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Vascotaringuero

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Primer post: 13 ene 2017Último post: 27 mar 2018
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Por qué nadie logra fotografiar al lince de Madrid?
Por qué nadie logra fotografiar al lince de Madrid?
EcologiaporAnónimo3/27/2018

La de un lince traspasando los límites de Madrid debe de ser la foto más buscada por los biólogos desde hace 30 años. Han intentando obtenerla sin éxito científicos, universidades, Gobierno regional, Ministerio de Medio Ambiente y hasta el Ejército. ¿Hay o no lince en Madrid? El último informe de la Facultad de Biológicas de la Universidad Complutense, desvelado por este periódico en febrero, afirma que sí. La prueba son los 46 excrementos hallados de esta especie en los montes de la región y contrastados en laboratorio mediante análisis de ADN. Pero los informes oficiales no son tan claros. EL PAÍS hace público hoy el extracto del informe que la Consejería de Medio Ambiente ha enviado a la Asamblea a petición del parlamentario Alejandro Sánchez que se interesaba por los estudios redactados desde 1990 y su coste. La respuesta oficial es sorprendente: se desconoce lo abonado porque la Comunidad cambió en 2015 el software para la “tramitación financiera y contable”, por lo que solo hay datos de los dos últimos ejercicios. De todas formas, algunos contratos sí se han hallado y su precio es reducido: van de 1.250 a 12.000 euros. Los primeros en intentar demostrar la presencia de esta especie en peligro de extinción fueron Alejandro Rodríguez y Miguel Delibes que, entre 1988 y 1990, indicaron que la existencia de ejemplares “quedaba restringida a unos pocos puntos del suroeste de la Comunidad, donde al parecer, se mantenía una escasa población”. Sugerían la existencia de 13 ejemplares entre Ávila y el alto Alberche. Entre 1992 y 1996, el experto J. J. Aldama colocó “estaciones de olor” para atraerlos. Ni un solo animal se acercó. En 1992 se tuvo también constancia de un “individuo” en la sierra de Hoyo de Manzanares, dentro de una instalación militar. El entonces coronel Zunzunegui y un grupo de soldados rastrearon la sierra sin éxito. Al año siguiente, y a muchos kilómetros de distancia (en San Martín de Valdeiglesias), se localizaron las huellas de otro, pero ni rastro del lince. Dos años después, un agente forestal halló excrementos en Robledo. Se enviaron a la Estación Biológica de Doñana. Sí, esta vez, sí: era lince. En 1994, se volvieron a avistar otros dos ejemplares en Villamantilla y en Villa del Prado. Ya en 1995, alguien aseguró haber visto al felino por Cenicientos. En 1996, la situación se repitió en Navalagamella y Navas del Rey. Se envió otro equipo científico en su busca, pero “no se encontraron ni signos de rastros ni excrementos”, y eso que se habían vuelto a colocar las llamadas “estaciones de olor”. Por eso, “de los datos reflejados y la recopilación de las comunicaciones personales”, indican los informes, “se desprende que la presencia del lince puede ser posible, pero sin certificar su presencia de forma segura”. Los expertos definen, incluso, “tres áreas de posible asentamiento en Robledo, el embalse de Picadas y Cenicientos”. Así, la empresa Boscaje colocó entre 1997 y 2001 por el suroeste nuevas trampas de olor y sonido. Nada. Los dos excrementos hallados en Navas y Robledo correspondían a gatos silvestres. Y así la entidad concluyó que los 13 ejemplares de los que hablaron Rodríguez y Delibes en 1990 “no eran representativos” una década después. Esta empresa especializada apuntó que, de existir, el lince tendría que estar asentado por Robledo, Villa del Prado y Villamantilla. En 1998, los linces seguían sin visitar las estaciones trampa. En 2001, se hallaron otros 12 excrementos entre Robledo, Navas, Chapinería, Colmenar del Arroyo, Navalagamella y Fresnedillas. Todo se envió a la Estación Biológica de Doñana, pero las muestras se contaminaron en el laboratorio y los resultados no fueron válidos. En 2004, entró en acción el Ministerio de Medio Ambiente, que envió otro equipo a realizar el Censo Diagnóstico de las Poblaciones. Se recogieron 10 excrementos. Nada otra vez. El informe fue demoledor: “No existen datos objetivos que confirmen la presencia de la especie en Madrid”. En 2006, otro equipo de especialistas en carnívoros realizó muestreos de huellas y deposiciones. Se peinaron los encinares de los ríos Alberche y Cofio. Los resultados fueron también negativos. Propusieron reintroducir la especie en El Pardo y Hoyo de Manzanares. En 2013, el científico Juan Luis Reguilón comunicó a Medio Ambiente que “tras diferentes seguimientos se calcula una población de 20 linces”. El informe oficial concluye que, además de no haber fotos del felino en Madrid, nunca se ha hallado un ejemplar muerto o herido en Madrid. Algo chocante si se tiene en cuenta que en Andalucía murieron 14 atropellados solo en 2017.

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La “marquinha”, el peligroso bronceado que se puso de moda
Salud BienestarporAnónimo1/13/2017

Advertencia: La imagen puede herir a personas sensibles. Se incluye porque aparece en la nota original del diario El Día de la ciudad de La Plata DE RIO DE JANEIRO A LAS COSTAS LOCALES La “marquinha”, el peligroso bronceado que se puso de moda Llegada de Brasil, la tendencia inspira a las mujeres a tomar sol en horas pico y sin protector. Contra todas las advertencias, una moda llegada de Brasil invita a las mujeres a tirarse al sol en las horas más peligrosas y con poco y nada de protector solar (EFE) Empezó en las playas y terrazas de Río de Janeiro, en Brasil, pero este verano ya desembarcó en las playas de nuestro país. Conocida en las redes sociales como la “marquinha”, se trata de una técnica de bronceado que dura por lo menos tres horas y que tiene poco y nada de protección solar. ¿El objetivo? Marcar la diferencia entre la sombra del bikini y el resto del cuerpo, olvidando las advertencias de los médicos sobre los peligros de estar al sol durante mucho tiempo y en las horas pico. La técnica de este bronceado utiliza ademas unas delgadas tiras de cinta aislante que bloquean totalmente el sol, lo que genera que la marca del bronceado quede mucho más visible y así sea más destacado el contraste entre la piel bronceada y la que quedó cubierta. La impulsora de esta moda es Erika Romero, de 34 años, quien fundó un negocio en el barrio de Realengo, en la zona oeste de Río de Janeiro, donde cada día recibe en su hogar a las clientas que madrugan y hacen cola a partir de las 6 de la mañana, para asolearse en la terraza de la casa. La sesión cuesta unos 20 dólares. Según su creadora, la marquinha “encanta” a los hombres porque “imita a la perfección el bikini más diminuto”. Sin embargo, conseguir esta máxima demarcación posible de las líneas de bronceado puede traer consecuencias para la salud. Debido a la alta exposición al sol, algo que los especialistas médicos remarcan evitar con mucho énfasis en esta época, se incrementan los riesgos de padecer cáncer de piel, el tipo de cáncer más común en Brasil que comprende el 30 por ciento de todos los tumores malignos registrados en ese país. A mayor exposición al sol, se apunta mayor riesgo de contraer enfermedades. Para Erika, sin embargo, no hay riesgos por la prolongada exposición de sus clientas a los rayos ultravioletas porque “siempre usan protección solar”, aunque se la aplican una sola vez y el nivel de protección es 15, con un calor sofocante y bajo el sol “más fuerte de todo Río de Janeiro”, según sus vecinos. La moda se viralizó a través de las redes sociales y, pese a las advertencias de los especialistas sobre la exposición a los rayos solares, muchas jóvenes ya comenzaron a practicar esta forma de bronceado extremo en las playas de nuestro país.

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