alfogtz
Usuario (México)
Hoy, mientras estaba sentado en una me percate de una actitud que hasta ahorita pensaba, me era indiferente: tratar de aparentar algo que no soy. Y seguramente tú, querido lector diras: “yo no hago eso” pero conforme vayas leyendo este texto te darás cuenta que si lo haces. Como decia anteriormente, me encontraba sentado en una banca y permanecí ahí por unos veinte o treinta minutos, durante este tiempo tuve la fortuna de platicar con cuatro personas cuyas personalidades son completamente diferentes, fue entonces que descubri el gran defecto que tengo pues con cada una adopte una actitud diferente, la primera persona con la que compartí unos cinco minutos parece ser una persona que carece de seguridad, un poco curioso en su forma de ser y con una falta de identidad que lo hace actuar al estilo de la mayoría. La segunda persona con quien pase otro pequeño lapso de tiempo es una persona bromista, a la que le gusta decir cosas y burlarse de la gente. La tercera persona se parece un poco a la segunda solo que es una persona un poco manipulativa la cual hace que la opinión que tiene de ti tenga un gran valor para ti, de manera que si esta persona te dice “idiota” haces lo posible por que diga que eres genial, en el caso particular de esta persona adopte la actitud que ella quería que mostrara en ese momento. Por último está la cuarta persona, que sinceramente me sorprendió, quien parecía ser la persona más defectuosa del mundo resulto ser un gran ser, no por ser perfecto si no por todo lo contrario, por ser humano, por no ocultar sus defectos y por tener la confianza suficiente en mi para pedirme un consejo. Con esta persona adopte la actitud que quisiera tener siempre: la de una persona madura y comprensiva. El punto es que con cada una de las cuatro personas adopté una actitud diferente, pues sabía que quizás siendo yo mismo no podría mantenerlos platicando conmigo por mucho tiempo y este fue mi gran error, pues después de todo ¿si a alguien no le gusta mi manera de ser porque lo quiero como amigo? Pero bueno seguramente te preguntaras para qué te cuento todo esto, lo hago con el fin de ejemplificar lo que más adelante diré, y con más adelante me refiero al siguiente párrafo pues no pienso escribir un tedioso texto de diez páginas. Sinceramente querido lector contéstate a ti mismo esta pregunta ¿Alguna vez has cambiado tu actitud en presencia de otra persona? La respuesta en todos los casos será si, si y solamente si, pero ¿Por qué? Todo se debe a que nosotros los humanos andamos tras de un hueso como los perros callejeros, ese hueso es la aceptación de los demás, quien no consigue el hueso vive frustrado y a quien no le interesa el hueso se le tacha de raro o en el mejor de los casos antisocial. Ahora querido lector te hago otra pregunta ¿Te gusta ser como un perro callejero? ¿Te gusta rogarles a las personas que pasan para que te den ese dichoso hueso? La respuesta querido lector es No, no y solamente no. Pero esto no termina aquí, esa obsesión por tratar de alcanzar el hueso es la razón que nos mantiene estresados, inconformes con la vida, pero cuando tú y yo aprendamos a dejar de ser un espejo para los estereotipos de las actitudes: iniciaremos a vivir felices. ¿Por qué? Porque al aparentar ser alguien que no somos por consiguiente obligamos a quienes nos rodean a tratarnos como a alguien que no somos, al aparentar, por ejemplo, que nos gusta el futbol para parecerle interesante a alguien hará que esta persona solo nos hable de futbol, lo cual terminara agobiándonos. Por todo lo anterior es importante que aprendamos a vernos como en realidad somos: un ser único, con defectos y virtudes pero que como todos los demás está en la vida luchando por ser una persona reconocida por los demás y no me refiero a tener su aceptación, si no a que sepan quién somos pero que lo sepan por lo que en verdad somos. Recordemos que hay tres “Yo” Nuestro verdadero YO El YO que quisiera ser El YO que los demás piensan que soy Y durante nuestra larga vida debemos conseguir que el primer YO se convierta también en el segundo y el tercero. Volviendo a las cuatro personas con las que hable quiero decir que la cuarta fue quien me inspiro a escribir esto pues él (quizás sin darse cuenta) me abrió la mente para pensar en esto y me dio una gran enseñanza: mostrar nuestros defectos a los demás no nos hace idiotas, nos hace valientes. -------------- Espero que les haya gustado, si es asi y les gustaria seguir leyendo publicaciones como esta, unanse a mi grupo en facebook http://www.facebook.com/pages/Reconocer-nuestros-errores/121518141261084?sk=wall