ThePampeano
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Los planetas transaturninos son el sueño de un amante de las piedras preciosas: en estos gigantes gaseosos llueven diamantes sólidos, según ha averiguado un grupo de investigadores. Científicos habían observado indirectamente diamantes en los océanos de hidrocarburo que sobrenadan los núcleos sólidos de Neptuno y Urano, pero aunque se especulaba que los diamentes se producen debido a la presión extrema de esta zona, no se había logrado comprobar. Un experimento reciente ha mostrado que se puede producir una "lluvia de diamantes" utilizando rayos láser de alto poder, lo cual hace pensar que es posible que se generen en tormentas que dividen los átomos en hidrógeno y carbono y que luego se cristalizan y se hunden en los océanos como lluvia hasta tocar el manto profundo. Para lograr la lluvia de diamante en el laboratorio, los investigadores tuvieron que replicar de alguna manera la presión hasta 17 veces mayor que tienen los núcleos planetarios de Neptuno y Urano (como dice la popular frase, es "la presión hace diamantes". Los científicos consiguieron esta intensidad usando rayos láser de tipo óptico y rayos X que lanzaron sobre bloques de un plástico compuesto de hidrógeno y carbono (similar a los océanos de estos planetas). Aunque lo que se generó fueron microdiamantes, los investigadores creen que en estos planetas con una presión más larga se crean diamantes más grandes y duraderos. La investigación podría llevar no sólo a entender a estos gigantes de gas, sino a mejorar los procesos de factura de diamantes.

Los hombres y las mujeres son evidentemente distintos, y esto también es notorio en cómo los cerebros conectan. El estudio más completo hasta la fecha fue realizado hace unos años por investigadores de la Universidad de Pensilvania, tomando en cuenta más de mil escaneos cerebrales. Los mapas de circuitos neurales revelan que, en promedio, las mujeres tienen una mayor conexión entre los hemisferios izquierdo y derecho; los hombres, en cambio, tienen típicamente más conexiones entre las regiones frontales y posteriores. Ragini Verma, parte del equipo de investigadores, señala que los resultados coinciden con algunos de los viejos estereotipos. Si relacionamos la cognición con una base física neural, entonces las mujeres parecen estar mejor cableadas para las habilidades sociales (socialización) y tienen mejor memoria en general; los hombres, para la percepción y los actos de coordinación. Ya que el hemisferio derecho está ligado al pensamiento lógico y el izquierdo al pensamiento intuitivo, las mujeres podrían estar mejor equipadas para una tarea que involucre ambas cosas. Las mujeres, al parecer, son mejores escuchando, recordando e involucrándose emocionalmente. Los hombres son mejores para realizar tareas que requieren coordinación física y control motriz, ya que tienen más conexiones en el cerebelo. Más que como una competencia, esto puede verse como una complementariedad; de hecho, el cerebro de las mujeres complementa de manera extraordinaria al de los hombres y el cerebro de los hombres al de las mujeres. Dicho eso, es evidente que todo esto sólo es una generalización y una aproximación y no significa un determinismo neurológico de género. Mapa del cerebro de una mujer: Mapa del cerebro de un hombre:
La mañana del 6 de septiembre se produjo la erupción de masa solar más grande en 12 años, según informaron científicos de NOAA ( National Oceanic and Atmospheric Administration). El Sol emitió dos llamaradas de clase X, la más alta en la clasificación, estas son, explosiones de plasma diez veces más grandes que la Tierra (en la imagen se puede observar esta masiva eyección de masa coronal). Las erupciones solares se produjeron de manchas solares en la región A 2673. El Sol tiene ciclos de 11 años que marcan picos en su actividad, y aunque actualmente estamos en un periodo de baja actividad en las manchas solares, se pueden presentar momentos de intensificación. La erupción solar inhabilitó por momentos radios de alta frecuencia y afectó la navegación de baja frecuencia, según informaron científicos. Partículas de esta erupción solar deben de causar un incremento de auroras en los polos estos días. Así que los cazadores de estos bellísimos espectáculos de luz que se forman por la interacción de la masa solar con la atmósfera deben de estar atentos. El potencial de afectación de estas erupciones yace fundamentalmente en su interacción con el campo magnético de la Tierra y la posibilidad de que eventos solares de alta magnitud perturben los sistemas eléctricos del planeta y sistemas de radiocomunicación. Un famoso evento geomagnético en 1859, el llamado evento de Carrington, pudo observarse en el cielo y fue documentado por científicos. Se cree que un evento similar hoy en día afectaría seriamente al planeta por nuestra dependencia en tecnología sensible a erupciones solares. Hasta la fecha no se han observado relaciones causales entre estos fenómenos y terremotos y huracanes u otros desastres naturales, pese a que existe mucha especulación al respecto. Científicos han realizado correlaciones entre datos de tormentas solares y terremotos y no han encontrado una correlación significativa. Asimismo, tampoco se ha encontrado estadísticamente algo significativo en torno a la idea de que el cambio climático está produciendo un incremento en terremotos de alta magnitud. Así que al parecer la tormenta geomagnética más poderosa en 12 años y el terremoto de México, un día tras otro, son una simple coincidencia cósmica. Dicho eso, la ciencia evoluciona y en estos casos ciertamente estamos lejos de entender del todo el delicado balance y la interdependencia entre el cosmos y el planeta, o entre el clima y diferentes manifestaciones. Existe, por otro lado, una aparente correlación entre el geomagnetismo y la intensificación de sueños, ya sean pesadilla o sueños muy intensos. Esto ocurre, según investigadores, cuando hay una baja de actividad geomagnética. Esto se explica debido a que la melatonina que se produce en la glándula pineal tiene una relación con la actividad solar.

Un proverbio dice: "El pasto siempre es más verde del otro lado de la barda". Esta frase describe el estado de insatisfacción y celo que caracteriza al fenómeno de compararnos. La comparación es sin duda un veneno de la mente (puesto que siempre habrá algo más, algo mejor, etc.), y sin embargo es parte arraigada de la mente analítica que conoce las cosas comparándolas con otras, diferenciándolas al cotejarlas. En una larga entrevista publicada en la revista GQ, el monje budista nacido en Francia pero fincado en Nepal por décadas, Matthieu Ricard (apodado "el hombre más feliz del mundo" luego de que un grupo de científicos midiera sus ondas cerebrales meditando), se atreve a reformular de alguna manera la segunda noble verdad del Buda. Ricard dice: "La comparación es la asesina de la felicidad". El Buda había enseñado que la causa del sufrimiento es fundamentalmente el deseo, el deseo en un mundo impermanente, el deseo que se genera por la percepción dualista, por la ilusión de la separación. La comparación nos hace desear lo otro de una manera que en general es emocionalmente negativa (con celos, enojo, resentimiento) o suele también producir soberbia (cuando nos comparamos favorablemente); al hacer esto, a la vez, nos distrae del presente, de la verdadera realidad. Vivimos, al compararnos, en el miedo y la esperanza, en el pasado y en el futuro. Compararnos nos aleja también de la compasión, de desear la felicidad de los demás genuinamente. Se podría argumentar que existe una cierta comparación positiva, cuando nos damos cuenta de todo lo que tenemos y vemos que los demás no tienen y entonces deseamos ayudarlos. Y aunque esto es mucho mejor que compararnos en el sentido común de desear lo que tiene el otro o enorgullecernos de lo que tenemos (y cómo somos mejores), de todas maneras esta no es la motivación correcta de la compasión en el budismo, la cual es espontánea y sin diferenciación: se busca ayudar a todos de manera ecuánime, no categorizando entre mejores y peores (aunque, evidentemente, se busca ser efectivo, por lo cual es lógico que la ayuda se dirija a las personas "necesitadas". Thomas Merton notó esto mismo desde la óptica cristiana: La humildad es la más grande libertad. Mientras tengas que defender un yo imaginario que crees que es importante, pierdes la paz de tu corazón. Mientras comparas esa sombra con las sombras de otras personas, pierdes toda alegría, porque has empezado a traficar irrealidades, y no hay alegría en cosas que no existen. El punto de Merton es especialmente incisivo, y es que la mayoría de las veces la comparación trata con fantasmas y le da importancia a cosas que no sólo no la tienen sino que no existen, son sólo elucubraciones mentales. Nos comparamos con otros de maneras absurdas, como si existiera realmente una definición, alguien que es el más inteligente, el mejor en esto u otro, y lo hacemos proyectándonos sobre situaciones que ni siquiera existen: quién será el mejor en ese momento, quién gustará más si esto pasa, etc. Incluso nos comparamos seres que realmente no existen, puesto que comparamos las ideas que tenemos de nosotros mismos, pero esos "nosotros mismos" no son entidades sólidas, sino únicamente percepciones fugitivas de lo que somos. Merton aquí toca una idea fundamental en el budismo: el yo no existe de manera independiente, por su propia cuenta, así que no hay una entidad que pueda realmente compararse con otra (somos sólo procesos, hábitos en movimiento). ¿A quién vas a comparar, al ser que eres ahora o al ser que vas a ser en 2 minutos, en 1 hora? Nos comparamos porque sentimos inseguridad en nuestra propia personalidad y así buscamos darle solidez a algo que no la tiene en esencia, por lo cual, al compararnos y buscar afirmar nuestro yo por sobre el mundo, estamos condenados a sufrir. Tomando todo esto en cuenta, es fácil de entender por qué la comparación nos roba la felicidad y lo hace de una manera totalmente estúpida. Compararnos genera la ilusión de que la existencia es una competencia. Algunas personas creen que evolutivamente estamos hechos para competir, pero esta teoría ha sido disputada con ideas como la de la endosimbiosis, que sugieren una evolución cooperativa. De cualquier manera, el ser humano es el animal que busca elevarse por encima de los instintos ciegos de la biología. En lugar de la comparación están la colaboración, la comprensión y la compasión. Científicamente, y en algunos aspectos filosóficamente, el pensamiento analítico-comparativo es útil, pero esto no necesita llevarse a cabo fuera de un límite muy definido y extrapolarse a una manera de pensar como modo de existencia. La comparación divide y cierra el foco; una mente que no se basa en la comparación es más abierta y tiene la capacidad de unirse con los individuos y las cosas que observa, justamente al no colocarlos en una balanza, al no medirlos y no juzgarlos. El conocimiento directo, la gnosis está libre de comparaciones y conceptualizaciones. Esto es lo que perdemos al comparar: no sólo la felicidad, sino también la sabiduría.