Viglianco
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El humo cambiado (vía Bolavip.com) En el Ascenso de la Argentina se vivió un episodio muy particular en el clásico entre CADU y Villa Dálmine. Con un trabajo de producción notable, los hinchas “violetas” recibieron a su equipo con los colores del rival. En varios sitios de compra y venta de artículos por Internet, incluso en foros partidarios de Dálmine, los hinchas de Defensores Unidos vendieron latas de humo celeste (el color de su camiseta), pero con la etiqueta de humo violeta, por lo que los de Villa Dálmine compraron los frascos equivocados. Entonces, los hinchas de Dálmine se prepararon para un gran recibimiento, pero terminaron “homenajeando” a los rivales. Mirá el video con toda la producción y el recibimiento Fuente: Bolavip.com

Fuente: http://www.lineadetres.com Lineadetres.com inaugura su sección “Entrevistas” con uno de los valuartes del periodismo deportivo gráfico, Marcelo Guerrero. Sus inicios, su fanatismo por Boca, lo que se viene para este Apertura y más, en un interesantísimo mano a mano. Marcelo nació en Buenos Aires el 16/01/63. Trabajó en los diarios Tiempo Argentino, Popular, Crónica, El Cronista Comercial y La Nación. También hizo las revistas Test Match, Sólo Básket, Súper Deportes y El Gráfico, entre otras. Intervino en las tiras deportivas de Radio Mitre. Está en Olé desde la aparición del diario, en 1996. A partir de 2005 se desempeña como panelista en TyC Sports. -¿Qué fue lo que te impulsó a ser periodista deportivo? -Me gustaba ver casi todos los deportes y analizarlos. Mis compañeros de escuela me dieron impulso, creían que yo podía ser bueno. Y fue muy valioso el aporte de mi viejo, por todas las historias que me contó y las revistas que me trajo. Hubo un hecho clave, además: mi papá era el portero del edificio de Freire y Quesada. Un matrimonio joven se instaló en uno de los departamentos y la mujer no le dejaba al hombre conservar todos los ejemplares de El Gráfico que tenía, como sucede en la mayoría de las parejas. Entonces el pobre esposo se los dio a mi viejo para que los guardara en algún lugar, hasta que lograra convencer a la señora. Mi viejo los amontonó en un cuartito que había dentro del garage y yo me encerraba ahí para leerlos. Era una colección de unos 12 años más o menos, del 64 al 75. Yo la ordené por fecha y leí absolutamente todos los números, desde la primera página hasta la última. El tipo volvía a la noche del trabajo, me veía y se debe haber conmovido porque un día me dijo: “Quedate vos con las revistas, les vas a dar más utilidad que yo”. Hoy están encuadernadas y en una biblioteca. -¿Cómo fueron tus inicios en el periodismo deportivo? -Empecé a estudiar en el 82. Otra vez fue importante la intervención de mi viejo porque yo tenía que dar el examen de ingreso a la escuela del Círculo de Periodistas Deportivos (en esa época había ingreso) y estaba haciendo la colimba: sí, 82, Malvinas… No sé cómo, porque él no conocía a nadie con influencias, logró que me dejaran salir en plena instrucción, que yo estaba cumpliendo en City Bell, para rendir el examen. Eso sí: tuvo que ir dos veces al Comando en Jefe del Ejército, porque la primera había ido sin corbata y no lo dejaron pasar. Ese mismo año 82, con algunos compañeros del curso, sacamos una revista a la que le llamamos Compromiso, muy a tono con los tiempos de euforia predemocrática que vivíamos. Mi primer trabajo profesional fue en el 83, en el diario Tiempo Argentino. -¿Cómo surgió el proyecto de Olé? -Olé fue una iniciativa del Grupo Clarín en respuesta a otros proyectos de diarios deportivos que se estaban gestando en ese momento (95). La idea clave era que el deporte había dejado de ser un hecho semanal y se había transformado en algo cotidiano, por eso la oportunidad para un medio que lo reflejara diariamente. En ese entonces yo trabajaba en Crónica y llegué a Olé gracias a la recomendación de Marcelo Nogueira. Mirá si habrá pasado tiempo de eso que hoy el hijo de él trabaja con nosotros… -¿Y la idea de hinchas-periodistas? -El crédito del concepto de los hinchas-periodistas le pertenece al colega Leonardo Farinella. Después de varias elecciones erróneas en su vida, como la del club de fútbol, la pegó con esta decisión. El pensaba, con absoluta lógica, que todos habíamos sido hinchas antes que periodistas y que a partir de esa identidad futbolística teníamos un conocimiento importante del club con el cual simpatizábamos. ¿Por qué no aprovechar ese capital informativo, además del natural interés que genera en cada uno de nosotros la actualidad de nuestro cuadro favorito? Hubo muchas resistencias al principio, externas e internas. Parecía mal que alguien se identificara con Boca, pero nadie decía nada si Fabbri elogiaba a Platense o Niembro a Chicago. ¿Por qué? ¿Es incorrecto ser de un grande? ¿Pesan el nombre o la fama? Al final, el criterio terminó por imponerse y ya no se discute el valor del De Frente. Hoy son varios los periodistas, no sólo de Olé, que reconocen de qué equipo son, sin por ello perder credibilidad. Si un hincha de Racing dice que Bochini jugaba mal, más que fanático es un ignorante del fútbol. Obviamente, ese tipo se emocionará más con un una imagen de Rubén Paz. Bueno: eso debería reflejarse en la nota del periodista-hincha de Racing. Para elogiar a Bochini hay otros espacios, aparte de la columna de Independiente que la hace muy bien Beto Tisinovich. -Dar a conocer tu fanatismo por Boca, ¿te trajo problemas en tu profesión? -Problemas serios no he tenido. Algunos muchachos todavía reciben mails un poco agresivos después de alguna opinión, pero la gente ya se acostumbró. ¿Cuál es el delito de admitir que uno es de Boca, de San Lorenzo o de Lanús? Al contrario, el lector sabe desde qué lugar está escribiendo el tipo al que lee. Profesionalmente recibí una descalificación radial del presidente de River, sin participar yo del programa, pero ese dirigente ha tenido inconvenientes con varios periodistas, incluso de su mismo club, de modo que la relativizo. -¿Cómo fue la experiencia de ir a cubrir torneos de fútbol al exterior, como la Copa América o la Intercontinental? -Las coberturas son inolvidables, al margen del propio acontecimiento. Conocer Japón o la Venezuela de Chávez fueron experiencias muy enriquecedoras. En la Copa América, además, éramos cinco periodistas de Olé y el trabajo conjunto fue muy interesante. -Contános alguna anécdota interesante de tu carrera -Pasan los años pero siempre cuento la misma: había ido a cubrir el Mundial de rugby en Sudáfrica y el día del regreso, ya en el aeropuerto, informaron que el vuelo no salía y me mandaron de vuelta al hotel. ¡Qué garrón! Llegué y me encontré en el lobby con una multitud, todos negros, porque en ese mismo lugar, en Johannesburgo, se realizaba una reunión del Congreso Nacional Africano, el partido político de Nelson Mandela. De pronto, se armó un revuelo en la entrada, unos guardias abrieron paso y un tipo de 70 y pico de años se me acercó, me dio la mano y la bienvenida a su país. Era el mismísimo Mandela. Lástima que en el 95 no había celulares con cámara de fotos. -¿Cómo ves el Apertura que está a punto de comenzar? ¿Y la Selección olímpica? -Me parece que River, Boca, Estudiantes y San Lorenzo volverán a pelear el campeonato. Supongo que mejorarán Lanús, con una sola competencia, y Vélez. Además, habrá un lote grande de equipos incómodos: Arsenal, Banfield, Newell’s… La incógnita es Independiente, creo que sumó unos buenos refuerzos pero en puestos o roles parecidos. Y en cuanto a la Selección olímpica, la veo en una final. Ojalá que sea con Brasil y haya revancha. Es muy feo estar en la cancha y que los periodistas brasileños, como en Maracaibo, te carguen. -¿Cómo ves el nuevo rol periodístico que juega Internet? -Por gusto y formación, uno defiende los medios gráficos. Igualmente, el avance de Internet es imparable y su instantaneidad es irresistible. Creo que los diarios sobrevivirán como elemento de lectura y análisis, en tamaños muy inferiores a los actuales. -Volviendo al tema fútbol, ¿que lo físico se haya vuelto un elemento crucial, afectó la calidad de los jugadores en comparación al pasado? -Afectó la calidad del espectáculo, porque en el fútbol contemporáneo hay menos espacio y menos tiempo para resolver. Esto mismo hace que los jugadores con mayor calidad y talento tengan aún una mayor influencia en el equipo en el cual juegan, ya que una acción de ellos puede definir el partido. -¿Es verdad que el amor a la camiseta no existe más? -En Argentina hay jugadores que demuestran amor por la camiseta, más allá de que sus contratos sean millonarios. Riquelme, Ortega, Verón, el Pampa Sosa, el Kily González, son ejemplos de esto, ya que podrían jugar en otros equipos en donde les pagarían más. -¿Por qué pensás que el fútbol mueve tanta gente? -En nuestro país es un fenómeno que nos relaciona con la infancia, la familia, los amigos, hasta incluso con el barrio en donde nacimos. Además, el club de fútbol del cual uno es hincha es una de las pocas identidades que se mantienen con el tiempo. Uno puede cambiar de entorno social, de trabajo, de lugar de residencia, de partido político, pero nunca dejará de ser hincha del club de sus amores. Gracias Marcelo! Fuente: http://www.lineadetres.com