Tierraspalankas9
Usuario (Argentina)
Recuerdan el gran invento de nuestro amigo Homero?? aca les traigo El rifle pinta-murales, pinta paredes gigantes al estilo paint-ball Para mi aca se re copiaron de homero, pero bueno! He aquí otro de esos inventos que uno solo puede pensar en decir "¿cómo no se le ocurrió a otra persona antes?". Se llama la "Fa-Cade Printer". Se trata de un dispositivo en forma de rifle o cañón, que dispara bolas de pintura a larga distancia y con alta precisión (mas o menos similar a las pistolas del juego paint-ball), pero con una particularidad muy especial: El rifle se mueve de manera robotizada, bajo control de una computadora, para que así uno pueda programar cualquier dibujo que uno desee "imprimir" en prácticamente cualquier superficie de gran tamaño (y hasta donde alcancen los disparos, obviamente). Fa-cade printer - facade printerEsto sin duda que será una nueva manera de hacer arte de graffiti en todo tipo de murales. Por ahora les recomiendo dos cosas a los creadores de este aparato: Primero, que aumenten su velocidad (si ven el video, notarán que es medio lento), y segundo que creen una versión que pueda cargarse con múltiples colores de una sola vez en vez de tener que intercambiar la "tinta" constantemente. Sin embargo aun con esas limitaciones actuales, está genial... les dejo aca un videito Si alguien quiere comprar alguna, Acá les dejo la web del frabicante link: http://static.99widgets.com/counters/swf/counters.swf?id=438027&ln=es
1-Breve orientación epistemológica sobre el tema de la pobreza El tema que trataremos, la pobreza, hace irrupción como problema social recién al comienzo del siglo XX, con el advenimiento de la llamada cuestión social, que deviene del aporte intelectual de los marxistas que redujo el problema a la lucha de clases sin lograr soluciones prácticas importantes. La pobreza se asocia sin duda con el eterno sufrimiento humano, como describe acertadamente Freud. Actualmente, en el siglo XXI, lo que debe preocuparnos es que la situación del fenómeno social, demográfico, psicológico y filosófico de la pobreza no ha sido abordado con la seriedad ni con la solidaridad necesaria. Las Naciones Unidas informan que el número de pobres absolutos es de mil millones de personas, que define estadísticamente como aquellos que ganan o logran contar con un US$ dólar o menos por día y por persona para subsistir. La presente crisis económica mundial de 2009 hizo aumentar el número de pobres en nada menos que 100 millones. No hay ningún avance trascendente en tres décadas. A veces escapa a los estudiosos el hecho que la pobreza tiene una relación muy estrecha con el tema de la vida, puesto que es evidente que este mal social produce -directa e indirectamente-más muertes en el tercer mundo que todas las enfermedades cardiovasculares, digestivas y tumorales juntas. Si bien la comunidad se inquieta por la carencia de servicios de salud, no manifiesta la misma atención al tema más duro de la pobreza, que es la base de todos los males que presenciamos en latinoamérica. El análisis ético sobre el tema de la pobreza tiene varias vertientes para el estudioso, ya que la pobreza, como todo concepto polisémico, tiene múltiples caras, y cada investigador puede tratar de entenderla desde su propio paradigma científico y existencial. Pero la pobreza es reconocible en todas partes y el dolor que conlleva es igual para todos los que la sufren. De ahí que la pobreza sea un tema universal y sus efectos se pueden rastrear en lo más profundo de la historia humana. Al parecer, la civilización se ha edificado en torno a la desigualdad, ya que la propia naturaleza ha hecho distintos a los humanos en inteligencia, fuerza, belleza, bondad y maldad. La desigualdad económica de los seres humanos es una realidad, aceptada pasivamente incluso por la religión y para enfrentarla, los interesados en su estudio suelen recurrir a las formulaciones éticas provenientes de su paradigma; no es lo mismo ser un investigador marxista, católico o musulmán. Decimos que la pobreza tiene mil rostros, porque no es lo mismo ser pobre en Chile, que en Estados Unidos o en Alemania. Ni tampoco es igual la pobreza rural, que se oculta a nuestros ojos, que la pobreza urbana, que se ve y muestra con facilidad en las grandes ciudades. Freud expresaba (1930) que la cultura (en el sentido alemán de Kultur, es decir, civilización) era sentida con hostilidad por el hombre, pues coartaba su búsqueda del placer y ese freno produce un malestar o displacer (unlust) y que, además, la civilización busca agrupar a grandes masas de individuos, sin que ello signifique que sean felices o que la felicidad sea una necesidad. La pérdida de individualidad y del placer es lo que ocurre en las megápolis que se estructuran en torno a millones de personas. Y esas masas son hostiles a la individualidad y a las minorías, con sentimientos negativos hacia los que no están absorbidos culturalmente y son distintos. ¿No son acaso los pobres diferentes a la masa en los países desarrollados?. Peter Singer (1993) en un lúcido análisis de la pobreza, señala, citando al ex presidente del Banco Mundial, Mac Namara, que existen dos tipos de pobreza; la absoluta y la relativa. La primera se refiere a aquella en la que el pobre vive prácticamente en el límite de la existencia. "Los pobres absolutos son seres humanos con graves privaciones que luchan por sobrevivir en unas circunstancias de miseria y degradación que, desde nuestras condiciones privilegiadas, casi no podemos concebir en nuestra sofisticada imaginación" Siguiendo a Freud, la pobreza en realidad no queremos verla, y recurrimos a los mecanismos de defensa del Yo: la negación y la represión, no queremos enterarnos de su existencia. La tememos, pero al mismo tiempo como sociedades injustas condenamos a los jubilados, a los ancianos, a los minusválidos, a los enfermos a ser pobres. La segunda forma de la pobreza es la relativa, la cual se da en los países desarrollados, donde los pobres lo son en relación a sus vecinos más ricos, y donde el Estado se preocupa eficientemente de ellos mediante subsidios y derechos efectivos a la salud, la educación en todos sus niveles y entrega una adecuada previsión social. Ahí funciona bien la compensación para lograr la equidad, como predice la teoría de la justicia de Rawls. En esta reflexión, podemos señalar que hace apenas unos siete decenios, Chile era tan pobre como la India de la época. Entre los años veinte y cincuenta del pasado siglo la pobreza era abrumadora, del tipo absoluto de la que habla Mc Namara. En el país, tradicionalmente ha existido una preocupación del Estado por los más pobres, lo que se ha traducido en subsidios maternos e infantiles, pensiones de gracia y salud gratuita, aunque todo lo que ofrece el Estado suele ser de baja calidad, como ocurre con la salud y la educación, pero ello aminora, de alguna manera, el peso de la pobreza. Ante la situación descrita, en que Chile mantiene por años una pobreza relativa que afecta a un millón de habitantes, surgen varias preguntas en torno a este tema: ¿Cuál es la responsabilidad ética del Estado en la superación de la pobreza? ¿Cuál es la cuantía de pobreza que puede permitirse la sociedad? ¿Cuál es la responsabilidad moral de los demás ciudadanos? ¿Es justo y necesario que el Estado cumpla con los pactos internacionales relativos a la pobreza? ¿No es acaso inmoral que tengamos tantos pobres sin atender en cuanto a vivienda, salud y educación? ¿Cómo romper el círculo de la pobreza, en el cual los pobres reproducen su condición de generación en generación? ¿Podemos reducir la concentración cada vez mayor de la riqueza del país en apenas unas cuantas familias o empresas? Otra pregunta, que se puede formular a los políticos, es si realmente existe en ellos la decisión para luchar contra la pobreza, con medidas, por ejemplo, compensatorias, para un nivel social del cual no son –en su mayoría- culpables los afectados. Recordemos a los parlamentarios que los niños son inocentes y están indefensos ante la pobreza que abruma a sus familias. 2-La ética con relación a la justicia social y a la pobreza. En toda reflexión personal sobre la ética, la cuestión del bien y del mal surge para buscar explicaciones a la desesperanza del hombre ante lo que percibe como injusticia. Pero ubicarnos en una especie de objetivismo intelectual resulta precario para el espíritu del investigador, ya que la pobreza no permite esa objetividad. "El Señor se lamenta de los ricos porque encuentran su consuelo en la abundancia de bienes" dice el Evangelio (Cf. Lc 6, 24), es decir, el acento del pesar evangélico no está en los pobres, sino en los ricos que no han cumplido con sus obligaciones éticas ante el amor al prójimo, y ante esa desazón existencial, diría Freud, deben buscar su felicidad compensatoria en los bienes materiales. La pobreza acompaña a la humanidad desde los albores de la civilización, y si algunos pensadores señalan que ante el bien existe el mal, lo mismo ocurre con la riqueza-pobreza: sería inevitable la existencia de este binomio. Pero cabe preguntarse, si el Hombre ha sido creado por Dios, ¿Por qué está presente la inequidad en la sociedad actual? Escuchemos al Catecismo de la Iglesia Católica: "La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre con la comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento, pues no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor, y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquél amor y se entrega a su creador" (Cf. GS 19, 1) Esta dignidad, que poseen todos los hombres, implica que la desigualdad económica extrema es una situación que atenta contra ella y deberíamos buscar las formas -compensatorias o no- que busquen realmente la equidad. Para la moral cristiana, la pobreza ha sido vista como una virtud, y aun existen órdenes religiosas que hacen de la pobreza una forma de vida y un ejemplo para los demás cristianos. Pero, la pobreza puede ser percibida también como un castigo en la tierra, de causa colectiva o individual, con posibilidad de redención en la otra vida. Por eso, puede existir una culpabilidad implícita en quienes la ven en la sociedad. Esa culpa, ¿nace de un pecado y su redención está en la pobreza? Esta pregunta es interesante formularla a la luz de la religión y de la ética moderna. De todas maneras, en enfrentamiento con la pobreza desde el punto de vista religioso no resulta más eficiente que un simple calmante: la enfermedad de la sociedad que llamamos pobreza requiere de medidas que debe tomar el propio ser social -el cuerpo político- con responsabilidad o dejaremos el problema filosófico reducido a un determinismo malévolo. En el Antiguo Testamento, encontramos dos enfoques sobre la pobreza: primero, como fruto de la maldad del hombre y un castigo divino (Job 20,29) y segundo, como una consecuencia de la opresión de los unos sobre los otros (Am 2, 6.7). Es también un mal contra el cual hay que luchar sin desfallecer (Dt. 15, 7-11). En sentido religioso, la pobreza es la actitud de quien confía en Dios y todo lo espera de él. Aquellos que poseen la riqueza están más predispuestos hacia esa actitud: Dios les hace justicia (Is 11, 4); es Dios su refugio (Sof 3, 12-13). En el Nuevo testamento, Jesús comparte con los pobres su vida y su destino (Mt 8, 20; Cor 8, 9); les anuncia la buena nueva (Lc 4, 18); los proclama dichosos (Lc 6, 20-21); los declara herederos de su reino (Lc 16, 19-31). La Iglesia debe mostrar su predilección por ellos (San 2, 1-7); compartir sus bienes con los necesitados (Hch 2, 44-45); hacerse pobres con los pobres (1 Jn 3, 17). El cristianismo debe descubrir en los pobres al mismo Jesús. Como se demuestra, la moral cristiana ha tomado siempre en consideración teórica al menos a los pobres y ese ejemplo debería bastar a los creyentes para movilizar, activamente, sus esfuerzos en la ayuda a los más necesitados. Se precisa poner en acción la moral cristiana. Lo que no ha sido posible en todo el siglo XX y continuamos igual en el presente. Algo anda mal en ese tipo de enfoque. 3-LA ETICA DE LOS TRATADOS INTERNACIONALES Y LA POBREZA Los tratados internacionales, y, en especial los emanados de las Naciones Unidas, tienen el valor de otorgar el reconocimiento de la comunidad mundial a los problemas de la humanidad. Pero, el análisis crítico de los acuerdos logrados en torno a la pobreza y a los derechos humanos nos demuestra que nos hemos quedado en los discursos y de ese hecho comprobado nace un cuestionamiento ético al quehacer en ese campo. Muchas preguntas quedan sin respuesta: ¿Nos estamos quedando tan sólo en la fase de diagnóstico de los problemas? ¿Se justifica la existencia de una costosísima burocracia de empleados internacionales para esa tarea? ¿No es acaso inmoral reconocer el problema sin la voluntad política de encontrar soluciones? ¿Existe la voluntad de parte de los países ricos para terminar con la pobreza del Tercer Mundo? Me llama la atención que siempre las reuniones internacionales sobre el tema de la pobreza terminan en magníficas cenas y los funcionarios convocados viajan en primera clase y reciben viáticos en dólares o euros. Es que no hay ninguna solidaridad con los más desfavorecidos en esas conductas. En la región a la cual pertenecemos -la América Latina- un hecho confirma nuestros temores: el peso de la burocracia que estudia el tema de la pobreza, aumenta el gasto fiscal y a la vez disminuye los recursos que podrían destinarse a superar la pobreza, lo cual es una nueva agresión en contra de los más necesitados. La paradoja política está en el hecho de que quienes están encargados de erradicar la pobreza -el Congreso, los expertos y los funcionarios internacionales- nada avanzan en la reducción, en Chile, del millón de pobres absolutos que tenemos. ¿Puede superarse la pobreza si los pobres pagan el mismo IVA que los más ricos? O dicho de otra manera, tanto los libros como el pan pagan el 19% de IVA en Chile, con lo cual les quitamos el poder adquisitivo a quienes no ganan casi nada para atender a sus necesidades. Y ese dinero, del impuesto infame, va a parar, de una manera u otra, a los más ricos, con lo cual los pobres tienen menos calidad de la educación y menos conservación de su salud, estando condenados a la enfermedad y a reproducir su estado de pobreza en su hijos y nietos y más allá, como si de una casta se tratase. Como me señaló un diputado, los pobres no votan y por lo mismo no cuentan. El discurso político ante la pobreza se ha tornado en Chile, vacío de contenidos, incompleto en medidas, insustancial en los logros, además de ineficiente e insuficiente para tratar el problema social. Por lo visto es mejor, para los involucrados en el poder, gastar en aviones de guerra y armamentos que producen mundialmente millones de dólares en comisiones para los involucrados en las compras, como lo demuestran los casos numerosos que investigan los tribunales nacionales e internacionales. La compra de armas, sin los controles eficientes, con pàrtes interesadas, se presta para la corrupción. Veamos algunos ejemplos de este insólito comportamiento: La Declaración sobre el Progreso y Desarrollo en lo Social, de 1969, señala a la letra: "Art. 2: El progreso social y el desarrollo en lo social se fundan en el respeto de la dignidad humana y el valor de la persona humana y deben asegurar la promoción de los derechos humanos y la justicia social, lo que requiere: a)" La eliminación inmediata y definitiva de todas las formas de desigualdad y de explotación de pueblos e individuos, de colonialismo, de racismo, incluso el nazismo y el apartheid, y de toda otra política e ideología contrarias los principios de las Naciones Unidas. b) El reconocimiento y la aplicación efectiva de los derechos civiles y políticos y de los derechos económicos, sociales y culturales sin discriminación alguna". No hay duda alguna, si examinamos al mundo desde el año de la Declaración, que el avance ha sido demasiado escaso y que el discurso si bien es hermoso, no ha pasado de ser un conjunto de buenas intenciones que no valían los millones de dólares que gastaron los países pobres que contribuyeron económicamente a mantener a las Naciones Unidas. En otro ejemplo que podemos citar, la Declaración de los Derechos del Hombre (1948) expresa: "Art. 25. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial, la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene así mismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, vejez y otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes a su voluntad". La Declaración es acertada en la forma, pero en el fondo es una simple retórica de buenos deseos, ya que no hay disponibilidad de recursos ni de medios para implementarla activamente en los países pobres; por su parte los países ricos destinan una parte muy pequeña de sus ingresos para ayudar a esos países. ¿Qué sentido tiene una declaración de este tipo. No creo que precisemos de expertos internacionales para que nos digan lo que debiera ser, sino lo que necesitamos es que nos digan cómo hacerlo. La Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados (1974) expresa con optimismo: "Art. 7. Todo Estado tiene la responsabilidad primordial de promover el desarrollo económico, social y cultural de su pueblo. A este efecto, cada Estado tiene el derecho y la responsabilidad de elegir sus objetivos y medios de desarrollo, de movilizar y utilizar cabalmente sus recursos, de llevar a cabo reformas económicas y sociales progresivas y de asegurar la plena participación de su pueblo en el proceso y los beneficios del desarrollo". Como en los anteriores ejemplos, en este encontramos que se habla del "Derecho a", sin que exista el imperativo de mover ese derecho a una real acción. A nuestro juicio, el logos debe traducirse en praxis, de otra forma lo único que hacen los tratados es reconocer que existe una obligación -que todos conocemos- y que ese derecho no tiene por qué pasar a ser obligación de parte de los Gobiernos. Pero, no olvidemos que quienes firman los tratados y declaraciones sobre la pobreza son funcionarios del gobierno que son irresponsables con el futuro de los pobres de su país, según la teoría de Jonas. Podríamos denominar a esta forma de moral, la ética de los tratados, que carece de imperativos y se queda en lo declamativo. Me imagino que los mismos firmantes se aplaudirán luego de la firma de estas declaraciones vacías de contenido moral y deberes. Para nosotros, el más humano de los derechos sería el de proscribir la pobreza, pues ella está involucrada en todos los demás, como por ejemplo, el derecho a la vida. Olvidamos que la pobreza mata a más personas que la guerra misma, que el pobre recibe una atención médica de baja calidad y que sus hijos serán tanto o más pobres que ellos, debido a que la educación recibida también es de baja calidad. Ninguna sociedad es equitativa si permite que un porcentaje superior al 5% de su población esté formada por pobres absolutos. Desde una ética práctica, existe un argumento para luchar en contra de la pobreza: como el pobre no es un actor consumidor, deja de interesar al mercado, pues éste requiere para su funcionamiento de personas con poder adquisitivo. Si los más ricos ganan menos al existir pobreza, no deja de ser un imperativo moral el permitir a esos pobres ingresar al mundo consumista. Es decir, no conviene a los intereses de los ricos que exista pobreza en el país. Una forma de terminar con la inequidad es procurar que el reparto de la riqueza sea más equitativo (Campos, N., 2000). Nuestra reflexión sobre la pobreza es vacía si no tenemos sugerencias sobre cómo evitar esta problemática. La solución debe venir desde dos áreas de acción: PRIMERO: Elevar el nivel y la calidad de la educación de los más pobres. La educación obligatoria, en la teoría de la justicia, debe ser de tipo compensatoria, dando a los niños que provienen de los quintiles más desfavorecidos, las máximas posibilidades de desarrollo personal, en escuelas con excelente equipamiento y con los mejores maestros disponibles. SEGUNDO: Mejorar el acceso al trabajo de los más pobres, elevando su capital humano, es decir, mediante el agregado de la mejor capacitación disponible. Los gobiernos pueden y deben facilitar el ingreso a la burocracia estatal a los más pobres, luego de una esmerada capacitación en donde ellos demuestren su potencial y deseo de trabajar. La experiencia de subsidios en América Latina para ayudar a los más pobres no ha dado ningún resultado práctico, salvo crear una burocracia cara para establecer y supervisar los programas de ayuda. El pobre no necesita de ayudas baratas, debe aprender a cómo ganarse la vida con las mismas armas que los más ricos: educación de calidad y capital humano adecuado. Pero ello es una utopía, porque el cambio no está en el cerebro de los hombres, sino que debe venir de los sentimientos, de la solidaridad. Y como esos son bienes espirituales muy escasos, seguiremos con el pobre nivel de educación y de salud propios de los países subdesarrollados. Ahora bien, una parte de nuestro país es pobre pero no es tonta. Los subsidios asignados por el gobierno saliente que se han entregado por cada hijo de los trabajadores no le trajo más votos ni siquiera el agradecimiento, porque los pobres se dan cuenta que esas dávidas ocasionales, al estilo de los decadentes Césares romanos, es una donación magra y además interesada. Resulta penoso que la clase política sea incapaz de asumir que su función principal no es hacer más leyes ni agobiar a los ciudadanos con gravámenes e impuestos, sino que su tarea virtuosa es buscar el máximo bien para la comunidad por la vía del trabajo, la salud , la educación de calidad y la previsión social de los ciudadanos. De otra forma, seguiremos tratando a la pobreza como una banalidad, es decir, algo sin importancia, habitual y poco preocupante y esto, en el siglo XXI. Por lo mismo, la clase política sigue siendo de baja calidad intelectual, sin ideas ni trabajo serio. Por lo mismo en latinoamérica nos deja expuestos a los aventureros y revolucionarios de pacotilla, que traen más pobreza y dolor a nuestra sufrida población. >>> FUENTE <<< link: http://static.99widgets.com/counters/swf/counters.swf?id=438017&ln=es
Se trata de una parodia al mago Criss Angel..espero que les guste.. link: http://static.99widgets.com/counters/swf/counters.swf?id=437721&ln=es
para los fans de justin que la chupen y que la sigan chupando link: http://static.99widgets.com/counters/swf/counters.swf?id=436918&ln=es
Ola Taringueros... si no viven en colombia yo se q su pais tambn esta en las mismas queria comentar q en Colombia no solo son las FARC Y las AUc tambn son los cerdos capitalistas q creen q el : El dinero: dinero es todo en la vida y la quieren conseguir bajo cualquier circunstancia ..... Nuestra Madre Tierra No se merece eso!! link: http://static.99widgets.com/counters/swf/counters.swf?id=437594&ln=es