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Primer post: 16 sept 2018Último post: 25 sept 2018
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Usaban los médicos vibradores para tratar la histeria?
Usaban los médicos vibradores para tratar la histeria?
InfoporAnónimo9/16/2018

¿Realmente usaban los médicos vibradores para tratar la histeria en las mujeres? Un piano. Un diván. Una jaula de pájaros. Suntuosas alfombras. Muchas lámparas eléctricas.Al lado de la sala de estar, el consultorio de un médico privado. Una mesa médica cubierta con una sábana. Varios vibradores. Y una toma de corriente, para enchufar aparatos eléctricos. Así es el escenario de la comedia "El cuarto de al lado o una historia sobre el vibrador", escrita por Sarah Ruhl. Se desarrolla en la década de 1880 en Nueva York y muestra -entre otras cosas- cómo el recién inventado vibrador fue utilizado por los médicos para inducir el orgasmo en las mujeres diagnosticadas con histeria. La inspiración para este aspecto de la aplaudida obra fue un igualmente aplaudido estudio académico. Más precisamente, uno de los estudios sobre la historia del sexo y la tecnología más citados de los últimos tiempos: "La tecnología del orgasmo", publicado en 1999, de la historiadora y ex científica visitante de la Escuela de Ingeniería Eléctrica y Computación de la Universidad de Cornell, Rachel Maines. "Esta historia se basa en hechos reales. En serio" La investigación de Maines también inspiró a los realizadores de una película de 2011 llamada "Histeria", que abre con la frase "Esta historia se basa en hechos reales. En serio". Era algo que valía la pena recalcar pues, de no haber fundamentos firmes, la idea de que los doctores victorianos se la pasaran induciendo orgasmos quizás resultaría demasiado disparatada, aunque en ficción todo se vale. Pero en la ciencia no. Y la tecnología, así como la historia, lo son. En este caso, tenían la investigación de Maines como respaldo. El argumento central de "La tecnología del orgasmo" El corto libro de Maines abarca muchas cuestiones pero su argumento central es sencillo. Afirma que: los médicos victorianos trataban rutinariamente a las pacientes de histeria estimulándolas hasta el orgasmo utilizando vibradores electromecánicos. el vibrador fue una tecnología creada para ahorrar mano de obra que reemplazó la práctica médica bien establecida de masajear el clítoris para aliviar esta condición. No sólo evitaba que los doctores se cansaran sino que era más efectivo pues producía en 5 minutos el resultado que manualmente tomaba una hora, y la reducción en el tiempo del tratamiento les permitía atender más pacientes y ganar más dinero. los médicos no percibían ni el vibrador ni el masaje manual como sexuales, porque ninguno de los dos métodos involucraba la penetración vaginal. Todo esto respaldado por varias citas que daban credibilidad a lo que, cuando se publicó, algunos llamaron "la historia secreta de la excitación sexual femenina". "Esta obra no se basa en hechos reales. En serio" Siendo tan deliciosamente escandalosa, la historia se propagó como el fuego, se salió de los círculos académicos y se infiltró en la cultura popular a tal punto que pasó a ser uno de esos conocimientos categorizados bajo "algo sabido". Y, en el marco de la historia del sexo y la tecnología, el argumento de "'La tecnología del orgasmo' ha sido repetido casi textualmente en decenas de obras académicas", le dice a BBC Mundo Hallie Lieberman, "a pesar de que no es cierto". ¿Perdón? "Ninguna de las fuentes que ella cita respaldan su argumento". Pero eso no quiere decir que no sea cierto... ¿no hay otras fuentes? "Yo soy una historiadora de la sexualidad y escribí un libro sobre la historia de juguetes sexuales ("Buzz: A Stimulating History of the Sex Toy" y cuando estaba investigando mi libro no hallé absolutamente nada sobre la supuesta práctica del uso vibradores por parte de doctores para curar histeria". De hecho, cuando Lieberman empezó a escribir su libro, su punto de partida fue el de Rachel Maines, "pues era el único escrito sobre el tema, y me pareció muy interesante". "Entonces consulté algunas de sus fuentes y no encontré nada que dijera que los médicos estaban usando vibradores en sus consultorios, y menos estimulando el clítoris. Pensé que no estaba entendiendo bien -en ese momento era estudiante de posgrado- pero mis profesores confirmaron que esas fuentes no decían lo que Maines afirmaba". Lieberman, del Instituto de Tecnología de Georgia, EE.UU., fue más allá. Con Eric Schatzberg, director de la Escuela de Historia y Sociología de Georgia Tech, investigaron exhaustivamente todas las fuentes que apuntalan el argumento central de "La tecnología del orgasmo" y no encontraron en ellas ninguna prueba de que ocurrió lo que asevera. Lo cierto Los juguetes sexuales han existido por al menos 30.000 años y a veces han sido vendidos como aparatos medicinales para propósitos supuestamente no sexuales, aclara Lieberman. "Por ejemplo, a finales del siglo XVlll vendían dilatadores de recto como tratamiento para el estreñimiento, hemorroides y hasta asma... era uno de esos productos locos de curanderos". Los primeros vibradores eléctricos se beneficiaron de esa artimaña. Eran vendidos a finales del siglo XIX y principios del XX como electrodomésticos para múltiples usos, prometiendo proveer placeres menos íntimos, desde quitar las arrugas hasta alivio para innumerables dolores y condiciones, incluida la sordera y la ciática. "Yo pensaría que la gente usaba los vibradores para masturbarse, pero no tenemos evidencia pues no se escribió sobre esas prácticas", señala Lieberman. Así que los aparatos mismos existieron -y se pueden ver en museos de artefactos médicos- "y tenían aditamentos para el recto y la vagina". Sin embargo, aunque eran promovidos ampliamente para otras terapias médicas en esa época, "no hay nada que diga que fueran usados por doctores como técnica médica" para inducir orgasmos en mujeres histéricas. "Si la vibración del clítoris hubiera sido una terapia médica estándar a finales del siglo XIX y principios del XX, uno esperaría encontrar evidencia histórica directa de la práctica, ya sea de proponentes o críticos", pues el mundo de la medicina era muy polémico en ese entonces. "Además, cualquier procedimiento médico que pudiera haber sido percibido como sexual seguramente habría atraído la atención de los moralistas censuradores". No obstante, no hay nada. Y, a veces, la ausencia de evidencia es evidencia de ausencia. A pesar de que el estudio de Lieberman y Schatzberg, "Un fracaso del control de calidad académico: La tecnología del orgasmo", desbancaba un mito alimentado por un trabajo académico, "fue difícil publicarlo pues nos decían que la información no era nueva. No quieren mirar atrás. Pero nuestra meta era corregir un error histórico". Su intención es mostrar como las ideas pueden difundirse a pesar de ser erradas y cuán grande es la necesidad de revisar concienzudamente lo que se publica y corregir conocimientos previos. Sin embargo, lo mismo se podría decir de su propio estudio: acaba de ser publicado... ¿les debemos creer o esperar a que otros lo revisen? "Ciertamente es difícil saber cuándo termina la cadena pero existe el sentido de preponderancia de la evidencia. El estándar de oro de los historiadores es chequear las fuentes de archivo. Si haces un estudio de archivos y no encuentras evidencia, eso virtualmente cierra el caso", explica Lieberman. Pero, ¿será suficiente un estudio para cambiar la impresión dejada por "La tecnología del sexo"? "Es difícil corregir un error. Dudo que borre la historia ficticia completamente pero creo que probablemente tendrá algún efecto". Qué dice la autora de "La tecnología del sexo" BBC Mundo no se pudo comunicar con Rachel Maines pero en una entrevista con Robinson Meyer y Ashley Fetters, periodistas del diario The Atlantic, la autora de "La tecnología del sexo" declaró que siempre fue una "hipótesis". "Nunca dije tener pruebas de que ese fuera realmente el caso", dijo. "Lo que dije fue que era una hipótesis interesante, y como señala -correctamente, creo- la gente se lanzó sobre ella. Era perfecta para convertirse en mitología. Mi propósito no fue que eso pasara pero la gente tomó a la idea y le dio vuelo". En la entrevista de Meyer y Fetters, Maines agregó que estaba un poco sorprendida de que hubiera pasado tanto tiempo antes de que otros expertos cuestionaran su argumento, dado cuán "escasa" había sido la evidencia que ella dio. "Pensé que iban a atacarlo de inmediato. Pero han pasado 20 años. Les gustó tanto que no quisieron cuestionarlo".

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Los extraños efectos de la píldora anticonceptiva
FemmeporAnónimo9/25/2018

Los extraños efectos de la píldora anticonceptiva en el cerebro de las mujeres (y hasta qué punto son preocupantes) Todo empezó con un ñame mexicano. Era 1942 y un profesor de química de Pensilvania, en Estados Unidos, estaba buscando una fuente barata de progesterona. En ese momento, dicha hormona tenía muchos usos. Se usaba entre otras cosas para prevenir abortos espontáneos y para tratar a mujeres que atravesaban la menopausia. De hecho, Russell Marker ya había inventado una manera de hacer progesterona a partir de una sustancia química de ciertas plantas. Una opción eran los tubérculos de los ñames japoneses silvestres. Pero estos no contenían cantidades de hormona suficiente. Tras analizar más de 400 alternativas, Marker descubrió un extraño dibujo en un antiguo libro de botánica. Este ñame, nativo de México, tenía raíces gordas y nudosas. El científico viajó hasta allí y sacó un ejemplar de contrabando del país. Tras descubrir una fuente económica de progesterona, los investigadores empezaron a usarla como anticonceptivo. Una década más tarde nacía la píldora anticonceptiva. El secreto de la píldora Los efectos económicos y sociales de la píldora han sido bien estudiados y documentados. De un día para el otro, se podía disfrutar del sexo sin temor a quedar embarazada, y las mujeres jóvenes podían continuar con sus estudios en vez de dedicarse a criar niños y a las tareas del hogar. La píldora anticonceptiva fue revolucionaria: le dio a las mujeres la libertad de elegir si tener hijos o no, y en qué momento. Sin embargo, desde un principio, la píldora escondía un secreto. Hace pocos años, científicos empezaron a darse cuenta de que el cerebro de las mujeres que tomaban la píldora se veía fundamentalmente diferente. Comparado con el de las mujeres que no estaban tomando hormonas, algunas regiones se veían más típicamente "masculinas". También notaron cambios de comportamiento. Las mujeres que tomaban ciertas píldoras no eran tan buenas con las palabras, algo en lo que nuestro género se destaca. Por otro lado, eran mejores para visualizar, mentalmente, un objeto en rotación, como los hombres. Y, finalmente, aquellas que tomaban un tipo de píldora eran mejores para reconocer rostros, algo en lo que los hombres suelen ser buenos. Las razones detrás de los cambios Suelen decirnos que la píldora contiene estrógeno y progesterona. Pero ninguna píldora contiene estas dos hormonas. La píldora contiene versiones sintéticas que están hechas de hormonas más estables que han sido alteradas para imitar a estas hormonas. Cada marca de píldora combinada en el mercado contiene el mismo tipo de estrógeno sintético, etinilestradiol, y una de ocho progesteronas sintéticas, llamada progestina. El etinilestradiol evita que el cuerpo libere un óvulo al mes, mientas que la progestina engrosa el moco cervical y hace que el útero se vuelve inhabitable. Pero si bien las hormonas son efectivas para prevenir el embarazo, no son exactamente iguales a nuestras hormonas naturales. El resultado es que estas versiones sintéticas tienen efectos que no provocaría la progesterona auténtica. En internet hay miles de ejemplos de mujeres que reportan acné, sudor y crecimiento excesivo de vello corporal a causa de la píldora. Estos efectos "masculinos" han sido muy bien estudiados y son reales. La causa es sorprendente: según un estudio de 2012, el 83% de las mujeres estadounidenses que toman la píldora están tomando una versión que contiene progestina hecha a partir de hormonas masculinas. La hormona masculina que usan estas píldoras es una pariente cercana de la testosterona llamada nandrolona. Al ser un andrógeno potente (una hormona que influye el desarrollo del sistema reproductivo masculino), puede estimular el desarrollo de características típicas masculinas. Estos efectos se conocen desde hace décadas: la primera progestina que se fabricó, noretindrona, era androgénica. Efecto opuesto En los años 40, 50 y 60, las mujeres embarazadas a veces tomaban grandes dosis de noretindrona para evitar abortos espontáneos. Pero la hormona provocaba cambios perturbadores en sus organismos: sudoración, vello y granos. Como los anticonceptivos usan versiones sintéticas de hormonas, pueden tener efectos secundarios inesperados como la aparición de vello facial en las mujeres que las toman. Cerca de una de cada cinco bebés nacidas de madres que la tomaban tenían genitales masculinos. Hoy día, las dosis de progestina en las pílodras anticonceptivas son mucho menores y las hormonas se combinan con estrógeno sintético, que cancela muchos de estos efectos masculinos. Aún así, tiene efectos secundarios. Las nuevas versiones de progestinas (hechas de progesteronas sintéticas) tienen el efecto opuesto y se recetan en muchos casos para tratar el acné o el exceso de vello. En líneas generales, las píldoras más antiguas y más baratas tienden a contener hormonas androgénicas, mientras que las nuevas y más caras contienen antiandrógenos. Pero otro de los problemas es que afectan al cerebro. El efecto En los hombres, se sabe que los andrógenos liberados en la pubertad cambian el cerebro. Esto también es cierto para las mujeres, en las que cantidades relativamente pequeñas de testosterona pueden hacer que algunas partes del cerebro se encojan y otras crezcan. Dado lo que sabemos sobre el poder de estas hormonas, es sorprendente que no fue sino hasta hace poco, que se empezó a estudiar si la progestina hecha a partir hormonas masculinas tiene algún impacto. "Se ha hecho mucha investigación sobre los efectos secundarios físicos", explica Belinda Pletzer, neurocientífica cognitiva de la Universidad de Salzburgo, Austria. "También sobre los efectos emocionales.. Pero muy pocos estudios se han centrado en el cerebro y la cognición". Pletzser reclutó a un grupo de voluntarios hombres y mujeres, algunas de las cuales tomaban la píldora, y escaneó sus cerebros. Lo que halló fue sorprendente. Las imágenes revelaron que varias zonas del cerebro eran más grandes en las mujeres que tomaban la píldora, en comparación con las otras. Estas áreas son más grandes también en los hombres, en comparación con las mujeres. Otras investigaciones también indicaron que la progesterona y la testosterona pueden afectar el comportamiento. Lo que se demostró es que las mujeres que toman píldoras anticonceptivas con progestina androgénica tienen menos fluidez verbal . También son mejores cuando se trata de rotar objetos mentalmente. Esto tiene sentido ya que se estima que los hombres son levemente menos elocuentes que las mujeres en ciertas situaciones y tienen mayor conciencia espacial. Otros estudios hallaron que las mujeres que tomaban anticonceptivos orales recordaban historias emocionales más de la manera que lo hacen los hombres (el acento puesto en el nudo de la cuestión más que en el detalle). También, como los hombres, eran menos buenas reconociendo emociones en los demás, como furia, tristeza o asco. Es como si ciertos tipos de píldoras "masculinizaran" el cerebro femenino. Efecto simultáneo La evidencia más llamativa, no obstante, proviene de un estudio publicado en 2015. En él, Pletzer comparó el cerebro de mujeres que tomaban dos tipos de píldoras con otras que no tomaban ninguna. Varias áreas del cerebro eran más grandes en las mujeres que tomaban píldoras que contenían las nuevas progestinas antiandrogénicas. Estos cambios parecen afectar el comportamiento de estas mujeres. Dos áreas cerebrales en particular se mostraron más abultadas: la zona que procesa la información facial, y la zona que reconoce lugares. Estas mujeres también eran mejores reconociendo rostros. El reconocimiento facial es algo en lo que las mujeres suelen ser muy buenas. Esto encaja con la idea de que los anticonceptivos orales influyen sutilmente en nuestro cerebro. En este caso, las píldoras antiandrogénicas acentuaban la femineidad. Varias zonas también se mostraron abultadas en las mujeres que tomaban píldoras androgénicas, incluyendo algunas que son típicamente más grandes en los hombres. Para complicar más aún el panorama, todas las píldoras combinadas contienen estrógeno sintético, que es feminizante. Esto quiere decir que el cerebro de las mismas mujeres pueden estar experimentando a un mismo tiempo un efecto masculinizante y otro feminizante Lado oscuro Puede también que las píldoras anticonceptivas tenga un lado más oscuro. Como Pletzer escribió en 2014, cuando los atletas toman esteroides lo llamamos "dopaje". Se considera un abuso y es duramente condenado por la sociedad. Pero no nos importa que millones de mujeres tomen estas hormonas todos los días, a veces desde la pubertad hasta la menopausia. Los científicos no saben aún si alguno de estos efectos en el cerebro tienen un impacto notable en nuestro comportamiento. Pero quizás ya sea hora de que lo evaluemos

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