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algunboludo2011

Usuario (Argentina)

Primer post: 5 may 2011Último post: 2 jul 2011
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Relatos De Terror 3
OfftopicporAnónimo5/10/2011

Cara De Cuero Una idílica tarde de verano se convirtió en una pesadilla. Durante treinta años los expedientes acumularon polvo en la sección de casos no resueltos del FBI. Más de trece piezas de evidencia fueron recogidas en la escena del crimen, la residencia Hewitt. Los hechos acaecidos llevaron a una de las leyendas más bizarras de los anales de la historia americana: "La Masacre en Texas” Silencio. Debía hacer silencio.Sabía que su vida dependía de ello. No importaba cómo se había metido en esa situación, no importaba que iban a Dallas, no importaba que llevaba un regalo para su tía Maggie, nada de eso tenía sentido ahora. Ahora lo único que tenía importancia era que tenía que permanecer callada, con el cabello pegado a la piel por el sudor, inmóvil. Tal vez hasta tendría que parar de respirar. Tal vez hasta pararía de respirar y se ahogaría ella misma y, si eso pasaba, todavía salía ganando. Porque todo era mejor que eso. Cualquier cosa era mejor que parar como todos los demás. Él estaba ahí afuera. Ella sabía que él estaba ahí y él sabía que ella estaba ahí. De pronto la carretera de Tejas había dejado de pertenecer a Los Estados Unidos de América para ser un anexo de la República Popular del Infierno. Sólo que a nadie se le ocurrió avisarle a ellos. El calor. Maldito calor. Cuando es de noche ¿No se supone que debe hacer frío? Karen trató de absorber todo el aire que pudo con la boca, cerró los ojos y los apretó para no llorar. Empezó a temblar violentamente y tuvo que abrazarse para controlarse. Porque Él lo sabía todo. Él le había dado caza y si ella se movía, aunque fuese un mínimo temblor, Él lo notaría, la sacaría del armario, la tiraría contra el suelo y la descuartizaría con su sierra. Porque así había pasado con todos los demás. Y de cierta manera trastornada, Karen deseaba que sucediera de una vez, porque así todo terminaría. No le importaba si el malnacido la cortaba en pedacitos, se la llevaba a su casa, se la ofrecía a su familia, le echaban pimienta y se la comían. No le importaba eso. Hasta podría salir del armario y rogar por que el golpe con la sierra fuese fatal y rápido. Hubiese salido, de no ser porque sí le importaba. El calor. Hacía calor, demasiado calor como para poder pensar. Una gota de sudor bajó desde su frente hasta sus párpados y se metió poco a poco en sus ojos, haciéndoselos arder. Pero no se la limpió ni se restregó la cara. Por favor, Karen, en este momento no, después puedes moverte todo lo que quieras, después puedes bailar lambada si quieres, pero en este momento no te atrevas a moverte. Una pulsada de dolor le latió en el anular derecho y casi le arranca un quejido. Cuando estaba corriendo de la camioneta (es decir, cuando tuvo que saltar por la ventana, porque Él estaba tratando de entrar por la puerta), cayó sobre el suelo de tierra y piedras apoyada en su mano vertical. Se partió unas uñas y se fracturó el dedo. Sólo se dio cuenta mucho después. Había escuchado de las reacciones físicas provocadas por el miedo, pero nunca se imaginó que fuesen tan poderosas. Se había roto el dedo y golpeado con fuerza la rodilla, pero en ese momento ni siquiera se percató de ello... (porque Él estaba ahí...) se levantó y corrió (detrás de ella con la sierra) hacia la oscuridad del bosque (e iba a matarla) hasta que se la tragara. Ya habían pasado varios minutos desde que se había escondido en la casa (con la muerte pegada a los talones) y no habían señales de Él por ningún lado. No sabía decir cuántos minutos llevaba escondida, pero eran varios. Tal vez más de los que sabía, porque en esta parte de la República Popular del Infierno el tiempo pasa como un fantasma, a veces rápido, a veces lento. La sierra no se dejaba escuchar ni olía el combustible. Tal vez se había rendido y se había ido a su casa. ¿Por qué no? Después de todo, ya tienen otras cinco piezas de carne que pueden cenarse. No pudo creer que había pensado algo tan monstruoso como aquello y, en ese instante, sólo quiso vomitar de asco por sí misma y morirse. No eran cinco piezas de carne, eran sus amigos. Una de esas piezas de carne era su novio. El novio que ella amaba y con el que iba a casarse, el novio con el que había planificado el sueño de una vida. De todas las personas en el mundo ¿Por qué a ella? Todo esto era mentira, tenía que serlo. Era una gran y larga pesadilla, de esas que son tan lúcidas que parecen de verdad. Eso tenía que ser. Eso tenía que ser porque era imposible que existiesen personas tan enfermas y tan malvadas como para hacer lo que le estaban haciendo. Dios no podía permitir semejante cúmulo de maldad en el mundo. (Es que no estás en el mundo, cielito. Estás en Las Montañas de la Locura, circulo siete del infierno, más allá de dónde Dios alcanza. Y así tratamos a los forasteros por aquí. Porque yo conozco a las de tu tipo, pequeña perrita. Sólo desprecio y crueldad para mi muchacho. ¿A alguien le importa lo que me pase a mí y a mi muchacho?) Basta. Basta, Karen, basta. Te estás volviendo loca. Necesitas todo lo que puedas de tu mente para cuando le digas a la policía lo que pasó. Tienes que describirlo, tienes que decirle como es la casa, como es la familia, como la sierra, bajo el sol, refleja los dientes en tus ojos como un aguijonazo. Bueno, la policía iba a aparecer. Tarde o temprano, la iban a sacar de ahí. Había una van hecha trizas, con manchas de sangre, en el medio de la carretera. Una patrulla iba a pasar, la iba a encontrar e iba a pensar que era raro. Empezarían a buscar y darían con ella, vivita y coleando. No importaba que ella se veía tan sucia como un prisionero en un campo de concentración, ni que se había orinado en los pantalones cuando vio al Cara de Cuero por primera vez. El olor, ahora intensificado por el calor, lo rodeaba todo. Era posible que el Cara de Cuero la atrapara siguiendo sólo el olor. Después de todo, no es un ser humano. No es un pobre desgraciado con un problema en la piel, como dijo la Abuela. No es un psicópata que usa caretas de pieles humanas para esconder su cara. No es un asesino enfermo que usaba una sierra mecánica para matar y que en ese momento estaba portando la cara de su novio como una máscara. Era un demonio salido de los más oscuros pozos del tormento, una bestia omnisciente cuya herramienta, la sierra, parecía estar pegada a sus dedos, cual espada de Damocles. Todavía lo veía persiguiendo a Donna. Karen grita “¡Corre!”. Donna se mueve como en cámara lenta, se tropieza y se cae al suelo. El Cara de Cuero la alcanza. Donna coge una lámina de metal del suelo y la interpone como un escudo. La sierra echa chispas cuando choca con la lámina. Karen debió hacer algo en ese momento, como coger un tronco grande, ó el bate de Tobe, y darle por la cabeza al mostrenco ese. Pero en vez de eso se quedó ahí, parada, congelada de miedo, mirando la escena. Su cerebro le ordenaba que se voltease y que corriera lejos, pero no había conexión. Las órdenes no llegaban a sus piernas. La sierra pasa resbalando al suelo de tierra, Donna tira la lámina, se levanta y empieza a correr otra vez. Pero Cara de Cuero hace algo con la sierra. En un segundo la levanta sobre su cabeza con las dos manos. En el siguiente la balancea hacia atrás y en el siguiente la balancea hacia delante, por debajo de la cintura de Donna. Hay un ruido, como el de una rama fuerte que se rompe cuando la pisas. Karen ve unas gotas negras en la oscuridad salpicar el suelo y algo se desprende de Donna. Donna cae al suelo y trata de agarrarse la pierna derecha, pero no hay más pierna después de la rodilla. Hay un nuevo olor, un olor penetrante, el olor de la sangre. Donna grita, Karen grita, el monstruo robusto de casi dos metros hunde la sierra en el bulto que yace en el suelo y que antes se llamaba Donna. Donna deja de gritar. Cara de Cuero se voltea hacia Karen y, por un breve momento, Karen se da cuenta de que la cara del asesino es la misma cara de Tobe, con ciertos defectos, claro, porque la piel no es perfectamente elástica. Hay que curtirla un poco y aplicarle algunas cremas hidratantes y esos campesinos no tienen nada de eso por aquí. La película se nubla y Karen trata de salir corriendo. Pero, oh, ya es demasiado tarde, Él la ha atrapado... Cuando recuperó la conciencia lo primero que pensó fue que estaba muerta y que estaba conociendo el más allá. Luego siente sofocación, dolor de cabeza, calor y el dedo le duele. Dolor es igual a vida. Por un instante se sintió enormemente desgraciada de estar viva, por primera vez, luego el sentimiento desaparece cuando por encima de su cara aparece otra, portando el sombrero de alguacil. Gracias a Dios, gracias, tiene que ayudarme, trató de decir, pero sólo murmuró “Mmmmmmaaaaaaaa—gggg-------aaaaa” - Shhh- dijo el alguacil – Tranquila, cielito, tranquilita- - Por... ayude... amigos...- balbuceó - Ya, ya, están aquí todos- Karen trata de mirar alrededor, pero se siente confundida, perdida, como si estuviese pasando por un viaje de LSD. En un principio parece un palacio, pero luego va tomando forma y es una cocina, polvorienta y hay óxido en la puerta del refrigerador. Hay algo en una enorme olla que parece familiar... (un brazo) pero Karen descartó la posibilidad de estar viendo algo así. La pesadilla había terminado, aún cuando nada de lo que pasaba ahora carecía de sentido. - ¡Abuela!- grita un niño afuera de la casa -¡Abuela, déjeme entrar!- Una mujer aparece, con un peinado anticuado, y lentes. Sus ojos son claros. Karen se sintió ridícula, se parecía a su propia abuela. - ¡Tú quédate afuera con los perros!- grita la Abuela -¡Hasta que aprendas a seguir las reglas!- Todo es confuso y extraño, pero Karen recuerda a la Abuela, cuando les ofreció ayuda en la carretera, poco después de que la camioneta se descompusiera. Definitivamente, cuando algo malo va a pasar no hay manera de escaparle al destino. Unas manos la manosean descaradamente y vuelve en sí, mirando al Alguacil. - No te vas a ir a ninguna parte, niñita- Karen toma una bocanada de aire y trata de moverse, de escapar, pero no puede. El Alguacil sujeta su cabeza entre sus manos. Por ese momento, es suficiente para controlarla. - Dale un chance- suena una voz masculina en la cercanía - ¡Tommy!- grita la Abuela - ¡Mira el jodío desastre que hiciste en la casa persiguiendo al ganado!- - Nah, mama- dice el Alguacil – Tommy es un buen muchacho- - Un muchacho muy dulce- dice una voz femenina - Usted cállese, cretino- le dice la Abuela al Alguacil Karen levanta una mano y trata de apoyarse. Lo consigue a medias. - Por favor... déjenme ir- La Abuela se quita los lentes y la mira cara a cara, con una sonrisa solemne, la sonrisa de quien ya ha recibido esa petición en el pasado. - Pequeña perrita- dice Karen trata de preguntar por qué le hacen esto, por qué le hacen daño, pero no logra emitir ningún sonido. Alguien cocina carne cerca. - Yo conozco a las de tu tipo- dijo la Abuela – sólo desprecio y crueldad para mimuchacho- Hay un rumor al fondo, un rumor gutural. No es de ira, sino de tormento. Es un rumor adolorido de quien ha escuchado eso miles de veces, de quien ha sido torturado por esas palabras. - Todo el tiempo mientras crecía. Burlándose de mi pobre Tommy. ¿Acaso a alguien le importa lo que me pase a mí y a mi muchacho? ¿AH?- - ¡Ayúdenme! ¡Por favor!- gritó Karen - ¡Tommy! ¡Ven acá y controla a tu novia!- llamó la Abuela Karen lo sintió todo como si fuese con otra persona, como si se refirieran a una miss Universo de un país lejano, como si lo viese todo a través de una pantalla. Creyó que Tommy y su novia eran una parejita bonita, como la que hacía ella con Tobe. Entonces baja la mirada y comienza a gritar y a patalear cuando el Cara de Cuero atraviesa el umbral de la puerta, viniendo por ella. - Ya le daremos un buen uso a esa carnita tuya- dice el Alguacil Hay un flash y lo único que Karen sabe es que está corriendo en medio de la oscuridad y que lleva al Cara de Cuero a las espaldas, escuchando a la sierra como si la tuviese encima. Alcanza a ver la casa abandonada en medio del bosque y entra. Voltea y ahí está él, detrás de ella, vistiendo un delantal de carnicero manchado con sangre. Karen cierra la puerta y recorre la casa. Encontró el armario y se escondió en él. Y ahí seguía ahora. Podía pasarse el resto de su vida ahí metida. Piezas de carne, los Simpson, Tommy y su novia, ¿Qué mas seguía? ¿Cómo perdí la virginidad? Es impresionante la cantidad de basura que te tira la mente cuando no la tienes ocupada en algo. En algo productivo, es decir. En este momento Karen se sentía distraída de todo lo demás, sólo podía pensar en Él, su presencia era completa y... Un sonido. Eran pasos y estaban en la casa. El Cara de Cuero la había encontrado. Karen no habla nunca de su experiencia en el desierto tejano, y es que no la recuerda. Afortunadamente, la mente humana tiende a olvidar, a borrar de la memoria los eventos estresantes, los momentos de intenso shock. Es la única forma que la memoria tiene de defenderse a sí misma, porque si no existiera, estaría loca. Todavía no puede dormir sóla ni con la luz apagada, tiene pesadillas muy a menudo, por no decir a diario, y no sabe por qué, no puede comer carne. Los policías que la encontraron dijeron que cuando la hallaron, tirada en el medio de la nada, estaba tan cubierta en sangre y tierra que creyeron que estaba muerta. Luego se despertó de golpe y empezó a gritar “¡nos comimos a Uther! ¡Nos comimos a Uther!”. No sabían de ningún Uther por la zona y, cuando Riggs, uno de los oficiales, le contó a su mujer esa noche lo que había pasado, lo hizo diciéndole: - Esa chica debió de ser linda en otro momento. Pero todo lo que pude ver fue la mirada perdida y vacía de los locos, de los que viven en sanatorios mentales. Esa chica estaba muy mal. Pobrecita... pobrecita...- De más está decir que no puede subir a un vehículo de motor ni escuchar una motocicleta cerca, porque le entran ataques de nervios violentos y las enfermeras deben administrarle calmantes. Ciertamente la chica pasó por algo terrible, algo realmente horroroso, pero es una lástima que no pueda contarle a nadie lo que pasó. Tal vez si pudiera ayudaría a salvar una ó dos vidas. Ayudaría a otros a poder escapar de la sierra mecánica que dejó huellas de sangre en las arenas del desierto tejano. LA NIÑA DEL ESCONDITE Era una tarde nublada del mes de Noviembre, había quedado con mis amigos, era el cumpleaños de uno de ellos en la quinta de San Eutiquio (un club de fútbol), salí de casa con mis padres, me acercaron hasta la casa de uno de mis amigos el cual nos llevaría a todos hasta la villa del club. Todo eran risas y nos lo estábamos pasando muy bien, primero en el coche, íbamos bastante apretados, a mi me había tocado ventanilla. Recuerdo que íbamos hablando de una canción que escuchábamos en la radio una bastante antigua yo a la vez que hablaba pues iba mirando por la ventana, la velocidad del coche no era mucha pero si se puede decir que íbamos rápido. Nos acercábamos a la zona de la villa, en el extrarradio de la ciudad, casas con jardín, chales, las cuales suelen tener un muro de protección, sobre todo las que están cerca de la carretera. De repente, todos nos callamos, no por nada en especial, sino porque la conversación ya había acabado y punto. Mire por la ventanilla y al pasar rápido por un muro me pareció ver una cara, na imaginaciones mías, pero... no se, tenia una sensación un poco extraña. Llegamos a el club, nos pusimos a jugar a fútbol un poco pero enseguida tuvimos que parar .El cielo ennegrecía y comenzó a llover, nos metimos en la zona de las mesas, donde merendaríamos algo, como era invierno hacia fresquillo y anocheció enseguida, al acabar con los regalos, y la comida salimos afuera, había parado de llover y ya era de noche cerrado casi. Nos aburríamos un poco y se nos ocurrió jugar al escondite nocturno, ya que teníamos un espacio estupendo, porque a parte de los campos de fútbol había un extenso prado con árboles arbustos...etc. Todo iba muy bien, nos lo estábamos pasando de cine. Daba un poco de mal rollo cuando te quedabas a contar pero como siempre tenias cerca al graciosillo que hace algo de trampa para ganar, pues no daba tanto miedo. Casi siempre perdía yo, hasta que de una vez que me toco esconderme, me fui lejos, muy apartado del resto del grupo, casi a los limites de la villa. No oía nada , solo el mecer del viento con los árboles ni las voces de mis amigos , ni un coche pasar , NADA...... agachado detrás de un arbusto empecé a tener la sensación de: esto no me gusta , cuando decidí irme de el sitio y aunque perdiese , dejar de pasar miedo , pero el viento se paro repentinamente aunque.... los columpios se mecían ellos solos....ya me estaba empezando a asustar de verdad mire hacia mis alrededores, sombras....ya me iba a ir de vuelta con mis amigos cuando de pronto oigo un silbido de una niña, un silbido con la misma melodía una y otra vez y otra y otra..... asustado corrí con mis amigos y se lo conté todo ,solo uno de ellos me creyó, los otros decían que había sido un hierro chirriante pero yo os aseguro que lo que oí no era nada de eso, sino que era el silbido de aquella niña, nos montamos en el coche y al alejarnos mire por la ventanilla hacia los columpios y ahí estaba...una niña pequeña vestida con un camisón blanco, pelo negro y corto, los ojos eran rojos y brillantes y se reía mientras se balanceaba en el columpio mirándome, quite la vista y se lo conté al amigo que me había creído.... esa noche no dormí nada bien y lo poco que conseguí conciliar el sueño soñé con aquella maldita niña que tantos quebraderos de cabeza me había provocado.... la pregunta es: ¿quien era esa niña? ¿estaría viva? porque me eligió a mi? ¿significaba algo esa melodía?....os puede sonar a una chorrada esta historia que acabáis de leer pero yo os aseguro que la viví y no fue una experiencia muy agradable. LA MUJER DEL PASILLO Una noche de Halloween, por hacer algo de miedo, jugamos a la Ouija, cosa de la que siempre me arrepentiré. La noche era fría, en el ambiente se notaba un aroma extraño, no sé definirlo con palabras; unos amigos y yo buscamos una vieja Ouija que mi familia siempre ha tenido guardada... Era de mi bisabuela, la cual había muerto cuando yo aún no había nacido, y siempre había querido conocerla. Mis amigos hacían eso por diversión, yo por un fin, puesto que quería hablar con mi bisabuela. La sesión comenzó, entre risas mis amigos bromeaban, yo estaba muy serio, concentrado, pero ellos no lo notaron, hasta que cayó un rayo que iluminó toda la habitación oscura, seguido de un trueno, que estremeció hasta el último de mis huesos. Asustados por el rayo, mis amigos, se quedaron en silencio, como yo, concentrándose, de repente, el puntero de la Ouija comenzó a moverse. Preguntamos alunísono, quién era, pero no respondió. El puntero se movía sin cesar de un lado para otro, sin formar palabras. Al final paró, y lentamente, formó las siguientes palabras: "stoy yendo a por vosotros". Era una mujer, que estaba en el pasillo y gritaba por entrar a mi habitación. El cerrojo estaba echado, no podía entrar, pero parecía que iba a tirar la puerta abajo. La mujer gritaba desesperada, la puerta iba a caer, así que empujamos la cama para atrancarla. La mujer cada vez más desesperada, gritaba mi nombre. Yo tuve el impulso de abrir la puerta, pero me contuve, esos gritos eran desesperados. Entonces me di cuenta: Era mi bisabuela; algo me lo decía, aunque no podía explicar cómo lo sabía. Me lancé a abrir la puerta, quería verla, tenía que verla, pero mis amigos me agarraron. Los gritos cesaron, una de mis amigas, tuvo un ataque de nervios. Nos acercamos a consolarla, pero una voz grave y fuerte salió de ella diciendo que no nos acercáramos. Nos quedamos de piedra. La mujer del pasillo comenzó a gritar de nuevo: "¡Os lo advertí, y no me hicisteis caso, ahora moriréis!". Mi amiga comenzó a moverse de un lado a otro, diciendo que nos mataría. Intentamos abrir la puerta pero no pudimos. Los gritos volvieron a cesar, conseguimos abrir la puerta, yo salí primero, pero se cerró detrás de mí. Oí los gritos aterrorizados de mis amigos, histéricos, pidiendo socorro, dando patadas a la puerta para abrirla. Escribo mi historia, cuarenta y cinco años después de que ocurriera, pues acabo de salir de la cárcel, culpado por el asesinato de mis amigos, los cuales encontré muertos cuando conseguí abrir la puerta de mi habitación. EL PSICOPATA Una noche Max y Suzanne transitaban en coche una estrecha y pedregosa carretera –si es que podía llamarse así- a lo largo de un extenso desierto que parecía situarse en los confines del mundo, ambos llevaban meses de noviazgo y como jóvenes que eran uno de sus principales fines ulteriores era hacer escapadas para librarse temporalmente del estrés de sus insignificantes vidas rutinarias, paliaban sus ansias de aventura mediante esas salidas que solían hacer los fines de semana, normalmente llevaban consigo algunos colegas, pero aquella vez no sería así, estarían sólo ellos, sin curiosos, cosa que ambos agradecieron pero que poco después ambos acabarían lamentándolo muy profundamente, sobretodo él, porque ¿puede acaso un muerto lamentar su propia muerte? Las estrellas abarrotaban el cielo como cientos de hogueras en la bóveda celeste, llevaban horas sin ver ningún rastro de vida humana, de vez en cuando algún coche abandonado en el arcén y algún que otro tétrico hostal con una o dos luces encendidas que más bien parecían una abandonada casa del terror habitada por vampiros. Max puso la radio y tras un rato de música fue interrumpido por una especie de avance informativo nocturno que comentaba la inexplicable fuga de un peligroso criminal y depravado sexual que por lo visto era bien conocido en la región por ser un violador en serie, las pocas mujeres de la región llevaban largo tiempo sintiéndose con seguridad para transitar aquellas siniestras zonas, poco adecuadas para una chica por la gran cantidad de borrachos, violadores y camioneros depravados que transitaban las escasas gasolineras y bares que allí había; cuando dieron el nombre del asesino una inminente oleada de pánico inundó la columna vertebral de Max, se puso pálido como el mármol y hasta sintió nauseas que le llevaron a tener que parar el coche rápidamente y salirse del vehículo para tomar aire fresco, no sin antes de que su amada, Suzanne, le preguntara la causa de su alteración, Max se lo explicó: “Oh! Si yo te contara, ese peligroso asesino es la causa de que noche tras noche terribles pesadillas abarquen mi mente y despierte en sudores fríos, estoy seguro de que ese hombre ha estado pensando en la forma más cruel de matarme desde que entró en la cárcel, ya que desgraciadamente fui yo quién hice que le detuvieran, lo encontré entrando en un puticlub de carretera situado a unas 30 millas de aquí y yo informé a las autoridades locales de que le detuvieran, aún recuerdo esa terrible mirada provista de odio y de rojizos ojos maquiavélicos, no dijo más nada, pero aquella mirada fue suficiente para darme a entender de que tarde o temprano saldría de la cárcel como fuera y me buscaría para asesinarme hasta el fin del mundo si hiciera falta.” Max salió del coche y para tranquilizarse un poco sacó un cigarrillo que se fumó lentamente, la certeza de que el protagonista de sus peores pesadillas estuviera libre y muy probablemente en aquél momento buscándole le causó un gran terror, finalmente intentó olvidarlo un poco y se sintió mejor, tiró el cigarrillo y se volvió al coche: “Bueno, ya se me ha olvidado un poco, prosigamos” dijo Max, cuando este intentó poner el vehículo en marcha no pudo, cosa que le extrañó, salió y abrió el capó para ver si podía determinar el origen del problema: “ Otra aventura más” pensó él, pero lo que el no sabría es que iba a ser la última, llamó a Suzanne, pero no contestó, creyó que se había quedado dormida, así que se acercó al asiento del copiloto y se percató de que Suzanne no estaba, Max comenzó a temblar y a tambalearse del miedo, olía a whisky, no vio a su novia por ninguna parte, así que cogió la linterna y se internó entre los arbustos, vio un reguero de sangre que le llevó por un largo camino, apuntó con la linterna el reguero de sangre y lejos al final divisó una forma redonda y oscura, se acercó corriendo frenéticamente y casi se desmayó al ver que se trataba de la cabeza de su mujer arrancada brutalmente con una expresión de terror en la cara, de pronto su linterna se apagó y quedó sumido en una impenetrable oscuridad, estaba aterrorizado, casi sin quererlo pisó algo duro en el suelo, lo cogió con cuidado, se trataba de una grabadora y algo más… un revolver! Cuando puso la grabadora una voz ruda y espantosa habló: “Te dejo la cabeza de recuerdo, gracias por el cuerpo…jajajaja…ahora podré satisfacer…hmm… mis necesidades… jajajaja , ahí tienes un regalito para que hagas los honores por mí, para que luego digas que soy un hombre malo…jajajaja.” Max lo comprendió, sabía que iba a morir de una forma horrible antes de llegar al vehículo, así que rápidamente cogió el revolver, se metió el cañón en la boca y disparó. EL BAILE ETERNO La música ha empezado a sonar, recuerdo los pasos que han de acompañarla. La melodía me invade. Ya alcanzo a oír las llaves en el pasillo. Las ha introducido en la cerradura. Está a punto de entrar. Ésta va a ser otra noche gloriosa. Mi cuarta noche gloriosa. Escucho sus pasos dentro del piso, su jadeo por venir corriendo por la oscura calle bajo esta incesante lluvia. Deja las llaves en la entrada, junto al bolso, en una especie de mueble cuyo principal fin es realizar esa función. Suspira, se siente segura. Cuelga el abrigo, empapado, en el perchero que se encuentra al lado de la puerta, en la misma entrada, a la vez que observa el paraguas en el paragüero con cierta incertidumbre, pensando quizás “yo calada hasta los huesos y tú calentito dentro de tu casita”. El mundo no siempre es justo. Descubro que el mueble de la entrada no es tan sólo un mero apoyo para dejar las llaves. Se quita los zapatos, negros, de tacón alto, sin duda elegantes, y los mete dentro de aquel mueble. Una vez descalza se dirige hacia el salón, cuyo suelo está recubierto por una gran alfombra que no deja ni un resquicio para ver el color de las baldosas, y se mete en una de las habitaciones que comunican directamente con aquella sala. Es un piso pequeño. Hay dos puertas en dicho salón: una que comunica con su habitación y otra tras la que se encuentra el cuarto de baño. Ahora la puedo observar en su habitación. Se está desvistiendo. Se quita la ropa empapada y la va dejando encima de la cama. Primero la camisa blanca de seda, que ofrecen unas transparencias de las que me cuesta retenerme y esperar al momento oportuno, después la falda negra, ajustada, marcando unas exuberantes curvas en su cuerpo, tras ella se deshace de las medias, quedándose tan sólo en ropa interior, blanca, por supuesto, concordando con aquella camisa despojada en primer lugar. No tarda en desabrocharse aquel sostén y en desprenderse del minúsculo tanga que apenas tapaba algo. Cada vez me resulta más difícil aguantar, pero una obra caritativa siempre ha de hacerse en las mejores condiciones, hay que esperar al momento justo, aunque la música se escucha cada vez más alta, con más fuerza y belleza. Abre el armario, saca de allí ropa cómoda y se viste con ella rápidamente. Cada vez queda menos. Sale de la habitación para dirigirse esta vez hacia el baño. Lleva el pelo empapado cuando se mete, pero al salir puedo ver que su cabello negro está mucho menos mojado, aunque no totalmente seco. Vuelve a dirigirse hacia su habitación, pero ahora sale de allí muy rápidamente y se desplaza hacia la entrada, donde hay una puerta que comunica con la cocina. Entra y desde el lugar donde me encuentro puedo oír cómo abre y cierra el frigorífico y cómo abre y cierra el cajón de los cubiertos. Algo ha cogido para comer. Ahora regresa al salón, enciende la tele y pone una película en el DVD. Se sienta en el sofá y puedo ver que lleva en sus brazos una gran tarrina de yogur de frutas variadas y desnatado. Ella no me ha visto. Todo está saliendo perfecto. En aquel momento salgo de detrás de las densas cortinas que están situadas a cinco o seis metros del sofá que ella ocupaba. Me acerco sigilosamente, cual leopardo acechando a su presa. Un paso… dos… tres… Pero algo se me escapó. Encima de la televisión había una vitrina, cuyas puertas eran de cristal. Por culpa de tales puertas se reflejó mi rostro y ella se giró rápidamente gritando despavorida. Empezó a lanzarme todas las cosas que encontraba por la casa, sabiendo que nada de lo que me lanzara detendría el destino. Su llanto la delataba. Ella estaba preciosa y yo sólo estaba allí para ayudarla. Me abalancé sobre ella con el fin de parar sus continuas agresiones. Debo reconocer que era una chica valiente. La tiré al suelo y le pegué varios puñetazos en la cara, quizá seis o siete. Se quedó inmóvil sobre aquella alfombra. Todavía respiraba. Todavía sufría. Aunque cada vez menos. La levanté con mis brazos y la tumbé en su cama. La até, como a las otras. Comenzaba el ritual. Limpié su cara llena de sangre y pude volver a ver aquel bello rostro, aquel rostro eterno. Su mirada estaba perdida, aún no me decía nada. Antes de comenzar a bailar, esperaré. Ahora me mira, se siente asustada, pero pronto estará aliviada. Por fin me habla su mirada, qué sensación única vivo en estas ocasiones. “Tranquila, que yo sólo he venido aquí para ayudarte”, le dije de buenas maneras y susurrando. Pero ella comenzó a gritar de nuevo, como una loca histérica. No ponía las cosas fáciles. Lo único que ganó con eso es recibir un nuevo puñetazo y taparle la boca con cinta aislante. Ahora el silencio nos unía. “Ahora vuelvo”, volví a susurrar. Fui a la cocina, busqué el cuchillo más afilado que tenía y volví a la habitación, donde ella me esperaba impaciente. Al verme con el cuchillo se alborotó demasiado. Su mirada no sólo me decía que tenía miedo, sino también angustia, agobio e, incluso, sumisión. Son reacciones típicas en los primeros momentos. Comenzaba el baile. “No te preocupes, no va a durar mucho, aunque al principio quizá te duela algo”. Estaba totalmente excitado. Sólo pensaba en su eternidad, en qué diría mañana de mí la prensa. Seguro que me tratarían esta vez como un buen hombre. Una persona que intentaba ayudar a la gente. Hundí la punta del cuchillo en su muñeca derecha y a partir de ahí comencé a dibujar su cuerpo con aquel utensilio que utilicé las veces anteriores, pero que siempre tome prestado de aquellas chicas. Subí hasta el hombro derecho y bajé por tal costado hasta llegar a su tobillo. Tras ello volví a subir hasta el ombligo y a bajar por la pierna izquierda hasta su otro tobillo. Subí por aquel costado hasta que llegué al hombro, donde empecé a pasar el cuchillo por su brazo izquierdo hasta la muñeca. El ritual estaba apunto de terminar. El dibujo estaba casi hecho. Ella seguía viva, pero cada vez más débil, su sangre iba saliendo de su cuerpo para depositarse por toda la cama y el suelo de la habitación. Ya apenas se movía y se quejaba. Sabía que yo sólo la iba a ayudar, ya se sentía más aliviada. Me encanta esta sensación. Decidí terminar con el baile y con su cuchillo le acaricié el cuello. Ya no respiraba, ya no se movía, ya no sufría. El baile casi había terminado, pero aún se escuchaba un poco de música. Le robé el rostro a aquella preciosidad. Estará eternamente agradecida. Su rostro permanecerá perpetuo pase lo que pase. Yo lo guardaré, junto al de las otras tres chicas anteriores. Pero he de seguir aliviando el sufrimiento de esas mujeres que no quieren envejecer; que tienen miedo. Yo las voy a ayudar. Mi padre tenía razón. Así quedarán bellas eternamente. Como mamá.

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MegaPost Humor Acido
MegaPost Humor Acido
HumorporAnónimo7/2/2011

aquel que pueda sentirse ofendido por mi humor totalmente ofensivo puede irse antes, o morir Antes de empezar asegurence de tener la vision necesaria para las imagenes de este post tambien recuerden... no jodan al señor wallace tampoco a gandalf primero agradezco a la municipalidad de lomas por la barra separadora a comenzar con el post... Primero unos Cyanide & Happiness En Español! Eso fue todo de los comics de cyanide ahora varios carteles de esos que todos parecen odiar, y yo no ya basta de carteles, muy vistos, ahora voy a poner unas imagenes curiosas, tambien muy vistas eso fue todo por que hoy teengo que grabar un demo con la banda, demo que no subire ni postiare por que no confio en ustedes...

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Olmedo, Un Groso de Verdad
Olmedo, Un Groso de Verdad
HumorporAnónimo5/5/2011

Infancia y juventud en Rosario Nació en el humilde barrio Pichincha de Rosario, antiguamente la "zona roja" de la ciudad, con prostíbulos y bares de mala muerte. Vivió con su madre, Matilde Olmedo, en la calle Tucumán 2765. A los seis años, además de concurrir a la Escuela n.º 78 Juan F. Seguí, trabajó en la verdulería y carnicería de José Becaccece, en la calle Salta 3111. En 1947, por intermedio de Salvador Chita Naón se integra a la claque del teatro La Comedia. Al año siguiente, con su amigo Osvaldo Martínez se incorpora al Primer Conjunto de Gimnasia Plástica en el Club Atlético Newell's Old Boys de Rosario. Por esa época también participa en una agrupación artística vocacional que funciona en el Centro Asturiano: La Troupe Juvenil Asturiana. En 1951, como parte de los números de La Troupe, forma (junto a Antonio Ruiz Viñas) el dúo Toño-Olmedo. Ya profesionales, la pareja actúa en varios espectáculos, entre ellos Gitanerías, dirigido por Juanito Belmonte. Para fin de 1954 decide viajar a Buenos Aires para probar suerte. Junto a Mabel Manzotti (izq.) en "Petete García, el lobo". El entrometido, Con Ambar La Fox (der.) Llegada a Buenos Aires y comienzo de su carrera artística En mayo de 1955, ingresa como switcher al Canal 7 Argentina, en la ciudad de Buenos Aires, distante 300 km al sur de Rosario, por la referencia de su amigo Pancho Guerrero. En la cena de fin de año en la que se reúnen las autoridades y el personal del canal, Olmedo realiza una formidable improvisación y Julio Bringuer Ayala, interventor de la emisora, le ofrece trabajar como actor. Una semana después de la cena debuta en La Troupe de TV, programa dirigido por Pancho Guerrero, en el que trabajan María Esther Gamas, Noemí Laserre, Tincho Zabala y Rodolfo Crespi, entre otros. Comienza a hacer monólogos y pequeños sketchs en La revista de Jean Cartier, donde surge «El profesor de locutores». Al mismo tiempo participa en Medianoche en Buenos Aires y en Sonrisas y melodías. En 1957, el productor Julio Moller le ofrece protagonizar un ciclo infantil los sábados al mediodía y nace Joe Bazooka. El programa dura tres años, pero Olmedo no deja de trabajar como técnico. El 12 de marzo de 1958 se casa con Judith Jaroslavsky y el 3 de diciembre de 1958 nace su primer hijo, Fernando. El 20 de agosto de 1959 se estrena la película Gringalet, de Rubén W. Cavallotti, en la que debuta como actor cinematográfico interpretando un papel secundario. Olmedo en su casa con su esposa y sus dos hijos menores: Sabrina y Javier En 1960 comienza en Canal 9 El Capitán Piluso, su primer gran éxito, junto con Coquito (Humberto Ortiz). El ciclo que dura poco más de tres años en esa emisora. En 1965 el programa se emite durante un año en Canal 7 y a partir de 1967 se presenta dos años en el Canal 2 de La Plata. El 19 de marzo de 1962 nace Marcelo, su segundo hijo. A fines de marzo de 1964 ingresa al elenco de Operación Ja-Já, un programa de Gerardo y Hugo Sofovich en Canal 11. Ese mismo día, debutan Javier Portales y María Rosa Fugazot. El 26 de julio de 1964 nace su tercer hijo, Mariano. En octubre de 1964 Olmedo se separa de su primera esposa. En enero de 1965 comienza el programa Un verano con Olmedo, donde vuelve a ser protagonista de un ciclo, con la dirección de Gerardo y Hugo Sofovich. Olmedo en 1959 (izq.). El Capitán Piluso (der.) El 23 de septiembre de 1967 se casa con Tita Russ. El 28 de julio del año siguiente nace Javier, su cuarto hijo. En Operación Ja-Já nacen los personajes Rucucu y el Yéneral González. Al mismo tiempo Olmedo se presenta esporádicamente en otro ciclo de los Sofovich: Vivir es una comedia, también emitido por Canal 11. Para 1969 participa en El botón, por Canal 9, y además presenta Domingos de teatro porteño, realizando algunas actuaciones especiales en Domingos de mi ciudad. El vigilante, en Operación Ja Ja. Rupeta, un personaje y una palabra En enero de 1970 conduce el programa El Test de las familias que se emite por Canal 9. El 14 de enero nace su única hija, Sabrina. El 3 de diciembre regresa a Canal 11 con Las 36 horas de Olmedo, una emisión a beneficio de la Casa Cuna y del Hospital Argerich, dónde bate el récord de permanencia en cámara. En 1972 comienzan los ciclos El chupete, con libros de Juan Carlos Mesa y Jorge Basurto, y Fresco y Batata (con referencia al queso fresco y el dulce de batata), junto a Jorge Porcel, ambos en Canal 13. Protagoniza junto a Susana Brunetti la comedia musical Promesas, promesas, en el teatro Odeón. El 22 de marzo de 1973 se estrena Los caballeros de la cama redonda, la primera de las películas filmadas para el sello Aries, con dirección de Gerardo Sofovich. En 1974 protagoniza Alberto Vilar, el indomable, con libro de Víctor Sueiro, en Canal 13. Al año siguinte debuta en el teatro de revistas, en el Teatro Maipo, junto a José Marrone. En el mismo teatro se presenta en su primera revista con Jorge Porcel, dirigida por Gerardo Sofovich. El 4 de mayo de 1976, en el primer programa del año de El Chupete, se anuncia la «desaparición física» de Olmedo y una semana después, como consecuencia de la broma (con referencia a los asesinatos que estaba cometiendo los militares en el poder), le levantan el ciclo y echan a los guionistas del ciclo Coquito Ortiz y Oscar Viale. A raíz de este incidente Olmedo fue «borrado» de la televisión por dos años. En 1978 vuelve al frente del ciclo Olmedo ’78 por Canal 11. En 1980 protagoniza junto a Susana Giménez el ciclo Alberto y Susana, junto a Susana Giménez, en el Canal 13, con libros de Hugo Moser, Víctor Sueiro y Humberto Ortiz. El 19 de junio se estrena A los cirujanos se les va la mano, primera película del cuarteto Alberto Olmedo - Susana Giménez, Jorge Porcel, Moria Casán, dirigida por Hugo Sofovich. Fresco y Batata, Junto a Jorge Porcel La "Fiebre Olmedo" En el año 1981 comienza en Canal 11, bajo la dirección de Hugo Sofovich, el que sería su último y más exitoso programa de televisión: No toca botón; y estrena en el Teatro Metropolitan, junto a Porcel, Susana Giménez y Moria Casán, La revista de las superestrellas, también de Hugo Sofovich. En julio de ese año se separa de su segunda esposa. En el verano marplatense de 1982 vuelve a repetirse el exitoso cuarteto protagónico del año anterior en la obra "Seguimos rompiendo las olas". En el programa No Toca Botón de 1983, nacen dos personajes exitosos: Lucy y El Nene. En este último Olmedo comienza a hacer sus famosos «chivos» al aire (publicidades dentro de los sketches). En 1984 nace el personaje «Chiquito Reyes, doble de riesgo», en No toca botón. Durante la temporada ´85 en Mar del Plata, protagoniza la comedia El bicho tuvo la culpa, dirigida por Hugo Sofovich. Este año comienza el ciclo de No toca botón con la quema del disfraz de Rucucu. Nacen El Dictador de Costa Pobre, El Pitufo, El Psicoanalista y el nuevo Chiquito Reyes, esta vez como un marido cornudo. En el verano austral de 1986 presenta El bicho tuvo la culpa en Villa Carlos Paz. Este es el año de «El manosanta», «Álvarez y Borges» y «El mucamo Perkins». Comienza la Fiebre Olmedo. En septiembre inicia un ciclo de presentaciones en el restaurante Michelángelo, junto a Javier Portales, Beatriz Salomón, Divina Gloria y Alfonso Pícaro; además del cantante Guillermo Guido y los grupos Botton Tap y Caviar. El 18 de diciembre debuta con la obra El Negro no puede en el teatro Neptuno de Mar del Plata acompañado como casi siempre por Javier Portales y Cesar Bertrand . Durante el verano austral de 1987, la obra bate el record histórico de asistencia de público a la sala, con 119.877 espectadores. Ese año gana el premio Estrella de Mar. El programa No toca botón pasa a Canal 9 y nace el personaje «Rogelio Roldán, jefe de cadetes». A comienzos de 1988 protagoniza en Mar del Plata la obra Éramos tan pobres, dirigida por Hugo Sofovich. El 3 de marzo se estrena su película póstuma, Atracción peculiar. no toca boton Los últimos trabajos y el trágico final Durante el verano de 1988 en Mar del Plata estreno la obra Éramos tan pobres y filmó, junto a Jorge Porcel, la película Atracción peculiar, una de las mejores del dúo, que se estreno el 3 de marzo. Dos días después, en la madrugada del 5 de marzo, luego de una noche de muchos excesos junto a su pareja Nancy Herrera, cae involuntariamente desde el balcón de su departamento del piso 11 del edificio Maral 39, y fallece prácticamente en el acto. Aunque se tejen diversas hipótesis alrededor de esta tragedia, la única presente en ese momento fue su pareja, que en más de una oportunidad declaró que fue sólo un accidente, otros dicen que se suicidó. Eso Fue Todo, no voy a decir que me costo por que es un copy n paste, pero esta bueno homenajear a los idolos de uno

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