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Por Hugo Presman // Sábado 18 de enero de 2014 | 10:08 El 4 de enero la “Tribuna de Doctrina” cumplió 144 años de absoluta coherencia: siempre del lado del poder económico; siempre en contra de los intereses populares. Al decir de Homero Manzi, su fundador, Bartolomé Mitre, fue “el único de los héroes de la historia oficial que dejó un guardaespaldas para custodiar su memoria y su obra”. En la guerra de la Triple Alianza, cuyos ejércitos comandó, exterminó a dos tercios de la población paraguaya. “Antes del inicio de la guerra su población era de 1.300.000 personas. Al final del conflicto, sólo sobrevivían unas 200.000 personas. De éstas, únicamente 28.000 eran hombres, la mayoría de las cuales eran niños, ancianos y extranjeros. Del poderoso ejército paraguayo de 100.000 soldados, en los últimos días sólo quedaban cuatrocientos.” El Paraguay era el estado más desarrollado del siglo XIX en América del Sur, basado en un férreo proteccionismo. Infalible para errar en los pronósticos, esperaba llegar a Asunción en tres meses. La guerra duró más de cuatro años. Representante de la burguesía comercial del puerto de Buenos Aires, se alió a la del puerto de Montevideo y a la corte portuguesa del Brasil, para demoler al “mal ejemplo”, siendo funcional a los intereses británicos. Pésimo militar, hasta llegó a perder un desfile. Cuando Lucio Mansilla se enteró que Mitre estaba traduciendo “La Divina Comedia”, haciendo uso de su ácida ironía exclamó: ¡Está bien. Hay que joderlos a los gringos!” Su política hacia las provincias fue de exterminio. Sus coroneles Arredondo, Paunero, Riva, Sandes, Irrazabal, por su brutalidad vesánica, fueron los antecesores de Astiz, Acosta, Azic, Donda, Pernías, Rádice, Ricardo Cavallo y compañía. El objetivo era destruir las artesanías del norte argentino para facilitar la introducción de la producción industrial británica que distribuían sus socios y mandantes, los comerciantes importadores. Fue el escriba de la historia oficial. Inteligente, concibió la falsificación de la historia como una política de la historia. De esa forma allanaba el camino para las políticas futuras surgidas de la matriz “civilización y barbarie”. De esa perspectiva se nutre la historia del diario La Nación. Opuesto a todos los gobiernos populares, alentó y defendió casi todos los golpes de estado. Fue gestora, cómplice y beneficiaria del terrorismo de estado, lo que no le impide enarbolar un discurso republicano y pretendidamente democrático. En democracia, alienta la reconciliación con los asesinos seriales. En múltiples editoriales, defiende las atrocidades perpetradas. Así el 28 de marzo de 1982 identificaba al terrorismo de Estado con los momentos fundacionales de la patria: “De ninguna manera está en juego la revisión de la guerra contra la subversión (...) por la misma causa que tampoco lo está el de nuestras guerras de la Independencia, ya que sus victorias –ayer como hoy– son la causa de que la Nación viva”. Defiende a capa y espada a los instigadores del golpe que perpetró el terrorismo de estado. El periodista Adrián Ventura, empleado y operador de La Nación y Clarín, habiendo sido como abogado asalariado del grupo Yabrán, fue el encargado de defender al magnate azucarero con notas en la que puede leerse: “En la causa nunca se encontró prueba de que Blaquier y Lemos hayan consentido esa maniobra ni tampoco que hubieran facilitado algunas de las más de 100 camionetas que estaban a disposición de su personal. Incluso la Gendarmería informó oficialmente que no tenía registro de haber usado aquellas camionetas. Pero el Gobierno y la Secretaría de Derechos Humanos vieron la posibilidad de hilvanar otra puntada más en la teoría oficial de que el golpe del 76 tuvo apoyo civil. Ayer, Jorge Valerga Aráoz, ex integrante de la Cámara Federal porteña que condenó en 1985 a la junta militar y defensor de Blaquier, afirmó que "el fiscal Pablo Pelazzo no es independiente y debe ser separado". Cuando murió José Alfredo Martínez de Hoz, el diario y el poder económico le rindieron tributo, incluidos sus columnistas Carlos Pagni y Mariano Grondona, que hicieron presentes sus pésames. Igual que Blaquier envió sus condolencias: Con su hipocresía proverbial, su prédica reconciliatoria tropieza siempre con su odio ancestral. En su editorial autocelebratorio de su cumpleaños número 144, califica a los gobiernos populares como facciones políticas oportunistas -de las que son prototipo las amebas del populismo. Como se aprecia, se trata del lenguaje conciliador que llevó a Bartolomé Mitre a fusilar prisioneros. El párrafo completo consigna: “Por él se continúa la voluntad del fundador de que LA NACION fuera una antorcha preparada para iluminar las cuestiones relevantes para la sociedad a cuya disposición ha trasmitido, diariamente, informaciones, comentarios y la opinión editorial en que se manifiesta su identidad como medio de prensa. Esa identidad no se recorta día tras día, contrariamente a lo que se observa con las facciones políticas oportunistas -de las que son prototipo las amebas del populismo-, que llegado un punto del camino van dejando, para estupor de los seguidores, jirones de la carne misma de lo que hasta ayer pregonaban. Un gran diario es fiel, en cambio, a su misión y destino.” Es el diario que en el 2013 comparó a la situación del país, bajo el título 1933 con la Alemania nazi y en otro, con la Italia fascista de 1923. El primero del 27 de mayo del 2013 sostiene: “Los trágicos hechos que acompañaron la caída de la República de Weimar y el comienzo del Tercer Reich deben mover a reflexión a los argentinos. Hace 80 años el mundo fue testigo, silencioso y tolerante, de la gradual desaparición de una república y, en pocos meses, de la instalación de una dictadura con el apoyo entusiasta de la población y sus fuerzas vivas. La República de Weimar fue reemplazada por un régimen totalitario que concentró en una persona los tres poderes del Estado, eliminó los derechos individuales, controló la justicia, suprimió la prensa independiente y, finalmente, ejecutó el terrible Holocausto. Salvando enormes distancias, hay ciertos paralelismos entre aquella realidad y la actualidad argentina que nos obligan a mantenernos alerta…..”. En el titulado “1923”, del 30 de junio, ante la propuesta del gobierno de lo que denominó democratización de la justicia, La Nación supone estar en la Italia de 1923: “Noventa años atrás, el auge del fascismo demolía las libertades individuales y las instituciones del Estado de Derecho, empezando por la Justicia. Así como el año 1933 marcó la ascensión de Hitler al poder, el año 1922 abrió la puerta del Reino de Italia a la dictadura fascista de Benito Mussolini. El 29 de octubre, luego de la Marcha sobre Roma de los "camisas negras" el rey Víctor Manuel III nombró a Mussolini primer ministro. Formalmente, la dictadura fascista no se implantó de inmediato: "Il Duce" fue demoliendo desde adentro las instituciones del Estado de Derecho para controlar la vida civil de los ciudadanos bajo una máscara democrática.” Es llamativa la forma superficial que los editoriales de La Nación acuden desaprensivamente a la calificación fascista, siempre dirigida hacia gobiernos que tildan de populistas y demagógicos, adjetivo al que nunca recurrió para calificar a los gobiernos surgidos de los golpes de 1955,1966 y 1976. En su editorial del 13 de enero hasta el deporte más popular, su televisación y la publicidad oficial caen bajo el título “Fútbol para Todos, pan y circo fascista” En el terreno económico, el diario predica un libre mercado amplísimo, con un Estado mínimo, lo que no le impidió asociarse con el Estado Terrorista en Papel Prensa junto a Clarín y disfrutar del monopolio del papel para diario. Además es socio con el diario fundado por Roberto Noble en la propiedad de diarios de provincia y en la exposición anual vinculada a los agronegocios denominada Expoagro. La “coincidencia” de muchos títulos de tapa en ambos medios revela un trabajo sincronizado entre competidores aparentes Mención aparte merecen los lectores cuyas cartas selecciona minuciosamente y publica el diario. Son una reivindicación tardía de aquél presunto error de Susana Gimenez porque demuestran que hay muchísimos dinosaurios vivos. COLUMNISTAS Y COLABORADORES PERMANENTES El columnista permanente más inteligente y de mejor formación, un cuadro de la derecha, es Carlos Pagni, alguien formado en Ámbito Financiero de Julio Ramos, cobijado e impulsado por los Saguier, le da cierto vuelo al pensamiento tradicional del diario. Convive con la poca digna vejez de Mariano Grondona, desplazada su columna a los jueves, donde comparte espacio con el periodista empresario Luis Majul, y con las muletillas reiterativas hasta el cansancio de Joaquín Morales Solá. Hace unos meses ha sido catapultado a las columnas dominicales Jorge Fernández Díaz, un buen escritor, mano derecha de Jorge Lanata en Radio Mitre del grupo Clarín, que destila con mejor prosa, la prédica ofídica del medio. La necesidad de oponerse sistemáticamente, le lleva a falsear la realidad para adaptarla a sus conveniencias. Así, como ejemplo, en su columna del 12 de enero, referido a la posibilidad, luego abortada, de modificar el valor a considerar en los inmuebles para la liquidación del impuesto a los bienes personales escribió: “La Presidenta dio luz verde a la idea de hacer cambios en la valuación de inmuebles para el cálculo de Bienes Personales. Sólo quienes piensan equivocadamente que la salud y el aislamiento la transformaron en una suerte de Isabel Perón pueden creer que el titular de la AFIP y el jefe de Gabinete iban a jugarse a solas el pellejo meneando públicamente un tema tan sensible. Cristina fue quien los autorizó. También fue ella quien luego se dio cuenta de que debía frenar un segundo antes del abismo. Y eso sucedió al comprender que posiblemente se aproximaba a otra 125, con una medida regresiva y reaccionaria que pondría en pie de guerra a la inmensa clase media, a cuantiosos miembros del proletariado nacional y a miles de jubilados”. Éste impuesto que es directo y progresivo, no tiene incidencia en la Argentina en la actual conformación, a pesar que arbitrariamente no se actualiza el mínimo desde el 2007 de $305.000. Menos de 500.000 argentinos pagan el mismo. El editorialista no se pregunta cómo es posible que en la Argentina, en donde como bien dice “la inmensa clase media”, no es contribuyente de un impuesto que alcanza a los que tienen patrimonios de más de 45.000 dólares. Es progresivo aumentar considerablemente el mínimo a por ejemplo de dos millones de pesos y que paguen todos aquellos que tengan activos superiores a esa cifra valuados los mismo por su valor real. Para darse cuenta de la irracionalidad que defiende el autor de “Mamá”, se recauda más por los impuestos que gravan al cigarrillo que por el impuesto conocido incorrectamente a la riqueza. Como la persistencia y la multiplicación de voces que dicen los mismos es una marca registrada, ese mismo día el editorialista sustituto Fernando Laborda escribe: “La iniciativa le hubiera provocado al Gobierno más problemas que beneficios. Más allá de las dificultades técnicas para definir una valuación real en un mercado inmobiliario virtualmente paralizado desde el cepo cambiario, este tributo, que comenzó siendo concebido como un impuesto a la riqueza cuando fue creado por el gobierno menemista, iba a convertirse en un mero impuesto a la vivienda, que hubiese alcanzado a jubilados y sectores de clase media baja, transformados de la noche a la mañana en "nuevos ricos" por tener un departamentito de uno o dos ambientes. Conllevaba asimismo el riesgo de una rebelión fiscal para un Gobierno que ya no está en condiciones de tirar de la cuerda, y hasta el peligro de que el Congreso, aun con mayoría kirchnerista, no lo hubiese aprobado y reprodujera lo ocurrido con la recordada resolución 125 contra el campo, en 2008.” Otro integrante jerarquizado es Pablo Sirvén, cuyo antiperonismo rabioso le permite ejercer su oficio, sin problemas de conciencia, en el sitio adecuado. Entre los directivos, jubilado pero aún activo, está Claudio Escribano, quien ejercitando el“periodismo independiente” que según sostiene Morales Solá practica “La Nación”, o más pudoroso Sirvén lo cataloga como crítico, le presentó a Néstor Kirchner un pliego de condiciones a cumplir bajo apercibimiento de no durar más de un año. El santacruceño no cumplió ninguno de los puntos exigidos y la amenaza del columnista mitrista durante la dictadura no pudo cumplirse. Otro de los periodistas jerárquicos es Héctor D`Amico, Secretario General de Redacción: fue redactor de la revista “Mercado”, jefe de redacción de “Gente”, Jefe de redacción de “Somos”, Corresponsal de “Editorial Abril” en los Estados Unidos, subdirector de la revista “Siete días” y de “La Semana”, director de la Revista “Noticias” y, desde el año 2001, secretario general de redacción en el diario “La Nación”. Es miembro de número de la Academia Nacional de Periodismo. Nadie que se bañe en el Río Reconquista, puede evitar impregnarse del olor fétido de sus aguas. Entre los periodistas del órgano mitrista que se han destacado en los últimos años por ser más antipopulistas que el propio diario, está Mariano Obarrio, cuyos pensamientos pueden ser recogidos de su cuenta de twiter para una competencia de insustancialidad con los de los lectores que escriben cartas. En el humor está Nik, denostado por sus colegas por su excesiva admiración hacia trabajos ajenos al punto de modificarlo levemente para hacerlos propios conforme a la ideología de su empleador, y Carlos María Reymundo Roberts, el que perpetra su columna satírica de los días sábados, adoptando una posición kirchnerista como estratagema para bombardear desde allí con todos los estereotipos que su empleador ha derramado con entusiasmo durante 144 años, ante cualquier experiencia política con tufillo nacional y popular. Ferviente católico del Opus Dei, cajetilla de San Isidro, el hombre lleva el mitrismo en sus venas. Los colaboradores columnistas son numerosos. Marcos Aguinis hace mucho que abandonó todo pensamiento complejo; Santiago Kovadloff que brilló cuando escribió a la salida de la dictadura con una nota recordable (“La cultura de las catacumbas”), posiblemente en democracia olvidó su buena formación en aquellas catacumbas. Beatriz Sarlo pasó de ser una crítica literaria de izquierda, directora de una revista valorable como “Punto de Vista” en los años de plomo, a poner su pluma al servicio de los poderosos, aunque intenta en algunos raptos evitar una rendición incondicional total. Álvaro Abós, un intelectual que pasó por el peronismo, escritor prolífico, hoy sufre una amnesia tan profunda con relación a su pasado que posiblemente el que escribe sea un homónimo. Entre los trogloditas que son orgullo de la Tribuna de Doctrina porque lo representan en su ideología en forma impúdicamente profunda está Alberto Benegas Lynch (h) quién el 6 de enero de 2014 escribió bajo el título “La recurrente manía del igualitarismo”: “Más allá de las buenas intenciones, en las sociedades abiertas redistribuir ingresos es contraproducente, incluso para los más necesitados”. Tampoco se priva del teclado del ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti, cuya verborragia de republicanismo no le impidió proteger a los terroristas de estado uruguayos e hiciera lo imposible para obstaculizar que Juan Gelman pudiera encontrar a su nieta Macarena. Como distribuidora de prestigio, La Nación recibe muchas colaboraciones y colaboradores ocasionales que lo hacen con cierta frecuencia, que más allá de sus opiniones, indudablemente son funcionales a los intereses del diario. Tomaré sólo dos casos como ejemplos muy ilustrativos: Julio Bárbaro, un político histórico del peronismo, transformado en invitado permanente de los medios dominantes, explica al movimiento histórico y su enemistad con el kirchnerismo, cuyas filas integró durante cuatro años, desde esas páginas furiosamente antiperonistas. Es como proponer la reforma agraria desde las páginas de la Sociedad Rural. Gabriel Levinas, fundador de la meritoria revista “El Porteño” en los ochenta, desde un posicionamiento de izquierda, terminó conchabado en Clarín, trabaja con Jorge Lanata, y cada tanto escribe en el órgano mitrista. Desde ambas “tribunas populares”, levanta su “prédica revolucionaria”. Pasó de Marx a Magnetto, tal vez, porque ambos en el diccionario están en la letra M. “LA NACIÓN” CONTRA LA NACIÓN No es fácil ser coherentemente antinacional durante 144 años. Sin embargo, su lectura es imprescindible para saber qué piensa buena de parte aquellos que escrituraron y otros que pretenden escriturar el país a su nombre. Es un diario que no chorrea tinta. Si se estrujan sus páginas, quedan las manos manchadas de sangre.
Por Hugo Presman // Viernes 14 de febrero de 2014 | 17:38 La palabra confusión tiene diversas acepciones. Se puede referir a “la falta de claridad y orden causada por la mezcla de cosas o personas diversas que no pueden distinguirse unas de otras”. Otra es “equivocación que se produce cuando se toma una cosa por otra o no se hace la distinción debida”. Creo que hay confusión sobre diferentes temas. Aquí trataré las que existen sobre reservas, Fútbol Para Todos, devaluación, y las que se vertieron sobre la reelección y las crisis. RESERVAS En los últimos meses el tema reservas ha irrumpido en el primer plano. El haber bajado nuestro país de 52.000 millones de dólares a alrededor de 29.000 millones es un toque de atención que merece una mirada de preocupación. Lo que se omite considerar en el análisis, es que ese nivel récord de reservas fue logrado en esta década y que las mismas no provienen de ninguna herencia recibida de anteriores gobiernos. Pero sobre el tema hay algunas confusiones que merecen ser reflexionadas. La vigencia de la convertibilidad durante una década ha dejado en la población y en forma mucho menos justificada en algunos analistas, la idea de que la circulación monetaria debe estar respaldada por las reservas. Eso era necesario cuando la paridad entre el peso y el dólar establecían a un empate monetario. Cuando estaba en vigencia la ley 26076, por la cual las reservas del Banco Central, debían ser afectadas a respaldar hasta el 100% de la base monetaria. Entonces sólo se podían tener libre disponibilidad sobre las reservas que excedían esa masa monetaria. A esas se las denomina de libre disponibilidad y se podían aplicar para afrontar las obligaciones contraídas con organismos financieros internacionales o aplicar a saldar la deuda social interna. ¿A que se llama base monetaria? Es el dinero en efectivo que tiene el público, el que disponen los bancos y los depósitos a la vista de las instituciones bancarias. Cuando un país tiene soberanía sobre su política monetaria no existen parámetros axiomáticos sobre el monto de las reservas. Algunos tratadistas sostienen que deben implicar una cantidad de meses de las importaciones anuales y de los vencimientos próximos de las deudas contraídas. Lo que está claro es que nadie seriamente puede sostener que deban ser equivalentes a la base monetaria. Otra comparación capciosa es comparar meramente las reservas entre los distintos países sin relacionarla con su deuda externa. Se suele hacerlo habitualmente con el PBI y eso da un coeficiente interesante para el análisis. La comparación de los valores absolutos de las reservas puede encerrar trampas evidentes. Durante el gobierno de Carlos Menem las reservas crecieron hasta cifras significativas, pero la mayor parte de las mismas tenían como contrapartida no un superávit comercial sino un incremento superlativo de la deuda. Para ser lo más claro posible: no es lo mismo las reservas acumuladas como fruto de un superávit de la balanza comercial y otro que sea la contrapartida de los préstamos obtenidos. Actualmente se resalta (y es cierta) la caída de las reservas de nuestro país y se la compara con los incrementos de otros países latinoamericanos. Se omite decir, que Argentina es al mismo tiempo, el país, que en el período 2002-2013 más redujo su deuda externa: de 164% del PBI al 42,8% del mismo. Es la mayor reducción de los últimos 10 años comparado con las deudas de los demás países latinoamericanos, que aparte de la quita significativa que se negoció, se abonó con recursos propios ( reservas) y eso explica en parte la caída de las misma que se omite en las explicaciones. A su vez el economista Alejandro Rebossio sostiene: “La mayoría de la deuda está contraída con su propio Banco Central y con la Seguridad Social local.” FÚTBOL PARA TODOS El Fútbol Para Todos fue una muy buena iniciativa concretada por el gobierno de Cristina Fernández. Rompió una situación exasperantemente discriminatoria que había permitido a un grupo hegemónico convertirse en tal, junto con diferentes prebendas obtenidas en su oscura historia. El gobierno decidió concentrar en “Fútbol Para Todos” la publicidad que hacía en diferentes y múltiples medios, a la vez que beneficiaba a los clubes porque triplicaba el monto que éstos recibían. Por lo tanto muchos de los medios que critican lloran por los dineros que ahora no afluyen a sus arcas. En el momento de consumar la medida, el gobierno expuso propósitos que luego modificó. Supuso ingresos que aparte de autofinananciarse permitirían ayudar al deporte amateur. Hubo en algún momento algunas publicidades privadas que Néstor Kirchner decidió cancelar quedando la misma reducida exclusivamente a IVECO. Todo quedó circunscripto a información de obras públicas y publicidad gubernamental. Luego se fue extendiendo, no solamente al intervalo de quince minutos entre los dos tiempos, sino que los relatores publicitaron programas y posicionamientos políticos durante la transmisión. Eso revela una confusión que ya el primer peronismo cometió. La publicidad debe ser instrumentada para que sea persuasiva y evitar ser abrumadora. Intentar alentar a los seguidores y persuadir a los opositores. Resulta publicitariamente contraproducente, además de criticable, que el relator intercale consignas partidarias en la transmisión de su relato. Además en tanto manejo de fondos públicos, el Estado debería realizar un minucioso control del destino que la dirigencia de los clubes da a esos fondos, cosa que hasta ahora no ha hecho. Cuando se intentó un cambio aparentemente estético, el mismo aumentó la confusión. A la presencia de Marcelo Tinelli, vicepresidente de San Lorenzo como pope de las transmisiones, se sumaba increíblemente la vuelta de la empresa Torneos y Competencias luego de cuatro años. La interna partidaria en donde el apoyo al cambio estuvo a cargo de Carlos Zannini y Jorge Capitanich y la negativa fue sostenida por la decidida oposición de La Cámpora, concluyó con la intervención presidencial anulando todo lo que estaba prácticamente concretado. En el medio se manosearon nombres que iban a ser prescindidos y otros que arribaban. La confusión sobre lo que se buscaba dejó expuesta las internas y un tratamiento extremadamente desprolijo. Como dice el diccionario acerca de la confusión: “la mezcla de cosas o personas diversas que no pueden distinguirse unas de otras.” DEVALUACIÓN El gobierno quería actualizar el tipo de cambio que había quedado rezagado con relación a la inflación. Dicho retraso se manifestó electoralmente en las elecciones de agosto del 2013 donde la pérdida de competitividad afectó a las economías provinciales y eso quedó reflejado en distritos donde históricamente el peronismo era imbatible. Luego en octubre se revertieron algunos resultados. También se manifestaba en un estrechamiento del superávit comercial. Durante el 2013 se aceleró el ritmo devaluatorio que se intensificó a partir de diciembre. Pero eso tenía un efecto contradictorio: los exportadores retenían las exportaciones sabiendo que a la semana siguiente tendrían mejor tipo de cambio y los importadores adelantaban sus compras para evitar pagarlas más. Era en materia cambiaria una medida similar en sus consecuencias que la tomada por Alfonsín cuando propuso y el Congreso sancionó en materia de los juicios por delitos de lesa humanidad el punto final: las causas retenidas fueron aceleradas. El gobierno necesitaba devaluar pero sin que el poder económico se lo impusiera. En la pulseada el gobierno tuvo que ceder. De manera que la devaluación tiene un lado confuso: el gobierno devaluó contra su voluntad una medida que quería tomar conforme a su libre albedrío. O mejor dicho la confusión en una de sus acepciones: “la falta de claridad y orden causada por la mezcla de cosas”. REELECCIÓN Es posible que sobre el tema haya habido una doble confusión. La presidenta dejó correr la versión de su presunto deseo de continuar, a través de su núcleo talibán para postergar lo más posible lo que se conoce como efecto del pato rengo, es decir el tramo final del mandato de un gobernante que carece de la posibilidad constitucional de continuar. Pero el argumento que permitía dilatar la debilidad fue tomado por la oposición como un intento real, lo creyera o no, para amalgamarse transitoriamente. A su vez fue una de las pancartas más reiteradas en los cacerolazos. Es altamente probable que ni la Presidenta realmente quisiera continuar, ni la oposición, más allá de sus estentóreas declaraciones lo haya creído sinceramente. Pero sobre esa confusión se fabricó un fantasma y se deslizó una parte importante de los hechos políticos del 2013. Calza perfectamente la definición del diccionario acerca de confusión desplegada sobre el tema: “equivocación que se produce cuando se toma una cosa por otra o no se hace la distinción debida.” CRISIS Desde 1975, cada seis o siete años, una crisis profunda sacude al país. La de 1975, inolvidable con el “Rodrigazo”, una de las tantas donde se combinó la restricción externa, el debilitamiento extremo del gobierno, la violencia política, el cataclismo político que implicó la muerte de Perón, el protagonista excluyente del siglo XX en nuestro país, las fuerzas armadas colonizadas y golpistas, todo lo cual allanó el sendero al golpe criminal de 1976. Seis años más tarde, la de 1982, implicó la crisis de la deuda y el traspaso de las obligaciones privadas al Estado. Siete años más tarde, en 1989, un golpe de mercado, con la hiperinflación como demolición, produjo la entrega anticipada del gobierno por parte de Alfonsín, cuando las reservas del Banco Central alcanzaban para un par de semanas y la inflación se espiralizaba habiendo alcanzado en abril de 1989 el 33,4% mensual y en mayo el 78,4% . Seis años después, en 1995, la crisis mejicana del tequila, con una fuga de capitales que estuvo a pocos miles de dólares de terminar con la convertibilidad. Nuevamente seis años más tarde, la crisis monumental, la del 2001 con el estallido del modelo de rentabilidad financiera después de tres años de deflación sin posibilidad de tener política monetaria, imposibilitados de pagar la deuda externa y con el aparato productivo destruido. Desde entonces han pasado un poco más de doce años, y hay muchos que intentan convertir una situación difícil en una crisis que afortunadamente se ha podido eludir hasta ahora. Y si la confusión no invade al gobierno, la misma se podrá sortear. La situación no debe ser minimizada ni exagerada, para no ser un aporte a la confusión. La foto muestra un escenario económico de una fortaleza en varios aspectos lejos de las crisis enumeradas. La película muestra un flujo financiero con incertidumbres superables pero que está sometido a una pulseada en la relación de fuerzas cuyo desenlace aún es incierto. Es claro que no existen comparaciones posibles. Es llamativo que desde la centro derecha de Sergio Massa a través de Roberto Lavagna se calificó a la actual situación de “Rodrigazo en cuotas” y desde la izquierda del Partido Obrero se la etiqueta con el mismo adjetivo pero al contado. Otra vez se incita a “una equivocación que se produce cuando se toma una cosa por otra o no se hace la distinción debida” CONFUSIÓN Confundido está Moyano que se abraza con Mauricio Macri después de apoyar a Francisco De Narváez. Caminar con los verdugos no garantiza eludir la horca sino que aproxima a padecer la ejecución por ese medio. Confundida está la oposición tironeada por el poder económico y los medios dominantes. Confundidos están los medios que pegan y pegan sin poder aplicar un golpe de nocaut. Confundida parece Cristina Fernández cuando castiga en público a sus aliados o sesga su discurso hacia los convencidos. Confundida tal vez esté esta nota que hace su pequeño aporte a la confusión general.

Por Hugo Presman // Jueves 06 de marzo de 2014 | 14:28 Como es habitual, la presidenta exhibió su solvencia expositiva y la densidad de su contenido en la 132a apertura de la Asamblea Legislativa. Se desplazó sobre lo realizado en más de diez años, y fue reticente, lacónica, en relación a lo proyectado para este año. La inflación se mencionó por vía indirecta donde reflexionó sobre la necesidad de sancionar instrumentos que defiendan a los consumidores. De la misma forma evidenció un giro sobre la permisividad gubernamental de las formas de protesta expresadas con cortes de calle y rutas, omitiendo para explicar ese giro que el escenario social desde el que se montó la metodología ha cambiado. La vía directa de los piquetes como primera instancia ha terminado bastardeando un eficaz medio de protesta que debe ser mantenido después de agotar otros medios de protesta y cuando se llega finalmente a esa instancia, dejando siempre un carril libre. Eso favorece la eficacia y comprensión de la protesta. Desgranó una serie de cifras, algunas con la pretendida autoridad del Banco Mundial que sin embargo se basan en las cuestionadas cifras del INDEC. Es indudable la certeza de lo expuesto en relación a la producción agropecuaria, la rentabilidad del sector, lo que explica la notable valorización de los campos, potenciada en la zona núcleo de la pampa húmeda, que contrasta con la hipoteca de muchos de ellos, que en el 2000 y 2001 se encontraban endeudados con el Banco Nación y Provincia. La privatización del primero, recordó la Presidenta, implicaba un fabuloso negocio y un poderoso cambio de tenencia de la tierra. Apuntó luego al mérito de la reducción de la pobreza como consecuencia de la creación de millones de puestos de trabajo, inferiores posiblemente a los enunciados por la Presidenta; a la recuperación del sector industrial que queda reflejada en el notable incremento del PBI industrial y en 370 nuevos parque industriales. Visto desde otro ángulo, eso se verifica con el aumento notable de la afiliación a los sindicatos queda patentizado en la UOM, que pasó de 50.000 afiliados a 250.000; o la UOCRA de 50.000 a 350.000 afiliados. El mejoramiento de Aerolíneas Argentinas vinculando el territorio nacional habiendo pasado su flota de estar valuada en 300 millones a la actual de 1.400 millones de dólares. El haber reducido el peso de la deuda sobre el PBI, es otro mérito indudable de esta década y sólo la obnubilación acicateada por el odio puede escamotearla. La misma fue la causa determinante de todas las crisis económicas de la democracia y aún antes. La información sobre la deuda externa per cápita medida en términos de salarios mínimos, según el discurso presidencial, ha pasado en el 2003 de 25 salarios mínimos a apenas 1,9 salarios mínimos actuales. Sobre la caracterización de país proteccionista, mencionó que el país se encuentra detrás de Brasil, India y EE.UU. Sobre el proceso de sustitución de importaciones lo elogió y trató de explicar los cuellos de botella en la balanza de pagos. Ahí la presidenta actúo más como comentarista que como una protagonista de la que está en mejores condiciones de modificar esa situación. La Argentina quedó devastada industrialmente después de la dictadura establishment-militar y el menemismo. Si antes de esta demolición se necesitaba un dólar de insumos industriales para producir 10 de productos terminados, en la actualidad es muy superior. Por eso la demanda de divisas originadas en el sector agropecuario para satisfacer las necesidades industriales ha reaparecido. Pero el fomento industrial debe tener una contrapartida, que como en otras áreas el gobierno ha omitido. Es imperiosa la necesidad de establecer un cronograma con tiempos adecuados para concretar la reducción del componente importado según las diferentes actividades. Por todo ello la afirmación de que el país es el único de la región que no ha reprimarizado sus exportaciones es cierto pero contiene una verdad parcial: se había llegado a un subsuelo a partir del cual toda política industrial implicaba en diferente grado, la recuperación de un porcentaje de exportación industrial. Cuando habló de la inversión ferroviaria, su análisis significó indirectamente una autocrítica por lo no realizado en los primeros ocho años. Mencionó una inversión de 1200 millones de dólares que supone la renovación de 1000 coches nuevos que reemplazarán a los 800 existentes. Hubiera sido interesante que la presidenta reconozca explícitamente el retardo en afrontar este problema que además produjo muertos. Lo mismo sucedió en materia energética. Es cierto que se aumentó la generación de energía y se extendió el tendido eléctrico. Tan ajustado a la verdad como que el gobierno que tiene cinco directores sobre 12 en Edenor y la obligación de controlarla junto a Edesur, omitió hacerlo con eficacia. Por otra parte es cierto lo que dijo la presidenta que en el 2003 había abastecimiento energético e incluso se exportaba porque la demanda era muy baja. Pero Cristina Fernández vuelve a actuar como comentarista cuando afirmó que en Misiones, Chaco, Formosa, el norte de Santa Fe no hay gas natural. Alrededor de quince millones de habitantes tienen que acudir al gas en garrafa en todo el país, en la mayoría de los casos los sectores más humildes, siendo considerablemente más caro. El gas natural está regulado mientras el de garrafa, más allá de la garrafa social escasa, está sujeto al accionar del mercado y a lo largo de estos diez años este problema largamente señalado no fue resuelto con la regulación del gas demandado por los sectores populares. El mismo comentario puede formularse con relación a YPF. Es un hecho histórico y económico la estatización del 51% de las acciones que viene a revertir una política equivocada en la materia que primero pasó por permanecer impasible ante el saqueo de Repsol y luego ante la equivocada decisión de argentinizarla propulsada desde el gobierno a través de un grupo privado cuya adquisición de la participación accionaria se realizaba fundamentalmente con los dividendos aprobados por la misma empresa. El plan Procrear es un éxito y lo señaló la presidenta. Brindó información que permite rebatir de manera irrefutable a los prejuicios; y con relación a las jubilaciones afirmó: “Es mentira que el 80% de los jubilados cobra la mínima, ya que el 17% cobra entre una y dos mínimas, el 12 % cobra dos mínimas, el 17% cobra más de dos mínimas, y el 53% cobra la mínima”. Con relación a la asignación universal por hijo, sólo el 3% de los beneficiarios tiene cinco hijos. Incursionó en el tema justicia y en los nuevos códigos, cuyo debate atravesará posiblemente el presente año, seguramente con encendidos y trascendentales debates. Se reconoció el estancamiento del memorándum con Irán y acicateó a la oposición y a las autoridades representativas de las organizaciones de los argentinos de origen judío a proponer soluciones alternativas. Manifestó su apoyo al sistema constitucional venezolano y llamó a una concertación. Elogió a Axel Kiciloff y Carlos Zannini por haber concluido exitosamente la negociación con Repsol y omitió a Florencio Randazzo posiblemente por su categórica afirmación, inusitada en el kirchnerismo de afirmar que “nos hemos mandado cagadas” aunque referidas a las formas más que al contenido con relación a las clases medias. En materia de educación y presupuesto es mucho lo que ha hecho el gobierno; y la creación o impulso de las universidades del conurbano es un hito que se reconocerá dentro de unas décadas. Integrante de familias que nunca accedieron a la universidad, es una marca que generaciones de argentinos y el país tendrán que reconocer cuando las pasiones del presente las disipe el tiempo. Reducir mucho de lo realizado positivamente a un simulacro o a un relato instrumentado como un cuento es una de las falacias cuya mendacidad sólo puede abrevar en un menú de odio y prejuicios, que como todo odio suele tener un poderoso componente de ceguera, y que como todo prejuicio es un juicio que carece de juicio. La mención de la Presidenta a las ausencias docentes y a la propuesta acerca del presentismo no es equivocada, pero en un discurso donde se centró fundamentalmente en lo hecho en una década, las críticas a los docentes debió estar enmarcada dentro del reconocimiento a los mismos y a la escuela que fue una de las pocas presencias estatales en el derrumbe del 2000/2001 y por lo menos se prolongó durante un lustro. La contención de los maestros a los chicos en escuelas convertidas en comedores, con padres desocupados, es un tributo que no se puede omitir si no se quiere pecar de ingrato. La designación de Gerardo Zamora en la línea sucesoria, que disgustó tanto a radicales como a peronistas, es una marca en el orillo en la siempre precaria y contradictoria construcción política del cristinismo. A los empresarios les aconsejó que en su afán de lucro no maten a la gallina de los huevos de oro. Esto suena a la frase del radical Juan Carlos Pugliese, quien como ministro del presidente Raúl Alfonsín declaró: “les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”. El ensayista Alejandro Horowicz razonó al respecto: “Ahora bien, los que descreemos de la capacidad de la burguesía argentina para la "conciencia nacional", pensamos que si el marco regulatorio no define el comportamiento real de los empresarios, los empresarios se llevan puesto el marco y la política del gobierno que lo propicia. Dicho en fácil, si las empresas pagan los impuestos que pagan –no los que deberían pagar– se debe a la distancia entre las normas enunciadas y los instrumentos utilizados. Y si los precios suben en una proporción mayor al impacto devaluatorio, es porque las empresas están defendiendo su tasa de ganancia en dólares, aunque los trabajadores la hayan perdido. El derecho de las empresas a conservar su ganancia dolarizada, choca con el interés de los consumidores por pagar más barato, y el de los trabajadores por ampliar la masa salarial. Es preciso distinguir los derechos en pugna: empresas, consumidores y asalariados. Los aumentos afectan a todos los consumidores, en distinta proporción. Para frenar los aumentos, el gobierno recurre al acuerdo de precios. Si algún instrumento ha demostrado en la Argentina funcionar mal, ese es el acuerdo de precios. Si funciona durante el plazo pactado, deja de hacerlo en fecha precisa y prevista. En ese momento los precios se vuelven a empinar y los salarios a retrasar. Por eso los economistas conservadores propician el "sinceramiento de las variables económicas", nuevos precios y salarios no tan flamantes, lo que en criollo termina siendo reducción de la demanda popular. Los consumidores casi no tienen instrumentos para frenar la suba de precios. Dependen de los que aporte el gobierno. Sólo los trabajadores pueden reducir el impacto mediante el incremento de los salarios en las negociaciones paritarias. Pero el Estado también paga salarios, y en ese punto los aumentos que exigen los docentes saldrán del erario público. Entonces, la presidenta propicia un aumento inferior al incremento del costo de la vida. Al hacerlo emite una señal precisa: entre el derecho de los empresarios a defender sus ingresos en dólares, y el de los trabajadores a defender su nivel de consumo tiene poco margen. El gobierno dice que quiere evitar esa salida conservadora, pero no aporta instrumentos para impedirla. O limita la ganancia empresaria, o reduce el ingreso popular. Esa es la disyuntiva.” En esa disyuntiva y en el control del proceso inflacionario se juega de qué forma se transitará el presente año. Una explicitación del diagnóstico y las alternativas que se manejan al respecto hubiera llevado el discurso presidencial en un camino más cercano a las expectativas e incertidumbres que atraviesan a la población. Hay problemas que arrastran muchos años pero que se han intensificado como el de la tierra para la construcción de viviendas en el área metropolitana y el Gran Buenos Aires. La presidenta hizo referencia a la ocupación de Lugano y su diálogo con Mauricio Macri. Pero hubiera sido oportuno un proyecto para intentar una solución de fondo. Como bien apunta Horacio Verbitsky: “Las villas de Buenos Aires eran lugares transitorios donde se acomodaban por algunos años los migrantes internos que llegaban atraídos por el boom de la industria o la construcción, con salarios dignos y servicios sociales en un esquema desarrollista. Las villas de hoy desbordan de expulsados de la misma ciudad y del resto del país por la quiebra de ese modelo programada por el neoliberalismo y ejecutada por la expansión de la agricultura hipertecnificada y los barrios cerrados, los cementerios privados y los hipermercados que acaparan los mejores terrenos y sólo dejan libres bajos inundables o lotes contaminados con desperdicios o metales, como el de Villa Lugano……No hay en la Argentina de hoy un problema social más grave que esa imposibilidad de acceso a la tierra…..” Agregaría a este comentario que la demanda de mano de obra para ciertas actividades y los salarios superiores a lo de los países limítrofes, produce la migración que la Argentina positivamente recibe, pero que implica asumir, entre otros, los problemas habitacionales que ocasiona. Una convocatoria a todos los partidos para fijar políticas de estado sobre el creciente narcotráfico hubiera colocado a la oposición en una situación difícil de eludir. Lo mismo en materia de lo que se conoce con ligereza como inseguridad, donde las marchas y contramarchas demuestran desconcierto e improvisación. Por último, la presidenta nunca dijo que estamos en “un fin de ciclo kirchnerista”, sino “un fin de ciclo del neoliberalismo”. Hay analistas que sustituyen la realidad por sus deseos y en el caso de la presidenta también hay que apuntar que el neoliberalismo no está ni mucho menos muerto y enterrado, sino que espera impaciente el fracaso de los gobiernos populistas de América Latina para presentarse nuevamente como una alternativa, con el maquillaje adecuado para la época. Hay mucho más, pero como diría Chesterton, “eso es otra historia” (o más bien, “otro artículo”).

El Ombú de la esperanza El despuntar del siglo XIX puso fin a la calma provinciana en que se sumían los habitantes del Río de la Plata. Las invasiones inglesas, las pretensiones francesas tras el avance de Napoleón sobre España y las luchas contra los partidarios del Consejo de Regencia español mantuvieron a los criollos en pie de guerra. Infinidad de crónicas, testimonios y biografías dan cuenta de las hazañas de las grandes figuras de nuestra historia. Pero, ¿qué hacían nuestros ilustres próceres cuando no estaban librando decisivas batallas o al frente de los destinos de estas tierras? En este recreo estival de El Historiador, queremos compartir un relato sobre los distendidos encuentros de San Martín, Tomás Guido y Pueyrredón a la sombra del ombú de la esperanza, que se erguía en la chacra de San Isidro de este último. Según Mariano Pelliza, fueron ellos mismos quienes bautizaron así al arbusto porque “sentados en su enorme tronco, juraron consumar la obra de la independencia”. “Guido tomaba un libro de la estantería, Pueyrredón una escopeta morisca cincelada, y San Martín una cartera con papeles y pinturas; y así se ponían en marcha… (…) Guido leía un rato, San Martin dibujaba y Pueyrredón hacia algunos tiros al vuelo… Trascurrían dos o tres horas en estos ejercicios de lectura, pintura y caza; se comentaba la página leída por Guido; se aplaudía o se criticaba la viñeta dibujada y colorida por San Martin, o se festejaban los certeros y siempre felices disparos de la segura y relumbrosa escopeta del dueño de casa”, apunta Pelliza. “Nada o muy poco se hablaba, en esas horas, de política ni de guerra: se vivía y se gozaba de la existencia, olvidando sus preocupaciones en el seno cariñoso de una confianza recíproca.” Lamentablemente, el añoso ombú, que hoy tendría alrededor de cuatro siglos, fue partido por un rayo a mitad del siglo XX. En su lugar las autoridades municipales plantaron uno nuevo. Los troncos del ombú de la esperanza fueron arrojados en la esquina de Roque Sáenz Peña y Juan Marín, donde sorpresivamente creció un retoño de aquel majestuoso arbusto. Fuente: Mariano Pelliza, Glorias Argentinas. Batallas, paralelos, biografías, cuadros históricos, Buenos Aires, Félix Lajouane Editor, 1885, 219-225. ¡Qué tiempos aquellos! Ya todas las páginas caseras de los héroes, de los políticos, de los caudillos, se pierden y borran bajo el abigarramiento de la civilización que nos viene de ultramar. Nuestros padres tenían el recuerdo, nosotros la sombra del recuerdo, pero nuestros hijos ya no tendrán nada; y no tendrán nada porque la historia que se escribe no recorre y escudriña la alcoba, ni la cocina, ni el huerto y se contenta con visitar el salón. Se queda en la puerta, examina el frontis, pero no nos muestra el interior. Los personajes que exhibe vienen todos vestidos de gala, de guante, de tricornio, de bastón, trasfigurados: son seres postizos e ilusorios. Nos da la mente del ministro, el valor del general, la magnanimidad del magistrado, pero nos calla todas sus flaquezas; no vemos al hombre con sus hábitos, con sus gustos, con sus achaques, o con sus manías. ¡No sabemos sobre qué tela frágil se borda muchas veces una epopeya! Cuántas veces el pensamiento del ministro es un plagio; su obra maestra, una copia; su gran decreto un decreto del país vecino; y cuántas veces el general aclamado vencedor sobre el campo de batalla que él no gana, pero que pierde el enemigo, ha necesitado de su esposa para ceñirse la espada, porque su mano trémula no acertaba con la hebilla, o con el dorado broche donde el cincel de hábil artista había esculpido las armas de la nación. Secretos son estos que no revela la historia. Yo me he sentado muchas veces en el poyo de ladrillo pegado al muro, que bajo el alero de la antigua casa Marzano, existía en la calle real de San Isidro; y allí en ese mismo banco rústico y feo, se habían sentado muchas veces el general San Martin y su amigo el después general D. Tomás Guido. Allí en la extremidad del pueblito que uno de mis antepasados fundó con su piedad y con su dinero, teniendo el río a su derecha y la risueña aldea de Punta Chica con su ancho camino al frente, aquellos dos patriotas se sentaban a discutir los grandes negocios de la independencia, en tanto que el negro ordenanza de San Martin clavaba en las junturas del enladrillado un asador de hierro con la mitad, todavía humeante, de un costillar de vaca, que los dos patricios comían sin otro acompañamiento sólido que un pambazo de a cuartillo, trabajado por Doña Petrona, la única que en el pago sabía amasar con levadura, y sin otra bebida que agua, traída por el negro en un botijo larguirucho, desde el pequeño puerto de doña María Eusebia. Y, yo no lo he visto, pero me ha contado quien lo sabe y lo recuerda, que después de almorzar así campechanamente, San Martín y Guido tomaban por la calle real unas veces, otras por el camino al pie de las barrancas, y proyectando, discutiendo sobre la libertad de América se iban paso a paso hasta la hermosa quinta del director Pueyrredón sobre la barranca, donde el soberbio magnate rodeado de lujosa servidumbre, con repostero de París y cocina propia de un rey, se hacía servir en la sola comida, que cada veinte y cuatro horas hacía, los platos y manjares más delicados; sin que sus amigos San Martín y Guido lo acompañasen a otra cosa que a beber el exquisito café de Yungas, traído a lomo de mula desde los valles del Perú, como si se tratase del té que se cosecha en el imperio chino para la sola y dorada jícara de su emperador, el hijo del cielo. El soldado y el ilustre cortesano, también soldado valiente, pero aristocrático en su salón, en su mesa y hasta en su baño de ámbar, se tocaban y confundían en su grande y desinteresado amor por la patria. Después del café se levantaban los tres personajes: San Martin, calzado de botas herradas, vestido de azul con su corbatín histórico y la gorra de cuartel; Guido, de zapatos de hebilla, media negra de seda, casaca verde botella y sombrero de fieltro de gusto inglés; Pueyrredón, con la clásica sencillez de un plantador, usaba allí una ropa casi talar, de seda anteada, calzado de cordobán amarillo y un sombrero de jipijapa de tan grandes alas que parecía un inmenso paraguas. Guido tomaba un libro de la estantería, Pueyrredón una escopeta morisca cincelada, y San Martín una cartera con papeles y pinturas; y así se ponían en marcha seguidos de un negrillo que llevaba, sobre su traje blanco, el morral y los útiles de caza de su amo. Se encaminaban por la calle de los nogales hacia el ombú de la esperanza, hermoso y gigantesco árbol que se eleva todavía solitario cerca del camino real, y dentro de la chacra que fue del mismo Pueyrredón. Ellos le bautizaron así, porque, sentados en su enorme tronco, juraron consumar la obra de la independencia. Guido leía un rato, San Martin dibujaba y Pueyrredón hacia algunos tiros al vuelo, cuyas víctimas eran recogidas por el criado y llevadas a la cocina del gastrónomo sibarita para su comida del día siguiente. Tenía especial gusto en comer las aves muertas de su mano, y prefería una gaviota volteada por su escopeta a la más rica de las aves de corral. Tan cultivados tenía Pueyrredón los placeres del estómago; tan metodizada la sucesión de su comida para no fatigarse, que se puede afirmar que los 365 días del año tenía una mesa distinta. Para satisfacer estas exigencias gastronómicas sin agotar los recursos de su cocina, hizo traer de Europa entre muchas cosas aquí desconocidas, los caracoles que propagó después en sus jardines. Los pescados se conducían vivos a los estanques para comerlos por su orden. Allí se beneficiaba el cerdo; había palomares y cuantas aves domésticas se conocen en el mundo; no faltando liebres ni conejos. Trascurrían dos o tres horas en estos ejercicios de lectura, pintura y caza; se comentaba la página leída por Guido; se aplaudía o se criticaba la viñeta dibujada y colorida por San Martin, o se festejaban los certeros y siempre felices disparos de la segura y relumbrosa escopeta del dueño de casa. Nada o muy poco se hablaba, en esas horas, de política ni de guerra: se vivía y se gozaba de la existencia, olvidando sus preocupaciones en el seno cariñoso de una confianza recíproca. De vuelta de la caza, tomaba Pueyrredón una llave de su armario, y dejando su gran sombrero en una percha fija en la pared, poníase un gorro que por su color y hechura, revelaba algún parentesco con el bonete de la libertad; dirigía a sus amigos por una escalera, y los tres se encerraban en el pequeño saloncito que constituía el mirador coronado exteriormente por cuatro perillas de barro colorado. Allí trataban de política y tabaco, sin testigos. Los viejos aun lo recuerdan, y yo mismo cuando niño, he corrido y jugado por las desiertas habitaciones del arruinado palacio, porque tenía aquel hogar solitario el atractivo de los membrillos y de las peras del bosque alegre. Allí encerrados discutían las más graves cuestiones de Estado, y en una de esas pocas entrevistas de 1817, se resolvió la marcha de Guido a Chile como diputado de las Provincias Unidas. Esto sucedía poco después de la gloriosa batalla de Chacabuco. Dos de aquellos tres hombres eran ya ilustres en la historia de América. El otro se ilustraba, y debía también rendir a su patria servicios eminentes. Pueyrredón lucía sobre su brazo el escudo de la Reconquista, y lo cubría la gloria homérica de la campaña al despoblado en 1811. San Martin llevaba sobre sus sienes la corona de los Andes.