza tras pieza giran despaciosos sin hablar, muchos con los ojos cerrados gozando al fin la paridad, la completación…las mujeres hablan chillando para que las miren, entonces los machos se ponen más torvos…” En este segmento aparece el estereotipo del color de piel, son todas personas de tez oscura las que participan de los bailes, según el narrador, y necesitan relacionarse con personas de su misma clase. A las mujeres se les asigna una acción que se acerca a lo animal: “chillar”, negándole la sofisticación del lenguaje. Los hombres pasan a ser “machos”, y a tener características de brutalidad. 4 Análisis del enunciado Según Ducrot (1984), en el enunciado podemos rastrear a un sujeto hablante (ser empírico), él es el productor auténtico del mensaje, y puede coincidir o no con el locutor (ser del discurso). En el relato podemos observar que el sujeto discursivo construido en este texto activa diversos enunciadores que son utilizados por el autor para realizar una representación de las clases medias y altas porteñas de la década del ‘40. Veamos los diferentes locutores que podemos encontrar en este cuento. El principal es el narrador, al que denominaremos L1. Hay una voz que se sitúa por detrás de L1, encargado de organizar los relatos mediante la configuración de los diferentes discursos, a este lo llamaremos L0 y pude relacionarse con la figura del autor. Otros tipos de locutores ingresan en el relato mediante la polifonía, a través de la voz de los personajes, la intertextualidad y la negación. L1 se expresa en primera persona y es el encargado de componer las diferentes hablas al reproducir el discurso directo de los personajes, para eso, utiliza un registro coloquial. El procedimiento de composición de los personajes se realiza mediante el habla popular y el habla coloquial de la época. La enunciación se produce desde la voz de una persona que pertenece a una clase acomodada. Se presenta como el abogado Hardoy, pretende ser un observador o agente externo. No es un ente abstracto, sino un sujeto social que se presenta de una determinada manera. Así generaliza la experiencia e incluye al interlocutor de una manera personal, lo encontramos en la siguiente oración: “Mejor Mauro, ir a buscar a Mauro que seguía del lado nuestro.” El uso del pronombre posesivo tiene un valor inclusivo. “Este deíctico es una unidad lingüística cuyo funcionamiento, tanto en la codificación como en la decodificación, implica tomar en consideración algunos de los elementos constitutivos del marco enunciativo. Para reconocer el referente debemos tener en cuenta el papel de los actantes en la enunciación.” En este caso la identificación del narrador con la 1º persona plural incorpora al interlocutor a un grupo, en este caso un colectivo que tiene una ideología definida: antipopulista. Al elegir este tipo de focalización el autor (ser empírico), que será designado L0, le proporciona al relato la mirada hacia el Otro. Lo popular es descripto a través de una voz que no pertenece a un sector popular, sino a un sector de elite “acomodada”, y que tiene como objetivo la investigación y la crítica social. Para comprenderlo se necesita la complicidad de quien recibe e interpreta el enunciado, el enunciatario. Para eso se van dejando huellas y pistas utilizando el sistema lingüístico que proporciona elementos a partir del sistema léxico y del sistema deíctico de los hablantes cuando ponen en juego sus formas de presentación de uno mismo y de relación con los demás. Análisis de la polifonía La polifonía se ubica dentro del estudio de la subjetividad en el lenguaje. En el enunciado encontramos diferentes voces incluidas que muestran la participación de diferentes enunciadores. La polifonía se encarga de incluir la heterogeneidad en el discurso. En primer lugar, como procedimiento para integrar un fragmento de discurso en el cuento, se observa la presencia del discurso directo. Este se reproduce literalmente, las palabras citadas y la frontera entre el discurso citado y el citante es nítida. Es un discurso dentro de otro discurso, donde cada uno conserva sus propias marcas de enunciación: “_ Yo lo sujeté a Mauro, el doctor tuvo que salir porque Mauro se le quería tirar encima. Usté sabe como es el cuando se cabrea.” En este ejemplo la marca del discurso directo es el guión y el enunciador que se introduce a través de él tiene su propia manera de hablar. El uso de “usté” le proporciona una marca sociocultural, propia de las clases populares. Otro ejemplo de polifonía es la negación porque presupone que alguien dijo lo que se está negando, en el relato el narrador dice “Mauro y Celina no habían sido mis cobayos, no”, esta negación introduce otra voz, este enunciador que se introduce es L3. Nos está afirmando que el papel que cumple la pareja es de “cobayos” y que se establece una relación de investigación con ellos. También aparece la polifonía con el término que se utiliza para nombrar a la clase social identificada con Perón: “monstruos”. Esta palabra evoca a la intertextualidad, se refiere al cuento “La fiesta del monstruo” donde se utiliza este término para referirse a Perón, representando a alguien que provoca espanto por ser desagradable o por realizar acciones monstruosas. Así la voz del narrador en ese cuento de Borges aparecería en el texto para denominar de manera negativa a las clases populares. Esta estrategia se dirige al “horizonte del que entiende”, intentando desmantelar la “otra voz”, que se sitúa por encima de la del narrador, para reestructurarla significativamente, apuntando a unos lectores que podrán realizar a partir de este relato una interpretación ideológica diferenciada. 4) Conclusiones Este trabajo contribuye a desarrollar una conciencia crítica de las estrategias discursivas propias de una ideología racista, evidenciando la visión de las clases medias y altas sobre las clases sociales populares que migraron hacia las zonas urbanas en busca de una mejor calidad de vida, a quienes el narrador denomina “monstruos”. También, encontramos una crítica a las clases acomodadas de la sociedad porteña. El cuento relata una relación de amistad entre un abogado y una pareja de “cabecitas negras”. El narrador describe constantemente características que observa en ellos y al mismo tiempo que le causan asco tiene una fascinación por aspectos que le impresiona. De este modo, desarrolla una descripción que resultar repulsiva a los ojos del lector. Las representaciones que el narrador construye de los “monstruos” les otorgan una imagen desfavorable. Se observa que el narrador participa principalmente en procesos mentales, y se configura, en sentido figurado, como un sujeto intelectual que llena “fichas” sociológicas sobre la pareja de Celina y Mauro. También se lo relaciona con procesos materiales, relacionales y verbales; considerándolo como un sujeto que piensa y actúa. Sus acciones son motivadas por la curiosidad, con la inquietud de avanzar en una investigación simulando un trabajo de campo. La ausencia de procesos mentales y los pocos procesos verbales que se le atribuyen a la pareja, tienen como fin despojarlos de sus facultades humanas y ofrecer una imagen animalizada, destacando un aspecto irracional en ellos. En ese sentido, también se puede interpretar la gran cantidad de procesos de comportamiento que encontramos, el comportamiento se encuentra en el límite de los procesos mentales y los procesos materiales. Mediante la voz de narrador (L1) se introduce, explícitamente, la discriminación y se expresa la ajenidad radical que sentía el porteño de clase alta frente a nuevos habitantes, cuyos gustos y costumbres encuentra desagradables y carentes de delicadeza. La distancia que establece el narrador con los Otros es lo ideológico. Esta distancia tiene un carácter paródico, ya que el autor (L0) utiliza la voz del narrador y las descripciones que hace del Otro para dejar en evidencia la representación racista y discriminatoria que tienen las clases medias y altas de las clases populares. El mundo popular es descripto por el narrador remedando el procedimiento de un biólogo al observar “cobayos” con el fin de producir el efecto de una descripción objetiva y distante. Pero la caracterización que realiza de los sectores populares es completamente subjetiva. Estos personajes que representan al mundo popular en “Las puertas del cielo” se encuentran muy cercanos a los estereotipos y prejuicios que se habían difundido en las clases medias y altas porteñas desde fines de los años treinta. Estos rasgos aparecen en la voz del narrador-protagonista, el abogado Marcelo Hardoy (que también puede considerarse como un estereotipo del porteño ilustrado) y el matrimonio amigo/objeto de estudio, Celina y Mauro. Las descripciones más detalladas los tienen por objeto. Los bailes populares son su hábitat; se detiene en sus rostros y sus modos realizando valoraciones negativas de ellos y establece una relación directa entre el color de la piel y la vulgaridad. El narrador expresa una sensación de rechazo hacia la pareja, y al mismo tiempo le genera una gran curiosidad. Esta contradicción o ambigüedad en sus pensamientos se observa en el desprecio al otro y en una fascinación por el otro y un reconocimiento positivo, por ejemplo en la oración donde dice “Me gustaba salir con Mauro y Celina pasa asistir de costado a su dura y caliente felicidad.” Se podría decir que, incluso con el desprecio que demuestra el narrador hacia los sectores populares, ellos son reivindicados desde la voz del autor, reconociendo el “duro cielo” que tuvieron que conquistar. En el cuento se identifica a los sectores populares, no ya siquiera como una etnia o incluso una raza diferente, sino más bien como otra especie. El lenguaje se encuentra ultrajado, ya que se puede percibir la manipulación del discurso por parte del autor, el cual refleja una ideología anti populista por parte de un enunciador intelectualmente superior, que configura la imagen de una clase social popular. Esto se evidencia en las descripciones con una perspectiva de extrañamiento que elabora el autor y las expresa en la voz del narrador Esta voz se utiliza con las intenciones de ser una crítica a la opinión de las clases altas y medias porteñas sobre el sector popular, que había migrado hacia Buenos Aires durante la gestión peronista. Podríamos decir que esas intenciones corresponden a la caracterización que históricamente han hecho del movimiento peronista los sectores más acomodados de la sociedad argentina. Donde los acontecimientos se narran como la invasión de este gobierno al Estado, y la amenaza del fervor del pueblo a la estabilidad de la Argentina. Bibliografía Amossy, Ruth y Henschberg Pierrot (2001) Estereotipos y clichés, Buenos Aires, Eudeba. Bajtín, M (1989) Teoría y estética de la novela, Madrid, Taurus. Barral, María Elena y otros (2000) Historia de la Argentina, Argentina, Estrada. 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