StarkYorman
Usuario (Venezuela)
¿Quién no ha comido o se ha servido alguna vez, o muchas veces, un riquísimoperro caliente … calientito, con su rico y sabroso pan, sus demás ingredientes, como carnita picada, tantito chorizo, mostaza, salsa de tomate, acompañado de algún refresco o gaseosa y unas deliciosas papas de bolsa o papas fritas…? Yo creo que todos. La historia del perro caliente tal vez no resulte muy reciente, pues ya en la antigua historia se menciona algo de ello. Entre los registros que se tiene, Homero ya la mencionaba en su obra La Odisea, en el siglo IX Antes de Cristo, el hecho de este tipo de carne, pero comérsela, en un pan alargado, nació en Frankfurt, Alemania, hace unos cien años. ¿De dónde viene? Lo curioso del caso es que el perro caliente o hot dog no es realmente de origen norteamericano, sino más bien, proviene del continente europeo. Es más, el principal ingrediente de este alimento, la salchicha, ni siquiera es una moderna innovación culinaria, pues se encuentran menciones de un alimento muy similar en textos griegos desde el siglo 9 a. de C. Ahora bien, se dice que el origen de la salchicha como tal es algo incierto, pero una popular leyenda habla de un carnicero de la ciudad de Coburg, Alemania, que la creó y luego viajó a la ciudad de Frankfurt. El perro caliente, perrito, jocho, pancho, hot dog, o ‘perro caliente’, es un sándwich con una salchicha, que puede ser de tipo salchicha de Frankfurt (frankfurter), o vienesa (wiener) y preparada bien hervida, o frita, servida en un pan con forma alargada que suele acompañarse con algún aderezo como salsa de tomate y mostaza. El tipo de salchicha empleado en la elaboración del perrito puede diferir según los gustos de la región, del arte del cocinero, y de los ingredientes disponibles. De esta forma, en algunos lugares, se emplean bockwurst alemanas, o incluso variantes ingeniosas que modifican en pan como el corndog estadounidense. La verdadera historia Cuentan por ahí que la salchicha la inventó un carnicero en la Ciudad de Coburg, Alemania, y luego la llevó a Frankfurt… de ahí Frankfurter, como se le conoce o nombra en alemán. También cuenta la leyenda que el dueño de un pequeño bar llamado Anton Feuchtwanger comenzó en 1904 a ofrecer ricas vienesas aderezadas con cátsup (kétchup) y mostaza a su habitual clientela. Aunque el bocadillo era muy demandado, se topó con un problema: Los golosos clientes ponían el grito en el cielo porque se quemaban y ensuciaban los dedos al degustarlo. Después, como utilizar cubiertos le restaba gracia al acto de comer las salchichas a la carrera, el hombre tuvo que ingeniárselas para calmar o aplacar los reclamos de sus clientes y no defraudar de esta forma a los comensales. Fue así como junto con el plato, comenzó a ofrecer un par de prácticos guantes. Pero los clientes se los pelaban y, al final, el negocio no resultaba rentable. En vista de eso, y ante la desesperación de ver cómo el bar se le estaba yendo a pique, el comerciante recurrió a su medio hermano, que para su fortuna era panadero. Con su experiencia y conocedor de muchos tipos de panes, ideó un pan alargado capaz de contener sin mucho problema la vienesa, otorgándole, de paso, a este tipo de pan, un gran valor agregado. Así nació hot dog (perro caliente), tal como lo conocemos hoy. Rápidamente agarró revuelo y fue introducido en el resto de Europa, para luego ser conocido en Cuba, Argentina y los Estados Unidos, donde incluso está instaurado el “Mes del Hot Dog”, que se celebra en julio. El perro caliente en América El perrito caliente (del inglés hot dog, «perro caliente») o pansa (vocablo compuesto de pan y salchicha), pancho (vocablo compuesto de pan y chorizo) o completo es un sándwich con una salchicha de Frankfurt o vienesa (hervida o frita) en un pan alargado que suele acompañarse con algún aderezo. En Nueva York se abrió paso en la década de 1800 gracias a varios carniceros europeos. Al parecer, un carnicero alemán, de nombre Charles Feltman, fue el primero en vender perritos calientes en unos carritos en las playas de Coney Island. Pero fue Nathan Handwerker, un emigrante alemán, quien hizo famoso el alimento que pensó “Si todos comieran mi perrito caliente en Albur nunca lo harían…” y entonces le puso ese nombre. Empleado de Feltman en sus orígenes, el astuto hombre de negocios ahorró el dinero suficiente para abrir su propio negocio de perritos calientes al otro lado de la calle. Nathan puso grandes letreros anunciando sus productos, a mitad de precio que los de Feltman. El negocio prosperó y cuando en la década de 1920 la estación de metro de Stillwell Avenue se inauguró justo enfrente, Nathan se benefició de por ese lugar estratégico en que quedó, ganando una gran popularidad que finalmente dejó fuera del negocio a Feltman, por allá, en la década de 1950. Actualmente el Nathan’s sigue estando en Coney Island, en la esquina de Stillwell con Surf Ave, aunque su imperio se ha expandido considerablemente, y cada 4 de julio patrocina un concurso de consumo de perros calientes. Fue de este modo en que Nathan creó la moda de los puestos de perritos por todo Nueva York. Probemos uno Los hot dogs han adquirido formas locales en varios países, como el agregar chile o tocino en México; añadir piña, en Colombia; y algunos otros condimentos más en otros países. Digamos… con ají, salsa verde, chucrut, ketchup, mostaza, palta (aguacate) o tomate. En fin, muchísimas combinaciones para comer y disfrutar un delicioso hot dog, pancho, perrito caliente, o como usted guste llamarle.
“Se me hace la boca agua”, esta es la curiosa y típica frase que utilizamos cuando estamos viendo o se nos antoja algo de comer. Pero ¿porque se nos hace agua la boca? Un experto revela que con el simple hecho de oler o ver una comida que nos resulta apetitosa, hace que se produzca más saliva en nuestra boca. Es decir, el cerebro envía señales a las glándulas salivales que comienzan a producir mayores volúmenes de saliva en la presencia de una comida sabrosa. En principio la salivación es un estímulo asociado a la comida y su olor, pero el cerebro puede asociar la respuesta a estímulos de otro tipo como la vista, un simple recuerdo u otros más complejos según cada experiencia personal. La salivación se vincula a estímulos positivos, a alegría y emoción. Gordon Proctor, profesor en biología salival del King’s College de Londres, explica qué nuestro cerebro produce más saliva con apenas el olor de un pan; y que además, la saliva contribuye a la digestión ya sin ella, sería casi imposible masticar y tragar alimentos. Protege a los dientes de bacterias y disminuye la propensión al desarrollo de infecciones como aftas, úlceras y enfermedades en las encías. Aunque la saliva está compuesta en 99% por agua se encuentran hormonas como la testosterona, el cortisol y la melatonina. Además tiene minerales como calcio, electrolitos y componentes antibacterianos. Sin duda, la saliva es uno de los fluidos corporales más importantes para mantener el correcto funcionamiento de nuestra boca y el resto del cuerpo.
Un instinto primitivo hace que muchas mujeres prefieran este tipo de hombres, según estudio de la Universidad de Liverpool . ¿Sabes que es nocivo y peligroso, pero no eres capaz de sacártelo de la mente? Si constantemente te sientes atraída o, de plano, caes en las redes de los ‘chicos malos’ y no comprendes la razón de tu masoquismo, la ciencia tiene la respuesta para ti. Un estudio realizado por la universidad de Liverpool encontró que las mujeres suelen sentirse atraídas a este tipo de hombres debido a un instinto primitivo: desean encontrar una pareja que parezca mentalmente fuerte, seguro de sí mismo y físicamente atractivo para así concebir niños más sanos. Según la investigación, publicada en la revista “Evolution and Human Behavior”, estos hombres presentan además rasgos físicos que representan la denominada ‘triada oscura’, compuesta por el maqueavelismo, el narcisismo y la psicopatía. Entre estos rasgos, el narcisismo es el que está más asociado al éxito social, señala también el estudio. Ahora ya sabemos por qué muchas mujeres eligen ser masoquistas.
Una medida antiviolación basada en un pene acoplado a un pantalón entre las mujeres tailandesas parece que está teniendo efecto, por lo menos mediático. El invento se llama Headmuns y es un pantalón con un pene en su interior para que el violador se lo piense antes de cometer la agresión. Tailandia es uno de los países asiáticos donde más violaciones se producen y donde el Gobierno ha tomado medidas sin endurecer lo suficiente las penas. «En Tailandia se castiga con la pena de muerte a los culpables de delitos relacionados con el tráfico de drogas o de asesinato, pero no a los delincuentes sexuales. Ellos son sancionados con penas de prisión de entre 4 y 20 años. La prótesis simula un pene erecto de tamañas dimensiones, pero fijas. Debería cambiar de grosor y longitud, de lo contrario el violador pensará que ha tomado excesiva Viagra o se ha puesto un paquete sospechoso y no es de Correos. Curiosamente Tailandia es un país con un alto índice de operaciones de cambio de sexo, por lo que esto le ayuda a la mujer a jugar al despiste. Dicen que es extraño sentir un bulto tipo Calippo que no es tuyo mientras andas y te sientas con las piernas cruzadas; me lo creo. Lo bueno es que sirve de porra, que nunca está de más si se tiene que echar mano de ella en un momento de cabreo con el marido. Muy raro todo. Parece más una campaña de marketing viral que una medida preventiva, pero si surte efecto bienvenidos sean los penes.