_PanteraNegra_
Usuario (Argentina)
Voy a ser breve, éstas van a ser historias de zombies, típicas, una más, pero por eso no la peor. Es largo sí, pero prometedor, así que les pediría que se tomen el tiempo de leerla, gracias! La vida parece simple al unísono. Todo se vuelve distinto si salimos de la rutina, creería que esa es la idea. Un día, fatigado por largos horarios escolares volvía a mi casa. El colectivo avanzaba su recorrido, conducido por una persona de unos 50 y tantos años, de cara deteriorada y sin emociones, como si los largos años de labor se hubieran tragado todo sentimiento que afloraba en él. Como era común, después de un día como hoy, empece a dormitarme. Me despertaba de a ratos, observando porqué parte del recorrido estaba. Me faltaban cuadras, 10 quizás. El sol se ocultaba, entre los brazos de las montañas y mis ojos se cerraban a su anochecer. Entre dormido lograba escuchar el murmullo de la gente, que cada vez, iba desapareciendo, como si en cada cerrar de ojos los extrajeran del colectivo. En unos de esos tantos murmullos encontré la voz de lo que parecían ser 2 jóvenes, que por lo que narraban, parecían ser universitarios, de alguna carrera de ciencias. Escuche cierta parte de la conversación, algo así como un estudio de mutación genética, o enfermedades. Sinceramente al imaginar que hablaban de alguna película convencional de Hollywood, decidí observar hacía donde estaba llegando mi transporte. Después de un rato de analizar comprendía que estaba llegando a mi parada, así que me fui preparando, agarrando mi mochila y fregandome un poco los ojos para asimilar que estaba despertandome y que era hora de levantar el culo de lo que antes, por solo unos cuantos minutos, se había vuelto mi cama. Ya en la oscura tarde-noche, empece rumbo hacía mi casa, a eso de unas 8 cuadras de la parada. Era lejos, pero mis años de secundaria me fueron curtiendo a lo que eran casi 2 cuadras de subida, con frío, calor, cualquier estado de tiempo y de mi persona. Me preparé para cruzar la ruta que dividía la zona urbana, con la zona rural, sí, vivía en lo que se puede llamar campo, aunque no poseía animales de granja, pero mi familia se había hecho con un gran terreno en lo que por ahora, resultaba un barrio tranquilo. Ya llegando, a un par de cuadras de mi casa, medio dormido y pensando las cosas del día, y las del día anterior, o recuerdos nítidos de cualquier cosa, pasando por un terreno que tenía una casa en su centro, abandonada, sentí entre las grandes arboladas que algo se movió. Me paré, y como a propósito, mi cerebro empezó a recordar todos los films de terror que se me pudieran ocurrir a la vez. El sonido persistía, y como haciéndole caso omiso a ello, seguí mi camino de un par de cuadras sin dejar de prestar atención en el sonido, que parecía desvanecerse con cada pisada mía. Llegué a mi casa, sano y salvo, pero con la duda de que habría sido ese ruido, quizás un perro que al sentir mis pasos despertó y decidió ir a dormir a un lugar más lejos de la calle; quizás algún vecino que dejó regando los arboles a la mañana y volvió a la noche a cerra el agua. No sé, pero estando en mi casa, y habiendo saludado a mi familia, y los soldados, amigos de mi hermano, pase a mi pieza a dejar las cosas. Al salir comí algo y me puse a conversar con los amigos de mi hermano, que como era costumbre, la mayoría de algún comienzo de fin de semana largo, iban a mi casa para degustar un asado, tomar cajones de cervezas y jugar partidas, y partidas de truco. Casi todos los meses sucedía algo similar. Ya comenzando el Sábado, participando de una partida de truco con los amigos, entre chiste y chiste, música y charlas, la naturaleza me llamaba, así que como era tarde, el terreno grande y nadie podía molestarme, decidí ir a "regar" las plantas. Y ahí estaba, agarrado al miembro, mientras pensaba en que cartas me podrían tocar en la mano que venía, había una apuesta de por medio, y mis compañeros de juego confiaban en mí, no pensaba dejarme intimidar por esos 2, que tenían años de experiencia, a los que los llamaba papá y hermano. Mientras terminaba mis necesidades, dejando un poco de delirar, mi piel empezó a erizarse al volver a escuchar ese sonido el cuál me había asustado el día anterior al regreso a mi casa, Sentía el ruido de las hojas al ser pisadas por algo que en la oscura madrugada, no llegaba a apreciar, pero que sabía que estaba ahí. Rápidamente subí el cierre de mi pantalón y di unos cuantos pasos alargados hasta la puerta de mi casa. Para no quedar como un miedoso, esa típica vergüenza, entré como si nada, rogando que lo que había escuchado no haya sido mas que un gato o algo pequeño, y que no era nadie que pudiera entrar conmigo y hacerme daño o tomarme de rehén en lo que podía ser un asalto, no sé, el mundo ya estaba bastante podrido, o eso creía. Cerré la puerta procurando estar preparado por si alguien la pechaba, observando que nadie viniera, pero nada sucedió, así que un poco calmado empece a decirme que quizás fuese una lagartija, o el gato de los inquilinos. El tiempo paso, y sin darme cuenta el sol empezaba a salir desde dentro del mar, pareciera. De a poco cada rayo fue matando la oscuridad para eliminarla por completo. Era primavera, los días empezaban a hacerse más largos, y a las 6 de la mañana, los rayos del sol se hacían notar nitidamente. Los que antes hablaban cosas coherentes y se reían de cosas con sentido ahora hacían todo lo contrario, producto del alcohol que había corrido esa madrugada. Ya no eran muchos los que se mantenían, por así decirlo, sobrios. Yo ya estaba un poco cansado, bah, no era el único, pero por más dormido que hayan estado algunos, y/o cansados como en mi caso, todos sucumbieron ante un grito desgarrador. Era el grito de un infante, parecía ser el hijo de los inquilinos, así que sin titubear asomamos para ver que ocurría y si podíamos ayudar en algo. La cara de todos se lleno de temor y angustia al ver lo que sucedía. La vereda que conducía hacía la casa del inquilino estaba totalmente bañada en sangre, como si alguien hubiera sido degollado, pasando el cuchillo fuertemente, destrozando la carótida y dejándolo morir desangrado. Efectivamente, los gritos eran del hijo mas grande del que ahora estaba muerto en su casa. Él nene corrió hacía nosotros aclamando ayuda y que tengamos cuidado, parece que lo peor estaba por venir. Bueno gente, espero que les haya gustado, si no igual voy a seguir escribiendo las otras parte, me despejo. Hasta luego.