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Usuario (El Salvador)

Primer post: 20 jun 2011Último post: 10 feb 2014
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Jorge Mario Bergoglio será el Papa Francisco (Argentino)
Jorge Mario Bergoglio será el Papa Francisco (Argentino)
InfoporAnónimo3/13/2013

Jorge Mario Bergoglio será el Papa Francisco El sucesor de Benedicto XVI acaba de mostrarse ante el mundo desde el balcón principal de la Basílica de San Pedro: Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires. Desde este miércoles 13 de marzo de 2013, el Trono de San Pedro está ocupado por un Papa del continente americano. Será el primer Papa argentino, el primer Papa latinoamericano y el primer jesuita. El flamante Pontífice obtuvo los 77 votos exigidos de los 115 cardenales reunidos en Cónclave en la quinta votación. En el Cónclave de 2005, Joseph Ratzinger logró la mayoría necesaria en la cuarta votación, apenas una hora y media antes que su sucesor. Momentos antes de aparecer ante los miles de fieles que se concentraban en la Plaza de San Pedro, el cardenal francés Jean-Louis Tauran fue el encargado, en calidad de decano protodiácono, de pronunciar la famosa frase 'Habemus Papam' y de presentar al mundo al nuevo Pontífice. La noticia de que se ponía fin a la Sede Vacante se dio a conocer exactamente a las 19.07 horas, cuando la chimenea de la Capilla Sixtina escupió una intensa humareda blanca. Imagenes recientes!

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En las venas de Guadalupe VIH
En las venas de Guadalupe VIH
Ciencia EducacionporAnónimo2/10/2014

Hola Familia, Lei esto en un blog de aqui de mi peque;o pais, y lo comparto cons uds. espero a mas de uno sirva Han pasado tres décadas desde que se supo del primer salvadoreño con VIH. En las últimas dos, la respuesta que este país ha dado al virus, más allá de sumas y porcentajes, puede verse esculpida en el cuerpo de Guadalupe Iraheta, una mujer que se supo positiva desde los 30 años. Está por cumplir 51, y en todo este tiempo no ha dejado de pelear contra los adversarios más fuertes para toda persona con VIH: el estigma y la discriminación. En los testimonios que doy cuento que volví a nacer en 1993, cuando me diagnosticaron VIH. Lo que no cuento es cómo fue. A finales de mayo de ese año, mi hija mayor cayó enferma. Le había dado una tos que no se le quitaba y estaba poniéndose bien sequita. Como tenía 13 años, me la recibieron en el Hospital Bloom, y ahí me dijeron que tenía tuberculosis. Al mismo tiempo me cayó de sopapo una noticia que no entendía. Le habían hecho una prueba de VIH y le había salido positiva. Nos hicieron la prueba a mis otras dos hijas, a mi esposo y a mí. Él y yo también salimos positivos, pero en ese momento lo que más me preocupaba era la salud de mi hija. Pasó un mes luchando, pero el 22 de junio ya no aguantó. Yo la había cuidado toda la noche, y había bajado por el ascensor a buscar algo de comer. Escuché que decían “código 1”. Mi hija se había muerto. No me quedó tiempo de asimilar nada. Para mí era una pesadilla. Cuando ella se murió, toda mi familia se vino encima de mí. “Por tu culpa se murió la niña”, “¿cómo putas la llenaste de esa babosada?”, fueron las frases que escuché de todos. Era una tormenta. Después de que enterré a mi hija, fui cayendo en cuenta de que tenía VIH. En ese momento ignoraba todo sobre el virus. Solo sabía que estaba “sidosa”, como antes hasta yo decía tan despectivamente. Creía que me iba a morir, que andaba la peste, que yo era lo peor por llevar la muerte en mis venas. Yo quería que la tierra se abriera y me tragara. No lo quería aceptar. No entendía cómo diablos me había infectado. Si yo era una mujer de la casa, la esposa más sumisa. Era de las que creían que si mi marido me pegaba era porque me quería, y que por nada del mundo podía desobedecerlo. Me dedicaba solo a atender a mis hijas y a mi esposo, y había sido él quien había llevado el virus a mi vida. Cuando inició a tomar medicamento contra el VIH, Guadalupe llegó a tomarse hasta 29 pastillas. Ahora, gracias a los nuevos esquemas de tratamiento antirretroviral, solo debe tragar cinco. Hoy Guadalupe Iraheta ha decidido recordar. Es una mujer que está por cumplir 51 años de vida, y 21 años de saber que tiene el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). Esta mañana le ha dado la espalda a su escritorio atiborrado de documentos y fotografías y ha decidido acompañar sus memorias con un poco de café. Es risueña, de voz aguda, piel trigueña y ojos expresivos. Su pinta está alejada de toda imagen cliché que suele asociarse con este virus que devora las defensas de quien lo lleva en su interior. Luce robusta, acicalada y llena de vida. No pide que se deforme su rostro ante la cámara fotográfica, ni que se le asigne un nombre ficticio. Habla con extroversión y acompaña sus palabras con ademanes llenos de energía. “Yo hace ratos que salí del closet”, bromea, como lo hace en todas las charlas de educación y prevención de VIH que imparte. Supo que tenía el virus en 1993. Fue una de los 330 salvadoreños con VIH que el Ministerio de Salud detectó en ese año. Desde entonces, Guadalupe ha vivido como ha sido la respuesta que este país le ha dado al VIH. Han pasado casi tres décadas desde que se supo del primer salvadoreño con el virus, y Guadalupe quiere dar testimonio de lo que ha implicado ser VIH positivo en las últimas dos. La primera discriminación la sufrí con mi abuelita. Entonces vivíamos en el barrio Lourdes, en San Salvador. Cuando supo que yo tenía VIH, me empezó a tratar diferente. Apartó unos trastos solo para las niñas y para mí. (Cuando recuerda esto, se le corta la voz, pero trata de disimularlo al pegar varios sorbos de su taza de café). Si usábamos el baño, echaba hasta dos bolsas de lejía. Ignoraba del tema, y cuando alguien le preguntaba qué era lo que yo tenía, ella respondía: “Es que dicen que tiene sida, usted”. Prevención. CONTRASIDA, la ONG para la que trabaja Guadalupe, también imparte charlas educativas y de concienciación a niños y adolescentes, para que eviten conductas que los pongan en riesgo de infectarse de VIH. Mis niñas estudiaban en la escuela de monjas del barrio, pero, como se regó el chambre, las expulsaron. Yo les llevé los exámenes que probaban que ellas no tenían VIH. “Mire, no insista. No queremos que sus hijas nos vengan a contagiar a todas las niñas”, fue lo que me respondieron las monjas. Las niñas ya no estudiaron ese año. Los vecinos nos dejaron de hablar y las tiendas nos dejaron de vender. Se nos quedaban viendo como con asco. Y llegó un momento en el que comenzaron a gritarnos “sidosos”. Mi propia familia nos trataba como que si tuviéramos la peste. No aguantamos y antes de que se acabara 1993 nos fuimos del barrio Lourdes. Alquilamos una casa en Sierra Morena, en Soyapango. Yo busqué ayuda hasta en 1994. Me fui a FUNDASIDA. Ahí me explicaron y me ofrecieron ser parte de un grupo de apoyo. Yo acepté. Me costó convencer a mi esposo, pero al final fue. Ahí hicimos amigos que también tenían el virus. Me hice voluntaria. Aunque adentro nos estaban ayudando, afuera el VIH se veía como la peor peste del mundo. Era como decir pecado, como si los que lo teníamos estábamos malditos y que con solo tocar a otros los íbamos a llenar de nuestra maldición. Y la escena más horrible de discriminación la vi ese año en el Hospital Rosales. Un compañero muy querido del grupo de apoyo había recaído. Estaba en la fase terminal del VIH avanzado, que antes se catalogaba como sida. Lo habían ido a dejar, junto con otras personas en etapa terminal, al fondo de lo que ahora es solo parqueo. Habían improvisado un salón, con camas y unas cuantas cortinas viejas. (Se le ponen llorosos los ojos, se queda callada unos segundos, y empieza hablar con la voz entrecortada). Era espantoso ver cómo toda esa gente estaba tirada. Estaban sucios, y las cobijas tan manchadas de sus heces y orines que ni se podía distinguir el color. Prácticamente los estaban dejando que se pudrieran. Se quejaban, lloraban. Yo me sentía en sus zapatos. Pensaba que ese iba a ser mi destino. Longevidad. Guadalupe dice ser una prueba viva de que el VIH debe ser visto como una infección crónica y no considerarlo sinónimo de muerte. Ese año pasé con una crisis de dolor de cabeza. No quería ir al hospital porque tenía miedo. Sentía que me iban a dejar morir como a ellos. Me aguantaba mis dolores en la casa. Me fui consumiendo. Y las infidelidades de mi esposo, sus malos tratos, y para colmo sentir que los médicos nos repudiaban por tener VIH, me hicieron entrar en una gran depresión. A principios de 1995 se me empezaron a inflamar los ganglios. La cabeza se me había llenado de chindondos. Parecía un muñeco feo y chiboludo de los que salen en la televisión. El virus estaba apoderándose de mí. Llegué a pesar 60 libras. Ya no hablaba, ni me podía levantar. Me llevaron al hospital, donde me puse peor. De ribete, la doctora que me atendió se quería deshacer de mí. —Mire, usted sabe que tiene sida y que se va a morir. Ya no puedo hacer nada por usted, así que yo le recomiendo que mejor se vaya para su casa y espere –me dijo toda fría. Me fui para la casa y solo pensaba en mis hijas. Una tenía nueve años y la otra cuatro. ¿Quién me las iba a cuidar?, más con el papá que tenían. Llamé a mi mamá. Se las iba a entregar y a pedirle que no me las dejara nunca solas. “¡Ay, muchachita! Mirate cómo estás, si es que te estás muriendo. ¿Y ya pensaste con quién dejar a tus muchachitas? Porque yo no me las estoy llevando”, fue lo que me contestó. (Se detiene. La expresión jovial y animada se le escapa del rostro. Hace una pausa y traga saliva. Llora. Respira, y continúa a pausas). Ahí me aferré a la vida como pude. No me podía permitir morir. Le pedí tanto a Dios que me levantara de la cama, no por mí, sino por mis hijas. Me resistía a dejarlas huérfanas. Aventé al carajo la depresión. Volví a caminar, y agarré fuerzas para ir otra vez donde esa doctora. Se sorprendió al verme caminando. Me puso unas inyecciones ni sé de qué, porque todavía en 1995 no nos daban el tratamiento antirretroviral. Si empecé a tomar medicina fue porque aquí en CONTRASIDA se rebuscaban. María, la fundadora, se iba a Estados Unidos a buscar familiares de personas con VIH que morían. Les pedía las medicinas que los difuntos habían dejado. Así fue como varios compañeros y yo empezamos a tomar tratamiento. En cuestión de seis meses, yo parecía una pelota andando de gorda. Me recuperé increíblemente. “Dame vida para ver por lo menos que mis hijas se puedan defender por sí solas. Así me voy a poder morir a gusto”, era lo que le pedía a Dios todos los días. *** Hasta antes de 1999, lo que El Salvador hacía para responder al virus no termina de quedar claro. Eso asegurará en unas horas Joaquín Cáceres, otro salvadoreño que vive con VIH desde hace 20 años, y uno de los fundadores de la ONG EntreAmigos. Cuando Guadalupe esté apresurada en los últimos detalles de la celebración del aniversario de la ONG en la que trabaja, este hombre moreno y robusto dirá que nunca llegó un mensaje preciso de parte del Gobierno. Menos apareció una respuesta real. “Desde 1987 hablaban de ser portador, y de cuidarse del sida, pero no hablaban de dónde buscar ayuda, no había una responsabilidad directa del Estado. Nada. Y como la información no era precisa, dio lugar al estigma y a la discriminación”, dirá. “Si la gente quería tratamiento, tenía que ir al mercado negro y gastar más de 1,000 colones”, enfatizará. El primer informe que El Salvador rindió sobre VIH fue en 2004, año en el que ya se habían detectado 13,665 casos. Contemplaba lo que el Ministerio de Salud había hecho desde 1999, 15 años después de que se descubrió a la primera persona que vivía con VIH. Y de esos 15 años no hay más información que los casos que se fueron sumando. Guadalupe lo reconoce. “Si yo hubiera puesto mis esperanzas en el Ministerio de Salud de ese tiempo, me hubiera muerto antes del 96”, menciona. Antes de 2000, El Salvador trataba a las personas con VIH solo con medicinas paliativas. Entonces gastaba un poco menos de $10 millones en atender a pacientes con el virus. Ese año El Salvador firmó los Objetivos de Desarrollo del Milenio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Entre los compromisos que implicaban esa firma estaba combatir el VIH. El Salvador debía detener la propagación de VIH para 2015, y para 2010 tenía que garantizar el tratamiento antirretroviral a todas las personas con VIH avanzado que lo necesitaran. Sin embargo, fue hasta en 2001, y después de una serie de protestas y otras presiones, que los salvadoreños con VIH avanzado empezaron a recibir el tratamiento antirretroviral. Ese año, Guadalupe dejó de recibir las sobras del medicamento que dejaban los difuntos estadounidenses y empezó a tomar su tratamiento en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), donde cotizaba desde 1997. Golpea la taza de café con sus uñas acrílicas y sigue recordando. En 1996, mi esposo me dio una porraceada que yo sentí que quedé medio muerta. A los meses me encontraron un tumor en la matriz. Yo solo me acordaba de todas las patadas que me había dado en el vientre. Como todavía no estaba asegurada, me fui al Hospital San Rafael, en Santa Tecla. Ahí el doctor no quería operarme. Me ponía pretextos, mientras mi tumor seguía creciendo. Me programó la operación hasta que una ginecóloga sueca que había venido a colaborar con mujeres con VIH lo presionó. Me dejaron en la primera cama de uno de los cuartos. Cuando agarraron mi expediente, vi que le habían puesto tamaño pedazo de tirro que decía sida en letras grandotas. Me sentí mal. Me estaban estigmatizando, como que el virus era más importante que yo, o que era lo que me definía como persona. Bajé a despedirme de mi esposo. Y, cuando subí, ya no estaba el maletín en la cama donde me habían dejado. —Mire, ¿y a dónde me dejaron el maletín? –le pregunté a la enfermera. —Ah, no, mamita. Fíjese que por cuestiones de su salud, para que esté más cómoda, le hemos ido a poner una cama allá en el fondo, mire. Ahí va a estar usted solita y nadie la va a molestar –y empezó a darme un montón de dizque razones que ni ella se las creía. Habían reacomodado un montón de hierros, arrinconado unas camas viejas que ya no servían y puesto un biombo para separarlo. Y ahí me habían dejado la cama. Hasta habían marcado el baño que solo yo iba a usar. Empecé a sentirme tan insignificante, pero necesitaba operarme, así que me aguanté. Para la operación me pusieron una bata de papel. La mesa, en vez de sábanas, la cubrieron con papel de empaque. Hubiera querido tener cámaras y la viveza que ahora tengo. En esos momentos yo empezaba a gatear en el virus. Pensaba que quizás esos eran los procedimientos que se tenían que seguir para una persona con VIH. Esos tratos indignos me hicieron querer aprender más del virus y de mis derechos. Me fui haciendo voluntaria de todo lo que tuviera que ver con VIH, hasta que me ofrecieron media plaza en CONTRASIDA. Ahí me hicieron levantar la oreja. Cuando vio que empecé a exigir mis derechos, a mi esposo ya no le gustó. Él siempre con su mismo machismo me quería dominar por la fuerza. Él sabía cómo podía continuar infectando a otras personas y no le importaba. Yo tenía miedo de quedarme sola o de que él me golpeara de más, pero después entendí. Ya le había vivido suficientes golpizas e infidelidades. Agarré mis maletas y a mis hijas. Me separé de él en 2001. Pagué hasta divorcio. En noviembre de 2001 fue aprobada la ley de VIH, bajo el nombre de Ley de Prevención y Control de la Infección provocada por el Virus de Inmunodeficiencia Humana, que fijó términos formales y obligatorios sobre prevención, control y deberes y garantías que debían corresponderle a los salvadoreños con el virus. Entonces, Guadalupe coordinaba-ejecutaba un plan de educación en VIH para los internos de centros penales. Ahí escuchó a hombres que se negaban a usar preservativo, porque alegaban que le eran fieles a sus tres o cuatro mujeres. También aconsejó a mujeres que estaban seguras de ser inmunes al virus, y de no necesitar ningún tipo de prevención. En agosto de 2002 ya alquilaba otra casa en la que vivía sola con sus hijas. Ese mismo mes se inauguró SIDATEL, una línea telefónica gratuita y a escala nacional. Pretendía informar y orientar a la población sobre todo lo relacionado con el virus, algo con lo que ella no contó cuando supo su diagnóstico. Ese mismo año sufrió de dos hernias en la columna que necesitaban ser operadas. Cuando en 2003 supo del foro contra el estigma y la discriminación, recordó que meses antes había tenido problemas con el médico que le operaría sus hernias. Le había asegurado que los quirófanos estaban averiados, cuando no era cierto. Esa vez reclamó y amenazó con denunciar, y la operaron. Se sintió aliviada cuando ese mismo año empezó a realizarse la prueba de VIH a las mujeres embarazadas. Para 2004, el tratamiento antirretroviral ya no solo lo entregaban en hospitales de la zona metropolitana de San Salvador (Rosales, Maternidad, Benjamín Bloom y Zacamil). Se empezó a entregar en otros hospitales a lo largo del país. Ese mismo año, cuando se detectaban seis nuevos casos cada día, se modificó la ley donde se autorizaba a las empresas a pedir a sus posibles empleados la prueba de VIH. Desde entonces, ninguna persona debería estar obligada a presentar ese examen. Han pasado cuatro días desde que Guadalupe estaba en el escritorio donde prepara sus charlas educativas. Ahora es de noche y está por entrar a un apartamento que habita desde hace tres semanas. Hace varios minutos salió de una clase del técnico universitario en Relaciones Públicas que cursa. Esperó su bus y se bajó frente a estos edificios multifamiliares que son vecinos de la colonia Guatemala. Dice estar cansada y que trae una maraña en la cabeza por unos conceptos de mercadeo que no le terminaron de quedar claros. “Es que ya la vejez se siente”, dice entre risas. *** Entre 2004 y 2006, el Seguro no me dio mi medicamento. Fue como un año y medio en total. Me decían que no me lo podían comprar porque era el más caro y no estaba en la lista de medicamentos aprobados. Sentía tanta aflicción. Me tenía que tomar como 29 pastillas y solo me daban de un tipo. Así que le puse una demanda al Seguro. Pregunté entre conocidos y compañeros que trabajan sobre VIH, pero nadie me podía ayudar a conseguirlo. De repente, me habló un señor y me dijo que me quería ayudar con mi medicamento. Me citó en el punto de buses que está cerca del cementerio general, y un motorista me entregó mi paquete con la medicina bien sellada. Si no hubiera sido por ese ángel, en ese año y medio que el seguro no me resolvió me hubiera muerto. Sobre todo porque en noviembre de 2005 me empezó una enfermedad intestinal que me duró tres meses. La diarrea no se me quitaba. Cuando iba al hospital, me lo calmaban unos días, pero me volvía. Llegué a un extremo que yo caminaba y no podía retener nada. Me ingresaron hasta que pudieron detener una bacteria que no me dejaba en paz. Me curé hasta en febrero de 2006. Nosotros debemos entender también que no solo por tener VIH nos tienen que atender antes que todo el mundo o mejor que a todo el mundo. Tenemos los mismos derechos. Si uno quiere ser el primero, debe llegar más temprano. Si uno quiere que le den el siguiente medicamento, tiene que tomarse el primero al pie de la letra. Algunas personas con VIH creen que los demás están obligados a chinchinearlos, y no es cierto. Hay que poner los pies en la tierra. Pero no se puede negar que sigue habiendo discriminación. El estigma sigue ahí, pese a todos los esfuerzos que se han hecho por desaparecerlo. A uno le hace demasiado daño la discriminación, incluso más que las enfermedades oportunistas (se llama así a las enfermedades que aprovechan las bajas defensas de los pacientes con VIH para introducirse y deteriorarles la salud). Que lo vean con asco y que se alejen de uno mata más rápido. *** En 2007 Guadalupe volvió a recaer. Le dio neumonía y tuvo que volver a ingresar a un hospital. Cuando recién salía de su crisis, se hizo oficial el Día Nacional para la Prueba de VIH. De 43,000 pruebas efectuadas, resultaron otros 378 casos de VIH positivo solo en ese día de junio. El Salvador invirtió ese año más de $43.7 millones en prevención, atención y estrategias de sensibilización sobre VIH. Para 2008, esta mujer que ahora bebe unas pastillas gordas color ladrillo y otras celestes con forma de cápsula había vuelto a recuperar su peso. Ese año, cuando ya habían sido detectadas 21,908 personas con VIH, empezó a estudiar a distancia. Y para 2009, por medio del proceso acelerado de educación, había logrado obtener el título de bachiller general. Sus hijas ya habían formado sus respectivos hogares, pero se habían mudado a dos pasajes de distancia de Guadalupe. Así que en 2010, año en el que se hicieron más de 421,000 pruebas –casi 200 veces más que las que se realizaron en 2005–, decidió buscar medios para estudiar en la universidad. Se informó y buscó una beca de un fondo otorgado para que personas con VIH estudien. La pusieron en una lista de espera. Terminó el plazo para garantizar el componente del Objetivo de Desarrollo del Milenio que se refería al acceso universal de medicamentos antirretrovirales. En 2010, solo ocho de cada 10 mujeres embarazadas con VIH tuvieron acceso al tratamiento. En todo 2011, Guadalupe no recibió ninguna respuesta que favoreciera sus objetivos académicos. Lo que sí supo fue del compromiso que El Salvador asumió en junio de 2011 con ONUSIDA, para hacer más fuertes los esfuerzos para eliminar el VIH. Así, aceptó ponerle fin a las nuevas infecciones por VIH, a las muertes relacionadas con el VIH avanzado –antes conocido como sida– y a eliminar el estigma y la discriminación. Y el plazo que estipularon fue hasta 2015. Sin embargo, en 2012, año en el que Guadalupe conoció por primera vez las aulas universitarias, se encaminó hacia la meta a paso lento. Se adhirieron 1,554 casos nuevos de salvadoreños que viven con VIH. Y murieron 253 personas por alguna enfermedad oportunista relacionada con el virus. Para noviembre de 2012 Guadalupe ya había retirado inglés. Se perdió dos parciales porque le chocaron con charlas sobre derechos humanos que no pudo posponer. Ese mes, la Comisión Nacional contra el SIDA (CONSAIDA) presentó a la Asamblea Legislativa una propuesta de modificaciones a la ley de VIH. “La primera ley estaba más centralizada en aspectos de salud pública. Ahora también está contemplado el enfoque de derechos, como el manejo de cadáveres, porque las funerarias querían cobrar de más (por preparar cadáveres de personas con VIH)”, aseguró sobre las modificaciones Isabel Nieto, la coordinadora del Programa Nacional de ITS/VIH-sida. Durante los primeros días de diciembre de 2013 –cuando Guadalupe tenía un dilema sobre cuántas materias llevar en este ciclo–, agregó que ahora se busca que los menores de edad no necesiten ir con sus padres para pedir la prueba de VIH. Entre enero y diciembre de 2013, fueron 1,230 los nuevos casos de VIH detectados, 324 menos que en 2012. Esa mañana en su oficina, Nieto aseguró que las cifras relacionadas con la respuesta que El Salvador está dando al VIH son alentadoras. “En los últimos tres años llevamos un descenso sostenido. Estamos en cuatro casos nuevos diarios. Hemos disminuido entre 200 y 300 casos nuevos por año. Eso es bueno, pero no tan satisfactorio como quisiéramos”, reconoció. “Se puede crear esa falsa percepción de que el VIH ya no es problema, de que ya no es peligro. Y eso nos puede hacer perder la guardia, pero tenemos que seguir trabajando con la prevención”, hizo énfasis. Y en la actualidad, la vía sexual es la forma más común de infección. Había 30,500 personas con VIH en el país, hasta diciembre de 2013. Y Nieto estaba preocupada por el presupuesto para la compra de medicamentos. “El presupuesto es muy limitado. Estamos negociando que no se reduzca para tratamientos retrovirales y que se incremente el presupuesto para reactivos”, dijo. También mencionó que, si el presupuesto se recortaba, había posibilidades de tener limitaciones para atender a las personas con VIH. Lo que Nieto temía era un desabastecimiento, si llegaban a reducir el presupuesto. “El tratamiento antirretroviral no es algo que se puede sustituir, ni algo que se puede posponer, porque genera resistencia y exige un cambio de esquema, y eso es mucho más caro”, afirmó Nieto. Hasta hoy, según la funcionaria, 80 de cada 100 salvadoreños reciben el tratamiento de primera línea, que es menos intenso y le cuesta al Estado unos $180 por paciente al año. En la segunda línea, una combinación más fuerte de medicamentos, hay 18 de 100, e implican cerca $2,000 por persona cada año. Y en la tercera línea, una que puede costar hasta $20,000 al año por paciente, solo están dos –o menos– de cada 100 salvadoreños que reciben antirretrovirales. Un desabastecimiento podría ocasionar que más personas necesiten los tratamientos más fuertes y más caros. Sin embargo, esas negociaciones no resultaron como esperaba Nieto. Dos semanas después, el Ministerio de Salud decidió reducir el 45 % del presupuesto que tenía asignado para la compra de medicamentos antirretrovirales. Eso implica que ahora hay cerca de $810,000 menos para la compra de la medicina que mantiene controlado el virus en las personas con VIH avanzado. La ministra de Salud, María Isabel Rodríguez, alegó que el abastecimiento de esos medicamentos está garantizado hasta 2015. También justificó el recorte como parte de la reducción global del presupuesto general de la nación. Hasta ahora, Salud asegura que tiene una cantidad de antirretrovirales que suma un monto de casi $2.5 millones. Aún así, varios de los 7,970 salvadoreños que reciben el tratamiento se manifestaron en contra de la reducción. “A nosotros nos dijeron que estuviéramos tranquilos. Que también habían pensado en los nuevos casos que pudieran surgir en este tiempo. Ojalá que hayan hecho buenos cálculos y que no vayamos a terminar afectados todos”, comenta Guadalupe esta noche, cuando ha pasado más de un mes desde esa tensión. Lo último que quiere Guadalupe es evitarse volver a ver la muerte en el rostro de otro amigo o ser querido. En los últimos 20 años ha tenido que despedir al menos a 10 personas cercanas a causa del VIH. Dice que quiere confiar en que los años que vienen traerán mejoras sobre la respuesta de este país ante el virus. *** El año pasado vi la muerte más cerca que nunca. Vomitaba sangre y también aventaba chorros por la nariz. Yo creí que era por fumar, aunque ya no soy un tren como antes. Ahora en tres días solo me fumo una cajetilla. No estoy nada orgullosa de ser fumadora, pero estoy haciendo el intento de dejarlo poco a poco. Claro que esos tres meses que pasé vomitando sangre no fumé. Un sábado, la hemorragia no se me controló con nada y me fui para el hospital. Ahí me detectaron que tenía un parasito de perro pegado en los bronquios. Es que yo tenía una perrita que dormía conmigo. Me dieron un tratamiento de 60 pastillas, además del medicamento antirretroviral. Hoy estoy recayendo más seguido, porque el medicamento ya no me quiere hacer efecto. Ahora tengo lipodistrofia, que es que hay partes del cuerpo donde no se puede ganar grasa. Tengo los triglicéridos alterados y el cuerpo se me está deformando. Se me está jalando el mentón, tengo más huesudos los hombros y voy perdiendo los cachetes. Ya necesito cambio de esquema (que son combinaciones de medicamentos para combatir el VIH). Ya el doctor me ha cambiado varias veces, y me toca revisión hasta en junio. Ahorita el doctor me dice que haga todo lo posible por aguantarme. Y como el virus está resistiendo a los medicamentos, se me está multiplicando. Esa fue una de las cosas que me llevaron a alejarme de mis hijas. Guadalupe se lleva las manos al rostro. Ya se le escapó la imagen jovial y dicharachera. Sus ojos expresivos se desbordan. Sus manos tiemblan y habla de lo que no se atrevería a comentar en ninguna de sus charlas de motivación). Yo he vivido para ellas y para mis nietas, pero ellas tienen que aprender a llevar su vida sin mí. Aquí me siento lejos, me siento sola. Pero yo ya les di a ellas todo lo que pude. Ahora es tiempo de que ellas aprendan lo que se siente estar lejos de mí. Porque yo ya voy a faltar, y no quiero que me vean morir. No quiero que la última imagen que recuerden de mí sea toda jodida. Lo que más le pido a Dios es que ellas no me vean así. Es un gran trauma. Yo, que he visto morir a mi hija y a otras tantas personas, sé que no es bonito. Duele. Yo le pedí a Dios que me permitiera ver que mis hijas se pudieran defender solas, y me dio mucho más. Con estos 50 años me conformo, aunque voy a llegar hasta cuando él diga. (Cierra sus ojos y pega dos inhalaciones profundas. Se enjuga las lágrimas con sus dedos y vuelve a sonreír). Una persona con VIH nunca deja de tener miedo. Si alguien le dice lo contrario, no le crea nada. No se supera, no se olvida. El VIH se vuelve un compañero de por vida. Me despierto y pienso en VIH, me voy a la cama y pienso en el virus. Es una situación 24/7, y uno empieza a sumar miedos. Si hablamos con honestidad, solo se aprende a vivir con él y a no dejar que le mate la autoestima. Entre compañeros con VIH hacemos bromas y tratamos de reír. Es una forma de defendernos. Cada persona con VIH tiene sus propios calvarios. Unos somos más afortunados que otros, pero al final todos vivimos un calvario. Y cuando nos discriminan y desprecian por tener el virus, ese calvario duele más. No me he puesto a pensar cómo quisiera terminar, aunque sí quisiera llegar a graduarme. Y qué bendición fuera que antes de morirme pudiera ver que aquí ya no nos tratan con desprecio. Hasta los que llegaron aqui muchas gracias Lidia Guadalupe Iraheta • hace 19 horas − Soy Guadalupe Iraheta. Como quisiera escribir en cada uno de los comentarios, pero me llevaría toda la noche, pero en pocas palabras y cortadas quiero agradecer a cada uno de ustedes por sus deseos, ánimos sobre todo las Bendiciones y Abrazos. Que diera por recibirlos personalmente, pero sierro mis ojos y respiro profundo para sentir el calor y la fuerza de cada uno de ellos. No quiero omitir el Agradecimiento a Ronal Portillo de la PG, quien se interesó por el tema del VIH, pues este sigue siendo un tabú, nadie lo quiere tocar el tema. Posdata: Algo que debo agregar a este testimonio es que hoy las cosas han avanzado tanto en mi familia que hoy me dan toda su admiración, respeto y lo más Importante su VALIOSO APOYO, lo cual lo agradezco de Corazón son mi gasolina DIARÍA Dios multiplique sus Bendiciones a mi persona y tengo seguro que Dios esta con migo, si no fuera así no estaría contando el cuento. .Para la persona que esta interesada de ser voluntaria llamar al 5032235 27 95 y pregunta por mi ok

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Muere la mujer de la canción “En el muelle de San Blas&qu
Muere la mujer de la canción “En el muelle de San Blas&qu
ArteporAnónimo9/20/2012

Muere la mujer que inspiró la canción “En el muelle de San Blas”, del grupo Maná Rebeca Méndez Jiménez, cuya historia de amor inspiraría la célebre canción del grupo Maná “En el muelle de San Blas”, murió a los 63 años de edad en la ciudad de Monterrey la madrugada del domingo, confirmó el portal nayaritenlinea.mx Los familiares en Monterrey, Nuevo León y Ahualulco, Jalisco, ya solicitaron al Ayuntamiento de San Blas las facilidades para cumplir con la última voluntad de Rebeca: esparcir sus cenizas al mar desde el Muelle de San Blas. De acuerdo a testimonios de cronistas locales, hace años Rebeca, quien al parecer padecía trastornos mentales, amistaba con un vendedor de artesanía de nombre Ladislao y ella se vestía de novia diciéndole a los pobladores que se iba a casar con él. Pero el hombre fue atropellado en Guadalajara y más tarde murió en Tepic, sin que a Rebeca le quedara claro tal suceso. Otra versión afirma que efectivamente Rebeca conoció en su juventud a un pescador de nombre Manuel, que un día se hizo a la mar y no regresó nunca. Para los sanblaseños, Manuel como otros fue víctima del embate de un huracán de aquel tiempo. Pero todos coinciden que la mujer al tiempo se fue a Puerto Vallarta a vender dulces vestida a manera de novia y tendría un encuentro fortuito con Fher del grupo Maná, donde el cantautor conoció su historia. Más tarde, Maná acudiría a San Blas a grabar el videoclip de la canción conocida internacionalmente, donde se reprodujo el relato de Rebeca. El alcalde Porfirio López Lugo informó que pueblo y gobierno municipal continúan con el proyecto iniciado hace meses de erigir una estatua que conmemore a “la loca del muelle de San Blas” que le diera fama mundial al puerto nayarita. En la develación de la estatua estarían los integrantes del grupo Maná, que ya fueron invitados por el gobernador Roberto Sandoval para que ofrezcan un concierto el día que se inaugure la autopista Tepic-San Blas a mediados del próximo año. Letra: Uuuuh... Ella despidió a su amor el partió en un barco en el muelle de san Blás. El juró que volvería y empapada en llanto ella juró que esperaría. Miles de lunas pasaron y ella siempre estaba en el muelle esperando. Muchas tardes se anidaron se anidaron en su pelo y en sus labios. Llevaba el mismo vestido y por si él volviera no se fuera a equivocar. Los cangrejos le mordían su ropaje su tristeza y su ilusión. Y el tiempo se escurrió y sus ojos se le llenaron de amaneceres. Y del mar se enamoró y su cuerpo se enraizó en el muelle. Sola... Sola en el olvido Sola... Sola con su espíritu Sola... Sola con su amor el mar Sola... en el muelle de san Blás. Su cabello se blanqueó pero ningún barco a su amor le devolvía. Y en el pueblo le decían le decían la loca del muelle de san Blás. Una tarde de abril la intentaron trasladar al manicomio. Nadie la pudo arrancar y del mar nunca jamás la separaron. Sola... Sola en el olvido Sola... Sola con su espíritu Sola... Sola con su amor el mar Sola... en el muelle de san Blás. Oooh... Sola... Sola en el olvido Sola... Sola con su espíritu Sola... Sola con el sol y el mar Sola... Ooh Sola... Sola en el olvido Sola... Sola con su espíritu Sola... Sola con su amor el mar Sola... en el muelle de san Blás. Ooooh... Eeeeh... Se quedó, se quedó sola, sola. Se quedó, se quedó con el sol y el mar. Se quedó ahí se quedó hasta el fin. Se quedó ahí. Se quedó En el muelle de san blás Ooooh.... Sola, Sola se quedó sola sola.

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El origen del Meme "Yao Ming"
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Los países que pasan más tiempo en las redes sociales
InfoporAnónimo6/20/2011

Las redes sociales son cada día usadas por millones de personas en todo el mundo, ¿pero qué tal si echamos un vistazo y vemos quienes son los que más lo usan? La respuesta a dicha pregunta la podemos resolver gracias a un estudio realizado por comScore Media Metrix, en el que podemos ver los países que más horas al mes pasan en las redes sociales. Según dicho estudio, correspondiente al mes de abril, los habitantes de Israel son los que pasan un mayor tiempo dentro de las redes sociales. Concretamente una media de 10,7 horas al mes, seguido por Rusia en el segundo puesto con 10,3 horas al mes y en el tercer puesto tenemos a Argentina con una media de 8,4 horas por mes, seguido de Filipinas y Turquía. Argentina no es el único país que latino que está en este ranking, porque por detrás de Turquía están Venezuela y Colombia, ambos con una dedicación de 7 horas por mes, seguidos de Chile con 6,7. A continuación va Canadá con 6,4 y tras este esta España, con una dedicación media de 5,7 horas al mes al uso de las redes sociales. Reino Unido tiene una media de 5,3 horas al mes, la misma cifra que tiene México, que se sitúa justo por delante de Estados Unidos, Malasia y Alemania. Sobre este estudio se pueden sacar varios datos interesantes. El primero de ellos y que me parece el más interesante es que los países de Latinoamerica están muy presentes en este pequeño ranking, demostrando que este tipo de servicios está calando muy fuerte en los usuarios de estos países, los cuales están conociendo unas de las posibilidades que les ofrece Internet en la actualidad y los están usando de manera intensiva. Aunque esto no es una regla que se cumpla en todos los países de la zona, ya que sin ir más lejos en el listado no vemos a Brasil, el cual se encuentra en el puesto número 22 con una media de 4,4 horas al mes. Por otro lado, la razón por la cual otros países donde este tipo de herramientas son más comunes o llevan más tiempo entre los usuarios —como Estados Unidos, Reino Unido o Alemania— probablemente tienen un tiempo menor de uso ya que estos usuarios han aprendido con el tiempo a maximizar el tiempo dentro de las redes sociales haciéndolo más productivo. En cualquier caso, quizá alguno pueda pensar que las redes sociales son una moda pasajera que pronto acabará, pero yo no lo creo. Más bien se trata de una serie de nuevas herramientas que van llegando poco a poco a los distintos países suponiendo en cierta medida una transformación para posteriormente ir asentándolas y haciendo un uso más cotidiano, no tan intensivo pero si más efectivo.

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Ovulación humana fotografiada claramente por primera vez
Salud BienestarporAnónimo7/25/2013

Ovulación humana fotografiada claramente por primera vez en la historia. Las fotos que estás viendo aquí están haciendo historia - ¡literalmente! Capturadas por el Dr. Jacques Donnez por primera vez en clara fotografía, estas imágenes muestran la ovulación tal como ocurre en la hembra humana. Debido a que la ovulación ocurre con tan poca frecuencia (13 veces por año en la mujer estadounidense promedio), cuando ocurre cada vez, lo hace con bastante rapidez (máximo de 15 minutos de principio a fin), y porque nunca se sabe a ciencia cierta exactamente cuándo la ovulación se llevará a cabo, ha sido muy difícil un claro vídeo o fotografía de este evento. La liberación de un óvulo maduro del ovario en el cuerpo de una mujer es tan sensible a las hormonas y a diversos factores en juego, que para fotografiar a la perfección el evento espectacular es, hasta ahora, una evento único en la historia humana. Estas imágenes fueron tomadas cuando el Dr. Donnez, director del departamento de ginecología de la UCL en Bruselas, Bélgica, accidentalmente se encontró con que la ovulación de su cliente, una mujer de 45 años, estaba ocurriendo cuando se disponía a realizarle una histerectomía parcial. Nota al margen: Las histerectomías siguen siendo las más comúnes (algunos afirman, innecesaria) cirugías realizadas en las mujeres (adultas) en América del Norte. Mientras que la circuncisión es la cirugía más común e innecesaria que se realiza en los hombres (recién nacidos) en los Estados Unidos. Las fotos de Donnez serán publicadas en la revista profesional, Fertility and Sterility. Ellos nos proporcionan nueva información sobre la ovulación humana. Antes de esta serie de imágenes, todavía se creía que la ovulación se llevaba a cabo rápidamente - de una manera casi explosiva. las imágenes de Donnez capturaron el evento que ocurre en una serie de casi 15 minutos, de principio a fin. "La liberación del ovocito desde el ovario es un evento crucial de la reproducción humana", informa Donnez. "Estas fotos son claramente importantes para comprender mejor el mecanismo". El Dr. Alan McNeilly de la Unidad de Reproducción Humana del Consejo de Investigación Médica en Edimburgo, Reino Unido informó de que "(Esto) es realmente una visión fascinante de la ovulación, y verlo en la vida real ocurre rara vez. Realmente es un momento crucial en todo el proceso, los comienzos de la vida en un camino ". McNeilly destacó que antes de las imágenes de Donnez , sólo habían exitosamente (y claramente) fotografiado la ovulación ocurriendo en otras especies animales - no en los seres humanos. Las imágenes que previamente fueron utilizadas para estudiar la ovulación humana eran difusas en el mejor de los casos. En estas fotos se ve el folículo maduro - un saco lleno de líquido en la superficie del ovario que contiene el óvulo (huevo). Poco antes de que el óvulo se desprende, las enzimas descomponen el tejido del folículo que conduce a la liberación de los óvulos. Vemos entonces un globo de color rojo y un minúsculo agujero que aparece en la parte superior del folículo. El óvulo abandona el folículo ovárico, protegido por un saco de células de apoyo. Viaja en la trompa de Falopio donde se hace el viaje hacia el útero. Después de la liberación de un óvulo maduro, existen alrededor de 24 horas antes de que ya no sea viable. Es sólo durante este sólo día que una mujer puede quedar embarazada. Sin embargo, si espermatozoides vivos ya estaban presentes en el cuello uterino o en el útero antes de la ovulación, el embarazo podría llevarse a cabo sin la introducción de esperma consecutivo. Los espermatozoides típicamente permanecen viables durante aproximadamente 72 horas (3 días) dentro de los confines de un cuerpo de mujer.

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Una nueva mención del fin del mundo en 2012
ParanormalporAnónimo7/30/2012

Durante las excavaciones del yacimiento de La Corona en Guatemala, los arqueólogos encontraron un segundo descubrimiento en las inscripciones que datan del 695 al 696 antes de Cristo. Según estas, el fin del mundo sucederá el 21 de diciembre de 2012. La inscripción compuesta de cincuenta y seis caracteres fue descubierta en la piedra de una escalera. El jefe de las excavaciones explicó que los indígenas usaron el calendario para preservar la estabilidad en tiempos de crisis y no para pronosticar el fin del mundo. Según una encuesta, uno de cada diez habitantes de la Tierra cree en la profecía maya de que la historia de la Tierra finaliza en 2012, y anticipa un apocalipsis a finales de este año.

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