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Slender_Juan

Usuario (Chile)

Primer post: 28 dic 2012Último post: 28 dic 2012
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Historia de Terror Propia- "El otro Residente"
ParanormalporAnónimo12/28/2012

El Otro Residente por Juan Ignacio Ferrari No logro ni siquiera comprender lo que vi ni lo que oí, eventos que podrían corromper la mente humana, con lo ocurrido me di cuenta de que somos ignorantes y insignificantes, que no sabemos lo que hay ni lo que existe más allá de la realidad que vivimos cotidianamente. De las cosas terriblemente imponentes que nos ocultan nuestros ojos. Este acontecimiento fue inesperado y perturbador. Estaba en mi hogar, tranquilo, sin ningún apuro. Mi cabaña de verano por fin, donde añoraba pasar mis vacaciones lejos de la ciudad. Ya era de madrugada, más o menos las 1 de la mañana y estaba viendo mi miniserie de siempre comiendo un poco de pollo que había sobrado del almuerzo. Ya terminado la programación, con cansancio apagué la televisión y le di las sobras a mi perro Gregory, ya anciano. Fui a afuera a respirar un poco de aire y noté lo calmada que estaba la noche, casi no había brisa. Cuando me dirigía adentro me di cuenta de algo, mi perro no estaba se había escapado así que me dispuse a buscarlo al bosque. Nunca le temí a las tinieblas, estaba acostumbrado a verlas siempre. Sentí uno de sus ladridos y me adentré más en los arboles hasta que lo vi comiéndose lo que quedaba de una ardilla. Cuando fui a acariciarlo, el animal soltó un alarido, cómo si se tratara de un dolor muy grande, pero nadie lo lastimaba. Tan pronto cómo termino ese molesto ruido salió corriendo hacia donde se encontraba la cabaña. Me quedé pensando unos segundos y comprendí que algo malo estaba por pasar así que velozmente partí trotando a mi acogedor y único refugio que tenía en medio del bosque. Ya adentro miré a mi perro que por sus ojos, por la forma en que se agitaba, noté que estaba muy preocupado. No sabía cuál era la causa de ese terror que Gregory sintió, pensé dentro de mi ignorancia que tal vez estaba mal del estómago o tenía hambre. Le di unas croquetas para perros pero no las quería, no tenía hambre. Solo se quedó en la sala de estar paseándose, frenético. Me estaba poniendo muy nervioso, cuándo, entre el problema escuché un sonido que resonó por toda la casa., y venía del techo. Sin duda parecía que algo no tan pesado había caído en mi techo. Dejé a mi perro que se escondió debajo del sofá muy temeroso y gimiendo con dolor. Con algo de terror subí las escaleras dirigiéndome hacia mi ático de dónde podía subir al techo y ver que había provocado semejante sonido. Cuando puse mis pies en el ático, me quedé mudo, se me congeló la sangre y cerré los ojos al escuchar que desde mi tejado, de donde había surgido el misterioso ruido, se escucharon lentas y pesadas pisadas que se acercaban al borde del techo. Me devoró el miedo ya que me había dado cuenta, de que sea lo que sea que se encontraba allá arriba en la noche, estaba vivo y podía caminar. El ambiente se puso tenso, mis latidos se hacían veloces y el sudor de mi frente se deslizaba lentamente en señal de horror. Me sentí sofocado y sin darme cuenta caí al primer piso por la pequeña puerta que había para subir al ático. Al golpearme con el suelo, en vez de dolor sentí un poco de agrado a no tener que seguir arriba. De inmediato recordé que algo estaba merodeando mi hogar y me dispuse a enfrentarlo. Salí por la puerta trasera con la única arma que tenía a mi disposición, un pequeño revolver con una bala. La oscuridad reinaba en el exterior y no podía ver mucho, así que también traje conmigo una pequeña linterna. Todavía podía oír unos lentos y pesados pasos justo arriba de mí. Con algo de valentía me asomé con la linterna en mano, mi mano temblaba y yo respiraba cada vez más fuerte. Iluminé el tejado y lo que pude ver hizo que el corazón me dé un vuelco. Justo enfrente de mí, observé lo que se podría describir como un hombre, vestía un traje negro cómo la oscuridad misma, sin ningún rasguño o agujero. Era muy alto y inhumanamente delgado, sus brazos eran prácticamente largos palos que se sujetaban del borde del tejado con sus largas y puntiagudas manos blancas cómo la nieve, lo que no puede explicar su peso. Lo que más me horrorizó fue su rostro, del que carecía completamente. Estaba vacío no había boca, nariz, orejas ni tampoco algún relieve facial, cómo un huevo blanco. Sólo estaba allí, hincado en el tejado observándome quieto cómo una estatua. Sólo su presencia me decía que no podía huir ni que serviría de nada esconderme. Justo después de haberlo iluminado, el ser se irguió lenta y perfectamente y me quedó mirando desde lo alto, cómo esperando que me moviera o que tratara de escapar insignificantemente de él. Me sentí mareado tanto mirarlo, ya casi no sentía miedo, no sentía mi cuerpo y dejé caer mi arma al mismo tiempo que mi linterna. La luz de la luna iluminó algo de su figura. Yo, indefenso ante tal entidad, perdí la noción del tiempo, tal vez me quedé con él una hora, dos, tres, no lo sé, sólo esperaba ahí parado observándome con su cara vacía. Cuándo ya casi me iba a desmayar, la criatura de su espalda sacó lo que podrían ser 4, tal vez 8 tentáculos enormes y negros, no eran ni cómo las extremidades de un pulpo o las patas de una araña, eran algo diferente, algo misterioso y perturbador que jamás había visto. No podía moverme, al parecer estaba en una especie de transe o hipnosis pero que en mi cuerpo, no en mi mente. Él se bajó muy silenciosamente del techo de mi cabaña y al tocar el suelo las luces de mi hogar se apagaron bruscamente. Se empezó a acercar a mí , tal cómo una araña que se acerca a dar muerte a sus pequeñas presas en su tela, y yo luchaba para poder huir pero era inevitable, el ente oscuro y siniestro era mucho, mucho más poderoso, ágil y por sus físico, rápido que yo. No tenía chances, la única esperanza que encontré, ante aquella criatura que lentamente se acercaba a mí con sus horribles y oscuros tentáculos, fue rezar. Pedí milagros a Dios. Era en vano ya que Él ya casi me tenía en sus largos brazos. De pronto, hubo una luz, una luz maravillosa y milagrosa. Era el sol de la mañana, el calor y la felicidad. Mi salvador había arribado. Yo casi pude sonreír e la emoción. Cuando los primeros rayos tocaron mi cabaña, el hombre alto desapareció fugazmente sin dejar rastro. El trance se fue de mi cuerpo de inmediato, eso si, a los días siguientes tuve una fuerte jaqueca. A donde habrá partido, a una dimensión alterna, a otra lugar del mundo por otra presa, no lo sé. Pero sobreviví milagrosamente. Muchos dirán que estoy loco, pero yo sé lo que vi, sé lo que viví. Pude vivir y contar mi experiencia con esta entidad aterradora. He buscado en internet y hay más gente que ha reportado encuentros cara a cara con este “Hombre Delgado”.

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