Steep82
Usuario (Perú)
Quiero compartir un artículo que escribí hace unos meses en medio del fragor de la campaña presidencial de mi país. Al igual que en otros países, como en Brasil antes del gobierno de Lula da Silva, las campañas del miedo sirven para adueñarse de las intenciones de voto de un grueso importante de la población y permiten traer a la superficie las tensiones sociales del momento. En otras palabras, abren un escenario de disputas que develan los conflictos sociales, políticos y partidarios de los gobiernos. Sin más, les dejo el artículo a su disposición.La lucha por el asalto a la mente en la campaña presidencial del 2011: persistencia y transformación en la visión legítima de la realidad peruanaIntroducción Las campañas presidenciales del 2011 reflejaron la lucha de intereses que vienen tomando forma en el contexto actual de crecimiento económico. Varios sectores de la población se sumaron a la causa de defender un sistema catapultado por el gobierno aprista que parecía correr el riesgo de desmoronarse. Por ello, para rescatarlo, políticos, analistas y periodistas recurrieron al uso de unos instrumentos de manipulación que reprodujeron los temores y celos adquiridos en los últimos cuarenta años. Tuvieron un grado de incidencia en las preferencias electorales bajo una forma agresiva de asalto a la mente. Exageraron los alcances del crecimiento y buscaron deslegitimar al candidato opositor con la difusión del pánico. Armaron una visión particular de la realidad que fue convincente para miles de electores.Para otros sectores aquella visión significó una estrategia de los grupos de poder que querían asegurar la persistencia de un determinado esquema de desarrollo. Se adhirieron, así, al discurso de la distribución con “rostro social”, que enfatizaba la necesidad de articular la riqueza económica con las necesidades de la población más pobre e ignorada.La idea del asalto a la mente, utilizada en este artículo, fue propuesta por Jack Trout y Al Ries, dos profesionales del marketing que desarrollaron el concepto de posicionamiento en los ochentas. Dicho enfoque plantea que el mensaje publicitario debe sintonizar con las experiencias y conocimientos previos del consumidor para tener un lugar en su mente. Como ambos autores indican: “El enfoque del posicionamiento no es crear algo nuevo y distinto, sino manejar lo que ya está en mente; esto es, restablecer las conexiones existentes” (Trout y Ries, 2002: p. 5). Asimismo, señalan que asaltar a la mente exige hacerlo en el momento y circunstancias precisos; esto supone capturar los espacios mentales en los que no hayan hecho mella otros competidores. En otras palabras: “En la Era del posicionamiento, no basta con inventar o descubrir algo, tal vez ni siquiera sea necesario, uno debe ser el primero en llegar a la mente del consumidor” (ibídem: p. 29). En Poder, derecho y clases sociales (2001), Pierre Bourdieu señala que las clases políticas tienen un papel influyente en la construcción de una visión de la realidad y de los criterios de división social. La representación del mundo responde a los intereses de unas clases que buscarán la reproducción o transformación del orden social, pero que será tanto más efectiva cuanto más se acerque a las características de la sociedad real. Ambos enfoques comparten criterios que nos son útiles para analizar el trasfondo de las campañas presidenciales. En primer lugar, plantean la existencia de un campo de lucha donde los actores buscan imponer una representación al servicio de sus intereses. En segundo lugar, dicha representación será tanto más legítima cuanto más sintonice con la realidad que perciben los sujetos. Aun así, la perspectiva de Bourdieu resulta de particular interés en la medida en que una lectura determinada de la realidad pasa por una de división de la sociedad, lo que significa la separación de grupos sociales de acuerdo a las afinidades o diferencias que se establece con ellos. Por otro lado, sugiere que la lectura legítima de la sociedad es siempre inestable y, por tanto, pasible de ser modificada por una nueva clase dominante. Es decir, en el campo de la lucha por el “poder simbólico” no existen primeros ni segundos, sino equilibrios inestables de poder. De esta manera, a juzgar por la forma adoptada por la reciente campaña presidencial, nos preguntamos, por un lado, por qué y de qué manera el discurso de la riqueza tuvo tanta resonancia en un grupo amplio los electores y, por otro, por qué aquél no logró satisfacer las expectativas de los grupos que dieron su voto al proyecto nacionalista. El siguiente artículo propone que a pesar de que el discurso conservador se basó en unos argumentos aparentemente bien ajustados a la realidad peruana, no incorporó los desafíos de la realidad social actual; por esta razón, superando el énfasis en los índices macroeconómicos y destacando su divorcio con las capas más pobres, el discurso de la distribución se adueñó de las preferencias electorales de un amplio grupo de la población.Cabe indicar que si el abanico de candidatos fue amplio en primera vuelta, gran parte del electorado se sintió arrinconado con dos candidatos en segunda. En el caso de los votos al nacionalismo, se pasó de 4 millones 603 mil a 7 millones 937 mil votos. El siguiente análisis no se ocupa de los que le agregaron poco más de tres millones de votos a Humala en segunda vuelta (es probable que se haya impuesto el criterio del “mal menor” en este grupo), sino de los que lo reafirmaron (el llamado “voto duro”). El discurso de la riquezaUno de los primeros aspectos que nos permiten entender por qué el discurso de la riqueza influyó en las campañas electorales, es el montaje publicitario del gobierno aprista. Con el lema “El Perú Avanza”, el presidente de Alan García supo sacar provecho de los logros macroeconómicos registrados en su gobierno; pudo así montar una propaganda no solo para legitimarlo, sino también para imponer una visión del mundo social definido por la idea de que la ampliación de las inversiones privadas traería por sí misma el desarrollo del país. Esta visión tiene como principio de visión al capital, que también es un principio de división. Por ello, ha discriminado el espacio social entre los grupos que invierten y apoyan la inversión y los que se oponen a ella. Ha llamado así “perros del hortelano” a estos últimos porque defienden los recursos naturales de las actividades extractivas. El rótulo está dirigido para aludir la ociosidad y el ideologismo de grupos de agricultores e indígenas, organizaciones civiles y partidos políticos de izquierda que obstaculizan, desde su punto de vista, las vías hacia el desarrollo. De esta manera, todo aquel que opine o actúe como portavoz o incitador de masas, o a que se manifieste a favor de opiniones o acciones similares, serán considerados los anticuerpos del crecimiento. La publicidad de “El Perú Avanza” se ha apropiado de un actor clave en la construcción de legitimidad de la izquierda: el campesino, que ha sido figura en carteles y propaganda televisiva para la difusión de las bondades de la minería y la exportación. La propaganda del crecimiento, que presenta un panorama social resuelto milagrosamente por la riqueza y una riqueza que es el resultado directo de la política económica de este lustro, parece haber conquistado un nicho en el imaginario de la gente y, por consiguiente, dejado atrás a sus rivales en el juego político del asalto a la mente. En definitiva, generó una fijación por la riqueza que especialistas, periodistas, políticos y ciudadanos de a pie defienden cual guardianes de un Dorado intocable. Velasquismo, chavismo y terrorismoEl velasquismo ha significado uno de los fracasos más elocuentes de nuestra historia peruana del siglo XIX, a pesar de que las bases sociales sobre las que se fundara obligaran, ciertamente, a una transformación de las relaciones sociales. El proyecto revolucionario militar se precipitó a expropiar las tierras y a poner su control en manos de campesinos sin capacidad de gestión que las parcelaron, comerciaron o descuidaron. En la actualidad, allí donde otrora se intentara encarnar el ideal de la justicia social al estilo velasquista, han aparecido grupos económicos que configuran un nuevo proceso de apropiación de la tierra y relaciones de producción: los complejos agroindustriales de exportación. ¿Qué queda entonces del desafortunado proyecto velasquista sino su huella indeleble de resentimiento y uso de la fuerza, de autoritarismo y prepotencia, en concreto, un recuerdo de golpe de estado, despojo de diarios capitalinos (El Comercio, Correo, La Prensa), expropiación de tierras y estatización de industrias? Lo mismo que el velasquismo, el gobierno venezolano se ha convertido en el referente de antidemocracia más popular de la región. El llamado “socialismo del s. XIX” es identificado como una ideología tan maligna como su líder, quien ha despertado miedos y antipatías por su mediatizado autoritarismo: acalorados ataques a mandatarios, intromisión en escenarios políticos ajenos, amenazas de guerra y rupturas diplomáticas. Sin embargo, el episodio más trágico de nuestra historia es la lucha interna que vivió el Perú hace más de dos décadas, una lucha que reveló la total fractura entre el centro de poder y el interior del país con miles de indígenas y quechuahablantes fallecidos. Un fratricidio que nos impactó de cerca con el azote de los “coches bombas”, el destrozo de torres de luz, casetas policiales, emisoras de radio e infraestructura, los cuales imprimieron un clima de muerte nunca antes experimentado en la capital de Lima. Para el presente artículo, nos vale señalar que la etapa del terrorismo sentó las bases para homogeneizar a la izquierda como ideología de violencia. Campañas electorales: la reproducción de los celos y pánicos La fijación por la riqueza y el uso del pánico sirvieron para que la lectura conservadora sobre la realidad tuviera acogida en el electorado. Por ello, varios grupos rechazaron toda propuesta que planteara un giro social en el uso de la riqueza. Para poder capturar la mente del elector, se restablecieron conexiones con la propaganda aprista y las experiencias y conocimientos previos sobre el velasquismo, el terrorismo y el gobierno “chavista”. En este sentido, ¿cómo poner en discusión una descripción de la realidad que parece tener razonables argumentos a su favor? Varios candidatos usaron los recursos de la memoria y la experiencia para desacreditar al que las encuestas posicionaban en primer lugar: Ollanta Humala, candidato por la lista “Gana Perú”, lideró el discurso de la distribución y se convirtió en el blanco de tiro de los celos y pánico de la población votante. Dando mayor lugar a la veracidad, el candidato nacionalista tuvo que lidiar con su sombra, aquel “monstruo” que construyó en la campaña presidencial del 2006 y que con uno discurso más radical y una explícita relación con el presidente Hugo Chávez, se ganó la antipatía de un grueso importante de electores. Se lo vinculó, así, con el tipo clásico de izquierda en tanto que el bolivarianismo se ajustaba a la consigna de internacionalizar el socialismo, lo que se traduce en la defensa de una ideología disociada a los intereses de la realidad peruana. Fue, por otra parte, responsable intelectual de un levantamiento en la provincia de Andahuaylas que provocó la muerte de seis policías, suceso que debió haber dejado una imprimación de extremismo en las subjetividades. Es por esta razón que su tránsito de crisálida radical a lepidóptero moderado no le ha servido a Humala para ganarse la confianza de sus más férreos opositores.A pesar de ello, queda pendiente cuestionarse si la demonización del líder nacionalista respondió a una advertencia sincera sobre la amenaza que representaba a la economía, o más bien a una estratagema psicosocial de puro interés electoral. Parece válido pensar que Alejandro Toledo asumió una actitud menos transparente de lo que podría creerse. En clara alusión al líder nacionalista, el candidato de “Perú Posible” intervino en el segundo debate presidencial de la siguiente manera: Hoy el Perú tiene un rumbo, hoy las noticias en lo económico no son malas. Hoy creemos que la vida de nuestros hijos será mejor que la que nos tocó vivir. Andando hemos hecho camino. Quiero ser claro, ese camino hoy está en juego. Tú tienes que elegir ya no entre cinco candidatos, sino entre el futuro del crecimiento económico en democracia que nosotros representamos o el salto al vacío. Escoger entre el crecimiento económico con rostro social, con distribución para un país más justo, más inclusivo, o el modelo de estado interventor, estatista, que ahuyenta las inversiones, que trae inflación, desempleo y más pobreza. Escoger entre seguir paso a paso el país que más crece en América Latina o acercarnos a la idea de Venezuela, Bolivia, Nicaragua, que ha traído más conflicto social entre hermanos (03/04/11). Toledo trazó de manera clara el panorama de visión y división del Perú. Polarizó así el espacio nacional de acuerdo a un principio: la económica del país; también se presentó como el detentor legítimo del discurso de la distribución [1]. ¿Cómo entender entonces el posterior acercamiento de Alejandro Toledo a “Gana Perú” si no es afirmando que el ex mandatario manipuló un ataque pasible de ajustarse al tránsito cambiante de las campañas electorales? La tergiversación de conceptos, por otro lado, también formó parte de las estrategias disuasivas de campaña. Por ello, el plan de gobierno se convirtió en el documento por excelencia para revertir la popularidad del candidato nacionalista. La noción de “nacionalización” –abrir un mayor espacio de participación a los sectores productivos nacionales ignorados por el mercado– fue sustituido por el temido concepto de “estatización” –expropiación y control públicos de empresas privadas extranjeras. Un ejemplo de ello lo dio el candidato por la lista “Alianza Por el Gran Cambio”, Pedro Pablo Kuczynski, en el debate presidencial: Señor Humala, en su plan de gobierno se habla de la estatización de varias actividades y se enfatiza también que hay que aumentar impuestos. ¿No le parece a usted que esto va a reducir el crecimiento y reducir la pobreza? (03/04/11) .Bourdieu señalaba que así como las posiciones en el espacio social están distribuidas desigualmente, las armas para la lucha son también distintas. Trasladada esta idea al contexto de campaña, se ha hecho visible la amplitud de poder que tuvieron los grupos conservadores sobre los medios de comunicación. Abarcaron un grueso espacio en la difusión del pánico y la intolerancia. Por ejemplo, El Comercio, que posee acciones en dos importantes canales de televisión (“América Televisión” y “Canal N”) y diarios (“Perú21” y “El Trome”), despidió a dos de sus directores por no seguir la línea editorial del diario [2] y se le criticó por controlar el tiempo de transmisión al aire del partido nacionalista. Por su parte, el diario Correo reflejó la intolerancia al candidato nacionalista con portadas alegóricas [3] y columnas de opinión ofensivas. Una de estas últimas fue la que el propio director del diario escribió en la primera semana de junio:Pero, claro, estamos en el Perú y teníamos que cagarla, no podemos triunfar, hay que intentar ahogarse antes de llegar a la orilla. Tenían que colocar a un chavista como primero en carrera en lugar de un moderado. Gracias a esto, la economía se ha metido un tremendo frenazo desde la primera vuelta por Ollanta… (07/06/11). El director concluye dicha columna invocando: Peruano, no seas estúpido a la hora de votar este domingo (07/06/11).Además de estos medios, se armaron espacios electorales como ‘Sin Medias Tintas’, conducido por Mónica Delta y Aldo Mariátegui (“Frecuencia Latina”), y ‘Bayly’, por Jaime Bayly (“América Televisión”), que se sumaron a la campaña mediática para desbaratar al candidato de “Gana Perú”. Incluso animadores de programas del medio día como “Amor, Amor, Amor” (“Frecuencia Latina”) no desaprovecharon la oportunidad de manifestar sus antipatías con respecto a Humala. La manipulación ha sido parte de la lógica de las campañas electorales no solo porque el planteamiento de un discurso responda a los intereses de una clase, sino también porque hay lecturas sobre la realidad que pueden ser usados para desacreditar a los oponentes sin que el instigador las crea necesariamente. Estos instrumentos asaltarán mejor a la mente si coinciden con las experiencias vividas y los conocimientos adquiridos de la gente, pero no necesariamente porque los representen políticamente –es decir, que sean receptores de sus necesidades sociales y económicas más neurales. La imposición de una visión de la realidad reveló además la cobertura de poder que poseen los grupos conservadores sobre los medios de comunicación. Hacia un cambio de la visión legítima del mundo social: el discurso de la distribución de la riquezaEl Perú de la última década ha estado definido por una política generosa a las inversiones privadas –tratados de libre comercio, exoneración tributaria a las mineras, fomento de la exportación, decretos legislativos para el uso de recursos naturales sin consulta popular previa– y huraña a las demandas de los grupos más pobres. En otras palabras, por una desarticulación entre el crecimiento económico y el bienestar de miles de peruanos, siendo transversales los casos de corrupción y la aparición de acaloradas movilizaciones campesinas e indígenas. Hemos sido testigos de unos conflictos sociales que según información de la Defensoría del Pueblo, han provocado la suma de 80 muertos y 1200 heridos en los últimos tres años [4]. Entre ellos, el “Baguazo” (5 de junio del 2009) fue el que más alarma suscitó en la opinión pública, no solo por la muerte de 24 policías y 11 nativos, sino por la sorpresiva aparición de los grupos amazónicos a que obligaron los desaciertos de la política económica peruana.Así mismo, el período 2006-2011 ha tenido en la minería a su sector económico predilecto, que no sorprende si consideramos que la actividad extractiva ocupa el primer lugar en el PBI nacional. La minería, sin embargo, ha conllevado a que una gran parte de los conflictos sociales en el Perú tengan una estrecha relación con demandas socioambientales, que representan más o menos el 50% de los conflictos desde el 2008 [5].Retomando el enfoque de Jack Trout y Al Ries, ambos parecen creer que los intentos de ser el líder en un contexto donde la mente del consumidor ha sido asaltada anteriormente por grandes compañías (según los autores, por ejemplo, Coca-Cola, General Motors, Xerox) son casi inútiles. También señalan que el empresario debe fijarse en las expectativas del consumidor, en su sentir y experiencia personales más que en el producto mismo. Esta última recomendación establece una disociación entre el artículo de consumo y el cliente: este último es así percibido como un agente con poca iniciativa para cuestionar el producto que se le ofrece. A diferencia de los productos comerciales que varían en sus aspectos superficiales (envase, presentación, tamaño, modelo, precio) y se consumen sin discrepancia alguna, el espacio social es distintivamente móvil y sus alteraciones son difícilmente ignoradas por los agentes sociales. En el caso peruano, el monopolio simbólico es cuestionado precisamente porque la promesa que abrazó el crecimiento no se ha cumplido, porque la realidad ficticia que se ensalzó para algunos no ha logrado ser persuasiva para otros. No reconocer que la economía privilegió al capital a pesar de sus efectos desmedidos, imaginar un período de bonanza que lo resuelve todo y que para miles de personas no se traduce en un alivio convincente a sus necesidades, representa un terreno fértil para la articulación de un nuevo discurso y la reunión de fuerzas que pongan en jaque al gobierno de turno. La impostación de un imaginario optimista sobre la economía fracasará siempre que no se reconozca la relación innegable entre el campo social real y el ciudadano. Los malestares del gobierno aprista se hicieron patentes en los resultados finales de la ONPE. La conquista del nacionalismo en primera vuelta demostró que el bolsón electoral se centró en las regiones más pobres. De esta forma, no sorprende que los cinco primeros departamentos con mayor incidencia de pobreza dieran un fuerte respaldo a Ollanta: Huancavelica (55,4%), Apurímac (51,5%), Huánuco (44,0%), Puno (62,7%) y Ayacucho (58,0%). En el segundo grupo, dos de los seis departamentos con más pobreza dieron también una preferencia considerable al nacionalismo: Amazonas (41,0%) y Cusco (62,6%). A estos altos porcentajes, que no registró ningún otro candidato, se suman los de Arequipa (47,8%), Moquegua (47,7%), Tacna (57,2) y Madre de Dios (51,2%).Vale destacar que la primera vuelta no reveló una polarización entre Humala y el resto de candidatos. Según los resultados de la ONPE, la candidata por la lista “Fuerza 2011”, Keiko Fujimori, obtuvo entre la cuarta y tercera parte de los votos en varios departamentos del interior. Esto nos permite hablar, entre otras cosas, de una población con altos niveles de pobreza que no puso su confianza en los candidatos más asociados a los capitales [6]. Es así como en el primer grupo de pobreza Keiko Fujimori obtuvo 26,2% en Apurímac y 24,2% en Ayacucho; en el segundo, 32,1% en Amazonas, 34,0% en Cajamarca, 30,8% en Pasco y 32,0% en Piura (Tabla 1). Dadas estas cifras, parece correcto pensar que tanto Ollanta y Keiko compartieron el atractivo popular. El otro lado de la orilla, identificado con el esquema económico de Alan García, fue Pedro Pablo Kuczynski. Kuczynski supo llegar a un grupo de la población gracias a su estilo auténtico de campaña. El merchandise de pulseras y peluches, el PPKuy y la comunidad virtual de los PPKausas debieron haber tenido un impacto interesante en la orientación del voto. Aun así, Kuczynski fue el candidato de las clases más ricas. Según la ONPE, los distritos de Lima Metropolitana que le otorgaron entre un cuarenta y sesenta por ciento de votos fueron precisamente los que registran los más altos niveles de ingreso familiar per cápita. Por ejemplo, San Isidro, primer lugar en el ranking de ingreso familiar per cápita, brindó el 61,5% de sus votos a Kuczynski. El distrito de Miraflores, segundo lugar en el ranking, le dio el 57,8% de sus votos. Por su parte, San Borja, séptimo en el ranking de ingreso, registró un 56,9% de votos a Kuczynski [7].Un aspecto a resaltar es que si en la primera vuelta el principio de división fue la seguridad económica o su descalabro, con Keiko y Ollanta cerrando el espectro de candidatos en segunda vuelta el electorado tuvo en frente un cuadro de doble entrada: la economía y la ética. Si con Humala existían certezas respecto de un retroceso económico, su equipo técnico de asesores y su crítica a la corrupción inyectaron una cierta fortaleza ética a su campaña. En el caso de su rival, a pesar de que para muchos no reunía los recursos éticos para gobernar –deducción que se basada en el apoyo incondicional al gobierno de su padre acusado de autoría mediata a los derechos humanos–, no planteaba al menos una amenaza al capital. Esto significó que los grupos que se apropiaron del discurso de la distribución se plegaran al lenguaje de la Memoria –por ejemplo, las esterilizaciones forzadas se revitalizaron con el fragor de las campañas actuales. Ni Keiko Fujimori ni Pedro Pablo Kuczynski pudieron encarnar el discurso de la distribución. La primera se caracterizó por imaginar un futuro en retrospectiva, es decir por pensar el rumbo del país bajo la luminaria de su padre. El segundo representaba la persistencia de la política económica aprista y avizoraba las mismas tensiones sociales. Se requería así una nueva lectura de la realidad actual y un proyecto que convocara a los grupos sociales cuyos intereses fueran priorizados. La victoria del proyecto nacionalista se debe a que su discurso planteó una descripción del Perú mucho más ajustada a su situación real, reconociendo las fracturas, tensiones y desigualdades de la sociedad actual.Consideraciones finalesComo se ha señalado en este artículo, el discurso de la distribución atrajo a un grupo importante de electores que sentían que el crecimiento de la economía, tan celebrado por el gobierno de Alan García, no se traducía en un cambio convincente de su bienestar de vida. Hizo mella en las sensibilidades; capturó la mente al sintonizar los malestares de la población más pobre. Aun así, queda pendiente la tarea de que aquel discurso sea coherente con los cambios estructurales que millones de peruanos esperan. En la actualidad, junto a la pobreza, la inseguridad ciudadana comienza a ser un tema de primer orden. Nunca como ahora un candidato de izquierda llegó a ser presidente por la vía constitucional. Esta situación pone al frente dos aspectos importantes: en primer lugar, es una valiosa ocasión para que una parte de la izquierda demuestre su abandono de las formas más prepotentes de hacer política y obtenga la aprobación de la sociedad civil como forma válida de hacer gobierno. En ese sentido, lograr un nivel de popularidad pasa fundamentalmente por concretar las promesas de campaña, pero también por disponer de un brazo publicitario que irradie un aire de amabilidad y simpatía en la gente [8]. En segundo lugar, el nuevo gobierno tiene en sus manos la oportunidad de demostrar agilidad en procedimientos y capacidad para obtener resultados; en otras palabras, de olvidarse por un tiempo de las teorías sistémicas y empezar un cambio real práctico.___________________________[1] Después de Humala, Alejandro Toledo fue quien más explotó este discurso. De hecho, antes de oficializar su postulación a la presidencia indicó en el programa Prensa Libre: “Yo soy un hombre de centro izquierda moderno. Me gusta el crecimiento con distribución. Me gusta manejar la economía con la derecha y distribuir con la izquierda” (13/02/10). A pesar de su aparente entrega a esta causa, los resultados lo defraudaron. Su figura no estuvo nunca asociada a un cambio profundo ni a un mensaje sincero de distribución. [2] Cabe recordar que esta actitud no es nueva. Se atestiguó tres años atrás con el despido de Álvarez Rodrich de la dirección de Perú21 por su seguimiento a las investigaciones de los “petroaudios”. Otra polémica que rodeó al grupo fue la decisión del directorio del Canal N de no transmitir en vivo un juramento por la democracia que realizó Humala en la Casona de San Marcos. [3] Recuérdese la portada del lobo “vestido” de cordero del 27 de marzo. Cabe indicar que el mismo diario mostró una imagen similar en las campañas ediles del 2010. El objetivo fue descalificar a la entonces candidata Susana Villarán, antigua militante del Partido Comunista Revolucionario (1972-1973) y ex Ministra de la Mujer y Desarrollo Social (2002). Asimismo, en su edición del 1 de setiembre del 2010, Correo publicó una imagen en la que Villarán aparecía alzando el puño junto a una fotografía del líder senderista Abimael Guzmán. El propósito fue bombardear su candidatura asociándola con el comunismo. [4] De acuerdo al testimonio de Rolando Luque, responsable del área de conflictos sociales de la Defensoría del Pueblo, en una entrevista realizada por Enlace Nacional (24/01/11). [5] Según informes de la Defensoría, el promedio mensual para el 2010 fue de 252, con una representatividad del 49,2% de los conflictos socioambientales; durante el 2009 se tiene 261 conflictos por mes, con un 47,5% debido a factores socioambientales; para el año 2008, 140 fueron los conflictos por mes, 76 (54,3%) de los cuales se debieron al factor socioambiental. [6] Vale destacar también la mística de Alberto Fujimori en la persona de su hija y la clientela popular que el partido supo atraer y mantener hasta la actualidad.[7] Basado en el Índice de Desarrollo Humano-Perú del 2007.[8] En nuestros materiales de lectura universitaria se nos recuerda el lenguaje de la izquierda setentera, con alusiones agresivas de expropiación. Por ejemplo, en la página 333 de su Historia del Perú contemporáneo (2004), Contreras y Cueto nos muestran una caricatura aparecida en el diario Expreso (02/01/1974) en la que pobladores, mineros y un militar celebran la estatización de la Cerro de Pasco Corporation representada por un pulpo cayendo a un precipicio. Por el contrario, en la campaña presidencial 2011 la publicidad de Ollanta –recuérdese particularmente al muchacho mototaxista y a la joven embarazada– intentó imprimir un aura más humana y esperanzadora que revanchista. Estos contrastes merecen ser reconocidos por la izquierda para un mejor manejo de su imagen pública ante la población. ReferenciasBOURDIEU, PierrePoder, derecho y clases sociales. 2da edición. Bilbao: Desclée de Brouwer, 2001.CONTRERAS, Carlos; CUETO, MarcosHistoria del Perú contemporáneo. IEP, Lima, 2004. EL MUNDO"Dos periodistas de 'El Comercio': 'Nos despidieron por no apoyar a Fujimori'”. El Mundo. Madrid, 22 de abril, 2011. http://www.elmundo.es/america/2011/04/22/noticias/1303426156.htmlENLACE NACIONAL“Hubo 80 muertos y 1200 heridos por conflictos sociales en últimos 3 años revela Defensoría del Pueblo (Entrevista con Rolando Luque)”. Enlace Nacional. Lima, 24 de enero, 2011. http://enlacenacional.com/tag/rolando-luque/MARIÁTEGUI, Aldo“No ser estúpidos”. Correo. Lima, 4 de junio, 2011. http://diariocorreo.pe/columna/12511/no-ser-estupidos/PNUD-PERÚ“Perú: Índice de Desarrollo Humano, a nivel nacional, departamental, provincial y distrital 2007”. En Informe sobre Desarrollo Humano Perú 2009: por una densidad del Estado al servicio de la gente. PNUD. Lima, abril 2010.http://www.pnud.org.pe/data/publicacion/IDH_Anexo_Estadistico_FINAL.xls. RIES, Al; TROUT, Jack. El posicionamiento: la batalla por su mente. Edición especial de vigésimo aniversario. México, D.F.: McGraw-Hill, 2002.