abelogaldeano
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Esta serie de dibujos hechos en bolígrafo pertenece a la publicación de poesía El barco ebrio, realizada por la Compañia Móvil de Poesía. Los hice por encargo... y me gustan mucho!
Registrate y eliminá la publicidad! Collages de Abelo. Estos trabajos están hechos con fragmentos de fotos de revista con algo de pintura encima. No tienen ni un solo retoque digital, están simplemente escaneados. Los tamaños van de 40x30 cm a 70x50 cm (aprox).
NIEVE SOBRE EL ASFALTO (cuento de Abelo Galdeano) Otra mañana nublada con dolor de espalda y mal humor. Resaca de angustia y alcohol. La tabla del inodoro está meada, como todas las veces que tiene ganas de cagar. No quiere ir a buscar lavandina a la cocina, así que cierra los ojos, se sienta y bendice la porcelana con el producto de sus entrañas. Mientras hace fuerza observa la ventana iluminada por el sol que está saliendo. Una araña baja del techo colgada del hilito de su culo. Piensa: quizás esta sea la última vez que cague. No es la primera vez que esa idea pasa por su cabeza. Otra mañana en que María, que se durmió a su lado, no despertó con el. Otro día que pasará pensando por qué ella se fue a la madrugada. Hay veces en que la mierda tiene peor olor, esas veces pulsamos con más fuerza y apuro la descarga del agua. Unos mates con lagañas y a la calle otra vez. El recuerdo de un polvo lánguido le carcome las sienes como si fueran gusanos. La cadencia de la marcha, al caminar, evita que ese recuerdo pueda salir de su cuerpo. La gente se mueve frenéticamente alrededor, untándolo; la percibe a millones de kilómetros de el. Un perrito levanta la pata contra la pared. Una chica de furtivo culo, cautivo en un pantalón negro, lava los vidrios de un comercio. Salir a la calle es un buen modo de esconderse, también lo es un gramo de plomo expulsado por una maquinita, piensa. ¿Por qué son tan lindas las pendejas? ¡Porque a ellas nunca les pasó nada! Se siente un filósofo, se siente un sorete. Y el caminar hace que no pueda apartar el recuerdo de María tratando de cabalgar, ilusa, sobre su carne exánime. Eso le hace apurar la marcha. Existe un sello con la imagen de esta mañana. Alguien lo entinta y lo aplica con fuerza y obstinación todos los días. La imagen de ese sello contiene lo que el quiere hacer pero sabe que no hará. Tiene la imagen de la bala que jamás será disparada. Toc toc, toc toc, toc toc, los pasos lo van hundiendo en la multitud. Tuc tuc, tuc tuc, tuc tuc, María tratando de encontrarlo en ese vaivén sin sentido, compulsivo, inevitable. Ella: no me cojás, haceme el amor. El: amame y dejá que no quiera amarte. A un auto verde se le arruga, en una llovizna de vidrios, la trompa contra la cola de un taxi. Hombres que descienden de sus cáscaras de hierro heridas, dispuestos a batirse a muerte con un choque de sus cornamentas viriles. Un eco, nada ocurre, sólo lo que siempre sucede. Pensando en María se arroja a la calle, con el único propósito de cruzarla. Las ruedas traseras de un colectivo esparcen, cual copos de blanca nieve, sus sesos por el asfalto mugriento. ¿Está María en cada uno de esos grumos que ruedan por el piso? ¿O sólo está en algunos? Se junta mucha gente a saborear el espectáculo.