aguilardo
Usuario (México)
en aquella noche en que su vida iba cambiar, zajed se disponía a salir a su trabajo de velador de la bodega de refacciones que se encontraba fuera de aquel pequeño poblado, él todavía no se imaginaba lo que el destino le tenía dispuesto, ya que era como cualquier otro día; al abrir la puerta sintió estremecerse al sentir el viento frio que llegó hasta sus huesos, trato de cruzarse de brazos para darse un poco de calor, pero su razón, hizo que desistiera de esa acción, pensó que era una exageración – que tonto, no es invierno y tengo frio-, exactamente, trascurría el mes de agosto, se suponía que no debía hacer frio, eso era lo extraño. salió de su pequeña vivienda y se dirigió a la calle principal a tomar el transporte, iba caminando casi por en medio del camino de tierra que lo conducía a esa carretera principal, ya que sintió temor hacerlo por las orillas del camino, ya que de ambos lados se encontraban terrenos abandonados donde la maleza y algunos animales habían hecho su hogar; su andar era apresurado y cauteloso, ya que había una densa neblina que no lo dejaba ver más allá de sus propios pies, a cierta distancia empieza a observar que la neblina se empieza a cortar para dejar a una silueta, al parecer de una persona, siente un escalofrío que le recorre todo el cuerpo y un temor inmenso, que desea volverse corriendo a su casa, pero de nueva cuenta su razón le impide que haga lo que su instinto le dice, al encontrarse frente a frente con la silueta que momentos antes había visto, se percata que se trata de la señora elva, quien vive a tres casas de la suya, a quien saluda gentilmente –buenas noches, doña elva-, la anciana contesta el saludo con una pequeña sonrisa y dice – pobre muchacho, encontraste tu verdadero camino, hubiera sido que nunca lo hicieras - . el pobre zaged se extraño tanto de la sonrisa como de la frase de la señora elva, diciendo entre sí, - es mi imaginación, pobre señora – volvió su vista al enfrente y notó que se encontraba la calle a unos cuantos metros y la neblina se empezaba a disipar por la velocidad de los coches que transitaban por la calle, momento en que escucho decir su nombre – zaged ven -, - zaged ven-, al volverse se percató de una silueta de alguna persona sin que pudiera distinguir si se trataba de un hombre o una mujer, solo se escuchaba su voz y dos ojos brillantes en la oscuridad, como si se tratara de alguna bestia de la noche, zaged trató de ignorar esa voz, pero la razón volvió a disuadir, ya que pensó - ha de ser una persona que me conoce , ha de necesitar algo – y se regresó . . . por última vez, su razón lo traicionaría. autor aguilardo galio