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Primer post: 17 nov 2014Último post: 17 nov 2014
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Formacion de Emprendedores
Apuntes Y MonografiasporAnónimo11/17/2014

El Emprendedor Es un individuo que es capaz de acometer un proyecto rechazado por la mayoría. Sabe interpretar las características reales del entorno a pesar de que no son aparentes. Es capaz de luchar ante cualquier inconveniente que se les atraviesa a su estrategia y no le teme al fracaso. Además, es capaz de crear un grupo con motivación suficiente que le da el apoyo que necesita. "Un emprendedor es alguien que "acomete" un proyecto que implica trabajo o presenta dificultades; toda persona que tenga iniciativa y decisión de llevar adelante un proyecto empresarial. " Un proyecto empresarial: es "una operación de envergadura y complejidad notable, de carácter no repetitivo, que se acomete para realizar una obra de importancia. " Empresa tiene dos acepciones: 1. acometer una empresa, es decir, es una acción importante. 2. crear una empresa, equivale a una organización mercantil o industrial que se dedica a la explotación de la empresa. Ambas acepciones la categoría de operación de envergadura, ya que tanto en un caso como en el otro, el emprendedor tiene que superar todas las resistencias y dificultades que se oponen a su iniciativa, siendo su función la de abrirse paso en el mundo y materializar su proyecto. Acometer o crear una empresa, por su complejidad y los obstáculos que se presenten suele ser una ardua tarea. “El emprendedor empresarial además de haber llevado adelante el proyecto, este debe reportarles un beneficio comercial. Los proyectos militares, científicos o educativos reportan beneficios pero no económicos sino sociales. La naturaleza del proyecto empresarial está enraizada en el mercado. Debe satisfacer una necesidad expresada por el mercado. "El emprendedor modelo tiene una gran necesidad de realización personal. Es una persona con ilusiones, llena de energía y de creatividad, tiene confianza en sí mismo, se compromete entera y totalmente. Ama los riesgos moderados y quiere ser independiente y autónomo. Estas características se encuentran en diferentes grados en cualquier emprendedor. No es que todos los individuos los posean, sin embargo en nuestra sociedad, existe un buen número de personas que pueden convertirse en emprendedores, en una proporción semejante a la que tienen otras ciudades, esto es, alrededor del 10% de la población. Si el número de empresas correspondiera al de las personas que tienen las características básicas de los emprendedores, habría al menos un 50% más de empresas de las que hay ahora". ¿Qué es la formación de emprendedores? Tradicionalmente asociada a “la educación empresarial” vivimos tiempos diferentes que necesitan renovar los marcos teóricos, los contenidos pedagógicos y las metodologías didácticas. El enfoque “emprendedor es el creador de nuevas empresas, reuniendo los recursos necesarios para aprovechar una oportunidad de mercado tomando riesgos controlados” se desmorona ante la rotunda evidencia de la abrumadora cantidad de fracasos empresariales de los últimos 5 años. La “educación empresarial” no es un proceso lineal que se traza desde la impartición de conocimientos sobre planificación y gestión de empresas, hasta la puesta en marcha de nuevos emprendimientos. En el proceso, media el talento del profesorado, la motivación y las características personales de los estudiantes y las condiciones ambientales donde se desenvuelve el proceso cognitivo primero y en donde se funda el emprendimiento. Resumidamente: la “formación de emprendedores” no es sólo enseñar a crear u dirigir un negocio. Fundamentalmente, se trata de alentar el pensamiento creativo, promover un sentido de autorrealización personal y desarrollar el hábito de realizar una autoevaluación periódica del rendimiento. La buena práctica de la formación emprendedora es totalmente diferente al enfoque clásico que acostumbra a realizar algunos ejercicios, basados en algunos supuestos teóricos; como por ejemplo, formular un “plan de negocio” que finalmente termina siendo un catálogo de especulaciones muchas veces muy irracionales e irrelevantes a la luz del mundo real (en caso contrario, ¿por qué fracasan 1 de cada 7 empresas en las economías mejor desarrolladas de occidente?). En cambio, la “formación emprendedora” en estos primero convulsionados años del Siglo XXI debe ser refundada. Ahora, el proceso de aprendizaje “pasivo” acerca de destrezas para la gestión, tiene que ser un proceso de sensibilización sobre las condiciones revulsivas del entorno y la realización desestructurada de experiencias de aprendizaje que faciliten la inmersión de los participantes en su medio local, regional, nacional e internacional. Los nuevos componentes que hay que diseñar como objetos de aprendizaje son: La identidad digital, la participación en la red porque de ello depende el alcance geográfico de las relaciones sociales, profesionales y económicas que establece el emprendedor. Las habilidades para construir y gestionar relaciones personales y profesionales de apoyo, porque de ello depende la provisión de recursos y la ampliación del “mercado” en un escenario severamente recesivo; a la vez que facilitará el desarrollo cuando se reestablezcan condiciones propicias para el crecimiento. Las habilidades de comunicación interpersonal (física y virtual), porque es la base de los puntos anteriores y de ello depende el logro de resultados en todos los procesos de intercambio social. Claro: el cuidado de la salud personal y buenos hábitos de vida, el idioma inglés, experiencias interculturales e intergeneracionales y concientización medioambiental. La importancia de la formación para un emprendedor La formación de las personas es un factor determinante tanto para su desarrollo personal como profesional. En el ámbito empresarial, estos conocimientos deben ser considerados como un factor de producción que afecta indudablemente a la competitividad de nuestras empresas. Asimismo, y si nuestro emprendedor se constituye como trabajador autónomo debe ser consciente de que la formación le va a diferenciar del resto de profesionales y le va a aportar un valor añadido a su actividad dentro de un mercado altamente competitivo. Tanto para todos los emprendedores como para cualquier otra persona que no haya optado por este camino, la formación debe ser una herramienta a utilizar a lo largo de toda su vida profesional y personal. Debemos diferenciar entre la formación técnica y la formación competencial de los emprendedores. Ambos campos son igual de importantes y pueden condicionar el éxito o fracaso de estas nuevas vidas empresariales. En el área del emprendimiento nos encontramos con una formación de carácter esencial y básico dirigida a todos los emprendedores independientemente de su futura área de actividad, que les va a servir de gran apoyo en el inicio de esta nueva etapa profesional. Esta formación que se centra en áreas de gestión empresarial suele incluir aspectos tales como el marketing, finanzas, formas jurídicas de una empresa,… No se trata de una formación en profundidad o de nivel avanzado que vaya a permitir al emprendedor gestionar todos estos aspectos una vez creada su empresa sino que le va a proporcionar unos conocimientos y una visión global que le permitirán conocer y estar al tanto de todas estas cuestiones. Generalmente, los emprendedores tienen un alto grado de conocimientos y formación en su propio sector pero poseen mayores lagunas en estas otras cuestiones. De ahí que recibir formación en estas temáticas pueda suponer un apoyo fundamental en los comienzos. Emprender Es un oficio que se puede aprender”, el emprendedor “debe tener claro qué es lo que quiere hacer, asumir un riesgo calculado y, dependiendo de la situación de partida, integrar una serie de conceptos empresariales. Eso no significa que sólo puedan emprender los licenciados; lo que sí es cierto es que es necesario contar con una formación previa y con una planificación detallada”. Como punto de partida, lo ideal sería que un emprendedor tuviera nociones básicas de cada una de las áreas (márketing, finanzas, organización…) y habilidades directivas (gestión de equipos y del tiempo, relación con proveedores…). “Aconsejo la formación en gestión empresarial, comercial y, sobre todo, financiera, que pocos controlan”, apunta Efrén Miranda. Y esa falta de conocimientos se nota desde el principio: “El optimismo financiero emana por todas las celdas de Excel del plan de negocio. Uno de los apartados a los que dedicamos más tiempo es a establecer las necesidades de inversión inicial, cómo se van a financiar y las previsiones futuras”, explica Baró. Otra laguna es la carencia de conocimientos sobre ventas y márketing. “Muchos tienen buenas ideas y formación, pero les cuesta vender”, sostiene Baró. Eduardo Díaz, director de la Oficina del Emprendedor de Base Tecnológica de Madri+d, afirma que saber llegar al mercado y transmitir los valores de sus servicios al cliente es lo que más preocupa al emprendedor. Insistimos en cómo abordar una campaña de márketing, cómo posicionar la empresa y el producto en el mercado”. La tercera pata en discordia es la gestión de equipos: saber lidiar con los socios, con el personal, con los proveedores… es vital para que la compañía reme al ritmo y sentido correctos. Factores para aprender a innovar Para fundar un aprendizaje organizacional eficaz, es esencial crear condiciones de «seguridad psicológica» y «confianza» capaces de motivar los procesos de aprendizaje colectivo. Llegamos al punto en que necesitamos dos pasos para motivar a la gente a innovar y para facilitarles el aprendizaje sobre cómo hacerlo: a) distinguir entre la seguridad psicológica que tiene que percibir toda persona que trabaja en una organización para poder aprender, de la confianza necesaria que tiene que poseer para aprender; y b) comprender por qué la “seguridad psicológica” facilita el proceso de aprendizaje dentro de las organizaciones. La «seguridad psicológica» consiste en las creencias preconcebidas acerca de cómo responderán o juzgarán los otros cuando uno procura mejorar aún a costa de cometer algún error, formular preguntas, buscar el feedback que le permita regenerar sus capacidades, informar un error o proponer una nueva idea. Contrastes entre seguridad psicológica y confianza Los conceptos de «seguridad psicológica» y «confianza» tienen mucho en común, pero no se refieren al mismo fenómeno organizacional; ambos involucran a las percepciones de riesgo o vulnerabilidad, e implican a las consecuencias potencialmente positivas para favorecer el desempeño de los individuos y sus organizaciones. En definitiva, ambos conceptos se refieren a creencias personales complementarias, pero distintas. Se suele definir a la confianza como la expectativa que las acciones futuras de los otros serán favorables a los propios intereses. Por su parte: La seguridad psicológica comprende a percepciones de lo que ocurre y no de lo habrá de ocurrir. Para identificar dónde y cuándo encarar medidas para favorecer el desarrollo organizacional inhibiendo la aversión al “riesgo de aprender”, se necesita reconocer las diferencias entre la confianza y la seguridad psicológica, para lo que podemos utilizar dos enfoques convergentes: 1. La inmediación temporal El cálculo tácito inherente en las percepciones de seguridad psicológica considera las consecuencias personales en el muy a corto plazo que uno espera al comprometerse con una acción específica. Por ejemplo, un operario se enfrenta a la decisión si preguntarle al Jefe (ingeniero mecánico) sobre la presión que hay que brindar en un circuito hidráulico, porque sospecha que el valor que le indicó el ingeniero es erróneo. De manera tal que el operario puede enfocarse en las consecuencias inmediatas potenciales de hacer esa consulta: ¿será humillado por el ingeniero?, ¿será juzgado como ignorante? Debe considerar si el riesgo de ser inmediatamente descalificado por incompetente es mayor o menor al daño que pudiera sufrir la maquinaria en el mediano y largo plazo. 2. El beneficio de la duda La confianza involucra otorgarse mutuamente el «beneficio de la duda» cuando, por ejemplo, usted ha cometido un error o ha hecho una pregunta aparentemente tonta. Por ejemplo, es frecuente que escuchemos expresar a algunos miembros de algunas organizaciones que “es fácil progresar aquí… yo tengo que llevar puesta una máscara de idiota”. Cuando las personas describen su situación laboral de esta manera, están revelando un débil o nulo sentido de seguridad psicológica. La confianza en el propio desempeño expresamente manifestada por los compañeros produce un significativo efecto positivo sobre la seguridad psicológica. La creencia que los otros nos perciben competentes es particularmente importante; quienes sienten que su capacidad es juzgada o supervisada, evitarán comunicarse e interactuar con quienes les provocan algún miedo o inquietud que puedan dañarle su reputación. Como CEOS, también los responsables de áreas del trabajo en las micro y las pequeñas empresas (ejecutivos y mandos medios en las medianas y grandes organizaciones) somos los responsables de crear ambientes propicios para aprender a mejorar el desempeño. La conducta autocrática, la inaccesibilidad o no saber reconocer las vulnerabilidades personales individuales, contribuyen para promover el rechazo de los miembros a incurrir en tomar los riesgos personales implícitos en la conducta para aprender. La seguridad psicológica modera la relación entre el cumplimiento de los objetivos organizacionales y el aprendizaje de sus miembros para saber cómo lograrlo de la mejor manera posible. Al fortalecer la seguridad psicológica, también se pueden reforzar los efectos motivadores, de las metas y las conductas individuales necesarias para poder cumplirlas; es un «círculo virtuoso» que va retroalimentando la regeneración creciente de las habilidades colectivas para aprender e innovar. La formación para emprendedores, ¿crea emprendimientos? La formación para emprendedores no “crea emprendedores”. Lo que se logra es ayudar a que quienes tengan la iniciativa de actuar como emprendedores, que lo hagan de una mejor manera, reduciendo o al menos controlando los factores de fracaso tanto de sus emprendimientos como de sus propios comportamientos. Cabe considerar, eso sí, que existen i) pésimos, ii) muy malos, iii) malos, iv) regulares, v) buenos, vi) muy buenos y vii) excelentes programas de formación para emprendedores (con una amplia gama de matices en cada caso) y una amplísima calidad de talentos de los formadores que se desempeñan en ellos. Es objetable generalizar lo que hace “la formación para emprendedores” observando solo a la mediocre e hipócrita acción de algunos programas que actualmente se están desarrollando en Venezuela que: No diferencian entre buscadores de empleo, cazadores de subsidios y creadores de empresas; Están gestionados por personas que nunca crearían su propio emprendimiento porque están apoltronados en la comodidad de un empleo público, y Están organizados e implementados por instituciones —generalmente del sector público o por instituciones no-gubernamentales y/o empresas privadas subsidiadas por el sector público— en donde prima la rentabilidad económica por sobre cualquier otro valor. ¿Cómo logra esos resultados un buen programa de formación para emprendedores? Definitivamente, muy por el contrario de lo que se hace en la mayor cantidad de programas de formación y asistencia técnica para emprendedores, la formación para emprendedores no se limita a enseñar como formular un plan de negocios. Se trata de ejercitar el pensamiento, de fortalecer el espíritu y las virtudes emprendedoras, de crear modelos de rol inspiradores y, sobre todo, de crear condiciones ambientales favorables para que florezcan las iniciativas. Otro aspecto clave de los buenos programas de formación para emprendedores es su capacidad para crear condiciones económicas y climas culturales propicios para que más cantidad de personas sientan confianza en emprender creando sus propias empresas. Para esto es necesario que estos programas articulen sus capacidades con instituciones del sector público, la educación y las organizaciones sociales vinculadas a la promoción del desarrollo económico, tecnológico y cultural de la sociedad; que se integren en redes favoreciendo un uso más racional y efectivo de sus respectivos recursos, ayudando a que sus beneficiarios puedan ir construyendo sus propias redes de relaciones personales y profesionales de apoyo. Resumen, la formación para emprendedores: No crea emprendedores, les ayuda a emprender mejor, a controlar sus riesgos y, consecuentemente, a disminuir sus factores de fracaso. Hay muchas calidades de programas, de contenidos y de formadores. No hay que generalizar. Sobre todo, facilitan el aprendizaje de prácticas ejemplares del comportamiento emprendedor (persistencia, eficiencia, competitividad, liderazgo, evaluación y corrección de procesos, desempeño en redes, utilización eficaz de la información y más). Hay que considerar que existen factores que impulsan y factores que aceleran o desalientan a las iniciativas emprendedoras; y que, hay factores internos (necesidad de crear, insatisfacción con lo que está haciendo, descubrir una oportunidad con la que crear beneficios…) que impulsan a emprender, y que también existen factores externos que empujan desde afuera para que una persona deje de actuar como un empleado y comience a actuar como un emprendedor (emigrar, perder el empleo…). La buena formación para emprendedores tiene procesos adecuados para unos y otros perfiles basados en una ciencia centenaria: “entrepreneurship” que conforma un marco teórico probadamente confiable para saber cómo actuar en cada caso a partir del profundo conocimiento de los procesos emprendedores y la naturaleza de las personalidades de los emprendedores. link: https://www.youtube.com/watch?v=TPACtJpx9MI

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