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acavengoyo

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Primer post: 8 dic 2012Último post: 12 oct 2015
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La historia según el lobby gay
InfoporAnónimo7/27/2013

Durante buena parte del siglo XX, el marxismo se infiltró en universidades, editoriales y medios de comunicación e interpretó la Historia a su manera, en términos de lucha de clases, opresores y oprimidos. Según su visión reduccionista, todo se explicaba en términos económicos, sin dejar margen a la libertad y creatividad del ser humano. Y sin tener en cuenta factores culturales o religiosos que nada tienen que ver con la economía . Pero en las últimas décadas del siglo XX y principios del XXI lo que predomina en muchas cátedras y think tanks es otro tipo de reduccionismo no menos anticientífico: la visión gay de la vida. La Humanidad ha estado sometida a unos nuevos tiranos, los heterosexuales y los homo han sufrido su despotismo. Para justificarlo, los historiadores del lobby se han sacado de la manga la orientación homosexual de numerosos personajes de la Historia de Occidente. El objetivo es prestigiar al colectivo, como si la valía dependiera de la orientación sexual y no de los méritos personales o la capacidad de superación individual. En la mayor parte de los casos, no está demostrado que reyes, generales, escritores o pensadores fueran homosexuales. Pero a los divulgadores gays no pueden permitir que la realidad les estropee un buen titular. Para ello, difunden, a través libros, películas o documentales televisivos que algunos de los mayores bienhechores de la Humanidad tenían esa tendencia. Miguel Ángel y Shakespeare, el general Patton, Alejandro Magno y el mariscal Montgomery… De creer ciertas afirmaciones contenidas en publicaciones, habría que deducir que muchos de los ilustres personajes de la Historia fueron homosexuales. Es más, que semejante conducta era considerada normal e incluso recomendable y que el homosexual ha poseído un plus de sensibilidad o incluso de genialidad. Dos libros, referidos al mariscal Montgomery y a Stan Laurel y Oliver Hardy respectivamente, abordan el asunto, aunque con enfoques contrapuestos. El primero, para insinuar que el héroe que derrotó a Rommel en El Alamein era gay; el segundo para desmentir la supuesta homosexualidad de El Gordo y el Flaco. The full monty: Montgomery of Alamein, escrita por Nigel Hamilton es una biografía no exenta de interés, que aborda la decisiva actuación del estratega en el Norte de África. Es curioso que, por un lado, demuestre rigor en el análisis de los hitos militares o estratégicos, y sin embargo que el rigor brille por su ausencia al referirse a una indemostrada homosexualidad del mariscal británico. ¿En que se basa? ¿Qué inéditas pruebas aporta? ¿Decir que al comandante en jefe de las tropas británicas en la II Guerra Mundial le gustaba pasar el tiempo charlando con sus hombres y con otros oficiales? Eso mismo se podría predicar del español general Yagüe, de MacArthur o incluso del mismísimo Napoleón, de quien está demostrado que lo que le tiraban de verdad eran las faldas. El sanbenito también tuvieron que soportarlo durante años Laurel y Hardy, el Flaco y el Gordo. Un libro de Simon Louvish, Stan and Ollie: the Doublé Life of Laurel and Hardy, lo desmiente. Hace tiempo se esparció el rumor de que los célebres cómicos no sólo habían compartido plató en filmes como Héroes de tachuela o Había una vez dos héroes, sino también cama. La pretensión del lobby gay era demostrar que habían sido amantes y constituían, por lo tanto, una prueba más del gen gay de la genialidad. El libro de Louvish lo desmiente, con documentación. El norteamericano Oliver Hardy (1892-1957) y el británico Stan Laurel (1890-1965) eran rigurosamente heterosexuales. Otro personaje en el que profesores universitarios y escritores del grupo de influencia se han cebado es William Shakespeare. Hacen cábalas, carentes de fundamento, sobre si su teatro, donde aparecen travestidos y confusión de sexos en sus comedias, es un baluarte de la homosexualidad militante. También siembran dudas sobre sus sonetos, muchos de ellos dedicados a unas iniciales, W.H. Se supone que era William Herbert, e insinuan que se trataba de un “amor oscuro”, tomando pie de algunas licencias poéticas como “el dueño/dueña de mi pasión”. El lobby gay ha querido ver en el autor de Romeo y Julieta un precursor. Pero como demuestra Joseph Pearce en su documentada biografía, tal pretensión es completamente absurda. Lo que tal vez no les haga tanta gracia a los corifeos del grupo de presión sea el descubrimiento de un homo que no despierta simpatías en ningún colectivo: Adolf Hitler. Lothar Machtan publicó El secreto de Hitler (Planeta). Según el autor, el futuro Führer buscaba amantes masculinos. Coincidía esa inclinación con una corriente de pensamiento en la Alemania de Weimar que creía en la superioridad de la homosexualidad y de la que se nutrió una parte de la jerarquía nazi. Hijo ideológico de Nietzsche y el mito del superhombre, el nazismo aborrecía la homosexualidad con tintes feminoides y prefería, en cambio, la homosexualidad castrense, varonil, violenta, emparentada con algunos estereotipos de las mitologías escandinavas y griegas. La verdad es que no resulta fácil encontrar a tantos personajes ilustres... en el armario. No dejan de ser una minoría pintoresca con una validez estadística muy relativa. Algunos casos están claros… otros son pura patraña. Está documentado que Oscar Wilde fue bisexual –estuvo casado y tuvo hijos- y que su tendencia homosexual le destrozó la vida, sobre todo por la calidad moral de su amante. Lo que es menos conocido es que el escritor se arrepintió de esa vida, después de salir de la cárcel de Reading y, poco antes de morir en París, volvió al seno de la Iglesia Católica. Lo mismo que su amante, lord Alfred Douglas, otro converso, que también se arrepintió de su conducta homosexual, se casó y tuvo un hijo. También queda fuera de duda que Federico García Lorca fue homosexual y lo mismo podría decirse del filosofo Platón, del escritor Lytton Strachey, o del influyente economista John Maynard Keynes,. Pero es inexacto decirlo de Julio César, a pesar de una experiencia aislada en su juventud. Se suele invocar al autor de La guerra de las galias, como un icono de la homosexualidad. Pero el dictador de Roma se comportó mas bien como lo contrario: impenitente mujeriego. En realidad lo más posible es que el peso de la homosexualidad en el devenir humano haya sido muy escaso. El American National Health and Social Life Survey informaba durante la pasada década de que tan solo el 2,4% de los varones y el 1,3%de las mujeres de Estados Unidos se reconocían como homosexuales. Que sobre un segmento tan escaso de la población se puedan construir teorías histográficas resulta cuando menos pintoresco. Los intentos de hacer una historia coloreada de rosa pertenecen más al terreno de la manipulación ideológica que al de la investigación seria.

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¿Por qué no venden los tesoros del Vaticano?
InfoporAnónimo12/8/2012

Qué sucedería si mañana en todos los periódicos anunciaran en primera página que el gobierno mexicano coloca a subasta las Pirámides de Teotihuacán o que el gobierno inglés vende el Big Ben o el americano la Estatua de la Libertad o el francés la Torre Eiffel? Muchos mexicanos, ingleses, americanos o franceses acogerían la noticia como la más grande de las tomaduras de pelo de los últimos tiempos. ¿Es posible vender un símbolo nacional, algo que representa un poco de aquella tierra, de aquel país? No, a ningún presidente cuerdo se le ocurriría hacer semejante barbaridad. Y sin embargo, muchos preguntan: ¿por qué la Iglesia no vende sus “tesoros” artísticos para dar de comer a los pobres? ¿Por qué no vacía las elegantes salas del Vaticano o de los obispados de todas las hermosas estatuas, cuadros y esculturas? Tratar sobre los “tesoros vaticanos”, usando un poco de sentido común, lo único razonable es decir que no existen. Es verdad que algunas personas, engañadas por publicidades falsas, malintencionadas o simplemente deseosas de aprovechar el tirón del “morbo” pueden haber llegado a pensar cosas tan disparatadas como que el Vaticano es una de las grandes potencias económicas del mundo. Pero eso es en el fondo porque se han creído lo que han oído sin una mínima reflexión. El Vaticano es un pequeño territorio de unas pocas hectáreas, es decir, menos que lo que posee cualquier pequeño agricultor. Sus “posesiones” son una Iglesia, unos edificios de oficinas y unos jardines del siglo XVI, un museo y la residencia del Santo Padre. Aparte de esto posee algunos pequeños territorios en la ciudad de Roma y una zona de descanso en Castelgandolfo. Cualquiera puede entender que el valor de esto en la economía mundial de los grandes Estados como Estados Unidos o Japón o Rusia o Europa, es bastante ridículo. Pero incluso si se compara con una sola empresa un poco grande, los “tesoros del Vaticano” dejan de serlo. El valor de lo que se podría llamar “tesoro Vaticano” es el que poseen las obras de arte de su museo, que ciertamente, gracias a que los Papas han sido siempre hombres de una gran cultura y un exquisito gusto, es uno de los mejores del mundo. Pero en lo económico su valor es parecido al que pueda tener el Louvre, el Prado, el Ermitage o el British Museum. Y a nadie se le ocurre pensar que el valor de esos museos es enormemente importante en la economía. Su valor es fundamentalmente cultural. Lo cual a veces, en una mentalidad burguesa, se identifica automáticamente con valor económico. Pero eso no está producido por la realidad en sí, sino por la pobre mentalidad de quien confunde arte y dinero, porque cree que en este mundo todo se puede comprar. Por lo que respecta a los objetos del culto hay que acordarse un poco de lo que significa amar. El amor de los enamorados les lleva a regalarse objetos preciosos, y está por ver el primer enamorado que le regala a su novia unos pendientes de hojalata. En la Iglesia Católica procuramos hacer lo mismo con Dios Nuestro Señor. Los objetos de culto son lo más bonito que podemos. Eso no significa que eso sea dinero que podría haber ido a los pobres. Cuando se consigue abrir el corazón de la gente al Señor el dinero sale de su bolsillo para los pobres y para Dios. Y cuando no se consigue abrir el corazón de la gente a Dios el dinero no sale hacia los pobres, sino que se queda en la cuenta corriente de los potentados. Si no se hubiese empleado en Dios no habría llegado a ningún otro sitio. En cuanto a los dineros del Vaticano hay que decir que tampoco es mucho y que cualquier pequeño banco de provincias mueve mucho más dinero que el Vaticano. Además, una gran parte de ese poco dinero que se mueve se dedica a obras benéficas, a través, en Roma, del convento de las hermanas de la Madre Teresa de Calcuta que hay en el Vaticano y, en todo el mundo, del Pontificio Consejo Cor Unum, que preside la Caritas Internacional. Por último conviene subrayar que en las congregaciones vaticanas (algo así como los ministerios de la Iglesia) hay pocos empleados y no se parecen en nada a los grandes ministerios de las naciones. Por ejemplo en el Pontificio Consejo para la Familia trabajan, contando desde el Cardenal hasta el Conserje, 14 personas. Es decir, que los presupuestos no dan en el Vaticano para grandes derroches financieros. En consecuencia, el análisis de los “tesoros vaticanos” no nos lleva a escandalizarnos, sino a pensar que debemos ayudar más al Santo Padre en lo económico, especialmente a través de la colecta del óbolo de San Pedro, que se celebra en la Iglesia Universal el día 29 de junio. Cuanto más dinero le llegue mayor bien podrá hacer a los necesitados de todo el mundo. Los tesoros de la Iglesia pertenecen a toda la Iglesia, la de hoy, la de ayer, la de siempre. Cada uno de los cuadros, estatuas, edificios, no son únicamente un conjunto de colores o piedras, colocados en modo más o menos artísticos. Cada uno de ellos encarna de alguna manera una persona, un ideal, una época de la vida de la Iglesia. Para terminar, apelaremos al motivo más fuerte de la FE: cuando hablamos de “tesoros del Vaticano” o, mejor aún, “tesoros de la Iglesia”, nos estamos refiriendo sobre todo y principalmente a los tesoros de la GRACIA divina. Es decir: al tesoro incomparable e invaluable de los sacramentos, el ser depositaria del Cuerpo Santísimo de nuestro Señor Jesucristo, de su Sangre preciosa, de su Palabra divina, de los tesoros de la Redención; al tesoro de ser -por voluntad de nuestro Señor- la administradora de los méritos infinitos de su Redención para la salvación de todo el género humano. Aquí tiene su fundamento teológico y se explica el tema tan controvertido por la Reforma protestante de las “Indulgencias”; al tesoro de la santidad de todos los hijos de la Iglesia, sobre todo de aquellos que más han sobresalido por el heroísmo de sus virtudes: los mártires, las vírgenes, los confesores, los santos de todos los tiempos, de cualquier cultura, raza, sexo o condición social; al tesoro de la FE de todos los cristianos; al tesoro de la CARIDAD de la Iglesia: la cantidad de obras de caridad que dirigen muchísimos de sus hijos en todos los países del mundo, sin ningún sueldo, sólo por amor a Cristo y a sus semejantes: hospitales, ancianatos, orfanatorios, clínicas para enfermos de cáncer, SIDA y de todos los males; casas para niñas abandonadas, mujeres violadas, casas de asistencia a los drogadictos, leprosos, pobres, emigrantes; escuelas para todas las clases sociales, atención a los desamparados, a la niñez, a la familia, misiones, obras de solidaridad, etc., etc., etc. ¡En cualquier parte del mundo donde hay pobreza y sufrimiento de cualquier tipo, allí está presente la Iglesia para ayudar, apoyar, consolar! Podemos ver, por ejemplo, un pasaje de la historia de San Lorenzo, diácono y mártir del siglo III: El año 257 d.C. se desató otra persecución contra la Iglesia naciente, instigada por el ministro de finanzas del imperio romano y actuada por el emperador Valentiniano: se acusó a la Iglesia de acumular “secretos tesoros” -¡vea que la acusación no es nueva!- y se llamó a juicio al diácono Lorenzo para que entregara esos tesoros. San Lorenzo, entonces, reúne a todos los ciegos, cojos, enfermos y pobres de la ciudad de Roma y se los presenta al emperador, diciendo: “Aquí están nuestros tesoros eternos, que jamás desaparecerán y que siempre nos darán inmensos frutos y ganancias, esparcidos por el mundo entero”. ¡¡ÉSTOS SON LOS VERDADEROS “TESOROS DEL VATICANO Y DE LA IGLESIA”!! Detrás de una Pietà de Miguel Ángel, de una Anunciación de Fra Angélico o de una catedral de Burgos hay algo más que el interés cultural. En cada uno de estas obras, yace la fe de un hombre, de un pueblo que quiso rendir culto, alabar de una manera palpable a Dios. Delante de ellas cuántos hombres han rezado, cuántos han inclinado su cabeza, cuántos han levantado sus corazones a Dios. No, la Iglesia de ahora no tiene derecho a vender la fe, expresada plásticamente, de sus antepasados ni claudicar la fe de sus futuros hermanos. La Iglesia no puede venderlos porque éstos bienes perderían el significado último y único de su existir y el dinero que se obtuviera por ellos, ayudaría en muy poco a solucionar el problema de la pobreza, cuyas raíces son mucho más profundas y no se solucionará con un fajo de billetes, sino sólo con la conversión del corazón del hombre.

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Mujer, me tenés los ovarios llenos
Apuntes Y MonografiasporAnónimo10/12/2015

Mujer que protestás por la “violencia de género” pero sos fan de Tinelli y bodrios similares; me tenés los ovarios llenos. Me importa poco, menos de lo que debiera quizá, lo que le ocurra o le deje de ocurrir a cada una de las huecas plásticas que se degradan públicamente en la televisión. ¿Que ellas lo hacen voluntariamente, que les gusta, que al fin y al cabo lo hacen por dinero? Supongamos que sí, no nos preocupemos por la psicología vil o la necesidad económica de unas pocas taradas Lo que sí es grave, lo realmente preocupante, es que se proyecta a la sociedad una imagen de la mujer como una cosa, una bolsa de carne, un objeto desechable que sólo sirve para exhibir el cuerpo –un cuerpo irreal además-, un juguete que rezuma sexo. Miles de nenes crecerán con esa imagen degradante de la mujer, y muchas nenas internalizarán poco a poco la idea de que “si no sos puta no sos nada”, la idea de que lo más interesante que tiene una mujer para mostrar son las tetas. ¿Que la gente piensa por sí sola, que los medios no construyen la opinión pública, que el código moral de las personas no va a ser influido por lo que vean en un programa de televisión –y los veinte programas de cuarta que lo “analizan” durante toda la tarde-? Los especialistas en comunicación no opinan lo mismo: aunque no existe consenso sobre la forma y grado de influencia de los medios en la opinión pública, todos están de acuerdo en que la influencia existe. Y eso que ves, eso que permitís que vean tus hijos, eso que tiene un rating impresionante, eso es violencia. La violencia no son sólo trompadas y puñaladas: herir la dignidad de un ser humano es violencia, cosificar a una persona es violencia, comprar el cuerpo de alguien es violencia –aunque la venta sea “consentida”-. Siguiendo programas que ejercen este tipo de actos contra las mujeres estás siendo jodidamente machista, tan machista como el más cavernícola de los hombres. Protestar contra la “violencia de género” no sirve de nada si celebramos y forramos en plata a gente que hace lo mismo en diferente escala. Mujer que te escandalizás por la “violencia de género” pero convertís a Cincuenta Sombras de Grey en best-seller; me tenés los ovarios llenos. Esa literatura berreta encierra el peligroso mensaje de que si un galán es dominante y es rico y tiene una historia triste, no importa lo pésimamente que te trate -en la cama o fuera de ella-, vale la pena aguantarle todo, cueste lo que cueste, porque al final de la historia se vuelve bueno. Eso, eso precisamente hacen muchas de las mujeres maltratadas por sus parejas: compadecerse de sus traumas, perdonarlos constantemente y esperar a que cambien. ¿Nuevamente dirás que una novela no puede cambiar las percepciones y conductas de las personas? Pues, se podría creer que si los medios de comunicación crean opinión pública también puede hacerlo la literatura. Tanto así que una simple novela –La cabaña del Tío Tom-, fue señalada por muchos como el detonante de la Guerra de Secesión norteamericana. ¿Dirás también que Cincuenta Sombras es sólo un libro erótico y romántico? Pues tu concepto de erotismo y romance es jodidamente machista (y un tanto enfermizo). Mujer que defendés los derechos de la mujer o de los animales o del bosque nativo o del patrimonio arquitectónico, o de lo que sea, poniéndote en bolas en público; me tenés los ovarios llenos. O seguís una estrategia oculta que nadie consigue descifrar, o directamente sos parte de esa cultura que decís despreciar, de esa misma cultura machista y frívola que sostiene que el único recurso al que puede acudir una mujer para que le presten atención es mostrar las tetas. Cualquiera podría pensar que te asesora el enemigo Mujer que reivindicás tu “derecho” a vestirte o actuar provocativamente sin ser tratada como un objeto sexual; me tenés los ovarios llenos. Realmente no entiendo esa lógica de “me visto como quiero, no me visto para que me miren sino para mí misma, muestro todo lo que quiera mostrar y si alguno se calienta es porque no sabe respetar…”. Signifiquen lo que signifiquen esas frasecitas hechas, mostrando el cuerpo no te estás haciendo un favor a vos, sólo estás proporcionando material a los hombres y exaltando sus instintos “cosificadores” y machistas. Un par de estudios hechos en Princeton revelaban cómo en el varón, cuando se le presentan imágenes de mujeres con poca ropa o actitud sensual, se activa automáticamente la porción del cerebro vinculada a las herramientas y se desactiva la vinculada a las personas, además de surgir instintivamente en su mente ideas relacionadas a verbos como “yo manejo, yo controlo”. Por el contrario, imágenes de mujeres vestidas activan en el cerebro masculino las partes vinculadas a las relaciones interpersonales –no a herramientas y objetos, como en el caso contrario- y hacen surgir ideas del tipo “ella maneja, ella controla”. No es un proceso mental regido por la voluntad, es un mecanismo instintivo. Con tu proclamado “derecho” a vestir como gato no estás haciendo feminismo, estás invitando a que te consideren como un objeto. ¿“Hay que educarlos para que no lo hagan”, dirás? ¿No es más fácil cambiar nuestra forma de vestir que “corregir” unos mecanismos cerebrales conformados a lo largo de milenios? Mujer “moderna y superada” que sentís haber llegado a la cima de la realización por haberte subido a la ola del sexo sin amor y sin compromisos; ¿en serio te alegra copiar uno de los peores defectos masculinos? ¿Realmente te parece un avance de la feminidad el hecho de imitar una conducta que suele señalarse –acertadamente- como propia de hombres inmaduros y egoístas? Mujer feminista que te empeñás en interpretar la historia como una lucha de clases sexual, que entendés cada minúsculo hecho como una acción de opresión patriarcal o de rebeldía contra el patriarcado; ¿realmente esperás que promoviendo esa imagen de pelea constante se pueda combatir la violencia? Mujer que considerás que el trabajo de un ama de casa no es trabajo porque no es remunerado; eso es capitalismo. Mujer que opinás que lo doméstico y lo familiar es “inferior”; eso es una idea absurda inventada por los hombres machistas a los que justamente reprobás. Mujer que despreciás a otras mujeres porque se dedican a ser madres de tiempo completo; eso es bastante anti femenino. Mujer que sostenés que la completa liberación femenina consiste en deshacerse a través del aborto de la “carga”, de la “injusticia”, de la “opresión” que representa la maternidad; realmente pareciera que querés ser un hombre. Las mujeres han sido despreciadas a lo largo de gran parte de la historia, es verdad, al igual que los pobres, los enfermos o los niños. Y poco a poco han demostrado que pueden viajar al espacio, gobernar países, practicar taekwondo o trabajar diez horas diarias en una fábrica o en una oficina insalubres, tal como lo hacen los hombres. Pueden hacer casi todo lo que ellos hacen, y está buenísimo que quede en evidencia. Pero esta reivindicación de las capacidades femeninas muchas veces no tiene en cuenta dos verdades esenciales: primero, el valor de una persona no está dado por lo que produce sino por lo que es; segundo, entre estas numerosas capacidades suele despreciarse la más relevante. Porque si de destacar méritos se trata, no es tan importante resaltar los que son compartidos con otros muchos, sino señalar aquellos que nos hacen especiales. Y hay una habilidad que ha sido dada sólo a las mujeres. Los hombres podrán construir puentes o autos o mesitas ratonas, todas cosas muy buenas y muy útiles, pero sólo las mujeres tienen las capacidades necesarias para construir personas. Y cualquier ser humano, por el sólo hecho de serlo, vale más que todas las mesitas ratonas del mundo. Cada niño que nace puede convertirse en un genio, en un santo, en un hombre respetable o en un convicto. Eso dependerá en gran medida de la educación que reciba. Y las habilidades físicas y emocionales para educar niños son principalmente patrimonio femenino, quiérase o no. Por eso, machistas en general y mujeres machistas en particular, me tienen… agotada la paciencia. Por no reconocer que lo que mueve al mundo no es primordialmente el dinero, la técnica o la politiquería sino las personas detrás de ellos. Y por no reconocer que, en tanto constructores de personas, el cerebro y el corazón femeninos –así como los hizo la naturaleza, no masculinizados- están entre las armas más poderosas de la tierra.

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