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11 DE MAYO DE 2011: CUMPLEAÑOS 117 DE LA MADRE DE LA DANZA MODERNA Martha Graham (Pittsburgh, Pensilvania 11 de mayo de 1894 — Nueva York, 1 de abril de 1991), fue una bailarina y coreógrafa estadounidense de danza moderna cuya influencia en la danza es equiparada a la que tuvo Picasso en las artes plásticas, Stravinsky en la música o Frank Lloyd Wright en la arquitectura.1 Para ella, la danza moderna no era producto de la inventiva, sino del descubrimiento de principios primigenios. El 11 de Mayo de 1894, nació la artista que ha sido comparada con el trabajo de Picasso en la pintura o Stravinsky en la música. Martha comenzó a bailar desde su infancia y a los 20 años, después de ver una función de la bailarina Ruth St. Denis fue cuando se interesó por la danza moderna, y se fue a vivir a Nueva York donde trabajó en varias compañías de danza. A la edad de 31 años se convirtió en maestra de danza en la escuela de Música y Teatro Eastman y sólo un año después fundó su propia compañía “La Compañía de Danza Martha Graham”. Graham fue reconocida por su estilo único en aquella época, como son la contracción y relajación, la caída al piso controlada, los saltos de hombre, entre otras. En 1932 fundó el primer grado de bachiller de las artes en danza en la Universidad de Bennington y en 1951 creó la división de danza en las Escuela Julliard. Graham dio a la danza una nueva dimensión y rompió con los esquemas que ya existían, sus ideas innovadoras revolucionaron la danza, por su estructura de movimientos del cuerpo y la libertad de gestos. Martha convirtió la técnica moderna en una obligación para futuros bailarines y coreógrafos. Fue la primera bailarina en presentarse en la Casa Blanca, ir al extranjero como embajadora cultural y recibió la Medalla Presidencial de la Libertad, la condecoración civil más alta en Estados Unidos. Así mismo, recibió la Llave de la Ciudad Paris y la Orden Imperial de Japón de la Corona Preciosa. Este estilo coreográfico le dio a sus obras una visión dura y angular, con reminiscencias cubistas; como en su célebre obra "Lamentation", en la que la bailarina expresaba la angustia de una mujer, envuelta en un largo tubo de tela elástica en el que sólo su cara quedaba expuesta. Estas formas eran muy poco familiares para el asiduo público de ballet, que en un prinicipio la acusó de bailar de forma "antiestética". A pesar de la fama y los honores, a la bailarina le costaba cada vez más sostener su compañía, ya que se negaba a que sus obras fueran representadas por otros grupos de danza o por alguien que no hubiera sido entrenado en su enseñanza y estilo. Por lo demás, sabía que al entregar sus coreografías a otros grupos perdería el control de las mismas y esto podría desvirtuarlas. En 1968, a los 64 años, Martha Graham dio su última función como bailarina. Desde hacía tiempo la crítica y sus propios compañeros la presionaban para que dejase el escenario. El costo de esta decisión fue muy grande: la coreógrafa cayó en un colapso físico y moral durante varios años. Sin embargo, en 1973 renació de sus cenizas: volvió a crear coreografías, a ponerse al frente de su compañía y a acompañarla en las giras hasta su muerte, ocurrida el 1 de abril de 1991. "Nunca pienso en las cosas que hice; sólo en las cosas que quiero hacer, en las que todavía no he hecho", aseguró en la última entrevista que concedió, hecha poco tiempo antes de su fallecimiento. A lo largo de su carrera, Graham creó más de 200 balletes y hoy en día su escuela, su compañía y su técnica continúan vigentes. "Una bailarina es una atleta de Dios"