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Primer post: 18 may 2012Último post: 18 may 2012
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Historias y Cuentos Cortos
Historias y Cuentos Cortos
OfftopicporAnónimo5/18/2012

HISTORIAS Y CUENTOS CORTOS EL IDO: ¿Por qué todos me eligen a mí para hacerme confesiones? ¿Acaso ya los curas no trabajan?: en el bar se solicita mi atención a cambio de unos vasos de vino de mala calidad; en el burdel las putas me hablan de sus hijos índignos y de la dura lucha contra las arrugas y las várices; en el tren un vago me pide la hora y luego me arroja durante todo el viaje los destellos de su pasado glorioso. A la señora del kiosco le compro un atado de cigarros, se los pago y gratuitamente me encaja un atado de chismes. Anoche, cuando apagué el velador, hasta las mosquitos se me acercaban a susurrarme sus secretos, y eran tantos que no pude dormir. Ahora, camino a mi trabajo, a punto de cruzar el paso a nivel, escucho el llamado del tren; más que un llamado parece un grito de desesperación, y aunque me parezca de mala educación esa conducta, como estoy curado de espanto, me quedo bien paradito en medio de la vía, esperando a ver que tiene para decirme tan importante al oído, mi amiga la locomotora. PASIONES Y VIRTUDES: Antes de que este planeta estuviese habitado por hombres y por mujeres, vivían en él, pasiones y virtudes… En el planeta tierra estuvieron viviendo durante cientos y cientos de años, durante toda una eternidad pasiones y virtudes, que se aburrían de lo lindo con el transcurrir de los siglos. Así cada día trataban de inventar un juego nuevo al que jugar para que se hiciese más llevadera la larga, larga, larga, larga existencia. Solía ser la imaginación la que proponía los juegos y un día propuso jugar al escondite. A todos les pareció bien, todos estaban entusiasmados con la idea, pero claro, ¿Quién cuenta?. La primera en levantar la mano fue la locura: -¡YO, YO CUENTO!- la locura. Bueno está bien pues ¡a contar!, vuelve la cara contra ese árbol y comienza la cuenta mientras el resto nos escondemos. La locura se dio la vuelta, volvió su cara contra la corteza del árbol y empezó a contar una cuenta imposible: 1, 7, 2, 55, 88, 3... Y uno a uno, una a una se fueron escondiendo todos y todas. La locura seguía con su cuenta y cada uno iba buscando el lugar más apropiado en el que pensaban que la locura no los encontraría, poco a poco se fueron escondiendo todos excepto uno que tardaba en encontrar el lugar apropiado, ese era el amor. Y es que ya sabes que el amor es bastante indeciso y andaba de un lado para otro sin saber donde meterse. La locura seguía con su cuenta 55, 6, 99, 100… -¡VOY!- Y se dio la vuelta y el amor se metió en el primer lugar que vio. Se metió de un salto en un matorral que había allí cerca, allí se colo y se quedó agazapado con la esperanza de que no le viera, y no le vio. A quien primero se encontró la locura allí tumbada fue a la pereza, ¡por la pereza!, a la imaginación la vio entre las nubes, a la mentira la vio allí pero como era mentira, estaba allí, por la mentira... Y así uno a uno fueron apareciendo todos, la locura fue encontrándolos a todos. Al poco rato faltaba solamente uno por encontrar, aquel era el amor. Y es que ya sabéis que encontrar el amor es bastante difícil. El juego ya empezaba a hacerse pesado, así que la locura empezó a impacientarse: -Amor sal ya, que se hace tarde- Pero el amor ya sabes que es muy indeciso y no solamente uno tarda en encontrarlo sino que a veces tarda demasiado en salir a la luz. El amor asustado no salía. La envidia, que suele preocuparse bastante más de los demás que de sí misma, se acercó al oído de la locura y le dijo: -El amor está oculto en esas zarzas- La locura muy enfadada fue hacia las zarzas y empezó a gritar: -¡Amor sal ya, se nos hace tarde!- Pero, creo que he dicho ya, que el amor es indeciso y que una vez que lo encuentras es difícil sacarlo. La locura muy enfadada trató de meter la mano entre los arbustos para sacar al amor de las orejas con tan mala fortuna que se pinchó con una espina y es que a veces hacer salir al amor es doloroso y la locura muy enfadada arrancó una vara que había junto, la introdujo en el matorral y empezó a agitarla entre las ramas. De repente, sonó un grito. De entre las ramas de las zarzas salió el amor con los ojos ensangrentados, la locura en su locura, al agitar la vara entre las zarzas, le había sacado los ojos al amor dejándolo ciego para siempre. Todos se quedaron muy callados mirando al amor con los ojos vacíos, sin saber qué decir, nadie. Quizá aquella fue la única ocasión en la que la locura habló con un poquito de cordura, porque dijo: "No os preocupéis, desde ahora yo seré sus ojos". Y es por eso que desde entonces, familiares y amigos, el amor es ciego y la locura son sus ojos. EL DUELO O LA REFUTACIÓN DEL HOROSCOPO: Dos hombres nacen el mismo día, a la misma hora... Sus vidas no se cruzan hasta que son enamorados por la misma mujer, entonces se encuentran y pelean por ella. Uno de ellos obtiene la victoria y el amor, al otro le corresponde el dolor, la humillación y quizá la muerte. Los astrólogos han previsto ese día el mismo horóscopo para los dos. Tal vez son erróneas las predicciones o tal vez se equivoca uno al pensar que el amor y la muerte son destinos distintos. EXTRAÑO: Qué extraño, pensó mientras se ponía el cañón del revolver en la boca, siento como si esto lo hubiera hecho antes. ¿Para qué matarse dos veces? Tiró el arma y se durmió. LA DULCE CAROLA: Yo conozco la historia de un tipo que se enamoró desde una ventana… Es la historia de un amigo, vive en México en el D.F., trabaja en la octava planta de un edificio, en unas oficinas en el centro de la ciudad. Y un día, estaba con la mirada perdida en el smog del D.F. cuando bajó la mirada del cielo a la calle; o más bien del smog al cielo, porque allí estaba ella, la dulce Carola, de belleza soberbia, radiante cruzaba la calle, y a sus pasos se detenía toda la ciudad. En frente, había un edificio en obras, y todos detenían su ritmo frenético para observar aquella mujer. Un obrero estuvo tentado de lanzarle un piropo, pero el de al lado le dio un codazo para callarlo; tal era el silencio litúrgico que imponía esa mujer. Y mi amigo se quedó embobado mirando aquella mujer, cruzando la calle. Ella iba pensando en lo suyo, pensando quizás en lo duro que iba a ser su nuevo trabajo en el restaurante de la esquina. Se quedó embobado viendo cómo la puerta del restaurante devoraba a aquella mujer, y supo mi amigo que nada sería igual. A la mañana siguiente, después de haber estado toda la noche pensando en aquella mujer, mi amigo salió a la ventana, se asomó y allí la encontró. Y aquella cita era diaria, aquella cita se convirtió en una obsesión; día a tras día mi amigo se asomaba a la ventana y la veía pasar, se preguntaba como sería ella, como sería su vida, como despertaría, como dormiría. Pasaban los días, y pasaban los meses, y mi amigo a veces creía percibir el perfume de ella desde lo alto del edificio, fíjate. Creía escucharla tararear una canción y la melodía le perseguía durante todo el día. Y pasaban los meses, y pasaron años. Y mi amigo asomado a la ventana, preocupándose cuando la veía caminar bajo la lluvia sin paraguas, preocupado cuando la creía ver mas delgada. Paso mucho tiempo, y muchas veces estuvo tentado de bajar los ocho pisos para decirle a aquella mujer, que: ¡que diablos! que la amaba. Pero no lo hizo. Y paso mucho tiempo, cuatro años asomado a la ventana, y planeando el momento preciso para acercarse a ella. Y por fin tomo una decisión: sería este día. Ese día terrible, mi amigo se sorprendió un poco cuando no la vio pasar por debajo de su ventana, pero aún así se fue a buscarla al restaurante; buscó a Carola entre las mesas pero no la encontró, así que preguntó al encargado. Le dijo que Carola se había marchado, no del restaurante, del D.F. Se había ido a Acapulco con su familia, y no iba a volver más. Y mi amigo supo del sabor amargo de la derrota. Supo que aquella mujer no volvería a cruzar por debajo de su ventana, y subió los ocho piso arrastrando los pies, y no se sorprendió cuando en la octava planta encontró a todo el mundo alborotado, de un lado para otro, frenéticos. Alguien con el rostro desencajado le dijo que la empresa había quebrado, que estaban en la bancarrota, así que todos a la calle. En un día había perdido todo: la mujer que amaba, el trabajo. Se volvió para casa, no muy sorprendido, todo encajaba. El mundo se derrumbaba y lo hacia todo de una vez. Durante mucho tiempo estuvo abandonándose en casa, sin saber que hacer, y solamente pensando en la Dulce Carola. Primero sin el valor para salir a buscarla a Acapulco, y luego sin la plata necesaria. Pasó otro año, 5 años desde que vio a Carola por primera vez, y decidió, pues, tomar una decisión. Empezó a buscar trabajo, pero mi amigo tenia 39 años, y en México no es fácil encontrar trabajo a esa edad, porque ya no eres el joven agresivo que buscan las empresas, sabes?, y en todas las entrevistas de trabajo le decían que no y que no. Así que mi amigo decidió tomar una decisión que cambió su vida. Decidió buscar a un coyote (un coyote en México es un tipo que se dedica a negocios turbios). Veréis, mi amigo buscaría a un coyote para que le hiciese una falsificación de la partida de nacimiento; mi amigo bien podría aparentar 34, así que le pediría al coyote una partida de nacimiento que dijera que tiene 34 para así poder acceder a algún puesto de trabajo. Así pues, mi amigo se fue para la Plaza de Santo Domingo, cerca del Zócalo, donde están los coyotes. Y ahí tienes a mi amigo perdido, colgado de un lado para otro. Se acabó perdiendo entre las callejuelas, y apareció en un callejón inhóspito, en un portal antiguo. Observó como un anciano le sonreía y le hacia señas para que le siguiera. Mi amigo siguió a aquel misterioso hombre, y supo que era un coyote. Le dijo: -Yo soy tu hombre, se lo que necesitas- -Si ya se, necesito una partida de nacimiento que falsifique que tengo 34- -Vale, vale, dame tus datos-. Empezó a tomar datos, y mientras tomaba datos, el viejo coyote, le dijo: -¿Alguna vez estuviste en Acapulco?- Y a mi amigo le dio un vuelco al corazón y se deshacía en el ácido del recuerdo, -Nunca- Y el viejo le dijo: -Veras, yo vivo cerca de la autopista hacia Acapulco, cerca de Tepozán, ¿Conoces la curva del autopista? ¿Conocéis la leyenda verdad?- Mi amigo también; la del fantasma que hacía autostop en el mismo sitio, que se subía en el primer coche y desaparecía en la misma curva en que se mato. Aquella carretera estaba deshabitada. Casi nadie pasaba por allí por miedo al fantasma. Mi amigo asintió, y el viejo le dijo: -Pues veras, muchas veces he estado tentado de agarrar la autopista para Acapulco y empezar de nuevo- -Espera un momento- Y mi amigo, se quedó pensando en Acapulco y mil huidas. Al rato vino el viejo coyote, con los documentos falsos, y se fue para casa. Aquella noche sólo pudo dormir con el recuerdo de la Dulce Carola. A la mañana, el teléfono sonó bien temprano. Alguien al otro lado le decía: "Oye que tienes que venir a la reunión, que es urgentísimo, que tienes que estar aquí, vente para la oficina!". Y mi amigo colgó el teléfono, maldiciendo al tipo al otro lado de la línea: -¡La oficina! ¡Bah!". El caso es que antes de despedirse, el coyote le había dicho: "Ten cuidado, vuelves a tener 34 años, no repitas lo errores". Y pensó en las palabras del coyote mientras se despertaba; encendió la radio, y en la radio las noticias de otras veces. Mi amigo buscando los papeles del coyote; no los encontraba. De repente alguien dijo la fecha, era la de hacía 5 años. Bajó corriendo las escaleras y compró el primer periódico que vio. Miró la fecha, y era la de hacía cinco años. Volvía tener 34 años. Agarró el primer taxi que vio, se fue para su oficina volando, subió las ocho plantas corriendo, y allí estaba todo igual: su mismo despacho, la misma gente. Y la misma ventana. Mi amigo se acercó a ella, se asomó y su aliento se detuvo; como toda la ciudad, al paso de la Dulce Carola, todo empezaba de nuevo. Ahí tienes a mi amigo, con todo el futuro por delante, o con todo el pasado, no se muy bien. Volviendo a mirar por la ventana y encontrándose con aquella mujer; ahora jugaba con ventaja, porque conocía los plazos del tiempo que le quedaba. Aún así, dejó pasar el primer año deleitándose, asomándose por la ventana, y planificando bien la declaración de amor; pensando en la pose precisa, en las palabras adecuadas, y dejó pasar el tiempo. Un día se presentó en el restaurante a la hora de comer, se sentó en la primera mesa que vio libre, y vio a Carola, deambulando entre las mesas, se acercó, se puso delante de él, y le dijo: -¿Qué desea?-, aquel era el momento, ésa era su oportunidad, así que su garganta se tensó como una cuerda de guitarra, y mirándola le dijo: -Una sopa de cebolla y un filete bien cocido, por favor-. Carola tomó nota y se fue. Mi amigo se estuvo maldiciendo toda la noche, así que al día siguiente, ahí le tienes, sentando a la misma mesa, mirando a Carola, clavando sus pupilas en las de ella y diciendo: -Una sopa de cebolla y unos tacos de camarones, por favor-. Y al día siguiente, armándose de valor: -Una sopa de cebolla sólo, por favor-. Y así, día tras día, asomándose por las ventanas viéndola pasar, y a la hora de comer asomándose a una sopa de cebolla. Y el tiempo pasaba. A veces mi amigo creía que ella fijaba su vista en él, y entonces, aah amigo. Entonces las palomas del parque volaban, los borrachos en las tabernas brindaban a su salud, los feligreses en las iglesias se abrazaban, y los soldados en primera línea de fuego se daban largos besos en la boca. Y pasaba el tiempo, pasaban los días, pasaban los meses, y pasaban los años, años de sopa de cebolla. Por fin llego el momento; no podía retrasar más la declaración. Al día siguiente Carola se iba y aquella noche casi no durmió mi amigo. Pero al día siguiente ahí se presento, se acercó a Carola como todos los días y le dedico una sonrisa, quizás más afectuosa que otras veces, nose. El caso es que se hizo silencio un instante que pareció eterno, ahí pensó decir: "Me gustas cuando callas por que estas como ausente", o no se, quizás, "¿Por qué me despierto de madrugada mientras todos duermen?" Pensó en decirle: "Me dueles mansamente, me dueles, quítame la cabeza, córtame el cuello, porque nada queda de mí después de este amor". Pensó en decirle simplemente: "Quédate conmigo, por favor". Y por fin: -Una sopa de cebolla, por favor-. Era inevitable. Mi amigo comió la sopa de cebolla como un condenado a muerte, en calma y en silencio, y se fue para casa, ni siquiera pasó por su despacho, sabia que la derrota era inevitable, y a mi no me sorprende mucho porque creo que alguien dijo una vez que: "los amores cobardes, no llegan ni amores, ni a historias; se quedan ahí, ni el recuerdo los puede salvar ". Al principio mi amigo se derrumbó, pero luego, luego también, pero trató de buscar de nuevo al coyote para encontrar la posibilidad de, de yo qué sé. Y se fue para la plaza de Santo Domingo, y rebuscando encontró el nuevo callejón y el antiguo portal, y no, encontró una sucursal del Fondo Monetario Internacional; esos eran otros coyotes, esos no le interesaban. Así que recordó las palabras del viejo coyote: cerca de Tepozlan, recordó la curva del autostopista. Agarró el carro y se fue para allá. No se sorprendió cuando se encontró un poblado fantasma; aquel pueblo era una sombra del pasado, todo ruinas, abandonado desde hacía mas de 50 años. Empezaba a hacerse de noche. Mi amigo se sonrió, asumió la derrota y decidió volver a casa cuando ya era noche cerrada. Entró en el coche y al poco de salir del pueblo, encontró a una chica haciendo autostop en el arcén. Mi amigo no lo dudó, paró, bajó la ventanilla, y -¿A dónde vas?-, -Al D.F.- -Pues sube-, y al poco de subirse ella dijo: -Tenga mucho cuidado en la siguiente curva- Y apenas pudo acabar la frase, porque en la última palabra sonó el reventón de una rueda, así que mi amigo, se tuvo que hacer a un lado de la carretera, y dijo: -Disculpa-, Y tenías que ver la cara del autostopista, porque la curva quedaba lejos. Bueno, Pues, se detuvieron, él bajó a cambiar la rueda, y ella con él y empezaron a hablar; una conversación trivial, pequeñas cosas, que fueron creciendo como bolas de nieve hasta convertirse en grandes cosas, -¿Y tú de dónde eres?- -Pues yo del D.F.- y él le preguntaba: -Y a qué te dedicas-, y ella decía: -Antes estudiaba, pero ya no-. Al rato no sé que le estaría contando él porque ella se descojonaba de risa, y jamás nadie había tardado tanto en cambiar una rueda, la verdad. Y la noche pasaba, y mi amigo le empezó a contar la historia de la dulce carola, del coyote, y de la ventana, y de la sopa de cebolla, y le decía a la mujer: "¿Te lo crees?", y la mujer decía: "Si yo te contara, yo sé lo que es desaparecer justo en el momento preciso, yo sé lo que es repetir la historia una y otra vez, yo te entiendo". -¿Tu crees en los amores a primera vista?- -¿Acaso existen otros?- Aquella mujer, la autostopista era hermosa, no se si tanto como Carola, pero era hermosa, triste pero hermosa. Aquel silencio fue eterno, y él le dijo: -Volvamos al coche, te llevo al D.F.- Y mientras se subían al coche, el pensó en decirle: "Quédate conmigo, huyamos juntos a cualquier sitio, empecemos de nuevo", yo que se y quizás ella pensaba lo mismo, pero sin embargo, dijo: "Ten cuidado con esa curva" y mi amigo tuvo mucho cuidado, paso la curva y con los ojos fijos en la carretera, mi amigo no se atrevía a mirar en el asiento de al lado. Quizás ella también se había marchado como la Dulce Carola y volvía a estar solo, se dirigió hacia la autopista y cuando iba a entrar en ella escucho una voz al lado que decía: -¿Alguna vez has estado en Acapulco?- Mi amigo miro en el asiento de al lado y hay seguía ella, ahora estoy seguro era mas hermosa que Carola, mi amigo dijo: -Nunca-, y ella le dijo: -Pues llévame-. Y se fueron y así siguen en la carretera. Mi amigo no volvió a ver a Carola, porque lo importante no era Acapulco, lo importante era el viaje, y saber que hay que tener memoria para no repetir los errores y saber que la historia no se debe repetir. Sobre los fantasmas, no sé si creer. Yo no sé si hay vida después de la muerte. Hay gente que se cuestiona si hay vida antes de la muerte. Yo personalmente me cuestiono si hay vida antes de las 12 de la mañana. El caso es que por aquella carretera ahora pasan después de media noche, no se si existe un coyote que me devuelva a mi pasado, no creo, pero yo personalmente no dejare que pases por debajo de mi ventana sin pedirte que te quedes conmigo, ni que subas a mi coche sin que emprendamos una urgente huida. DIECISÉIS ENANOS Y MEDIO: En Maracaibo vivían dieciséis enanos y un medio enano... Todos eran hermanos y el medio enano era el hermano de el medio, también hay que decir que eran sus medio hermanos, pues solo compartían el padre, claro que lo compartía solo con la mitad pues los otros ocho querían mas a su madre que a su padre, al que no le perdonaban haberla engañado. Los ocho ignoraban que era un engaño a medias, es decir, su madre también había engañado a su padre, de hecho esos ocho eran hijos de otro enano. Lo que nos deja con el hecho que los ocho y los ocho son solo medio hermanos. Si un día descubrieran toda la verdad se sentirían desilusionados, pero solo a medias, claramente. MAGIA: El mago Rizzuto no conocía ningún truco... Su número era bien sencillo: golpeaba su galera con una varita azul, y luego esperaba que apareciera una paloma. Naturalmente, la total ausencia de dobles fondos, de mangas hospitalarias y de juegos de manos conducía siempre al mismo resultado desalentador, la paloma no aparecía. Rizzuto solía presentarse en teatros humildes y en festivales de barrio, de donde casi siempre lo echaban a patadas. La verdad es que el hombre creía en la magia, en la verdadera magia. Y en cada actuación, en cada golpe con su varita azul estaba la fervorosa esperaza de un milagro. Él no se contentaba con las técnicas del engaño. Quería que su paloma apareciera redondamente. Durante largo tiempo lo acompañaron la desilusión y los silbidos. Otro cualquiera hubiera abandonado la lucha, pero Rizzuto confiaba. Una noche se presentó en un club, como de costumbre. Otros magos lo habían precedido. Cuando le llegó el turno, dio su clásico golpe con la varita azul. Y desde el fondo de la galera salió una paloma, una paloma blanca que voló hacia una ventana y se perdió en la noche, apenas si lo aplaudieron. Las muchedumbres prefieren un arte hecho de trampas aparatosas a los milagros puros. OBSERVANDO LAS ESTRELLAS: ¿Han oído ustedes hablar alguna ves de las sondas Voyager? En los años 60 se lanzaron varias sondas para explorar el espacio, hacer mediciones, tomar fotografías. Que inquietud de la especie humana, siempre. Incluso algunas de estas sondas han pasado los confines del sistema solar. En cierta forma la sondas son como una botella en el mar. Dentro de las sondas hay un mensaje, dentro de las sondas Voyager se introdujo el disco de oro, se introdujo un disco en el que se podían oír sonidos del planeta tierra, saludos en diferentes idiomas, canciones de los Beatles, la música de Mozart, de Beethoven. La idea era que si vida inteligente extraterrestre encontraba la sonda vagando por el espacio, al escuchar el disco podían hacerse una idea de cómo somos los seres humanos. La idea se le ocurrió a un científico llamado Carl Sagan, que estaba obsesionado con encontrar vida inteligente fuera del planeta tierra, por que dentro había desistido. Yo siempre pensé que si un extraterrestre en cuestión escuchaban canciones que contenía el disco de oro, tendría que pensar que este lugar es un sitio maravilloso, al escuchar las canciones de los Beatles podrían pensar que hemos superado cualquier tipo de desigualdades, al escuchar la música de Beethoven y de Mozart pensarían que habríamos llegado a lo mas alto de nuestra civilización. Familiares y amigos imagínensen que un día un habitante de un planeta que habita en la orbita alfa-centauro encuentran la sonda Voyager. EL HOMBRE QUE ERA EXTRAÑO: Cuenta la historia de un hombre que al parecer era extraño… Porque este hombre iba por la calle y besando todo, iba por la calle y besaba las aceras, las farolas, los semáforos, los coches, besaba a los transeúntes que pasaban a su lado, besaba a los policías, besaba las paredes de las casas, su puerta, las escaleras que conducían hacia su piso, besaba todo. Y las autoridades le consideraron peligroso porque no podía ser un hombre que fuera besando a todo el mundo por la calle. Le consideraron extraño y peligroso y decidieron encarcelarlo. Y lo metieron en la cárcel y aquel hombre extraño besaba las paredes de barro, besaba los barrotes, besaba a su carcelero, besaba la ración de comida que le daban todos los días, el jergón en el que dormía, besaba el suelo y el techo. Puesto que veían las autoridades que no recapacitaba, que no cambiaba su conducta y decidieron ponerle fin y ejecutarle pues aquel hombre por ser así era extraño y peligroso. Así fue… Y beso a los ejecutores y beso las balas que le mataron… Le enterraron en una loma en lo alto y desde aquel día y desde el cielo los pájaros descubrieron que al mundo le habían nacido labios. CARTAS DE AMOR: Ellos se conocieron por casualidad, que es como se suelen encontrar los grandes amores, casi siempre por casualidad, por una llamada equivocada, por un encuentro fortuito. A ellos lo que les paso fue que el había quedado en aquel café con una persona que no vino, y claro, la vio a ella sentada en la mesa del café, radiante, así que, harto de esperar se acerco y dijo: -Ya que he venido hasta aquí, no puedo desaprovechar esta ocasión- Se acerco a la mesa y dijo: -¿Me permite?- -Por supuesto- Esto solo suele pasar en las historias que te cuentan otros, nunca en la vida real, por lo general cuando dices: -¿Me permite?- Dicen: -¿De que?- A lo mejor ella estaba esperando a alguien que tampoco vino, quien sabe, yo que se, habrá que inventar otra historia en la que ella le dice: -De que-, en este caso ella lo invito a el para que se sentase, y el se sentó. Y claro, no había de que hablar. -¿Y que lees?- Lo malo fue que el no había leído nada del escritor que ella estaba leyendo, mal empezamos mal, muy mal, por ahí no. -Bonito día- Pero enseguida empezaron a profundizar, por que ella dijo: -Si, la verdad es que hace un bonito día- Y aunque no lo hiciera. Pero poco a poco el fue venciendo esa timidez que le caracteriza y fueron profundizando. Al principio el para llamar su atención contó una que otra mentira, que era escritor, luego reconoció que nunca le habían publicado nada, pero eso vino mas tarde, cuando ya se conocían mas, cuando pasaron del café a la cerveza. Por entonces ya estaban descubriendo que tenían mas afinidades de las que pensaban al principio, y compartían gustos cinematográficos, y por eso el le dijo: -Oye, y si vamos a ver esta, ¿Has visto La vida es bella?- Y ella: -No- -¿Quedamos el fin de semana?- -Bueno- Y aquel fin de semana pues, yo no se muy bien si para sorprenderla o no, pero el caso es que el rompía a llorar en cada escena en la que aparecía el chico pequeño, esto a ella le enterneció, yo quiero pensar que era de verdad. Resulta que coincidían en mas gustos, y también en lo musical, y le dijo: -Oye, este fin de semana toca Ismael Serrano- -¿Ismael que?- -¿Pero a ti te gustan los cantautores?- -Los de verdad me gustan- Pero el la convenció y fueron. Cuando el empezó a cantar aquella de Vértigo, pues se atrevió a tomarle la mano. Y poco a poco se fueron inevitablemente enamorando, pero no por esto de Ismael Serrano, ni por el Vértigo, quizás mas por aquello de llorar con La vida es bella. Una mañana el se levanta y al abrir los ojos se da cuenta de que esta perdidamente enamorado de ella, y quedaron entonces en aquel café en el que se conocieron por casualidad. Los momentos importantes suelen coincidir casi siempre en los mismos sitios, no estoy muy seguro de lo que acabo de decir, pero es una buena frase. Pero fue en aquel café en donde ella le dijo: -Sabes, creo que me tengo que ir durante algún tiempo- -Yo te iba a decir casi lo contrario, que te quedaras conmigo para toda la vida- Y ella dijo: -No te preocupes por que yo estaré esperando el día que vuelva para retomar contigo este camino que emprendimos, además, cada quince días puntualmente te mandare una carta en la que te contare todo lo que hecho, todo lo que siento, todo lo mucho que te hecho de menos, y todo lo poco que nos falta para vernos- El dijo que bueno, pero que si no te vas casi mejor, pero se fue. Fue entonces cuando descubrió que aquello no tenia remedio y que estaba perdidamente enamorado, que no había ningún elixir que hiciera que la olvidase, que no era cierto aquella de que un clavo saca otro clavo, que a veces es cierto que los amores a primera vista existen, bueno, ¿Es que acaso existen otros?. A los quince días puntualmente llego la carta de ella toda llena de besos y de caricias, de te hecho de menos, el lloro, y esta vez era de verdad. Y guardaba las cartas con mucho cariño encima de la mesilla. Pasaron quince días, y otros quince, y otros quince, y otros quince, y las cartas se iban acumulando. Y su vida consistía en esperar a que llegara el decimoquinto día, abrir el buzón y encontrar la carta de amor en la que ella prometía volver, esperar esa carta en la que ella le diría que volvía pronto. Y pasaron años, muchos años, y ya las cartas casi no cabían el la casa, se compro una gran caja fuerte para guardar todas las cartas, por que eran su gran tesoro, por que vivía para leer las cartas que ella le había escrito, por que ella era lo que mas quería, y así pasaron creo que diez años, quince, no me acuerdo. Y un día ella, sin saber como ni porque, dejo de escribir, y al quince día el se encontró el buzón vació, y el alma partida en dos. Ahora solo podía vivir del recuerdo, leyendo las cartas que ella le había escrito con tanto cariño, aquellas cartas eran su mayor tesoro. Un día el salio de casa, porque tenia que salir, y unos ladrones entraron en su casa. Al ver allí la gran caja fuerte no se lo pensaron dos veces, porque pensaron que debía esconder algún gran tesoro, grandes riquezas, realmente no era. Y se llevaron la gran caja fuerte. Imagínate la desolación de nuestro protagonista cuando llega a su casa y se da cuenta que le han robado lo que el mas quería, lo que le hacia sentirse vivo algunas tardes de domingo cuando no sonaba el jodido teléfono, cuando releía aquellas cartas y aquellas promesas quien sabe si falsas. Suele pasar que los ladrones son buenas personas, y este era el caso. Pero imagínate la cara de los ladrones cuando abren la caja fuerte y se encuentran montones de cartas de amor, declaraciones imposibles. El jefe de los ladrones se enfado un poquito, pues la caja pesaba, y llevarla a la guarida no era tarea fácil. Nuestro hombre vagaba casi moribundo por las calles de su ciudad, con la esperanza de encontrar alguna carta, a alguien que le hablara de una gran caja fuerte llena de cartas, perdido sin saber ya que hacer. El jefe ladrón lo que dijo es que aquellas cartas lo que había que hacer era quemarlas o tirarlas al río, lo que fuera, pero que desaparecieran de inmediato. Pero el mas joven de los ladrones era mas bueno, y se le ocurrió una gran idea. Un día nuestro hombre llego a casa después de estar buscando toda una tarde, y al abrir el buzón, ¿Adivina lo que se encontró?, una carta. Los ladrones habían decidido mandarle las cartas tal y como ella se las había mandado, puntualmente cada quince días, por riguroso orden. Ahora el resucitaba con la esperanza de revivir aquellos momentos en los que quizás un día leer la carta en la que ella diría: -Pronto estaré allí-.

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