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TheReaperLulluby

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Primer post: 15 ago 2015Último post: 8 nov 2015
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La silla electrica historia de su creacion
InfoporAnónimo10/16/2015

Por el titulo ya sabran de que vendra este tema,si la silla electrica. Empezemos por saber quien fue el que impulso al desarrollo, nadie mas que el inventor de la bombilla electrica Thomas Edison con ayuda de su empleado y ulimo disipulo Harold P. Brown, el cual ademas de participar en la creacion de este instrumento de ejecución buscaba como principal fin el apropiarse el del monopolio de suministro de luz de los estados unidos. kevin Kemmler primer ejecutado en la silla electrica pero ¿porque el creador de tantos inventos que cambiaron la vida de cientos de personas creo algo como la silla electrica? En 1886, el estado de Nueva York estableció un comité encargado de determinar un nuevo sistema de ejecución más humano y eficaz que la horca. No fue esa misericordia lo que llevó a Edison a impulsar, financiar y participar en la creación de la silla eléctrica, sino una simple disputa económica y comercial con el también inventor e ingeniero George Westinghouse. Su único objetivo era hacerse con el monopolio de la implantación del suministro eléctrico en los hogares de las principales ciudades de Estados Unidos. Y ahora que sabemos el porque de su creacion ¿como funciona? En la primera ejecución con silla eléctrica se utilizó una intensidad de 700 voltios, que demostró ser infectiva, por lo que se aplicó una segunda descarga de 2000 voltios, suficiente para causar la muerte. Desde ese entonces, la silla eléctrica ha evolucionado. Se utiliza una descarga continua de electricidad, que va variando en voltaje en tres ciclos: Dos de 8 segundos y uno de 20. El condenado es amarrado a la silla eléctrica y se le coloca un casco con electrodos y una esponja mojada en la cabeza. Asimismo, se añaden electrodos a sus piernas. La primera descarga es de 2.000 voltios por 8 segundos, bajando a 1000 por 20 segundos, para luego volver a los 2.000 por 8 segundos extra. Una vez que se aplica el golpe eléctrico sobre el cuerpo del condenado, se produce una contracción muscular que detiene el funcionamiento de corazón y pulmones. Pasados los 36 segundos que dura el proceso, un médico examina el cuerpo y determina si la persona murió.

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Casi quemo mi casa, y te lo cuento
OfftopicporAnónimo8/15/2015

Como estan linces, el dia de hoy les vengo a contar, como estuve a punto de quemar mi casa. Todo empezo hace unos, dias el sol estaba brillando, bueno no, llovia de la verga, porque en mi colonia casi todos los dias llueve, ok al punto, mis padres habian salido, por lo tanto, casa sola, podia hacer lo que yo quisiera, asi que por azares del destino, cruzo por mi loca y atrofiada mente el intentar cocinar, ya que no habia comida en casa y me daba weba ir a la tienda por una sopa maruchan, asi que pense "vamos no debe ser tan dificil, si se cocinar en world of warcraft, debe ser casi lo mismo en la vida real". Y me puse manos a la obra, como no habia sartenes limpios, tome un sarten que mi mamá no habia estrenado aun, por lo tanto tenia su plastiquito de nuevo, su sello y toda la cosa, tambien tome una cosa donde se hierve el agua, de la cual no recuerdo el nombre, el punto es que la llene de agua y le heche el arroz, espere a que hirviera por como 15 min, lo saque y quedo como una especie de masa deforme, la cual ni el perro de mi vecina se lo quiso comer. Despues de el desastre y la desilucion del arroz aun tenia la esperanza de hacerme un rico bistec asado con salsa roja. Entonces agarre un pedazo de carne que quedaba en mi nevera, lo condimente y procedi a rociar el sarten con un chingo de aceite para que quedara bien grasoso y lleno de proteinas, avente el pedazo de carne de res con sal y oregano en el sarten y lo deje por un rato en lo que ponia un disco de metallica y prendia la tele, cuando recorde que no le habia quitado el sello de papel que le ponen a los sartenes nuevos ni el plastico de la parte de abajo. Sali corriendo a la cocina para encontrarme un sarten en llamas, quite la carne y lanze el sarten contra la ventana, lo que hizo que esta se prendiera en llamas y casi alcanzara el tanque de gas que esta detras de la cocina, con una fuerza sobrehumana arranque la cortina y la tire al patio de atras donde no habia nada inflamable y le empeze a tirar agua con la manguera, y despues de un duro trabajp logre apagar el fuego, entonces regrese a mi casa, esperando que mi bistec sobreviviera, pero para mi mala suerte mi gato se lo estaba comiendo y no se lo pude quitar porque salio corriendo con el bistec en la boca. Despues de tanta tristesa, decidi ir a la tienda por una sopa maruchan, la cual tanta weba me daba salir a comprar. Despues de 4 horas del incidente llego mi madre, y preguntando con sus clasicos gritos donde estaba la cortina y porque olia a quemado le conteste con algo muy simple "el gato la rompio y la tire a la basura porque ya no aguantaba, ah y creo el vecino andaba quemado basura". Y asi fue como mi casa estuvo a punto de estallar en llamas.

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Burdel de las parafilias episodio 1
Burdel de las parafilias episodio 1
ParanormalporAnónimo10/8/2015

[No se recomienda que lo lean las personas de poco criterio o demasiado moralistas] Leonel había escuchado rumores acerca de un burdel clandestino en el centro de la ciudad, decían que en ese lugar se llevaban a cabo toda clase de perversiones, desde BDSM hasta canibalismo, zoofilia, coprofilia e incluso necrofilia; claro que el costo variaba de acuerdo a la perversión deseada. Él siempre había sido un pedófilo en secreto, se paseaba constantemente fuera de las primarias observando con lascivia a las pequeñas niñas en sus uniformes escolares, imaginando sus cuerpos poco desarrollados debajo de estos. Deseaba tanto poseerlas como matarlas a golpes, pero por supuesto, aquello era ilegal. La Deep Web era un paraíso para él: miles de fotos de pequeñas niñas desnudas realizando actos sexuales y algunas incluso siendo maltratadas, todas clasificadas por edades; Sus preferidas eran las de siete años porque consideraba que dejaban de parecer bebés para empezar a tener un poco de femineidad. Así pasaba sus solitarias tardes, masturbándose con aquellas pequeñas sin nombre, deseando poder realizar su fantasía pero controlándose al saber que terminaría en prisión. Por ello, en cuanto escuchó sobre aquel burdel sus ojos se iluminaron. Ahorraría hasta el cansancio, no le importaba cuál fuera el precio: quería poseer una de esas lolitas. Cuando por fin juntó una suma considerable de dinero, acudió a la dirección que le había sido indicada. Era un viejo edificio que lucía abandonado, en la entrada estaba una anciana pidiendo limosna con una niña de aproximadamente cuatro años, sucia y harapienta. “Espero que ésa no sea la clase de niñas que hay dentro”, pensó él. Le habían dicho que le preguntara a la señora por “Liss”, y así lo hizo. —Le puedo decir dónde encontrarla, pero… ¿Está seguro de querer verla? Leonel respondió afirmativamente, y tras darle un par de billetes a la anciana, ésta le señaló una puerta en el interior del edificio. Él percibió un extraño aroma que le recordó su visita a alguna mina, pero lo ignoró y siguió caminando hasta la puerta. Detrás de ella había unas escaleras descendentes de las que provenían música y luces danzantes. Tal parecía que estaba en el lugar indicado. Al final de las escaleras había una larga estancia en la que se estaba realizando una orgía. Eran al menos veinte personas teniendo sexo simultáneamente, todos poseían cuerpos hermosos y tentadores. Observó en particular a las mujeres de piel que parecía cincelada por Miguel Ángel, de largas cabelleras rubias, castañas, pelirrojas, delgadas y con curvas, pero todas de una excepcional belleza; Sin embargo, dentro de toda la bacanal no había una sola niña, y esto lo decepcionó bastante. —¿Quieres unirte? —le preguntó una mujer de largo cabello castaño y ropa formal pero provocativa. Leonel rechazó la propuesta y averiguó que aquella mujer era Liss. Le dijo lo que deseaba y ella le pidió que la siguiera hasta su oficina. Ahí rebuscó entre una larga biblioteca y extrajo una carpeta azul que le entregó. —Éste es nuestro catálogo de niñas de entre seis y nueve años, están ordenadas por fecha de nacimiento. Avíseme cuando encuentre alguna de su agrado. Leonel pasó aquellas hojas, tenían varias fotografías de cuerpo completo y debajo de ellas un nombre y algunos datos: “Le gusta morder”, “Buena para trabajos manuales”, “Muda”, “Sin dientes”… Ninguna le llamaba del todo la atención hasta que vio una fotografía que resaltaba entre las demás: una hermosa pelirroja de ojos color miel: “Haley R.: tímida, recién llegada, sin usar”. Rozó ligeramente la fotografía con el dedo índice. Supo que era la correcta y así se lo dijo a la mujer. Haley Haley R. —Perfecto, ¿y será desechable? —¿Disculpe? —Me refiero a que si no podremos ocuparla después, ¿Piensa cercenarla o comerla? —Ah, claro, será desechable. —En eso caso, ¿Quiere algunas herramientas en la habitación? —Sí, eso estaría bien. —Perfecto, y ¿Gusta de algún escenario en especial? ¿Un confesionario, un manicomio, un salón de clases? —El salón de clases —dijo él inmediatamente. —Entonces supongo que le gustaría que la niña llevara un uniforme escolar. —Sería excelente. —Es usted demasiado predecible, pero me parece bien, la habitación estará lista en una hora, mientras tanto puede unirse a la orgía en la estancia. Leonel regresó a contemplar la maraña de cuerpos, eran diferentes participantes pero igual de bellos que los primeros. Se sentó en un sillón a observar aquella actividad, supuso que se le cobraría más si participaba, así que se contuvo, aunque en realidad aún no había preguntado cuál sería el precio. No que importara, tenía suficiente dinero como para pagar una casa. Una hermosa joven desnuda se acercó a él con una charola repleta de rollos de sushi y unas cuantas copas de lo que parecía vino. —Son… ¿Humanos? —preguntó nervioso, creyendo que aquella chica se reiría de él. —Sólo la mitad de la derecha, tenemos algunos clientes quisquillosos. —¿Y exactamente de qué son? —Los california tienen pezón, los filadelfia tienen vagina y los tampico corazón. De beber tengo sangre A+, O+ y vino espumoso, ¿Gusta algo? —Leonel pidió un poco de todo, y le preguntó a la mujer si unirse a la orgía tendría un costo adicional. —Oh, no se preocupe, ya es demasiado lo que cobramos por su fantasía como para cobrar extras. —¿Y si no me alcanza para pagarles? —Siempre se cumplen los pagos —dijo ella apenas conteniendo una sonrisa perversa. Mordisqueó su sushi de pezón y jugueteó con él en su lengua, eso lo excitó bastante. Miró hacia la masa de cuerpos frente a él: una bella mujer pelirrosa con una perforación en la lengua le realizaba un cunnilingus a una chica tatuada y lo miraba incitadoramente; El no pudo contenerse más y se quitó los pantalones exponiendo una gran erección que de inmediato introdujo en la vagina de la mujer perforada. Ella gimió de placer y comenzó a lamer más rápidamente a su compañera que comenzó a gritar histéricamente que quería ser devorada. Un hombre se acercó a ella, pero Leonel estaba muy distraído como para notarlo. Escuchó algunos gritos pero no le importó hasta que fue salpicado de un líquido; abrió los ojos y se dio cuenta de que entre la pelirrosa y un hombre se habían comido la vagina y el rostro de la tatuada. Esto lo sorprendió un poco, pero lo excitó más y terminó eyaculando dentro de la pelirrosa, y se retiró de la orgía mientras los demás continuaban aun con aquel cadáver entre ellos. Tras unos quince minutos Liss apareció de nuevo. —Su habitación está lista, es la 302 —dijo ella y le entregó su llave. —Disculpe… Aún no hemos hablado de cuánto me costará esto. —Lo trataremos después de que termine, usted sólo disfrute la experiencia. Tomó el elevador y llegó al cuarto piso, el lugar no se veía distinto de cualquier hotel. Buscó el cuarto 302 y abrió la puerta nervioso. La habitación era una réplica exacta de un salón de clases, estaban el pizarrón, el escritorio del profesor y unas diez bancas ordenadas, además de las herramientas que le habían prometido. En la primera fila estaba su ángel uniformado, “Haley”. Era mucho más bella en persona, su piel parecía de porcelana. Cerró la puerta con seguro y se acercó a ella, era tan perfecta y por fin era suya, no podía esperar, su pene reaccionó con tan sólo verla. Se puso en cuclillas frente a ella y la besó, la boca inexperta de la niña apenas se movía mientras él introducía su lengua por su garganta, su mano se deslizaba por sus delgados muslos y rápidamente la despojó de su ropa interior. Colocó a la niña en el suelo y le abrió las piernas, comprobando que aún era virgen. En tanto observaba su inmaculada y rosácea vagina, no pudo evitar lamerla como loco; miró el rostro de la niña que cerraba fuertemente los ojos, la tomó de la cabeza y le ordenó que lo mirara. Ella obedeció, entonces la desvirgó bruscamente, la expresión en su rostro valdría cualquier precio, ¡CUALQUIERA! La pequeña comenzó a sollozar y lágrimas brotaron por sus delicadas mejillas. Leonel se excitaba cada vez más, abofeteó a la niña fuertemente hasta que su rostro tuvo un tono rojizo, luego tomó un martillo y comenzó a clavarle la parte posterior en el rostro y el pecho mientras la penetraba más y más rápidamente, hasta que no pudo más y se corrió en el rostro desecho de la niña. Después de eso, no le importaba cuánto cobrarían, podía dar su casa, su auto, se podían llevar hasta a su madre y no le importaría. Salió de aquella habitación bañado de sangre y con un enorme gesto de satisfacción, encontrándose de nuevo con Liss. —Veo que ha quedado conforme. —Bastante, y estoy listo para pagar, valió totalmente la pena. —Me alegra oír eso, ya que el precio es un poco más elevado de lo que piensa. —Bueno, he ahorrado suficiente para esto, ¿Cuánto será?, ¿Veinte mil?, ¿Treinta mil? —No señor, no nos interesa su dinero. —¿Entonces cómo voy a pagarle? —Bueno, digamos que será proporcional a su placer… —dijo ella antes de conducirlo a otra habitación sin número. Le ató los brazos a unas esposas que colgaban del techo y las piernas con otras que estaban en el suelo. Leonel pensó que un negro de dos metros podría violarlo y aun así habría valido la pena, pero lo que apareció en aquel cuarto fueron seis niñas, todas pelirrojas y no mayores de ocho años. Pensó que estaba en el paraíso hasta que las niñas comenzaron a rodearlo, y de pronto lo mordieron vorazmente, arrancándole la piel de sus brazos, abdomen y piernas, tras lo cual salieron corriendo. Nunca había sentido un dolor similar, el cuerpo le ardía terriblemente y no dejaba de sangrar. —¡Ya pagué el precio! ¿Contentos? ¡Déjenme salir! —gritó histérico intentando liberarse de las esposas; Sin embargo, sólo apareció una pequeña niña de nuevo, se parecía demasiado a Haley, pero no era posible, Haley estaba muerta. Ella presionó un botón y Leonel pudo escuchar un ruido similar a un taladro que provenía de debajo de sus piernas; el sonido se fue acercando, hasta que pudo sentir cómo, en efecto, un taladro comenzaba a empalarlo lentamente. —¡Detente! ¡Ya lo entendí, no volveré a hacerlo! ¡Me alejaré de las niñas pequeñas! —le gritó a la niña que sonreía maliciosamente sin dejar de presionar el botón. El taladro seguía avanzando a través de los órganos de Leonel, causándole un terrible dolor como el que jamás hubiera imaginado. Comenzó a sangrar por la boca y a convulsionarse. El sufrimiento era insoportable y sólo deseaba morir. Finalmente, el taladro salió por su boca con rastros de intestino deshecho, y sólo entonces él quedó inconsciente. Al día siguiente Leonel despertó en su cama sobresaltado y con un terrible dolor en el abdomen. “Todo fue un sueño, un terrible sueño”, pensó, hasta que sintió cierta humedad en su cobija: estaba llena de sangre. Miró su abdomen y aún conservaba algunas de las mordidas hechas por aquellas niñas, y en su buró estaba una tarjeta de presentación: “El Burdel de las Parafilias. Vuelva pronto”.

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Puerta estelar en el Golfo de Aden
Puerta estelar en el Golfo de Aden
ParanormalporAnónimo10/22/2015

A estas alturas, es de dominio público que los piratas somalíes son la tapadera para que nadie pase por la zona restringida. Con el cuento de los secuestros consiguen dos objetivos: 1. Tener controlada la zona con un impresionante dispositivo militar y 2. recaudar dinero, mediante rescates y fondos públicos, para mantener el dispositivo mencionado. Últimamente es muy extensa la literatura relativa a las anomalías detectadas en el Golfo de Aden. La cuestión reviste una especial importancia desde el punto de vista científico y estratégico, tanto a nivel geopolítico como geofísico, y en todo caso, supone un interesante reto para el estudio de la morfología geomagnética y su relación con la Radiofrecuencia Cuántica Diferencial. Fundamentación científica. Dada la complejidad del fenómeno, para entender la dimensión del mismo y su alcance, recomendamos la visualización del siguiente reportaje realizado por el proyecto Camelot a Aaron McCollum. En dicha entrevista se formulan las cuestiones que van a documentarse en el presente estudio, que sin agotar la materia enlaza con las anomalías realmente presentes en la zona. Con independencia de la veracidad o no de las declaraciones de McCollum y su interpretación, la comunidad científica internacional ha llegado a un punto de convergencia: En el Golfo de Aden existe un Vortex interdimensional: Todo apunta a una serie de anomalías geomagnéticas que curvan el espacio-tiempo. La naturaleza de los eventos allí reportados continúa siendo controvertida. Ulteriores estudios darán con las claves de lo que allí sucede, pero algo es seguro: “La naturaleza de los eventos del Golfo de Aden, es una de las claves de la reformulación de la física convencional y está íntimamente relacionada con la lógica de la teoría de la Relatividad de Albert Einstein”. link: https://www.youtube.com/watch?v=QML3xDbyMEY Por lo tanto llegamos a las conclusiones de que: 1º.-Claramente existe un vortex en el Golfo de Aden. La cuestión de la utilización del mismo escapa de la lógica de la fundamentación civil, lo que sugiere intervención militar en la zona, con tecnologías que implican el conocimiento avanzado de la fundamentación aquí expuesta. 2º.-El hecho de la existencia de la patente US2003/197093A1, así como su coherencia con los mecanismos expuestos en el presente artículo, sugiere una evidencia fuerte de la existencia de tales operaciones. 3º.-La elección de planos y realidades supersimétricas independientes del observador externo, implica la generación de otros planos de realidad diferentes a las líneas de tiempo del observador. La realidad lineal no puede cambiarse sin el consentimiento del conjunto de los agentes del cambio. La razón, reside en la lógica de las líneas de tiempo t0,t1 y t-1, que implican que existen infinitos planos cuánticos superpuestos que determinan elecciones que sólo se materializan para el que ejercita la ecuación de decisión, sin que por ello afecte a la realidad del resto de los que no han participado en dicha elección. Ulteriores estudios profundizarán en la lógica de uno de los mayores descubrimientos de la ciencia contemporanea. StarViewerTeam International 2011. Referencias Oficiales sobre las anomalías reportadas en el Golfo de Aden. 1.-NASA Science News - Earth’s Inconstant Magnetic Field 2.-Nature - Gulf of Aden axial magnetic anomaly and the Curie temperature isotherm 3.-HUCHON, P., KHANBARI, K. Rotation of the Syn-Rift Stress Field of the Northern Gulf of Aden Margin, Yemen. Tectonophysics (2003): 147-166. 4.-LOWRIE, W. Fundamental of Geophysics. Cambridge: Cambridge University Press 2007. 5.-Geophysical Journal International - The magnetic quiet zone in the eastern Gulf of Aden: implications for the early development of the continental margin James R. Cochran (Abstract and summary) 6.-NATO - Allied Command Operations News (Search for news items in January, 2010)

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El sabueso [H.P. Lovecraft]
El sabueso [H.P. Lovecraft]
ParanormalporAnónimo11/8/2015

musica para ambientar el post En mis torturados oídos resuenan incesantemente un chirrido y un aleteo de pesadilla, y un breve ladrido lejano como el de un gigantesco sabueso. No es un sueño... y temo que ni siquiera sea locura, ya que son muchas las cosas que me han sucedido para que pueda permitirme esas misericordiosas dudas. St. John es un cadáver destrozado; únicamente yo sé por qué, y la índole de mi conocimiento es tal que estoy a punto de saltarme la tapa de los sesos por miedo a ser destrozado del mismo modo. En los oscuros e interminables pasillos de la horrible fantasía vagabundea Némesis, la diosa de la venganza negra y disforme que me conduce a aniquilarme a mí mismo. ¡Que perdone el cielo la locura y la morbosidad que atrajeron sobre nosotros tan monstruosa suerte! Hartos ya con los tópicos de un mundo prosaico, donde incluso los placeres del romance y de la aventura pierden rápidamente su atractivo, St. John y yo habíamos seguido con entusiasmo todos los movimientos estéticos e intelectuales que prometían terminar con nuestro insoportable aburrimiento. Los enigmas de los simbolistas y los éxtasis de los prerrafaelistas fueron nuestros en su época, pero cada nueva moda quedaba vaciada demasiado pronto de su atrayente novedad. Nos apoyamos en la sombría filosofía de los decadentes, y a ella nos dedicamos aumentando paulatinamente la profundidad y el diabolismo de nuestras penetraciones. Baudelaire y Huysmans no tardaron en hacerse pesados, hasta que finalmente no quedó ante nosotros más camino que el de los estímulos directos provocados por anormales experiencias y aventuras «personales». Aquella espantosa necesidad de emociones nos condujo eventualmente por el detestable sendero que incluso en mi actual estado de desesperación menciono con vergüenza y timidez: el odioso sendero de los saqueadores de tumbas. No puedo revelar los detalles de nuestras impresionantes expediciones, ni catalogar siquiera en parte el valor de los trofeos que adornaban el anónimo museo que preparamos en la enorme casa donde vivíamos St. John y yo, solos y sin criados. Nuestro museo era un lugar sacrílego, increíble, donde con el gusto satánico de neuróticos «dilettanti» habíamos reunido un universo de terror y de putrefacción para excitar nuestras viciosas sensibilidades. Era una estancia secreta, subterránea, donde unos enormes demonios alados esculpidos en basalto y ónice vomitaban por sus bocas abiertas una extraña luz verdosa y anaranjada, en tanto que unas tuberías ocultas hacían llegar hasta nosotros los olores que nuestro estado de ánimo apetecía: a veces el aroma de pálidos lirios fúnebres, a veces el narcótico incienso de unos funerales en un imaginario templo oriental, y a veces -¡cómo me estremezco al recordarlo!- la espantosa fetidez de una tumba descubierta. Alrededor de las paredes de aquella repulsiva estancia había féretros de antiguas momias alternando con hermosos cadáveres que tenían una apariencia de vida, perfectamente embalsamados por el arte del moderno taxidermista, y con lápidas mortuorias arrancadas de los cementerios más antiguos del mundo. Aquí y allá, unas hornacinas contenían cráneos de todas las formas, y cabezas conservadas en diversas fases de descomposición. Allí podían encontrarse las podridas y calvas coronillas de famosos nobles, y las tiernas cabecitas doradas de niños recién enterrados. Había allí estatuas y cuadros, todos de temas perversos y algunos realizados por St. John y por mí mismo. Un portafolio cerrado, encuadernado con piel humana curtida, contenía ciertos dibujos atribuidos a Goya y que el artista no se había atrevido a publicar. Había allí nauseabundos instrumentos musicales, de cuerda, de metal y de viento, en los cuales St. John y yo producíamos a veces disonancias de exquisita morbosidad y diabólica lividez; y en una multitud de armarios de caoba reposaba la más increíble colección de objetos sepulcrales nunca reunidos por la locura y perversión humanas. Acerca de esa colección debo guardar un especial silencio. Afortunadamente, tuve el valor de destruirla mucho antes de pensar en destruirme a mí mismo. Las expediciones, en el curso de las cuales recogíamos nuestros nefandos tesoros, eran siempre memorables acontecimientos desde el punto de vista artístico. No éramos vulgares vampiros, sino que trabajábamos únicamente bajo determinadas condiciones de humor, paisaje, medio ambiente, tiempo, estación del año y claridad lunar. Aquellos pasatiempos eran para nosotros la forma más exquisita de expresión estética, y concedíamos a sus detalles un minucioso cuidado técnico. Una hora inadecuada, un pobre efecto de luz o una torpe manipulación del húmedo césped, destruían para nosotros la extasiante sensación que acompañaba a la exhumación de algún ominoso secreto de la tierra. Nuestra búsqueda de nuevos escenarios y condiciones excitantes era febril e insaciable. St. John abría siempre la marcha, y fue él quien descubrió el maldito lugar que acarreó sobre nosotros una espantosa e inevitable fatalidad. ¿Qué desdichado destino nos atrajo hasta aquel horrible cementerio holandés? Creo que fue el oscuro rumor, la leyenda acerca de alguien que llevaba enterrado allí cinco siglos, alguien que en su época fue un saqueador de tumbas y había robado un valioso objeto del sepulcro de un poderoso. Recuerdo la escena en aquellos momentos finales: la pálida luna otoñal sobre las tumbas, proyectando sombras alargadas y horribles; los grotescos árboles, cuyas ramas descendían tristemente hasta unirse con el descuidado césped y las estropeadas losas; las legiones de murciélagos que volaban contra la luna; la antigua capilla cubierta de hiedra y apuntando con un dedo espectral al pálido cielo; los fosforescentes insectos que danzaban como fuegos fatuos bajo las tejas de un alejado rincón; los olores a moho, a vegetación y a cosas menos explicables que se mezclaban débilmente con la brisa nocturna procedente de lejanos mares y pantanos; y, lo peor de todo, el triste aullido de algún gigantesco sabueso al cual no podíamos ver ni situar de un modo concreto. Al oírlo nos estremecimos, recordando las leyendas de los campesinos, ya que el hombre que tratábamos de localizar había sido encontrado hacía siglos en aquel mismo lugar, destrozado por las zarpas y los colmillos de un execrable animal. Recuerdo cómo excavamos la tumba del vampiro con nuestras azadas, y cómo nos estremecimos ante el cuadro de nosotros mismos, la tumba, la pálida luna vigilante, las horribles sombras, los grotescos árboles, los murciélagos, la antigua capilla, los danzantes fuegos fatuos, los nauseabundos olores, la gimiente brisa nocturna y el extraño aullido de cuya existencia objetiva apenas podíamos estar seguros. Luego, nuestros azadones chocaron contra una sustancia dura, y no tardamos en descubrir una enmohecida caja de forma oblonga. Era increíblemente recia, pero tan vieja que finalmente conseguimos abrirla y regalar nuestros ojos con su contenido. Mucho -sorprendentemente mucho- era lo que quedaba del cadáver a pesar de los quinientos años transcurridos. El esqueleto, aunque aplastado en algunos lugares por las mandíbulas de la cosa que le había producido la muerte, se mantenía unido con asombrosa firmeza, y nos inclinamos sobre el descarnado cráneo con sus largos dientes y sus cuencas vacías en las cuales habían brillado unos ojos con una fiebre semejante a la nuestra. En el ataúd había un amuleto de exótico diseño que, al parecer, estuvo colgado del cuello del durmiente. Representaba a un sabueso alado, o a una esfinge con un rostro semicanino, y estaba exquisitamente tallado al antiguo gusto oriental en un pequeño trozo de jade verde. La expresión de sus rasgos era sumamente repulsiva, sugeridora de muerte, de bestialidad y de odio. Alrededor de la base llevaba una inscripción en unos caracteres que ni St. John ni yo pudimos identificar; y en el fondo, como un sello de fábrica, aparecía grabado un grotesco y formidable cráneo. En cuanto echamos la vista encima al amuleto supimos que debíamos poseerlo; que aquel tesoro era evidentemente nuestro botín. Aun en el caso que nos hubiera resultado completamente desconocido lo hubiéramos deseado, pero al mirarlo de más cerca nos dimos cuenta de que nos parecía algo familiar. En realidad, era ajeno a todo arte y literatura conocida por lectores cuerdos y equilibrados, pero nosotros reconocimos en el amuleto la cosa sugerida en el prohibido Necronomicon del árabe loco Adbul Alhazred; el horrible símbolo del culto de los devoradores de cadáveres de la inaccesible Leng, en el Asia Central. No nos costó ningún trabajo localizar los siniestros rasgos descritos por el antiguo demonólogo árabe; unos rasgos extraídos de alguna oscura manifestación sobrenatural de las almas de aquellos que fueron vejados y devorados después de muertos. Apoderándonos del objeto de jade verde, dirigimos una última mirada al cavernoso cráneo de su propietario y cerramos la tumba, volviendo a dejarla tal como la habíamos encontrado. Mientras nos marchábamos apresuradamente del horrible lugar, con el amuleto robado en el bolsillo de St. John, nos pareció ver que los murciélagos descendían en tropel hacía la tumba que acabábamos de profanar, como si buscaran en ella algún repugnante alimento. Pero la luna de otoño brillaba muy débilmente, y no pudimos saberlo a ciencia cierta. Al día siguiente, cuando embarcábamos en un puerto holandés para regresar a nuestro hogar, nos pareció oír el leve y lejano aullido de algún gigantesco sabueso. Pero el viento de otoño gemía tristemente, y no pudimos saberlo con seguridad. Menos de una semana después de nuestro regreso a Inglaterra comenzaron a suceder cosas muy extrañas. St. John y yo vivíamos como reclusos; sin amigos, solos y en unas cuantas habitaciones de una antigua mansión, en una región pantanosa y poco frecuentada; de modo que en nuestra puerta resonaba muy raramente la llamada de un visitante. Ahora, sin embargo, estábamos preocupados por lo que parecía ser un frecuente roce en medio de la noche, no sólo alrededor de las puertas, sino también alrededor de las ventanas, lo mismo en las de la planta baja que en las de los pisos superiores. En cierta ocasión imaginamos que un cuerpo voluminoso y opaco oscurecía la ventana de la biblioteca cuando la luna brillaba contra ella, y en otra ocasión creímos oír un aleteo no muy lejos de la casa. Una minuciosa investigación no nos permitió descubrir nada, y empezamos a atribuir aquellos hechos a nuestra imaginación, turbada aún por el leve y lejano aullido que nos pareció haber oído en el cementerio holandés. El amuleto de jade reposaba ahora en una hornacina de nuestro museo, y a veces encendíamos una vela extrañamente aromada delante de él. Leímos mucho en el Necronomicon de Alhazred acerca de sus propiedades y acerca de las relaciones de las almas con los objetos que las simbolizan y quedamos desasosegados por lo que leímos. Luego llegó el terror. La noche del 24 de septiembre de 19... oí una llamada en la puerta de mi dormitorio. Creyendo que se trataba de St. John lo invité a entrar, pero sólo me respondió una espantosa risotada. En el pasillo no había nadie. Cuando desperté a St. John y le conté lo ocurrido, manifestó una absoluta ignorancia del hecho y se mostró tan preocupado como yo. Aquella misma noche, el leve y lejano aullido sobre las soledades pantanosas se convirtió en una espantosa realidad. Cuatro días más tarde, mientras nos encontrábamos en el museo, oímos un cauteloso arañar en la única puerta que conducía a la escalera secreta de la biblioteca. Nuestra alarma aumentó, ya que, además de nuestro temor a lo desconocido, siempre nos había preocupado la posibilidad de que nuestra extraña colección pudiera ser descubierta. Apagando todas las luces, nos acercamos a la puerta y la abrimos bruscamente de par en par; se produjo una extraña corriente de aire y oímos, como si se alejara precipitadamente, una rara mezcla de susurros, risitas entre dientes y balbuceos articulados. En aquel momento no tratamos de decidir si estábamos locos, si soñábamos o si nos enfrentábamos con una realidad. De lo único que sí nos dimos cuenta, con la más negra de las aprensiones, fue que los balbuceos aparentemente incorpóreos habían sido proferidos en idioma holandés. Después de aquello vivimos en medio de un creciente horror, mezclado con cierta fascinación. La mayor parte del tiempo nos ateníamos a la teoría de que estábamos enloqueciendo a causa de nuestra vida de excitaciones anormales, pero a veces nos complacía más dramatizar acerca de nosotros mismos y considerarnos víctimas de alguna misteriosa y aplastante fatalidad. Las manifestaciones extrañas eran ahora demasiado frecuentes para ser contadas. Nuestra casa solitaria parecía sorprendentemente viva con la presencia de algún ser maligno cuya naturaleza no podíamos intuir, y cada noche aquel demoníaco aullido llegaba hasta nosotros, cada vez más claro y audible. El 29 de octubre encontramos en la tierra blanda debajo de la ventana de la biblioteca una serie de huellas de pisadas completamente imposibles de describir. Resultaban tan desconcertantes como las bandadas de enormes murciélagos que merodeaban por los alrededores de la casa en número creciente. El horror alcanzó su culminación el 18 de noviembre, cuando St. John, regresando a casa al oscurecer, procedente de la estación del ferrocarril, fue atacado por algún espantoso animal y murió destrozado. Sus gritos habían llegado hasta la casa y yo me había apresurado a dirigirme al terrible lugar: llegué a tiempo de oír un extraño aleteo y de ver una vaga forma negra silueteada contra la luna que se alzaba en aquel momento. Mi amigo estaba muriéndose cuando me acerqué a él y no pudo responder a mis preguntas de un modo coherente. Lo único que hizo fue susurrar: -El amuleto..., aquel maldito amuleto... Y exhaló el último suspiro, convertido en una masa inerte de carne lacerada. Lo enterré al día siguiente en uno de nuestros descuidados jardines, y murmuré sobre su cadáver uno de los extraños ritos que él había amado en vida. Y mientras pronunciaba la última frase, oí a lo lejos el débil aullido de algún gigantesco sabueso. La luna estaba alta, pero no me atreví a mirarla. Y cuando vi sobre el marjal una ancha y nebulosa sombra que volaba de otero en otero, cerré los ojos y me dejé caer al suelo, boca abajo. No sé el tiempo que pasé en aquella posición. Sólo recuerdo que me dirigí temblando hacia la casa y me prosterné delante del amuleto de jade verde. Temeroso de vivir solo en la antigua mansión, al día siguiente me marché a Londres, llevándome el amuleto, después de quemar y enterrar el resto de la impía colección del museo. Pero al cabo de tres noches oí de nuevo el aullido, y antes de una semana comencé a notar unos extraños ojos fijos en mí en cuanto oscurecía. Una noche, mientras paseaba por el Malecón Victoria, vi que una sombra negra oscurecía uno de los reflejos de las lámparas en el agua. Sopló un viento más fuerte que la brisa nocturna y, en aquel momento, supe que lo que había atacado a St. John no tardaría en atacarme a mí. Al día siguiente empaqueté cuidadosamente el amuleto de jade verde y embarqué hacia Holanda. Ignoraba lo que podía ganar devolviendo el objeto a su silencioso y durmiente propietario; pero me sentía obligado a intentarlo todo con tal de desvanecer la amenaza que pesaba sobre mi cabeza. Lo que pudiera ser el sabueso, y los motivos para que me hubiera perseguido, eran preguntas todavía vagas; pero yo había oído por primera vez el aullido en aquel antiguo cementerio, y todos los acontecimientos subsiguientes, incluido el moribundo susurro de St. John, habían servido para relacionar la maldición con el robo del amuleto. En consecuencia, me hundí en los abismos de la desesperación cuando, en una posada de Róterdam, descubrí que los ladrones me habían despojado de aquel único medio de salvación. Aquella noche, el aullido fue más audible, y por la mañana leí en el periódico un espantoso suceso acaecido en el barrio más pobre de la ciudad. En una miserable vivienda habitada por unos ladrones, toda una familia había sido despedazada por un animal desconocido que no dejó ningún rastro. Los vecinos habían oído durante toda la noche un leve, profundo e insistente sonido, semejante al aullido de un gigantesco sabueso. Al anochecer me dirigí de nuevo al cementerio, donde una pálida luna invernal proyectaba espantosas sombras, y los árboles sin hojas inclinaban tristemente sus ramas hacia la marchita hierba y las estropeadas losas. La capilla cubierta de hiedra apuntaba al cielo un dedo burlón y la brisa nocturna gemía de un modo monótono procedente de helados marjales y frígidos mares. El aullido era ahora muy débil y cesó por completo mientras me acercaba a la tumba que unos meses antes había profanado, ahuyentando a los murciélagos que habían estado volando curiosamente alrededor del sepulcro. No sé por qué había acudido allí, a menos que fuera para rezar o para murmurar dementes explicaciones y disculpas al tranquilo y blanco esqueleto que reposaba en su interior; pero, cualesquiera que fueran mis motivos, ataqué el suelo medio helado con una desesperación parcialmente mía y parcialmente de una voluntad dominante ajena a mí mismo. La excavación resultó mucho más fácil de lo que había esperado, aunque en un momento determinado me encontré con una extraña interrupción: un esquelético buitre descendió del frío cielo y picoteó frenéticamente en la tierra de la tumba hasta que lo maté con un golpe de azada. Finalmente dejé al descubierto la caja oblonga y saqué la enmohecida tapa. Aquél fue el último acto racional que realicé. Ya que en el interior del viejo ataúd, rodeado de enormes y soñolientos murciélagos, se encontraba lo mismo que mi amigo y yo habíamos robado. Pero ahora no estaba limpio y tranquilo como lo habíamos visto entonces, sino cubierto de sangre reseca y de jirones de carne y de pelo, mirándome fijamente con sus cuencas fosforescentes. Sus colmillos ensangrentados brillaban en su boca entreabierta en un rictus burlón, como si se mofara de mi inevitable ruina. Y cuando aquellas mandíbulas dieron paso a un sardónico aullido, semejante al de un gigantesco sabueso, y vi que en sus sucias garras empuñaba el perdido y fatal amuleto de jade verde, eché a correr; gritando estúpidamente, hasta que mis gritos se disolvieron en estallidos de risa histérica. La locura cabalga a lomos del viento..., garras y colmillos afilados en siglos de cadáveres..., la muerte en una bacanal de murciélagos procedentes de las ruinas de los templos enterrados de Belial... Ahora, a medida que oigo mejor el aullido de la descarnada monstruosidad y el maldito aleteo resuena cada vez más cercano, yo me hundo con mi revólver en el olvido, mi único refugio contra lo desconocido.

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4 Creepypastas [Payasos y circos]
ParanormalporAnónimo10/5/2015

5 Minutos -¡Sean todos bienvenidos a nuestro espectáculo! – Son las palabras del anunciador de la función al cual la gente no puede ver, el publico aplaude sin saber por que, pero cuando alguien se para en el escenario a saludar uno debe responder de alguna forma, así que todos aplauden… – Están a punto de presenciar el espectáculo más impresionante de todos los tiempos, sus ojos jamás han visto ni verán nada mas extraordinario de lo que presentaremos a continuación. – Vaya amenaza. El telón esta cerrado y el publico no sabe que esperar a continuación, saben que algo extraño puede suceder, ya que fueron invitados a esta función de forma anónima, el teatro parece cerrado desde afuera, como si los organizadores no quisieran que el resto del mundo se enterara, ¿pero quien quiere hacer un espectáculo sin que el mundo se entere?, ¿o que tiene esta gente en especial para poder observar este espectáculo que prometieron tan fabuloso? El telón se abre pero no se ve absolutamente nada dentro, de hecho nadie puede distinguir casi nada en ningún lado, con algo de trabajo alcanzan a verse unos a otros, solo esa gran cortina roja se distinguía, pero ahora ya no esta. El publico esta nervioso, algunos piensan en la forma mas discreta de salir, pero es tal la oscuridad y el silencio del lugar que tratar de salir seria todo un escándalo, y además, ¿que tal si toda esta gente es realmente importante y yo solo recibí la invitación por error o por sorteo? se preguntan sin saber que nadie pago su estadía aquí, todos recibieron solo un boleto y de forma anónima. El vacío y el silencio parecen eternos, hay quien esta realmente asustado, algunos tosen con la esperanza de que algo se escuche como respuesta, pero todos tienen miedo de hacer movimientos o sonidos drásticos.Un hombre en la segunda fila siente que no puede mas, es un hombre gordo y calvo, trae puesto un suéter de esos que tejen las abuelas para navidad, y usa unos gruesas lentes que le hacen ver unos diminutos ojos que no paran de moverse de manera nerviosa, comienza a sudar y su corazón late como nunca antes lo había sentido, parece que este quisiera salir de su cuerpo y echar a correr; la angustia y la incertidumbre están a punto de hacerlo enloquecer, cuando de pronto algo comienza a distinguirse en el escenario, es como si un ciego recuperara la vista, se ven apenas unos bosquejos de luz, que comienzan a tomar forma, para el asombro del publico, cuando logran distinguir lo que aparece es un reloj digital enorme que esta corriendo. El reloj marca: 00:00:57, el publico se da cuenta que solo llevan ahí 57 segundos, el reloj cambia 58, 59… y por fin al minuto. La gente esta apenada, no pueden creer que se estaban volviendo locos y solo pasaron un minuto en completa oscuridad. El reloj se apaga y comienzan a encenderse luces en el escenario, pero no hay nada ahí, solo luces blancas que apuntan directamente al publico, y ahora la gente se tapa los ojos por tanta luz, son tantas las luces que no saben de donde vienen, y cuando mas preocupados están en su vista el silencio se rompe con un sonido similar a un silbido, casi inaudible pero todos lo perciben, es un sonido que pereciera rodearlos, es como si girara al rededor de ellos, hay quienes piensan: “Que buen sistema de audio”, pero el asombro les dura poco ya que el silbido comienza a aumentar su volumen, el publico piensa que es suficiente, que ya es hora de que el maldito espectáculo comience y se dejen de juegos, pero el sonido no para, y se hace cada vez mas intenso, todos cubren sus oídos pero no funciona; la gente comienza a gritar, piden que se detenga, pero se dan cuenta de que no pueden oírse así mismos ni a los demás, el silbido lo abarca todo.Un joven de las ultimas filas de la sala trata de buscar donde están las bocinas, la demás personas no estan muy seguras de lo que trata de hacer, y es que de que le servirá la bocina si no puede alcanzarla; pero su esfuerzo es en vano, no logra encontrar nada, así que sale de su asiento para buscar la puerta, pero en la parte de atrás también hay luces apuntándolo, y no puede ver nada a su alrededor, lo único un poco visible es el techo donde buscaba las bocinas; el joven cae al suelo desconsolado en llanto, la gente esta en pánico comienza a correr y a tratar de buscar una salida, pero no hay forma de salir, esta completamente cerrado el lugar, así que deciden escapar por el escenario, el primero en intentarlo es una mujer de mediana edad, corre con todas sus fuerzas hacia el escenario pero de pronto se detiene y cae inconsciente al piso, los demás no pueden creer lo que ven, la mujer cayo muerta con la cara destrozada y su sangre parece flotar en el aire. Algunos de los presentes caen desmayados de la impresión, los demás están en shock, hasta que un hombre de la ultima fila se acerca a querer tocar la sangre que flota en el aire, para descubrir que hay una enorme pared de cristal frente a ellos, la cual los separa del escenario, es tan inmensa y clara que no lo habían notado antes. Las luces que dan vueltas por el lugar y el silbido no se han detenido, así que nadie puede comunicarse, es como si fuera un salón de ciegos, sordos y mudos. La desesperación es alucinante, la gente comienza a golpear lo que tiene en frente, sea pared, butaca u otra persona, y cuando los golpes no son suficientes comienzan las mordidas, los jalones de cabello; las mujeres se quitan los tacones y los encajan donde pueden, en cabezas, espaldas, atraviesan ojos y todo lo que se les atraviesa; los hombres se quitan los cinturones, las llaves y zapatos para lanzarlos a todo lo que se mueve. De pronto se dan cuenta de que ya no solo predominan el color blanco de la luz y el negro del techo y el suelo, ahora pueden verse destellos rojos por todas partes, y poco a poco se dan cuenta de que ya no oyen el silbido, aunque sigue ahí. Después de unos segundos y cuando la carnicería esta un su máximo apogeo la intensidad de las luces y el silbido que los rodeaba se van desvaneciendo, así que otra vez en completa oscuridad solo pueden oír sus propios gritos y los lamentos de los que yacen heridos en el suelo. Y en el momento menos pensado las luces naturales del teatro se encienden y todos logran ver el teatro cubierto completamente de sangre, los cuerpos mutilados por ellos mismos, la sangre que escurre de sus bocas, ya sea por golpes o por haber mordido a alguien, el horror que presencian es increíble y solo pueden recordar las palabras del anunciador: “sus ojos jamás han visto ni verán nada mas extraordinario de lo que presentaremos a continuación”, era verdad, el reloj en el escenario reaparece y marca: 00:04:57… después 58, 59, y finalmente 00:05:00. El circo de las sombras Las luces se encendieron y el telón se abrió anunciado la gala por comenzar, Goyi apareció como en todas las noches dando el inicio a la función, el espectáculo estaba por comenzar, los aplausos aminoraban dando la pauta al payaso que entretenía a su publico, era observado por todos los espectadores, pero él no lograba ver a nadie por el ángulo de la proyección de las luces, su publico parecía solo un grupo de sombras copiosas. Bailaba, cantaba y hacia malabares, él era el estelar, su gran final era la entrega simbólica de su corazón a su publico, abría su chaleco y sacaba el corazón escarlata ofreciéndose lo a su publico arrojándolo al azar, aquel trozo de goma era recibido entre aplausos todas las noches. Cuando Goyi finalizaba, las luces atenuaban, el telón bajaba, el payaso se quedaba tras el escenario observando la función desde las sombras, sin interactuar, sin opinar, solo observaba y aprendía como ganarse el aplauso del publico. Las luces se apagaban y el telón se abría, mostraba solo una enorme pantalla azul de metros y metros de tamaño, las luces se encendían nuevamente desde atrás de la pantalla, iluminándola así y mostrando el azul intenso… los aplausos daban paso al silencio… la función de las sombras comenzaba. Goyi veía a aquellos payasos actuar, se colocaban frente a las luces proyectando sus sombras sobre la pantalla azul; pero desde su precaria posición, Goyi no podía ver los payasos, solo sus sombras, tampoco podía ver al publico, las luces aun le daban de frente y le cegaban la visión. Malabaristas, acróbatas, contorsionistas, había toda una variedad de artistas en aquellas sombras, cada uno con su talento y todos con su propio don, Goyi se deleitaba viéndolos, pero por muchas y diferentes razones, nunca podía conocerles, solo lo pensó un momento sin darle mas importancia. Cuando todos habían hecho su acto, una dama aparecía, su silueta esbelta y estética, cabello corto y ondulado muy al estilo elegantemente clásico. Goyi se quedaba siempre solo a la espera de este momento, aquella dama, tan extraña y en cierta manera, tan familiar, ella era quien intrigaba a Goyi, era a ella a quien siempre quiso conocer personalmente, pero nunca se atrevió… Cuando aquella femenina silueta emergía, indicaba el final del espectáculo, cantaba en soprano, en triste tono soprano, se rumoreaba que cuando aquella hermosa dama cantaba, los ángeles lloraban. Una nota tras otra, una estrofa tas otra Goyi no alejaba sus ojos de ella, de alguna manera, sentía como aquellas notas hacían remembranza dentro de su propio ser, parecía que cada palabra le era dirigida de manera personal llenándolo de vida como nada mas podía hacerlo. El do mayor sonó, la función terminó, las luces bajaban atenuantes desapareciendo junto con la anfitriona, las sombras del circo se desvanecían, los payasos, malabaristas, contorsionistas, todos parecían acudir al triste llamado de aquella dama, incluso Goyi; aunque en realidad no sabía dónde ir, solo sabía que tenía que irse. Los integrantes del circo eran todos una familia, compañeros y amigos, pero ninguno de ellos se conocían en realidad y pocos lo sabían; tal como Goyi lo hacía, todos veían solo sus sombras proyectadas en aquella enorme pantalla azul, Goyi sabía que debía que retirarse a descansar, a prepararse para su próxima función, pero lo que no sabía, era que todos tenían ya 200 años de no existir, de no vivir, aquel canto tan triste, es lo que mantiene aun el circo, es lo que hace que sus sombras se muevan, la tristeza de esa dama de antaño, es en realidad la suma de todas las pena de los integrantes del circo, cuando ella canta, los ángeles escuchan las tragedias de todos los integrantes del circo, ella eligió cargar con ellas, solo para que ellos no las recuerden y sigan con su función en el circo de las sombras... ¿Porque la cara larga? Hace unos días me puse nostálgica y comencé a buscar viejas fotos en el sótano. Encontré varias de ellas sobre mi infancia, así como un diario. Todas las fotografías estaban en blanco y negro, mi madre no tenía plata en aquel entonces como para que fueran a color. Cada vez que recordaba mi niñez, sentía que algo me agarraba de la cintura. Un nombre daba vueltas en mi cabeza desde que tengo conciencia, un nombre... "Bozo". Siempre lo recordé, pero nunca supe de dónde era, y aún no puedo recordarlo. Cuando busqué en el ático, encontré una caja grande con un signo raro en un papel. No recordaba con exactitud lo que mi infancia significaba. Parecía que algo había pasado, era como si algo hubiera arruinado mi niñez, algo destrozó mi mente cuando era pequeña. Desde que recuerdo, tengo ataques de pánico. Son normales para mí, pero es horrible cuando son de noche. Recuerdo una bola roja, como las que usan los payasos por nariz, con arrugas y cucarachas comiéndosela. Cada mañana, mientras me baño, siento que algo me observa. Entonces uso bikini para bañarme; además, hace no mucho que compré una cerradura para mi habitación del pánico. Antes de encontrar todas las escrituras y fotos, llamé por teléfono a mi madre, en medio de un ataque, y recordé una manga blanca que decía: "Bozo." Le pregunté quién era Bozo, ella solo dijo: "Ya no volverá más". Me asusté por el comportamiento de mi madre. Parecía asustada y ella suele ser muy orgullosa, pero en el momento en que mencioné la palabra Bozo, escuché un respiro profundo a través del teléfono. Prendí la televisión y me dispuse a ver una película. De pronto aparecí en el piso, sobre un charco de baba. Parecía haber tenido convulsiones toda la noche. Revisé la cámara de seguridad que instalé pero no hallé nada. Estaba viendo el televisor, y cuando cambié de canal, apareció el payaso maldito. Era una película-serie que se transmitía en ese momento. Dejé el canal para ver un rato la serie, al instante en que apareció el payaso me asusté muchísimo. Entonces llamé a mi madre de nuevo. Atendió un hombre y pregunté que hacía ahí. -¿Conoces a la señora Taylor? - Sí, es mi madre. -Reportaron que se ha suicidado. Pertenezco a la patrulla que fue enviada a su casa. Mi padre estaba muy triste en el funeral. Recuerdo que le propuse que fuera a vivir conmigo porque me sentía muy sola. Él vino y se instaló pronto en mi casa. Desde ese día dormía al lado de mi padre. Ya no tuve más ataques de pánico, pero seguía recordando ese nombre: "BOZO". Un día me levanté y mi padre no estaba en la cama. Fui a la sala, él había salido por comida. Cuando regresó, me había preparado el desayuno y tomábamos un té viendo la televisión. Mientras se reía con un programa que nos encontrábamos viendo, le pregunté quién era Bozo. Él se estremeció, se puso pálido y me pidió que no lo volviera a mencionar. Le insistí. Pero lanzó la taza de té y se retiró. Oí un ruido. Se había lanzado desde la ventana. Gracias a Dios, estábamos en el segundo piso. Quedó inconsciente. En el hospital me dijeron que en unas semanas estaría perfectamente bien. Decidí volver a mi viejo vecindario, donde pasé mi infancia. Cuando llegué, la gente estaba pálida. Todos me miraban con rencor. Entré a una tienda y pidieron que me fuera. Pregunté la razón. El vendedor exigió me largara de su tienda. Movida por la nostalgia, me dirigí a mi antigua escuela, que estaba abandonada. Me aventé contra las tablas de madera que clausuraban el lugar. Había muy poca luz dentro. Se escuchaban ruidos de metales crujiendo, luego encontré una pared con muchas fotos y estaba yo, de pequeña, con un payaso con la boca deforme y abierta de forma anómala, se veía horrible. Grité y salí del establecimiento, inmediatamente me decidí a descubrir qué había pasado cuando era chica. Regresé por la foto antes de regresar a Nueva York. Una vez me fue posible ir al hospital de la ciudad, le mostré la foto a mi padre y no tardó en explicarme. Dijo que cuando era pequeña me había comprado entradas para la feria y que, cuando volví, dejé de ser la misma. Esa feria era extraña. Dijo que no estaba cuando la fue a ver. Se sentía muy raro, porque 15 minutos después de que volviera mi padre, yo estaba en la posición en la que habría estado en la feria, actuaba de manera extraña. Me dijo que ese payaso, Bozo, era mi hijo y la niña que estaba en la foto era yo. Me asusté y di un salto atrás. Le pedí que me dijese quién era el padre, con voz temblorosa. "Tu mente", respondió. Cuando desperté de mi profundo desmayo, estaba en un psiquiátrico. Un enfermero me trajo la foto. No sé por qué. En realidad, soy un hombre. Me vi en un espejo y me di cuenta de que toda la vida que estaba seguro era la mía, era irreal. Esa FOTO. Yo era el payaso. Estaba viviendo la vida de aquella niña que destruí; en el espejo veía una mandíbula gigante proveniente de rostro. Me pregunté: -¿Por qué esa cara larga? ¿Donde estas Alcatraz? Cuando deseas algo con todo tu ser, el no se podrá alejar de ti. Déjame decirte algo, escucha todo. No te detengas al menos que yo… lo diga. Has todo… una sola falla, hará que él se enoje. Créeme no querrás eso, si lo que deseas es conocerlo, esta es la manera mas sencilla de hacerlo… y la menos peligrosa. Pero déjame advertirte que una vez comenzando, no me hago cargo de las consecuencias. Para comenzar debes responder una pregunta: ¿Te gustan los juguetes? Déjame presentar a alcatraz… el payasito que alegrara tu día. ¿Quieres conocerlo? Sabes, alcatraz fue el juguete de mi bisabuela, lo quería tanto que el día que sus padres lo regalaron, el volvió en la noche por ella… Siguiente pregunta: ¿Me crees? Quizá no me creas pero… hazme caso cuando te digo, que… cuando deseas algo con todo tu ser el no se podrá alejar de ti. Siguiente pregunta ¿Crees la historia? No es mentira, créeme… esto es real, pero bueno… alcatraz llego a mis manos, y sabes ese juguete nunca fue de mi agrado. Yo sabía que ese payaso… era raro. ¿Quieres jugar con él? Mi abuela, que conservo ese payaso me dijo como hacerlo, son simples pasos… recuerdo sus palabras: Alcatraz es juguetón, juega con el, oh se enojara. Si has llegado hasta aquí te felicito, comencemos el juego. Es muy simple, piensa su nombre… no es necesariamente tres o cuatro, solo una vez. ¿Ya lo pensaste? Bien… continuemos. Ya que has pensado su nombre, alcatraz ya debe estar jugando contigo… lo sientes. Sientes su mirada tras de ti. Ahora el siguiente pasó. Apaga la televisión… debes estar en total silencio, hazlo, párate y has lo que te digo… no me hagas repetirlo… oh él se enojara, si ya lo has hecho vas bien… si no piensas apagar la televisión, solo recuerda que te lo advertí… es mejor que sigas las reglas al pie de la letra. A alcatraz no le gusta mucho la electricidad. Ahora que te sientes a seguir escuchando, trata de solo ver la pantalla… no a tu alrededor, al menos que quieras toparte con un rostro inesperado. No mires, solo sigue escuchando… viendo esto… no, no gires los ojos… solo mira la pantalla… no a otra cosa, oh lo provocaras. Recuerda no hacerlo. Prosigamos… Cierra la puerta… hazlo. Independientemente de donde estés, no debe haber una puerta abierta, listo... apaga la luz y sigamos. Recuerda no mentir, a él lo enojaras. ¿Quieres eso? Alcatraz es juguetón, mucho… así que debe estar cerca, muy cerca de ti… recuerda no mirar otra cosa que la pantalla… no mires debajo de ti, ni aun lado... menos atrás… No te asustes, deja de preguntar si él está ahí observándote, detén los latidos de tu corazón… trata de respirar con calma, no dejes de respirar… respira, respira con calma. ¿No respiras? No te preocupes, alcatraz aun no jugara, a él le gusta más la noche así que espera a la hora que vayas a dormir… entonces ahí comenzara lo verdadero. ¿Lo esperaras al cerrar los ojos? Ten cuidado, en ocasiones, alcatraz te puede llegar a asustar, te provoque tirando algo, murmurando, hasta hacerte enloquecer… claro que pensaras una excusa rápida, diciendo que fue tu mascota, tu mama… o alguna otra tontería, no pienses eso… es el. ¿Crees que te asustara? ¿Estás seguro? Alcatraz, es pequeño, puede encajar bien bajo una cama, en un cajón, meterse por espacios… ten por seguro que estará donde tu estés… en cualquier parte de la habitación, observándote con sus ojos… inquietantes, tan alegres… oscuramente alegres. ¿Miraras sus ojos? Ya que haz echo lo que te dije ten por seguro que el estará en poco tiempo junto a ti… observándote mientras duermes, esperando que termines de escuchar esto y… descansar en tu cómoda cama. Sé que no crees, te comprendo, pero… para estar tranquilo en que alcatraz no te hará daño te daré algunos consejos: -Alcatraz, suele reír mucho... si mientras duermes lo escuchas tapa tus oídos... y cierra los ojos, por lo que más quieras no los abras. -Mantén alguna luz cerca de ti, esto hará que alcatraz, no se acerque mucho a ti si no es así, ten por seguro que sentirás sus manos rodearte. -No, recuerdes su nombre… alcatraz querrá que lo pienses y entonces el sabrá donde estas y querrá que veas sus ojos… no te recomiendo eso. No recuerdes su nombre... no lo recuerdes ahora. Algo que lo hace asustar, en escuchar su nombre, oírlo en la mente de quien está jugando con el. Esto lo hace enojar más... y tú lo has hecho. Pero, curiosamente parece que le agradas, bien… seguirá jugando contigo. Hoy cuando apagues la computadora y te dirijas dormir, recuerda los consejos... y no cierres la puerta, ya que por ella entrara a tu habitación. Y entonces, cuando él ya esté dentro... tapa tu cuerpo con tu cobija, cierra los ojos... y no los abras... ya que él, está ahí... parado en una esquina de tu habitación esperando jugar...

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Creepypastas
ParanormalporAnónimo10/8/2015

Querida¿estas ahi? ¿Estás ahí, amada mía? Claro que debes estar ahí. Como todas las noches vendrás a verme no es de extrañarse. Yo que fui tu más fiel y único enamorado aunque claro, tú casi nunca lo notabas. Te paseabas en la calle siendo admirada por los demás chicos del vecindario. Esto me llenaba de rabia ya que esto no podía siquiera en pensar en decirte que me atraías, solo tenía sólo 13 años de edad; pero desde ese momento sabía que tú debías ser mi compañera de por vida. Cuando tenía 16 años, tú y yo íbamos en secundaria y siempre traté de invitarte a salir; pero la verdad me dabas miedo, ¿miedo de qué?, eso preguntarás. Bueno, era miedo a tu belleza por dios la primera vez que te vi pensaba que eras un ángel. Tú largo cabello oscuro como la mía, en tus ojos azules que me atraían como las olas del mar; tú melodiosa voz. carajo alguien tendría que estar ciego para no haber visto lo que eras. Tú eras simplemente perfecta. Muchas veces iba a verte a tu casa; o más bien simplemente a observar que si llegabas a salvo y sobre todo de saber si estabas bien, pero todo tiene un costo. Fueron muchas las golpizas que mi madre me propinaba por llegar tarde a casa, y sobre todo porque la vieja estúpida decía que tuvo la semana para mí estúpida vieja y un siempre hablando me sobre su dios, un dios cruel que prohibía los deseos que un hombre sentía por una mujer; pero no me importaba lo que ella dijera. Soportaba los azotes que me daba y los baños de agua fría. Sabes cómo sólo pensando en ti, tú eras mi fuerza tú y sólo tú querida. Estábamos a punto de salir de la secundaria y me daba miedo que te alejarás de mi; que ya nunca más te volvería a ver. No sé a qué escuela ibas y mi preocupación aumentó más y más cuando escuché que tú y tu familia se mudarían a otra ciudad. No podía dejar que te separaras de mí, así que hice todo lo que pude para poder mudarme a donde tú vivías, pero no tenía dinero. La vieja no me daría nada, pero no te preocupes; el veneno para ratas en el té matutino de la vieja lo arregló todo. Era libre, libre para poder ir a dónde estabas tú, mi querida mujer. Pasé ocultandome por mucho tiempo en la ciudad en la que vivías. Tardé mucho en encontrar te, pero finalmente lo hice y estabas hermosa. Como siempre me acerqué a ti, ya no podía soportar el estar lejos de ti. Cuando me diste no supiste quién era pero finalmente me recordaste; eso para mí fue maravilloso que si me hubieras visto cuando yo sólo pensaba que nunca me habías notado. Platicamos poco ya que tenías que entrar a clases. Ese día para mí fue el mejor de mi vida. Al fin sabía que si me había asustado en todo ese tiempo, pero ¿sabes que me llenó de rabia? Cuando me enteré que tenías novio. ¿Por qué querida amiga, por qué? Pero sabes, esto era mi culpa, yo había sido un cobarde que nunca te dijo lo que en verdad sentía por ti; pero aún así estaba furioso. Tenía tanta ayuda y lamentablemente esa ira se vio reflejada en un pobre perro vagabundo y hambriento que me encontré en el callejón donde estaba, pero él tuvo la culpa, me ladró, y yo tenía ira. Si, hice lo correcto al matar al maldito perro con mis propias manos y termine aplastándole su maldita cabeza con mi pie. Eso fue realmente liberador porque, eso es lo que yo le quería hacer a tu novio. Sólo fue cuestión de tiempo para que esto pasara cuando me enteré que el maldito te golpeó. Lo que le hice fue suficiente para que no volviera a tocar a nadie vaya que digo él ya no despertaría nunca pero carajo que horrible olor tenía el maldito cuando se estaba quemando y sobre todo que asqueroso olía al tirarlo. Por fin tenía una oportunidad de decirte lo que sentía por ti. Fui muchas veces a tu colegio pero tú casi siempre me habías evitado, más esto me preocupaba, pero también me molestaba que estuvieras preocupada por tu maldito novio. Esto para mí significaba una prueba para mí, la cual era hacer que olvidadas. Seguí insistiendo e insistiendo. Te llevaba regalos, te escribí cartas, pero no me decías nada. No daba señal de que yo te importara. Iba a tu casa y te observaba desde afuera. Me da vergüenza decir esto, pero me tocaba pensando en ti. Era algo normal, no es así y casi te aseguro que tú te la pasabas pensando en mí también querida mía pero… de nuevo un nuevo obstáculo se presento. Tu padre que en una de esas noches en las que te vigilaba con ternura me descubrió y casi me golpeó. Me preguntaba por qué tú no habías hecho nada para evitar esto. Pensé que no me amabas, que yo no te importaba pero sabes, no era esa la razón de que tu querida no hicieras nada. Era porque aquel viejo obeso de seguro que golpeaba y te tenía amenazada. De nuevo el destino me ponía otra prueba y te aseguro que nuevamente lo vencería. Todo culminó aquella noche en la que yo entré a tu casa y con una escopeta de gran calibre le volé la cabeza a tu maldito padre, a tu madre, y a tu maldita hermana pequeña, que no dejaba de gritar. Me hartan los gritos, no sabes cómo lo detesto. Entonces por qué si sabías que me hartan los gritos, empezaste a gritar pero sabes no importaba ya que por fin estábamos juntos. Me mirabas con miedo y me decías que me alejara. ¿Por qué? ¡Finalmente estabas junto a mí, y yo junto a ti! Maldición, ¿Por qué me dijiste que no sentías nada por mí? ¿Por qué me insultas? ¿Por qué me decías que me alejara de ti? ¿Por qué me dijiste que era un monstruo? ¿Por qué no me decías que me amabas? ¿¡Por qué maldita sea!? Te tenía que callar, así que te corte la lengua. Me mirabas con odio, así que tuve que sacarte los ojos. Me arañaba, si me golpea más maldición, tuve que cortarte las malditas extremidades pero maldita sea. Ahora me dabas asco, estabas cubierta de sangre mierda. Yo odio la sangre querida, así que tenías que desaparecer. Tenías que desaparecer...desaparecer de mi vida. Tú nunca me amaste y yo hice todo esto por ti. Todo esto desaparece querida tu ya no estabas ahí, ya no más; pero sabes que todo esto fue tu culpa. Sabes que querida ya ha pasado mucho tiempo desde lo que pasó y sólo te quiero pedir algo: Ya no vengas más. Ya no vengas más por las noches. Sí, querida no te pregunta de si estás ahí ya no más. ¿Sabes por qué porque sé que estás aquí? Cada noche llegas arrastrándote como un gusano; arrastrándote hacia mí mirándome con esos ojos demoníacos; tocándome, bañándome con tus dedos fríos y con tus enormes garras; lamiéndome con esa lengua viscosa y asquerosa. Vienes todas las noches pero sólo me torturas querida porque sólo me atormentas con esta terroríficas noches de acoso, con estas terroríficas noches en las que tú apareces y desapareces de la nada. Nunca más estoy solo; nunca más puedo estar en paz. No puedo dormir porque sé que estás ahí; en las sombras de la noche, en cada maldito rincón oscuro, en cada pared... ¡No puedo soportarlo más! Sólo mátame de una sola vez. Sé que tienes odio pero tienes que entender que fue culpa tuya. Tu te causas esto porque me torturabas. Ya no quiero ver tu maldito rostro. Sólo lárgate espectro, lárgate demonio; no vengas hacia mí nunca más. No vengas nunca más; sólo déjame dormir una vez más. Sólo ya no vengas, pero sabes tú qué causas de esto maldita y nunca podrás cambiar. Ya viene pronto, la hora en la que apareces... Querida, ¿estás ahí? Dafu Love Dafu Love" un vídeo que a mi opinión, Daisy's Destruction no le llega ni a los talones. no lo digo en el sentido de morbo, si no en el sentido del contenido de ambos vídeos. este es el único vídeo que no me atrevo a descargar, pero sí tengo el enlace para ver el vídeo en la Deep Web, el vídeo es bastante fuerte. Tanto que apuesto a que inclusive la persona más fría, seria, y amante de la sangre, lloraría o sentiría algo en su interior con la siguiente descripción que relataré. Aclaro que no proporcionaré el enlace a nadie, para que no me lo estén pidiendo, y que este artículo es presentado con fines informativos, mas no de morbo ni de lucro. El vídeo se desarrolla en una casa deshabitada, donde los integrantes, que son 5 personas adultas, que son 3 hombres y dos mujeres, realizan actos demasiado macabros. Hqdefault (9) Una de las personas, la cual he investigado, de nombre Jose Luis Hernández Escobar, de nacionalidad española, participó junto con 4 personas más en un acto macabro que se realizó hace algunos meses en una casa deshabitada, la cual he estado investigando y al parecer se ubica en los Estados Unidos de América. Las personas se dedicaban al secuestro de niños, especialmente de bebés de 7 a 10 meses de edad. Investigando más a fondo, descubrí que este vídeo está creado por NLF, que quiere decir No Limits Fun o Diversión Sin Límites. Al parecer NLF es la creadora de Daisy's Destruction y de otros vídeos tan fuertes como este. La cámara es encendida, y se pueden observar a 2 hombres sentados en una mesa, bebiendo algo de unas botellas de vidrio, al parecer se trata de cerveza. Comienzan a platicar por 2 minutos, a lo que el camarógrafo se sale de la casa a orinar y este graba esa escena tan desagradable donde comienza a orinar junto con la toma de su pene. Una vez terminada esa escena regresa a la casa, a lo que dos mujeres llegan con una máscara puesta, junto con dos bolsas cada quien. Proceden a abrir las bolsas, las cuales contienen a los bebés que serán las victimas de su macabro acto. Colocan a los niños en el suelo junto con algunos papeles de periódico. Mientras las dos mujeres hacen esto, el camarógrafo va a por una caja de herramientas a la cajuela de un automovil de color azul. La caja parece grande y pesada. El camarógrafo se mete a la casa y las dos mujeres recién terminan de colocar a los bebés en el suelo, encima de los papeles de periódico. Una vez reunidos todos allí, la puerta de la casa es cerrada con llave y con un candado. A continuación les pido por favor, que si están viendo esto menores de edad, los retiren del artículo por su seguridad mental. Te advierto que si eres muy sensible, te alejes de este artículo por tu propio bien. Tras esto, una de las mujeres toma una silla de bebés, y sientan a uno de los bebés. La caja de herramientas es abierta y sacan un cincel junto con un martillo. Una de las mujeres provoca el llanto en el bebé a base de bofetadas, a lo que la mujer comienza a presionar el cuello del bebé y se le es colocado el cincel en la parte superior de la cabeza. El martillo golpea fuertemente el cincel a lo que un grito desgarrador sale de la boca del bebé. La bebé muere definitivamente, y se es grabado el chorro de sangre que sale de su cabeza y de sus oídos. Sacan a la bebé de la silla y la avientan al suelo como si fuese un juguete o un animal. Ahora es el turno de uno de los 2 hombres, a lo que proceden a tomar una motosierra y a un bebé. Esto parece un juego, es bastante aterrador. Toman al bebé y lo atan de los pies, es colgado de un tubo que sale de la pared de la casa, y este enciende la motosierra y descuartiza al bebé en cuestión de segundos. De igual manera se es grabada la escena y el bebé, o más bien los restos de ella, son tomados y arrojados fuera de la casa. A continuación sigue algo mucho más fuerte, por lo que recomiendo discreción. Las dos mujeres salen a escena y cada una toma a un bebé y comienzan a azotarlos contra las paredes tomando al bebé de los pies, y azotándolo contra la pared como si fuese una pelea de almohadas. Una de las dos mujeres se molesta y azota más duro al bebé que tiene en manos, a lo que le abre la cabeza y, por supuesto, lo mata. los dos bebés muertos son arrojados al suelo y pisados por las mujeres. y finalmente, toman al último bebé que queda vivo y este, es destripado. colocan unas tijeras en su estómago y son clavadas de manera brutal, a lo que meten la mano y sacan los intestinos del bebé, y no conformes con esto, clavan las tijeras en su ojo y de alguna manera, logran sacarlo y a la vez matar al bebé del dolor que se le ha dado y del desangramiento. En el infierno El señor Wells era un hombre de pocas palabras, las pocas que decía las seleccionaba tan rigurosamente que en ningún momento se alcanzaba a vislumbrar algún atisbo de humor en él. El viejo gustaba de salidas tranquilas a pescar, a veces cocinaba sus presas, sobre todo desde que la señora Wells ya no estaba y él se había quedado solo en aquel enorme y desierto páramo al que llamaba hogar. Comenzó su día como cualquier otro, la alarma sonó a las 7:30 am. y su viejo pero entero cuerpo salía de la cama al tiempo que un pequeño gemido emanaba de su boca. Se puso sus pantalones atirantados. Nunca le gustaron pero había sido un regalo que Eunice le había hecho antes de morir y sentía la necesidad de usarlos, así ella lo habría querido. Caminó en el suelo helado rumbo a la cocina y preparó un café negro. Luego de asomarse por la ventana y confirmar que había un soleado y hermoso día allá afuera, tomó su caña de pescar y se dispuso a salir a conseguir el almuerzo. Las huellas de sus viejos Dr. Martens trazaban el camino que había hecho cada tercer día desde los últimos siete años, dos años antes de que el cáncer le quitara a Eunice. A ella le parecía un poco anticuado que su marido se levantara por las mañanas con motivo de su nuevo pasatiempo, anticuado pero también curioso, -Ya se le pasará- murmuraba suavemente cuando lo veía zarpar como todo un cazador. Al cabo de cuarenta y tres minutos Phil contempló la rivera del lago, desató su bote de segunda mano que le había comprado a su viejo amigo, el pastor Collins, ya que él se había hecho de un modelo más reciente y pasó el resto de la mañana acechando como un león acecha a su presa, esperando el momento indicado. Varias horas después y luego de habidos seis pequeñas e infortunadas carpas plateadas en el balde llegaba la hora de regresar. Volvió a atar el bote una vez en la orilla. El brillante día de Marzo poco a poco se convertía en una borrosa y fría reunión de pequeñas nubezuelas que lentamente bajaban y lo acompañaban en su camino. Era de esos días cercanos a la primavera en que el sol lograba calentar un poco el mediodía pero de nuevo el frío regresaba a reclamar su lugar hacia el atardecer. El sendero que conectaba la llanura boscosa con el lago Hanson le estaba pareciendo más largo de lo habitual -Eso imposible, los caminos no se hacen más largos o cortos, siguen del mismo tamaño por siempre- Se decía a sí mismo. -Philip, te estás haciendo viejo, pronto sólo serás capaz de pasar el día asando castañas frente a la chimenea como los demás viejos- El camino de regreso se había vuelto frío y había tanta niebla que apenas podía ver donde pisaba. El viejo Phil estaba preparado, había llevado consigo esa vieja, enmohecida pero muy reconfortante cazadora color tierra que tenía. La verdad no podía darse el lujo de elegir, era el único abrigo que tenía. Transcurridos 56 minutos de camino el viejo comenzó a preocuparse, quizás la espesa niebla que lo acompañaba hizo que siguiera el sendero equivocado, pero sabía que eso era imposible, era algo absurdo, el camino solo seguía un solo sendero, por el cual había pasado la cantidad suficiente de veces como para no poder evitar dar por estúpida la idea de haberse extraviado. Phil continuaba caminando con determinación, a pesar de que ya llevaba cerca de hora y media en el acto, comenzó a sentir como poco a poco los dedos de sus manos, sus pómulos, sus orejas, recuperaban su calor y pasaban de ser carne blanca azulada a un color rosado y cálido, podía moverse con más agilidad y las coyunturas de los huesos poco a poco dejaban de dolerle. Eso le pareció sumamente extraño pero no se iba a poner a discutir por lo único bueno que le había pasado esa tarde, mejor que eso, agradeció que el frío haya cesado al menos como para recuperar su color nuevamente. Pero pronto el calor iba aumentando y un olor a putrefacción se fue apoderando del ambiente hasta que era tan intenso que con cada inhalación Phil sentía cómo esa sustancia agrietaba sus pulmones, el calor se volvió cada vez más y más insoportable, sentía que sus ojos hervían a borbotones dentro de sus propias cuencas, la espesa niebla que de pronto parecía ser el origen de esa peste fue apartándose, sin embargo el olor persistía, cada vez con más fuerza. Las suelas de sus viejas botas parecían trozos de mantequilla sobre un sartén calentándose, la desesperación era incontenible, una vez que la niebla se disipó lo suficiente logró ver una muralla enorme, y frente a él una puerta majestuosa, gigante y hermosa, era de un material negro, parecido a la obsidiana y estaba tallada con figuras que parecían contar una historia, una muy antigua. Escoltándola se erguían imponentes dos enormes pilares, fue en ese punto cuando entendió todo, había llegado el momento, esa entrada era para él, y caminó hacia ella. Las puertas se abrieron lentamente y un gran esplendor salió de ellas inundando todo e impidiendo que el atolondrado viejo pudiera ver hacia el interior, de inmediato se pudieron percibir los gritos y lamentos de lo que parecía ser una cantidad incalculable de personas, era increíblemente agobiante. -Bienvenido- Una voz resonó de ningún lado y de todos a la vez, una voz terriblemente poderosa. -¿Quién eres?- Gimió el pobre hombre, a punto de perder la compostura. -Tu sabes bien quién soy, Philip, todos me conocen- Volvió a oírse esa voz imponente, pero paciente. El pobre hombre comenzó a llorar -¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué? Yo he vivido bien, jamás le hice daño a nadie- Decía sollozando. -¿Que esperabas? Mi mayor placer es engañarlos a ustedes, seres insignificantes, me regocijo ante sus desgracias y me río de sus plegarias- Secándose las lágrimas, Philip Wells vociferó -El mayor de tus engaños es hacerle creer a los hombres que no existes- -No… Mi mayor engaño ha sido hacerles creer que tienen alternativa, que pueden elegir su camino- -Eres el Diablo- Dijo aquel hombre aterrado y completamente fuera de sus cabales. El silencio se apoderó de ese momento por unos instantes... -No... Soy Dios-

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