Yagua31
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Bienvenidos al post. NASA: por qué el último traje espacial "es horrible" Hace unos pocos días la NASA dio a conocer su último diseño de traje espacial, el Z2. Varios Taringueros (me incluyo), otras redes sociales y foros, nos quejamos por el diseño: "que era retro", "que era horrible" en fin, que era una mierda... por eso me puse a buscar y esto fue lo que encontré... Historia concisa y fotográfica de los trajes espaciales. Comencemos por el traje anterior el Z1 (2012). Recientemente muchos medios se han hecho eco de la presentación en sociedad del último prototipo de escafandra espacial de la NASA, el flamante Z-1. Creado por el Advanced Space Suit Team del Centro Espacial Johnson, la presentación de este nuevo traje habría pasado totalmente desapercibida de no ser porque lucía una curiosa selección de colores que recordaban al famoso personaje de animación Buzz Lightyear. ¿Fueron los colores del Z-1 elegidos a propósito como una estrategia de comunicación? Posiblemente, pero en cualquier caso el Z-1 ha sido descrito como el traje espacial más avanzado jamás construido, una escafandra revolucionaria que será usada por la NASA en sus futuras misiones. Prototipo de traje espacial Z-1 de la NASA (NASA). Pero más allá del impacto mediático, ¿es el Z-1 una revolución en los trajes espaciales? Más bien no. Porque lo cierto es que esta escafandra no es especialmente original y de hecho incluye soluciones técnicas introducidas hace ya muchos años. Para entender las ventajas y desventajas del Z-1 debemos recapitular un poco y entender un poco la evolución de los trajes espaciales. Los trajes de presión para las naves espaciales se pueden dividir en trajes intravehiculares (IVA) y extravehiculares (EVA). Los primeros, como su nombre indica, están diseñados para funcionar dentro de una nave espacial y proteger a los astronautas en caso de que el vehículo se despresurice. Ejemplos de escafandras IVA son los trajes Sokol de las Vostok, el Navy Mark IV del programa Mercury, el Sokol-KV2 empleado hoy en día en las naves Soyuz o el ACES del desaparecido transbordador espacial. Los trajes EVA son usados para paseos espaciales fuera de la nave, como por ejemplo el EMU (Extravehicular Mobility Unit) de la NASA o el Orlán-MK ruso. Luego tenemos trajes que sirven para las dos cosas, como los G3C y G4C del programa Gémini o el A7L del Apolo. Ni que decir tiene, los trajes EVA son mucho más caros, complejos y pesados que los IVA. Lógico, porque son naves espaciales en miniatura. Pero, a pesar de su complejidad, todo traje espacial es básicamente un globo presurizado dotado de sistemas de soporte vital y comunicaciones. La clave está en el equilibrio entre movilidad y presión interna. A mayor presión, más difícil es moverse en el traje, pero a cambio los procedimientos de despresurización son más sencillos. Traje Sokol de primera generación, una escafandra de tipo IVA (Eureka). Trajes de EVA soviéticos Berkut (arriba) y Yastreb (abajo) (Eureka). Los primeros trajes EVA de la NASA eran al mismo tiempo trajes IVA porque las naves Gémini y Apolo tenían una atmósfera de oxígeno puro. Esta característica obligaba a que los astronautas llevasen un traje durante el lanzamiento, no tanto por motivos de seguridad -que también- como para respirar oxígeno antes del despegue y purgar así el nitrógeno de su sangre, no fuera a ser que les diese una embolia. Los trajes G3C y G4C de las Gémini se convertían fácilmente en trajes EVA mediante el uso de umbilicales que conectaban el astronauta con la nave. En el caso de los A7L del Apolo la cosa era un pelín más complicada. Los astronautas del Apolo no podían depender de umbilicales para sus paseos espaciales, así que debían usar una mochila de soporte vital o PLSS, (Portable Life Support System) en el lenguaje de la NASA. Pero el astronauta no podía despegar con la mochila en su espalda, así que la solución pasó por usar el mismo traje A7L en dos configuraciones, una IVA y otra EVA. La versión EVA usaba el PLSS -y una pequeña mochila superior con la reserva de oxígeno de emergencia-, así como un casco protector sobre el casco burbuja transparente, guantes y botas extras, además de un traje interior con tubos de agua para regular la temperatura. Una versión mejorada del A7L, el A7LB, fue introducida en las últimas misiones Apolo e incluía una nueva junta flexible en la cintura que permitía a los astronautas sentarse en el rover lunar. El A7L tenía una masa de unos 92 kg y gozaba de una movilidad considerable, principalmente debido a que funcionaba a muy baja presión (unos 250 hPa). Pero como las naves Apolo gozaban de una atmósfera interna a baja presión de oxígeno, esta baja presión del traje no suponía ningún problema y no era necesario purgar el nitrógeno. Traje A7L del Apolo en configuración IVA (NASA). Traje A7L en configuración EVA (NASA). Traje A7LB sin la cubierta protectora externa (ILC). Propuesta del A7L para el cancelado programa de estaciones militares MOL (ILC). No obstante, al usar el transbordador espacial una atmósfera similar a la terrestre, a principios de los 80 se decidió usar dos trajes diferentes. Uno IVA para el despegue y aterrizaje, y otro EVA para los paseos espaciales. Los trajes IVA serían el Shuttle Ejection Space Suit (para las misiones STS-1 a STS-4, básicamente un traje S1030 usado en los aviones U-2 y SR-71), el LES (introducido tras el desastre del Challenger y en servicio hasta 1994) y el ACES (1994-2011). El LES -un traje de presión parcial- y el ACES -de presión total- eran descendientes de los G3C y G4C del programa Gémini. Por su parte, el traje EVA del shuttle sería el EMU, un descendiente de los trajes A7L del Apolo y Skylab, aunque más ligero (unos 50 kg). Mientras que el A7L era un traje a medida de una pieza -más el casco, los guantes y la mochila-, el EMU estaba dividido en dos partes, un torso semirrígido integrado con la mochila PLSS denominado HUT (Hard Upper Torso) y una parte inferior flexible para las piernas llamada LTA (Lower Torso Assembly), además del casco. Mediante unas cintas se puede ajustar la longitud de brazos y piernas del EMU a la talla de cualquier astronauta. Sólo los guantes son individuales. Esta versatilidad tiene un precio y es que ponerse un EMU es un proceso complejo que necesita del trabajo conjunto de varios miembros de la tripulación. El EMU es casi tan flexible como el A7L gracias a su baja presión, pero puesto que la atmósfera del transbordador o de la ISS no es de oxígeno puro, su uso requiere unos procedimientos de descompresión más complejos. Traje EMU de la NASA (NASA). Mientras los EEUU diseñaban sus primeros trajes de EVA, en la Unión Soviética los ingenieros optaron por diseñar escafandras muy similares. El traje Berkut con el que Leónov realizó el primer paseo espacial de la historia en 1965 era parecido al de las misiones Gémini, aunque la nave Vosjod 2 empleaba una atmósfera de nitrógeno y oxígeno, lo que complicaba los procedimientos de despresurización. Por este motivo, desde un primer momento los ingenieros soviéticos priorizaron la facilidad de uso a la movilidad, usando trajes con una presión interna mayor (unos 400 hPa). Posteriormente, la escafandra Yastreb (de 41,5 kg) de las misiones Soyuz 4 y 5 ya incluía una mochila de soporte vital independiente y portátil. Sin embargo, para el programa lunar N1-L3 los técnicos de la oficina de diseño NPP Zvezdá decidieron cambiar de estrategia. Según el plan previsto, un cosmonauta descendería hasta la Luna en solitario a bordo del módulo lunar LK, mientras que su compañero se quedaría en órbita lunar en la Soyuz LOK. En ambos casos sería necesario que los tripulantes se pusiesen los trajes ellos solos, un requisito que influyó en el proceso de diseño. Aunque se diseñó un prototipo de traje flexible basado en el Yastreb denominado Oriol parecido al A7L del Apolo, finalmente se optó por una escafandra radicalmente distinta. Como resultado se crearon los trajes Krechet-94 -para la superficie lunar- y Orlán -para la órbita. El Krechet era más pesado y más flexible que el Orlán (102 kg frente a 95 kg). Los dos derivaban a su vez del prototipo de escafandra SKV e incluían un diseño semirrígido de una pieza, de tal forma que solamente los brazos y piernas eran flexibles y hasta el casco estaba integrado en el traje. Únicamente los guantes eran separables. Esta estructura rígida permitía que las escafandras no fuesen excesivamente voluminosas en el vacío, pero la gran innovación del Orlán y el Krechet era que llevaban su propia esclusa. Uno no se pone un Orlán, entra en él. Literalmente. Y es que la mochila con el soporte vital funciona como una ‘puerta’ para meterse en el traje. Así, un único tripulante era capaz de ponerse un Orlán o un Krechet sin ayuda. Traje lunar Krechet (Eureka). Traje Orlán y su sistema de acceso trasero (NPP Zvezda). Tras sucesivas mejoras, los trajes EMU y Orlán han llegado hasta nuestros días y por este motivo ambos trajes se siguen usando en la ISS (actualmente se emplea la versión Orlán-MK, de unos 112 kg). Pero eso no significa que las agencias espaciales no hayan investigado nuevos tipos de trajes. Durante muchos años la NASA ha jugado con la idea de usar trajes total o parcialmente rígidos para EVAs, de modo parecido a lo que hicieron los soviéticos con el Orlán. Aunque el EMU es muy flexible, su baja presión ocasiona que los preparativos para la descompresión sean largos. Puesto que, como hemos visto, un traje espacial se parece a un globo, una escafandra metálica rígida evitaría que el traje se hinchase al presurizarse. Al mismo tiempo, podría estar sometido a una mayor presión interna -de unos 500 hPa o más-, reduciendo drásticamente los preparativos para las salidas espaciales. El problema es cómo introducir articulaciones flexibles en un traje de estas características, algo que no resulta nada sencillo. Ya en 1965 surgieron varias propuestas de trajes semirrígidos parecidos al Orlán, como los RX-1, RX-2 y RX-2A (RX, Rigid Experimental), creados por la empresa Litton con financiación de la NASA. En 1964 el Centro Ames diseñó el AX-1, el primer traje espacial EVA totalmente rígido de la historia, mejorado en 1966 en la versión AX-2. Litton también propuso a finales de los 60 otros prototipos como el RX-3, el RX-4 o el RX-5A, algunos capaces de funcionar a presiones de hasta 700 hPa. En 1968 el Centro Ames de la NASA otorgó un contrato a Litton para fusionar los programas RX y los AX-1 y AX-2, creando el proyecto CVS (Constant Volume Suit). Todos estos trajes semirrígidos serían descartados en favor del A7L, totalmente flexible. Prototipos de trajes semirrígidos de Litton de mediados de los 60: RX-1 (arriba) y RX-2A (debajo). Traje AX-2, junto con la AX-1 la primera escafandra espacial totalmente rígida de la historia. Prototipo RX-5 de Litton. El proyecto Constant Volume Suit de finales de los 60 (NASA) En los años 70 se presentaron otros prototipos de trajes EVA semirrígidos, como el OES (Orbital Extravehicular Suit) de la compañía ILC -fabricante de las escafandras A7L y EMU- o el AX-3 del centro Ames de la NASA. Estos trajes fueron descartados en favor del prototipo SX-1, que a su vez daría lugar al EMU, una escafandra que sólo incluía una parte rígida (el torso). En los años 80 la NASA volvió a la carga con el programa ZPS (Zero Prebreathe Suit), que, como su nombre indica, era un intento de crear un traje rígido de alta presión para eliminar la necesidad de respirar oxígeno puro antes del paseo espacial. A resultas del programa ZPS, en 1980 surgió el prototipo Mark I o ZPS de ILC y en 1983 vería la luz el AX-5 del Centro Ames. Con articulaciones esféricas, el diseño del AX-5 recordaba más a un traje de buzo que a una escafandra espacial. El AX-5 coexistió en el tiempo con el prototipo Mark III, desarrollado en 1987 por la empresa ILC con supervisión de la NASA. El Mark III era más parecido al Orlán que al AX-5 y al igual que el traje ruso el astronauta se introducía en él por una mochila que funcionaba como puerta. Tanto el Mark III como el AX-5 fueron candidatos a sustituir al EMU como traje en la estación espacial Freedom, aunque finalmente serían cancelados. Tampoco saldría adelante el prototipo Advanced EMU, una especie de mezcla entre el EMU y el Orlán diseñado a partir del Mark III. Prototipo semirrígido OES de ILC de principio de los 70 (NASA). El SX-1, prototipo del EMU con un torso rígido (NASA). Traje semirrígido AX-3 (NASA). Traje ZPS o Mark I de ILC (NASA). Traje AX-5 del Centro Ames, el primer traje EVA totalmente rígido de la historia (NASA). Traje semirrígido Mark III de ILC (NASA). Puerta de acceso trasera del Mark III, parecida a la del Orlán (NASA). Propuesta Advanced EMU (ILC). Tras la fiebre de los trajes rígidos, la NASA volvería su atención en los años 90 hacia las escafandras de alta presión flexibles. Se pretendía reducir así el peso del traje y permitir su eventual utilización en la Luna o en Marte. Pero si diseñar un traje de alta presión rígido es difícil, uno flexible es algo así como el Santo Grial de los constructores de escafandras espaciales. Entre 1994 y 2000 la empresa ILC presentó el Traje H (H-Suit o H-1), básicamente un traje Mark III dotado de extremidades flexibles con una masa de 59 kg, de ahí que a veces se confundan ambos proyectos. El Mark III desembocaría en la propuesta Advanced EMU, que tampoco vería la luz. Al mismo tiempo, ILC también diseñó el Traje I (I-1) y el Traje D, unas variantes totalmente flexibles que podrían ser usadas en otros cuerpos del Sistema Solar gracias a su baja masa. Estos trajes operaban a presiones ligeramente por encima del EMU -y por lo tanto requerían procedimientos de descompresión menos prolongados-, pero eran mucho más ligeros que los trajes totalmente rígidos. Traje H (H-1) semirrígido de ILC, derivado del Mark III (ILC).(NASA). Traje I de primera generación totalmente flexible durante una simulación en vuelo parabólico con gravedad marciana (ILC). Entre 1996 y 1999 la empresa Hamilton Standard -ahora Hamilton Sundstrand- diseñó otro traje de EVA para misiones a Marte. Al igual que el H-1, esta escafandra era semirrigida e incorporaba una mochila-puerta. La novedad en esta ocasión consistía en que el acceso al traje se podía integrar en la puerta o esclusa de un módulo espacial. De esta forma el astronauta no tendría que ponerse el traje dentro de la nave, sino que estos estarían instalados en el exterior del vehículo, ahorrando así masa y espacio. Traje EVA de Hamilton Standard de finales de los 90 semirrígido y de acceso trasero como el Orlán (NASA). Este sistema se haría muy popular durante el Programa Constelación de la NASA de 2005 para volver a la Luna. La empresa ILC propuso para esta tarea una variante de su Traje I de tercera generación capaz de ser usado en la Luna, una versión semirrígida de acceso trasero que también debía unirse al exterior de los vehículos de exploración lunar como la propuesta de Hamilton Standard. Curiosamente, estos trajes son a su vez muy parecidos al EVA 2000, diseñado conjuntamente entre Rusia y Europa en 1992 y que sirvió de base para el EVA SUIT 2000, una especie de ‘super-Orlán’ y considerado el traje ruso más avanzado jamás diseñado. El EVA SUIT 2000 sería cancelado en 1994, pero algunas de sus características fueron usadas por NPP Zvezdá para crear la versión Orlán-M a partir de los Orlán-DMA. Como vemos, después de medio siglo de carrera espacial las escafandras han convergido hacia un diseño de traje semirrígido de alta o media presión con acceso trasero, un diseño cuyas características básicas ya fueron introducidas en el programa espacial soviético de finales de los años 60. Por otro lado, debemos recordar que el traje espacial EVA diseñado por China, el Feitian, es una copia directa del Orlán ruso. Ante este panorama, no es de extrañar que algunos ingenieros de la compañía NPP Zvezdá -fabricante de todos los trajes espaciales rusos y soviéticos- hayan declarado que el resto de agencias espaciales se han limitado a seguir o copiar los progresos rusos. Por su parte, la compañía ILC ha insinuado que no es oro todo lo que reluce y que NPP Zvezdá copió a principios de los 70 el diseño de los guantes IVA de los trajes A7L del Apolo para las escafandras Sokol. Traje ruso-europeo EVA 2000, diseñado entre Rusia y la ESA (NPP Zvezda). Traje EVA SUIT 2000, el ‘Súper-Orlán’ (NPP Zvezdá). Vehículo SEV con escafandras Mark III en el exterior (NASA). Traje I (I-Suit) de tercera generación con el sistema de acceso trasero en detalle (ILC). Traje chino de EVA Feitian, copia del Orlán ruso (Xinhua). Si has aguantado hasta este punto, querido lector, te estarás preguntando cuáles son las diferencias importantes de diseño entre el nuevo traje Z-1 y el Traje I de tercera generación o alguno de sus predecesores. Pues bien: ninguna. Ambos están construidos por ILC y son semirrígidos e incluyen un torso rígido y extremidades flexibles, además de una puerta de acceso trasero al más puro estilo Orlán. Ambos son compatibles con un vehículo de exploración como el SEV (Space Exploration Vehicle) y ambos están diseñados para ser usados en ambientes con gravedad, como la Luna, Marte o los asteroides. Desgraciadamente, la NASA no va a usar el Z-1 (o su versión final, el Z-2) próximamente, quizás nunca. Más que nada porque se trata de un simple prototipo que aún está lejos de ser un traje operativo y porque la NASA carece por el momento de naves espaciales propias en las que probar el nuevo traje. Las escafandras EMU usadas actualmente en la ISS no van a ser reemplazadas en los próximos años. Sólo si la NASA se decide a lanzar misiones a los asteroides usando la nave Orión y el cohete gigante SLS más allá de 2020 tendrán los descendientes del Z-1 alguna posibilidad de hacerse reales. Sea como sea, una cosa está clara: el traje espacial del futuro se parecerá más al Orlán de finales de finales de los 70 que al A7L del Apolo. El Z-1 de la NASA (NASA). En definitiva, la realidad es... que en el espacio no importa un carajo la estética, sino que las cosas funcionen de una manera práctica y efectiva. Saludos!
Bienvenidos al Post La NASA detecta una misteriosa señal a 240 millones de años luz. Astrónomos han detectado una señal desconocida a 240 millones de años luz de la Tierra, en el Cúmulo de Perseo (en la imagen), un conjunto de galaxias en la constelación de Perseo considerado como uno de los objetos más masivos del Universo. La propia NASA ha calificado la señal de "misteriosa". Se trata de un "aumento de intensidad recibida a una longitud de onda muy concreta de luz rayos X". Los científicos, sin embargo, desconocen su origen. La señal, captada por el Observatorio Chandra de Rayos X, es de momento un misterio, aunque ya hay algunas teorías sobre su procedencia. Podría tratarse de la señal emitida por "neutrinos estériles, un tipo de partícula que ha sido propuesta como candidata a materia oscura". Según Esra Bulbul, del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, en Cambridge, Massachusetts, la explicación de la materia oscura es muy aventurada, "pero si acertamos el resultado sería enorme. Vamos a continuar probando esta interpretación y ver a dónde nos lleva". Hasta ahora nunca se ha podido detectar ni confirmar científicamente la existencia de materia oscura, incluso cuando las estimaciones de los astrónomos apuntan a que el 85% de toda la materia en el Universo podría ser materia oscura. Por eso, de confirmarse la hipótesis de los neutrinos estériles, el descubrimiento sería tan importante. Sin embargo, no hay consenso al respecto. Otros científicos creen que la señal detectada podría apuntar a otros candidatos a materia oscura, como el axión. ¿Cómo se ha detectado la señal? Para captar esta "misteriosa" señal, el grupo de astrónomos liderados por Bulbul analizó datos e información del Cúmulo de Perseo captados durante 17 días por el Observatorio Chandra de Rayos X y el observatorio XMM-Newton de la ESA. El Cúmulo de Perseo se compone de miles de galaxias y es uno de los objetos celestes más masivos y complejos estudiados por los científicos. Debajo puedes ver en un vídeo su localización. Actualizaremos por aquí con las novedades sobre lo que descubran finalmente los astrónomos. link: https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=1I3UKUZDAl0 Saludos!

Bienvenidos al Post. John Houbolt: el hombre que le dijo a la NASA cómo poner un astronauta en la Luna. Julio de 1962. En una rueda de prensa los altos cargos de la NASA anuncian al mundo cómo van a poner un hombre en la Luna en menos de siete años para cumplir así el mandato del presidente Kennedy. En buena medida, la decisión adoptada por la agencia espacial había sido obra de John C. Houbolt, un humilde ingeniero del Centro Langley de la NASA que falleció el pasado martes día 15 de abril a los 95 años de edad. Houbolt será recordado por ser el padre de la arquitectura del programa Apolo. Es posible que sin Houbolt los EE.UU. no hubieran podido alcanzar nuestro satélite en 1969. O al menos eso dice la leyenda. ¿Pero realmente fue así? John C. Houbolt explicando el método LOR a la prensa (NASA). En las misiones Apolo un único cohete -el gran Saturno V- mandaba dos naves alrededor de la Luna, el módulo de mando (CSM) y el módulo lunar (LM)-. Una de ellas -obviamente, el LM- descendía hasta la superficie con dos astronautas mientras el tercer tripulante se quedaba en órbita lunar a bordo del CSM. Completada la misión, los dos astronautas usaban la etapa de ascenso del LM y se unían con su compañero en órbita. Los tres ponían luego rumbo a la Tierra en el CSM, amerizando casi tres días después en las cálidas aguas del océano Pacífico. Esta complicada arquitectura tenía un nombre: LOR (Lunar Orbit Rendezvous), cuyo nombre hacía referencia al detalle que el CSM y el LM debían acoplarse en órbita lunar para completar la misión. CSM y LM, las naves del programa Apolo (NASA). En la actualidad parece imposible imaginar un tipo de misión lunar tripulada distinto al esquema LOR del Apolo. De hecho, los soviéticos lo emplearían en su programa N1-L3, que, como todos sabemos, nunca llegó a fructificar. Sin embargo cuando Kennedy dio su famoso discurso el 25 de mayo de 1961 exhortando a los EEUU a pisar la Luna antes de 1970, nadie sabía cómo poner un hombre en la superficie de nuestro satélite. Ciertamente, no con el método LOR. Por entonces los métodos más populares eran la EOR y el ascenso directo (direct ascent). EOR viene de Earth Orbit Rendezvous y, como su nombre indica, consistía en montar una nave lunar de gran tamaño en órbita terrestre usando múltiples lanzamientos. Por su parte, el ascenso directo resolvía el problema mediante la fuerza bruta, o sea, lanzando una única nave lunar de gran tamaño empleando un cohete gigantesco. Ascenso directo, EOR y LOR, los principales métodos considerados por la NASA para el Apolo (NASA). En la actualidad parece imposible imaginar un tipo de misión lunar tripulada distinto al esquema LOR del Apolo. De hecho, los soviéticos lo emplearían en su programa N1-L3, que, como todos sabemos, nunca llegó a fructificar. Sin embargo cuando Kennedy dio su famoso discurso el 25 de mayo de 1961 exhortando a los EEUU a pisar la Luna antes de 1970, nadie sabía cómo poner un hombre en la superficie de nuestro satélite. Ciertamente, no con el método LOR. Por entonces los métodos más populares eran la EOR y el ascenso directo (direct ascent). EOR viene de Earth Orbit Rendezvous y, como su nombre indica, consistía en montar una nave lunar de gran tamaño en órbita terrestre usando múltiples lanzamientos. Por su parte, el ascenso directo resolvía el problema mediante la fuerza bruta, o sea, lanzando una única nave lunar de gran tamaño empleando un cohete gigantesco. Concepto original de la nave Apolo de ascenso directo (NASA). Pero los expertos en lanzadores espaciales no lo tenían tan claro. No en vano, sabían perfectamente que construir un cohete gigante era un desafío de primer orden. El mítico ingeniero alemán Wernher von Braun -director del Centro Marshall de la NASA y encargado de los futuros lanzadores de la NASA- prefería la opción EOR para alcanzar la Luna. Von Braun estaba convencido de que este era el mejor método después de estudiar distintas opciones dentro del marco del Proyecto Horizonte, un programa de 1958 que pretendía establecer una base militar -por entonces von Braun trabajaba para el Ejército de los EE.UU.- en la Luna usando hasta quince cohetes Juno V (luego denominados Saturno). Curiosamente, al otro lado del telón de acero el Ingeniero Jefe Serguéi Koroliov también optó inicialmente por un esquema EOR para mandar un hombre a nuestro satélite. En definitiva, las cosas no estaban nada claras. No obstante, la NASA debía decidirse lo antes posible si quería hacer realidad el sueño de Kennedy dentro de los ajustados plazos de los que disponía. La cuestión era, ¿usaría el Apolo una arquitectura EOR o de ascenso directo? Pero tanto EOR como ascenso directo eran las únicas opciones que tenía la NASA a su disposición. El que posteriormente sería conocido como método LOR ya había sido propuesto previamente por multitud de investigadores desde una fecha tan temprana como 1916. No obstante, la primera mención explícita al método LOR para un viaje tripulado a la Luna aparece en diciembre de 1958 y fue obra de Thomas Dolan, de Vought Astronautics Division. Para Dolan el método LOR tenía dos ventajas claras: por un lado se podrían construir dos naves separadas -una para regresar a la Tierra y otra para aterrizar en la Luna-, cada una diseñada específicamente para su tarea. Por otro lado, se aumentaría la masa útil total en la superficie lunar. Al fin y al cabo, dividir una única nave en dos más pequeñas es esencialmente lo mismo que incluir una etapa adicional en un cohete, algo que de acuerdo con la ecuación de Tsiolkovsky nos permite incrementar la carga que puede transportar un sistema de lanzamiento. Nave Apolo de ascenso directo concebida en 1961-1962 (NASA). En 1959 y 1960 un joven ingeniero llamado John C. Houbolt participó en varios equipos de trabajo en el Centro Langley de la NASA dirigidos por Clinton Brown cuyo objetivo era estudiar la inclusión de acoplamientos fuera de la órbita baja terrestre para facilitar un viaje tripulado a la Luna. Al mismo tiempo, otro investigador de Langley llamado William Michaels publicó varios artículos técnicos sobre las ventajas de LOR que influyeron decisivamente en Houbolt. En enero y febrero de 1961 Houbolt se reunió con varios grupos de jefazos de la NASA que se quedaron pasmados al escuchar que el método LOR permitiría aumentar la masa útil hasta un 20% en una misión lunar. Curiosamente, von Braun y su equipo no quedaron demasiado impresionados por los datos de Houbolt y siguieron defendiendo a capa y a espada el método EOR. Las opiniones de Houbolt y otros expertos del Centro Langley no cayeron en saco roto, pero ciertamente no tenían demasiado peso comparadas con las expresadas por los constructores de cohetes u otros gerifaltes de los distintos centros de la NASA. Si los acoplamientos en órbita baja terrestre se consideraban peligrosos, un acoplamiento en órbita lunar quedaba fuera de toda discusión. Propuesta de nave Apolo de ascenso directo de 1961 (NASA). En abril de 1961 Houbolt y su equipo, formado principalmente por John Bird, Max Kurbjun y Arthur Vogeley, publicaron el artículo ”Manned Lunar Landing via Rendezvous” donde exponían los detalles de la técnica LOR para un viaje tripulado a nuestro satélite. Como resultado de sus investigaciones propusieron varios proyectos para poner un hombre en la Luna usando combinaciones de los métodos EOR y LOR, empleando naves Mercury o Apolo. Estos proyectos serían conocidos como MORAD (Manned Orbital Rendezvous and Docking), ARP (Apollo Rendezvous Phases) y MALLIR (Manned Lunar Landing Involving Rendezvous). Propuesta de módulo lunar del Centro Langley creada por el grupo de Houbolt dentro del proyecto MALLIR (NASA). El 2 de mayo -sí, antes del famoso discurso oficial de Kennedy-, el administrador asociado de la NASA Robert Seamans formó un grupo de trabajo para resolver la espinosa cuestión del método del viaje a la Luna. Tras un mes de deliberaciones, el denominado Comité Flemings decidió optar por el ascenso directo como arquitectura para el Apolo debido a su sencillez. Es importante destacar que, pese a lo que todavía se puede leer en algunas obras, von Braun no jugó un papel decisivo -la elección del adjetivo no es casual- en la elección de la arquitectura del Apolo. A diferencia de los poderes casi divinos de los que gozaba Koroliov dentro del programa espacial soviético, el antiguo ingeniero nazi debía limitarse a acatar las órdenes del cuartel general de la NASA y diseñar un lanzador acorde con los requisitos de la arquitectura seleccionada, aunque evidentemente su opinión era muy importante dentro de la agencia. A pesar de todo se creó un segundo grupo de trabajo en junio de 1961 dirigido por Bruce Lundin, del Centro Lewis de la NASA. El Comité Lundin, del que Houbolt sería miembro, nació como una especie de respuesta de los centros de investigación de la NASA ante lo que parecía ser una decisión unánime del cuartel general de la agencia a favor del ascenso directo representada por el Comité Fleming. El Comité Lundin se limitó a estudiar las ventajas de los métodos de acoplamientos para mejorar la arquitectura oficial del ascenso directo y llegó a la conclusión de que la inclusión de algún tipo de acoplamiento -probablemente en órbita baja terrestre- sería beneficioso para el programa. Esquema de misión LOR según Houbolt (NASA). Descontento con el resultado final del Comité Lundin, Houbolt se saltó la cadena de mando y el 19 de mayo mandó directamente una carta a Robert Seamans defendiendo el método LOR. No era la primera vez que Houbolt se dirigía a Seamans. Ya en diciembre de 1960 Seamans asistió a una charla de Houbolt sobre las bondades del método LOR, aunque por entonces un viaje tripulado a la Luna parecía algo muy lejano. Casi al mismo tiempo se creó otro grupo de trabajo llamado Comité Heaton con el objetivo de analizar las ventajas del método EOR para poner un hombre en la Luna usando varios lanzamientos del Saturno C-3 desarrollado por el grupo de von Braun (por entonces las versiones más potentes del Saturno del Centro Marshall, C-4, C-5 o C-8, y las del cohete Nova se habían vuelto casi indistinguibles). Pese a centrarse en los acoplamientos, el Comité Heaton decidió pasar de puntillas por el método LOR, y eso que Houbolt volvió a insistir una vez más en su uso. Saturno C-3, con 2 motores F-1 en su primera etapa (NASA). En julio de 1961 otro comité conjunto entre el departamento de defensa y la NASA se estudió todas las alternativas posibles para una misión lunar, incluyendo los métodos EOR, LOR y diversas combinaciones de los mismos, así como métodos más exóticos como el LSR (Lunar Surface Rendezvous), una loca propuesta defendida por el JPL (Jet Propulsion Laboratory) que requería cambiar de nave en plena superficie lunar. Como resultado de tanto comité y tanta discusión, a finales de 1961 todo el mundo daba por sentado que el método EOR, modificado quizás con algún acoplamiento adicional en la órbita o en la superficie lunar, sería el elegido para el Apolo. El abandono del método del ascenso directo no se hizo oficial, pero por entonces esta arquitectura estaba muerta de facto a pesar de los desesperados intentos de algunos grupos de irreductibles. Sin embargo, el método LOR seguía sin ser aceptado por la NASA. En noviembre de 1960 el equipo de Houbolt volvió a dirigirse a Seamans con otro informe aún más detallado defendiendo el LOR, saltándose una vez más los canales oficiales y la cadena de mando de la agencia. La campaña de Langley funcionó y al finalizar 1961 el nuevo Centro de Naves Tripuladas de Houston (el futuro Centro Johnson) abandonó su preferencia por el ascenso directo a favor del LOR. Poco a poco Houbolt iba ganando adeptos. Dibujo de John Bird, miembro del equipo de Houbolt, de junio de 1961 en el que se representa una misión EOR-LOR usando varios cohetes Saturno C-3 (NASA). La insistencia de Houbolt lo convirtió en una especie de cruzado del LOR dentro de la NASA. El resto de expertos fuera de Langley estaba de acuerdo en que el ahorro de masa que traía consigo este método era sustancial, pero las complejidades de un acoplamiento en órbita lunar seguían causando pavor dentro de la comunidad de expertos. Y eso por no hablar de las dificultades técnicas de diseñar una nave adicional destinada únicamente al alunizaje. Aunque la introducción de un módulo lunar permitiría simplificar el diseño de cada nave por separado, para muchos construir dos vehículos en vez de uno era complicar el sistema en exceso. Además, los diseños preliminares de módulo lunar presentados por la gente de Langley no eran demasiado convincentes y consistían básicamente en un motor cohete con patas sobre el cual iría sentado un astronauta dentro una cabina abierta en plan Flash Gordon. Vamos, que inspiraban cualquier cosa menos confianza. Modelo de módulo lunar simple no presurizado propuesto en noviembre de 1961 (NASA). Pese a todo, en enero de 1962 estaba claro que la batalla final se libraría entre el método LOR y el EOR. El LOR sólo sería viable con un cohete lo suficientemente grande como para mandar dos naves hacia la Luna simultáneamente, pero von Braun y el resto de expertos del Centro Marshall se mostraban escépticos sobre la capacidad de los EE.UU. para construir un lanzador de gran tamaño en tan corto espacio de tiempo, de ahí que siguiesen defendiendo el EOR como la apuesta más segura. En febrero la NASA ofertó varios contratos para desarrollar propuestas técnicas viables de misiones lunares usando el método LOR, el más importante de los cuales lo ganó la empresa Chance Vought, que propuso un módulo lunar de unas 14 toneladas (hasta el momento el peso del módulo lunar no había pasado de 9 toneladas). La enorme masa del módulo lunar de Chance Vought asustó en principio a los defensores del LOR, pero curiosamente sirvió para convencer a muchos detractores. Y es que el nuevo módulo lunar era una nave de verdad, presurizada y robusta, en vez de los frágiles ‘patinetes espaciales’ propuestos hasta la fecha. Ahora la pelota estaba en el campo del Centro Marshall. ¿Podría la NASA diseñar a tiempo un cohete para lanzar dos naves a la Luna mediante el método LOR? El lanzador favorito de von Braun para el programa Apolo era por entonces el Saturno C-4 (con cuatro motores F-1 en la primera etapa), después de descartar el C-8 por ser demasiado grande y el C-3 por ser demasiado pequeño. Pero el C-4 sería capaz de llevar a cabo una misión LOR por muy poco. Cualquier incremento en la masa de los vehículos volvería imposible una misión de este tipo. Casualidades del destino, justo por esa época los ingenieros de Marshall llegaron a la conclusión de que añadir un motor F-1 adicional al C-4 para aumentar su capacidad de carga hasta las 130 toneladas en órbita baja no sería excesivamente complicado. El resultado, bautizado como Saturno C-5, podría acomodar tanto una misión de ascenso directo simplificada como una basada en el nuevo método LOR. Cohetes propuestos para el Apolo en 1962 (el ‘Nova’ es en realidad el Saturno C-8) (NASA). Por entonces, Houbolt ya no estaba solo. Un grupo liderado por Charles Frick, de Houston, se encargó de convencer a los chicos del Centro Marshall de que el Apolo sería LOR o no sería (la verdad sea dicha, sin mucho éxito). No obstante, la cúpula de la NASA seguía sin aceptar el LOR. En la primavera de 1962 los altos cargos de la agencia espacial afirmaron ante el Congreso que el método elegido para el Apolo sería el EOR usando dos lanzamientos del Saturno C-4, con el ascenso directo como método de reserva (!). Y es que en mayo de 1962 el ascenso directo volvió a resucitar brevemente a raíz de una propuesta conjunta del Centro Lewis y del Centro Ames de la NASA que empleaba el Saturno C-5 como lanzador. Estaba claro que el nuevo y potente juguete de Marshall había vuelto a revivir las opciones de este método. La posibilidad de incluir una etapa adicional que se estrellaría justo antes del alunizaje fue una de las mejores bazas de esta y otras propuestas de ascenso directo que aparecieron más o menos al mismo tiempo. Propuesta de nave Apolo de ascenso directo con dos astronautas de principios de 1962. Usaría un Saturno C-5 y una etapa adicional que se separaría poco antes del alunizaje (NASA). Pero se acercaba el momento de la decisión final. La NASA no podía postergar durante más tiempo un asunto tan crítico como la elección del método para el alunizaje del Apolo. Para mayo de 1962 Joseph Shea y Brainard Holmes, de la Oficina de Vuelos Espaciales Tripulados de la NASA, se habían convertido en los principales defensores del método LOR. Ese mes lograron una importante victoria cuando consiguieron que von Braun se pasase a su bando in extremis, y eso a pesar de la opinión en contra de la mayoría de sus subordinados en Marshall. Para terminar de fijar posiciones, Shea dirigió un informe con el fin de evaluar el coste de una misión lunar dependiendo del método elegido. El método LOR era la opción más barata con diferencia, con un ahorro de hasta 1500 millones de dólares de la época con respecto al EOR y al ascenso directo. Es decir, LOR sería entre un 10% y un 15% más barato que los otros métodos. Joseph Shea presenta en julio de 1962 la arquitectura del programa Apolo: un LM y un CSM (NASA). No había nada más que hablar. En junio la mayoría de expertos y centros de la NASA ya se habían pasado al LOR. El 10 de julio de 1962 el administrador de la NASA James Webb firmó el documento por el que se seleccionaba el método LOR como la arquitectura de alunizaje del Apolo, un documento que sería hecho público al día siguiente durante una multitudinaria rueda de prensa. Las misiones Apolo se llevarían a cabo mediante un único lanzamiento de un Saturno C-5 (posteriormente conocido como Saturno V) y dos naves espaciales, el CSM y el LM (originalmente llamado LEM, por Lunar Excursion Module, hasta que alguien decidió que la palabra ‘excursión’ no quedaba muy seria en un programa tan ambicioso como el Apolo). Para la opinión pública, ajena a los debates internos de la agencia, la decisión supuso una auténtica sorpresa, especialmente teniendo en cuenta que en la práctica totalidad de presentaciones de la NASA realizadas hasta la fecha sólo se hablaba del ascenso directo o del EOR como métodos viables para el Apolo. El histórico anuncio oficial de la elección del método LOR para el Apolo el 11 de julio de 1962. De izqda. a dcha.: James Webb (administrador de la NASA), Robert Seamans (administrados asociado), Brainerd Holmes (director de la Oficina de Vuelos Espaciales Tripulados) y Joseph Shea (director de sistemas de la Oficina de Vuelos Tripulados) (NASA). El nombre de Houbolt no sería conocido por el gran público hasta más tarde. Durante muchos años los padres de facto del método LOR en la NASA fueron Holmes y Shea. La memoria del ingeniero de Langley solamente sería reivindicada a finales de la década de los 60. No es casualidad que en el momento que las primeras misiones Apolo comenzaron a despegar, a Houbolt le llovieron todo tipo de premios y menciones. Cuando el 20 de julio de 1969 el módulo lunar Eagle se posó en el Mar de la Tranquilidad, Houbolt era uno de los invitados de honor en el centro de control de Houston. Y, al mismo tiempo que Houbolt alcanzaba la fama, surgió ‘La Leyenda’, una versión simplificada de la historia del programa Apolo en la que el método LOR había sido inventado por un heroico Houbolt luchado en solitario contra la cúpula de la NASA cual Don Qujiote espacial del siglo XX. Propuesta de módulo lunar de 1962 (NASA). Evidentemente, no hace falta ser un genio para entender la popularidad de la que goza en la actualidad este mito de la astronáutica. Houbolt representa el típico héroe humilde e incomprendido que, luchando solo contra la adversidad, se sale con la suya a fuerza de insistir. El triunfo de la constancia y la voluntad del individuo. Lamentablemente, la leyenda es falsa. Como hemos visto, Houbolt no fue el primero en proponer en método LOR. Ni siquiera fue el primero en hacerlo dentro del marco del programa Apolo. Sin embargo, sí es cierto que fue el principal defensor de este método en la NASA cuando el resto de expertos apostaban por el método EOR o el ascenso directo. Mientras que para otros investigadores de la NASA partidarios del LOR éste era un simple ejercicio teórico de mecánica celeste, Houbolt estaba convencido de que era la única manera viable de ganar a los soviéticos en la carrera lunar. Su cabezonería y su implacable determinación a la hora de defender el método LOR le llevaron a saltarse los cauces de comunicación oficiales, en ocasiones poniendo en peligro su carrera dentro de la NASA. Evolución de algunas propuestas de ascenso directo del programa Apolo antes de culminar en el método LOR (NASA). La pregunta del millón es por tanto si el método LOR del Apolo fue adoptado por la NASA gracias a la contribución Houbolt. La agencia espacial debía tomar una decisión sobre el método de alunizaje antes de mediados de 1962 si quería ponerla en práctica a tiempo. Como hemos visto, Houbolt no era el único defensor del LOR, pero hasta principios de ese mismo año el método favorito por el cuartel general de la NASA era el EOR. Quizás sin el esfuerzo de Houbolt, Holmes, Shea y Seamans -los principales defensores del LOR en las altas esferas de la NASA- no habrían estado tan convencidos de las ventajas de este método y no habrían presionado a von Braun para que eligiese el LOR justo a tiempo. Quizás sí… o quizás no. Lo cierto es que, con tantos factores en juego, nunca sabremos qué podría haber pasado si Houbolt no hubiese contribuido en el programa Apolo. En cualquier caso, la elección del LOR se debió principalmente a la disponibilidad del Saturno C-5 del Centro Marshall. Si la NASA se hubiese limitado al Saturno C-3 en una primera fase, tal y como estaba previsto, el método EOR habría ganado por goleada. E incluso el Saturno C-4 habría resultado demasiado pequeño para lanzar al CSM y al LM hacia la Luna. La existencia de un lanzador con las características adecuadas resultó clave para que el LOR fuese el método ganador. La historia de la astronáutica, como la de cualquier otro campo, nunca es tan simple como la pintan. La elección del método de alunizaje del Apolo fue debido a la confluencia de multitud de factores políticos, históricos y técnicos. Puede que la leyenda de Houbolt no sea estrictamente cierta, pero nadie duda de que su papel fue fundamental a la hora de poner un hombre en la Luna. El LM del Apolo 16 en la superficie lunar (NASA). Un grosso... Saludos!

Bienvenidos al Post Y sí los rusos hubieran llegado primero a la Luna? Enterate en este artículo cómo hubiera sido la llegada del hombre a la Luna del lado ruso. Un enfoque totalmente distinto. Otro tipo de estrategia ingeniosa. Tomate unos segundos para leer el principio, está buena la historia. Antes una breve definición: Lunojod. Los Lunojod (en ruso Луноход) 1 y 2 fueron dos astromóviles soviéticos no tripulados que alunizaron en 1970 y 1973, respectivamente. Estuvieron en funcionamiento junto con la serie de misiones de sobrevuelo Zond. El objetivo principal de las misiones era explorar la superficie y enviar imágenes. Todos conocemos la aventura de los todoterrenos soviéticos Lunojod, unos vehículos robóticos que en los años 70 recorrieron la Luna en dos ocasiones. Lo que no es tan conocido es que estas sondas no tripuladas fueron diseñadas originalmente para transportar cosmonautas por la superficie lunar, de forma parecida al rover LRV de las misiones Apolo. Un cosmonauta usando el Lunojod como vehículo de transporte (Novosti Kosmonavtiki). El embrión del programa Lunojod, conocido inicialmente como Ye-8 (Е-8 en ruso), nació a principios de los años 60 dentro de la oficina OKB-1 de Serguéi Koroliov como un proyecto para permitir el traslado de los cosmonautas por la superficie de la Luna en las futuras misiones lunares que por entonces se estaban planeando. Al igual que el resto de elementos de las misiones tripuladas de la OKB-1, los vehículos Ye-8 debían incorporar un alto grado de automatización para permitir llevar a cabo misiones sin necesidad de intervención humana. Pero todos los planes relacionados con sondas automáticas de la OKB-1 fueron transferidos a la oficina de diseño Lávochkin en 1965, por entonces dirigida por Georgui Babakin. La OKB-1 simplemente no daba a basto con tanto trabajo. El 30 de febrero de 1965 el gobierno soviético ordenó el desarrollo del proyecto Ye-8 y a principios de 1966 se concretó su diseño con dos objetivos primordiales en mente. Por un lado, los Lunojod debían servir para explorar las zonas de alunizaje antes de la llegada de los cosmonautas. Por otro, también funcionarían como transporte para evitar la fatiga de la tripulación. De acuerdo con el programa lunar N1-L3 de la OKB-1, el módulo lunar LK (11F94) aterrizaría con un cosmonauta a bordo pocos minutos después de desechar su etapa de descenso Blok-D mientras su compañero esperaba en órbita lunar a bordo de la Soyuz LOK. El único tripulante descendería de la cabina presurizada del LK enfundado en su escafandra Krechet y estudiaría las proximidades de la zona de aterrizaje. Maqueta del LK en el Museo de la Cosmonáutica de Moscú (Eureka). Módulo lunar LK del programa N1-L3. Puesto que este plan era considerado demasiado arriesgado, se sugirió lanzar primero un LK no tripulado mediante un cohete N1 que serviría como vehículo de reserva en caso de que el LK con el cosmonauta sufriese algún problema. Para trasladar al cosmonauta de un módulo lunar al otro estaba previsto usar un Lunojod que previamente habría sido enviado a la zona para estudiar sus características. Precisamente, el Lunojod debería desplegar varios radiofaros para guiar el descenso del primer LK hacia una zona segura (el segundo LK usaría estos radiofaros u otros a bordo del primer LK). El LK también debía desplegar una serie de sondas y vehículos automáticos (Novosti Kosmonavtiki). Modelo del Lunojod en el Museo de la Cosmonáutica de Moscú (Eureka). El Ye-8 en su configuración de 1966 tenía una masa de 1600 kg en la superficie lunar, de los cuales unos 700 kg correspondían al vehículo con ruedas (en el diseño final, la masa final fue de unos 1900 kg, con 756 kg para el Lunojod 1 y 836 kg para el Lunojod 2). Sería lanzado por un Protón-K de la OKB-52 de Cheloméi y usaría una etapa superior Blok-D de la OKB-1 de Koroliov, desarrollada para las misiones Zond/7K-L1 y N1-L3. En principio se esperaba una vida útil de tres meses para los primeros ejemplares, una limitación que respondía principalmente a la necesidad de mantener continuamente en funcionamiento el sistema de regulación de temperatura del compartimento presurizado (la ‘bañera’ del Lunojod). Con el fin de paliar las bajas temperaturas de la noche lunar el Lunojod llevaría incorporado un calentador por radioisótipos (RHU) a base de polonio-210. El Lunojod grabaría el alunizaje del primer LK e inspeccionaría su estado tras el descenso. Sólo entonces se daría luz verde al lanzamiento de la misión tripulada. Posteriormente también retransmitiría a la Tierra el descenso del LK tripulado usando las cámaras de televisión del Lunojod. ¡Un alunizaje filmado en directo desde la superficie lunar! Eso sí que habría sido algo digno de ver. Durante el transcurso de la misión el tripulante se montaría en el Lunojod para explorar la zona o para viajar hasta el LK de reserva. Cierto es que el cosmonauta no se despeinaría en los recorridos, y no tanto por la ausencia de atmósfera en nuestro satélite como por la velocidad máxima de 1,5 km/h que sería capaz de alcanzar el Lunojod sobre la Luna. Ciertamente, una marca nada impresionante, pero no olvidemos que su cometido principal era actuar como sistema de emergencia. Boceto del Lunojod de 1966. El vehículo sólo tiene cuatro ruedas (Novosti Kosmonavtiki). El Lunojod usaría radiofaros para guiar al primer LK hacia la superficie (en la imagen marcados por el número ’1′) y filmaría el descenso del LK tripulado. Dibujo de NPO Lávochkin de 1966 (Novosti Kosmonavtiki). Con el fin de llevar al cosmonauta el Lunojod tendría una plataforma en la parte trasera donde éste viajaría de pie. Allí estarían situados los controles para conducir el aparato, aunque también podría ser guiado desde la Tierra si el cosmonauta se encontraba desorientado o indispuesto. El tripulante sería capaz de usar el sistema de comunicaciones del todoterreno para comunicarse con el control de la misión. En caso necesario, el cosmonauta usaría el Lunojod para viajar hasta el LK de reserva (Novosti Kosmonavtiki). Pero este no era el único papel que el Lunojod estaba destinado a jugar en el programa de alunizaje N1-L3. En misiones posteriores se propuso mandar un hábitat lunar formado por la etapa de descenso del Lunojod y un módulo presurizado de 800 kg que ocuparía el espacio reservado para el vehículo con ruedas. De esta forma se podría aumentar la reducida capacidad de soporte vital del LK (seis horas sobre la superficie en las primeras misiones) y aumentar así la duración de las expediciones lunares, aunque ciertamente el pequeño módulo presurizado no sería para tirar cohetes precisamente. Al igual que el resto de sondas Ye-8 y Ye-8-5 (de recogida de muestras), este hábitat sería lanzado mediante un Protón-K/Blok-D. Hábitat lunar que usaría un módulo presurizado sobre la etapa de descenso de un Ye-8 (Novosti Kosmonavtiki). También se planeó construir un vehículo presurizado a partir del Lunojod capaz de llevar al cosmonauta en su interior, quien podría explorar la superficie lunar usando una serie de instrumentos y brazos robot. El rover también incorporaría sistemas de soporte vital que aumentarían la duración de las excursiones lunares (en principio de solamente dos horas para las primeras misiones). Vehículo presurizado basado en la tecnología del Lunojod (Novosti Kosmonavtiki). Finalmente se construyeron cuatro Lunojod y se lanzaron tres. El primero, Ye-8 nº 201, se desintegró junto con su lanzador el 19 de febrero de 1969. El segundo, Ye-8 nº 203, se convertiría en el Lunojod 1 (Luna 17) al alunizar con éxito en noviembre de 1970. El Lunojod 2 (Ye-8 nº 204) también alcanzaría la Luna en enero de 1973. El cuarto debió haber alcanzado el espacio en 1977 durante la misión Luna 25, pero las autoridades soviéticas prefirieron que se quedase en tierra y hoy en día se puede admirar en el museo de NPO Lávochkin en Moscú. No obstante, ninguno de estos Lunojod se usó para llevar cosmonautas de un lado a otro de la superficie lunar. La cancelación del programa de alunizaje N1-L3 y, posteriormente, del LEK en favor del sistema Energía-Burán dieron al traste con los sueños de usar esta robusta sonda como vehículo de transporte. Otra recreación del uso del Lunojod como transporte (Novosti Kosmonavtiki). Opinión personal: si bien no llegaron realmente tenían muy claro la forma de hacerlo, con ingenio y con los recursos del momento. Saludos!

Bienvenidos al Post. Epigenética, mucho más que genes (Para los que no quieran leer al final del post video imperdible con explicación) Genes, genética, genómica, genoma humano… el listado de términos con la raíz gen- no ha dejado de aumentar durante los últimos años, y algunos de ellos incluso se han hecho muy populares. El lector ingenuo pensará que tras tantos años de ciencia biológica poco quedará por descubrir en el campo de la genética. Me bastará escribir la palabra epigenética para echar por tierra esta impresión, y por supuesto, necesitaré unas cuantas palabras más para justificar esta nueva adición al gendiccionario. Vamos allá. Nada de lo que un organismo es o pueda llegar a ser, puede conseguirse sin seguir a rajatabla unas instrucciones precisas y concretas, guardadas en la información genética en forma de moléculas conocidas como ácido desoxirribonucleico, ADN para los amigos. Esta noción, pese a ser moderna en términos históricos, siempre ha estado latente en muchísimas cuestiones biológicas que se abordaban sin saber con certeza cuál era la pieza que faltaba para entenderlas: la teoría de la selección natural presentada por Darwin y Wallace a mediados del siglo XIX era consistente con la realidad de la naturaleza estudiada en la época, y con el hecho sobradamente demostrado de que los descendientes de los organismos se parecen a sus engendradores. Pero ninguno de ellos se acercó siquiera a hipotetizar acerca de lo que hoy llamamos genes. Para cuando Watson, Crick y Franklin describieron la estructura tridimensional de la doble hélice del ADN aproximadamente unos cien años después, ya se conocía la noción de “genes” y la forma en que se transmitían y ejercían su función primordial (servir de base para la construcción de las proteínas), pero quedaban muchas incógnitas que precisamente gracias a este modelo estructural fueron parcialmente despejadas. Desde aquel momento hasta hace unos pocos años, los genes se han ido convirtiendo en un concepto biológico de gran popularidad, adquiriendo por el camino una serie de responsabilidades que nunca les correspondieron. Igual que pasó con el concepto de la evolución y la selección natural, que en “las manos equivocadas” pretendieron ofrecer la clave para justificar todo tipo de injusticias y atrocidades, la genética se convirtió en el cajón desastre donde todos los problemas y a la vez las soluciones de nuestras vicisitudes como especie se acumulaban. La premisa más extendida, y no carente de base, es que los genes son responsables de que seamos como somos. Punto. Hay que apechugar con esto. Esta historia del llamado determinismo genético es ya bastante conocida, y se resume en un debate acerca del papel que ejercen los genes y el ambiente que nos rodea sobre la modulación de nuestra forma de ser y de desarrollarnos. Según quién haga los cálculos, se podría encontrar desde un reparto de responsabilidades del 50% hasta determinismos absolutos, que obviamente no reflejan en nada la realidad. Porque al final, para la mayoría de cuestiones biológicas, la ciencia nos ha venido ofreciendo explicaciones que se ajustan a distintos tonos de gris, más que blancos o negros absolutos. Lo curioso de todo esto es que aunque este debate parecía un poco pasado de moda, recientes descubrimientos lo han sacado a relucir de nuevo, ofreciendo un nuevo abanico de tonalidades grises. Pero antes de hablar de la última moda en conceptos genéticos, demos unos pasos atrás. Muchos lectores recordarán el bombo con el que se anunció la secuenciación completa del genoma humano, sólo hace unos once años (es curioso apreciar cómo los hitos que estamos mencionando en este artículo cada vez están más cercanos en el tiempo). Podríamos decir que esto significó, sencillamente, que se había completado la lectura del manual de instrucciones que contiene una célula humana típica. Ni más, ni menos… que tampoco es moco de pavo. A partir de ahí, quedaba una titánica tarea. Teníamos un montón de páginas y páginas con instrucciones, pero podríamos decir que nos faltaban los números de página, los encabezados, los títulos que delimitaban cada capítulo. Algunos capítulos estaban completos, pero había huecos entre estos y los inmediatamente adyacentes. Y por si esto fuera poco, muchos de los capítulos completados de este manual de instrucciones nos llevaban a un callejón sin salida, pues no sabíamos para qué narices servía la pieza que podríamos montar siguiendo dichas instrucciones. En los años que han pasado desde que se completó la lectura, hemos ido refinando toda esta información y completando las piezas que faltan, pero queda mucho trabajo por hacer. A estas alturas el lector ya habrá imaginado que los capítulos de este manual de instrucciones son los genes, y que cada uno de ellos da lugar a una pieza distinta, que es una proteína. Las células utilizan todas las proteínas que construyen para transformarse a sí mismas, y al organismo que las contiene. Esa es la relación entre “los genes” y el “cómo somos”. Para enmarañar aún más el asunto, resulta que no basta con saber cuántos capítulos hay, dónde empieza y termina cada uno, ni qué pieza explican; también hay que tener en cuenta que hay algunos interludios, párrafos enteros que no sirven para construir nuevas piezas, sino para explicar mejor cómo entender otros capítulos. Y llegamos aquí a un punto crucial, porque hay un detalle que no hemos comentado todavía. Resulta que este manual de instrucciones está ordenado en unos pocos volúmenes, moléculas de ADN gigantescas que contienen una parte de ese manual. Pero cada volumen está escrito todo seguido, en papel continuo. No hay índice de capítulos o marcadores de páginas. Y cada uno tiene un tamaño tan gigantesco que necesita estar plegado y comprimido. Una célula no necesita todas las piezas a la vez, sino que precisa construir una serie concreta de ellas en cada determinado momento; para ello tiene que desplegar el capítulo correcto, rápida y certeramente. Para poner en orden semejante embrollo, el manual se organiza en montoncitos de papel enrollados sobre un soporte físico gracias al cual pueden empaquetarse a su vez varios montoncitos más; así, las instrucciones para construir piezas que jamás se van a necesitar en determinado tipo de célula pueden quedarse guardaditas sin molestar a nadie. Traduciendo esta historia a términos biológicos, el ADN es una molécula gigantesca que se repliega sobre sí misma, como una madeja de hilo, pero de forma ordenada. Para ello se enrolla cual yo-yo sobre un núcleo de proteínas llamadas histonas, las cuales a su vez pueden agruparse entre ellas. El ADN abrazado a las histonas no puede “leerse”, pero puede soltarse y desplegarse de nuevo si se necesita. ¿Cómo se consigue esto? Mediante la modificación química reversible de las histonas, que se lleva a cabo por otras proteínas. Este proceso forma parte de lo que hemos venido a explicar, como veréis a continuación. Según lo que hemos contado, parece que las células están condicionadas por sus manuales de instrucciones de manera irrevocable: todo lo que allí está escrito, es lo que va a tener la célula para vivir su vida. De hecho, si alguna instrucción se lleva a cabo de manera errónea o se construyen piezas incorrectas en determinada célula, hablamos de mutaciones y enfermedad; sólo en algunos casos el cambio por error en alguna palabra del manual puede llegar a permitirse o incluso a perpetuarse, siendo este uno de los motores de la evolución. Ahora sabemos que en realidad hay otra posibilidad: la forma en que algunos capítulos están censurados o permanentemente abiertos puede cambiar. Y este cambio puede quedar grabado y mantenerse con el empaquetamiento y la posterior mudanza de copias del manual cuando una célula se divide, perpetuándose para las subsiguientes generaciones de células descendientes. Hablamos de regular la función de los genes sin alterar las instrucciones básicas. Es un proceso que otorga plasticidad y capacidad de modulación extra a todo el proceso de construcción de seres vivos, un proceso que puede transmitirse a la descendencia. Es, por tanto, una regulación por encima de la información genética, y de ahí su nombre: epigenética. Una serie de proteínas marcan las páginas de los volúmenes del libro, etiquetando con pegatinas que impiden o facilitan la lectura de determinados capítulos. Aquí entran en juego las proteínas modificadoras de histonas, que con su trabajo cierran o abren capítulos; pero también hay otras proteínas que modifican las características químicas de algunas palabras escritas en el ADN; ojo, no cambian su significado, no producen mutaciones. Podría decirse que hacen un pequeño tachoncito que impide su lectura, pero que otra proteína equipada con un borrador puede deshacer para que de nuevo esa palabra esté activa. Estos procesos son muy dinámicos y están muy regulados, y aquí viene lo impactante, están muy influenciados por el ambiente en que se mueve la célula. Se ha descubierto que las experiencias que sufre un individuo pueden desencadenar modificaciones en el patrón de marcas epigenéticas sobre su genoma, las cuales a veces se transmiten a su descendencia. En muchas especies cambios en el entorno, como la cantidad de luz recibida o la temperatura a la que se exponen los embriones en desarrollo, afectan drásticamente a la expresión de sus genes. Lamentablemente, recientes estudios también parecen sugerir que una dieta rica en grasas o abusar de sustancias como el tabaco puede tener consecuencias que van más lejos aún de lo que pensábamos. Hoy en día, la epigenómica despunta como un nuevo tipo de lectura que refina la que ya sabíamos realizar. No sólo interesa la secuencia de ADN, eso ya lo tenemos muy visto; ahora queremos saber distinguir todas esas etiquetas, tachones y pegatinas que determinan el momento y el lugar en el que cada instrucción se lleva a cabo. Porque una colocación distinta de las etiquetas puede suponer un ligero cambio en la modulación génica, produciendo adaptación o respuesta a determinado estímulo, pero una incorrecto etiquetaje puede tener consecuencias fatales, y además por si esto fuera poco, esas consecuencias quedarán grabadas para la descendencia de esa célula. La lectura a nivel epigenético de las instrucciones contenidas en una célula tumoral demuestra que el patrón de marcas difiere enormemente del de una célula sana del mismo organismo, mostrando claramente la importancia de conseguir entender y corregir dichos patrones de cara a luchar contra las enfermedades. La epigenética supone una capa más de complejidad para entender qué está pasando dentro de nuestras células, pero por otro lado, nos hace más fácil comprender, o al menos abarcar, la ingente variabilidad, la sobrecogedora capacidad de respuesta, la versatilidad de los sistemas biológicos. Como sucedió con la estructura de la doble hélice o las primeras secuenciaciones de genes, esta nueva capa de información encaja como un guante en lo que ya sabemos. Es muy frecuente escuchar que todo esto “pone del revés” nuestro conocimiento previo, o “hace tambalearse” los cimientos de lo que ya sabemos. En realidad esto es una exageración; en ciencia pocas veces se le da la vuelta a nada (se dice que algunos científicos dan la vuelta a las tortillas en el aire, pero no existen datos experimentales que respalden esta hipótesis). Más bien se añaden piezas, se colocan mejor otras que encajaban de manera un poco burda, o incluso, se abren nuevos huecos. La regulación epigenética puede llegar a explicar algunos procesos complejos para los que la evolución molecular o los mecanismos de regulación génica y expresión de proteínas parecían quedarse cortos. Aún tenemos mucho que leer, muchas páginas que ordenar y muchas etiquetas que despegar. Pero lo que está claro es que nada de esto va a restar importancia a cómo funciona nuestro organismo, a lo que somos y a lo que legamos a nuestra descendencia. Al fin y al cabo, la clave para todo lo que somos sigue estando en nuestros genes, no nos engañemos; pero esto no quita para que podamos decir, con la cabeza bien alta y los genes bien etiquetados, que también somos mucho más que genes. Carlos Romá-Mateo, más conocido como @DrLitos es investigador postdoctoral en el Instituto de Biomedicina de Valencia perteneciente al CSIC y escribe el blog lúdico-científico ¡Jindretes, sal! Yapa: Imperdible oratoria del Dr. Mario Alonso Puig (vale la pena cada minuto) link: http://www.youtube.com/watch?v=_mg9-_5tP5Y Saludos!

Bienvenidos al Post. Cadáveres en el espacio (Para los aficionados vale la pena leerlo completo) ¿Qué sucede con los cuerpos inertes en el espacio? Sobre este asunto hay muchos bulos, leyendas cósmicas y algún que otro secreto de Estado... Shoemaker, único humano enterrado en la luna | Foto: astrogeology.usgs.gov En 1968 la Soyuz 2 fue lanzada al espacio con el objetivo de acoplarse con la Soyuz 3. A bordo iban el cosmonauta Iván Istochnikov y el perro Kloka. Poco después del despegue se perdió el contacto con la nave, que aún así logró aproximarse a la Soyuz que orbitaba sobre la Tierra. Los cosmonautas que la esperaban apreciaron un inmenso boquete en el casco de la nave visitante. Cuando se acopló a la Soyuz 3 no encontraron a nadie dentro. ¿Qué había pasado? ¿Un micrometeorito había impactado con la Soyuz durante su aproximación? Si fue así ¿Dónde estaba el cadáver de Ivan? ¿y el del perro? Esta rocambolesca historia fue un invento del fotógrafo español Juan Fontcubierta (de hecho Iván Istochnikov no es más que una traducción al ruso de su nombre) para una exposición de la Fundación Telefónica. Uno de los grandes bulos de la cosmología, leyenda urbana y cósmica que hizo tropezar (otra vez) al mismísimo Iker Jiménez y otros tantos ufólogos y conspiranoicos, pero que revela una de las incógnitas y de la historia de la carrera espacial ¿Hay algún cadáver orbitando en el espacio exterior? ¿Qué pasa con los cuerpos inertes en el espacio? Hay toda una lista de bulos, supuestos secretos de Estado o leyendas cósmicas que alimentan el morbo por el fiambre en gravedad 0. Son los llamados Astronautas fantasma. Historietas galácticas de expediciones frustradas y alimentadas por la propaganda nacionalista en la carrera espacial de las grandes potencias. Todo por minar la credibilidad del oponente. El 99% son historias falsas, chismes como el de Iván Istochnikov o como la del 'Enano del KGB', un supuesto agente que viajó a la luna en la misión suicida del Lunojod 1. El Lunojod era todoterreno que permaneció 11 meses en el satélite durante 1970. Los soviéticos no confiaban en que la tecnología de su país fuera capaz de telemanejar un vehículo lunar durante tanto tiempo e inventaron un enano infiltrado que murió tras acabarse las provisiones del famoso astromóvil soviético. Atención al vehículo en el que se supone pasó lo 11 meses el desafortunado funcionario. Bulos aparte, la carrera espacial 'oficial' ha registrado un total de 22 bajas de cosmonautas y astronautas desde sus inicios. Cuatro fallecieron en entrenamientos terrestres (la primera víctima de la carrera espacial, Valentin Bondarenko, y los tres astronautas del Apollo 1), ocho en procedimientos de reentrada o aterrizaje (siete del transbordador Columbia y una de la Soyuz I), siete en lanzamientos (la tragedia del Challenger) y sólo tres han fallecido en órbita a más 200 kilómetros de la Tierra (Soyuz 11) Pero el récord de cadáver orbitando sobre nuestro planeta lo tiene también el primer astronauta que murió dando vueltas a la Tierra. No fue un hombre y fue premeditado. La perra Laika pasó siete horas en el espacio con el corazón latiendo y casi medio año viajando con él parado. Paradójicamente no murió por ninguno de los condicionantes que hace imposible la supervivencia de un mamífero a 200 kilómetros de altura: murió por el estrés que supuso todo el lanzamiento y por el fallo de los sistemas de control de temperatura de la cápsula. La nave y el cuerpo de Laika se desintegraron al entrar en contacto con la atmósfera el 14 de abril de 1958, 163 días después de su lanzamiento. A pesar de que la agencia espacial soviética sabía que era imposible una reentrada segura y tenía preparado un veneno para administrar al animal, su maquinaria propagandística trabajó por vender la idea de un perro en paracaídas que la mala suerte de un fallo mecánico había frustrado. Hay un solo caso probado y documentado de ‘ataúd espacial’ con recuperación de cuerpos humanos. Se trata del accidente en 1971 de la Sozuz 11, cuando se separaba de la estación espacial Salyut 1 tras permanecer en ella 23 días. Una historia conmovedora y que dio una importante lección a la carrera espacial soviética. Por entonces -para ahorrar costes- los cosmonautas no llevaban trajes espaciales durante el retorno. Instantes después de que la Soyuz se separara de la estación, una pequeñísima válvula de presión de tan solo un milímetro -destinada al equilibrado de presión interior y exterior- falló y se abrió durante la separación modular. Las pulsaciones de los tres cosmonautas de la misión Vladislav Vólkov, Gueorgui Dobrovolski y Viktor Patsayev eran en ese momento 120, 80 y 100, respectivamente. En solo unos segundos el pulso de Vólkov pasó a 180 y el de Dobrovolski a 114 por el susto y el disparo de las alarmas sonoras. Unos 20 segundos después de la fuga los tres estaban ya inconscientes. A los 110 segundos los corazones estaban ya detenidos. Esos eran todos los datos registrados en directo desde Tierra ya que los cosmonautas habían apagado la radio para oír mejor la procedencia de la fuga e intentar repararla, procedimiento que ya en tierra había sido un completo fracaso, tardando siempre más de 50 segundos en localizar la fuga y taponarla. La cápsula era ya un ataúd flotante. A más de 200 kilómetros de la Tierra y a merced de la gravedad y los procedimientos automáticos de reentrada. En tierra no barruntaron nada hasta que la radio del equipo de rescate primario lanzó el temido codigo 111 desde la estepa kazaja y después de abrir la escotilla: "Tripulación fallecida". Los tres cuerpos estaban dentro de la cápsula, enteros, sin signos de violencia y tras una ‘muerte dulce’ por asfixia. A partir del accidente todas las expediciones soviéticas llevarían trajes de presión para combatir eficazmente posibles incidentes similares. Pero sí, hay cadáveres humanos orbitando sobre nuestras cabezas e incluso descansando para siempre en la Luna o rumbo a Plutón. El 7 de enero de 1998 un cohete Athena II era lanzado desde Cabo cañaveral rumbo a nuestro satélite con un cargamento peculiar. Llevaba en sus tripas 158 kg de la microsonda espacial Lunar Prospector y 28 gramos de cenizas del cuerpo de Eugene Shoemaker dentro de una cápsula de policarbonato sellada en aluminio. Eugene fue un astrofísico norteamericano considerado el padre de las ciencias planetarias. Es el homenaje que la NASA quiso dar a uno de sus mejores científicos, el único humano enterrado en la Luna. El protocolo estaba cargado de simbolismo y emotividad: la sonda se estrellaría a 6.000 kilómetros por hora contra uno de los cráteres lunares que llevaba el nombre del astrofísico y que él mismo había catalogado, enterrando y mezclando para siempre sus cenizas con el fino polvo lunar. El 21 de abril de 1997 el Minisat I, primer satélite artificial fabricado en España, ponía en órbita a más de 550 kilómetros de altura las cenizas de 24 excéntricos y ricos ciudadanos estadounidenses, inaugurando la fase comercial de la pompas espaciales. Entre ellos Gene Roddenberry, mítico creador de la serie Star Trek. Celestis, una visionaria empresa texana, hace realidad el sueño de extravagantes personajes como esos. Tras la novedad de sus inicios han bajado mucho sus tarifas: 10.000 dólares por un entierro orbital y 50.000 por la experiencia eterna en la Luna junto al bueno de Eugene. Saludos!

Bienvenidos al Post. Los peligros de creer ciegamente en la ciencia, según científicos. Muchos de los científicos que ayudaron a establecer las teorías científicas y leyes extensamente aceptadas, advirtieron a los futuros científicos, no permitirse ser limitados por su trabajo. Ellos también señalan, que muchos de los mayores descubrimientos fueron ridiculizados al principio, ya que estaban en oposición a las nociones preconcebidas. He aquí 17 puntos de vista de algunas de las mentes más brillantes de la ciencia. 1. Las ventajas de recibir burlas Alégrense cuando otros científicos no crean lo que ustedes conocen como verdad, esto les dará más tiempo para trabajar en ello en paz. Cuando ellos comiencen a afirmar que lo descubrieron antes que usted, busque un nuevo proyecto. - Efraim Racker, en “Resolución y Reconstitución de Mecanismos Biológicos de 1919 a 1984”, publicado en Federation Proceedings, en 1983. Efraim Racker (1913–1991) Bioquímico reconocido por su trabajo en el descubrimiento del mecanismo de la síntesis del ATP, una molécula usada para transportar la energía dentro de las células en los organismos. 2. Los científicos deberían dejar ir sus nociones preconcebidas Se le advierte urgentemente no permitirse ser influenciado por cualquier tipo de teoría u otras nociones preconcebidas, en la observación de fenómenos, en la realización de análisis y en otras determinaciones. - Emil Hermann Fischer, citado por M. Bergmann en “Das Buch der Grosse Chemiker” y traducido por Joseph S. Froton en “Contrastes del estilo científico: Grupos de investigación en las ciencias químicas y biomédicas”. Emil Hermann Fischer (1852–1919) Químico ganador del Premio Nobel de Química en 1902 “en reconocimiento a los aportes extraordinarios a su trabajo en la síntesis del azúcar y la purina”, según el sitio web del Premio Nobel. También es reconocido por desarrollar la proyección de Fischer, una forma de dibujar representaciones bidimensionales de estructuras moleculares orgánicas. Hermann Emil Fischer CA. 1895. (Paul Gericke) 3. Resistencia fuerte a nuevas ideas A la mente le disgusta una idea extraña, tanto como al cuerpo una proteína extraña, y se resiste a ella con una energía similar. No sería quizás demasiado descabellado afirmar que una nueva idea es el antígeno de acción más rápido conocido por la ciencia. Si nos miramos francamente, a menudo encontraremos que hemos comenzado a hablar en contra de una nueva idea desde antes que se haya afirmado completamente. No tengo duda que esta última frase mía ya encontró rechazo, mostrando así qué tan rápido se pone a trabajar el mecanismo de defensa. - Wilfred Trotter, en ‘Los Periódicos Recolectados de Wilfred Trotter F.R.S.’, publicado en 1941. Wilfred Trotter (1872–1939) fue un cirujano y psicólogo social. 4. Sólo porque no se puede medir fácilmente, no significa que no existe El primer paso consiste en medir lo que se puede medir fácilmente, esto está bien hasta donde se permita. El segundo paso es hacer caso omiso de lo que no se puede medir fácilmente o darle un valor cuantitativo arbitrario. Esto es artificial y engañoso. El tercer paso es suponer que lo que no se puede medir fácilmente, realmente no es importante, esto es ceguera. El cuarto paso es decir que lo que no se puede medir fácilmente, realmente no existe, esto es suicidio. Charles Handy, economista y conductista organizacional, en su libro ‘La gabardina vacía: entendiendo el futuro’. 5. Las ‘leyes’ físicas pueden cambiar No tenemos derecho a asumir que existen leyes físicas, o si han existido hasta ahora, que seguirán existiendo de manera similar en el futuro. Es absolutamente posible que un buen día la naturaleza cause un acontecimiento inesperado que nos aturda a todos; y si esto llegara a pasar seríamos impotentes para hacer cualquier objeción, aun si el resultado consistiera que, a pesar de nuestros esfuerzos, no pudiéramos introducir el orden en la confusión que resulte. En tal acontecimiento, el único curso abierto para la ciencia sería declararse en bancarrota. -Max Planck, en su libro: El universo en la luz de la física moderna, traducido por W. H. Johnston. Max Planck se considera como uno de los fundadores de la mecánica cuántica. Le concedieron el Premio Nobel de Física en 1918 por “los servicios prestados al progreso de la Física por su descubrimiento de la energía cuántica”. La ciencia no puede solucionar el último misterio de la naturaleza y esto es porque, en el último análisis, nosotros mismos somos parte de la naturaleza y por lo tanto parte del misterio que tratamos de solucionar. - Max Planck, en su libro ‘¿Hacia dónde va la ciencia?’, traducido por James Murphy. 6. La ciencia “otra forma de religión” No deberíamos esperar a que la ciencia nos dé permiso para hacer lo infrecuente o nos diga hasta dónde tenemos permitido llegar. Si lo permitimos, estaríamos haciendo de la ciencia otra forma de religión. Debemos revelarnos y ejercerla haciendo lo extraordinario. - Joe Dispenza, en su libro ‘Evoluciona tu cerebro: la ciencia de cambiar tu mente’. Joe Dispenza es neurocientífico y quiropráctico. Es uno de los científicos que aparecen en la película ¿¡Qué rayos sabemos!? que incluye entrevistas al estilo documental. Dispenza sufrió fracturas en sus vértebras debido a un accidente de auto, y los médicos dijeron que la única manera en que podría caminar de nuevo sería tener una operación, pero él decidió no realizársela, creyendo que podía curarse a sí mismo mediante la fuerza de voluntad. Tres meses más tarde pudo caminar de nuevo. 7. Lo que ahora puede parecer ridículo podría ser el futuro de la ciencia No tengo ninguna duda de que en realidad el futuro será mucho más sorprendente de lo que puedo imaginar. Ahora, mi propia sospecha es que el universo no solamente es más misterioso de lo que suponemos, sino más misterioso de lo que podemos suponer. - J.B.S. Haldane, en su libro “Mundos posibles y otros papeles”. J.B.S. Haldane fue biólogo y uno de los fundadores de la genética poblacional, también derivó la ecuación Briggs-Haldane con G.E. Briggs para describir la cinética de las enzimas. 8. ¿Qué es la razón? La razón, para la mayoría de la gente, significa su propia opinión. William Hazlitt, en su ensayo “Una nueva escuela de reforma: Un diálogo entre un racionalista y un sentimentalista”. William Hazlitt fue un escritor y filósofo 9. La mayor parte de la ciencia es ‘Opinión e ilusión’ “Por convenio hay color, por convenio hay dulzor, por convenio hay amargor, pero en realidad sólo hay átomos y vacío”, anunció Demócrito. El universo está compuesto solamente de átomos y vacío; todo lo demás es opinión e ilusión, si el alma existe, también está compuesta de átomos”. - Edward Robert Harrison, en “Las máscaras del universo”. 10. La ciencia abarca el misterio “Me encanta la ciencia, y me duele pensar que muchos están aterrorizados con el tema, o que sienten que elegir la ciencia significa que no puedes elegir también la compasión, el arte, o maravillarse por la naturaleza. La ciencia no significa curarnos del misterio, sino reinventar y revivir”. - Robert Sapolsky, en su libro “Por qué las cebras no sufren de úlceras”. Robert Sapolsky, biólogo y neurólogo conocido por su trabajo sobre enfermedades relacionadas con el estrés. Robert Sapolsky (P. S. Burton/Bill Branson por los Registros de los Institutos Nacionales de Salud) 11. Einstein sobre ‘la verdad objetiva’ Los conceptos físicos son creaciones libres de la mente humana y no son únicamente determinados por el mundo externo, aunque pueda parecerlo. En nuestro esfuerzo por comprender la realidad, somos como un hombre tratando de entender el mecanismo de un reloj cerrado. Él ve la caja y las manecillas moviéndose, incluso escucha su tic-tac, pero no tiene forma de abrir la caja. Si es ingenioso podría formar una imagen del mecanismo responsable de todas las cosas que él observa, pero nunca puede estar completamente seguro de que el exterior puede explicar totalmente sus observaciones. Él nunca será capaz de comparar su fotografía con el mecanismo real, ni siquiera imaginar la posibilidad o el significado de esa comparación, pero sin duda cree que, a medida que aumenta su conocimiento, su imagen de la realidad será más simple y más sencilla y explicará una gama más amplia de sus impresiones sensoriales. También puede creer que existe un límite ideal del conocimiento y que este puede ser abordado por la mente humana, puede llamar a este límite ideal, la verdad objetiva. - Albert Einstein y Leopold Infeld, en el libro escrito por ambos “La evolución de la física”. Albert Einstein durante una conferencia en Viena en 1921 (42 años). (Ferdinand Schmutzer) 12. Los científicos presentan una cara en el escenario mundial y otra detrás del telón El deductivismo en las matemáticas y el inductivismo en los artículos científicos, son simplemente las posturas que elegimos para ser vistos en cuanto sube el telón y el público nos ve, la ilusión teatral se rompe cuando preguntamos lo que pasa detrás del escenario. En la vida real, el descubrimiento y la justificación son casi siempre diferentes procesos. - Peter Brian Medawar, en “La inducción y la intuición en el pensamiento científico”. Peter Brian Medawar (1915–1987) fue inmunólogo y compartió el Premio Nobel de fisiología y medicina en 1960 con Sir Frank Macfarlane Burnet “por el descubrimiento de la tolerancia inmunológica adquirida”, según el sitio web del Premio Nobel. 13. La ciencia no pretende certeza ni objetividad emocional Un error común que señala muchas de las críticas adversas a las que la ciencia está sometida hoy, es que no da certeza, infalibilidad y completa objetividad emocional. Es casi más fiel decir que se basa en la maravilla, la aventura y la esperanza. - Cyril Hinshelwood, citado en el obituario de E. J. Bowen de Hinshelwood, publicado en 1967 en la revista Química en Gran Bretaña. Cyril Hinshelwood (1897–1967) Físico químico que compartió el Premio Nobel de química con Nikolay Nikolaevich Semenov en 1956 por sus investigaciones en el mecanismo de las reacciones químicas. 14. Lo que es, es Un hombre debe buscar lo que es, y no lo que cree que debería ser. - Albert Einstein, citado en el libro de Peter Michelmore “Einstein, el perfil del hombre”. 15. Fatal error de la ciencia Nada es tan fatal para el progreso de la mente humana que suponer que nuestros puntos de vista sobre la ciencia son últimos; que no hay misterios en la naturaleza; que nuestros triunfos están completos, y que no hay nuevos mundos para conquistar. - Sir Humphry Davy, citado por David Knight en el libro ‘Sir Humphry Davy: ciencia y poder’. Sir Humphry Davy fue químico e inventor. Descubrió el sodio, el potasio y el calcio mediante electrólisis y encontró que el cloro, que antes se pensaba contenía oxígeno, es un elemento. También inventó la lámpara Davy, una lámpara segura de utilizar en minas de carbón. Sir Humphry Davy. (Desde enciclopedia biográfica I. Asimov de ciencia y tecnología) 16. El alma no puede ser explicada por la ciencia Yo sostengo que el misterio humano es increíblemente degradado por el reduccionismo científico, con su creencia de que el materialismo promisorio puede explicar eventualmente todo el mundo espiritual en términos de patrones de actividad neuronal. Esta creencia debe ser clasificada como una superstición. […] Tenemos que reconocer que somos seres espirituales con almas existiendo en un mundo espiritual, así como seres materiales con cuerpos y cerebros existiendo en un mundo material. - Sir John C. Eccles, en su libro “Evolución del cerebro: Creación de sí mismo”. Sir John Carew Eccles, neurofisiólogo, ganó el Premio Nobel en fisiología o medicina con Alan Lloyd Hodgkin y Andrew Fielding Huxley en 1963, por su trabajo en transmisión sináptica química. 17. Entendimientos actuales pueden convertirse en obsoletos, como tantos otros antes que ellos Cada experimento destruye parte de los conocimientos que fueron obtenidos en experimentos anteriores. - Werner Heisenberg, en su libro ‘Los principios físicos de la teoría cuántica’, traducido por Carl Eckart y F. C. Hoyt. Werner Heisenberg fue físico teórico y recibió el Premio Nobel de física en 1932 “por la creación de la mecánica cuántica, cuya aplicación, entre otras cosas, llevó al descubrimiento de las formas alotrópicas del hidrógeno”, según el sitio web del Premio Nobel. Este tema sin dudas va a generar polémica y opiniones encontradas. Se agradecen comentarios: completos, justificados y citando fuentes. Saludos!
Bienvenidos al Post. En cada ser humano concurren, al menos, 59 elementos de la tabla periódica. Apenas nos preguntamos como cada uno de estos elementos, con sus distintas propiedades físicas y químicas, se han formado y unido para hacer posible que, por ejemplo, átomos de carbono, nitrógeno e hidrógeno (entre otros) sean capaces de pulsar unas teclas de un ordenador para escribir estas líneas, mientras otras de hierro distribuyen las cantidades necesarias de oxígeno por todo el cuerpo para ser capaces de seguir manteniendo un organismo con vida. Si nos paramos a pensar solo una pequeña fracción de tiempo y miramos la mitad izquierda del gráfico que encabeza el artículo podremos intuir que algo demasiado grande y demasiado complejo ha tenido que ocurrir desde hace 13.800 millones de años. En un caliente, denso y recién estrenado Universo, poco después del Big Bang, protones y neutrones primordiales fueron capaces de unirse para crear helio-4, algunos isótopos de hidrógeno y de helio y unas pequeñas trazas de litio y berilio. El Universo fue enfriándose y permitió que los núcleos y protones que habían formado el helio-4 recogieran electrones y formaran los dos elementos que constituyeron el 99.99% de un cosmos recién nacido, hidrógeno y helio se convirtieron en los principales embajadores de la materia, y así fue durante millones de años. El resto de elementos no existían, nada más pesado que el helio podía ser encontrado en la infancia de nuestro cosmos. Mientras enormes nubes de gas empezaban a sufrir colapsos gravitatorios en su estructura molecular, creando regiones con mayor densidad, aumentado presiones y temperaturas durante millones de años hasta llegar a una cifra crítica donde el hidrógeno fue capaz de empezar reacciones de fusión para formar helio, era el nacimiento de las estrellas en cuyo núcleo comenzarían a “cocinarse” muchos de los elementos pesados que componen del 1 al 2% de la materia más importante para nuestra existencia. Como bien sabemos hoy en día podemos clasificar a cada estrella según su temperatura, color, masa, radio y luminosidad. Cada astro encaja dentro de un tipo espectral según estos parámetros (especificados en la tabla de arriba). Las estrellas clase M, caracterizadas por ser los astros más fríos, menos masivos y de color más rojizo, no son capaces de crear elementos pesados. Cuando su hidrógeno se acaba, el núcleo se contrae y se calienta, pero no lo suficiente como para crear nada más pesado que el helio. Afortunadamente para nosotros esta es una de las pocas excepciones de tipo estelar que no crea elementos pesados. A partir del tipo estelar clase K la historia es diferente, cuando el hidrógeno se acaba el núcleo vuelve a contraerse por colapso gravitacional, aumentando su temperatura en decenas de millones de grados, y es aquí cuando en estrellas con masas mayores al 40% de nuestro Sol que comienza un proceso de gran importancia… Dos núcleos de helio-4 se fusionan creando berilio-8, un isótopo muy inestable que en estas condiciones de enormes temperaturas y densidades se une a otro helio-4, formando algo que ya nos es más familiar, el carbono-12. A mayor masa estelar y mayores temperaturas más lejos podrán llegar a la hora de crear elementos pesados. Las estrellas menos masivas llegarán a gigantes rojas creando hermosas nebulosas planetarias en cuyo interior quedarán enanas blancas. Otras, más masivas, estallarán como supernovas esparciendo su preciado contenido en todas las direcciones del espacio. Los soles (como el nuestro) que son capaces de formar carbono también lo son de sintetizar oxígeno, neón y magnesio. Estrellas como Sirio pueden llegar a silicio y azufre, y otras como las Pleyades pueden llegar al hierro. Los elementos con mayor número atómico dentro de la tabla periódica son obra de los tipos estelares de clase O y algunas de clase B, los más brillantes, azules y masivos astros conocidos. Las sucesivas generaciones estelares han ido enriqueciendo el universo con materiales diferentes a los primeros átomos de hidrógeno y de helio. Las espectaculares explosiones de supernovas se han encargado de distribuir estos materiales a las nebulosas que posteriormente serían cunas estelares de nuevas generaciones de estrellas. Un proceso lento pero sin descanso que por ahora acaba en una mano rica en carbono, oxígeno, nitrógeno, hierro,… maltratando un teclado. Da vértigo pensar que, probablemente, los átomos que forman mi mano derecha no provengan de la misma estrella que los que forman mi mano izquierda. No dudéis ni por un momento que somos “polvo de estrellas”… Este post ha sido realizado por Juan José Gómez (@JuanjoGom) y es una colaboración de Naukas con la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU. Saludos!