ViajoenelTiempo
Usuario (Argentina)
-Hola, les traigo este humilde post con reglas ortográficas- HAY, AHÍ, AY 1. HAY es una forma conjugada del verbo haber. Es una palabra monosílaba cuyo golpe de voz recae en la vocal a. Verás que es un verbo porque siempre se puede cambiar por otras formas del verbo haber (había, habrá...) 2. AHÍ es un adverbio que indica lugar. Es palabra bisílaba y aguda, cuyo golpe de voz recae en la i. Puedes comprobarlo cambiándolo por otros adverbios de lugar como allí o aquí. 3. AY es una interjección que sirve para expresar dolor u otras emociones. Se pronuncia igual que 'hay' y suele ir entre signos de exclamación en los textos, y tiene entonación exclamativa, en las conversaciones (¡Ay!, qué susto). A VER, HABER Aunque a ver y haber se pronuncian de la misma forma, deben distinguirse adecuadamente en la escritura. a) a ver Se trata de la secuencia constituida por la preposición a y el infinitivo verbal ver: Vete a ver qué nota te han puesto. Los llevaron a ver los monumentos de la ciudad. Como expresión fija, presenta distintos valores y usos: En tono interrogativo, se emplea para solicitar al interlocutor que nos deje ver o comprobar algo: —Mira lo que he comprado. —¿A ver? b) haber Puede ser un verbo o un sustantivo: Como verbo, haber se usa como auxiliar, seguido de un participio, para formar los infinitivos compuestos de la conjugación: Haber venido antes. Tiene que haber sucedido algo. Sigo sin haber entendido lo que ha pasado. También se emplea como infinitivo del verbo impersonal que denota la presencia o existencia de lo designado por el sustantivo que lo acompaña: Parece haber un chico esperándote en la puerta. Tiene que haber muchas cosas en el frigorífico. Como sustantivo, haber es masculino y significa, en general, ‘conjunto de bienes o caudales de una persona’: Su haber era más bien escaso.
El Perú en conflicto ajeno: así actuaron en la Guerra de las Malvinas El 1 de mayo de 1982, casi un mes después de que Argentina invadiera las islas Malvinas para reclamar su soberanía, el Reino Unido aceptó a regañadientes un acuerdo de paz gestionado por el entonces presidente peruano Fernando Belaunde Terry para evitar una guerra abierta. Ese mismo día, el mediador telefonea al dictador Leopoldo Galtieri, que encabezaba la junta militar que gobernaba al país sudamericano, para exponerle el plan y arrancarle su firma. “Yo también tengo mi ‘Senado’ [en referencia a la junta militar] y debo consultar el acuerdo” fue la respuesta que recibió del dictador. Esa reacción mató cualquier posibilidad de sellar la paz. “La respuesta de Galtieri fue fatal… Si aceptaba en ese momento la propuesta de Belaunde, hoy probablemente Argentina estaría en posesión de las Malvinas”, recuerda el congresista Víctor Andrés García Belaunde, que en 1982 era secretario de la Presidencia peruana. La mediación de Belaunde Terry se inicia el 20 de abril de 1982, luego de que fracasara una gestión similar encabezada por Estados Unidos. García Belaunde cuenta que a finales de ese mes el ex presidente peruano consensuó un documento que, entre otros puntos, ordena el retiro de las tropas británicas y argentinas de la isla. Además, se establecía que las Malvinas sean ocupadas por soldados de cuatro países: dos escogidos por Buenos Aires y los otros dos por Londres. Estas tropas iban a permanecer en el lugar hasta que se desarrollen las conversaciones para hallar una solución definitiva al diferendo. También se contemplaba tener en cuenta los deseos de los habitantes de las islas. Todo ello se frustra con la negativa de Galtieri, pues al día siguiente de esta el Reino Unido torpedea el crucero argentino General Belgrano y se desata la guerra. “El día del hundimiento del Belgrano, Belaunde llamó a Galtieri, quien le confirmó que el crucero estaba al garete y que ya no había margen para más conversaciones”, explica García Belaunde. LA TRIANGULACIÓN DE LAS ARMAS Ese mismo 2 de mayo, Galtieri le pide a Belaunde que reciba a su secretario, el general Héctor Iglesias, al contralmirante Roberto Nolla y al embajador argentino en el Perú, Luis Sánchez Moreno. Estos se presentaron ante Belaunde al día siguiente. Llegaban para pedir armamento. “Se les dio lo que se podía. Pidieron aviones Mirage, Sukhói, submarinos, buques, misiles, entre otras armas”, narra García Belaunde. No se les envió los Sukhói, pues el Perú era el único que los tenía en la región, por lo que iba a quedar en evidencia que estaba ayudando a Argentina. En cambio, al día siguiente de la visita de los emisarios se enviaron diez aviones Mirage, a los que se les borró las banderas peruanas para reemplazarlas por las argentinas. Estos partieron de Chiclayo rumbo a la base militar de La Joya, en Arequipa. Luego siguieron hacia la provincia argentina de Jujuy y de ahí a Tandil. El uso de esta ruta evitó que fueran detectados por los radares chilenos, recuerda García Belaunde. Las embarcaciones que pedía Argentina no fueron entregadas, pues estas necesariamente pasarían por Chile y serían detectadas por los radares de ese país. “También se les envió misiles tierra-tierra y tierra-aire. Además de tanques de combustible para los Mirage, para que estos tengan una mayor autonomía de vuelo en sus incursiones a las Malvinas”, recuerda García Belaunde. La cooperación bélica entre el Perú y Argentina tiene una arista poco conocida. El periodista argentino Hernán Dobry, autor del libro “Los rabinos de Malvinas”, descubrió que nuestro país firmó también órdenes de compras en blanco y certificados de destino final para que Argentina comprara armamentos a Israel a nombre del Perú. “Efectivamente, eso fue así. Argentina compró armas a Israel a nombre del Perú, aunque desconozco en detalle qué se adquirió”, confirmó García Belaunde a El Comercio. “El Perú hizo algo que si buceamos en la historia de los conflictos bélicos en el mundo no encontraremos similitudes… Los argentinos ni les informaban a los peruanos lo que compraban”, precisa Dobry en diálogo con El Comercio. Las órdenes de compra y los certificados están en manos de Israel y son documentos secretos, según el periodista argentino. Dobry estableció que algunas veces las compras realizadas por los argentinos eran recogidas por aviones de la Fuerza Aérea del Perú. “No iba a ir un avión de Aerolíneas Argentinas ni de la Fuerza Aérea Argentina porque hubiera quedado en evidencia la triangulación. Lo que quería Israel, y lo había pedido específicamente, es que se triangulara a nombre de otro país para no sufrir la presión política del Reino Unido”, explica Dobry. Quien sugiere que se involucrara al Perú en la triangulación fue el entonces primer ministro israelí Manajem Begim durante una reunión con los vendedores de armas argentinos Aaron Dovrat, del grupo Clal; y Gat Gitron, de Isrex, según Dobry. Además de los diez aviones Mirage 3E que le envió el Perú a Argentina, gracias a las órdenes de compra en blanco este país también compró a Israel 23 aviones Mirage 3C. Estas naves fueron pintadas con insignias peruanas para que no se piense que iban para Argentina. Los barcos argentinos que los llevaron a su país también fueron pintados con banderas peruanas. “Eran aviones de la década de los 70, que habían peleado en la Guerra de los Seis Días, eran viejísimos. Israel no los quería vender, pero Argentina insistió bastante, aunque al final nunca los usó en la guerra”, precisa Dobry.¿Qué recibió el Perú a cambio de su ayuda? García Belaunde sostiene que solo un pago simbólico por los Mirage, porque la ayuda fue desinteresada. Y recordó que en 1833, cuando el Reino Unido invadió las Malvinas, Argentina recurrió a nuestro país para buscar sus títulos de posesión sobre las islas, que estaban en Lima porque ese país en algún momento formó parte del Virreinato del Perú. A pesar que ayudaron tarde, lo que importa es la intención.