Tenkuchen
Usuario (Argentina)
Quizás sean los años, o un simple dolor temporal, no reemplazará, de alguna manera, al dolor ya existente en mis entrañas, que azota con gran furia cada pensamiento que intenta ocultarse de él en cada rincón de mi mente. Será así, tal vez, ¿el inicio de una cuarentena oscura y tenebrosa? ¿Qué cosa o quien será capaz de rescatar mi alma del pozo más profundo que la depresión me ha llevado? A esta edad aún el ciclo de diversión no ha finalizado, y ni siquiera sé cuando empezó. Estaré entonces en la simple convicción de decir: “Iré a un buen psicólogo” No estoy loco, lo puedo comprobar ¡¿Cómo?! si es que mi mente estalla de nervios y lujurias insensatas! ¿¡Donde está la cura a mi dolor de cabeza?! Si es que la hay. ¡No creo en absoluto en el amor! ¡Lastimo suficiente a mi corazón!! ¿¡Eres tú Jesús!!? ¡¡No!! ¡¡No estoy loco!! Será el momento de tranquilizarme. ¡No esperen! ¡¿Que es ese sonido!? Esa bella música que no deja escurrir mi sangre por mis venas. Esa música que paraliza la ternura de mi corazón. Ese violín que manifiesta su presencia destruyendo mi bosquejo artístico que habría de pintar con la locura galopante en mi cabeza de crear una verdadera belleza del expresionismo del siglo XIX. Aquella mujer rubia y de enamoradizos ojos azules como la exacta claridad de los oscuros océanos que he recorrido, quizás es solo el espejismo de un viaje futuro o pasado. ¡No encuentro respuesta! La intriga que destruye mi curiosidad hasta la más mínima parte, seria la causa de mi desanimación. El incrédulo pincel roto tras volcar la pintura ocre sobre el cabello de aquella hermosa jovencita, que con un toque de puros colores claros al agua ayudaría al secado de las lágrimas que deseaba explayar en las facciones cercanas a sus bellos ojos. ¡No entiendo lo que quiere significar! Me encuentro en el camino de la cuarentena, no recuerdo el pasado ni el comienzo de mi viudez. ¿Será mi Julieta ya fallecida la causante de este mal? Apenas si duermo, el mal estar recorre mi cuerpo, siento un calor que estalla en la complejidad de mis arterias. Transpiro demasiado, la humedad es agotadora. No sé qué hacer. ¿Dónde me encuentro señor? ¡Dame una señal que permita iluminar mi camino oscuro por la nublosa tempestad! En la nube de sensaciones que sentía en mi mente aumentaba las probabilidades de contraer la fiebre (o simplemente aumentar su temperatura), y como una patada del mismo diablo desperté en medio de las sabanas empapadas, mientras secaba las lágrimas de mis ojos con las sucias manos. Con las manos manchadas de pintura con finos colores que creía recordar. Azul oscuro, rubio ocre al agua, como el puro celeste, pero ¡¿Qué ocurrió con la increíble melodía con la que estaba perplejamente enamorado!? Seguramente una obra artístistica de un endemoniado violinista que decoraba la acción de mi pincel, con la cruda canción que enardecían las cuerdas de aquel violín.