TerraNova999
Usuario (Argentina)

Mosca del vinagre. El 60% de sus genes se encuentra en el genoma del hombre, que cuenta con unos 38.000 genes. Por tanto, este díptero tiene mucho en común con nosotros y sólo la complejidad de los mecanismos genéticos, –y no el número de genes–, provoca que nuestro organismo se configure como ser humano y no como insecto volador. Hormigas. Este disciplinado y trabajador insecto, que vive en comunidad, no olvida. Su olfato y unas moléculas que desprende su armazón de quitina –es decir, su piel–, son capaces de recordar a miembros de su familia hasta dos años después del primer encuentro. A la memoria del elefante le ha salido un diminuto competidor. Elefantes. Además de su prodigioso oído y su proverbial memoria, muestran duelo cuando muere un “ser querido”. Los expertos en etología (comportamiento animal) aseguran que algunos paquidermos africanos, cuando presienten su muerte, se dirigen a un cementerio común para morir junto a los cadáveres de otros elefantes. Chimpancé. Hasta el 98,4% de su ADN es semejante al nuestro. Pero no sólo eso. Los últimos estudios indican que tienen rasgos “culturales comunes” asociados a la higiene y al uso de herramientas. Incluso tienen conciencia de sí mismos cuando ven su imagen en un espejo. Todo ello viene a confirmar la “humanidad” de Oliver. Loro gris africano. Goza de un aparato de fonación y de una lengua tan versátiles que es capaz de imitar, con bastante fidelidad, la voz humana. Su vocabulario puede almacenar hasta mil palabras y, en ocasiones, sale bastante respondón. En cuanto a los idiomas, no tiene problemas con ninguno. Renos de Laponia. La alteración voluntaria de la consciencia en busca de gratificación y placer –es decir, tomar estimulantes– no es exclusiva del hombre. A muchos renos de Laponia y a los caribúes de Alaska les encanta el “viaje” que produce la ingestión del hongo amanita muscaria. Compartir en: