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Primer post: 22 may 2011Último post: 9 feb 2012
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Alfonsina Storni - Poemas
ArteporAnónimo2/9/2012

Alfonsina Storni Alfonsina Storni Martignoni (Sala Capriasca, Suiza, 22 o 29 de mayo de 1892 – Mar del Plata, Argentina, 25 de octubre de 1938) fue una poetisa y escritora argentina del modernismo. En este post se encuentran 20 poemas de Alfonsina Storni largos y cortos, que espero disfruten. -Poemas- ¡Adios! Las cosas que mueren jamás resucitan, las cosas que mueren no tornan jamás. ¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda es polvo por siempre y por siempre será! Cuando los capullos caen de la rama dos veces seguidas no florecerán... ¡Las flores tronchadas por el viento impío se agotan por siempre, por siempre jamás! ¡Los días que fueron, los días perdidos, los días inertes ya no volverán! ¡Qué tristes las horas que se desgranaron bajo el aletazo de la soledad! ¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas, las sombras creadas por nuestra maldad! ¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas, las cosas celestes que así se nos van! ¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!... ?de llagas infectas? ¡cúbrete de mal!... ¡Que todo el que llegue se muera al tocarte, corazón maldito que inquietas mi afán! ¡Adiós para siempre mis dulzuras todas! ¡Adiós mi alegría llena de bondad! ¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas, las cosas celestes que no vuelven más! ... Alma desnuda Soy un alma desnuda en estos versos, Alma desnuda que angustiada y sola Va dejando sus pétalos dispersos. Alma que puede ser una amapola, Que puede ser un lirio, una violeta, Un peñasco, una selva y una ola. Alma que como el viento vaga inquieta Y ruge cuando está sobre los mares, Y duerme dulcemente en una grieta. Alma que adora sobre sus altares, Dioses que no se bajan a cegarla; Alma que no conoce valladares. Alma que fuera fácil dominarla Con sólo un corazón que se partiera Para en su sangre cálida regarla. Alma que cuando está en la primavera Dice al invierno que demora: vuelve, Caiga tu nieve sobre la pradera. Alma que cuando nieva se disuelve En tristezas, clamando por las rosas con que la primavera nos envuelve. Alma que a ratos suelta mariposas A campo abierto, sin fijar distancia, Y les dice: libad sobre las cosas. Alma que ha de morir de una fragancia De un suspiro, de un verso en que se ruega, Sin perder, a poderlo, su elegancia. Alma que nada sabe y todo niega Y negando lo bueno el bien propicia Porque es negando como más se entrega. Alma que suele haber como delicia Palpar las almas, despreciar la huella, Y sentir en la mano una caricia. Alma que siempre disconforme de ella, Como los vientos vaga, corre y gira; Alma que sangra y sin cesar delira Por ser el buque en marcha de la estrella. Dolor Quisiera esta tarde divina de octubre pasear por la orilla lejana del mar; que la arena de oro, y las aguas verdes, y los cielos puros me vieran pasar. Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera, como una romana, para concordar con las grandes olas, y las rocas muertas y las anchas playas que ciñen el mar. Con el paso lento, y los ojos fríos y la boca muda, dejarme llevar; ver cómo se rompen las olas azules contra los granitos y no parpadear; ver cómo las aves rapaces se comen los peces pequeños y no despertar; pensar que pudieran las frágiles barcas hundirse en las aguas y no suspirar; ver que se adelanta, la garganta al aire, el hombre más bello, no desear amar... Perder la mirada, distraídamente, perderla y que nunca la vuelva a encontrar: y, figura erguida, entre cielo y playa, sentirme el olvido perenne del mar. Dos palabras Esta noche al oído me has dicho dos palabras Comunes. Dos palabras cansadas De ser dichas. Palabras Que de viejas son nuevas. Dos palabras tan dulces que la luna que andaba Filtrando entre las ramas Se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras Que una hormiga pasea por mi cuello y no intento Moverme para echarla. Tan dulces dos palabras Que digo sin quererlo ¡oh, qué bella, la vida!? Tan dulces y tan mansas Que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman. Tan dulces y tan bellas Que nerviosos, mis dedos, Se mueven hacia el cielo imitando tijeras. Oh, mis dedos quisieran Cortar estrellas. Esta tarde Ahora quiero amar algo lejano... Algún hombre divino Que sea como un ave por lo dulce, Que haya habido mujeres infinitas Y sepa de otras tierras, y florezca La palabra en sus labios, perfumada: Suerte de selva virgen bajo el viento... Y quiero amarlo ahora. Está la tarde Blanda y tranquila como espeso musgo, Tiembla mi boca y mis dedos finos, Se deshacen mis trenzas poco a poco. Siento un vago rumor... Toda la tierra Está cantando dulcemente... Lejos Los bosques se han cargado de corolas, Desbordan los arroyos de sus cauces Y las aguas se filtran en la tierra Así como mis ojos en los ojos Que estoy sonañdo embelesada... Pero Ya está bajando el sol de los montes, Las aves se acurrucan en sus nidos, La tarde ha de morir y él está lejos... Lejos como este sol que para nunca Se marcha y me abandona, con las manos Hundidas en las trenzas, con la boca Húmeda y temblorosa, con el alma Sutilizada, ardida en la esperanza De este amor infinito que me vuelve Dulce y hermosa... Frente al mar Oh mar, enorme mar, corazón fiero De ritmo desigual, corazón malo, Yo soy más blanda que ese pobre palo Que se pudre en tus ondas prisionero. Oh mar, dame tu cólera tremenda, Yo me pasé la vida perdonando, Porque entendía, mar, yo me fui dando: «Piedad, piedad para el que más ofenda». Vulgaridad, vulgaridad me acosa. Ah, me han comprado la ciudad y el hombre. Hazme tener tu cólera sin nombre: Ya me fatiga esta misión de rosa. ¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena, Me falta el aire y donde falta quedo, Quisiera no entender, pero no puedo: Es la vulgaridad que me envenena. Me empobrecí porque entender abruma, Me empobrecí porque entender sofoca, ¡Bendecida la fuerza de la roca! Yo tengo el corazón como la espuma. Mar, yo soñaba ser como tú eres, Allá en las tardes que la vida mía Bajo las horas cálidas se abría... Ah, yo soñaba ser como tú eres. Mírame aquí, pequeña, miserable, Todo dolor me vence, todo sueño; Mar, dame, dame el inefable empeño De tornarme soberbia, inalcanzable. Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza. ¡Aire de mar!... ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo! Desdichada de mí, soy un abrojo, Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza. Y el alma mía es como el mar, es eso, Ah, la ciudad la pudre y la equivoca; Pequeña vida que dolor provoca, ¡Que pueda libertarme de su peso! Vuele mi empeño, mi esperanza vuele... La vida mía debió ser horrible, Debió ser una arteria incontenible Y apenas es cicatriz que siempre duele. Golondrinas Las dulces mensajeras de la tristeza son... son avecillas negras, negras como la noche. ¡Negras como el dolor! ¡Las dulces golondrinas que en invierno se van y que dejan el nido abandonado y solo para cruzar el mar! Cada vez que las veo siento un frío sutil... ¡Oh! ¡Negras avecillas, inquietas avecillas amantes de abril! ¡Oh! ¡Pobres golondrinas que se van a buscar como los emigrantes, a las tierras extrañas, la migaja de pan! ¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid! ¡Venid primaverales, con las alas de luto llegaos hasta mí! Sostenedme en las alas... Sostenedme y cruzad de un volido tan sólo, eterno y más eterno la inmensidad del mar... ¿Sabéis cómo se viaja hasta el país del sol?... ¿Sabéis dónde se encuentra la eterna primavera, la fuente del amor?... ¡Llevadme, golondrinas! ¡Llevadme! ¡No temáis! Yo soy una bohemia, una pobre bohemia ¡Llevadme donde vais! ¿No sabéis, golondrinas errantes, no sabéis, que tengo el alma enferma porque no puedo irme volando yo también? ¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid! ¡Venid primaverales! ¡Con las alas de luto llegaos hasta mí! ¡Venid! ¡Llevadme pronto a correr el albur!... ¡Qué lástima, pequeñas, que no tengáis las alas tejidas en azul! Indolencia A pesar de mí misma te amo; eres tan vano como hermoso, y me dice, vigilante, el orgullo: «¿Para esto elegías? Gusto bajo es el tuyo; no te vendas a nada, ni a un perfil de romano» Y me dicta el deseo, tenebroso y pagano, de abrirte un ancho tajo por donde tu murmullo vital fuera colado... Sólo muerto mi arrullo más dulce te envolviera, buscando boca y mano. ¿Salomé rediviva? Son más pobres mis gestos. Ya para cosas trágicas malos tiempos son éstos. Yo soy la que incompleta vive siempre su vida. Pues no pierde su línea por una fiesta griega y al acaso indeciso, ondulante, se pliega con los ojos lejanos y el alma distraída. La caricia perdida Se me va de los dedos la caricia sin causa, se me va de los dedos... En el viento, al pasar, la caricia que vaga sin destino ni objeto, la caricia perdida ¿quién la recogerá? Pude amar esta noche con piedad infinita, pude amar al primero que acertara a llegar. Nadie llega. Están solos los floridos senderos. La caricia perdida, rodará... rodará... Si en los ojos te besan esta noche, viajero, si estremece las ramas un dulce suspirar, si te oprime los dedos una mano pequeña que te toma y te deja, que te logra y se va. Si no ves esa mano, ni esa boca que besa, si es el aire quien teje la ilusión de besar, oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos, en el viento fundida, ¿me reconocerás? La inquietud del rosal El rosal en su inquieto modo de florecer va quemando la savia que alimenta su ser. ¡Fijaos en las rosas que caen del rosal: Tantas son que la planta morirá de este mal! El rosal no es adulto y su vida impaciente se consume al dar flores precipitadamente. Letanías de la tierra muerta Llegará un día en que la raza humana Se habrá secado como planta vana, Y el viejo sol en el espacio sea Carbón inútil de apagada tea. Llegará un día en que el enfriado mundo Será un silencio lúgubre y profundo: Una gran sombra rodeará la esfera Donde no volverá la primavera; La tierra muerta, como un ojo ciego, Seguirá andando siempre sin sosiego, Pero en la sombra, a tientas, solitaria, Sin un canto, ni un ¡ay!, ni una plegaria. Sola, con sus criaturas preferidas En el seno cansadas y dormidas. (Madre que marcha aún con el veneno de los hijos ya muertos en el seno.) Ni una ciudad de pie... Ruinas y escombros Soportará sobre los muertos hombros. Desde allí arriba, negra la montaña La mirará con expresión huraña. Acaso el mar no será más que un duro Bloque de hielo, como todo oscuro. Y así, angustiado en su dureza, a solas Soñará con sus buques y sus olas, Y pasará los años en acecho De un solo barco que le surque el pecho. Y allá, donde la tierra se le aduna, Ensoñará la playa con la luna, Y ya nada tendrá más que el deseo, Pues la luna será otro mausoleo. En vano querrá el bloque mover bocas Para tragar los hombres, y las rocas Oír sobre ellas el horrendo grito Del náufrago clamando al infinito: Ya nada quedará; de polo a polo Lo habrá barrido todo un viento solo: Voluptuosas moradas de latinos Y míseros refugios de beduinos; Oscuras cuevas de los esquimales Y finas y lujosas catedrales; Y negros, y amarillos y cobrizos, Y blancos y malayos y mestizos Se mirarán entonces bajo tierra Pidiéndose perdón por tanta guerra. De las manos tomados, la redonda Tierra, circundarán en una ronda. Y gemirán en coro de lamentos: ¡Oh cuántos vanos, torpes sufrimientos! La tierra era un jardín lleno de rosas Y lleno de ciudades primorosas; Se recostaban sobre ríos unas, Otras sobre los bosques y lagunas. Entre ellas se tendían finos rieles, Que eran a modo de esperanzas fieles, Y florecía el campo, y todo era Risueño y fresco como una pradera; Y en vez de comprender, puñal en mano Estábamos, hermano contra hermano; Calumniábanse entre ellas las mujeres Y poblaban el mundo mercaderes; Íbamos todos contra el que era bueno A cargarlo de lodo y de veneno... Y ahora, blancos huesos, la redonda Tierra rodeamos en hermana ronda. Y de la humana, nuestra llamarada, ¡Sobre la tierra en pie no queda nada! * * * Pero quién sabe si una estatua muda De pie no quede aún sola y desnuda. Y así, surcando por las sombras, sea El último refugio de la idea. El último refugio de la forma Que quiso definir de Dios la norma Y que, aplastada por su sutileza, Sin entenderla, dio con la belleza. Y alguna dulce, cariñosa estrella, Preguntará tal vez: ¿Quién es aquélla? ¿Quién es esa mujer que así se atreve, Sola, en el mundo muerto que se mueve? Y la amará por celestial instinto Hasta que caiga al fin desde su plinto. Y acaso un día, por piedad sin nombre Hacia esta pobre tierra y hacia el hombre, La luz de un sol que viaje pasajero Vuelva a incendiarla en su fulgor primero, Y le insinúe: Oh fatigada esfera: ¡Sueña un momento con la primavera! Absórbeme un instante: soy el alma Universal que muda y no se calma... ¡Cómo se moverán bajo la tierra Aquellos muertos que su seno encierra! ¡Cómo pujando hacia la luz divina Querrán volar al que los ilumina! Mas será en vano que los muertos ojos Pretendan alcanzar los rayos rojos. ¡En vano! ¡En vano!... ¡Demasiado espesas Serán las capas, ay, sobre sus huesas!... Amontonados todos y vencidos, Ya no podrán dejar los viejos nidos, Y al llamado del astro pasajero, Ningún hombre podrá gritar: ¡Yo quiero!... Lo inacabable No tienes tú la culpa si en tus manos mi amor se deshojó como una rosa: Vendrá la primavera y habrá flores... El tronco seco dará nuevas hojas. Las lágrimas vertidas se harán perlas de un collar nuevo; romperá la sombra un sol precioso que dará a las venas la savia fresca, loca y bullidora. Tú seguirás tu ruta; yo la mía y ambos, libertos, como mariposas perderemos el polen de las alas y hallaremos más polen en la flora. Las palabras se secan como ríos y los besos se secan como rosas, pero por cada muerte siete vidas buscan los labios demandando aurora. Mas... ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera! ¡Y toda primavera que se esboza es un cadáver más que adquiere vida y es un capullo más que se deshoja! Paz Vamos hacia los árboles... el sueño Se hará en nosotros por virtud celeste. Vamos hacia los árboles; la noche Nos será blanda, la tristeza leve. Vamos hacia los árboles, el alma Adormecida de perfume agreste. Pero calla, no hables, sé piadoso; No despiertes los pájaros que duermen. Queja Señor, mi queja es ésta, Tú me comprenderás; De amor me estoy muriendo, Pero no puedo amar. Persigo lo perfecto En mí y en los demás, Persigo lo perfecto Para poder amar. Me consumo en mi fuego, ¡Señor, piedad, piedad! De amor me estoy muriendo, ¡Pero no puedo amar! Razones y paisajes de amor I AMOR Baja del cielo la endiablada punta Con que carne mortal hieres y engañas. Untada viene de divinas mañas y cielo y tierra su veneno junta. La sangre de hombre que en la herida apunta florece en selvas: sus crecidas cañas de sombras de oro, hienden las entrañas del cielo prieto, y su ascender pregunta. En su vano aguardar de la respuesta las cañas doblan la empinada testa. Flamea el cielo sus azules gasas. Vientos negros, detrás de los cristales de las estrellas, mueven grandes masas de mundos muertos, por sus arrabales. II OBRA DE AMOR Rosas y lirios ves en el espino; juegas a ser: te cabe en una mano, esmeralda pequeña, el océano; hablas sin lengua, enredas el destino. Plantas la testa en el azul divino y antípodas, tus pies, en el lejano revés del mundo; y te haces soberano, y desatas al sol de tu camino. Miras el horizonte y tu mirada hace nacer en noche la alborada; sueñas y crean hueso tus ficciones. Muda la mano que te alzaba en vuelo, y a tus pies cae, cristal roto, el cielo, y polvo y sombra levan sus talones. III PAISAJE DE AMOR MUERTO Ya te hundes, sol; mis aguas se coloran de llamaradas por morir; ya cae mi corazón desenhebrado, y trae, la noche, filos que en el viento lloran. Ya en opacas orillas se avizoran manadas negras; ya mi lengua atrae betún de muerte; y ya no se distrae de mí, la espina; y sombras me devoran. Pellejo muerto, el sol, se tumba al cabo Como un perro girando sobre el rabo, la tierra se echa a descansar, cansada. Mano huesosa apaga los luceros: Chirrían, pedregosos sus senderos, con la pupila negra y descarnada. Retrato de García Lorca Buscando raíces de alas la frente se le desplaza a derecha e izquierda. Y sobre el remolino de la cara se le fija, telón del más allá, comba y ancha. Una alimaña le grita en la nariz que intenta aplastársele enfurecida... Irrumpe un griego por sus ojos distantes. Un griego que sofocan de enredaderas las colinas andaluzas de sus pómulos y el valle trémulo de su boca. Salta su garganta hacia afuera pidiendo la navaja lunada de aguas filosas. Cortádsela. De norte a sud. De este a oeste. Dejad volar la cabeza, la cabeza sola, herida de ondas marinas negras... Y de caracolas de sátiro que le caen como campánulas en la cara de máscara antigua. Apagadle la voz de madera, cavernosa, arrebujada en las catacumbas nasales. Libradlo de ella, y de sus brazos dulces, y de su cuerpo terroso. Forzadle sólo, antes de lanzarlo al espacio, el arco de las cejas hasta hacerlos puentes del Atlántico, del Pacífico... Por donde los ojos, navíos extraviados, circulen sin puertos ni orillas... Tu dulzura Camino lentamente por la senda de acacias, me perfuman las manos sus pétalos de nieve, mis cabellos se inquietan bajo céfiro leve y el alma es como espuma de las aristocracias. Genio bueno: este día conmigo te congracias, apenas un suspiro me torna eterna y breve... ¿Voy a volar acaso ya que el alma se mueve? En mis pies cobran alas y danzan las tres Gracias. Es que anoche tus manos, en mis manos de fuego, dieron tantas dulzuras a mi sangre, que luego, llenóseme la boca de mieles perfumadas. Tan frescas que en la limpia madrugada de Estío mucho temo volverme corriendo al caserío prendidas en mis labios mariposas doradas. Tú, que nunca serás Sábado fue, y capricho el beso dado, capricho de varón, audaz y fino, mas fue dulce el capricho masculino a este mi corazón, lobezno alado. No es que crea, no creo, si inclinado sobre mis manos te sentí divino, y me embriagué. Comprendo que este vino no es para mí, mas juega y rueda el dado. Yo soy esa mujer que vive alerta, tú el tremendo varón que se despierta en un torrente que se ensancha en río, y más se encrespa mientras corre y poda. Ah, me resisto, más me tiene toda, tú, que nunca serás del todo mío. Un lápiz Por diez centavos lo compré en la esquina y vendiómelo un ángel desgarbado; cuando a sacarle punta lo ponía lo vi como un cañón pequeño y fuerte. Saltó la mina que estallaba ideas y otra vez despuntólo el ángel triste. Salí con él y un rostro de alto bronce lo arrió de mi memoria. Distraída lo eché en el bolso entre pañuelos, cartas, resecas flores, tubos colorantes, billetes, papeletas y turrones. Iba hacia no sé dónde y con violencia me alzó cualquier vehículo, y golpeando iba mi bolso con su bomba adentro. Viaje Hoy me mira la luna blanca y desmesurada. Es la misma de anoche, la misma de mañana. Pero es otra, que nunca fue tan grande y tan pálida. Tiemblo como las luces tiemblan sobre las aguas. Tiemblo como en los ojos suelen temblar las lágrimas. Tiemblo como en las carnes sabe temblar el alma. ¡Oh! la luna ha movido sus dos labios de plata. ¡Oh! la luna me ha dicho las tres viejas palabras: «Muerte, amor y misterio...» ¡Oh, mis carnes se acaban! Sobre las carnes muertas alma mía se enarca. Alma de gato nocturno que sobre la luna salta. Va por los cielos largos triste y acurrucada. Va por los cielos largos sobre la luna blanca. Te invito a .. Gracias por pasar, ojala les halla gustado mi post Saludos Taringa .

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Jaime Sabines - Poemas
ArteporAnónimo2/4/2012

Jaime Sabines (poema) Jaime Sabines Jaime Sabines es considerado uno de los grandes poetas mexicanos del siglo XX. En vida, tuvo un asombroso éxito entre los lectores, y tras su muerte, su obra ha quedado sembrada en la tradición poética de nuestro tiempo. -Poemas- Alrededor de 45 poemas, cortos y largos. Espero que les gusten. ¡Qué risueño contacto! ¡Qué risueño contacto el de tus ojos, ligeros como palomas asustadas a la orilla del agua! !Qué rápido contacto el de tus ojos con mi mirada! ¿Quién eres tú? !Qué importa! A pesar de ti misma, hay en tus ojos una breve palabra enigmática. No quiero saberla. Me gustas mirándome de lado, escondida, asustada. Así puedo pensar que huyes de algo, de mí o de ti, de nada, de esas tentaciones que dicen que persiguen a la mujer casada. ¿Qué putas puedo? ¿Qué putas puedo hacer con mi rodilla, con mi pierna tan larga y tan flaca, con mis brazos, con mi lengua, con mis flacos ojos? ¿Qué puedo hacer en este remolino de imbéciles de buena voluntad? ¿Qué puedo con inteligentes podridos y con dulces niñas que no quieren hombre sino poesía? ¿Qué puedo entre los poetas uniformados por la academia o por el comunismo? ¿Qué, entre vendedores o políticos o pastores de almas? ¿Qué putas puedo hacer, Tarumba, si no soy santo, ni héroe, ni bandido, ni adorador del arte, ni boticario, ni rebelde? ¿Qué puedo hacer si puedo hacerlo todo y no tengo ganas sino de mirar y mirar? Adán y Eva I ?Estábamos en el paraíso. En el paraíso no ocurre nunca nada. No nos conocíamos. Eva, levántate. ?Tengo amor, sueño, hambre. ¿Amaneció?. ?Es de día, pero aún hay estrellas. El sol viene de lejos hacia nosotros y empiezan a galopar los árboles. Escucha. ?Yo quiero morder tu quijada. Ven. Estoy desnuda, macerada, y huelo a ti. Adán fue hacia ella y la tomó. Y parecía que los dos se habían metido en un río muy ancho, y que jugaban con el agua hasta el cuello, y reían, mientras pequeños peces equivocados les mordían las piernas. II -¿Has visto cómo crecen las plantas? Al lugar en que cae la semilla acude el agua: es el agua la que germina, sube al sol. Por el tronco, por las ramas, el agua asciende al aire, como cuando te quedas viendo el cielo de¡ medio- día y tus ¿Ojos empiezan a evaporarse. Las plantas crecen de un día a otro. Es la tierra la que crece; se hace blanda, verde, flexible. El terrón enmohecido, la costra de los vicios árboles, se desprende, regresa. ¿Lo has visto? Las plantas caminan en el tiempo, no de un lugar a otro: de una hora a otra hora. Esto puedes sentirlo cuando te extiendes sobre la tierra, boca arriba, y tu pelo penetra como un manojo de raíces, y toda tú eres un tronco caído. -Yo quiero sembrar una semilla en el río, a ver si crece un árbol flotante para treparme a jugar. En su follaje se enredarían los peces, y sería un árbol de agua que iría a todas partes sin caerse nunca. III La noche que fue ayer fue de la magia. En la noche hay tambores, y los animales duermen con el olfato abierto como'un ojo. No hay nadie en el, aire. Las hojas y las plumas se reúnen en las ramas, en el suelo, y alguien las mueve a veces, y callan. Trapos negros, voces negras, espesos y negros silencios, flotan, se arrastran, y la tierra se pone su rostro negro y hace gestos a las estrellas. Cuando pasa el miedo junto a ellos, los corazones golpean fuerte, fuerte, y los ojos advierten que las cosas se mueven eternamente en su mismo lugar. Nadie puede dar un paso en la noche. El que entra con los ojos abiertos en la espesura de la noche, se pierde, es asaltado por la sombra, y nunca se sabrá nada de él, como de aquellos que el mar ha recogido. -Eva, le dijo Adán, despacio, no nos separemos. IV ?Ayer estuve observando a los animales y me puse a pensar en ti. Las hembras son más tersas, más suaves y más dañinas. Antes de entregarse maltratan al macho, o huyen, se defienden. ¿Por qué? Te he visto a ti también, como las palomas, enardeciéndote cuando yo estoy tranquilo. ¿Es que tu sangre y la mía se encienden a diferentes horas? Ahora que estás dormida debías responderme. Tu respiración es tranquilany tienes el rostro desatado y los labios abiertos. Podrías decirlo todo sin aflicción, sin risas. ¿Es que somos distintos? ¿No te hicieron, pues, de mi costado, no me dueles? Cuando estoy en ti, cuando me hago pequeño y me abrazas y me envuelves y te cierras como la flor con el insecto, sé algo, sabemos algo. La hembra es siempre más grande, de algún modo. Nosotros nos salvamos de la muerte. ¿Por qué? Todas las noches nos salvamos. Quedamos juntos, en nuestros brazos, y yo empiezo a crecer como el día. Algo he de andar buscando en ti, algo mío que tú eres y que no has de darme nunca. ¿Por qué nos separaron? Me haces falta para andar, para ver, como un tercer ojo, como otro pie que sólo yo sé que tuve. Amor mío, mi amor... Amor mío, mi amor, amor hallado de pronto en la ostra de la muerte. Quiero comer contigo, estar, amar contigo, quiero tocarte, verte. Me lo digo, lo dicen en mi cuerpo los hilos de mi sangre acostumbrada, lo dice este dolor y mis zapatos y mi boca y mi almohada. Te quiero, amor, amor absurdamente, tontamente, perdido, iluminado, soñando rosas e inventando estrellas y diciéndote adiós yendo a tu lado. Te quiero desde el poste de la esquina, desde la alfombra de ese cuarto a solas, en las sábanas tibias de tu cuerpo donde se duerme un agua de amapolas. Cabellera del aire desvelado, río de noche, platanar oscuro, colmena ciega, amor desenterrado, voy a seguir tus pasos hacia arriba, de tus pies a tu muslo y tu costado. Boca de llanto Boca de llanto, me llaman tus pupilas negras, me reclaman. Tus labios sin ti me besan. ¡Cómo has podido tener la misma mirada negra con esos ojos que ahora llevas! Sonreíste. ¡Qué silencio, qué falta de fiesta! ¡Cómo me puse a buscarte en tu sonrisa, cabeza de tierra, labios de tristeza! No lloras, no llorarías aunque quisieras; tienes el rostro apagado de las ciegas. Puedes reír. Yo te dejo reír, aunque no puedas. Casida de la tentadora Todos te desean pero ninguno te ama. Nadie puede quererte, serpiente, porque no tienes amor, porque estás seca como la paja seca y no das fruto. Tienes el alma como la piel de los viejos. Resígnate. No puedes hacer más sino encender las manos de los hombres y seducirlos con las promesas de tu cuerpo. Alégrate. En esa profesión del deseo nadie como tú para simular inocencia y para hechizar con tus ojos inmensos. Codiciada, prohibida... Codiciada, prohibida, cercana estás, a un paso, hechicera. Te ofreces con los ojos al que pasa, al que te mira, madura, derramante, al que pide tu cuerpo como una tumba. Joven maligna, virgen, encendida, cerrada, te estoy viendo y amando, tu sangre alborotada, tu cabeza girando y ascendiendo, tu cuerpo horizontal sobre las uvas y el humo. Eres perfecta, deseada. Te amo a ti y a tu madre cuando estáis juntas. Ella es hermosa todavía y tiene lo que tú no sabes. No sé a quién prefiero cuando te arregla el vestido y te suelta para que busques el amor. Cuando estuve en el mar era marino... Cuando estuve en el mar era marino este dolor sin prisas. Dame ahora tu boca: me la quiero comer con tu sonrisa. Cuando estuve en el cielo era celeste este dolor urgente. Dame ahora tu alma: quiero clavarle el diente. No me des nada, amor, no me des nada: yo te tomo en el viento, te tomo del arroyo de la sombra, del giro de la luz y del silencio, de la piel de las cosas y de la sangre con que subo al tiempo. Tú eres un surtidor aunque no quieras y yo soy el sediento. No me hables, si quieres, no me toques, no me conozcas más, yo ya no existo. Yo soy sólo la vida que te acosa y tú eres la muerte que resisto. Después de todo Después de todo -pero después de todo- sólo se trata de acostarse juntos, se trata de la carne, de los cuerpos desnudos, lámpara de la muerte en el mundo. Gloria degollada, sobreviviente del tiempo sordomudo, mezquina paga de los que mueren juntos. A la miseria del placer, eternidad, condenaste la búsqueda, al injusto fracaso encadenaste sed, clavaste el corazón a un muro. Se trata de mi cuerpo al que bendigo, contra el que lucho, el que ha de darme todo en un silencio robusto y el que se muere y mata a menudo. Soledad, márcame con tu pie desnudo, aprieta mi corazón como las uvas y lléname la boca con su licor maduro. Dice Rubén Dice Rubén que quiere la eternidad, que pelea por esa memoria de los hombres para un siglo, o dos, o veinte. Y yo pienso que esa eternidad no es más que una prolongación, menguada y pobre, de nuestra existencia. Hay que estar frente a un muro. Y hay que saber que entre nuestros puños que golpean y el lugar del golpe, allí está la eternidad. Creer en la supervivencia del alma, o en la memoria de los hombres, es lo mismo que creer en Dios, es lo mismo que cargar su tabla mucho antes del naufragio. Doña Luz XVII Lloverás en el tiempo de lluvia, harás calor en el verano, harás frío en el atardecer. Volverás a morir otras mil veces. Florecerás cuando todo florezca. No eres nada, nadie, madre. De nosotros quedará la misma huella, la semilla del viento en el agua, el esqueleto de las hojas en la tierra. Sobre las rocas, el tatuaje de las sombras, en el corazón de los árboles la palabra amor. No somos nada, nadie, madre. Es inútil vivir pero es más inútil morir. El peatón Se dice, se rumora, afirman en los salones, en las fiestas, alguien o algunos enterados, que Jaime Sabines es un gran poeta. O cuando menos un buen poeta. O un poeta decente, valioso. O simplemente, pero realmente, un poeta. Le llega la noticia a Jaime y éste se alegra: ¡qué maravilla! ¡Soy un poeta! ¡Soy un poeta importante! ¡Soy un gran poeta! Convencido, sale a la calle, o llega a la casa, convencido. Pero en la calle nadie, y en la casa menos: nadie se da cuenta de que es un poeta. ¿Por qué los poetas no tienen una estrella en la frente, o un resplandor visible, o un rayo que les salga de las orejas? ¡Dios mío!, dice Jaime. Tengo que ser papá o marido, o trabajar en la fábrica como otro cualquiera, o andar, como cualquiera, de peatón. ¡Eso es!, dice Jaime. No soy un poeta: soy un peatón. Y esta vez se queda echado en la cama con una alegría dulce y tranquila. Entonces se enviaban suspiros en las rosas Entonces se enviaban suspiros en las rosas, besos-palomas de balcón a balcón. Pero la sucia noche revolvía alfileres, sábanas, rezos, cruces, luto de amor. Caras agrias, en sombra, el deseo encendió. (Cuántos hijos tirados en paredes, pañuelos, muslos, manos, por Dios!) muro de agua, la angustia, se levantó. Humo rojo en mis venas. Transfigurado cielo. De polvo a polvo soy. Entresuelo Un ropero, un espejo, una silla, ninguna estrella, mi cuarto, una ventana, la noche como siempre, y yo sin hambre, con un chicle y un sueño, una esperanza. Hay muchos hombres fuera, en todas partes, y más allá la niebla, la mañana. Hay árboles helados, tierra seca, peces fijos idénticos al agua, nidos durmiendo bajo tibias palomas. Aquí, no hay mujer. Me falta. Mi corazón desde hace días quiere hincarse bajo alguna caricia, una palabra. Es áspera la noche. Contra muros, la sombra lenta como los muertos, se arrastra. Esa mujer y yo estuvimos pegados con agua. Su piel sobre mis huesos y mis ojos dentro de su mirada. Nos hemos muerto muchas veces al pie del alba. Recuerdo que recuerdo su nombre, sus labios, su transparente falda. Tiene los pechos dulces, y de un lugar a otro de su cuerpo hay una gran distancia: de pezón a pezón cien labios y una hora, de pupila a pupila un corazón, dos lágrimas. Yo la quiero hasta el fondo de todos los abismos, hasta el último vuelo de la última ala, cuando la carne toda no sea carne, ni el alma sea alma. Es preciso querer. Yo ya lo sé. La quiero. ¡Es tan dura, tan tibia, tan clara! Esta noche me falta. Sube un violín desde la calle hasta mi cama. Ayer miré dos niños que ante un escaparate de maniquíes desnudos se peinaban. El silbato del tren me preocupó tres años, hoy sé que es una máquina. Ningún adiós mejor que el de todos los días a cada cosa, en cada instante, alta la sangre iluminada. Desamparada sangre, noche blanda, tabaco del insomnio, triste cama. Yo me voy a otra parte. Y me llevo mi mano, que tanto escribe y habla. Es la sombra del agua Es la sombra del agua y el eco de un suspiro, rastro de una mirada, memoria de una ausencia, desnudo de mujer detrás de un vidrio. Está encerrada, muerta -dedo del corazón, ella es tu anillo-, distante del misterio, fácil como un niño. Gotas de luz llenaron ojos vacíos, y un cuerpo de hojas y alas se fue al rocío. Tómala con los ojos, llénala ahora, amor mío. Es tuya como de nadie, tuya como el suicidio. Piedras que hundí en el aire, maderas que ahogué en el río, ved mi corazón flotando sobre su cuerpo sencillo. He aquí que tú estás sola... He aquí que tú estás sola y que estoy solo. Haces tus cosas diariamente y piensas y yo pienso y recuerdo y estoy solo. A la misma hora nos recordamos algo y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya somos, y una locura celular nos recorre y una sangre rebelde y sin cansancio. Se me va a hacer llagas este cuerpo solo, se me caerá la carne trozo a trozo. Esto es lejía y muerte. El corrosivo estar, el malestar muriendo es nuestra muerte. Ya no sé dónde estás. Yo ya he olvidado quién eres, dónde estás, cómo te llamas. Yo soy sólo una parte, sólo un brazo, una mitad apenas, sólo un brazo. Te recuerdo en mi boca y en mis manos. Con mi lengua y mis ojos y mis manos te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne, a siembra , a flor, hueles a amor, a ti, hueles a sal, sabes a sal, amor y a mí. En mis labios te sé, te reconozco, y giras y eres y miras incansable y toda tú me suenas dentro del corazón como mi sangre. Te digo que estoy solo y que me faltas. Nos faltamos, amor, y nos morimos y nada haremos ya sino morirnos. Esto lo sé, amor, esto sabemos. Hoy y mañana, así, y cuando estemos en nuestros brazos simples y cansados, me faltarás, amor, nos faltaremos. Horal Lento, amargo animal que soy, que he sido, amargo desde el nudo de polvo y agua y viento que en la primera generación del hombre pedía a Dios. Amargo como esos minerales amargos que en las noches de exacta soledad ?maldita y arruinada soledad sin uno mismo? trepan a la garganta y, costras de silencio, asfixian, matan, resucitan. Amargo como esa voz amarga prenatal, presubstancial, que dijo nuestra palabra, que anduvo nuestro camino, que murió nuestra muerte, y que en todo momento descubrimos. Amargo desde dentro desde lo que no soy ?mi piel como mi lengua? desde el primer viviente, anuncio y profecía. Lento desde hace siglos, remoto ?nada hay detrás?, lejano, lejos, desconocido. Lento, amargo animal que soy, que he sido. La cojita está embarazada La cojita está embarazada. Se mueve trabajosamente, pero qué dulce mirada mira de frente. Se le agrandaron los ojos como si su niño también le creciera en ellos pequeño y limpio. A veces se queda viendo quién sabe qué cosas que sus ojos blancos se le vuelven rosas. Anda entre toda la gente trabajosamente. No puede disimular, pero, a punto de llorar, la cojita, de repente, se mira el vientre y ríe. Y ríe la gente. La cojita está embarazada ahorita está en su balcón y yo creo que se alegra cantándose una canción: «cojita del pie derecho y también del corazón». La luna La luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas. Es buena como hipnótico y sedante y también alivia a los que se han intoxicado de filosofía. Un pedazo de luna en el bolsillo es mejor amuleto que la pata de conejo: sirve para encontrar a quien se ama, para ser rico sin que lo sepa nadie y para alejar a los médicos y las clínicas. Se puede dar de postre a los niños cuando no se han dormido, y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos ayudan a bien morir. Pon una hoja tierna de la luna debajo de tu almohada y mirarás lo que quieras ver. Lleva siempre un frasquito del aire de la luna para cuando te ahogues, y dale la llave de la luna a los presos y a los desencantados. Para los condenados a muerte y para los condenados a vida no hay mejor estimulante que la luna en dosis precisas y controladas. Los amorosos Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Los amorosos buscan, los amorosos son los que abandonan, son los que cambian, los que olvidan. Su corazón les dice que nunca han de encontrar, no encuentran, buscan. Los amorosos andan como locos porque están solos, solos, solos, entregándose, dándose a cada rato, llorando porque no salvan al amor. Les preocupa el amor. Los amorosos viven al día, no pueden hacer más, no saben. Siempre se están yendo, siempre, hacia alguna parte. Esperan, no esperan nada, pero esperan. Saben que nunca han de encontrar. El amor es la prórroga perpetua, siempre el paso siguiente, el otro, el otro. Los amorosos son los insaciables, los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos. Los amorosos son la hidra del cuento. Tienen serpientes en lugar de brazos. Las venas del cuello se les hinchan también como serpientes para asfixiarlos. Los amorosos no pueden dormir porque si se duermen se los comen los gusanos. En la oscuridad abren los ojos y les cae en ellos el espanto. Encuentran alacranes bajo la sábana y su cama flota como sobre un lago. Los amorosos son locos, sólo locos, sin Dios y sin diablo. Los amorosos salen de sus cuevas temblorosos, hambrientos, a cazar fantasmas. Se ríen de las gentes que lo saben todo, de las que aman a perpetuidad, verídicamente, de las que creen en el amor como una lámpara de inagotable aceite. Los amorosos juegan a coger el agua, a tatuar el humo, a no irse. Juegan el largo, el triste juego del amor. Nadie ha de resignarse. Dicen que nadie ha de resignarse. Los amorosos se avergüenzan de toda conformación. Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, la muerte les fermenta detrás de los ojos, y ellos caminan, lloran hasta la madrugada en que trenes y gallos se despiden dolorosamente. Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas, a arroyos de agua tierna y a cocinas. Los amorosos se ponen a cantar entre labios una canción no aprendida, y se van llorando, llorando, la hermosa vida. Me doy cuenta de que me faltas Me doy cuenta de que me faltas y de que te busco entre las gentes, en el ruido, pero todo es inútil. Cuando me quedo solo me quedo más solo solo por todas partes y por ti y por mí. No hago sino esperar. Esperar todo el día hasta que no llegas. Hasta que me duermo y no estás y no has llegado y me quedo dormido y terriblemente cansado preguntando. Amor, todos los días. Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta. Puedes empezar a leer esto y cuando llegues aquí empezar de nuevo. Cierra estas palabras como un círculo, como un aro, échalo a rodar, enciéndelo. Estas cosas giran en torno a mí igual que moscas, en mi garganta como moscas en un frasco. Yo estoy arruinado. Estoy arruinado de mis huesos, todo es pesadumbre. Me dueles Mansamente, insoportablemente, me dueles. Toma mi cabeza. Córtame el cuello. Nada queda de mí después de este amor. Entre los escombros de mi alma, búscame, escúchame. En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama, pide tu asombro, tu iluminado silencio. Atravesando muros, atmósferas, edades, tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto) viene desde la muerte, desde antes del primer día que despertara al mundo. ¡Qué claridad de rostro, qué ternura de luz ensimismada, qué dibujo de miel sobre hojas de agua! Amo tus ojos, amo, amo tus ojos. Soy como el hijo de tus ojos, como una gota de tus ojos soy. Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme, del suelo, de la sombra que pisas, del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños. Levántame. Porque he caído de tus manos y quiero vivir, vivir, vivir. Me encanta Dios Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos. Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida ?no tú ni yo? la vida, sea para siempre. Ahora los científicos salen con su teoría del Big Bang... Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes. A mí me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso que el otro día descubrí que ha hecho ?frente al ataque de los antibióticos? ¡bacterias mutantes! Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo y de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble. Mueve una mano y hace el mar, y mueve la otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento. Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, y manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia ?y se agita y crece? cuando Dios se aleja. Dios siempre está de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy. A mí me gusta, a mí me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios. Me gustó que lloraras ¡Qué blandos ojos sobre tu falda! No sé. Pero tenías de todas partes, largas mujeres, negras aguas. Quise decirte: hermana. Para incestar contigo rosas y lágrimas. Duele bastante, es cierto, todo lo que se alcanza. Es cierto, duele no tener nada. ¡Qué linda estás, tristeza: cuando así callas! ¡Sácale con un beso todas las lágrimas! ¡Que el tiempo, ah, te hiciera estatua! Me tienes en tus manos Me tienes en tus manos y me lees lo mismo que un libro. Sabes lo que yo ignoro y me dices las cosas que no me digo. Me aprendo en ti más que en mi mismo. Eres como un milagro de todas horas, como un dolor sin sitio. Si no fueras mujer fueras mi amigo. A veces quiero hablarte de mujeres que a un lado tuyo persigo. Eres como el perdón y yo soy como tu hijo. ¿Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo? ¡Qué distante te haces y qué ausente cuando a la soledad te sacrifico! Dulce como tu nombre, como un higo, me esperas en tu amor hasta que arribo. Tú eres como mi casa, eres como mi muerte, amor mío. Mi corazón emprende... Mi corazón emprende de mi cuerpo a tu cuerpo último viaje. Retoño de la luz, agua de las edades que en ti, perdida, nace. Ven a mi sed. Ahora. Después de todo. Antes. Ven a mi larga sed entretenida en bocas, escasos manantiales. quiero esa arpa honda que en tu vientre arrulla niños salvajes. Quiero esa tensa humedad que te palpita, esa humedad de agua que te arde. Mujer, músculo suave. La piel de un beso entre tus senos de oscurecido oleaje me navega en la boca y mide sangre. Tú también. Y no es tarde. Aún podemos morirnos uno en otro: es tuyo y mío ese lugar de nadie. Mujer, ternura de odio, antigua madre, quiero entrar, penetrarte, veneno, llama, ausencia, mar amargo y amargo, atravesarte. Cada célula es hembra, tierra abierta, agua abierta, cosa que se abre. Yo nací para entrarte. Soy la flecha en el lomo de la gacela agonizante. Por conocerte estoy, grano de angustia en corazón de ave. Yo estaré sobre ti, y todas las mujeres tendrán un hombre encima en todas partes. Miss X Miss X, sí, la menuda Miss Equis, llegó, por fin, a mi esperanza: alrededor de sus ojos, breve, infinita, sin saber nada. Es ágil y limpia como el viento tierno de la madrugada, alegre y suave y honda como la yerba bajo el agua. Se pone triste a veces con esa tristeza mural que en su cara hace ídolos rápidos y dibuja preocupados fantasmas. Yo creo que es como una niña preguntándole cosas a una anciana, como un burrito atolondrado entrando a una ciudad, lleno de paja. Tiene también una mujer madura que le asusta de pronto la mirada y se le mueve dentro y le deshace a mordidas de llanto las entrañas. Miss X, sí, la que me ríe y no quiere decir cómo se llama, me ha dicho ahora, de pie sobre su sombra, que me ama pero que no me ama. Yo la dejo que mueva la cabeza diciendo no y no, que así me cansa, y mi beso en su mano le germina bajo la piel en paz semilla de alas. Ayer la luz estuvo todo el día mojada, y Miss X salió con una capa sobre sus hombros, leve, enamorada. Nunca ha sido tan niña, nunca amante en el tiempo tan amada. El pelo le cayó sobre la frente, sobre sus ojos, mi alma. La tomé de la mano, y anduvimos toda la tarde de agua. ¡Ah, Miss X, Miss X, escondida flor del alba! Usted no la amará, señor, no sabe. Yo la veré mañana. No es nada de tu cuerpo No es nada de tu cuerpo ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre, ni ese lugar secreto que los dos conocemos, fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro. No es tu boca -tu boca que es igual que tu sexo-, ni la reunión exacta de tus pechos, ni tu espalda dulcísima y suave, ni tu ombligo en que bebo. Ni son tus muslos duros como el día, ni tus rodillas de marfil al fuego, ni tus pies diminutos y sangrantes, ni tu olor, ni tu pelo. No es tu mirada -¿qué es una mirada?- triste luz descarriada, paz sin dueño, ni el álbum de tu oído, ni tus voces, ni las ojeras que te deja el sueño. Ni es tu lengua de víbora tampoco, flecha de avispas en el aire ciego, ni la humedad caliente de tu asfixia que sostiene tu beso. No es nada de tu cuerpo, ni una brizna, ni un pétalo, ni una gota, ni un grano, ni un momento. Es sólo este lugar donde estuviste, estos mis brazos tercos. No es que muera de amor... No es que muera de amor, muero de ti. Muero de ti, amor, de amor de ti, de urgencia mía de mi piel de ti, de mi alma, de ti y de mi boca y del insoportable que yo soy sin ti. Muero de ti y de mi, muero de ambos, de nosotros, de ese, desgarrado, partido, me muero, te muero, lo morimos. Morimos en mi cuarto en que estoy solo, en mi cama en que faltas, en la calle donde mi brazo va vacío, en el cine y los parques, los tranvías, los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza y mi mano tu mano y todo yo te sé como yo mismo. Morimos en el sitio que le he prestado al aire para que estés fuera de mí, y en el lugar en que el aire se acaba cuando te echo mi piel encima y nos conocemos en nosotros, separados del mundo, dichosa, penetrada, y cierto , interminable. Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos entre los dos, ahora, separados, del uno al otro, diariamente, cayéndonos en múltiples estatuas, en gestos que no vemos, en nuestras manos que nos necesitan. Nos morimos, amor, muero en tu vientre que no muerdo ni beso, en tus muslos dulcísimos y vivos, en tu carne sin fin, muero de máscaras, de triángulos oscuros e incesantes. Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo, de nuestra muerte ,amor, muero, morimos. En el pozo de amor a todas horas, inconsolable, a gritos, dentro de mi, quiero decir, te llamo, te llaman los que nacen, los que vienen de atrás, de ti, los que a ti llegan. Nos morimos, amor, y nada hacemos sino morirnos más, hora tras hora, y escribirnos y hablarnos y morirnos. No hay más, sólo mujer No hay más. Sólo mujer para alegrarnos, sólo ojos de mujer para reconfortarnos, sólo cuerpos desnudos, territorios en que no se cansa el hombre. Si no es posible dedicarse a Dios en la época del crecimiento, ¿qué darle al corazón afligido sino el círculo de muerte necesaria que es la mujer? Estamos en el sexo, belleza pura, corazón solo y limpio. Para hacer funcionar a las estrellas Para hacer funcionar a las estrellas es necesario apretar el botón azul. Las rosas están insoportables en el florero. ¿Por qué me levanto a las tres de la mañana mientras todos duermen? ¿Mi corazón sonámbulo se pone a andar sobre las azoteas detectando los crímenes, investigando el amor? Tengo todas las páginas para escribir, tengo el silencio, la soledad, el amoroso insomnio; pero sólo hay temblores subterráneos, hojas de angustia que aplasta una serpiente en sombra. No hay nada que decir: es el presagio, sólo el presagio de nuestro nacimiento. Pequeña del amor Pequeña del amor, tú no lo sabes, tú no puedes saberlo todavía, no me conmueve tu voz ni el ángel de tu boca fría, ni tus reacciones de sándalo en que perfumas y expiras, ni tu mirada de virgen crucificada y ardida. No me conmueve tu angustia tan bien dicha, ni tu sollozar callado y sin salida. No me conmueven tus gestos de melancolía, ni tu anhelar, ni tu espera, ni la herida de que me hablas afligida. Me conmueves toda tú representando tu vida con esa pasión tan torpe y tan limpia, como el que quiere matarse para contar: soy suicida. Hoja que apenas se mueve ya se siente desprendida: voy a seguirte queriendo todo el día. Se ha vuelto llanto este dolor ahora Se ha vuelto llanto este dolor ahora y es bueno que así sea. Bailemos, amemos, Melibea. Flor de este viento dulce que me tiene, rama de mi congoja: desátame, amor mío, hoja por hoja, mécete aquí en mis sueños, te arropo con mi sangre, ésta es tu cuna: déjame que te bese una por una, mujeres tú, mujer, coral de espuma. Rosario, sí, Dolores cuando Andrea, déjame que te llore y que te vea. Me he vuelto llanto nada más ahora y te arrullo, mujer, llora que llora. Sitio de amor Sitio de amor, lugar en que he vivido de lejos, tú, ignorada, amada que he callado, mirada que no he visto, mentira que me dije y no he creído: en esta hora en que los dos, sin ambos, a llanto y odio y muerte nos quisimos, estoy, no sé si estoy, ¡si yo estuviera!, queriéndote, llorándome, perdido. (Esta es la última vez que yo te quiero. En serio te lo digo.) Cosas que no conozco, que no he aprendido, contigo, ahora, aquí, las he aprendido. En ti creció mi corazón. En ti mi angustia se hizo. Amada, lugar en que descanso, silencio en que me aflijo. ( Cuando miro tus ojos pienso en un hijo. ) Hay horas, horas, horas, en que estás tan ausente que todo te lo digo. Tu corazón a flor de piel, tus manos, tu sonrisa perdida alrededor de un grito, ese tu corazón de nuevo, tan pobre, tan sencillo, y ese tu andar buscándome por donde yo no he ido: todo eso que tu haces y no haces a veces es como para estarse peleando contigo. Niña de los espantos, mi corazón caído, ya ves, amada, niña, que cosas digo. Sólo en sueños Sólo en sueños, sólo en el otro mundo del sueño te consigo, a ciertas horas, cuando cierro puertas detrás de mí. ¡Con qué desprecio he visto a los que sueñan, y ahora estoy preso en su sortilegio, atrapado en su red! ¡Con qué morboso deleite te introduzco en la casa abandonada, y te amo mil veces de la misma manera distinta! Esos sitios que tú y yo conocemos nos esperan todas las noches como una vieja cama y hay cosas en lo oscuro que nos sonríen. Me gusta decirte lo de siempre y mis manos adoran tu pelo y te estrecho, poco a poco, hasta mi sangre. Pequeña y dulce, te abrazas a mi abrazo, y con mi mano en tu boca, te busco y te busco. A veces lo recuerdo. A veces sólo el cuerpo cansado me lo dice. Al duro amanecer estás desvaneciéndote y entre mis brazos sólo queda tu sombra. Soy mi cuerpo Soy mi cuerpo. Y mi cuerpo está triste, está cansado. Me dispongo a dormir una semana, un mes; no me hablen. Que cuando abra los ojos hayan crecido los niños y todas las cosas sonrían. Quiero dejar de pisar con los pies desnudos el frío. Échenme encima todo lo que tenga calor, las sábanas, las mantas, algunos papeles y recuerdos, y cierren todas las puertas para que no se vaya mi soledad. Quiero dormir un mes, un año, dormirme. Y si hablo dormido no me hagan caso, si digo algún nombre, si me quejo. Quiero que hagan de cuenta que estoy enterrado, y que ustedes no pueden hacer nada hasta el día de la resurrección. Ahora quiero dormir un año, nada más dormir. Te desnudas igual... Te desnudas igual que si estuvieras sola y de pronto descubres que estás conmigo. ¡Cómo te quiero entonces entre las sábanas y el frío! Te pones a flirtearme como a un desconocido y yo te hago la corte ceremonioso y tibio. Pienso que soy tu esposo y que me engañas conmigo. ¡Y como nos queremos entonces en la risa de hallarnos solos en el amor prohibido! (Después, cuando pasó, te tengo miedo y siento un escalofrío.) Te quiero a las diez de la mañana Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí. Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño. Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío? Te quiero porque tienes... Te quiero porque tienes las partes de la mujer en el lugar preciso y estás completa. No te falta ni un pétalo, ni un olor, ni una sombra. Colocada en tu alma, dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo, leche de luna en las oscuras hojas. Quizás me ves, tal vez, acaso un día, en una lámpara apagada, en un rincón del cuarto donde duermes, soy la mancha, un punto en la pared, alguna raya que tus ojos, sin ti, se quedan viendo. Quizás me reconoces como una hora antigua cuando a solas preguntas, te interrogas con el cuerpo cerrado y sin respuesta. Soy una cicatriz que ya no existe, un beso ya lavado por el tiempo, un amor y otro amor que ya enterraste. Pero estás en mis manos y me tienes y en tus manos estoy, brasa, ceniza, para secar tus lágrimas que lloro. ¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras me dirás que te amo? Esto es urgente porque la eternidad se nos acaba. Recoge mi cabeza. Guarda el brazo con que amé tu cintura. No me dejes en medio de tu sangre en esa toalla. Tía Chofi Amanecí triste el día de tu muerte, tía Chofi, pero esa tarde me fui al cine e hice el amor. Yo no sabía que a cien leguas de aquí estabas muerta con tus setenta años de virgen definitiva, tendida sobre un catre, estúpidamente muerta. Hiciste bien en morirte, tía Chofi, porque no hacías nada, porque nadie te hacía caso, porque desde que murió abuelita, a quien te consagraste, ya no tenías qué hacer y a leguas se miraba que querías morirte y te aguantabas. ¡Hiciste bien! Yo no quiero elogiarte como acostumbran los arrepentidos, porque te quise a tu hora, en el lugar preciso, y harto sé lo que fuiste, tan corriente, tan simple, pero me he puesto a llorar como una niña porque te moriste. ¡Te siento tan desamparada, tan sola, sin nadie que te ayude a pasar la esquina, sin quien te dé un pan! Me aflige pensar que estás bajo la tierra tan fría de Berriozábal, sola, sola, terriblemente sola, como para morirse llorando. Ya sé que es tonto eso, que estás muerta, que más vale callar, ¿pero qué quieres que haga si me conmueves más que el presentimiento de tu muerte? Ah, jorobada, tía Chofi, me gustaría que cantaras o que contaras el cuento de tus enamorados. Los campesinos que te enterraron sólo tenían tragos y cigarros, y yo no tengo más. Ha de haberse hecho el cielo ahora con tu muerte, y un Dios justo y benigno ha de haberte escogido. Nunca ha sido tan real eso en lo que tu creíste. Tan miserable fuiste que te pasaste dando tu vida a todos. Pedías para dar, desvalida. Y no tenías el gesto agrio de las solteronas porque tu virginidad fue como una preñez de muchos hijos. En el medio justo de dos o tres ideas que llenaron tu vida te repetías incansablemente y eras la misma cosa siempre. Fácil, como las flores del campo con que las vecinas regaron tu ataúd, nunca has estado tan bien como en ese abandono de la muerte. Sofía, virgen, antigua, consagrada, debieron enterrarte de blanco en tus nupcias definitivas. Tú que no conociste caricia de hombre y que desjaste que llegaran a tu rostro arrugas antes que besos, tú, casta, limpia, sellada, debiste llevar azahares tu último día. Exijo que los ángeles te tomen y te conduzcan a la morada de los limpios. Sofía virgen, vaso transparente, cáliz, que la muerte recoja tu cabeza blandamente y que cierre tus ojos con cuidados de madre mientras entona cantos interminables. Vas a ser olvidada de todos como los lirios del campo, como las estrellas solitarias; pero en las mañanas, en la respiración del buey, en el temblor de las plantas, en la mansedumbre de los arroyos, en la nostalgia de las ciudades, serás como la niebla intocable, hálito de Dios que despierta. Sofía virgen, desposada en un cementerio de provincia, con una cruz pequeña sobre tu tierra, estás bien allí, bajo los pájaros del monte, y bajo la yerba, que te hace una cortina para mirar al mundo. Tu cuerpo está a mi lado Tu cuerpo está a mi lado fácil, dulce, callado. Tu cabeza en mi pecho se arrepiente con los ojos cerrados y yo te miro y fumo y acaricio tu pelo enamorado. Esta mortal ternura con que callo te está abrazando a ti mientras yo tengo inmóviles mis brazos. Miro mi cuerpo, el muslo en que descansa tu cansancio, tu blando seno oculto y apretado y el bajo y suave respirar de tu vientre sin mis labios. Te digo a media voz cosas que invento a cada rato y me pongo de veras triste y solo y te beso como si fueras tu retrato. Tú, sin hablar, me miras y te aprietas a mí y haces tu llanto sin lágrimas, sin ojos, sin espanto. Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas se ponen a escuchar lo que no hablamos. Tu nombre Trato de escribir en la oscuridad tu nombre. Trato de escribir que te amo. Trato de decir a oscuras todo esto. No quiero que nadie se entere, que nadie me mire a las tres de la mañana paseando de un lado a otro de la estancia, loco, lleno de ti, enamorado. Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote. Digo tu nombre con todo el silencio de la noche, lo grita mi corazón amordazado. Repito tu nombre, vuelvo a decirlo, lo digo incansablemente, y estoy seguro que habrá de amanecer. Tú tienes lo que busco Tú tienes lo que busco, lo que deseo, lo que amo, tú lo tienes. El puño de mi corazón está golpeando, llamando. Te agradezco a los cuentos, doy gracias a tu madre y a tu padre, y a la muerte que no te ha visto. Te agradezco al aire. Eres esbelta como el trigo, frágil como la línea de tu cuerpo. Nunca he amado a una mujer delgada pero tú has enamorado mis manos, ataste mi deseo, cogiste mis ojos como dos peces. Por eso estoy a tu puerta, esperando. Vamos a guardar este día... Vamos a guardar este día entre las horas, para siempre, el cuarto a oscuras, Debussy y la lluvia, tú a mi lado, descansando de amar. Tu cabellera en que el humo de mi cigarrillo flotaba densamente, imantado, como una mano acariciando. Tu espalda como una llanura en el silencio y el declive inmóvil de tu costado en que trataban de levantarse, como de un sueño, mis besos. La atmósfera pesada de encierro, de amor, de fatiga, con tu corazón de virgen odiándome y odiándote. todo ese malestar del sexo ahíto, esa convalecencia en que nos buscaban los ojos a través de la sombra para reconciliarnos. Tu gesto de mujer de piedra, última máscara en que a pesar de ti te refugiabas, domesticabas tu soledad. Los dos, nuevos en el alma, preguntando por qué. Y más tarde tu mano apretando la mía, cayéndose tu cabeza blandamente en mi pecho, y mis dedos diciéndole no sé qué cosas a tu cuello. Vamos a guardar este día entre las horas para siempre. Yo no lo sé de cierto... Yo no lo sé de cierto, pero supongo que una mujer y un hombre un día se quieren, se van quedando solos poco a poco, algo en su corazón les dice que están solos, solos sobre la tierra se penetran, se van matando el uno al otro. Todo se hace en silencio. Como se hace la luz dentro del ojo. El amor une cuerpos. En silencio se van llenando el uno al otro. Cualquier día despiertan, sobre brazos; piensan entonces que lo saben todo. Se ven desnudos y lo saben todo. (Yo no lo sé de cierto. Lo supongo.) Te invito a .. Gracias por pasar, ojala les halla gustado mi post Saludos Taringa .

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Cuento - Los Rashkin (Cuento propio)
ArteporAnónimo1/24/2012

Los Rashkin"Los Rashkin" es un cuento un poco largo el cual invente, trata de un pueblo el cual es afectado con multiples desapariciones los primeros dias de cada Mes. Los desaparecidos eran jovenes mujeres de 16 a 18 años virgenes.Espero les guste, no soy muy bueno haciendo historias, asi que acepto criticas constructivas para mejorar en posibles futuros relatos Era se una vez a mediados del siglo XV en un lejano lugar había un pequeño pueblo el cual estaba apartado de toda la civilización, pero eso no es lo importante, si no, lo que sucederá en este pueblo, aquel pueblo de nomas de 200 habitantes vivían los Rashkin, no solo apartados de las ciudades más grandes si no que estaba en medio de un bosque el bosque era llamado “Kishtiban” que en lengua Rashk significaba “Bosque de los muertos”.En ese bosque se decía que cualquiera que entrara no saldría jamás, muchos guerreros han entrado a este bosque buscando el pueblo Rashkin para poder conquistarlos, no solo se dice que nunca llegaron a encontrarlos si no que ninguno de esos soldado volvió…en un pueblo el cual era el más cercano al pueblo Rashkin llamado Calibur era un pueblo de una población en promedio de unas mil personas esta sufría de casi 12 desapariciones al año, pero lo extraño es que siempre se trataba de muchachas de entre 16 y 18 años vírgenes, siempre desaparecía una cada primer día de cada mes, la gente de Calibur al principio no entendían que pasaba y se hacían juntas entre los familiares de la muchacha para buscarla en todo el pueblo pero nunca encontraban nada ni un rastro, ni un trozo de tela de sus ropas, es como si la tierra se las hubiera tragado.Una noche el 30 Junio, era una noche cálida y normal para los Bridgerton los cuales tenían una hija llamada Katy la cual acababa de cumplir los 17, el reloj de pared había dado exactamente las 12:00am dando origen al 1ro de Julio cuando un grito profundo despertó a Henry el padre de Katy, se despertó sudando con un escalofrió recorriendo su cuerpo, se levanto rápidamente y se dirigió a la habitación de Katy, entro sin ningún aviso de antemano, lo único que pudo ver esa noche por la ventana abierta de la habitación de su hija fue como un bulto negro corría con su hija fuera de su alcance, al principio quedo en shock no podía creer lo que sus ojos veían rápidamente tomo su rifle de cacería y salió tras él, lo persiguió lo mas que pudo hasta que vio que aquel bulto se había adentrado al “Kishtiban” en ese momento cualquiera hubiera pensado que se sentiría acabado, sin esperanza, tal vez solo un poco impotente pero eso no lo detuvo, pues a esa misma hora dando ya las 12:30am se adentro al centro de la ciudad gritando: <<Salgan todos rápido, salgan todos>> el pueblo asustado por sus gritos salieron alarmador y armados la mayoría de ellos, otros solo prendieron las luces de sus casas pero no salieron.Henry al estar rodeado de la gente del pueblo comenzó hablar <<Esta noche a las 12:00 mi hija katy a sido raptada>> la gente del pueblo comienzan a murmurar entre ellos, uno de ellos un hombre grande, posiblemente el más fuerte y rudo del pueblo pregunto: <<Has visto quien ha sido?>> Henry con la mirada fija, y apretando el rifle con sus manos respondió: <<Si…ha sido un Rashkin>> la gente se quedo callada, un joven que estaba afuera de unos 25 años grita: <<Si fue un Rashkin como dices me temo que ya no hay manera de que vuelva>> Henry volteo su mirada al suelo, esta vez su rostro era rabia, alzo su mirada fijándola al muchacho que hizo el comentario y le dijo:<<Te equivocas…si hay manera de que vuelva…si todos nosotros unimos nuestras fuerzas, y nos unimos como uno solo, estoy seguro que lograremos recuperarla, y porque no, tal vez incluso encontremos a las demás muchachas>> la gente comenzó a murmurar de nuevo entre sí, algunos le gritaban que estaba loco, los familiares de las muchachas anteriormente raptadas les pareció un insulto y se fueron enseguida de escuchar esto, muchos volvieron a sus casas.Solo Morgan el cual era el nombre de aquel hombre inmenso había permanecido de pie, <<Yo te ayudare>> le dijo Morgan a Henry, <<Enserio, lo harás?, si es así seria mejor si nos fuéramos de inmediato>> le respondió Henry, <<Wo-wo espera, te ayudare…pero a que encuentres el camino al pueblo Rashkin, hace tiempo conoci un hombre el cual no me dijo su nombre, pero sí que era un sobreviviente de una antigua expedición en busca de ese pueblo>>; <<Pero creí que nadie sobrevivía en el Kishtiban>> le dijo Henry, <<pues –le dijo Morgan- es con todo lo que te puedo ayudar si no quieres que te lleve con él, por mi no hay problema>>. Henry sin pestañar acepto, y siguió a Morgan por un antiguo sendero el cual era antes utilizado para el comercio pero hace años que se había abandonado pues se había hecho otro camino más corto, lo siguió por un buen rato hasta llegar a una casa deshecha, parecía abandonada, la cual era de dos pisos en las ventanas solo tenía tablas de madera cubriéndolas y la puerta estaba casi caída por completo.<<¿Seguro que aquí es?>> pregunto Henry con voz un poco dudosa, <<Confía en mi>> dijo Morgan, ambos se acercaron a la entrada de la casa <<Bueno, hasta aquí termina mi ayuda>> dice Morgan marchándose de allí <<¿Qué?, Oye! Espera, que se supone que haga aquí>> le grito Henry un poco enojado, no tuvo más remedio que entrar, trato de abrir con cuidado la puerta pero esta no resistió mucho y se desplomo frente a él, Henry entro a la casa nervioso guiándose con la poca luz que la luna le regalaba en aquella profunda oscuridad de la casa, se adentro cada vez más, hasta que vio un viejo reloj cubierto de polvo, lo limpio un poco, noto que aun servia marcando este las 2:00am esto hizo que Henry se acelerada pues ya había pasado mucho tiempo, asi que acelero su paso, buscando en cada habitación de la casa, gritando <<¿Hay alguien aquí!!?>> pero nadie le contestaba, ya acabado de revisar el primer piso decidió entonces subir al segundo, sin soltar por ningún momento su rifle el cual iba de primero que el.De nuevo gritaba: <<¿Hay alguien aquí!?>> y en una silla frente a una ventana alumbrándose por la luna estaba un hombre viejo. <<Disculpe, de casualidad ¿usted es el sobreviviente de una expedición en busca del pueblo Rashkin?>> el anciano sin quitar la vista en la luna le dijo <<¿Y que si lo soy…?>>, << Pues vera mi hija fue raptada esta noche por un Rashkin, y necesito su ayuda para que me diga donde esta ese pueblo y asi recuperarla>> el anciano al escuchar esto solo rio <<Jajajaja, deveras crees que puedes ir y volver de allí como si nada…en mi equipo de expedición eramos casi 100 hombres…todos murieron menos yo, ¿sabes porque? Porque los Rashkin estaban demasiado ocupados matando a mis compañeros como para darse cuenta que había logrado escapar, no soy un sobreviviente…simplemente soy alguien que debió morir, pero no lo hize>> al escuchar esto Henry se lleno de rabia y le dijo: <<Mire señor…estoy consciente de los riesgos de ese bosque, pero al igual que usted yo sin mi hija simplemente soy un muerto que sigue aquí deambulando en pena, realmente no me importa morir siempre y cuando sea tratando de salvar a mi hija>> el anciano giro su mirada hacia la de el, conmovido por lo dicho, le conto todo sobre aquella expedición incluso ciertos comportamientos que aun recuerda de los Rashkin le dijo que ellos jamás viajan solo aunque lo parezca, nunca lo estarán, pero lo principal, solo puedes matar a un Rashkin si le puñalas o disparas en el corazón, dicho esto Henry se preparo para marcharse.Pero antes de hacerlo el anciano le dijo una cosa mas <<Una cosa si, tienes que llegar antes de que amanezca por que al amanecer, ya habrá sido demasiado tarde>> esta vez se fue corriendo hasta llegar en el punto donde vio por ultima ves a Katy ya eran las 3:00am sin pensarlo un minuto mas se adentro al Kishtiban siguiendo cada instrucción de aquel anciano, le tomo talvez una hora hasta que alcanzo a ver luz, eran antorchas se alegro de que no lo hubieran detectado hasta el momento aquellas antorchas la llevaban en la mano varios Rashkin eran talvez hombres, pues eran grandes y peludos y en su rostros usaban una mascara hecha de huesos cada uno iba acompañado eso confirmo lo que le dijo el anciano, sobre que nunca estaban solos, decidió arriesgarse acercándose un poco mas, sus casas estaban construidas con palos y ramas del mismo bosque, y todas estaban construidas en circulo en medio estaba un gran árbol, talvez el mas grande de aquel bosque y allí dentro también habían Rashkin, vio salir uno con mascara pero esta tenia cuernos y estaba acompañado de 2 Rashkin mas, estos con un cuerno en sus mascaras, inmediatamente pensó que se trataba del Lider.El Lider se acerco a una hoguera y alzo los brazos y comenzó a decir palabras en lengua Rashk, en seguida vio a dos mas trayendo consigo a su hija katy estaba inconsciente y amarrada de rodillas hasta la boca, por un momento sintió que se lanzaba sin importarle que para poder tomarla, pero logro controlarse y en vez de eso trato de buscar una manera de lograr rescatarla sin que se dieran cuenta metieron a su hija en el Gran Arbol y salieron de nuevo, quemándose la cabeza tratando de pensar en como lograría alcanzarla atravesando a todos esos Rashkin, Henry se empezaba a desesperar, hasta que escucho un ruido al otro lado del pueblo, era como un silbido fuerte o como el sonido de un animal enorme herido esto hizo que todos los Rashkin se alertaran, el mayor que tenia los dos cuernos en su mascara grito algo que el no pudo comprender y todos comenzaron a correr hacia la dirección de aquel sonido.Henry desconcertado pues no sabia lo que estaba pasando, más nervioso que nunca incluso talvez apunto de darle un ataque se dirigió al Gran Árbol al ver que todos se habían ido entro y vio a su hija atada en el suelo, tomo un cuchillo de caceria que llevaba consigo y rompió sus ataduras, intento despertarla, tardo algo pero lo logro su hija desorientada abrazo a su padre llorando, este le dijo que no hiciera ningún ruido, salió primero el y vio que no había nadie, se sintió tan suertudo en ese momento que su felicidad era inimaginable, El y su hija corrieron en dirección donde Henry había llegado, todo parecía ir normal, hasta que escucho una especie de grito de guerra y de los arboles salió un Rashkin con un hacha en su mano sin pensarlo y sin olvidar lo que le dijo el anciano Henry le disparo en el corazón, pero tampoco olvido de que nunca estaban solos asi que permaneció inmóvil por un momento hasta que de un golpe proveniente de arriba de los arboles le tumbo el rifle, y de entre los arboles salió el otro Rashkin encima de Henry.El y el Rashkin forcejearon por varios segundos Katy asustada solo se quebró en llanto y gritando que lo soltara, el Rashkin logro herirle una pierna antes de que Henry clavada su cuchillo de caceria en el corazón del Rashkin, con la pierna lastimada trataron de seguir pero no muy lejos se escuchaban mas Rashkin acercándose en ese momento Henry tomo su rifle acerco a Katy hacia el y le dijo: <<Hija…quiero que siempre sepas que te quiero, y nunca dejare de hacerlo, pero tengo que pedirte que seas fuerte y aceptes este favor…vete…yo los entretendre>> Katy en llanto le dijo <<No!!, no te pienso dejar, viniste hasta aqui por mi, y yo no pienso irme sin ti>> Henry soltando unas lagrima le dijo <<Asi es…vine hasta aqui por ti, pero para ser sinceros nunca pensé que ambos saldríamos vivos de aquí, tu eres joven tienes toda una vida aun por delante, busca a alguien que te haga feliz y vive feliz, pero vete ya, que ya logro ver sus antorchas y no podre retenerlos por mucho>> Katy sin parar de llorar abrazo por ultima vez a su padre, el único que había tenido en toda su vida, su madre había muerto cuando ella nació, su padre era todo para ella, pero no tuvo de otra que cumplir con su voluntad y con todo el dolor de su corazón se marcho, a lo lejos alcanzo escuchar 3 disparos y después solo el silencio, cuando logro salir del bosque ya había amanecido, personas del pueblo que habían madrugado y que la vieron fueron hacia ella anonadados para ver que había pasado, Katy, le conto a todos lo que había pasado, una persona le dijo <<Y Morgan, ¿sabes que le paso?>>, Katy confundida le dijo que solo su padre había ido por ella, la gente del pueblo quedo desconcertada pues habían visto a Morgan y a Henry irse pero ninguno de los dos había vuelto. Pasaron los años, con el tiempo Katy supero lo que le había sucedido y tuvo apoyo pues se enamoro de alguien llamado Max que la hacia feliz tal y como dijo su padre y tuvo una hija la cual llamo Lucy. También por alguna razón las desapariciones habían parado…desde entonces.Espero les haya gustado. Te invito a .. Gracias por pasar , ojala les halla gustado mi post Salu2 Taringa .

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Octavio Paz - Poemas
ArteporAnónimo2/8/2012

Octavio Paz Octavio Paz Lozano (Ciudad de México, 31 de marzo de 1914 - Ciudad de México, 19 de abril de 1998) fue un poeta, escritor, ensayista y diplomático mexicano, Premio Nobel de Literatura 1990. Se le considera uno de los más grandes escritores del siglo XX y uno de los grandes poetas hispanos de todos los tiempos. En este post se muestran un total de 35 Poemas de Octavio Paz,largos y cortos espero los disfruten. -Poemas- Acabar con todo Dame, llama invisible, espada fría, tu persistente cólera, para acabar con todo, oh mundo seco, oh mundo desangrado, para acabar con todo. Arde, sombrío, arde sin llamas, apagado y ardiente, ceniza y piedra viva, desierto sin orillas. Arde en el vasto cielo, laja y nube, bajo la ciega luz que se desploma entre estériles peñas. Arde en la soledad que nos deshace, tierra de piedra ardiente, de raíces heladas y sedientas. Arde, furor oculto, ceniza que enloquece, arde invisible, arde como el mar impotente engendra nubes, olas como el rencor y espumas pétreas. Entre mis huesos delirantes, arde; arde dentro del aire hueco, horno invisible y puro; arde como arde el tiempo, como camina el tiempo entre la muerte, con sus mismas pisadas y su aliento; arde como la soledad que te devora, arde en ti mismo, ardor sin llama, soledad sin imagen, sed sin labios. Para acabar con todo, oh mundo seco, para acabar con todo. Dos cuerpos Dos cuerpos frente a frente son a veces dos olas y la noche es océano. Dos cuerpos frente a frente son a veces dos piedras y la noche desierto. Dos cuerpos frente a frente son a veces raíces en la noche enlazadas. Dos cuerpos frente a frente son a veces navajas y la noche relámpago. Dos cuerpos frente a frente son dos astros que caen en un cielo vacío. El cántaro roto La mirada interior se despliega y un mundo de vértigo y llama nace bajo la frente del que sueña: soles azules, verdes remolinos, picos de luz que abren astros como granadas, tornasol solitario, ojo de oro girando en el centro de una explanada calcinada, bosques de cristal de sonido, bosques de ecos y respuestas y ondas, diálogo de transparencias, ¡viento, galope de agua entre los muros interminables de una garganta de azabache, caballo, cometa, cohete que se clava justo en el corazón de la noche, plumas, surtidores, plumas, súbito florecer de las antorchas, velas, alas, invasión de lo blanco, pájaros de las islas cantando bajo la frente del que sueña! Abrí los ojos, los alcé hasta el cielo y vi cómo la noche se cubría de estrellas. ¡Islas vivas, brazaletes de islas llameantes, piedras ardiendo, respirando, racimos de piedras vivas, cuánta fuente, qué claridades, qué cabelleras sobre una espalda oscura, cuánto río allá arriba, y ese sonar remoto de agua junto al fuego, de luz contra la sombra! Harpas, jardines de harpas. Pero a mi lado no había nadie. Sólo el llano: cactus, huizaches, piedras enormes que estallan bajo el sol. No cantaba el grillo, había un vago olor a cal y semillas quemadas, las calles del poblado eran arroyos secos y el aire se habría roto en mil pedazos si alguien hubiese gritado: ¿quién vive? Cerros pelados, volcán frío, piedra y jadeo bajo tanto esplendor, sequía, sabor de polvo, rumor de pies descalzos sobre el polvo, ¡y el pirú en medio del llano como un surtidor petrificado! Dime, sequía, dime, tierra quemada, tierra de huesos remolidos, dime, luna agónica, ¿no hay agua, hay sólo sangre, sólo hay polvo, sólo pisadas de pies desnudos sobre la espina, sólo andrajos y comida de insectos y sopor bajo el mediodía impío como un cacique de oro? ¿No hay relinchos de caballos a la orilla del río, entre las grandes piedras redondas y relucientes, en el remanso, bajo la luz verde de las hojas y los gritos de los hombres y las mujeres bahándose al alba? El dios-maíz, el dios-flor, el dios-agua, el dios-sangre, la Virgen, ¿todos se han muerto, se han ido, cántaros rotos al borde de la fuente cegada? ¿Sólo está vivo el sapo, sólo reluce y brilla en la noche de México el sapo verduzco, sólo el cacique gordo de Cempoala es inmortal? Tendido al pie del divino árbol de jade regado con sangre, mientras dos esclavos jóvenes lo abanican, en los días de las grandes procesiones al frente del pueblo, apoyado en la cruz: arma y bastón, en traje de batalla, el esculpido rostro de silex aspirando como un incienso precioso el humo de los fusilamientos, los fines de semana en su casa blindada junto al mar, al lado de su querida cubierta de joyas de gas neón, ¿sólo el sapo es inmortal? He aquí a la rabia verde y fría y a su cola de navajas y vidrio cortado, he aqui al perro y a su aullido sarnoso, al maguey taciturno, al nopal y al candelabro erizados, he aquí a la flor que sangra y hace sangrar, la flor de inexorable y tajante geometría como un delicado instrumento de tortura, he aquí a la noche de dientes largos y mirada filosa, la noche que desuella con un pedernal invisible, oye a los dientes chocar uno contra otro, oye a los huesos machacando a los huesos, al tambor de piel humana golpeado por el fémur, al tambor del pecho golpeado por el talón rabioso, al tam-tam de los tímpanos golpeados por el sol delirante, he aqui al polvo que se levanta como un rey amarillo y todo lo descuaja y danza solitario y se derrumba como un árbol al que de pronto se le han secado las raíces, como una torre que cae de un solo tajo, he aquí al hombre que cae y se levanta y come polvo y se arrastra, al insecto humano que perfora la piedra y perfora los siglos y carcome la luz, he aquí a la piedra rota, al hombre roto, a la luz rota. ¿Abrir los ojos o cerrarlos, todo es igual? Castillos interiores que incendia el pensamiento porque otro más puro se levante, sólo fulgor y llama, semilla de la imagen que crece hasta ser árbol y hace estallar el cráneo, palabra que busca unos labios que la digan, sobre la antigua fuente humana cayeron grandes piedras, hay siglos de piedras, años de losas, minutos espesores sobre la fuente humana. Dime, sequía, piedra pulida por el tiempo sin dientes, por el hambre sin dientes, polvo molido por dientes que son siglos, por siglos que son hambres, dime, cántaro roto caído en el polvo, dime, ¿la luz nace frotando hueso contra hueso, hombre contra hombre, hambre contra hambre, hasta que surja al fin la chispa, el grito, la palabra, hasta que brote al fin el agua y crezca el árbol de anchas hojas de turquesa? Hay que dormir con los ojos abiertos, hay que soñar con las manos, soñemos sueños activos de río buscando su cauce, sueños de sol soñando sus mundos, hay que soñar en voz alta, hay que cantar hasta que el canto eche raíces, tronco, ramas, pájaros, astros, cantar hasta que el sueño engendre y brote del costado del dormido la espiga roja de la resurrección, el agua de la mujer, el manantial para beber y mirarse y reconocerse y recobrarse, el manantial para saberse hombre, el agua que habla a solas en la noche y nos llama con nuestro nombre, el manantial de las palabras para decir yo, tú, él, nosotros, bajo el gran árbol viviente estatua de la lluvia, para decir los pronombres hermosos y reconocernos y ser fieles a nuestros nombres hay que soñar hacia atrás, hacia la fuente, hay que remar siglos arriba, más allá de la infancia, más allá del comienzo, más allá de las aguas del bautismo, echar abajo las paredes entre el hombre y el hombre, juntar de nuevo lo que fue separado, vida y muerte no son mundos contrarios, somos un solo tallo con dos flores gemelas, hay que desenterrar la palabra perdida, soñar hacia dentro y también hacia afuera, descifrar el tatuaje de la noche y mirar cara a cara al mediodía y arrancarle su máscara, bañarse en luz solar y comer los frutos nocturnos, deletrear la escritura del astro y la del río, recordar lo que dicen la sangre y la marea, la tierra y el cuerpo, volver al punto de partida, ni adentro ni afuera, ni arriba ni abajo, al cruce de caminos, adonde empiezan los caminos, porque la luz canta con un rumor de agua, con un rumor de follaje canta el agua y el alba está cargada de frutos, el día y la noche reconciliados fluyen como un río manso, el día y la noche se acarician largamente como un hombre y una mujer enamorados, como un solo río interminable bajo arcos de siglos fluyen las estaciones y los hombres, hacia allá, al centro vivo del origen, más allá de fin y comienzo. El desconocido La noche nace en espejos de luto. Sombríos ramos húmedos ciñen su pecho y su cintura, su cuerpo azul, infinito y tangible. No la puebla el silencio: rumores silenciosos, peces fantasmas, se deslizan, fosforecen, huyen. La noche es verde, vasta y silenciosa. La noche es morada y azul. Es de fuego y es de agua. La noche es de mármol negro y de humo. En sus hombros nace un río que se curva, una silenciosa cascada de plumas negras. La noche es un beso infinito de las tinieblas infinitas. Todo se funde en ese beso, todo arde en esos labios sin límites, y el nombre y la memoria son un poco de ceniza y olvido en esa entraña que sueña. Noche, dulce fiera, boca de sueño, ojos de llama fija y ávida, océano, extensión infinita y limitada como un cuerpo acariciado a oscuras, indefensa y voraz como el amor, detenida al borde del alba como un venado a la orilla del susurro o del miedo, río de terciopelo y ceguera, respiración dormida de un corazón inmenso, que perdona: el desdichado, el hueco, el que lleva por máscara su rostro, cruza tus soledades, a solas con su alma. Tu silencio lo llama, rozan su piel tus alas negras, donde late el olvido sin fronteras, mas él cierra los poros de su alma al infinito que lo tienta, ensimismado en su árida pelea. Nadie lo sigue, nadie lo acompaña. En su boca elocuente la mentira se anida, su corazón está poblado de fantasmas y el vacío hace desiertos los latidos de su pecho. Dos perros amarillos, hastío y avidez, disputan en su alma. Su pensamiento recorre siempre las mismas salas deshabitadas, sin encontrar jamás la forma que agote su impaciencia, el muro del perdón o de la muerte. Pero su corazón aún abre las alas como un águila roja en el desierto. Suenan las flautas de la noche. El mundo duerme y canta. Canta dormido el mar; ojo que tiembla absorto, el cielo es un espejo donde el mundo se contempla, lecho de transparencia para su desnudez. Él marcha solo, infatigable, encarcelado en su infinito, como un solitario pensamiento, como un fantasma que buscara un cuerpo. El pájaro Un silencio de aire, luz y cielo. En el silencio transparente el día reposaba: la transparencia del espacio era la transparencia del silencio. La inmóvil luz del cielo sosegaba el crecimiento de las yerbas. Los bichos de la tierra, entre las piedras, bajo la luz idéntica, eran piedras. El tiempo en el minuto se saciaba. En la quietud absorta se consumaba el mediodía. Y un pájaro cantó, delgada flecha. Pecho de plata herido vibró el cielo, se movieron las hojas, las yerbas despertaron... Y sentí que la muerte era una flecha que no se sabe quién dispara y en un abrir los ojos nos morimos. Elegía interrumpida Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. Al primer muerto nunca lo olvidamos, aunque muera de rayo, tan aprisa que no alcance la cama ni los óleos. Oigo el bastón que duda en un peldaño, el cuerpo que se afianza en un suspiro, la puerta que se abre, el muerto que entra. De una puerta a morir hay poco espacio y apenas queda tiempo de sentarse, alzar la cara, ver la hora y enterarse: las ocho y cuarto. Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. La que murió noche tras noche y era una larga despedida, un tren que nunca parte, su agonía. Codicia de la boca al hilo de un suspiro suspendida, ojos que no se cierran y hacen señas y vagan de la lámpara a mis ojos, fija mirada que se abraza a otra, ajena, que se asfixia en el abrazo y al fin se escapa y ve desde la orilla cómo se hunde y pierde cuerpo el alma y no encuentra unos ojos a que asirse... ¿Y me invitó a morir esa mirada? Quizá morimos sólo porque nadie quiere morirse con nosotros, nadie quiere mirarnos a los ojos. Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. Al que se fue por unas horas y nadie sabe en qué silencio entró. De sobremesa, cada noche, la pausa sin color que da al vacío o la frase sin fin que cuelga a medias del hilo de la araña del silencio abren un corredor para el que vuelve: suenan sus pasos, sube, se detiene... Y alguien entre nosotros se levanta y cierra bien la puerta. Pero él, allá del otro lado, insiste. Acecha en cada hueco, en los repliegues, vaga entre los bostezos, las afueras. Aunque cerremos puertas, él insiste. Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. Rostros perdidos en mi frente, rostros sin ojos, ojos fijos, vaciados, ¿busco en ellos acaso mi secreto, el dios de sangre que mi sangre mueve, el dios de yelo, el dios que me devora? Su silencio es espejo de mi vida, en mi vida su muerte se prolonga: soy el error final de sus errores. Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. El pensamiento disipado, el acto disipado, los nombres esparcidos (lagunas, zonas nulas, hoyos que escarba terca la memoria), la dispersión de los encuentros, el yo, su guiño abstracto, compartido siempre por otro (el mismo) yo, las iras, el deseo y sus máscaras, la víbora enterrada, las lentas erosiones, la espera, el miedo, el acto y su reverso: en mí se obstinan, piden comer el pan, la fruta, el cuerpo, beber el agua que les fue negada. Pero no hay agua ya, todo está seco, no sabe el pan, la fruta amarga, amor domesticado, masticado, en jaulas de barrotes invisibles mono onanista y perra amaestrada, lo que devoras te devora, tu víctima también es tu verdugo. Montón de días muertos, arrugados periódicos, y noches descorchadas y amaneceres, corbata, nudo corredizo: "saluda al sol, araña, no seas rencorosa..." Es un desierto circular el mundo, el cielo está cerrado y el infierno vacío. Epitafio para un poeta Quiso cantar, cantar para olvidar su vida verdadera de mentiras y recordar su mentirosa vida de verdades. Escrito con tinta verde La tinta verde crea jardines, selvas, prados, follajes donde cantan las letras, palabras que son árboles, frases que son verdes constelaciones. Deja que mis palabras, oh blanca, desciendan y te cubran como una lluvia de hojas a un campo de nieve, como la yedra a la estatua, como la tinta a esta página. Brazos, cintura, cuello, senos, la frente pura como el mar, la nuca de bosque en otoño, los dientes que muerden una brizna de yerba. Tu cuerpo se constela de signos verdes como el cuerpo del árbol de renuevos. No te importe tanta pequeña cicatriz luminosa: mira al cielo y su verde tatuaje de estrellas. Felicidad en Herat Vine aquí como escribo estas líneas, sin idea fija: una mezquita azul y verde, seis minaretes truncos, dos o tres tumbas, memorias de un poeta santo, los nombres de Timur y su linaje. Encontré al viento de los cien días. Todas las noches las cubrió de arena, acosó mi frente, me quemó los párpados. La madrugada: dispersión de pájaros y ese rumor de agua entre piedras que son los pasos campesinos. (Pero el agua sabía a polvo.) Murmullos en el llano, apariciones desapariciones, ocres torbellinos insubstanciales como mis pensamientos. Vueltas y vueltas en un cuarto de hotel o en las colinas: la tierra un cementerio de camellos y en mis cavilaciones siempre los mismos rostros que se desmoronan. ¿El viento, el señor de las ruinas, es mi único maestro? Erosiones: el menos crece más y más. En la tumba del santo, hondo en el árbol seco, clavé un clavo, no, como los otros, contra el mal de ojo: contra mí mismo. (Algo dije: palabras que se lleva el viento.) Una tarde pactaron las alturas. Sin cambiar de lugar caminaron los chopos. Sol en los azulejos súbitas primaveras. En el Jardín de las Señoras subí a la cúpula turquesa. Minaretes tatuados de signos: la escritura cúfica, más allá de la letra, se volvió transparente. No tuve la visión sin imágenes, no vi girar las formas hasta desvanecerse en claridad inmóvil, el ser ya sin substancia del sufí. No bebí plenitud en el vacío ni vi las treinta y dos señales del Bodisatva cuerpo de diamante. Vi un cielo azul y todos los azules, del blanco al verde todo el abanico de los álamos y sobre el pino, más aire que pájaro, el mirlo blanquinegro. Vi al mundo reposar en sí mismo. Vi las apariencias. Y llame a esa media hora: Perfección de lo Finito. Frente al mar 1 ¿La ola no tiene forma? En un instante se esculpe y en otro se desmorona en la que emerge, redonda. Su movimiento es su forma. 2 Las olas se retiran ?ancas, espaldas, nucas? pero vuelven las olas ?pechos, bocas, espumas?. 3 Muere de sed el mar. Se retuerce, sin nadie, en su lecho de rocas. Muere de sed de aire. La calle Es una calle larga y silenciosa. Ando en tinieblas y tropiezo y caigo y me levanto y piso con pies ciegos las piedras mudas y las hojas secas y alguien detrás de mí también las pisa: si me detengo, se detiene; si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie. Todo está oscuro y sin salida, y doy vueltas y vueltas en esquinas que dan siempre a la calle donde nadie me espera ni me sigue, donde yo sigo a un hombre que tropieza y se levanta y dice al verme: nadie. La poesía ¿Por qué tocas mi pecho nuevamente? Llegas, silenciosa, secreta, armada, tal los guerreros a una ciudad dormida; quemas mi lengua con tus labios, pulpo, y despiertas los furores, los goces, y esta angustia sin fin que enciende lo que toca y engendra en cada cosa una avidez sombría. El mundo cede y se desploma como metal al fuego. Entre mis ruinas me levanto, solo, desnudo, despojado, sobre la roca inmensa del silencio, como un solitario combatiente contra invisibles huestes. Verdad abrasadora, ¿a qué me empujas? No quiero tu verdad, tu insensata pregunta. ¿A qué esta lucha estéril? No es el hombre criatura capaz de contenerte, avidez que sólo en la sed se sacia, llama que todos los labios consume, espíritu que no vive en ninguna forma mas hace arder todas las formas con un secreto fuego indestructible. Pero insistes, lágrima escarnecida, y alzas en mí tu imperio desolado. Subes desde lo más hondo de mí, desde el centro innombrable de mi ser, ejército, marea. Creces, tu sed me ahoga, expulsando, tiránica, aquello que no cede a tu espada frenética. Ya sólo tú me habitas, tú, sin nombre, furiosa sustancia, avidez subterránea, delirante. Golpean mi pecho tus fantasmas, despiertas a mi tacto, hielas mi frente y haces proféticos mis ojos. Percibo el mundo y te toco, sustancia intocable, unidad de mi alma y de mi cuerpo, y contemplo el combate que combato y mis bodas de tierra. Nublan mis ojos imágenes opuestas, y a las mismas imágenes otras, más profundas, las niegan, ardiente balbuceo, aguas que anega un agua más oculta y densa. En su húmeda tiniebla vida y muerte, quietud y movimiento, son lo mismo. Insiste, vencedora, porque tan sólo existo porque existes, y mi boca y mi lengua se formaron para decir tan sólo tu existencia y tus secretas sílabas, palabra impalpable y despótica, sustancia de mi alma. Eres tan sólo un sueño, pero en ti sueña el mundo y su mudez habla con tus palabras. Rozo al tocar tu pecho la eléctrica frontera de la vida, la tiniebla de sangre donde pacta la boca cruel y enamorada, ávida aún de destruir lo que ama y revivir lo que destruye, con el mundo, impasible y siempre idéntico a sí mismo, porque no se detiene en ninguna forma ni se demora sobre lo que engendra. Llévame, solitaria, llévame entre los sueños, llévame, madre mía, despiértame del todo, hazme soñar tu sueño, unta mis ojos con aceite, para que al conocerte me conozca. La rama Canta en la punta del pino un pájaro detenido, trémulo, sobre su trino. Se yergue, flecha, en la rama, se desvanece entre alas y en música se derrama. El pájaro es una astilla que canta y se quema viva en una nota amarilla. Alzo los ojos: no hay nada. Silencio sobre la rama, sobre la rama quebrada. La vida sencilla Llamar al pan y que aparezca sobre el mantel el pan de cada día; darle al sudor lo suyo y darle al sueño y al breve paraíso y al infierno y al cuerpo y al minuto lo que piden; reír como el mar ríe, el viento ríe, sin que la risa suene a vidrios rotos; beber y en la embriaguez asir la vida, bailar el baile sin perder el paso, tocar la mano de un desconocido en un día de piedra y agonía y que esa mano tenga la firmeza que no tuvo la mano del amigo; probar la soledad sin que el vinagre haga torcer mi boca, ni repita mis muecas el espejo, ni el silencio se erice con los dientes que rechinan: estas cuatro paredes ?papel, yeso, alfombra rala y foco amarillento? no son aún el prometido infierno; que no me duela más aquel deseo, helado por el miedo, llaga fría, quemadura de labios no besados: el agua clara nunca se detiene y hay frutas que se caen de maduras; saber partir el pan y repartirlo, el pan de una verdad común a todos, verdad de pan que a todos nos sustenta, por cuya levadura soy un hombre, un semejante entre mis semejantes; pelear por la vida de los vivos, dar la vida a los vivos, a la vida, y enterrar a los muertos y olvidarlos como la tierra los olvida: en frutos... Y que a la hora de mi muerte logre morir como los hombres y me alcance el perdón y la vida perdurable del polvo, de los frutos y del polvo. Las palabras Dales la vuelta, cógelas del rabo (chillen, putas), azótalas, dales azúcar en la boca a las rejegas, ínflalas, globos, pínchalas, sórbeles sangre y tuétanos, sécalas, cápalas, písalas, gallo galante, tuérceles el gaznate, cocinero, desplúmalas, destrípalas, toro, buey, arrástralas, hazlas, poeta, haz que se traguen todas sus palabras. Mar por la tarde Altos muros del agua, torres altas, aguas de pronto negras contra nada, impenetrables, verdes, grises aguas, aguas de pronto blancas, deslumbradas. Aguas como el principio de las aguas, como el principio mismo antes del agua, las aguas inundadas por el agua, aniquilando lo que finge el agua. El resonante tigre de las aguas, las uñas resonantes de cien tigres, las cien manos del agua, los cien tigres con una sola mano contra nada. Desnudo mar, sediento mar de mares, hondo de estrellas si de espumas alto, prófugo blanco de prisión marina que en estelares límites revienta, ¿qué memorias, qué rocas, yelos, islas, informe confusión de aguas y nada, qué mares, encendidos prisioneros, dentro de ti, bajo tu pecho, cantan? ¿Qué violencias recónditas, qué labios, conmueven a tu piel de verdes llamas?, ¿qué desoladas aguas, costas solas, qué mares invisibles, mar, alías?, ¿dónde principias, mar, dónde te viertes?, ¿dónde principias, tiempo, vida mía, ejército de humo y de mentira, adónde vas, latido, carne, sueño? ¿Dónde te viertes, avidez de nada? No soy la piedra que se precipita, soy su caída, y más, soy el abismo, el círculo de sombra en que se ahonda. Tiempo que se congela, mar y témpano, vampiro de la luna ?o se despeña: madre furiosa, inmensa res hendida, mar que te comes vivas las entrañas. Más allá del amor Todo nos amenaza: el tiempo, que en vivientes fragmentos divide al que fui del que seré, como el machete a la culebra; la conciencia, la transparencia traspasada, la mirada ciega de mirarse mirar; las palabras, guantes grises, polvo mental sobre la yerba, el agua, la piel; nuestros nombres, que entre tú y yo se levantan, murallas de vacío que ninguna trompeta derrumba. Ni el sueño y su pueblo de imágenes rotas, ni el delirio y su espuma profética, ni el amor con sus dientes y uñas nos bastan. Más allá de nosotros, en las fronteras del ser y el estar, una vida más vida nos reclama. Afuera la noche respira, se extiende, llena de grandes hojas calientes, de espejos que combaten: frutos, garras, ojos, follajes, espaldas que relucen, cuerpos que se abren paso entre otros cuerpos. Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma, de tanta vida que se ignora y se entrega: tú también perteneces a la noche. Extiéndete, blancura que respira, late, oh estrella repartida, copa, pan que inclinas la balanza del lado de la aurora, pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida. Misterio Relumbra el aire, relumbra, el mediodía relumbra, pero no veo al sol. Y de presencia en presencia todo se me transparenta, pero no veo al sol. Perdido en las transparencias voy de reflejo a fulgor, pero no veo al sol. Y él en la luz se desnuda y a cada esplendor pregunta, pero no ve al sol. Niña Nombras el árbol, niña. Y el árbol crece, lento y pleno, anegando los aires, verde deslumbramiento, hasta volvernos verde la mirada. Nombras el cielo, niña. Y el cielo azul, la nube blanca, la luz de la mañana, se meten en el pecho hasta volverlo cielo y transparencia. Nombras el agua, niña. Y el agua brota, no sé dónde, baña la tierra negra, reverdece la flor, brilla en las hojas y en húmedos vapores nos convierte. No dices nada, niña. Y nace del silencio la vida en una ola de música amarilla; su dorada marea nos alza a plenitudes, nos vuelve a ser nosotros, extraviados. ¡Niña que me levanta y resucita! ¡Ola sin fin, sin límites, eterna! Nocturno Sombra, trémula sombra de las voces. Arrastra el río negro mármoles ahogados. ¿Cómo decir del aire asesinado, de los vocablos huérfanos, cómo decir del sueño? Sombra, trémula sombra de las voces. Negra escala de lirios llameantes. ¿Cómo decir los nombres, las estrellas, los albos pájaros de los pianos nocturnos y el obelisco del silencio? Sombra, trémula sombra de las voces. Estatuas derribadas en la luna. ¿Cómo decir, camelia, la menos flor entre las flores, cómo decir tus blancas geometrías? ¿Cómo decir, oh Sueño, tu silencio en voces? Otoño En llamas, en otoños incendiados, arde a veces mi corazón, puro y solo. El viento lo despierta, toca su centro y lo suspende en luz que sonríe para nadie: ¡cuánta belleza suelta! Busco unas manos, una presencia, un cuerpo, lo que rompe los muros y hace nacer las formas embriagadas, un roce, un son, un giro, un ala apenas; busco dentro mí, huesos, violines intocados, vértebras delicadas y sombrías, labios que sueñan labios, manos que sueñan pájaros... Y algo que no se sabe y dice «nunca» cae del cielo, de ti, mi Dios y mi adversario. Palpar Mis manos abren las cortinas de tu ser te visten con otra desnudez descubren los cuerpos de tu cuerpo Mis manos inventan otro cuerpo a tu cuerpo. Piedra de Sol Un sauce de cristal, un chopo de agua, un alto surtidor que el viento arquea, un árbol bien plantado mas danzante, un caminar de río que se curva, avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre: un caminar tranquilo de estrella o primavera sin premura, agua que con los párpados cerrados mana toda la noche profecías, unánime presencia en oleaje, ola tras ola hasta cubrirlo todo, verde soberanía sin ocaso como el deslumbramiento de las alas cuando se abren en mitad del cielo, un caminar entre las espesuras de los días futuros y el aciago fulgor de la desdicha como un ave petrificando el bosque con su canto y las felicidades inminentes entre las ramas que se desvanecen, horas de luz que pican ya los pájaros, presagios que se escapan de la mano, una presencia como un canto súbito, como el viento cantando en el incendio, una mirada que sostiene en vilo al mundo con sus mares y sus montes, cuerpo de luz filtrado por un ágata, piernas de luz, vientre de luz, bahías, roca solar, cuerpo color de nube, color de día rápido que salta, la hora centellea y tiene cuerpo, el mundo ya es visible por tu cuerpo, es transparente por tu transparencia, voy entre galerías de sonidos, fluyo entre las presencias resonantes, voy por las transparencias como un ciego, un reflejo me borra, nazco en otro, oh bosque de pilares encantados, bajo los arcos de la luz penetro los corredores de un otoño diáfano, voy por tu cuerpo como por el mundo, tu vientre es una plaza soleada, tus pechos dos iglesias donde oficia la sangre sus misterios paralelos, mis miradas te cubren como yedra, eres una ciudad que el mar asedia, una muralla que la luz divide en dos mitades de color durazno, un paraje de sal, rocas y pájaros bajo la ley del mediodía absorto, vestida del color de mis deseos como mi pensamiento vas desnuda, voy por tus ojos como por el agua, los tigres beben sueño de esos ojos, el colibrí se quema en esas llamas, voy por tu frente como por la luna, como la nube por tu pensamiento, voy por tu vientre como por tus sueños, tu falda de maíz ondula y canta, tu falda de cristal, tu falda de agua, tus labios, tus cabellos, tus miradas, toda la noche llueves, todo el día abres mi pecho con tus dedos de agua, cierras mis ojos con tu boca de agua, sobre mis huesos llueves, en mi pecho hunde raíces de agua un árbol líquido, voy por tu talle como por un río, voy por tu cuerpo como por un bosque, como por un sendero en la montaña que en un abismo brusco se termina voy por tus pensamientos afilados y a la salida de tu blanca frente mi sombra despeñada se destroza, recojo mis fragmentos uno a uno y prosigo sin cuerpo, busco a tientas, corredores sin fin de la memoria, puertas abiertas a un salón vacío donde se pudren todos lo veranos, las joyas de la sed arden al fondo, rostro desvanecido al recordarlo, mano que se deshace si la toco, cabelleras de arañas en tumulto sobre sonrisas de hace muchos años, a la salida de mi frente busco, busco sin encontrar, busco un instante, un rostro de relámpago y tormenta corriendo entre los árboles nocturnos, rostro de lluvia en un jardín a obscuras, agua tenaz que fluye a mi costado, busco sin encontrar, escribo a solas, no hay nadie, cae el día, cae el año, caigo en el instante, caigo al fondo, invisible camino sobre espejos que repiten mi imagen destrozada, piso días, instantes caminados, piso los pensamientos de mi sombra, piso mi sombra en busca de un instante, busco una fecha viva como un pájaro, busco el sol de las cinco de la tarde templado por los muros de tezontle: la hora maduraba sus racimos y al abrirse salían las muchachas de su entraña rosada y se esparcían por los patios de piedra del colegio, alta como el otoño caminaba envuelta por la luz bajo la arcada y el espacio al ceñirla la vestía de un piel más dorada y transparente, tigre color de luz, pardo venado por los alrededores de la noche, entrevista muchacha reclinada en los balcones verdes de la lluvia, adolescente rostro innumerable, he olvidado tu nombre, Melusina, Laura, Isabel, Perséfona, María, tienes todos los rostros y ninguno, eres todas las horas y ninguna, te pareces al árbol y a la nube, eres todos los pájaros y un astro, te pareces al filo de la espada y a la copa de sangre del verdugo, yedra ue avanza, envuelve y desarraiga al alma y la divide de sí misma, escritura de fuego sobre el jade, grieta en la roca, reina de serpientes, columna de vapor, fuente en la peña, circo lunar, peñasco de las águilas, grano de anís, espina diminuta y mortal que da penas inmortales, pastora de los valles submarinos y guardiana del valle de los muertos, liana que cuelga del cantil del vértigo, enredadera, planta venenosa, flor de resurrección, uva de vida, señora de la flauta y del relámpago, terraza del jazmín, sal en la herida, ramo de rosas para el fusilado, nieve en agosto, luna del patíbulo, escritura del mar sobre el basalto, escritura del viento en el desierto, testamento del sol, granada, espiga, rostro de llamas, rostro devorado, adolescente rostro perseguido años fantasmas, días circulares que dan al mismo patio, al mismo muro, arde el instante y son un solo rostro los sucesivos rostros de la llama, todos los nombres son un solo nombre todos los rostros son un solo rostro, todos los siglos son un solo instante y por todos los siglos de los siglos cierra el paso al futuro un par de ojos, no hay nada frente a mí, sólo un instante rescatado esta noche, contra un sueño de ayuntadas imágenes soñado, duramente esculpido contra el sueño, arrancado a la nada de esta noche, a pulso levantado letra a letra, mientras afuera el tiempo se desboca y golpea las puertas de mi alma el mundo con su horario carnicero, sólo un instante mientras las ciudades, los nombres, lo sabores, lo vivido, se desmoronan en mi frente ciega, mientras la pesadumbre de la noche mi pensamiento humilla y mi esqueleto, y mi sangre camina más despacio y mis dientes se aflojan y mis ojos se nublan y los días y los años sus horrores vacíos acumulan, mientras el tiempo cierra su abanico y no hay nada detrás de sus imágenes el instante se abisma y sobrenada rodeado de muerte, amenazado por la noche y su lúgubre bostezo, amenazado por la algarabía de la muerte vivaz y enmascarada el instante se abisma y se penetra, como un puño se cierra, como un fruto que madura hacia dentro de sí mismo y a sí mismo se bebe y se derrama el instante translúcido se cierra y madura hacia dentro, echa raíces, crece dentro de mí, me ocupa todo, me expulsa su follaje delirante, mis pensamientos sólo son su pájaros, su mercurio circula por mis venas, árbol mental, frutos sabor de tiempo, oh vida por vivir y ya vivida, tiempo que vuelve en una marejada y se retira sin volver el rostro, lo que pasó no fue pero está siendo y silenciosamente desemboca en otro instante que se desvanece: frente a la tarde de salitre y piedra armada de navajas invisibles una roja escritura indescifrable escribes en mi piel y esas heridas como un traje de llamas me recubren, ardo sin consumirme, busco el agua y en tus ojos no hay agua, son de piedra, y tus pechos, tu vientre, tus caderas son de piedra, tu boca sabe a polvo, tu boca sabe a tiempo emponzoñado, tu cuerpo sabe a pozo sin salida, pasadizo de espejos que repiten los ojos del sediento, pasadizo que vuelve siempre al punto de partida, y tú me llevas ciego de la mano por esas galerías obstinadas hacia el centro del círculo y te yergues como un fulgor que se congela en hacha, como luz que desuella, fascinante como el cadalso para el condenado, flexible como el látigo y esbelta como un arma gemela de la luna, y tus palabras afiladas cavan mi pecho y me despueblan y vacían, uno a uno me arrancas los recuerdos, he olvidado mi nombre, mis amigos gruñen entre los cerdos o se pudren comidos por el sol en un barranco, no hay nada en mí sino una larga herida, una oquedad que ya nadie recorre, presente sin ventanas, pensamiento que vuelve, se repite, se refleja y se pierde en su misma transparencia, conciencia traspasada por un ojo que se mira mirarse hasta anegarse de claridad: yo vi tu atroz escama, Melusina, brillar verdosa al alba, dormías enroscada entre las sábanas y al despertar gritaste como un pájaro y caíste sin fin, quebrada y blanca, nada quedó de ti sino tu grito, y al cabo de los siglos me descubro con tos y mala vista, barajando viejas fotos: no hay nadie, no eres nadie, un montón de ceniza y una escoba, un cuchillo mellado y un plumero, un pellejo colgado de unos huesos, un racimo ya seco, un hoyo negro y en el fondo del hoyo los dos ojos de una niña ahogada hace mil años, miradas enterradas en un pozo, miradas que nos ven desde el principio, mirada niña de la madre vieja que ve en el hijo grande un padre joven, mirada madre de la niña sola que ve en el padre grande un hijo niño, miradas que nos miran desde el fondo de la vida y son trampas de la muerte ¿o es al revés: caer en esos ojos es volver a la vida verdadera?, ¡caer, volver, soñarme y que me sueñen otros ojos futuros, otra vida, otras nubes, morirme de otra muerte! esta noche me basta, y este instante que no acaba de abrirse y revelarme dónde estuve, quién fui, cómo te llamas, cómo me llamo yo: ¿hacía planes para el verano? y todos los veranos? en Christopher Street, hace diez años, con Filis que tenía dos hoyuelos donde bebían luz los gorriones?, ¿por la Reforma Carmen me decía "no pesa el aire, aquí siempre es octubre", o se lo dijo a otro que he perdido o yo lo invento y nadie me lo ha dicho?, ¿caminé por la noche de Oaxaca, inmensa y verdinegra como un árbol, hablando solo como el viento loco y al llegar a mi cuarto ?siempre un cuarto? no me reconocieron los espejos?, ¿desde el hotel Vernet vimos al alba bailar con los castaños ? "ya es muy tarde" decías al peinarte y yo veía manchas en la pared, sin decir nada?, ¿subimos juntos a la torre, vimos caer la tarde desde el arrecife? ¿comimos uvas en Bidart?, ¿compramos gardenias en Perote?, nombres, sitios, calles y calles, rostros, plazas, calles, estaciones, un parque, cuartos solos, manchas en la pared, alguien se peina, alguien canta a mi lado, alguien se viste, cuartos, lugares, calles, nombres, cuartos, Madrid, 1937, en la Plaza del Ángel las mujeres cosían y cantaban con sus hijos, después sonó la alarma y hubo gritos, casas arrodilladas en el polvo, torres hendidas, frentes esculpidas y el huracán de los motores, fijo: los dos se desnudaron y se amaron por defender nuestra porción eterna, nuestra ración de tiempo y paraíso, tocar nuestra raíz y recobrarnos, recobrar nuestra herencia arrebatada por ladrones de vida hace mil siglos, los dos se desnudaron y besaron porque las desnudeces enlazadas saltan el tiempo y son invulnerables, nada las toca, vuelven al principio, no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres, verdad de dos en sólo un cuerpo y alma, oh ser total... cuartos a la deriva entre ciudades que se van a pique, cuartos y calles, nombres como heridas, el cuarto con ventanas a otros cuartos con el mismo papel descolorido donde un hombre en camisa lee el periódico o plancha una mujer; el cuarto claro que visitan las ramas de un durazno; el otro cuarto: afuera siempre llueve y hay un patio y tres niños oxidados; cuartos que son navíos que se mecen en un golfo de luz; o submarinos: el silencio se esparce en olas verdes, todo lo que tocamos fosforece; mausoleos de lujo, ya roídos los retratos, raídos los tapetes; trampas, celdas, cavernas encantadas, pajareras y cuartos numerados, todos se transfiguran, todos vuelan, cada moldura es nube, cada puerta da al mar, al campo, al aire, cada mesa es un festín; cerrados como conchas el tiempo inútilmente los asedia, no hay tiempo ya, ni muro: ¡espacio, espacio, abre la mano, coge esta riqueza, corta los frutos, come de la vida, tiéndete al pie del árbol, bebe el agua!, todo se transfigura y es sagrado, es el centro del mundo cada cuarto, es la primera noche, el primer día, el mundo nace cuando dos se besan, gota de luz de entrañas transparentes el cuarto como un fruto se entreabre o estalla como un astro taciturno y las leyes comidas de ratones, las rejas de los bancos y las cárceles, las rejas de papel, las alambradas, los timbres y las púas y los pinchos, el sermón monocorde de las armas, el escorpión meloso y con bonete, el tigre con chistera, presidente del Club Vegetariano y la Cruz Roja, el burro pedagogo, el cocodrilo metido a redentor, padre de pueblos, el Jefe, el tiburón, el arquitecto del porvenir, el cerdo uniformado, el hijo predilecto de la Iglesia que se lava la negra dentadura con el agua bendita y toma clases de inglés y democracia, las paredes invisibles, las máscaras podridas que dividen al hombre de los hombres, al hombre de sí mismo, se derrumban por un instante inmenso y vislumbramos nuestra unidad perdida, el desamparo que es ser hombres, la gloria que es ser hombres y compartir el pan, el sol, la muerte, el olvidado asombro de estar vivos; amar es combatir, si dos se besan el mundo cambia, encarnan los deseos, el pensamiento encarna, brotan las alas en las espaldas del esclavo, el mundo es real y tangible, el vino es vino, el pan vuelve a saber, el agua es agua, amar es combatir, es abrir puertas, dejar de ser fantasma con un número a perpetua cadena condenado por un amo sin rostro; el mundo cambia si dos se miran y se reconocen, amar es desnudarse de los nombres: "déjame ser tu puta", son palabras de Eloísa, mas él cedió a las leyes, la tomó por esposa y como premio lo castraron después; mejor el crimen, los amantes suicidas, el incesto de los hermanos como dos espejos enamorados de su semejanza, mejor comer el pan envenenado, el adulterio en lechos de ceniza, los amores feroces, el delirio, su yedra ponzoñosa, el sodomita que lleva por clavel en la solapa un gargajo, mejor ser lapidado en las plazas que dar vuelta a la noria que exprime la substancia de la vida, cambia la eternidad en horas huecas, los minutos en cárceles, el tiempo en monedas de cobre y mierda abstracta; mejor la castidad, flor invisible que se mece en los tallos del silencio, el difícil diamante de los santos que filtra los deseos, sacia al tiempo, nupcias de la quietud y el movimiento, canta la soledad en su corola, pétalo de cristal en cada hora, el mundo se despoja de sus máscaras y en su centro, vibrante transparencia, lo que llamamos Dios, el ser sin nombre, se contempla en la nada, el ser sin rostro emerge de sí mismo, sol de soles, plenitud de presencias y de nombres; sigo mi desvarío, cuartos, calles, camino a tientas por los corredores del tiempo y subo y bajo sus peldaños y sus paredes palpo y no me muevo, vuelvo donde empecé, busco tu rostro, camino por las calles de mí mismo bajo un sol sin edad, y tú a mi lado caminas como un árbol, como un río caminas y me hablas como un río, creces como una espiga entre mis manos, lates como una ardilla entre mis manos, vuelas como mil pájaros, tu risa me ha cubierto de espumas, tu cabeza es un astro pequeño entre mis manos, el mundo reverdece si sonríes comiendo una naranja, el mundo cambia si dos, vertiginosos y enlazados, caen sobre las yerba: el cielo baja, los árboles ascienden, el espacio sólo es luz y silencio, sólo espacio abierto para el águila del ojo, pasa la blanca tribu de las nubes, rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma, perdemos nuestros nombres y flotamos a la deriva entre el azul y el verde, tiempo total donde no pasa nada sino su propio transcurrir dichoso, no pasa nada, callas, parpadeas (silencio: cruzó un ángel este instante grande como la vida de cien soles), ¿no pasa nada, sólo un parpadeo? y el festín, el destierro, el primer crimen, la quijada del asno, el ruido opaco y la mirada incrédula del muerto al caer en el llano ceniciento, Agamenón y su mugido inmenso y el repetido grito de Casandra más fuerte que los gritos de las olas, Sócrates en cadenas" (el sol nace, morir es despertar: "Critón, un gallo a Esculapio, ya sano de la vida" ) , el chacal que diserta entre las ruinas de Nínive, la sombra que vio Bruto antes de la batalla, Moctezuma en el lecho de espinas de su insomnio, el viaje en la carretera hacia la muerte ?el viaje interminable mas contado por Robespierre minuto tras minuto, la mandíbula rota entre las manos?, Churruca en su barrica como un trono escarlata, los pasos ya contados de Lincoln al salir hacia el teatro, el estertor de Trotsky y sus quejidos de jabalí, Madero y su mirada que nadie contestó: ¿por qué me matan?, los carajos, los ayes, los silencios del criminal, el santo, el pobre diablo, cementerio de frases y de anécdotas que los perros retóricos escarban, el delirio, el relincho, el ruido obscuro que hacemos al morir y ese jadeo que la vida que nace y el sonido de huesos machacados en la riña y la boca de espuma del profeta y su grito y el grito del verdugo y el grito de la víctima... son llamas los ojos y son llamas lo que miran, llama la oreja y el sonido llama, brasa los labios y tizón la lengua, el tacto y lo que toca, el pensamiento y lo pensado, llama el que lo piensa, todo se quema, el universo es llama, arde la misma nada que no es nada sino un pensar en llamas, al fin humo: no hay verdugo ni víctima... ¿y el grito en la tarde del viernes?, y el silencio que se cubre de signos, el silencio que dice sin decir, ¿no dice nada?, ¿no son nada los gritos de los hombres?, ¿no pasa nada cuando pasa el tiempo? no pasa nada, sólo un parpadeo del sol, un movimiento apenas, nada, no hay redención, no vuelve atrás el tiempo, los muerto están fijos en su muerte y no pueden morirse de otra muerte, intocables, clavados en su gesto, desde su soledad, desde su muerte sin remedio nos miran sin mirarnos, su muerte ya es la estatua de su vida, un siempre estar ya nada para siempre, cada minuto es nada para siempre, un rey fantasma rige sus latidos y tu gesto final, tu dura máscara labra sobre tu rostro cambiante: el monumento somos de una vida ajena y no vivida, apenas nuestra, ¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?, ¿cuando somos de veras lo que somos?, bien mirado no somos, nunca somos a solas sino vértigo y vacío, muecas en el espejo, horror y vómito, nunca la vida es nuestra, es de los otros, la vida no es de nadie, todos somos la vida ?pan de sol para los otros, los otros todos que nosotros somos?, soy otro cuando soy, los actos míos son más míos si son también de todos, para que pueda ser he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros, los otros que no son si yo no existo, los otros que me dan plena existencia, no soy, no hay yo, siempre somos nosotros, la vida es otra, siempre allá, más lejos, fuera de ti, de mí, siempre horizonte, vida que nos desvive y enajena, que nos inventa un rostro y lo desgasta, hambre de ser, oh muerte, pan de todos, Eloísa, Perséfona, María, muestra tu rostro al fin para que vea mi cara verdadera, la del otro, mi cara de nosotros siempre todos, cara de árbol y de panadero, de chofer y de nube y de marino, cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo, cara de solitario colectivo, despiértame, ya nazco: vida y muerte pactan en ti, señora de la noche, torre de claridad, reina del alba, virgen lunar, madre del agua madre, cuerpo del mundo, casa de la muerte, caigo sin fin desde mi nacimiento, caigo en mí mismo sin tocar mi fondo, recógeme en tus ojos, junta el polvo disperso y reconcilia mis cenizas, ata mis huesos divididos, sopla sobre mi ser, entiérrame en tu tierra, tu silencio dé paz al pensamiento contra sí mismo airado; abre la mano, señora de semillas que son días, el día es inmortal, asciende, crece, acaba de nacer y nunca acaba, cada día es nacer, un nacimiento es cada amanecer y yo amanezco, amanecemos todos, amanece el sol cara de sol, Juan amanece con su cara de Juan cara de todos, puerta del ser, despiértame, amanece, déjame ver el rostro de este día, déjame ver el rostro de esta noche, todo se comunica y transfigura, arco de sangre, puente de latidos, llévame al otro lado de esta noche, adonde yo soy tú somos nosotros, al reino de pronombres enlazados, puerta del ser: abre tu ser, despierta, aprende a ser también, labra tu cara, trabaja tus facciones, ten un rostro para mirar mi rostro y que te mire, para mirar la vida hasta la muerte, rostro de mar, de pan, de roca y fuente, manantial que disuelve nuestros rostros en el rostro sin nombre, el ser sin rostro, indecible presencia de presencias . . . quiero seguir, ir más allá, y no puedo: se despeñó el instante en otro y otro, dormí sueños de piedra que no sueña y al cabo de los años como piedras oí cantar mi sangre encarcelada, con un rumor de luz el mar cantaba, una a una cedían las murallas, todas las puertas se desmoronaban y el sol entraba a saco por mi frente, despegaba mis párpados cerrados, desprendía mi ser de su envoltura, me arrancaba de mí, me separaba de mi bruto dormir siglos de piedra y su magia de espejos revivía un sauce de cristal, un chopo de agua, un alto surtidor que el viento arquea, un árbol bien plantado mas danzante, un caminar de río que se curva, avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre: México, 1957 Piedra nativa La luz devasta las alturas Manadas de imperios en derrota El ojo retrocede cercado de reflejos Países vastos como el insomnio Pedregales de hueso Otoño sin confines Alza la sed sus invisibles surtidores Un último pirú predica en el desierto Cierra los ojos y oye cantar la luz: El mediodía anida en tu tímpano Cierra los ojos y ábrelos: No hay nadie ni siquiera tú mismo Lo que no es piedra es luz. Relámpago en reposo Tendida, piedra hecha de mediodía, ojos entrecerrados donde el blanco azulea, entornada sonrisa. Te incorporas a medias y sacudes tu melena de león. Luego te tiendes, delgada estría de lava en la roca, rayo dormido. Mientras duermes te acaricio y te pulo, hacha esbelta, flecha con que incendio la noche. El mar combate allá lejos con espadas y plumas. Retórica Cantan los pájaros, cantan sin saber lo que cantan: todo su entendimiento es su garganta. Salvas Torre de muros de ámbar, solitario laurel en una plaza de piedra, golfo imprevisto, sonrisa en un oscuro pasillo, andar de río que fluye entre palacios, dulce cometa que me ciega y se aleja... Puente bajo cuyos arcos corre siempre la vida. Semillas para un himno Infrecuentes (pero también inmerecidas) Instantáneas (pero es verdad que el tiempo no se mide Hay instantes que estallan y son astros Otros son un río detenido y unos árboles fijos Otros son ese mismo río arrasando los mismos árboles) Infrecuentes Instantáneas noticias favorables Dos o tres nubes de cristal de roca Horas altas como la marea Estrépito de plumas blancas en el cielo nocturno Islas en llamas en mitad del Pacífico Mundos de imágenes suspendidos de un hilo de araña Y entre todos la muchacha que avanza partiendo en dos las altas aguas Como el sol la muchacha que se abre paso como la llama que avanza Como el viento partiendo en dos la cortina de nubes Bello velero femenino Bello relámpago partiendo en dos al tiempo Tus hombros tienen la marca de los dientes del amor La noche polar arde Infrecuentes Instantáneas noticias del mundo (Cuando el mundo entreabre sus puertas y el ángel cabecea a la entrada del jardín) Nunca merecidas (Todo se nos da por añadidura En una tierra condenada a repetirse sin tregua Todos somos indignos Hasta los muertos enrojecen Hasta los ciegos deletrean la escritura del látigo Racimos de mendigos cuelgan de las ciudades Casas de ira torres de frente obtusa) Infrecuentes Instantáneas No llegan siempre en forma de palabras Brota una espiga de unos labios Una forma veloz abre las alas Imprevistas Instantáneas Como en la infancia cuando decíamos «ahí viene un barco cargado de...» Y brotaba instantánea imprevista la palabra convocada Pez Álamo Colibrí Y así ahora de mi frente zarpa un barco cargado de iniciales Ávidas de encarnar en imágenes Instantáneas Imprevistas cifras del mundo La luz se abre en las diáfanas terrazas del mediodía Se interna en el bosque como una sonámbula Penetra en el cuerpo dormido del agua Por un instante están los nombres habitados. Silencio Así como del fondo de la música brota una nota que mientras vibra crece y se adelgaza hasta que en otra música enmudece, brota del fondo del silencio otro silencio, aguda torre, espada, y sube y crece y nos suspende y mientras sube caen recuerdos, esperanzas, las pequeñas mentiras y las grandes, y queremos gritar y en la garganta se desvanece el grito: desembocamos al silencio en donde los silencios enmudecen. Sonetos - I Inmóvil en la luz, pero danzante, tu movimiento a la quietud se cría en la cima del vértigo se alía deteniendo, no al vuelo, sí al instante. Luz que no se derrama, ya diamante, detenido esplendor del mediodía, sol que no se consume ni se enfría de cenizas y fuego equidistante. Espada, llama, incendio cincelado, que ni mi sed aviva ni la mata, absorta luz, lucero ensimismado: tu cuerpo de sí mismo se desata y cae y se dispersa tu blancura y vuelves a ser agua y tierra oscura. Sonetos - II El mar, el mar y tú, plural espejo, el mar de torso perezoso y lento nadando por el mar, del mar sediento: el mar que muere y nace en un reflejo. El mar y tú, su mar, el mar espejo: roca que escala el mar con paso lento, pilar de sal que abate el mar sediento, sed y vaivén y apenas un reflejo. De la suma de instantes en que creces, del círculo de imágenes del año, retengo un mes de espumas y de peces, y bajo cielos líquidos de estaño tu cuerpo que en la luz abre bahías al oscuro oleaje de los días. Tu nombre Nace de mí, de mi sombra, amanece por mi piel, alba de luz somnolienta. Paloma brava tu nombre, tímida sobre mi hombro. Tus ojos Tus ojos son la patria del relámpago y de la lágrima, silencio que habla, tempestades sin viento, mar sin olas, pájaros presos, doradas fieras adormecidas, topacios impíos como la verdad, o toño en un claro del bosque en donde la luz canta en el hombro de un árbol y son pájaros todas las hojas, playa que la mañana encuentra constelada de ojos, cesta de frutos de fuego, mentira que alimenta, espejos de este mundo, puertas del más allá, pulsación tranquila del mar a mediodía, absoluto que parpadea, páramo. Visitas A través de la noche urbana de piedra y sequía entra el campo a mi cuarto. Alarga brazos verdes con pulseras de pájaros, con pulseras de hojas. Lleva un río de la mano. El cielo del campo también entra, con su cesta de joyas acabadas de cortar. Y el mar se sienta junto a mí, extendiendo su cola blanquísima en el suelo. Del silencio brota un árbol de música. Del árbol cuelgan todas las palabras hermosas que brillan, maduran, caen. En mi frente, cueva que habita un relámpago... Pero todo se ha poblado de alas. [img=htt

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Mosquitos lo que debes saber
InfoporAnónimo5/27/2011

Los Mosquitos Los mosquitos pertenecen a las casi 2.500 especies de insectos de dos alas incluidas en la familia Culícidos. Se han encontrado desde los trópicos hasta el círculo polar ártico, y desde las tierras bajas hasta las montañas más altas. Los mosquitos tienen el cuerpo fino y esbelto, con patas largas y finas. Las antenas suelen ser plumosas en los machos y filiformes en las hembras. El primer par de alas, largas y delgadas, están, a diferencia del resto de las moscas, recubiertas de pequeñas escamas en los nervios o venas. El segundo par de alas, como en el resto de las especies del orden Dípteros, está transformado en un par de balancines que utilizan para mantener el equilibrio. Los mosquitos hembras depositan sus huevos en el agua: unas especies lo hacen en agua corriente y otras en charcas de bosques, pantanos, ciénagas o estuarios. Las larvas son acuáticas y presentan, en el extremo del abdomen, un órgano, llamado sifón, que asoman hacia la superficie para tomar el oxígeno que necesitan para respirar. ¿porque nos pican los mosquitos? Estos pequeños insectos de cuerpo alargado y de color desde marrón claro hasta negro son sobre todo conocidos por sus desagradables (y a veces, también peligrosas) picaduras que nos infringen llegada la noche. No obstante, no nos pican todos los mosquitos, sino que sólo lo hacen las hembras y los machos dedican su vida a pulular inocentemente sobre las plantas de nuestros jardines, alimentándose del néctar de las flores y de jugos de las plantas. Los mosquitos hembra, por lo tanto, necesitan la sangre de sus víctimas (desgraciadamente para nosotros, los seres humanos en muchas ocasiones). Incluso algunas veces, las hembras de mosquito no tienen suficiente con nuestra sangre y también se alimentan, como los machos, de néctar ¿Comos nos pican los mosquitos? Los mosquitos consiguen picarnos gracias, en primer lugar, a la larga trompa que clavan en nuestra piel hasta llegar a un pequeño vaso de donde extraerán más tarde la sangre. Al final de la trompa picadora, el mosquito tiene unas mandíbulas formadas por estiletes cortantes para perforar mejor la piel. ¿porque nos da comezon su picadura? En la saliva de los mosquitos, que introducen en nuestro torrente circulatorio antes de chuparnos la sangre, hay un anticoagulante muy potente que sirve para que el mosquito pueda extraer la cantidad que necesita de sangre sin que se coagule en su trompa. Es esta sustancia que libera el mosquito en cada picadura la responsable de que las picaduras nos causen tanta inflamación y picazón porque nuestro sistema inmune reacciona a ella como algo extraño a nuestro cuerpo. ¿Como evitar que nos piquen los mosquitos? Para evitar la picadura de estos insectos, sobre todo pensando en el peligro de salud que representa en ciertas partes del mundo. Los mosquitos nos localizan por el olor que desprende nuestra piel y por el dióxido de carbono que emitimos al respirar, por lo que podemos aprovechar este dato en beneficio nuestro para evitar que nos piquen estos molestos insectos. Los repelentes artificiales son un sistema eficaz para ahuyentar a los mosquitos suficientemente lejos de nosotros. Son presentados bajo una gran variedad de formas, como lociones, cremas o sprays y utilizan en su composición el BTT (N,N-dietil-meta-toluamida) en una concentración variable según la duración del efecto repelente. Como evitar la presencia de los mosquitos: *Los depósitos de agua deben ser cuidadosamente hermetizados. Cualquier pequeña grieta u oquedad servirá para que los mosquitos se introduzcan y oviposicionen. *Asimismo, cualquier recipiente conteniendo agua de lluvia retenida es un excelente foco de cría para mosquitos en temporada estival. Evite este tipo de receptáculos y, si no es posible, protéjalos con malla mosquitera adecuada o proceda a su limpieza periódica (semanal) adecuada. *El agua sobrante del regado de tiestos y macetas pude ser fuente importante de problemas; Procure mantenerlas limpias evitando el exceso de agua. *Las cubiertas desechadas y/o almacenadas de vehículos son excelentes puntos de cría para mosquitos; Adicionalmente, su abandonao no está permito por cuestiones de daño medioambiental. *Las piscinas requieren del adecuado mantenimiento; Durante época de primavera-verano una piscina abandonada puede suponer un altísimo nivel de molestias para los vecinos de la zona. Considere asimismo la normativa reguladora de este tipo de instalaciones. Mis otros posts:

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Crean sfotware para detectar Hackers
InfoporAnónimo5/31/2011

Por lo menos una vez en los últimos dos años 93% de las empresas han sidohackeadas y 70% de las aplicaciones de red no son efectivas contra los ataques de hackers, pues éstos ocurren en tiempo real, señaló un estudio del Instituto Ponemon, especializado en datos personales en la red. Por ello ProtecktNet, firma encargada de prestar servicios de seguridad informática, creó el software Mykonos. el cual trata de analizar qué habilidades usaron los hackers para acceder el código de un portal con el fin de generar un ADN digital al hacker. Este programa crea un código réplica (Honeypot) el cual permite que el ciberdelincuente interactúe para analizar sus capacidades y después, según su objetivo, sea advertido o denunciado por sus actos. Héctor Leal(la mamada xD), director general de ProtecktNet, explicó que la vulnerabilidad ante los hackers radica en que tanto en México, como en América Latina, se han desarrollado portales sin código fuente preparados para ofensivas de hackers por lo que se espera que Mykonos sea de utilidad para ayudar a detectar las vulnerabilidades en los portales. El desarrollador de Mykonos, Kyle Adams, explicó que el objetivo del software es ver el tipo de penetración de los hackers. “Existen personas que sólo buscan entrar en la red de una empresa para demostrar sus habilidades y mientras más trabas se les coloquen, lo intentarán con más fuerza porque será un reto”, indicó. En caso de que se busque un ataque agresivo el programa proporciona información maliciosa para “frustrar a ese individuo” y bloquear al atacante, no la dirección de IPS ya que en la actualidad es común el uso de proxys para disfrazar desde dónde se entra a un sitio. Mis Otros Posts: http://www.taringa.net/perfil/afixxfva/posts

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Comer despues de hacer ejercicio
Salud BienestarporAnónimo5/24/2011

Comer despues del ejercicion. Hay personas que no comen después de hacer ejercicio porque temen recuperar las calorías que acaban de perder. Las personas que hacen ejercicio buscando bajar de peso tienen la idea equivocada de que si comen después de la actividad física recuperarán el peso que han perdido. Los especialistas desmienten esto pues dicen que la clave está en saber qué y cuándo comer. "En los 30 minutos después de terminado el entrenamiento es cuando el cuerpo y los músculos son más receptivos a la reposición y restauración de los líquidos y nutrientes perdidos. Cuando nos ejercitamos, los músculos se "maltratan" y es durante el descanso posterior y el reabastecimiento de combustible cuando se recuperan y crecen más fuertes que antes", explicó Lauren Anonucci, Dietista Registrada, Certificada Especialista en Deportes y presidenta de Nutrition Energy en Nueva York. Annonucci sugiere las siguientes combinaciones de alimentos: Desayuno: mantequilla de maní con pan integral y un vaso de jugo 100% natural sin azúcar añadida. Yogurt con una fruta alta en fibra como manzana o fresas o una tostada integral con huevo y fruta. Almuerzo: ensalada verde con pollo o huevos duros. Pasta con salsa de tomate y pollo. Cena: patata cocida al horno, habas, quinoa, verduras al vapor y carne magra, pollo, tofu o pescado. Lo importante es asegurarte de que incluyas una fuente de proteínas y de carbohidratos. La dietista agregó que la grasa es importante incluirla en la dieta diaria, pero no es necesaria en la comida de recuperación. Lona Sandon, vocera de la Asociacion Dietetica Americana, dijo que la proporción de carbohidratos y proteínas debe ser 3:1 y se deden reponer electrolitos si el ejercicio que se hizo fue de larga duración y alta intensidad. Mis Otros Posts: http://www.taringa.net/perfil/afixxfva/posts

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!El fin del mundo se frustro¡
InfoporAnónimo5/22/2011

!El fin del Mundo se Frustro¡ El pastor evangélico estadounidense Harold Camping, predijo con mucha seguridad que hoy sería el fin del mundo. Para la sorpresa de él y de todos sus seguidores el fin del mundo se frustró. Según Camping, pasarían una serie de eventos terroríficos como inundaciones , terremotos,etc. comenzando por Tailandia arrasando todo el mundo. ¿Qué estará pensando Harold Camping?, ¿Pudo haber sido una campaña de mercadeo? Se le frustró su predicción una vez más. Personas de todas las razas esperaron el fin del mundo el día de hoy, se fueron a lugares lejanos, se arrepintieron de sus pecados, se acercaron a Dios. El portal web de Craigslist publicó muchos anuncios de personas que vendían sus objetos porque ya se irían al paraiso. La predicción de Camping la basó en cálculos bíblicos . Hace unos años ya se le había caido una predicción, ahora una vez más el fin del mundo no llegó, el fin del mundo se frustró. No tembló, ni se inundó, ni la Tierra se abrió. ¿Ahora donde estará Harold Camping?¿Qué explicación podrá dar?

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Guia: Besos Eroticos
Guia: Besos Eroticos
Salud BienestarporAnónimo5/26/2011

Un beso es la entrada al placer, es el sabor de la pasión, el principio del cortejo sexual; uno bien dado, es un orgasmo consumado Quien piense que el coito es lo mejor del sexo esta en un error, dicen que cuando se hace el amor todo inicia con el primer beso, y es que hay que tomar en cuenta los labios no sólo son un adorno de la boca, sino también son un músculo que ayuda a descubrir los placeres del sexo. Es importante resaltar que los besos, son la excusa perfecta para conocer lo que le gusta a tu pareja, ese paseo de ida y vuelta por la anatomía femenina o masculina es un viaje lleno de emociones, y descubrimientos que te convertirán en un explorador de las artes amatorias. Un beso siempre abrirá las puertas del placer, la excitación y sobre todo serán el cómplice perfecto para explorar los lugares más recónditos de la pareja; de hecho, hay una teoría que dice que las personas con lóbulos similares se atraen inconscientemente. consejos para llevar al éxtasis a tu pareja a la hora de besarla: Besar la oreja: Lamer, mordisquear, chupar el lóbulo de la oreja es algo muy excitante, si bien es cierto que hay personas a las que esto no les causa ninguna sensación, hay otras que se derriten a la hora de explorar esta parte del cuerpo. Puedes iniciar con besos pequeños para después darle paso a tu lengua para que recorra el contorno de la oreja hasta que entre directamente al oído y se posesione del él. Besar el ombligo: Un lugar que muchas veces olvidamos, pero que es una de las zonas más sensibles, y que causan más excitación cuando es besado. Este pequeño oasis de placer, puede desatar la lujuria en tu pareja. Por eso es recomendable acariciarlo y lamerlo con la parte plana de la legua, usando amplias caricias, barriendo en sentido contrario alrededor del ombligo y en círculos. Pero si tu intención es llevar a tu pareja al séptimo cielo agárrala bien de las nalgas mientras mueves la punta de la lengua alrededor y sobre el ombligo la sensación que le causaras a tu pareja será indescriptible. Besar las nalgas: La parte trasera del cuerpo, representa un cúmulo de sensaciones, lengüetazos, y mordiscos salvajes que se pueden acompañar con algunas caricias. Besar la espalda: a estando por esas zonas, un lugar ideal para que tu pareja se le enchine la piel, es lamer lentamente la espalda, recorriéndola debajo hacia arriba hasta llegar a la parte del cuello, y después bajar por el mismo camino mientras se acarician otras partes del cuerpo. Besar los pies: Los pies, juegan un papel importante cuando una pareja se encuentra en el toqueteo, llegar a esta zona suele ser muy excitante para muchas personas, pues el besar y lamer los pies desata un sin número de sensaciones y cosquilleos que dejarán a tope a tu pareja. Besar los genitales: Qué sería del sexo sin esta práctica tan disfrutable. Si bien es cierto el placer en muchas ocasiones suele ser mayor para quien lo recibe, también, puede convertirse en un jugueteo para quien lo hace, y es que besar un pene o una vagina no es cualquier cosa; hay que saber encontrar el punto exacto para que la experiencia sea inolvidable. Y esto se logra besando poco a poco los órganos genitales, besando los muslos que rodean estas zonas, para después enfrascarse en un lengüeteo lento que termine en un jugueteo de besos y lamidas frenéticas que lleven a la pareja a fundirse en un orgasmo. Mis Otros posts : http://www.taringa.net/perfil/afixxfva/posts

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¿Sabes que es el Lupus?
Salud BienestarporAnónimo5/26/2011

¿Sabes que es el Lupus? Una enfermedad en la que las defensas del cuerpo lo desconocen y producen anticuerpos que atacan al organismo. Una enfermedad más frecuente en las mujeres que en los hombres, sobre todo jóvenes, es el Lupus. Es una enfermedad autoinmune que a diferencia de las enfermedades autoinmunes localizadas como la púrpura autoinmune que sólo destruye plaquetas, el lupus es grave porque produce anticuerpos contra la piel, vísceras o sangre lo que hace complicado el diagnóstico. ¿Pero que es una enfermedad autoinmune? Una enfermedad autoinmune es una enfermedad causada porque el sistema inmunitario ataca las células del propio organismo. En este caso, el sistema inmunitario se convierte en el agresor y ataca a partes del cuerpo en vez de protegerlo. “El organismo desconoce lo propio y lo ataca como si fuera un agente extraño debido a la falta de regulación de los linfocitos por el timo. El timo es una glándula que se encuentra en el tórax y parece ser que los linfocitos no pasan bien en la escuela y desconocen lo propio como extraño son linfocitos que no aprendieron bien en la escuela y destruyen o atacan órganos”, explicó el doctor. Lupus significa lobo y obtuvo su nombre debido a la primera descripción que hizo un médico británico por la cara de una paciente que tuvo un evento grave en la cara y tomo esa apariencia ya que uno de los blancos más comunes del lupus es la piel. Los síntomas del lupus la hacen difícil de diagnosticar pero los más distintivos son la caída de cabello intensa, úlceras en la boca como aftas, fotosensibilidad o intolerancia a la luz, la piel sensible al sol, monoartritis en una parte del cuerpo y anemia hemolítica. Los médicos internistas son los que normalmente tratan esta enfermedad y pueden remitir al paciente con un reumatólogo o hematólogo. La enfermedad no se cura pero si se pueden controlar y minimizar las secuelas. El médico debe explicarle al paciente en qué consiste el tratamiento y que éste requiere mucha disciplina y no debe dejarlo. Tripp(Dr.) menciona que muchas mujeres se deprimen ya que el tratamiento inicial es con esteroides lo que deteriora mucho físicamente, provoca acné o inflamación de la cara pero este tratamiento es transitorio y conforme se controla la enfermedad se disminuye la dosis de esteroides. En casos graves de lupus se hace un trasplante autologo de médula ósea, se administra un tratamiento inmunosupresor y después se infunden células del paciente que fueron previamente congeladas lo cual ayuda a “reeducar” a los linfocitos. Una vez controlada la enfermedad se puede vivir con lupus y este puede ser hereditario pero también hay otros factores que influyen, uno de estos puede ser el nivel hormonal por eso el rango de edad en el que se presenta va de los 20 a 50 años, incluso hay mujeres que cuando tienen la menopausia disminuyen sus síntomas; esto no quiere decir que niños y adultos mayores no la puedan presentar. Mis otros posts interesantes (si es que les parecio interesante)Link: http://www.taringa.net/perfil/afixxfva/posts tambien pueden darle en seguir

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