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Usuario (Argentina)
El Ministerio de Interior y Transporte denunció penalmente a dos delegados sindicales del ferrocarril Sarmiento, a quienes se acusó de haber dañado intencionalmente trenes recién estrenados e interrumpido el servicio de transporte. “Es una actitud incomprensible”, consideró anoche en conferencia de prensa el titular de la cartera, Florencio Randazzo, a propósito del accionar de “delegados gremiales a quienes no es tan sencillo despedir, dirigentes que dicen defender a los trabajadores”. En ese marco anunció que el ministerio solicitará a la Justicia el desafuero y el despido de los trabajadores. También la presidenta Cristina Kirchner se refirió a las acciones de los delegados, que llenaron de basura algunos coches recientemente adquiridos por el gobierno nacional. A través de su Twitter, difundió las fotos y se quejó: “Quién hace esto, los trabajadores? Sin palabras”. Randazzo divulgó la noticia sobre la denuncia a la tarde, cuando comentó las primeras acciones de las Brigadas de Seguridad, un servicio de asistencia a los pasajeros de la línea Sarmiento integrado por 20 agentes civiles. Entonces difundió algunas imágenes fotográficas e informó los hechos que motivaron al Estado a denunciar penalmente a dos delegados gremiales de la línea de la Unión Ferroviaria que dirige Rubén “Pollo” Sobrero: Edgardo Reinoso y Mónica Schlotthauer fueron denunciados por daños e interrupción del servicio de transporte en el Juzgado Federal Nº 1 de Morón. “Fue una actitud vergonzosa y prepotente de sindicalistas del sector de Sobrero”, señaló entones el ministro. Horas después volvió a convocar a los medios de comunicación a una conferencia de prensa: “Ahora quiero mostrarles a los argentinos cómo actuaron estos gremialistas, que son los que dicen que defienden a todos los argentinos”, introdujo. Las imágenes, que exhibió y acompañó con señalamientos y nombres, fueron tomadas por cámaras de seguridad colocadas en los talleres de Castelar. “Cuando empezamos el proceso de puesta en valor del tren Sarmiento, pusimos cámaras de seguridad, lo que significó un paro del sector. Esta cámara nos ha permitido hoy demostrar quiénes dañan las formaciones”, acusó Randazzo. Las imágenes mostraron a una mujer ingresar varias veces a una formación de ferrocarril con bolsas de basura, a la que acompañan en varias oportunidades un grupo de hombres. Randazzo indicó el nombre y apellido de los protagonistas del video. Según indicó, la mujer es Schlotthauer, “delegada del sector de limpieza”, acompañada de “Luis Peralta, empleado del sector limpieza, y Rubén Maldonado, delegado de la Unión Ferroviaria perteneciente a sector evasión, ligado a Sobrero”, indicó, para luego mencionar a “Julio Capelinski, Luis Rutet y Edgardo Reinoso”. “Lo que han hecho es indignante, uno no siente más que indignación y vergüenza”, descalificó el ministro las acciones de los delegados denunciados para quienes, anunció Randazzo, se solicitará ante la Justicia su desafuero y despido. “Esta actitud es permanente, con esto luchamos todos los días, desde que nos hicimos cargo del transporte”, sostuvo Randazzo sobre este sector de delegados. El tema fue retomado por Cristina Kirchner, que subió a Twitter las imágenes de los vagones sucios. “Y esto lo vieron? Atentado contra los vagones 0KM del Sarmiento...”, escribió. “Sí, los vagones nuevos. Los que costaron U$S 1.270.000 cada uno”, respondió y preguntó: “Quién hace esto, los trabajadores? Sin palabras”. La Presidenta aprovechó la ocasión para comentar la reciente puesta en acción de la Brigada de Seguridad, anunciada más temprano por el ministro del Interior y Transporte. Randazzo subrayó que las brigadas “tendrán como principal objetivo prevenir disturbios y delitos, y asistir a los pasajeros”, y confió que “hace 40 días que están en actividad en la línea Sarmiento”. “Para el gobierno nacional, la seguridad del pasajero es una prioridad y era una demanda sostenida por los usuarios del transporte ferroviario”, remarcó el ministro, y comentó que “los agentes civiles recorren los vagones mientras se presta el servicio, y que interactúan con efectivos de la Policía Federal y Gendarmería Nacional”.
Gustavo Navone, el nuevo pintor de la Bombonera que muestra el estadio por el mundo entero, cuenta todos los detalles sobre su inspiración, los secretos que aprendió de su maestro Pérez Celis y toda su pasión: "Esta cancha me atrapó de por vida". link: https://www.youtube.com/watch?v=79jh4RO8GXY Reconocido como uno de los referentes contemporáneos del arte de La Boca, en la línea de Quinquela y de su maestro personal Pérez Celis, arquitecto de profesión, artista plástico e hincha de Boca de corazón, Gustavo Navone es el nuevo pintor de la Bombonera y desde chico no sólo retrata el estadio en diferentes circunstancias y colores. También lo sueña y lo vive. “La Bombonera me atrapó de por vida y hasta parece ser una condición natural. El poco o mucho talento que yo tenga, se lo debo”, confesó este artista que donó una de sus obras para la Cena Anual Solidaria y, con las firmas de Orion, el Cata Díaz y Gago, la pintura se subastó por más de 80.000 pesos. De niño, cuando no podía conciliar el sueño, le decían que tenía que pensar en algo lindo. “Aunque parezca un comentario acomodado, yo pensaba en la Bombonera. Y mis sueños, desde siempre, son en la Bombonera, sueño con un sector de la Bombonera que no conozco o no existe”. Gustavo pintó los murales del estadio junto a Pérez Celis y muchas de sus obras están exhibidas en los pasillos del club. Además, ilustró el reciente libro “La Bombonera. Pasión según Delpini”. Y Navone, claro, lleva su obra, la Bombonera, por todo el mundo. Siempre con su camiseta firmada por el Mellizo Barros Schelotto. La última exposición que hizo fue hace dos años en la embajada argentina en París, también estuvo en Estocolmo, y en Chartres. También pintó la Bombonera en Suecia, un país que está íntimamente relacionado con la historia de los colores de Boca. Y hay muchas de sus versiones de la cancha en Londres, Miami y Nueva York. Por estas razones, claro, tiene bien ganado el mote del Pintor de La Bombonera.

“Sé muy bien lo que tendré que hacer llegado el momento. Del ’91 al ’98 Boca salió campeón solamente una vez como para decir que hoy lo mío es un fracaso”, atinó a decir Carlos Bianchi tras la derrota por 3-1 frente a Estudiantes, la tercera de su equipo en cuatro fechas desde el inicio del torneo de Primera. No imaginaba el Virrey que serían sus últimas palabras oficiales como entrenador de Boca. Ayer, pese a la reunión que sostuvo por la mañana con el presidente del club, Daniel Angelici, en la que le ratificó sus intenciones de seguir al menos hasta el partido del domingo frente a Vélez, Boca iba a terminar echándolo. La decisión se comunicó ayer por la tarde, en conferencia de prensa. Su sucesor se definirá en las próximas horas, y suena con fuerza el nombre de Rodolfo Arruabarrena. Mientras tanto, el domingo dirigirá al primer equipo el cuerpo técnico de la reserva, encabezado por Jorge Saturno y Hugo Ibarra. “Fue una decisión muy difícil que se estuvo debatiendo con la Comisión Directiva. Carlos arriesgó cuando decidió volver por tercera vez, tras un segundo ciclo que había sido exitoso y nunca va a perder lo que le dio al hincha de Boca. El socio nos votó para tomar decisiones y aunque sea difícil hemos tomado la decisión de rescindir su contrato”, expresó Angelici, quien se mostró compungido al momento de explicar sus razones. La mañana de Bianchi presagiaba un día complicado, pero para nada el desenlace final. No fue espontánea la reunión ni se trató de un encuentro casual en la Bombonera. El llamado de Angelici, convocándolo a una reunión urgente en su casa de Palermo para tratar la crisis del equipo, fue apenas el comienzo de una jornada que al Mundo Boca le llevará tiempo digerir. Angelici, como el resto de la dirigencia, esperaba quizás un paso al costado del entrenador, una salida decorosa, pero no hubo caso. Bianchi se mostró convencido de poder dar vuelta la historia, pero sus palabras no llegaron lejos. “Me reuní con el presidente, sigo siendo el entrenador, a la tarde voy a dirigir la práctica y el domingo saldré a dirigir el equipo ante Vélez”, comentó Bianchi tras la reunión. El presidente de Boca explicó qué fue lo que modificó ese acuerdo: “Lo que cambió es que yo tengo que escuchar. Lo escuché a Carlos y después charlé con la CD y la mayoría decidió que había que empezar otro ciclo, y no llegar al domingo y hacer un plebiscito. Nos costó tomar la decisión y decidimos que lo mejor era que el ciclo terminara hoy”. Los dirigentes no están pensando en un interinato, sino que se tomarán unos días para nombrar al nuevo DT. Por la tarde, poco antes de que se oficializara su final, el entrenador más existoso de la historia del club se despidió de los jugadores en el vestuario. Luego fue Angelici quien habló con el plantel para contarle cuáles serán los próximos pasos. El balance de su tercer ciclo en Boca, en el que apenas cosechó el 45 por ciento de efectividad, con 26 victorias, 22 empates y 26 derrotas, fue a todas luces negativo, por más que a Bianchi le costara reconocerlo. En el fútbol, se sabe, los resultados mandan, y mucho más todavía cuando las miserias propias se agigantan frente al buen momento del clásico rival, el River de Marcelo Gallardo.

La huelga es un derecho constitucional. Si se ejerce de manera pacífica, nada cabe cuestionar al respecto. Una medida de alcance nacional convocada por varias centrales sindicales es, por esencia, política. Esa característica no la descalifica, apenas la describe. Hasta ahí, un cuadro común a todas los paros desde 1983. Si de la etapa kirchnerista hablamos, debemos ceñirnos al segundo mandato de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. No los hubo entre 2003 y 2011. Ahora se cuentan tres, los anteriores son referencia para encontrar factores comunes y diferencias entre ellos. El común denominador es que la principal convocante es la CGT liderada por Hugo Moyano. Sin esa central no hay movida viable. Con ella sola, da la impresión de que tampoco alcanza. Ocurre que el dirigente camionero está al frente de un conglomerado que evoca con variantes lógicas al Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA) con el que arrancó allá por los ’90. Un abanico de gremios de transporte, aderezado con alguno de servicios como los Judiciales. Y muy contadas actividades industriales. Ese sector acotado no expresa ni representa a la totalidad de la clase trabajadora, ni aun a su sector mejor posicionado que es el que en sustancia encarnó la protesta. La CGT contó ayer, el 10 de abril y en noviembre del año pasado, con la adhesión de la CTA opositora, que conduce Pablo Micheli, y de gremios o partidos de izquierda clasista. Suman modos de acción directa: piquetes, cortes de rutas o calles. Moyano los congrega, los necesita... pero no los conduce. Evita convocar a manifestaciones o actos. Le son riesgosos, medidos en términos de capitalización política: se contarían las costillas y podrían asomar las divergencias. Y no está garantizada la masividad. - - - Los piquetes fueron resonantes en 2013 y notorios cuatro meses atrás. En esa ocasión, los popes de la CGT Azopardo se enojaron bastante porque pensaban que los compañeros “zurdos” les habían robado cámara y parte del rédito simbólico de la jornada. A su ver, simplifiquemos, los cortes “sobraron”. Juan Carlos Schmid, uno de los más agudos y serenos cuadros del moyanismo, tiró la bronca en una conferencia de prensa: arguyó que en su pequeño sindicato (Dragado y balizamiento) el ausentismo había sido total y no había mediado piquete acuático alguno. La CGT quería para sí todo el rédito. Ayer, los cortes influyeron en la lesividad e impacto generales, tanto que hasta los moyanistas más acérrimos se rindieron a la evidencia. No sólo incidieron los del día, también los anticipados por la protesta más extendida de la CTA opositora. Los medios dominantes, en especial los audiovisuales, colaboraron a su modo: se empeñaron con entusiasmo en anticipar una jornada caótica. Así las cosas, se hace complicado especificar quién dejó de moverse por adhesión estricta, quién por haber cambiado su agenda preventivamente, quién por haberse cancelado servicios que generan actividad en su torno (aviones y trenes, tribunales, bancos, ni qué decir escuelas donde hubo paros docentes). - - - Los organizadores y el Gobierno exageran sus ponderaciones a más o a menos: es un clásico. Demarcan un techo o un piso para que el resto de los argentinos armen su propia interpretación. Moyano se entusiasmó por la mañana: calculó un inverosímil ochenta por ciento de acatamiento. A la tarde se conformó con expresar que el paro fue “contundente”, que es menos preciso y menos pretensioso. Puertas adentro, habrá hecho cuentas más ceñidas y menos voluntaristas. En un país federal y diverso, los impactos fueron diferentes. La Capital y la zona metropolitana llaman la atención y a menudo sólo se habla de esa región. Los ejemplos pueden abundar, el cronista no tiene un panóptico para medir todos los territorios. Es también aconsejable esperar a los días sucesivos para revisar distintas lecturas y pareceres o para ensayar un balance general. Como es de manual, fue determinante que la Unión de Tranviarios Automotor (UTA) no adhiriera. Minó potencia y visibilidad respecto del paro anterior. La verba de Moyano y de Micheli se encarnizaron con Roberto Fernández (secretario general de la UTA). Una parte de razón les cabe: el compañero dista mucho de ser una figura ejemplar o aun estimable. No es que haya cambiado desde abril, cuando formó parte del dispositivo y no le llovieron diatribas. Nada es definitivo en alianzas pragmáticas: no sería imposible que un protagonista tan veleta vuelva al redil en futuros convites. - - - Llama la atención la limitación de demandas específicas o su concentración en los trabajadores formales, usualmente los mejor remunerados. El mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias es el ejemplo clavado: la reivindicación es tan válida como opinable. El segmento concernido, los laburantes de sueldos más elevados. El criterio de este escriba se ha repetido muchas veces: es lógico que exista el impuesto, es mala la legislación, son bajas las alícuotas, debería haber más trabajadores exentos. Son pareceres, desde ya; lo innegable es que se alude a menos del quince por ciento de “la clase”. Y hablando de clase: si se protesta por impuestos o por la inflación es clavado interpelar al Gobierno. De todas maneras, sorprende la falta de argumentos o críticas antipatronales. Si se promedia la nutrida oratoria, parecería que la Argentina es la Comunidad organizada. Armoniosa en todos sus estamentos, sólo perturbada por un gobierno avieso, depredador y hasta psicópata. La misma versión infantil que propagan los medios hegemónicos, las corporaciones patronales, las multinacionales y, a su zaga, las principales oposiciones políticas. Ese extraño sentido común acaso sea inevitable para dirigentes como Gerónimo Venegas, socio de los patrones y aliado de la explotación tradicional en “el campo”. O para quienes lo abrazan como si fuera Agustín Tosco y Saúl Ubaldini juntos. No fue ésa la trayectoria de Moyano durante muchos años. Claro que el sayo no les cabe a los gremios de izquierda clasista. Su cuestionamiento es más vasto e inclusivo: castiga al Gobierno y a los empresarios. También condena a la “burocracia sindical” categoría que no deja afuera a Moyano ni a Luis Barrionuevo, allende la “unidad en la acción”. - - - El esquema normativo que rige al sindicalismo argentino (tan particular, tan peronista de los ‘50-’60) funciona con parches: la realidad lo erosiona y reformula aun sin intervención del legislador. La fragmentación de las centrales sindicales agrega su cuota. Para este cronista, desde que Moyano se pasó a la oposición gremial y política, el único sector que mejoró su posición relativa es, precisamente, la izquierda radical. No fue un salto abrupto, sino la continuidad de un proceso de acumulación. Lo cierto es que ha ganado representatividad por “abajo”, en comisiones internas, en delegados de base. Es minoritaria, comparada con los sindicatos de las dos CGT, pero crece y prospera. Paradoja interesante en la larga década kirchnerista que promovió leyes progresivas y reparadoras, propiciando el crecimiento de los sindicatos por su política laboral. Y también por el crecimiento económico que se sostuvo durante muchos años. La necesidad motiva acciones conjuntas, pero no unidad ni armonía. Moyano jamás podría ir a saludar a los piquetes de los aliados tácticos que están a su izquierda. Sería abucheado o algo peor. - - - Al cierre de esta nota (en la noche del jueves), se registran pocas agresiones, todas repudiables pero aisladas. No descalifican la protesta en conjunto. El saldo es tibio, máxime en capitales y ciudades del interior. Lejos estuvo de las concentraciones épicas de Ubaldini y hasta de las horas más gloriosas de Hugo (que jamás fue tan popular ni convocó a las muchedumbres como Saúl). La huelga no puso una bisagra en la historia, acaso ni será recordable. Tampoco fue un fiasco terminal: a la CGT y sus compañeros de ruta les queda piolín para programar otros paros antes de fin de año. Dejemos de lado la verba inflamada que es pura espuma, venga de donde venga. Poner a los fondos buitre en el centro de cualquier polémica es una simplificación excesiva del oficialismo, que frisa con la banalización de un tema serio. Los insultos de Barrionuevo o las agresiones verbales de Moyano no suman fuera de sus reductos. Son arropados y reproducidos con algazara por los grandes medios que alardean de ser artífices de la tolerancia y promotores del diálogo. Ni grandes vencedores ni enormes derrotados. El Gobierno queda enfrentado a los desafíos y dificultades socioeconómicas cotidianas, que son muchos. En cuanto a Moyano, su proyecto político se fue diluyendo hasta quedar confinado a Independiente. Esta historia continuará, queda dicho.