alexelcasto
Usuario (Colombia)

Imagen por TukaBloomy ¿Cuántos gritos de ayuda no habremos pasado por alto a través de redes sociales como Facebook y Twitter mientras nos concentramos en “espiar” la vida de otras personas? La soledad no se cura abriendo un perfil en estas cuentas, simplemente se magnifica el sentimiento de pequeñez pensando en que los otros son mejores que uno y tienen más éxito. ¿Qué tan amigos son los “amigos” de Facebook? Interesante pregunta, y más cuando tenemos en cuenta que la relación entre el número de nuestros contactos y nuestra felicidad son inversamente proporcionales, esto según un estudio de la universidad de Illinois, el cual agrega que el afán por aparentar, por proyectar una imagen positiva las personas adoptan posiciones narcisistas que rayan en lo extremo (se cambian las fotos muy seguido, se quitan y se ponen comentarios pensando en que de pronto no puedan agradar a alguien, etc.). Cuando el número de contactos de una persona es tan amplio, su realidad puede sufrir cierta alteración: el mundo digital absorbe la mayor parte de su atención; es en las redes sociales que cree encontrar su “significado en el mundo” y se preocupa por alimentar aquella imagen que hace contrapeso a la soledad de su presente. Cualquier cosa que amenace con perturbar “su reputación” afecta todo su entorno, dejando como consecuencia depresión y vacío existencial. Cuando una persona sube a su perfil fotos muy seguido es un indicador que refleja sus posibles problemas de inseguridad y baja autoestima, patologías que para muchos, se engloban en una sola palabra que ya habíamos visto: narcisismo; así lo explica Soraya Mehdizadeh, estudiante de la Toronto’s York University. Según la profesional, la retroalimentación en las redes sociales es la que valida el “yo posible” que se quiere proyectar, de ahí la necesidad de revisar varias veces al día el perfil. Sin embargo, como era de suponerse las opiniones varían. Si bien el sitio http://www.lavanguardia.com/tecnologia/20131008/54388625220/amigos-facebook-riesgo-esquizofrenia-depresion.html valida el punto que venimos tratando acerca del narcisismo, también asegura que una larga lista de amistades en las redes sociales previene la esquizofrenia y reduce el riesgo de padecer distimia (un tipo de depresión crónica en la que el estado anímico de la persona siempre es bajo). Los contactos en Facebook ayudan a prevenir la esquizofrenia pero aumentan las posibilidades de padecer de bipolarismo; un mal menor por uno mayor; sobran las razones para ser positivos. Información relacionada en http://ayudenmeporfa.com/

Image by Josué Goge Casi todo mundo coincidirá al decir que comer es uno de los mayores placeres de la vida, y efectivamente, tener la oportunidad de degustar los alimentos es una actividad que libera sensaciones de placer y satisfacción, sensaciones quizás solamente superadas por las que brinda el sexo. Sin embargo, el acto de comer incluye mucho más que digerir alimentos; hablamos de una práctica cultural que tiene que ver con costumbres trasmitidas de generación a generación y en las que algunos alimentos adquieren mayor preponderancia que otros. ¿Por qué, hablando en términos generales, un inglés queda satisfecho con la comida con la que un mexicano o un colombiano no sentiría cubierta su necesidad? ¿La llenura radica en el trabajo digestivo que cumple nuestro organismo o viene sien do algo psicológico? La alimentación, aparte de su función principal que es la de brindarnos los nutrientes, vitaminas y demás elementos que nuestro cuerpo necesita para poder cumplir al máximo sus funciones, viene siendo un asunto de identidad cultural. El sentimiento patrio, o incluso el de una región determinada, se refuerza al ordenar el plato típico de la zona mientras que recuerdos de la niñez y la juventud hacen su aparición. Muchos expertos afirman que el significado cultural que la comida representa en algunas comunidades contradice al proceso biológico; es decir, no en todas se mide con la misma vara el balance gastronómico usualmente recomendado por nutricionistas y de ahí la aparición de problemas de sobrepeso y obesidad que afectan a tantas personas. Se come para quedar satisfechos, pero también se come para demostrar algo, para dejar patente que una cultura es mejor que otra, más agresiva (en el buen sentido), más fuerte y guerrera. Es interesante, ya que en este contexto aparecen los términos “alimentos para machos” y “alimentos afeminados”. ¿Qué hace que una comida sea afeminada? ¿Por qué un hombre que prefiere una pizza con ingredientes picantes es visto como más varonil que aquel que prefiere la pizza hawaiana? ¿Una mujer de buen comer es vista como “machuna”? ¿Quién determina la cantidad de alimentos quer tanto varones como hembras deben comer? Como ven, podemos decir que todo esto está en el imaginario popular (no significa que no existan bases científicas que argumenten muchas de estas cuestiones, es que al momento de comparar y lanzar juicios no se tienen en cuenta los estudios científicos). En el siglo XVIII y XIX, en la época en que Adam Smith y David Ricardo configuraban sus teorías económicas, la tierra y los alimentos que ella producía ocupaban un lugar preponderante en los modelos económicos que ya empezaban a ser aceptados en casi toda Europa. La gente comía lo que producía la tierra y lo hacía con agrado. Con el tiempo, con la explosión de los medios de comunicación y su alcance mundial la comida empezó a ser estratificada: los pobres comen lentejas y los ricos aguacate (o palta). Los ricos y la gente “bien” comen en McDonald’s mientras que los pobres y fracasados comen menudencias, o por mucho, alitas de pollo. Ya no solo se usaban los alimentos para resaltar las particularidades de una región, también se empezó a abrir brechas que demarcaban la posición social de un individuo dependiendo de lo que tuviera guardado en su nevera. La leche y sus derivados, al igual que las frutas se convirtieron en “alimentos de lujo” en muchas familias, aun cuando la región en la que vivían produjera todo tipo de frutas. Acerca de los mitos y tabúes No es posible negar el peso que algunas tradiciones y creencias religiosas tienen en el tema de la comida. Es casi que imposible ver a un judío comiendo carne de cerdo, al igual que un hindú degustar la carne de vaca. El sitio http://www.fao.org/docrep/006/w0073s/w0073s08.htm trata ampliamente este tema y afirma que las costumbres que vetan determinados alimentos ricos en nutrientes no influyen sobremanera en el impacto global nutricional, particularmente, agrega el sitio web, si sólo uno o dos productos alimentarios son los afectados. La comida es placer, y también es el medio por el cual cada sociedad define sus sistemas de valores, sus costumbres y normas de conducta. No solo se trata del sabor de los alimentos, también es la forma en que estos se sirven, como se ven, como se degustan primeramente a través de los ojos antes que con el paladar. No es extraño escuchar decir que “la cocina es un arte”, y en realidad lo es porque aparte de la sazón se necesita de creatividad para presentar los distintos platos. La comida se convierte en códigos embestidos de proteínas que van cargados de múltiples significados.