Zuchini
Usuario (Costa Rica)
Un joven español que había perdido sus dos piernas en un accidente automovilístico fue la primera persona en el mundo en recibir un trasplante simultáneo de las dos extremidades. Médicos del hospital La Fe de Valencia, al este de España, lograron el trasplante con éxito luego de cinco horas de cirugía. El equipo médico fue liderado por el cirujano plástico Pedro Cavadas, quien ya se ha destacado por realizar el primer trasplante de cara, lengua y mandíbula, y el primero de dos antebrazos en el mundo. Según explicó Cavadas, el trasplante de piernas es una solución que solo se aplica en casos en los que el paciente haya perdido ambas extremidades, en que las amputaciones son de la rodilla para arriba, y en las que no haya músculo suficiente para colocar una prótesis. De lo contrario, explica, es más fácil y menos riesgoso para el paciente poner una prótesis. “Estas intervenciones deben hacerse solamente en casos muy concretos y a determinados pacientes. La máquina de la verdad es que el resultado sea mejor que con prótesis. Si no, el juego no es justo ni conveniente”, dijo Cavadas en conferencia de prensa. Procedimiento pionero. Este trasplante aún es una intervención experimental y no puede estandarizarse como cirugía. Antes de iniciar el trasplante, debe encontrarse un donador (un cadáver) que tenga el mismo tipo de sangre, del mismo sexo y con edad, estatura, peso y color de piel muy similar al del paciente. Además, el donante debe estar cerca del lugar donde se realizará el trasplante, pues los tejidos no pueden permanecer vivos durante más de cinco o seis horas. La cirugía se realiza por partes: primero, el hueso; luego, los vasos sanguíneos; después los nervios y, finalmente, los músculos y la piel. Una vez encontrado el donante, su fémur se corta para adecuarlo al hueso del paciente, luego se unen ambos huesos, como si se estuviera tratando una fractura. Para ello, se utilizan clavos o placas que mantienen el hueso estable. Después se suturan las arterias y venas con la ayuda de un microscopio. Esto debe hacerse rápido para evitar pérdida de sangre. Luego, los nervios se suturan con un microscopio y, finalmente, se unen los músculos y la piel. El paciente permanece bajo observación una semana para determinar si no hay rechazo a las nuevas extremidades. Recuperación lenta. Una vez efectuada la intervención, al paciente le espera una larga rehabilitación, explican los médicos responsables. Esto es así porque los nervios de los seres humanos tardan mucho en crecer, por lo que la sensibilidad se recupera “a paso muy lento”. Según Cavadas, las células nerviosas crecen un milímetro por día, por lo que deben pasar diez días para que solo un centímetro de las nuevas piernas esté injertado. Lo anterior hace que pueda pasar hasta más de un año para que el paciente tenga sensibilidad en casi toda la pierna y pueda sostenerse en pie. Para el neurocirujano costarricense Miguel Esquivel, el paciente sí tiene posibilidades de recuperarse y que sus nervios logren fijarse y desarrollarse con el paso del tiempo. “Cuando el sistema nervioso se lesiona, es más difícil desarrollar las células nuevamente, pero sí pueden regenerarse. No todos los trasplantes de nervios ‘pegan’, como se dice popularmente, y, si ‘pegan’, no todos lo hacen al 100%”, explicó Esquivel. “Conozco poco del caso, pero considero que el paciente sí tiene esperanzas de que el trasplante funcione y poco a poco se recupere”, añadió. Las autoridades de España se reservaron el nombre del donante y del paciente. Dijeron que aún deben esperar un par de meses para ver la evolución del joven antes de dar más declaraciones. link: http://www.youtube.com/watch?v=XHDjUsxyqcg
ParteI A menudo los que profesan ser católicos hacen dos aseveraciones importantes: (1) La Iglesia Católica es la iglesia más antigua. [Los católicos están firmemente convencidos que la Iglesia Católica es mucho más antigua que cualquier grupo protestante que exista hoy. Aunque esta aseveración es históricamente correcta, ¿es verdad que la Iglesia Católica es la iglesia más antigua?]. (2) La Iglesia Católica es la iglesia bíblica. [Los católicos claman que su iglesia es la que la Biblia describe y, por ende, es la iglesia que Dios aprueba]. Estas dos aseveraciones conllevan algunas implicaciones serias. Primero, si la Iglesia Católica fuera la iglesia más antigua, entonces: (a) no debería existir ninguna iglesia que le preceda; (b) la primera iglesia, la cual Cristo prometió edificar, debería ser la Iglesia Católica; y (c) todo registro bíblico y/o histórico de la primera iglesia debería apuntar al catolicismo. Segundo, si la Iglesia Católica fuera la iglesia bíblica, entonces: (a) la Biblia debería tener un registro de esta iglesia; y (b) la Biblia debería aprobar sus enseñanzas y prácticas. EL ORIGEN DEL CRISTIANISMO Para determinar si la Iglesia Católica es la iglesia más antigua, debemos ir a la Biblia para buscar un registro de la primera iglesia. El profeta Daniel dijo que “el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (Daniel 2:44, énfasis añadido). Dios tuvo un plan para que los seguidores de Su Hijo fueran parte de un reino diferente a los demás, un reino espiritual que permanecería para siempre: la iglesia (cf. Colosenses 1:13). Pero ¿cuándo comenzó esta institución divina? Mateo 16:18 registra la primera vez que el Nuevo Testamento presenta el término “iglesia”. Jesús dijo: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificare mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (énfasis añadido). Los griegos usaban generalmente el término “iglesia” (ekklesia) para hacer referencia a una asamblea política (cf. Hechos 19:41). En Mateo 16:18 se emplea este término por primera vez para describir a los seguidores de Cristo. Cuando Jesús habló de Su iglesia en este versículo, declaró tres cosas muy importantes. Primero, Jesús dijo, “edificaré mi iglesia”. El tiempo futuro del verbo indica que la iglesia todavía no existía. Segundo, Jesús dijo, “edificaré”, indicando que Cristo mismo edificaría la iglesia o sería su fundamento. Tercero, Jesús dijo, “mi iglesia”, indicando que la iglesia le pertenecería. Note una vez más el enunciado que Jesús hizo a Pedro: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca, edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18). Al usar dos términos griegos—petros y petra—el Nuevo Testamento clarifica que esta “roca” (petra) sería la fundación sobre la cual Jesús edificaría Su iglesia. Pero ¿a qué o a quién hace referencia el término “roca”? Mateo narra que Jesús había preguntado a Sus discípulos acerca de quién pensaban que Él era. “Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16). A causa de esta declaración, Jesús hizo el enunciado anterior. Por tanto, esto puede significar solamente una cosa: Jesús edificaría Su iglesia sobre la confesión que Pedro había hecho acerca de Él. En otras palabras, “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” sería la fundación sobre la cual se edificaría la iglesia. Jesús prometió que Pedro sería la persona dichosa de abrir las puertas del cristianismo (o la iglesia), pero Pedro (petros) no sería la roca (petra) de la iglesia. Aunque estos versículos en Mateo 16 no proveen un registro del comienzo de la primera iglesia, sí proveen una predicción exacta de su origen, incluyendo lo siguiente: 1. Esta iglesia todavía no había sido establecida para el tiempo que Jesús habló (vs. 18). 2. Esta iglesia sería establecida por Cristo, Quien también sería su fundamento (vs. 18). 3. Esta iglesia pertenecería a Cristo (vs. 18). 4. Esta iglesia sería edificada sobre la confesión que Jesús es el Cristo (vss. 16,18). 5. Pedro abriría (simbólicamente) las puertas de esta iglesia (vs. 19). Entonces, ¿cuándo se dieron todas estas cosas, y cuándo comenzó a existir la primera iglesia? “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hechos 2:41). Este versículo, registrado por Lucas, narra el resultado del sermón que Pedro y los demás apóstoles predicaron en el Pentecostés. La Biblia señala que los apóstoles se habían quedado en Jerusalén después de la ascensión de Jesús, esperando la promesa del Padre (i.e., la llegada del Espíritu Santo; cf. Hechos 1:4,12; 2:1). Cuando el Espíritu Santo fue enviado, los apóstoles comenzaron a hablar en diferentes lenguas (Hechos 2:4-11). Muchos creyeron, pero también hubieron aquellos que se burlaron (Hechos 2:13). Luego, Pedro, puesto en pie con los once, alzó su voz y predicó a los que le escuchaban (Hechos 2:14). Después de mostrar evidencia contundente de la veracidad mesiánica de Jesús, Pedro declaró: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2:36, énfasis añadido). El relato de Lucas lleva nuestras mentes una vez más a las palabras de Jesús. Jesús había predicho que Pedro abriría las puertas de la iglesia, y que la iglesia sería edificada sobre su confesión (Mateo 16:16-18). En Hechos 2:36, Pedro no solamente abrió las puertas del cristianismo, sino también confesó una vez más que Jesús era Señor y Cristo (i.e., la roca sobre la cual se establecería la iglesia). Por ende, fue en este preciso día que se cumplieron las palabras de Jesús. Hechos 2:41 indica que los que creyeron, “fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas”. La pregunta entonces llega a ser, ¿a qué se añadieron aquellos que creyeron y se bautizaron? El versículo 47 nos da la respuesta: “el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. [NOTA: Algunas versiones (e.g., LBLA, NIV) omiten la palabra “iglesia” y anotan “ellos” (o “grupo”), pero la idea es la misma. En cuanto a esta traducción, Boles declaró que “el significado es que los que oían la palabra, la creían, se arrepentían de sus pecados, y eran bautizados, por medio de este proceso eran añadidos todos juntos, llegando a formar la iglesia” (1992, p. 48)]. Este es el primer texto bíblico que habla de la iglesia en existencia; en este preciso momento en la Escritura se señala la presencia de la primera iglesia. Pedro había abierto las puertas de la iglesia por medio de la predicación de la Palabra. Había confesado una vez más la deidad de Jesús. Y el Señor había integrado a los creyentes a Su iglesia. Entonces, ¿cuál es la iglesia más antigua? Desde luego, la respuesta es la iglesia que Cristo edificó en Hechos 2. Pero ¿qué iglesia fue esta? ¿Fue este el comienzo de la Iglesia Católica (como el catolicismo enseña)? Note que Cristo dijo que edificaría Suiglesia (Mateo 16:18), no la Iglesia Católica. “Saludaos los unos a los otros con ósculo santo. Os saludan todas las iglesias de Cristo” (Romanos 16:16, énfasis añadido). Aunque para el tiempo en que el apóstol Pablo escribió su carta a los romanos ya habían varias congregaciones que alababan a Dios en muchas partes del mundo, todavía existía una característica única entre ellas: todas pertenecían a Cristo (i.e., eran las iglesias de Cristo), ya que Cristo dijo que Él edificaría Su iglesia. Por tanto, todas llevaban honrosamente el nombre de su Fundador—Cristo. Hechos 2 nos informa que la iglesia de Cristo fue establecida en Jerusalén en el Día del Pentecostés (ca. 30 d.C.). Tenía un fundamento único, Jesucristo (1 Corintios 3:11). Cristo, no Pedro, era la piedra angular de la iglesia (cf. 1 Pedro 2:4-8). La iglesia estaba conformada de un grupo de creyentes que llevaban el título “cristianos” (no “católicos”) por origen divino (Hechos 11:26; cf. Isaías 62:2). Ellos constituían el único cuerpo de Cristo (Efesios 1:22-23; 4:4). La iglesia también era considerada la esposa de Cristo (2 Corintios 11:2; Efesios 5:24; Apocalipsis 19:7). Cristo era su autoridad y Cabeza (Colosenses 1:18); no tenía cabeza terrenal. Y en su organización, los nombres o partidos humanos eran condenados (1 Corintios 1:10-13). Esta fue la maravillosa institución divina que Dios estableció en la Tierra—la iglesia de Su Hijo, la iglesia de Cristo (vea Miller, 2007). EL ORIGEN DEL CATOLICISMO Si la Iglesia Católica no es la iglesia más antigua, ¿cómo y cuándo llegó a ser una entidad histórica? Cuando la iglesia del Señor comenzó en Hechos 2, creció considerablemente. Según Hechos 2:41, alrededor de 3,000 personas creyeron en la predicación de Pedro y los demás apóstoles, y fueron bautizados. Hechos 4:4 registra que poco después el número de creyentes era por lo menos 5,000, y Hechos 6:7 informa que “el número de discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén”. Al comienzo, el gobierno romano consideró al cristianismo como otra secta judía sin importancia. El libro de Hechos concluye señalando que incluso bajo custodia romana, Pablo continuó predicando y enseñando “abiertamente y sin impedimento” (Hechos 28:31). Los romanos subestimaron el poder y la influencia del cristianismo, permitiendo que la iglesia tuviera el tiempo y la oportunidad de crecer en los primeros años (Hechos 18:12-16; 23:23-29). Sin embargo, siempre hubo gran oposición de los judíos ortodoxos de ese tiempo, los cuales acosaban intelectual, psicológica y físicamente a los apóstoles y demás cristianos (e.g., Hechos 4:1-3,18; 5:17-18; 9:1-2,22-24; 13:45,50; 17:4-5,13; 21:27-31; 23:12-22). Aunque la persecución fue un duro azote para los cristianos, ellos ya habían sido advertidos de ésta, y sabían cómo reaccionar. Jesús había advertido a Sus discípulos en diferentes ocasiones acerca de las persecuciones venideras por causa de Su nombre (Mateo 10:22). Él les había declarado que serían perseguidos en las mismas maneras que Él lo fue (Juan 15:19-20). De hecho, la persecución de parte de los judíos llegó a ser una realidad poco después que la iglesia comenzó (Hechos 8:1). A causa de su hipocresía e ignorancia de las Escrituras, los judíos insensibles no podían soportar el mensaje del Evangelio. Jesús también había aconsejado a Sus discípulos que huyeran a otras ciudades cuando fueran perseguidos (Mateo 10:23). Él no solamente quería que ellos buscaran seguridad, sino también que predicaran el Evangelio en otros lugares. Al principio, los cristianos no estuvieron dispuestos a dejar la comodidad de sus tierras, pero la persecución apresuró su salida (Hechos 8:1; 11:19; etc.). Al huir, los cristianos se arraigaron a la Gran Comisión del Señor de “ir por todo el mundo y predicar el evangelio”, anunciando la llegada del reino de Dios (Marcos 16:15; Mateo 28:19; cf. Hechos 8:4; 14:4-7; etc.). Producto de los esfuerzos universales de enseñar, y los celos de los judíos en muchos lugares a los cuales los cristianos viajaron, el cristianismo llegó no solamente a obtener interés religioso, sino también político. El gobierno romano comenzó a poner más atención a esta “nueva religión” que frecuentemente era acusada de alborotadora y blasfema al gobierno (cf. Hechos 17:6-9; 19:23-27). Suetonio, un historiador romano, parece confirmar este hecho al escribir lo siguiente acerca de Claudio César: “Él expulsó de Roma a todos los judíos que estuvieron provocando continuos disturbios bajo la instigación de Chrestus” (1890, p. 318). Claramente, para el tiempo del Emperador Claudio (41-54 d.C.), los esfuerzos por intimidar y desacreditar a los cristianos ya eran un asunto serio (cf. Hechos 18:2). A la muerte de Claudio, el infame Nerón tomó el poder. Él ansiaba construir una Roma espléndida para satisfacer sus propios placeres. Muchos historiadores creen que Nerón fue responsable del gran incendio que consumió Roma en el año 64 d.C. y mató a muchos de sus habitantes (e.g., Suetonio, Dión Casio, et.al.; cf. Nelson, 1985, p. 450). Muchos de sus contemporáneos también creían que Nerón era el responsable. Para suprimir estos rumores, Nerón acusó injustamente a los cristianos del crimen, y les castigó en maneras increíblemente horribles. Sus acciones causaron que los cristianos fueran odiados (cf. Tácito, 1836, pp. 287-288). Aunque los cristianos nunca habían gozado del beneplácito del Imperio Romano, Nerón fue el primer emperador en desatar una persecución intensa en contra de ellos. La persecución excesiva e intensa continuó por siglos. Como James Baird escribió, “En realidad, el cristianismo fue opuesto más vigorosamente que cualquier otra religión en la historia prolongada de Roma” (1978, p. 29). Pero aparte del infortunio de los cristianos a causa de los opositores de la justicia divina, había otro peligro en el horizonte, un peligro mucho mayor que la persecución misma: la apostasía predicha. En Su ministerio terrenal, Jesús enseñó a Sus discípulos a vivir por la verdad, enseñar la verdad e incluso morir por la verdad. La verdad de Su palabra (Juan 17:17) era un tesoro invaluable. Jesús sabía que después de Su ascensión, la verdad sería enfrentada, y muchos se apartarían de ella. En una ocasión, Jesús advirtió a Sus discípulos, “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15). Pablo confirmó lo dicho por Jesús cuando escribió, “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño” (Hechos 20:29). El apóstol Juan escribió del cumplimiento de la profecía que Jesús dio como un hecho palpable (1 Juan 4:1). La apostasía predicha por Jesús existía entonces, y muchos se habían apartado de la fe (e.g., 2 Timoteo 4:10). No obstante, la influencia de los apóstoles todavía era fuerte, y ellos guardaban la pureza de la verdad. Muchos de los escritos apostólicos que el Nuevo Testamento preserva tuvieron el propósito de corregir falsas enseñanzas, defender la fe y advertir a los nuevos cristianos de las doctrinas teológicas que surgirían (cf. Gálatas 1:6-10; 1 Timoteo 4:1-3; 1 Pedro 3:15; 1 Juan). Para corregir algunas deficiencias en algunas congregaciones cristianas y defender la fe una vez dada a los santos (Judas 3), Dios mandó (por medio de los apóstoles) a nombrar una pluralidad de ancianos (también llamados “obispos” o “pastores”—Hechos 20:17,28; Tito 1:5,7; 1 Pedro 5:1-4) en cada congregación de la iglesia (Tito 1:5-9; cf. Filipenses 1:1; 1 Timoteo 3:1-7). Los ancianos estaban encargados de supervisar, cuidar y apacentar la grey del Señor (Hechos 20:28). Era su responsabilidad velar por la iglesia que Cristo adquirió con precio de sangre (Efesios 5:25; Hebreos 7:26-27). A la muerte de los apóstoles (quienes no dejaron sucesores apostólicos), los ancianos, juntamente con los diáconos, evangelistas y maestros, tomaron la responsabilidad total de defender la fe. Muchos de ellos habían sido instruidos directamente por los apóstoles, y por ende fueron parte fundamental del desarrollo espiritual de la iglesia. [NOTA: A algunos de estos hombres se les llama “padres de la iglesia” o “padres apostólicos”]. En su libro, El Reino Eterno, F.W. Mattox escribió: Durante los primeros cincuenta años después de la muerte del apóstol Juan, la iglesia luchó por mantener la pureza Apostólica. La literatura de este periodo, escrita por los hombres que fueron comúnmente llamados los “Padres Apostólicos” y “Apologistas”, muestra claramente los esfuerzos que se hicieron por mantener el patrón del Nuevo Testamento como también las tendencias que más tarde provocaron la apostasía (1961, p. 107). Aunque los esfuerzos de los apologistas antiguos por unificar la iglesia fueron enormes, muchos de esos esfuerzos estuvieron basados erróneamente en la racionalidad humana exclusiva. Poco a poco comenzaron a aceptarse nuevas ideas que condujeron a nuevos cambios en la iglesia. El primer cambio principal tuvo que ver con la organización de la iglesia, y específicamente con la autoridad de los ancianos. Como se señaló anteriormente, en los primeros años de la iglesia cada congregación tenía unapluralidad de ancianos que simultáneamente velaban por ella. Sin embargo, muchos comenzaron a considerar a un anciano como superior a los otros, y finalmente reservaron solamente para ese anciano el título de “obispo”. Esto originó disputas y contiendas por el poder. Mas tarde, los “obispos” comenzaron a presidir individualmente sobre varias congregaciones en una ciudad, a lo cual llamaron “diócesis” (Latourette, 1965, p. 67). Uno de los personajes que se aferró a la unidad de la iglesia bajo un solo hombre (i.e., “el Obispo”) fue Ignacio de Antioquia. En su Epístola a los Efesios, escribió: Ya que en este periodo breve de tiempo he gozado de tal comunión con vuestro obispo—que no fue de una naturaleza humana sino espiritual—cuánto más considero bienaventurados a vosotros que estáis unidos a él como la Iglesia está unida a Cristo, y como Jesucristo al Padre, ¡para que todas las cosas puedan armonizar en unidad!.... Por tanto, guardaos de no oponeros al obispo, para que así estéis sujetos a Dios (Robert y Donaldson, 1973, 1:51). Esta nueva organización (i.e., un obispo sobre los demás) comenzó como un llamado a defender la verdad, pero generó un alejamiento del patrón divino a tal grado que, para el año 150 d.C., el gobierno de muchas congregaciones locales difería completamente de la simple organización que el Nuevo Testamento trazaba. Este cambio “inocente” en la organización eclesiástica fue la semilla que precedió a la germinación del movimiento católico muchos años después. Con el tiempo, los obispos que ejercían autoridad en ciertas regiones comenzaron a reunirse para tratar asuntos que les concernían a todos. Finalmente estas reuniones se convirtieron en concilios donde se declaraban formalmente nuevos credos e ideas para todos los cristianos, y donde se condenaban a los supuestos herejes. Constantino, Emperador de Roma, convocó el primero de estos concilios, el concilio de Nicea (325 d.C.). Para el tiempo de su gobierno, el pueblo cristiano había crecido grandemente. A pesar de las constantes persecuciones y la apostasía creciente, muchos cristianos habían permanecido fieles a Dios, y su influencia seguía creciendo. La fe, influencia y valentía de estos cristianos (lo cual guío a muchos a morir por amor a la verdad) eran obvias para Constantino. Desde una perspectiva humana, el cristianismo sería, en algunas maneras, una amenaza potencial para el Imperio si continuaba creciendo. Por tanto, solo había dos opciones: (1) erradicar el cristianismo del Imperio al incrementar la oposición (una táctica que no había funcionado por casi tres siglos); o (2) “unirse a la corriente” para que el cristianismo ayudara a unificar y fortalecer el Imperio. Constantino no solamente decidió parar la persecución a los cristianos, sino promover el cristianismo. Para ayudar a la iglesia, Constantino ordenó que se escribieran a mano 50 copias de la Biblia, y otorgó a algunos cristianos puestos elevados en su gobierno (Miller y Stevens, 1976, 5:46,49). Además, restauró a los cristianos sus lugares de adoración sin demandar pago (vea “El Edicto...”, s.d.). Bajo la dirección de Constantino, se originaron más cambios—especialmente en la organización de la iglesia. Ya que la rescisión de la persecución era algo que los cristianos consideraban imposible, y ya que el favoritismo del gobierno parecía incluso más inalcanzable, muchos de los cristianos se dejaron influenciar por el gobierno a tal punto de desviarse cada vez más de la verdad. Bajo la influencia de Constantino, comenzó a desarrollarse una nueva organización eclesiástica a modo de la organización del gobierno romano. Aunque la influencia de Constantino sobre el cristianismo era imponente, irónicamente Constantino mismo no era un cristiano. Solamente poco antes de su muerte—y seguro con la esperanza que sus pecados fueran perdonados—aceptó ser bautizado por la causa cristiana (vea Hutchinson, 1959, p. 146). Aunque el catolicismo no nació formalmente para el tiempo de Constantino, ciertamente la influencia y el legado que Constantino dejó fueron piedras fundamentales sobre las cuales el catolicismo pronto asentaría su dominio. Cuanto más la iglesia obtenía beneficios del gobierno, más semejante a éste llegaba a ser, y se alejaba más del patrón divino. Para el siglo VII, muchos “cristianos”, tomando el modelo del gobierno romano, constituyeron en Roma a un solo hombre, el papa, para ejercer dominio eclesiástico universal. Según el modelo de los consejeros del emperador romano, se constituyó un grupo de cardenales para aconsejar al papa. Según el modelo de los gobernadores romanos, se constituyó obispos sobre diócesis. Y, según el modelo del Imperio Universal (i.e., católico) Romano, se constituyó una nueva iglesia—la Iglesia Católica Romana. Por consiguiente, se estableció la Iglesia Católica a comienzos del siglo VII, bajo la jurisdicción del primer hombre considerado “papa” universalmente, Bonifacio III. REFERENCIAS Baird, James O. (1978), “Las Pruebas y Tribulaciones de la Iglesia Desde el Principio”, El Futuro de la Iglesia [“The Trials and Tribulations of the Church from the Beginning,” The Future of the Church], ed. William Woodson (Henderson, TN: Freed-Hardeman College). Boles, H. Leo (1992), Comentarios del Nuevo Testamento: Hechos, trad. Rolando Romero (Nashville, TN: Gospel Advocate). “El Edicto de Milán” (sine data), [En-línea], URL:http://home.inreach.com/bstanley/sedict.htm. Hutchinson, Paul y Winfred Garrison (1959), 20 Siglos de Cristianismo [20 Centuries of Christianity] (Nueva York: Harcourt, Brace and Co.). Latourette, Kenneth S. (1965), El Cristianismo a Través de los Tiempos [Christianity through the Ages] (Nueva York: Harper & Row) Mattox, F.W. (1961), El Reino Eterno [The Eternal Kingdom] (Delight, AR: Gospel Light). Miller, Dave (2007), Lo que la Biblia Dice acerca de la Iglesia de Cristo [What the Bible Says about the Church of Christ] (Montgomery, AL: Apologetics Press). Miller, Jule y Texas Stevens (1976), Una Serie de Estudios Bíblicos Visualizados: Historia de la Iglesia del Señor, trad. Gabino Rico (Houston, TX: Gospel Services). Nelson, Wilton M., ed. (1985), Diccionario Ilustrado de la Biblia (Miami, FL: Editorial Caribe), catorceava edición. Roberts, Alexander y James Donaldson, eds. (reimpresión de 1973), Padres Ante-Nicenos: Los Padres Apostólicos con Justino Mártir e Ireneo [Ante-Nicene Fathers: The Apostolic Fathers with Justin Martyr and Irenaeus] (Grand Rapids, MI: Eerdmans). Suetonio Tranquilo (1890), La Vida de los Doce Césares [The Lives of the Twelve Cæsars], trad. Alexander Thomson (Londres: George Bell and Sons). Tácito, Cornelio (1836), Las Obras de Cornelio Tácito [The Works of Cornelius Tacitus] (Philadelphia, PA: Thomas Wardle). Parte II EL DESARROLLO DEL CATOLICISMO Una nueva iglesia había nacido, una iglesia que difería completamente de la iglesia que Cristo estableció. Mientras que la iglesia de Cristo había nacido en Jerusalén (Hechos 1:12; 2:1; etc.), esta iglesia había nacido en Roma. Mientras que la iglesia de Cristo había nacido con poder espiritual (Hechos 2:2-4), esta iglesia había nacido con poder político y militar. Mientras que la iglesia de Cristo había nacido bajo la autoridad de una sola Cabeza divina (Colosenses 1:18), esta iglesia había nacido bajo la autoridad de una cabeza humana—el papa. Esta nueva iglesia pronto invadió la Tierra con sus nuevas doctrinas. No obstante, una amenaza inesperada para esta clase de cristianismo se acercaba rápidamente del Oriente: el islamismo. Con Mahoma a la cabeza, el islamismo se originó en 622 d.C. y se propagó agresivamente. En menos de 25 años desde el comienzo de la “hégira” (i.e., la huida de Mahoma de la Meca), los seguidores de Mahoma habían tomado control de Egipto, Palestina, Persia y Siria (Mattox, 1961, p. 173). Con su sed de conquista, esta religión amenazaba convertir al mundo entero a sus creencias. Pronto la amenaza al catolicismo se hizo más patente. Muchos católicos en países conquistados se habían convertido al islamismo a causa del temor; el avance de esta doctrina sobre la influencia romana y su religión oficial parecía inevitable. La religión romana, y la unidad del estado que dependía en ella, pronto colapsarían si no se hacía algo con diligencia. Por ende los conflictos entre católicos y musulmanes dieron origen a las infames Cruzadas. Las Cruzadas (desde 1096 hasta 1270) fueron expediciones militares que comenzaron como un cumplimiento de un “voto solemne” para recuperar los “lugares santos” en Palestina de las manos de los musulmanes. En noviembre de 1095, el Papa Urbano IIinstigó a las masas a luchar contra los turcos Selyúcidas islámicos que invadieron el Imperio Bizantino y sometieron a griegos, sirios y armenios católicos. Él también quería extender su poder político y religioso. Para incitar a los católicos a tomar parte en una guerra sangrienta en “nombre de Dios”, el papa ofreció perdón de pecados, protección de las tierras que pertenecían a los cruzados y la posibilidad del saqueo (vea Hitchens y Roupp, 2001, p. 186). Aunque muchos respondieron al llamado a unirse a las Cruzadas, estas no cumplieron el propósito inicial de recuperar las Tierras Santas. Después de muchos años de batallas y vidas perdidas, las Tierras Santas todavía estaban en manos musulmanas. Sin embargo, las Cruzadas mejoraron las relaciones entre naciones católicas y evitaron el avance turco en Europa. Poco después de las Cruzadas, comenzaron a surgir nuevas ideologías que el catolicismo consideraba herejías. Multitudes de personas, guiadas por líderes religiosos intransigentes, ejecutaban a personas consideradas herejes sin ningún proceso judicial. La necesidad de una regulación judicial en cuanto a la herejía, la preocupación católica en cuanto al crecimiento de nuevas ideologías revolucionarias y el afán de incrementar el poder de la Iglesia Católica dieron origen a una nueva ola sangrienta conocida paradójicamente en la historia como la “Santa” Inquisición. La Inquisición es descrita generalmente como la institución judicial creada en la Edad Media para procesar a los enemigos de la religión del estado (i.e., catolicismo). Existieron tres tipos de inquisiciones. 1. La Inquisición Episcopal fue establecida por el Papa Lucio III en 1184. Fue supervisada y administrada por los obispos locales. Una vez fijada la doctrina ortodoxa, el obispo de la diócesis respectiva comenzaba a investigar y estudiar las desviaciones doctrinales. Si se confirmaba el “crimen”, entonces el hereje era castigado, principalmente con penitencias canónicas (vea Chami, 1999a). 2. La Inquisición Pontificia fue creada por el Papa Gregorio IX en 1231 (vea Schmandt, 1988, 10:277). Fue encargada a la orden dominica que estaba sujeta solamente al pontífice. Se introdujo en Francia en 1233, en Aragón en 1238 y en Italia en 1254 (Mattox, 1961, pp. 214-215). En esta clase de organización, los inquisidores llegaban al lugar de la supuesta herejía y, con la ayuda de las autoridades, pedían que los herejes se presentaran voluntariamente. También se incitaba al público a reportar a los herejes; cualquier individuo podía acusar a otro de herejía. Se forzaba al acusado a confesar su “herejía” sin oportunidad a confrontar a sus acusadores o defenderse. Al “hereje” que rechazaba aceptar los cargos en su contra le esperaba un largo periodo de aprisionamiento. Varias sesiones de tortura interrumpían su aprisionamiento hasta que confesara su “herejía”. Si no lo hacía, se le ponía a disposición de las autoridades civiles que administraban la pena de muerte al “hereje obstinado”. 3. La Inquisición Española es considerada la inquisición más espantosa. Comenzó en 1478 con la aprobación del Papa Sixto IV, y duró hasta 1834 (vea “Inquisición”, 1997, 6:328). Este tribunal se diferenciaba de la Inquisición Pontificia porque el inquisidor era nombrado por el rey en vez del papa, así que el inquisidor se convertía en servidor del estado en vez de la iglesia (vea Chami, 1999b). Algunas de las razones principales de esta inquisición fueron: o El “peligro” judío—En los siglos XIV y XV, Europa fue azotada por graves crisis económicas. Muchas plagas y epidemias contribuyeron a esta situación. A causa de sus prácticas estrictas de higiene, los judíos en Europa sobrevivieron a estas epidemias y plagas. Mientras que los europeos caían en desesperación y pobreza, los judíos mantenían su estatus económico. Esta situación produjo muchas protestas en contra de los judíos y alimentó la avaricia política y religiosa por confiscar las riquezas judías. Forzados a renunciar a sus actividades económicas, y presionados por sacerdotes fanáticos, muchos judíos se convirtieron a la religión católica a comienzos del siglo XV. Muchos católicos comenzaron a tener celos del progreso financiero y la posición social continua de estos judíos, y les acusaron de haberse convertido falsamente (vea Domínguez, s.d.). o La necesidad de unidad en el reino—España estaba unida políticamente bajo los “Reyes Católicos”, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, pero todavía quedaban muchas ideologías religiosas distintas en el país. Con el deseo de unificar a su país religiosamente, los reyes pidieron permiso al papa para “purificar” su reino de las ideologías no-católicas por medio de la Inquisición (vea Chami, 1999b). Estas fueron algunas razones para la cruel Inquisición Española. Con el paso del tiempo, este tribunal cruel se dedicó a perseguir a los musulmanes, las supuestas brujas y a los defensores del protestantismo. Aunque las inquisiciones anteriores fueron crueles, la Inquisición Española fue creada para aterrar incluso al criminal más vil. Sus instrumentos de tortura fueron más innovadores e inhumanos que los de los tribunales anteriores. Los métodos de tortura incluían, aunque no estaban limitados a (1) la dislocación de las coyunturas del cuerpo; (2) la mutilación de las cavidades interiores vaginales, anales y orales; (3) el arrancamiento de lenguas, pezones, orejas, narices, genitales e intestinos; (4) el quebramiento de los huesos de las piernas, brazos, dedos de la mano y del pie; (5) el aplastamiento de nudillos, uñas y cabezas; (6) la partición de cuerpos a la mitad por la sierra; (7) la perforación de la piel y huesos; (8) el desgarramiento de la piel del rostro, abdomen, espalda, extremidades y senos; y (9) el estiramiento de las extremidades del cuerpo (vea Rodriguez, 2007). Aunque el catolicismo trate de negar su pasado, la historia muestra claramente las atrocidades que se cometieron en el nombre de la fe católica. El catolicismo puede tratar de esconderse detrás de las injusticias cometidas por otros religiosos para cubrir su propia vergüenza, pero la verdad es que la metodología católica fue la inspiración para el lienzo cruento de otros “artistas” religiosos. No existe duda que las Cruzadas e Inquisiciones cumplieron un rol crucial en el desarrollo y crecimiento de la Iglesia Católica en un mundo que no quería conformarse a esa clase de religión. EL CATOLICISMO EN TIEMPOS RECIENTES En el pasado, la Iglesia Católica usó métodos violentos para destruir la oposición a sus enseñanzas y prácticas. Hoy, sin la tortura, los tribunales y la matanza, el catolicismo parece pasivo delante del crecimiento de otras religiones. El comienzo del siglo XVI alimentó el fuego de la Inquisición. Noventa y cinco razones para esto fueron clavadas en la puerta de la Iglesia Católica de Wittenberg, Alemania. ¿Quién fue el responsable? Un hombre: Martín Lutero. Aunque algunos hombres antes de él habían intentado desatar la Reforma (e.g., John Wycliffe, John Hus, et.al.), el movimiento de la Reforma no fue exitosamente posible sino hasta Lutero. Martín Lutero nació en Eisleben, Saxony, Alemania en 1483. Fue hijo de un minero pobre, y pagó sus estudios en la Universidad de Erfurt con limosnas que recaudaba. En 1505, llegó a estar más interesado en la salvación de su alma y la búsqueda de paz espiritual que en el estudio de la ley. Entró al convento agustiniano en Erfurt donde se convirtió en un monje devoto, pero espiritualmente afligido. En 1508, Lutero llegó a la conclusión que algunas enseñanzas y la organización de la Iglesia Católica diferían completamente de las del Nuevo Testamento. La inmoralidad del clérigo en Roma, la irreverencia ante los sacramentos que sus mismos defensores mostraban y la avaricia de aquellos que recaudaban indulgencias e imponían otras penalidades fijó a Martín Lutero en un rumbo de colisión con la religión católica. En 1517, sus 95 tesis conmocionaron el mundo católico tanto que, para 1520, el papa expidió una bula que demandaba a Lutero a retractarse de sus enseñanzas o ser excomulgado. Sin embargo, él no sucumbió a esta amenaza, y continuó esparciendo sus enseñanzas (vea Mattox 1961, pp. 243-261; Pelikan, 1988, 12:531-533). Otros, tales como Huldreich Zwingli (1484-1531) en Suiza y Juan Calvino (1509-1564) en Francia y Ginebra, Suiza, también contribuyeron grandemente a la Reforma y el desarrollo de las religiones protestantes. Varias condiciones favorecieron el progreso de la Reforma en el siglo XVI. (1) El Renacimiento—Este movimiento cultural estimuló la libertad intelectual y promovió el estudio de las Escrituras en Europa. Mucha gente comenzó a darse cuenta de las diferencias entre el catolicismo y el cristianismo del Nuevo Testamento. (2) La corrupción de la jerarquía en la Iglesia Católica—El dinero compraba el derecho y los privilegios, y la inmoralidad reinaba el día, incluso entre el clérigo católico. La inconsistencia entre la fe y la práctica llegó a ser más notoria. (3) El apoyo de los soberanos seculares en oposición a la jerarquía católica—Para este tiempo, la Iglesia Católica poseía un tercio de la tierra de Europa Occidental. Los gobernantes estaban ansiosos de poseer este territorio, como también otras propiedades que la iglesia había tomado. (4) El uso de la imprenta—Lutero y otros usaron la imprenta para esparcir sus ideas y las Escrituras a través de Alemania y otros países (vea Mattox, 1961, pp. 239-246). Para 1542, el protestantismo se estaba extendiendo a muchos lugares e incluso estaba penetrando en Italia con sus doctrinas. A causa del temor de esta nueva rebelión ideológica, el Papa Pablo III instigó al público y a los líderes de la iglesia a regresar a los niveles crueles de la Inquisición. A pesar de esto, el protestantismo floreció. La Iglesia Católica había encontrado a un gran enemigo que no parecía tener la mínima intención de ceder. No obstante, el “Santo Oficio” de la Inquisición continuó funcionando durante los siglos siguientes y se extendió a las colonias que España conquistó en el Nuevo Mundo. El tribunal de la Inquisición tenía jurisdicción sobre otros tribunales organizados en las colonias hispanoamericanas. En estas colonias, la Inquisición no alcanzó el mismo nivel de infamia que en Europa ya que los nativos estaban comenzando a aprender la religión católica y todavía no entendían cada dogma católico. Pero la ínfima muestra de “amabilidad” en los países conquistados no pudo evitar borrar la crueldad inherente del “santo” tribunal. En 1808, José Bonaparte (hermano de Napoleón) firmó un decreto suprimiendo el “Santo Oficio”, pero fue en 1834 que se promulgó el edicto definitivo de su abolición (vea O’Malley, 2001; “Inquisición”, 1997, 6:328). Estando su brazo político, militar y social quebrantado, lo único que le quedó a la Iglesia Católica fue “unirse a la corriente” y aceptar lo que parecía ser el fin de su dictadura. En crudo contraste a su pasado, la Iglesia Católica ha llegado a tolerar cada vez más a otras religiones a pesar de su oposición verbal y pública. Esta tolerancia ha guiado a una mezcla de catolicismo con religiones evangélicas, tales como el luteranismo, pentecostalismo, etc., causando repercusiones serias en el mundo católico. Esta situación claramente muestra que esta clase de religión no se basa en la Biblia, sino en las preferencias religiosas. Nadie puede decir con seguridad lo que la Iglesia Católica será o aceptará en el futuro, pero la historia narra vívidamente sus creencias y prácticas pasadas. REFERENCIAS Chami, Pablo A. (1999a), “Origen de la Inquisición”, [En-línea], URL:http://www.pachami.com/Inquisicion/Origen.html. Chami, Pablo A. (1999b), “La Inquisición en España”, [En-línea], URL: http://pachami.com/Inquisicion/Espa.htm. Domínguez, Antonio O. (sine data), “El Problema Judío”, [En-línea], URL: http://www.vallenajerilla.com/berceo/florilegio/inquisicion/problemaj udio.htm. Hitchens, Marilynn y Heidi Roupp (2001), Cómo Prepararse para el SAT: Historia Mundial[How to Prepare for SAT: World History] (Hauppauge, NY: Barron’s Educational Series). “Inquisición” [“Inquisition”] (1997), La Nueva Enciclopedia Británica [The New Encyclopædia Britannica] (Londres: Encyclopædia Britannica). Mattox, F.W. (1961), El Reino Eterno [The Eternal Kingdom] (Delight, AR: Gospel Light). O’Malley, John W (2001), “Inquisition” [“Inquisition”] Enciclopedia Encarta 2002 [Encarta Encyclopedia 2002] (Redmond, WA: Microsoft Corporation). Pelikan, Jaroslav (1988), “Lutero, Martín” [“Luther, Martin”], La Enciclopedia del Libro Mundial [The World Book Encyclopedia] (Chicago, IL: World Book). Rodriguez, Ana (2007), “Inquisición: Instrumentos de Tortura, ‘Sacudida Cultural’ para el Espectador”, La Jornada, 9 de marzo, [En-línea], URL: http://www.jornada.unam.mx/2007/01/09/index.php?section=cultura& article=a04n1cul. Schmandt, Raymond H. (1988), La Enciclopedia del Libro Mundial [The World Book Encyclopedia] (Chicago, IL: World Book).

La ciencia se destaca por lograr describir y explicar fenómenos naturales que nos rodean. Los científicos no se dan por satisfechos cuando han descripto un fenómeno. Buscan entender la estructura subyacente y las leyes naturales que los determinan. Es a este nivel más profundo donde pueden suscitarse conflictos entre la ciencia y la teología; la primera tiende a utilizar un lenguaje exclusivamente naturalista para sus declaraciones. A medida que la ciencia genera explicaciones naturalistas más completas para describir el universo, da la impresión que hay menos espacio para Dios en el escenario; si la ciencia llegara a descubrir una teoría “completa”, probablemente describiría un universo en el cual Dios no existiría. Estoy seguro que esta conclusión no es obligatoria ni válida y mi objetivo es mostrar, utilizando ejemplos de la física, que en el afán de plantear una explicación más completa del universo, los científicos se enfrentan con evidencias cada vez mayores de Dios y su diseño. En las últimas décadas se han invertido muchos recursos y se han hecho grandes esfuerzos para encontrar la teoría completa de la física. Estos planteamientos tienen nombres como “Teoría de gran unificación” o “Teoría del todo” e incluyen propuestas tales como la “gravedad cuántica de bucles”, la “teoría de las cuerdas” y la teoría M. Esta búsqueda es tan profunda que muchos de los involucrados no tienen otra salida que usar lenguaje teológico en sus descripciones. Stephen Hawking dice que es una búsqueda para conocer “la mente de Dios”.1Aunque el “dios” al que hace referencia es apenas una pequeña faceta del Dios que conocemos por la Biblia, esto indica que una teoría completa no contradice una postura teísta. En vez de hacer un resumen más –dado que ya hay muchas revisiones2 de la teoría completa– me limitaré al análisis de una pieza del rompecabezas analizando las consecuencias teológicas que conlleva. Abundancia de los elementos Los físicos se han preguntado largamente por qué la Tierra tiene la proporción exacta de carbono, oxígeno y otros elementos necesarios para la vida. Hace 60 años se descubrió cómo el hidrógeno se une para formar helio en el Sol y otras estrellas, pero no parecía haber un mecanismo para generar elementos más pesados. Cuando dos átomos de helio se chocan, aparece una forma inestable de berilio que inmediatamente3 se vuelve a separar en dos átomos de helio. Son necesarios tres átomos de helio para crear carbono, pero la probabilidad de que un tercer átomo de helio choque con el berilio antes que se separe es demasiado pequeña como para poder generar todo el carbono que existe. En ese momento el descubrimiento fue visto por algunos como suficiente evidencia de una “creación científica”. La ciencia no podía explicar la existencia del carbono y oxígeno en la Tierra. Por ello, el argumento era que estos elementos existen en la proporción correcta porque esa era la forma en que Dios los había creado. Pero la historia continúa. En 1953, el astrónomo Fred Hoyle planteó la hipótesis de que el carbono debe tener un estado excitado a un nivel de energía de resonancia relacionada a la suma de las energías del berilio inestable y el helio. Esta resonancia favorecería la creación de carbono en las estrellas. Los físicos reaccionaron con escepticismo, dado que él no era físico nuclear. Sin embargo, luego de realizar experimentos descubrieron que el estado excitado existía y tenía exactamente el nivel de energía predicho por Hoyle. Este descubrimiento de la “resonancia del carbono” bastó para poder explicar cómo se formaba dicho elemento. Poco después, se descubrió una “resonancia del oxígeno”. Pero si se acercaba demasiado a la del carbono, la colisión de helio y carbono transformaría rápidamente casi todo el carbono en oxígeno, haciéndolo desa-parecer. Se necesita entonces no solo una “resonancia del oxígeno” sino que también tiene que estar desfasada de la cantidad correcta a fin de obtener la relación apropiada entre carbono y oxígeno. Para 1960, los detalles mecanicistas de la nucleosíntesis estelar ya habían sido demostrados. Se podía explicar la existencia y abundancia de los elementos –incluyendo carbono y oxígeno– tan esenciales para la vida. Parecía que se había derribado cualquier argumento a favor del diseño del universo. Hoyle, quien se consideraba ateo, lo interpretó de otra forma. “Desde 1953, Willy Fowler y yo hemos estado intrigados por la relación llamativa entre el nivel de energía de 7,65 MeV en el núcleo del 12C y el nivel de 7,12 MeV en el 16O. Si uno quisiera producir carbono y oxígeno en cantidades aproximadamente iguales por medio de nucleosíntesis estelar, estos serían los dos niveles que se tendrían que fijar y lo tendrían que hacer en los valores precisos que se encontraron en la realidad. ¿Otro trabajo montado? Siguiendo la dirección del argumento anterior, me inclino a pensar que sí. Una interpretación juiciosa de los hechos nos induce a pensar que un superintelecto ha “jugado” en la física, la química y la biología y que en la naturaleza no hay fuerzas ciegas dignas de mención.4 Es claro que Hoyle no estaba pensando en los detalles mecanicistas cuando dijo que el universo había sido “montado”. Por el contrario, tenía en mente las leyes fundamentales de la física que necesitan estar afinadas a la perfección para crear las resonancias necesarias para que el mecanismo funcione. Ahora sabemos que si la “interacción nuclear fuerte” fuese 0,5% mayor que su valor actual, prácticamente no habría carbono. Si fuese 0,5% más débil, prácticamente no habría oxígeno.5La exactitud que tienen que tener las resonancias del carbono y oxígeno también limitan la fuerza electromagnética, la distancia de interacción de la fuerza nuclear fuerte, la masa de protones y neutrones y la constante de Planck.6 Tal como lo descubrió Hoyle, es mucho más difícil contestar la pregunta de por qué las constantes y leyes fundamentales están fijadas exactamente como debería ser si uno no recurre a un Diseñador, que contestar la pregunta original de por qué el universo tiene las cantidades exactas de los elementos necesarios para la vida. En el movimiento del Diseño Inteligente hay quienes buscan explicaciones que la ciencia no puede dar, examinando lugares donde las explicaciones científicas están incompletas. Si estas anomalías no se pueden explicar fácilmente por medio de las teorías científicas, las mismas podrían servir de evidencia de que hay un diseñador detrás de la obra. Estos argumentos sobre el diseño fueron propuestos por William Paley en el siglo XIX cuando se imagina que encuentra un reloj tirado en el piso y se cuestiona cómo llegó hasta allí: “La inferencia es que el reloj necesariamente tuvo un fabricante. Tiene que haber existido, en algún momento o lugar, uno o varios artífices que lo formaron con el propósito que ahora vemos que cumple. Estas personas sabían cómo se construía y el uso para el cual debía ser diseñado”.7 Paley se daba cuenta que la estructura del universo era mucho más compleja que la del reloj y llegaba a la conclusión que el universo tiene que haber sido diseñado. Los argumentos relacionados al diseño pueden proveer un gran apoyo para la existencia de un creador-diseñador. Sin embargo, a medida que la ciencia avanza y se obtienen explicaciones para diversos fenómenos, disminuye el lugar que tiene Dios para actuar. Esto da la idea de que se lo invoca simplemente como un “tapón” para explicar lo que la ciencia aún no ha clarificado. Este es el argumento presentado por Richard Dawkins en su libro El relojero ciego.8 El punto débil de este argumento se puede ver en el problema de la resonancia del carbono en la cual la respuesta que tapa el “hueco” necesita a su vez una explicación. En resumen, Dawkins le dice a Paley que siga caminando ya que encontrará una fábrica de relojes que funciona en forma autónoma. Según Dawkins, esto explica cómo llegó allí el reloj, pero aparentemente no se da cuenta que es mucho más difícil explicar la existencia de una fábrica automatizada de relojes sin recurrir a un diseñador que la mera explicación de la aparición del reloj original.9 Existen otros ejemplos más recientes que se podrían presentar. En general los físicos se dan cuenta que cuando descubren un mecanismo que explica un fenómeno cuyas bases se desconocían, terminan invocando leyes o principios de la física que son más fundamentales y que aún no se han explicado completamente. Como expresa el físico Stephen Barr: “En cada caso en el cual la ciencia explica el orden, termina invocando un orden mayor, más impactante y más abarcador. Es por ello que, en definitiva, las explicaciones científicas no permiten que escapemos del argumento del diseño. Cuando el científico ha finalizado su trabajo no queda menos para explicar sino que han surgido más interrogantes. El universo nos parece mucho más ordenado a nosotros que a las personas de la antigüedad que apelaron al orden como una prueba de la existencia de Dios”.10 Por ello, cuanto más nos acercamos a una teoría completa de la física, más claramente vemos el diseño subyacente. El astrofísico Paul Davies llegó a una conclusión similar: “La tentación de creer que el universo es el producto de algún tipo de diseño, una manifestación de algún juicio estético y matemático, es irresistible. Personalmente comparto –supongo con la mayoría de los físicos– la creencia de que ‘hay algo detrás de todo’”.11 La física ha tenido mucho éxito en entender los detalles mecanicistas de cómo se formaron los elementos. Pero cuando se trata de entender por qué las leyes físicas están coordinadas de forma tan precisa que los mecanismos funcionan, muchos físicos admiten que aparentemente hay un acto manifiesto de diseño en el universo. Conclusión Según Frank Hasel “tanto en la ciencia como en la teología, la humildad es una de las características más difíciles de encontrar, pero es imperativa para aquellos que están involucrados en el estudio de ambas”.12 La física nos brinda herramientas poderosas para entender los detalles más complejos de la creación de Dios. Sin embargo, a medida que los físicos amplían las fronteras de su disciplina en búsqueda de una comprensión total del universo, se dan cuenta de sus limitaciones y reconocen que incluso sus explicaciones revelan que hay un orden fundamental que no puede ser explicado. Por lo tanto, la ciencia física mueve al físico a la humildad. Por su especialidad, los teólogos también deben ser humildes. La Biblia presenta una explicación confiable y fidedigna de cómo Dios ha inter-actuado con la humanidad a través de la historia y provee todo lo que es necesario para la salvación. Pero eso no significa que todas las preguntas respecto a la naturaleza de Dios estén contestadas. Siempre hay algo más que los teólogos tienen que aprender acerca de Dios. “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8, 9). La búsqueda del teólogo de una imagen completa del Dios trascendental e inaccesible también requiere humildad. Tanto los físicos como los teólogos ven “por espejo, oscuramente”. Ambos vemos lo suficiente para tener cierta idea de lo que Dios ha revelado acerca de sí mismo y su creación. Sin embargo, es apenas una sombra de la realidad. Estamos esperando el momento en el que podamos ver claramente la imagen completa y seamos capaces de unir los puntos de vista de nuestras disciplinas dado que al aprender acerca de la creación de Dios también aprendemos sobre Dios. “Ahora vemos por espejo, oscuramente; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como fui conocido” (1 Corintios 13:12) Gary W. Burdick, Ph.D. (Universidad de Texas, Austin) es profesor de Física y decano asociado para el programa de graduados en la universidad de Andrews, Berrien Springs, Míchigan. Sus investigaciones se centran en la espectroscopía óptica teórica y experimental. E-mail: [email protected]. Página de internet http://www.andrews.edu/cas/physics/faculty/burdick_gary.html. REFERENCIAS 1. Stephen W. Hawking, A Brief History of Time: From the Big Bang to Black Holes (Nueva York: Bantam, 1988). 2. Roger Penrose, The Road to Reality: A Complete Guide to the Laws of the Universe (Nueva York: Knopf, 2005), Brian Greene, The Fabric of the Cosmos: Space, Time, and the Texture of Reality (Nueva York: Knopf, 2004). 3. Para ser específico, la vida del 8Be es un décimo de un femtosegundo (10-15 s). 4. Fred Hoyle, “The Universe: Past and Present Reflections,” Annual Review of Astronomy and Astrophysics, Vol. 20 (1982), pp. 1-35. 5. H. Oberhummer, A. Canto, and H. Schiotti, “Stellar Production Rates of Carbon and Its Abundance in the Universe,” Science 289 (Julio 7, 2000), pp. 88-90. 6. B. L. Cohen, “Understanding the Fine Tuning in Our Universe, The Physics Teacher 46, 285-289 (Mayo 2008), pp. 285-289. 7. William Paley, Paley’s Natural Theology, F. Le Gros Clark, ed. (SPCK, 1890), p. 11, citado en Phil Dowe, Galileo, Darwin, and Hawking: The Interplay of Science, Reason, and Religion (Grand Rapids, Míchigan: Eerdmans, 2005), p. 110. Cita en español de: http://es.wikiquote.org/wiki/William_Paley. 8. Richard Dawkins, El relojero ciego (España: RBA Coleccionables S.A., 2004). 9. Agradezco a Stephen M. Barr, Modern Physics and Ancient Faith (South Bend, Indiana: University of Notre Dame Press, 2002) por esta ilustración. 10. Ibid., p. 79. 11. Paul C. W. Davies, “The Christian perspective of a Scientist,” revision de John Polkinghorne, “The Way the World Is,” New Scientist, 98:1354 (Junio 2, 1983), pp. 638-639. 12. Frank M. Hasel, “How to Deal With Open Questions: Facing the Challenges Between Faith and Science,” Ministry, (Julio 2007), pp. 21-23. © 2006, Adventist Ministry to College and University Students (AMiCUS) Sitio de Diálogo: www.adventist.org/education/dialogue/
por Bert Thompson, Ph.D. INTRODUCCIÓN Un descubrimiento muy inusual en el país de Inglaterra—más de 150 años atrás—envió a los científicos a corretear por respuestas para las preguntas que nunca antes habían sido hechas. En 1822, Gideon Mantell, un doctor de medicina y un coleccionista aficionado de fósiles, fue con su esposa, Mary Ann, a visitar a un paciente enfermo. Mientras que el Dr. Mantell se ocupaba de sus deberes, la Sra. Mantell decidió dar un paseo, y mientras lo hacía pasó por un montón de piedras al costado del camino. Al mirar hacia abajo, ella vislumbró algunos objetos bastante raros—que parecían ser inmensos dientes fosilizados—incrustados en algunas piedras. Ella informó del hallazgo a su esposo, y juntos fueron de camino a la cantera cercana de donde las piedras aparentemente habían tenido su origen. Allí ellos encontraron no solamente más dientes idénticos al primero, sino también varios huesos fosilizados. El Dr. Mantell creía que los dientes y huesos eran los restos de una criatura no descubierta hasta el momento. Él los mostró a varios científicos, y aunque ninguno de ellos pudo identificar los fósiles, cada uno de ellos rechazó rotundamente creer que estos fueran de alguna criatura misteriosa y no-conocida del pasado. Frustrado, el Dr. Mantell envió sus hallazgos al famoso francés experto en fósiles, Baron Cuvier, quien (incorrectamente) identificó los dientes como los de un rinoceronte, y los huesos como los de un hipopótamo extinguido. Más tarde, el Dr. Mantell mostró los huesos a un amigo familiarizado con la iguana, un lagarto que vivía tanto en Méjico y América del Sur. Aunque los dientes fosilizados eran mucho más grandes, su amigo declaró que estos lucían exactamente como los dientes de la iguana. Convencido de que él había descubierto los restos de un animal como-reptil gigante herbívoro, el Dr. Mantell lo llamóIguanodonte (“iguana-diente”). Mientras tanto, inmensos huesos y dientes eran desenterrados en Oxfordshire, Inglaterra, y se concluyó que habían venido deMegalosaurio, un animal como-lagarto. Para 1842, suficiente de estas clases de fósiles habían sido descubiertos como para convencer al destacado anatomista británico, Don Richard Owen, que un grupo completo de reptiles inmensos como-lagartos habían vivido en el pasado. En una conferencia en ese mismo año, él creó el nombre “dinosaurios” (de las palabras griegas deinos y sauros—“lagartos muy grandes”) para describirlos. Pronto los cazadores de fósiles de América se unieron en la búsqueda de fósiles adicionales de estas criaturas sorprendentes. El clímax llegó en marzo de 1877 cuando dos profesores, Arthur Lakes y O.W. Lucas, separadamente dieron con huesos colosales que se proyectaban de las rocas en dos diferentes áreas de Colorado. Lakes llevó su hallazgo al paleontólogo bien-conocido, Othniel Marsh. Lucas compartió su descubrimiento con el amargo rival de Marsh, Edward Cope. Juntos, Marsh y Cope llegaron a ser los más famosos “cazadores de dinosaurios” en los Estados Unidos. Cope finalmente fue responsable de nombrar 9 géneros nuevos de dinosaurios; Marsh describió un total de 19. Como resultado de su trabajo, y del trabajo de científicos en otros países, nadie que estudiaba la evidencia dudaba nunca más de la existencia de los dinosaurios. LOS DINOSAURIOS, LA CREACIÓN, Y LA EVOLUCIÓN Hoy, la controversia entre los evolucionistas y los creacionistas se centra en el asunto de cuándo los dinosaurios se extinguieron. Existe un abismo entre estos dos grupos que nunca será puenteado—mientras que cada lado mantenga su punto de vista presente. Los evolucionistas defienden que los dinosaurios evolucionaron de algún reptil antiguo 200 millones de años atrás, y que estos llegaron a extinguirse alrededor de 65-70 millones de años atrás. El hombre (en alguna forma) presuntamente evolucionó solamente 2-3 millones de años atrás y por ende estuvo separado de los dinosaurios por aproximadamente 65 millones de años de tiempo geológico. Los creacionistas que aceptan el registro de Génesis como un relato exacto e histórico de la actividad creativa de Dios se oponen a tales reclamaciones, y en cambio sostienen que los dinosaurios fueron creados por Dios dentro de los seis días literales descritos en el registro bíblico. Por ende, el hombre y los dinosaurios hubieran sido creados en esencialmente el mismo tiempo y hubieran vivido juntos como contemporáneos sobre la Tierra. ¿Por qué es la Controversia Acerca de los Dinosaurios tan Importante? Los dinosaurios constituyen maravillosas herramientas de enseñanza. Es raro el adulto—e incluso más el niño—que no tiene un interés intenso en los dinosaurios. Estas bestias magníficas con nombres polisilábicos capturan nuestra atención cuando nos fijamos en su tamaño gigantesco, su piel como de lagarto, o en el terror que ellos aparentemente pudieron crear mientras que vagaban por la Tierra. Desde la escuela inicial hasta la secundaria, los dinosaurios a menudo son usados como una herramienta para adoctrinar a los estudiantes en cuanto al “hecho” de la evolución orgánica. En la mayoría de escuelas públicas, institutos y entornos universitarios, cuando los dinosaurios son tratados es dentro del contexto de su origen evolutivo, desarrollo y extinción. Los estudiantes son informados que estos animales maravillosos evolucionaron de algún reptil antiguo en lo que ahora conocemos como pájaros. En tal entorno, es común usar a los dinosaurios para instruir simultáneamente sobre la naturaleza antigua de la Tierra y/o el Universo. ¿Qué efecto tiene esta clase de enseñanza sobre las mentes jóvenes? Ya que casi todo joven tiene una fascinación con los dinosaurios, y ya que los maestros están entre los adultos más confiables de todos, los chicos a menudo aceptan sin cuestionamiento el dogma evolutivo y su concepto ligado de una Tierra antigua. ¿Con qué resultado? Si el testimonio de muchos de los mismos evolucionistas puede ser aceptado como valor nominal, el estudio de dinosaurios sería el factor decisivo en su conclusión de abandonar su creencia en Dios y aceptar en su lugar la evolución orgánica. Los evolucionistas como Stephen Jay Gould, Robert Bakker, y otros han sido registrados declarando que fue su estudio (a una edad joven) de los dinosaurios lo que les fijó en su camino de toda la vida como evolucionistas. El Dr. Bakker incluso comentó sobre este hecho en el prefacio de su libro inmensamente popular sobre dinosaurios, The Dinosaur Heresies—Las Herejías Acerca de los Dinosaurios (1986, p. 9). Edward O. Wilson, quien es reconocido extensamente como el padre de la disciplina científica conocida como la sociobiología, una vez comentó que cuando tenía quince años de edad, él tenía un “gran fervor e interés en la religión fundamentalista; Yo lo abandoné a los diecisiete cuando llegué a la Universidad de Alabama y oí acerca de la teoría evolutiva” (1982, p. 40). Henry Morris, ex profesor y jefe de departamento en el Instituto Politécnico de Virginia, declaró que él “pasó más de veintiocho años enseñando en universidades seculares y observó esta triste historia repetirse en muchas vidas” (1984, p. 113). Ya que estos son fascinantes para los niños, ya que estos son una ayuda de enseñanza tan efectiva, y ya que estos generalmente son usados para enseñar la evolución, los dinosaurios representan una herramienta formidable que puede ser empleada para robar a los estudiantes de todas las edades de su fe en Dios y en la Biblia como Su Palabra. Esto hace a la controversia acerca de los dinosaurios extremadamente importante. La Biblia y los Dinosaurios A menudo es hecha la pregunta, “Si los dinosaurios son tan importantes, ¿por qué la Biblia no los menciona?”. Existen varias maneras de responder a tal pregunta. Primero, la palabra “dinosaur” (“dinosaurio”) incluso no entró al lenguaje inglés hasta 1842, mientras que la Biblia en inglés fue traducida mucho más antes (por ejemplo, la versión en inglés King James fue imprimida tan temprano como en 1611). ¡Uno nunca esperaría encontrar una palabra en un libro publicado más de dos siglos antes que la palabra incluso se originara! Segundo, es importante notar que numerosos organismos no son mencionados por nombre en la Biblia, aunque tal omisión no proyecta duda acerca de su creación o su existencia. La Biblia no menciona a los gatos, canguros, o bacterias. No obstante, exactamente como las cosas que son mencionadas por nombre, es obvio, que estas cosas fueron creadas por Dios. Aunque la Biblia habla fielmente sobre todos los temas con los cuales trata, ésta nunca fue intencionada a servir como un libro de texto de taxonomía. Como un ejemplo, el propósito del libro de Génesis no fue catalogar a cada organismo que alguna vez vivió, sino en cambio presentar un resumen general-aunque-preciso de los eventos históricos que realmente ocurrieron durante la semana de la creación. Tercero, aunque la palabra “dinosaurio(s)” no es mencionada en la Biblia, existe evidencia convincente que los dinosaurios, y criaturas como-dinosaurios, son descritos, directa o indirectamente, en la Palabra de Dios. Entre los pasajes que pueden ser considerados están Job 40:15-24 y Job 41:1-34. No obstante, el pasaje que contiene las implicaciones más serias en este asunto es Éxodo 20:11. Al dar a conocer, “Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay”, la Biblia clarifica que la totalidad de la creación física de Dios fue traída a existencia durante aquellos seis días. El apóstol Juan escribió que “todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3). Si Dios creó la Tierra, los cielos, los mares, y todo en ellos en seis días, ¿qué exactamente omite eso? No omite absolutamente nada. Añádase a esto el enunciado encontrado en Génesis 1:31 y 2:1, y el caso es fortalecido considerablemente. En Génesis 1:31, cuando consideró todo lo que había hecho, Dios lo proclamó “bueno en gran manera”—la frase hebrea que representa tanto terminación y perfección. En Génesis 2:1, Él entonces declaró que la creación fue “acabada”, indicando una acción completada una vez por todas, sin continuación en el futuro. Por ende la información presentada puede ser resumida como sigue: (a) Dios creó todo en seis días; (b) esa creación fue completa y perfecta; y (c) la creación fue acabada. Las implicaciones de esta enseñanza son claras. De acuerdo con el registro del Génesis, ningún animal fue creado antes del día cinco, tiempo en el cual Dios creó las criaturas que habitan en el agua y los pájaros (Génesis 1:20-23). En el día sexto (Génesis 1:24,25), Dios creó las “cosas que se arrastran” y las “bestias de la tierra”—descripciones que de hecho incluirían a los dinosaurios. Ya que el hombre igualmente fue creado en el día seis (Génesis 1:26,27), la conclusión ineludible es que los hombres y los dinosaurios vivieron en la Tierra como contemporáneos. A través de los años, han sido hechos numerosos intentos de introducir en el registro bíblico la idea de una Tierra antigua para que así los conceptos evolutivos (tales como la separación de los hombres y los dinosaurios por millones de años de tiempo evolutivo) pudieran ser aceptables para los creyentes en la Biblia. Estos intentos (generalmente en la forma de la Teoría del Día-Edad o la Teoría de la Brecha) han fallado, ya que las premisas sobre las cuales éstas han sido desarrolladas son falsas. Yo he examinado y refutado cada una de estas teorías en otros tratados (Thompson 1994a; 1994b; 1999; 2000). Aunque la conclusión de que los hombres y los dinosaurios cohabitaran la Tierra esté reñida con el pensamiento evolucionista actual, ésta es la única conclusión que respeta la inspiración de la Biblia. Por consiguiente ésta es la posición que nosotros defendemos, y que propugnamos que sea enseñado a nuestros hijos. ¿DÓNDE SE FUERON LOS DINOSAURIOS? Muchas teorías han sido sugeridas para explicar la extinción de los dinosaurios, pero ninguna calza toda la evidencia disponible o es probable. En su libro, Earth’s Most Challenging Mysteries (Los Misterios Más Desafiantes de la Tierra), el fallecido Reginald Daly documentó más de veinte explicaciones para la desaparición de los dinosaurios (1972, pp. 29 et.seq.), y desde la publicación de su trabajo varias teorías adicionales han sido también incrementadas. La idea sugerida más a menudo para explicar la desaparición de los dinosaurios se centra sobre un repentino cambio climático sobre la Tierra—un cambio tan drástico que los dinosaurios nunca más pudieron sobrevivir. El ganador del premio Nobel Luís Álvarez y su hijo Walter sugirieron, por ejemplo, que los dinosaurios perecieron en un periodo de tiempo relativamente corto 65 millones de años atrás (por escalas evolutivas de tiempo) cuando un objeto como-asteroide impactó con la Tierra, despidiendo polvo y hollín que bloquearon los rayos del Sol y causaron que las plantas mueran—lo cual a su vez causó que los herbívoros murieran, lo cual a su vez causó que los carnívoros murieran (vea: Hoffman, 1982, pp. 58-63;Discover, 1984, pp. 21 et.seq.; Alvarez y Asaro, 1990, pp. 78-84). Aunque esta teoría particular tiene muchos partidarios, y aunque ha sido popular por varios años, ésta también tiene un número de detractores creíbles (vea Courtillot, 1990, pp. 85-92). De hecho, la portada de la edición de junio del 2002 de la revista Discover contenía lo siguiente en letras grandes y enfáticas: “¿Qué realmente mató a los dinosaurios? Puede ser el tiempo de parar de culpar a ese asteroide”. El artículo principal por Edwin Dobb, “¿What Really Wiped Out the Dinosaurs?” (“¿Qué Realmente Aniquiló a los Dinosaurios?”), bosquejaba en gran detalle muchos de los problemas de la teoría rápidamente decreciente del “impacto del asteroide” (2002, 23[6]:36-48). Los creacionistas generalmente creen que la extinción de los dinosaurios puede estar ligada, a lo menos en parte, al Diluvio global de Génesis 6-8 (vea, por ejemplo, Gish 1977, pp. 55-60; 1990, pp. 73-75). Existe evidencia convincente para indicar que el mundo pre-diluviano fue mucho más diferente que el mundo pos-diluviano (vea Dillow, 1981; Gish, 1990, pp. 74-75). Los efectos devastadores de diluvios locales son bien documentados. Entonces, ¿qué clase de daño puede esperarse de un Diluvio globalque cubrió muy literalmente “todos los montes de toda la tierra” (Génesis 7:19)? Muchos científicos creacionistas creen que los dinosaurios sobrevivieron por un tiempo después del Diluvio, pero a causa de las condiciones ambientalmente hostiles, finalmente perecieron. Algunos han cuestionado que si el arca de Noé fue suficientemente grande para dar cabida a todos los animales, incluyendo a los dinosaurios, que tenía que llevar. Existe un número de parámetros importantes que deben ser considerados al responder esta pregunta. Los lectores interesados en información adicional sobre este tema pueden desear examinar el tratado intensivo de John Whitcomb y Henry Morris sobre estos asuntos en su texto clásico, The Genesis Flood—El Diluvio del Génesis (1961), o el tratado más reciente (e incluso más exhaustivo) de John Woodmorappe en su libro, Noah’s Ark: A Feasibility Study—El Arca de Noé: Un Estudio de la Viabilidad (1996). No obstante, un resumen breve puede incluir lo siguiente. Primero, ya que Dios mismo designó y creó las criaturas que componían el reino animal, es lógico concluir que Él fue capaz de diseñar una embarcación lo suficientemente grande para llevar una porción de esos animales a lugar seguro. Afirmar lo contrario es impugnar tanto la naturaleza y la integridad de Dios. Segundo, el arca tenía alrededor de 450 pies de largo, 75 pies de ancho, 45 pies de alto, con un poco más de 100,000 pies cuadrados de espacio de carga. Noé fue instruido a traer a bordo a los animales que habitan en la tierra y respiran aire(Génesis 6:19,20; 6:8,9; cf. 7:22). Hoy en día el número de especies de animales que calzan esa descripción es alrededor de 20,000. Asumiendo que otras 20,000 especies hayan llegado a extinguirse desde ese tiempo, Noé hubiera tenido que albergar aproximadamente 80,000 animales en el arca. Se ha calculado que el tamaño promedio de esos animales es aproximadamente el de una oveja (vea Gish, 1990, p. 75). Por ende, alrededor de 50,000 pies cuadros de espacio en la embarcación estarían llenos, dejando otros 50,000 disponibles para productos alimenticios, habitaciones, etc. [NOTA: Las “especies” bíblicas no son necesariamente lo mismo que las “especies” de los biólogos, sino puede ser una clasificación mucho más amplia. Vea Major, 1993; Thompson y Major, 1986]. Tercero, puede ser que Dios le permitiera a Noé algo de latitud con respecto a los animales que fueron llevados a bordo. Por ejemplo, tal vez no fue necesario que Noé llevara a bordo animales adultos; en cambio animales inmaduros pueden haber viajado con él. Esto hubiera ahorrado espacio, reducido la cantidad de productos alimenticios necesitados, y posiblemente prevenido problemas reproductivos potenciales durante el viaje. Cuarto, es posible que Dios pudiera haber colocado a algunos, o a todos, los animales en hibernación, por ende haciendo más fácil su cuidado. El punto es que el Diluvio fue iniciado y controlado por Dios desde el comienzo hasta el final. Esto envolvía tanto la intervención providencial y milagrosa de Dios. Ninguna de estas debería ser menospreciada en importancia al interpretar el relato histórico de Génesis 6-8. CONCLUSIÓN El registro mosaico de la creación es inexhaustiblemente sublime. En éste, nosotros aprendemos de la creación de los cielos y la Tierra por un Dios Todopoderoso. Por medio de fíat divino, la luz fue formada y la atmósfera fue forrada alrededor de este planeta. Los grandes mares fueron reunidos juntos y separados de la tierra seca. El mundo de la botánica milagrosamente floreció y las luces se encendieron en los cielos. Las aguas rebosaban con criaturas vivientes y los pájaros volaban a través del aire prístino. Variedades de animales domésticos y bestias fueron también creados. Finalmente—el ápice, el pináculo, el cenit de la creación de Dios—se paró orgulloso sobre el seno de la Tierra. Y el dinosaurio—una de las criaturas más majestuosas de Dios—se paró con él. Sin duda ellos consideraban la existencia del otro. Hoy, nosotros continuamos considerando a estos animales intrigantes. Y qué gran herramienta de enseñanza ellos constituyen para nuestros hijos y nietos, los cuales necesitan entender que el mismo Dios Quien creó estos impresionantes gigantes de igual manera les creó. Vamos a aprovechar cada oportunidad para enseñar estas lecciones urgentes a nuestros jóvenes. Si nosotros no les enseñamos la veracidad del relato del Génesis de la creación, e inculcamos en ellos la importancia de, y reverencia por, la Palabra inspirada de Dios, alguien más puede socavar su fe joven al enseñarles el error de la evolución orgánica—usando a los dinosaurios para lograr esta tarea. REFERENCIAS Alvarez, Walter and Frank Asaro (1990), “An Extraterrestrial Impact,” Scientific American, 263[4]:78-84, October. Bakker, Robert T. (1986), The Dinosaur Heresies (New York: William Morrow). Courtillot, Vincent E. (1990), “A Volcanic Eruption,” Scientific American, 263[4]:85-92, October. Daly, Reginald (1972), Earth’s Most Challenging Mysteries (Nutley, N.J.: Craig Press). Dillow, Joseph (1981), The Waters Above (Chicago, IL: Moody). Dobb, Edwin (2002), “What Wiped Out the Dinosaurs?,” Discover, 23[6]:36-48, June. Discover (1984), “The Great Dyings,” 5[5]:21-24,26-32, May. Gish, Duane T. (1977), Dinosaurs: Those Terrible Lizards (San Diego, CA: Creation-Life Publishers). Gish, Duane T. (1990), The Amazing Story of Creation from Science and the Bible (El Cajon, CA: Institute for Creation Research). Hoffman, Paul (1982), “Asteroid on Trial,” Science Digest, 90[6]:58-63, June. Lemonick, Michael D. (1993), “Rewriting the Book on Dinosaurs,” Time, 141[17]:42-49. Major, Trevor J. (1993), “Origins and the ‘Created Kind’ Concept,” Reason & Revelation, 13:28, April. Morris, Henry M. (1984), The Biblical Basis for Modern Science (Grand Rapids, MI: Baker). Thompson, Bert (1994a), “Popular Compromises of Creation—The Day-Age Theory,”Reason & Revelation, 14:41-47, June. Thompson, Bert (1994b), “Popular Compromises of Creation—The Gap Theory,” Reason & Revelation, 14:49-56, July. Thompson, Bert (1999), The Bible and the Age of the Earth (Montgomery, AL: Apologetics Press). Thompson, Bert (2000), Creation Compromises (Montgomery, AL: Apologetics Press), second edition. Thompson, Bert and Trevor J. Major (1986), “How Many Clean Animals Did Noah Take into the Ark—Seven, or Fourteen?,” Reason & Revelation, 6:49-50, December. Whitcomb, John C. and Henry M. Morris (1961), The Genesis Flood (Grand Rapids, MI: Baker). Wilson, Edward O. (1982), “Toward a Humanistic Biology,” The Humanist, Sept./Oct. Woodmorappe, John (1996), Noah’s Ark: A Feasibility Study (Santee, CA: Institute for Creation Research). ________________________________________
Desde el Libro de Éxodo capítulo 4 y hasta el comienzo de la época de la Iglesia en el Libro de Hechos, vemos señales milagrosas en la Escritura. Muchas señales también se manifiestan en la Iglesia de hoy. ¿Formarán parte de un avivamiento de los postreros días? O, ¿serán una falsificación durante los días de apostasía justo antes del arrebatamiento de los cristianos? ¿Qué dice la Biblia acerca de las señales, prodigios y milagros en la Iglesia de hoy? Baja este libro sin costo: http://www.iglesia-del-este.com/estudios_libro_senales/libro_entero_SENALES.pdf Todo el libro en PDF.