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Primer post: 29 dic 2012
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El foquismo es una concepción revolucionaria errónea y co
El foquismo es una concepción revolucionaria errónea y co
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El foquismo es una concepción revolucionaria errónea y como tal negativa peligrosa para la revolución En los últimos meses han sucedido cosas importantes. Hechos que introducen variantes suficientemente grandes como para justificar el replanteo de temas tácticos, que exigen más afinamiento dentro del nuevo marco creado por aquellos hechos. Sin duda lo más importante ha sido la ofensiva represiva y sus efectos, ya bien visibles. Parece prioritario, antes de entrar a toda consideración, realizar un balance, necesariamente sintético, de esos efectos de la campaña represiva, sobre el Movimiento de Liberación Nacional (M.L.N.), principal objetivo de la misma. Esquemáticamente los resultados obtenidos por la represión se pueden expresar así: Se causaron pérdidas muy importantes, en efectivos al M.L.N. Lograron desmantelar, de manera grave, su infraestructura (locales, berretines, servicios, etc.). Gran parte del armamento y parque cayó en manos de la represión. Han sido asesinados o detenidos gran parte de los cuadros previsiblemente mejor capacitados para vertebrar el funcionamiento del M.L.N. Esto es lo que surge de la información disponible y son esos los hechos sobre los que insiste la propaganda reaccionaria. Pero, además, se pueden deducir dos resultados de tipo político: Se ha revelado, inequívocamente el potencial que había desarrollado el M.L.N., dejando en claro un ejemplo de lo que se puede hacer en esta materia. Se ha demostrado cómo un aparato armado, realmente importante, puede ser desarticulado, desmantelado y reducido, en términos relativos, a un nivel mucho más bajo de operatividad, en un plazo corto, si los criterios que orientan su acción no son adecuados. En esos resultados obtenidos por lo represión, la propaganda reaccionaria pretende fundar conclusiones políticas. "La lucha armada no es viable en el Uruguay y, la violencia -como el crimen- no paga", afirman sus portavoces. "La lucha armada no sólo no conduce al poder sino que es contraproducente, compromete el trabajo de masas y deja 'pegados' a los militantes que lo realizan"; corean los reformistas. La selectividad de la represión que zarandea y golpea, ocasionalmente al reformismo, pero, en definitiva, lo "perdona" tiende a: Premiar, ahorrarles el castigo, a quienes se mueven políticamente dentro de las pautas previstas por el sistema. Dejar abierta una salida, un escape legalizado y controlable, a las tensiones sociales. Golpeando selectivamente a los revolucionarios, se beneficia políticamente al reformismo. Es por esa vía, parece indicar la represión, que debe tramitarse la lucha de clases. Las clases dominantes quieren imponer que todos jueguen su juego. Un juego inventado, previsto por ellos. Un juego en que ellos no pueden perder. Ese juego bien conocido: partidos legales, propaganda controlada, elecciones periódicas... y vuelta a empezar. En ese juego ellos tienen una carta que "mata" a todas las otras. Es la represión. Políticamente hablando, la dictadura. Convencer a todos de que es así, de que es inevitablemente así, de que ese juego de ellos es lo natural, de que siempre será así, es el cometido político de la represión. Lograr que todos los revolucionarios se pregunten: "¿Si hicieron esto, tan rápido, con una organización como el M.L.N., qué no harán con otros?". Facilitarles a los reformistas y claudicantes de todo tipo la presunta confirmación de su tesis contrarrevolucionaria: "la violencia no paga", "los aventureros". Sugerirles a los vacilantes el camino del "bien y de la ley". La búsqueda, dentro del sistema capitalista, de la manera de hacer que sea menos malo... salvando el sistema como tal. Todo eso y mucho más es la "lección" que quieren hacer aprender. Muchos dudan. A nivel de opinión pública es casi inevitable que surja el gran reflujo de desengaño ante el presunto fracaso de la vía armada, de la que muchos esperaban un desenlace revolucionario más o menos próximo. Muchos tienen miedo y el miedo los paraliza. Muchos quedarán "quemados" por la experiencia negativa. Todo eso pasa cada vez que la revolución sufre una derrota. Y lo que parecerá ser el desmantelamiento del aparato del M.L.N. es, digámoslo con toda claridad y pensando bien las palabras, una grave derrota para la revolución uruguaya. Es una importante batalla perdida. No es, no puede ser ni será el fin de la guerra. No es, no puede ser, por supuesto, el fin de la lucha de clases. Esta existe y existirá, bajo formas distintas, con niveles distintos en cada momento, en cada etapa, hasta que el sistema se derrumbe. Así será porque esa lucha nace del propio sistema capitalista, de su propia esencia explotadora y opresiva. Es un producto de su organización y funcionamiento. Mientras ese sistema exista, habrá inevitablemente, lucha de clases. La derrota de hoy no es tampoco el fin de la lucha armada. Esta existe y existirá como un nivel de la lucha de clases mientras el proceso económico-social y político de nuestro país se siga dando dentro de los términos actuales. Porque ese nivel de lucha armada surge como una necesidad planteada por las características del proceso de deterioro económico-social y político al que no le han encontrado ni le encontrarán salida las clases dominantes. Es ese deterioro sin salida el que plantea la necesidad de un nivel de lucha armada, y mientras siga el proceso de deterioro seguirán habiendo condiciones para una actividad armada. Siempre habrá organizaciones que asuman esa tarea para la cual las condiciones están dadas. La lucha armada no terminará, en fin, porque hay organizaciones en condiciones de continuarla. Y continuará. Lo que no debe perdurar es la concepción errónea que ha predominado aquí, hasta ahora, en esa materia. Lo que está en crisis -confiemos que definitivamente- es la concepción foquista. La derrota que bajo esa orientación sufre hoy la revolución uruguaya es para nosotros, revolucionarios, también nuestra derrota. El camino de la revolución no transcurre en un prado florido. Es difícil, tortuoso y está empedrado de dificultades. Por él se avanza y en él se aprende y hasta cayendo. ¿Cuántas veces? ¿Cuánto tiempo? No hay en estas cosas, bola de cristal ni magos que puedan predecir el futuro. Aquí, también se hace camino al andar. La marcha es larga, lo sabemos. Lo único decisivo es la voluntad de seguir adelante. No para quemarnos como bonzos, en aras de una fe ciega. Sino porque las condiciones en que se desenvuelve el proceso lo hacen imprescindible y posible. Sólo abandonaremos la vía de la acción armada, si un cambio muy importante de aquel proceso nos indicara que ella es contraproducente para los fines revolucionarios. Nada que indique ese cambio ha sucedido. Al contrario. El proceso de deterioro es más claro y grave que nunca. Nada indica, por lo tanto, que tengamos que cambiar la estrategia, y en esa estrategia, la lucha armada ocupa un lugar fundamental. La actividad armada se orientó hasta hoy, predominantemente, a través de la concepción foquista. Con esa concepción discrepamos desde el principio, vimos y señalamos sus debilidades, hicimos lo posible porque ellas fueran superadas, orientamos nuestra práctica según otra línea. Contra todas las apariencias, por encima de nuestras propias insuficiencias, de nuestros propios errores, el tiempo, los hechos, nos han dado la razón. No podemos alegrarnos al comprobarlo. Ante tantos compañeros del M.L.N. asesinados, torturados bestialmente, presos, ante toda esa maravillosa construcción levantada en años por el esfuerzo de tantos que se jugaron por la revolución y que hoy parece irse derrumbando, no podemos sentir satisfacción por el hecho de que se cumpla puntualmente lo que previmos hace años. Esos muertos son nuestros muertos, esos torturados son nuestros torturados. Tan nuestros como los compañeros de la Organización que hoy, que ahora mismo, están soportando las más salvajes torturas, están jugando su vida defendiendo los principios, la vida y la línea de nuestra Organización. Lejos de nosotros, pues, toda suficiencia. Mucho más lejos, obviamente, la actitud canallesca de los reformistas, oportunistas y cobardes, que escupen ahora, ostentosamente, el odio contrarrevolucionario que escondieron hipócritamente, cuando las cosas iban mejor. El camino es largo, tortuoso, empedrado de dificultades. Es casi imposible no tropezar, no caer inclusive. Sobre todo en las condiciones tan complejas, tan particulares de Venezuela. Pero de los tropiezos y las caídas hay que aprender. Si, la marcha es larga y difícil. Por eso mismo sería imperdonable tropezar dos veces en la misma piedra. Para no hacerlo, para aprender, hay que analizar con la mayor objetividad posible lo que ha pasado en estos meses duros, y a partir de las conclusiones de ese análisis, habrá que afinar la técnica, prever más pormenorizadamente sus términos. II Como toda victoria revolucionaria, el triunfo de la Revolución Cubana tuvo en América Latina un efecto estimulante contribuyendo a hacer avanzar el proceso de la lucha en todo el continente. Demostró la viabilidad de la lucha armada, evidenció la existencia de condiciones para iniciarla. Demostró que, incluso, en ciertas condiciones precisas y concretas, se podía obtener la victoria en un lapso relativamente corto. Esa fue la experiencia cubana. No nos queremos extender aquí sobre las vastas y variadas repercusiones que la Revolución Cubana tuvo. De Cuba aprendieron los revolucionarios muchas cosas. También aprendió la contrarrevolución. Hoy nos referimos sólo a una concepción de la lucha armada, que se presentó como basada en la experiencia de Cuba. Esta concepción conocida como "teoría del foco" o "foquismo" sistematizada en su momento por Régis Debray, especialmente en su obra "¿Revolución en la Revolución?" pretendió ser una conceptuación de la experiencia cubana. Pretendió concretar en algunos criterios estratégico-tácticos bastante precisos, las enseñanzas que, según sus sostenedores, se podían sacar de la guerra de guerrillas en Cuba. Esos criterios estratégicos se presentaron como generalizables, como aplicables en la mayoría de los países latinoamericanos. Su influencia fue muy grande, motivando entonces, sobre todo a propósito de su formulación por Debray, polémicas muy intensas. En nuestro país también se polemizó al respecto, también se ejerció fuertemente la influencia de esas concepciones. Esas concepciones fueron las que guiaron, básicamente, la práctica de M.L.N. Apresurémonos a aclarar que la línea del M.L.N. no fue, sin embargo, una aplicación digamos ortodoxa, clásica, de los criterios foquistas. A lo largo de sus años de actuación y aún desde sus comienzos, dicho movimiento introdujo variantes, corrigió o adaptó los conceptos foquistas. La línea estratégico-táctica del M.L.N. no ha sido un traslado mecánico de la línea foquista primera y original. Esas adaptaciones constituyen lo original, lo propio, lo específico de la experiencia de guerrilla urbana (las Unidades Tácticas de Combate) que el M.L.N. protagoniza en Uruguay. Sin embargo, a pesar del grande y muy valioso esfuerzo creador aplicado a la adecuación del foquismo a las condiciones locales, ese esfuerzo no llegó a alterar los supuestos básicos foquistas que informan la práctica del M.L.N. Este constituye una variante sin duda original y específica del foquismo. Por eso dada la gran importancia que la actividad que ese movimiento tiene en el proceso de las luchas en nuestro país, es útil antes de analizar su actuación, realizar un balance evaluativo de los criterios que constituyen la concepción foquista de la lucha armada, tal como ellos fueron formulados por sus teorizadores, en especial por Debray. Nuestra Organización discrepó con el foquismo desde su surgimiento como concepción. Entendemos que los fracasos que hoy experimenta el M.L.N., y con él la revolución uruguaya, responden a que las debilidades del planteo foquista no fueron superadas oportunamente, por el M.L.N. A que sus esfuerzos apuntaron a una adaptación del foquismo y no a romper con él. Esto nos lleva en primer término a exponer brevemente las características que entendemos más salientes del planteo foquista. Estas son: 1. La necesidad de iniciar la lucha armada a la brevedad posible siempre que existan ciertas condiciones económico-sociales que la hicieran viable. Se partía de la base de que esas condiciones estaban dadas en la casi totalidad de los países latinoamericanos (Debray decía que el Uruguay y Chile eran la excepción, que en ambos países no se daban esas condiciones), como consecuencia de su subdesarrollo y atraso. 2. Las condiciones políticas y aún ideológicas (llamadas "condiciones subjetivas" se desarrollarían como consecuencia de la actividad del foco armado. De ahí que la existencia o no de los partidos políticos revolucionarios se considerase como algo secundario y seguramente no prioritario. Las simpatías suscitadas por la actividad militar del foco, debían ser encuadradas en organizaciones cuya función era, casi exclusivamente, contribuir al esfuerzo y la victoria militar. Más que partidos, propiamente hablando, lo que se trataba era de organizaciones de apoyatura y sostén del esfuerzo militar, con tareas de cobertura, apoyatura logística y propagandística, reclutamiento, etc., concentradas hacia el desarrollo del potencial operativo del foco armado, y a su crecimiento. El desarrollo de la lucha se mediría en términos de crecimiento de la capacidad operativa; el éxito en términos de éxito militar; y la victoria era la victoria militar en la guerra. La expectativa y la confianza en esa victoria, que surgiría de la acción armada, era el logro y el requisito esencial en el plano ideológico. 3. La guerra se concebiría en términos de guerra de guerrillas, centrada en el medio rural, al amparo de condiciones geográficas adecuadas (montañas, selvas, etc.) que hicieran posible el ocultamiento de los guerrilleros y viable la táctica de "golpear y desaparecer" moviéndose siempre, característica de la guerrilla rural. En su formulación clásica, original, el foquismo negaba la viabilidad de la guerrilla urbana. Por definición "siempre en presencia del enemigo" siempre alcanzable por éste, el guerrillero urbano -se decía- estaba condenado a un rápido aniquilamiento. La actividad armada y urbana sólo cumpliría una función complementaria de la guerrilla rural, que sería quien protagonizaría el enfrentamiento, y quien a través de muchas pequeñas victorias parciales, conquistaría la victoria final reduciendo a la impotencia al ejército contrario. 4. La actividad militar del foco inauguraría un proceso donde cada acción, cada operación del foco motivaría réplica generalizada, respuesta de la represión. En la medida en que la guerrilla fuera operando con intensidad mayor, a niveles más altos, la represión se iría endureciendo, se iría generalizando. En la medida en que la dura represión, generalizándose, afectara a un sector cada vez más amplio de la población, mayores serían las simpatías que concitaría el foco y mayores, por lo tanto, sus posibilidades de desarrollo. En esta dialéctica ascendente de acción-represión, se generarían condiciones político-sociales cada vez más favorables a la acción militar, hasta culminar en una situación ideal en que importantes sectores de la población, sosteniendo a la guerrila, su vanguardia armada, impondría la caída del gobierno despótico, solo sostenido por la minoría privilegiada y por el aparato represivo, vencido en sus esfuerzos por suprimir militarmente la guerrilla. La generación de esta dinámica -en definitiva el planteo central del foquismo- emanaría de los éxitos armados. Estos generarían la perspectiva de victoria capaz de atraer a las masas en el marco de una creciente opresión política. La actividad de la guerrilla, la respuesta represiva que ella inevitablemente produciría, cerraría ante las masas todas las puertas, todas las vías que no fueran la vía de la lucha armada, volcando -necesariamente- al pueblo del lado de la revolución. Así se procedería por un camino corto, simple y directo, a la "politización de las masas", su nucleamiento tras la vanguardia armada guerrillera. A partir de este planteo se caía en la subestimación de la importancia de toda la actividad de masas (gremial, propagandística, política pública) no apuntada de manera directa a favorecer el esfuerzo bélico. Una actividad de masas suponía distraer fuerzas en aspectos considerados muy secundarios o aún negativos en la medida en que pudieran abrir expectativas y perspectivas que compitieran, eventualmente, con la vía de la lucha armada. Por lo demás, se partía de la base de que toda organización, toda actividad pública, sería barrida rápidamente por la represión una vez puesta en marcha la mecánica acción-represión accionada por el foco guerrillero. El tiempo transcurrido, la intensa, rica y tantas veces dolorosa experiencia realizada en estos años por los movimientos revolucionarios latinoamericanos, han ido dejando en claro los funestos errores del foquismo. 1. El simplismo de su concepción sobre las condiciones necesarias para iniciar y sobre todo para llevar adelante la lucha armada. Este tema, vasto y de importancia definitoria, merece, obviamente una consideración particularizada, que desborda el marco de esta breve referencia. Involucra el análisis de las relaciones entre las condiciones del nivel económico de la lucha de clases y los niveles político e ideológico (condiciones subjetivas de la misma y la consideración del papel que le cabe a la actividad armada en relación con ellos. Implica el deslinde con las corrientes reformistas, y lleva, necesariamente, a dilucidar puntos de vista teóricos, y a la crítica de las raíces sociales e ideológicas de la propia concepción foquista. Volveremos sobre este tema. 2. El desarrollo de las condiciones políticas y mucho menos el de las condiciones ideológicas, no se deriva de la actividad de la guerrilla en los términos bastante mecánicos previstos por el foquismo. La actividad del foco armado no se ha evidenciado como un sustituto adecuado, ni siquiera como un sustituto posible y viable de la actividad de partido. Esta insuficiencia salta a la vista en la medida en que la lucha se prolonga. Las respuestas políticas, tanto de las clases dominantes como de las dominadas, no se ajustan a las previsiones demasiado esquemáticas y rectilíneas del foquismo. Es evidente que pesó sobre esta concepción una perspectiva demasiado simplista de la estructura y funcionamiento de los niveles político e ideológico, cuya importancia, notoriamente se subestimó. Se sobrestimó, en cambio, notoriamente, la posibilidad de forzar por las armas el cambio de las condiciones políticas y de la mentalidad, creencias, de la gente. El retardo en el avance de las llamadas condiciones subjetivas siguió pesando, produciendo frecuentemente, el aislamiento del foco rural, y creando así, las condiciones de su aniquilamiento. 3. El rechazo de la posibilidad de una guerrilla urbana y la exclusividad reclamada para la guerrilla rural, es cosa juzgada por los hechos. Ha existido y existe una amplia práctica de lucha armada urbana. Inclusive es notorio que es ésta última la que ha ido adquiriendo en América Latina y aún a nivel mundial, un mayor desarrollo. 4. La mecánica acumulativa y ascendente de acción-represión, que conduciría a una polarización favorable de fuerzas, generalizando y aislando a la represión, y desarrollando y arraigando al foco, no se da habitualmente. La represión ha aprendido a mantener su selectividad, las clases dominantes pueden y saben adoptar contramedidas que traben y reviertan esta dinámica. En su estrategia, la actividad contrarevolucionaria del reformismo y el manejo de los viejos mitos ideológicos del liberalismo burgués, (las elecciones, la legalidad, etc.) han jugado un papel de una importancia que el foquismo no previó. III A la influencia de la concepción foquista puede imputarse la mayoría de los fracasos experimentados en los años posteriores al triunfo de la Revolución Cubana. No fue la lucha armada lo que fracasó, las que fracasaron claramente fueron las expectativas cortoplacistas que el foquismo entraña. En medio de esos fracasos es innegable -sin embargo- que la práctica amplia de la lucha armada contribuyó decisivamente a modificar las pautas y características de la acción política en América Latina. La práctica armada modificó radicalmente la manera de percibir y encarar los problemas de la revolución. Elevó a replantearse éstos en términos concretos y precisos. Puso sobre el tapete con realidad y urgencia acuciantes, los temas relacionados con las formas concretas de lograr con la violencia, la destrucción del poder burgués. Desde entonces está abierta insoslayablemente el problema del método a emplear, para desarrollar la vía armada de la revolución. El problema de la estrategia militar revolucionaria. Todo ello entrañó una revalorización del empleo, a todos los niveles, de la violencia revolucionaria. De la revolución hace varios decenios que se habla mucho en estos países. Pero hacía tiempo que poco se hacía por ella en concreto. Nada se planteaba respecto a las formas concretas en que el proceso revolucionario se plasmaría. En general el vacío que este problema sin previsible solución dejaba, se rellenaba con el mito de la llamada "insurrección proletaria" concebida en términos de un levantamiento popular generalizado, con gente que salía en masa a la calle, barricadas, etc. Mito heredado del siglo pasado y que la Comuna de París de 1871, el Octubre soviético o el 18 de Julio catalán, concretándolo con realidades, contribuían a mantener vivo en la imaginación de la gente. No se trata de que insurrecciones de este tipo no se puedan hacer. No se trata de que sean, bajo cualquier condición, imposibles. El "cordobazo" de mayo del 69 y jornadas similares en Rosario, Tucumán y otras ciudades, muestran de manera más que suficiente y con ejemplos bien cercanos, que la era de las insurrecciones populares generalizadas, callejeras, está muy lejos de haber terminado. El problema es que la insurrección se convierta en mito, un mito cómodo, oportunistamente manejable, si se la aisla de la práctica política concreta, habitual y cotidiana. Y eso es lo que desde hace muchos años hacía y hace el reformismo. Eso es lo que hizo primero la social democracia de los viejos partidos socialistas, que terminó renunciando expresamente a la violencia, a la insurrección y a la revolución. Eso es lo que hicieron y hacen los neo-socialistas de los partidos comunistas que todavía hablan de revolución mientras hacen lo posible para que ésta no llegue. El reformismo ubica la insurrección en el cielo de los ideales inalcanzables. Exaltándola verbalmente trata -en los hechos- de impedir que se prepare. En ese desencuentro, en esa incoherencia entre su práctica política contrarrevolucionaria y su verbalismo sobre un desenlace insurreccional final, buscan fundamentar su eterna afirmación de que "faltan condiciones" cada vez que se intenta hacer avanzar el proceso de la lucha política, aplicando medios no incluidos en su muy limitado recetario. Este se limita básicamente a dos cosas: a) en el nivel económico de la lucha de clases, acción reivindicativa salarial, desarrollada con el mayor respeto por la "legalidad" burguesa y por ende pacífica; b) en el nivel político, parlamentarismo, electoralismo, como forma de capitalizar políticamente los resultados de la lucha económica. Confinando su práctica a todos los niveles dentro de los marcos cada vez más estrechos de la legalidad burguesa, el reformismo crea las condiciones para su integración cada vez mayor en el sistema. Obstaculiza y trata de impedir el desarrollo de las condiciones para la destrucción de éste. Es obvio que si el designio y el proyecto revolucionario no están presentes guiando la práctica cotidiana de la lucha a todos los niveles, nunca se procesarán las condiciones para un desenlace revolucionario. El sistema capitalista no será destruido siguiendo las reglas de juego que él mismo se da para asegurar su continuidad. Esa continuidad es la que contribuye a mantener quien se aviene a hacer sólo lo que la legalidad burguesa permite, o sea sólo lo que la legalidad manejada por la burguesía, recomienda que se haga. Por eso de la línea reformista sólo puede surgir un reformismo cada vez mayor, un retroceso cada vez mayor respecto del famoso desenlace insurreccional que posponen para un "momento oportuno" indefinible. Por eso no pueden formular, ni quieren hacerlo, ningún lineamiento estratégico-militar. Convirtiendo en mito la idea de la "insurrección proletaria", los reformistas la convierten en pretexto legitimante de su práctica contrarrevolucionaria, tan útil al sistema. Lejos de representar una alternativa opuesta a éste, apuntada a destruirlo, se convierte en la práctica diaria, en los hechos concretos y cotidianos, en una manera de "perfeccionarlo", de corregirlo en sus manifestaciones más extremas y visibles de injusticia. Importa insistir sobre esto, porque el mito de una inaprensible insurrección futura, súbita y milagrosamente surgida, sin que nadie la prepare, como final paradójico de una práctica ultralegalista, es la contrapartida de otro mito arraigado: el de la invencibilidad de la represión. "La revolución será posible cuando haya condiciones" dicen los partidos comunistas y con ellos todos los reformistas agregan "llegará entonces el día de la revolución". "Pero los que antes de ese día violen las leyes, empuñando las armas, serán fatalmente vencidos" afirman. Y a partir de ahí condenan siempre como "putchistas", "aventureros", "aprovechadores" a quienes no se resignan a transitar por la vía muerta electoral, esperando ese hipotético día en que la revolución baje milagrosamente del cielo idealista en que la recluye la charla barata de los capituladores. Esta absurda concepción, disfrazada con fraseologías seudo-científicas, fue durante mucho tiempo la predominante en la izquierda. Ante cada fracaso, ante cada derrota de la revolución, se trata, otra vez, de rehabilitarla como un dogma inviolable. Ante cada triunfo de la revolución se trata de adoptarlo, se trata de inventar seudo-demostraciones de que en realidad la revolución avanza aplicando las doctrinas...de los reformistas. Pero a pesar de sus inagotables recursos "polémicos" los reformistas no pueden ni podrán destruir los hechos. Y es en el terreno de los hechos donde se ha demostrado la viabilidad de la lucha armada, ya incorporada definitivamente a la estrategia política de las organizaciones revolucionarias. El problema vigente es el de las características precisas que debe revestir en cada formación social, nacional o regional, esa estrategia. No está sobre el tapete una polémica en torno a la adopción de la guerrilla urbana o la rural como formas exclusivas o excluyentes. No radica allí el centro del análisis útil que puede realizarse en torno a la experiencia de lucha armada pasada o actual. El tema central es el análisis de la concepción foquista que en su formulación primaria y ortodoxa sostuvo la guerrilla rural como forma prioritaria y exclusiva, pero que luego se adaptó también a formas de guerrilla urbana. Es esta concepción foquista en todas sus variantes lo que está en crisis y no la lucha armada, que mantiene su vigencia. La lucha armada como la concebimos, como aspecto fundamental de la práctica política de un partido clandestino que actúa también, en base a una estrategia armónica y global, a nivel de masas. Es esta concepción correcta de la lucha, la que resulta reafirmada por la experiencia recogida. IV El desarrollo de la lucha cambió totalmente en estos últimos años los términos en que tradicionalmente se planteaba la lucha en América Latina. Significó la superación, seguramente definitiva, de una larga etapa en la cual aquella lucha se concebía según dos pautas: a. a nivel económico de la lucha de clases: actividad de masas, sindical, de contenido reivindicativo, fundamentalmente salarial, procesada por los métodos tradicionales (paros, huelgas, actos, etc.) practicados dentro de los marcos de la legalidad burguesa. b. a nivel político de la lucha de clases: actividad de partidos legales con sus métodos tradicionales (locales públicos, actos, propaganda, publicaciones, difusión ideológica, etc.) apuntada decisivamente a obtener resultados electorales. La vía para llegar al poder (identificado falsamente con el gobierno) era el voto. La obtención de representaciones parlamentarias cada vez más numerosas, significaba etapas hacia ese desenlace. La violencia en los niveles tanto económicos como políticos de la lucha de clases -decían- era negativa puesto que implicaba poner obstáculos, "pretextar" obstáculos a la vía electoral. Concebida ésta como la única vía posible para llegar al "poder" y siendo éste el problema cardinal de la práctica política, todo debía contribuir a mantener abierta esta vía. Dicho de otro modo: siendo la obtención del poder lo políticamente decisivo, llegándose al poder por la vía electoral y siendo las elecciones algo "legal", había que estar dentro de la ley para poder votar...y así poder llegar al poder. Esta ha sido y es la médula del planteo político reformista, electoralista. En base a ese planteo toda violencia debería ser rechazada porque hace peligrar las elecciones, y por lo tanto, la posibilidad de llegar al poder. Se complementa esta "argumentación" identificando el legalismo con la posibilidad de realizar cualquier tipo de actividad de masas. Aún a nivel sindical, sólo se podrá mantener "contacto con las masas" actuando "legalmente". La violencia sólo da "pretextos" a la represión, represión que fatalmente "aisla", tal parte del razonamiento que los reformistas hacen. A nivel de la lucha económica, la violencia "pretexta" represión, aisla, perjudica la actividad de masas y hasta puede pretextar que la reacción obstaculice la única vía -necesariamente electoral y por tanto necesariamente legal- para llegar al poder. Sería entonces "infantilismo", "espontaneísmo". Y ahí los reformistas se ceban con los errores del anarco-sindicalismo, que al subordinar, efectivamente, el nivel político al nivel económico de la lucha de clases, al no proponer una solución clara al problema de la destrucción del poder burgués, queda "regalado" para críticas demasiado fáciles de los reformistas. Por nuestra parte y hace años -lo repetimos por las dudas- sostenemos que el objetivo de la violencia a nivel de la lucha económica, NO ES SOLO ni siquiera es PRINCIPALMENTE la obtención de las reivindicaciones económicas en sí mismas. Que la violencia en la lucha económica tiene por función contribuir -entiéndase bien CONTRIBUIR- a elevar el nivel de esas luchas a nivel político. Contribuir (junto con los otros medios: propaganda, lucha ideológica, lucha pública legal o no) a elevar la lucha económica en la mayor medida posible, al nivel de lucha política. Contribuir a elevar la conciencia gremial de interés económico que anima la lucha económica. Contribuir decimos, a elevarla a conciencia política, de interés político que es la conciencia necesaria para destruir el poder político burgués -el estado burgués- objetivo último de toda práctica política revolucionaria. Destrucción del estado capitalista, destrucción del poder burgués que es necesariamente violento, que no se puede lograr llegando (suponiendo que se pueda...) a través de elecciones a ocupar ciertos cargos oficiales (en las Cámaras o aún en la Presidencia) que son apenas algunos elementos y no los más importantes, a través de los cuales opera el poder burgués. Y como es imposible, nunca se vio, ni nadie sensatamente puede pretender que el estado capitalista se "extinga" para dejar paso al socialismo, ni que la burguesía vaya a "donar" pacíficamente sus propiedades al pueblo o vaya a renunciar pacíficamente a su dominación y a su poder, éstos deben ser destruidos por la fuerza. Sólo los caraduras burgueses, mintiendo a sabiendas, hablan de que el capitalismo ha cambiado en su esencia. Que ahora es "capitalismo del pueblo" como dicen los ideólogos yanquis y corea aquí, repitiéndolos Rafael Caldera. Sólo los vivillos -o papanatas- reformistas creen que le van a cambiar, de a poquito, con "sabias" leyes parlamentarias. O que pueda haber un capitalismo "bueno", dirigido por una "burguesía nacional", que algunos inventan cada vez que la cosa se pone medio fea... La afirmación de esa necesidad de la violencia revolucionaria, la necesidad de la revolución, y la superación teórico-práctica del reformismo pequeño-burgués (nacionalista o democristiano, "populista" que le dicen) u obrero (social-demócrata, trotskista, o comunista, "marxista" que le dicen) ha sido el aporte fundamental que las organizaciones armadas de América Latina han hecho al proceso ascendente de las luchas de nuestros pueblos. Una organización es realmente revolucionaria si se plantea y resuelve realmente el problema del poder, y el problema del poder sólo se resuelve con una adecuada línea de práctica de la violencia, o sea con una adecuada línea militar. La demostración en suma de que sólo habrá socialismo con revolución, o sea con destrucción violenta del estado burgués. Que sólo habrá destrucción violenta del estado, del poder burgués, con una práctica político-militar adecuada, son todos aportes hechos en estos años por las organizaciones armadas del continente. Dicho de otro modo. Ninguna organización es realmente revolucionaria hasta que no se plantea y resuelve los problemas del aspecto violento, militar de su práctica política. No hay política revolucionaria sin teoría revolucionaria. No hay política revolucionaria sin línea militar revolucionaria. Todo esto ha quedado claro, y clarificar esto ha sido un aporte invalorable. Ha hecho avanzar la lucha de clases a todos sus niveles. Pero la realidad es dialéctica. Cuando se han hecho ciertas comprobaciones, a partir de esas comprobaciones surgen problemas nuevos. Cuando se ha llegado a un nivel superior, más elevado de comprensión, de práctica, y de experiencia (y la comprensión -salvo para los charlatanes de café- siempre indica experiencia, práctica) nuevos problemas, también a un nivel más alto, más fino, requieren nuestra atención y deben ser resueltos. Nuestro país no ha sido, como pronosticaban algunos, una excepción dentro del proceso de avance de la revolución latinoamericana. Aquí también hemos vivido prácticamente aquellas experiencias. Aquí ha habido y hay una vasta y fecunda práctica político-militar. Analizarla, profundizar en su contenido, comprender realmente las causas y el sentido de sus avances y sus retrocesos, es una tarea decisiva de hoy a la que no nos podemos sustraer. V La práctica de la guerrilla urbana en nuestro país por parte de los UTC del M.L.N. supuso, desde el principio, la introducción de variantes en el esquema foquista ortodoxo. La más obvia: el carácter urbano de la guerrilla, que en su momento muchos negaban como viable. Pero la guerrilla replantea básicamente dos problemas políticos: 1. el problema de las características que, en condiciones de guerrilla urbana, reviste la vinculación de la guerrilla con las masas y la política a desarrollar en relación con esto. En otros términos, el problema de las modalidades concretas según las cuales, actuando la guerrilla en medio urbano, se capitaliza políticamente la simpatía popular que puede promover su acción; 2. el problema de como se procesa, a través de la práctica guerrillera urbana, la destrucción militar del aparato represivo, requisito previo para la destrucción del poder burgués. La mera formulación de estas dos cuestiones nos conduce claramente a plantearnos dos preguntas que son previas, porque las respuestas que les demos, dependerán del tipo de solución que les demos a los dos problemas planteados antes. Las dos preguntas son: 1º.) ¿Para qué se hace la guerrilla, cuáles son sus objetivos, su programa? 2º.) ¿Cuándo se inicia la lucha guerrillera y cuándo termina? 1. ¿Para qué se hace la guerrilla, cuáles son sus objetivos, su programa? Ha habido guerrillas cuyo objetivo fue sólo la conquista de la independencia nacional. Planteándolo en términos de clase, esta independencia significa sustituir la dominación política directa por la burguesía metropolitana imperialista, ejercida a través del aparato de estado burgués, metropolitano, sustituirla decimos, por la dominación ejercida por la burguesía local, a través de un aparato de estado burgués local, "nacional". Las burguesías nacionales en la etapa actual, imperialista, del capitalismo son -lo sabemos- burguesías dependientes y los estados que ellas crean son solo a medias soberanos. No le queremos restar su importancia a estos procesos de lucha por la independencia política, ni negar las posibilidades de acción revolucionaria que pueden habilitar en ciertas coyunturas. Simplemente queremos descarnar, desde un punto de vista clasista, la esencia de un asunto en torno al cual se hace cada vez más barullo y confusión. Guerras por la independencia fueron las que protagonizaron, por ejemplo, el IRA en Irlanda, dirigido por el nacionalista burgués De Valera; el IRGUN ZVAL LEUMI dirigido por el fascista judío Menahen Beguin en Israel; la EOKA dirigida por el coronel fascista greco-chipriota GRIVAS en Chipre. Todas guerras de guerrillas por la independencia nacional, anticoloniales, contra la dominación inglesa. No guerras de liberación, de sentido socialista y antiburgués. Los imperialistas ingleses no querían -por supuesto- irse. La guerrilla, en los tres casos citados, casi exclusivamente urbana, llevó contra ellos guerras relativamente breves. No daremos detalles aquí. Información periodística y somera, pero suficiente a los efectos, se encuentra en libros como "La guerra de la pulga" de Taber. Inglaterra -imperio decadente como Francia- resistió hasta cierto punto. Cuando el balance de costos económicos y -fundamentalmente- políticos les fue claramente deficitario, se fueron. Porque los ejércitos coloniales pueden irse. Los ejércitos "nacionales", de las burguesías nacionales dependientes, en cambio, cuando las revoluciones son sociales, anticapitalistas, resisten hasta el fin. Deben ser vencidos militarmente, destruidos. Esto pone sobre el tapete, de entrada, una diferencia esencial entre la dimensión de la tarea militar a que se ven abocadas las revoluciones burguesas por la independencia política y las revoluciones de las clases dominadas por su liberación nacional. De las tres revoluciones anticoloniales que citamos antes, las respectivas guerrillas urbanas, tuvieron como cometido esencial, generar condiciones políticas que ambientaran soluciones de compromiso entre las clases dominantes de sus países y las de los países imperialistas. En el Uruguay, donde la independencia formal ya está conseguida, la función de la guerrilla urbana es la de contribuir a derrocar el poder de las clases dominantes locales, aliadas al imperialismo. Su tarea político-militar, es, por lo tanto, mucho más compleja y esencialmente distinta. De ahí que no nos sea posible recoger, simplemente, como "modelo" la experiencia de aquellas guerrillas urbanas anticoloniales, tentación a la que no siempre se sustraen quienes meditan o escriben sobre estos temas. Los objetivos de la revolución condicionan toda la política revolucionaria, sin excluir sus aspectos militares. De ahí que sea previa a toda otra consideración, definir os objetivos o sea, en términos generales, el carácter del proceso revolucionario en el cual se inscribirá la práctica político-militar. En las guerras por la independencia, la causa es "nacional", o sea que es la causa de las clases dominantes locales, asumida en general a nivel de militancia concreta, por las pequeñas burguesías locales, imbuidas de la ideología de aquellas clases dominantes. Cabe hacer esta puntualización puesto que es imposible concebir una idea de nación, de patria, ajena a un contenido de clase. La nación no es más que la nación burguesa, donde dominan los burgueses, cuando este concepto lo maneja la burguesía. Desde un punto de vista clasista, el único concepto de nación aceptable, es el que involucra la desaparición del capitalismo, el socialismo. Así el "interés nacional" de la burguesía, nada tiene de común con el interés nacional de las clases trabajadoras. Pero en las revoluciones anticoloniales es generalmente la ideología nacionalista burguesa la que predomina y aglutina tras las clases dominantes locales, al conjunto de la población. La realidad de la lucha de clases se oscurece entonces, tras la ideología "patriótica". Entonces es fácil movilizar a todo el pueblo, sin distinciones, tras la guerrilla. Esta obtiene rápidamente un apoyo "nacional" para una guerra "nacional"...burguesa. Si la guerra no es anticolonial sino social -y así será en el Uruguay- habrá tantos "patriotismos" como clases sociales estén en condiciones de generar tendencias ideológicas. Habrá un "nacionalismo" burgués que será la cobertura ideológica de la real dependencia del imperio. Y habrá un nacionalismo obrero y popular que será la proyección, a nivel de la cuestión nacional, de la teoría socialista y de los contenidos ideológicos fundados en ella. La guerrilla urbana no tendrá aquí, nunca, el apoyo de "toda la nación" por más que se proclame nacionalista. Sólo tendrá el apoyo de aquellas clases que estén interesadas en el socialismo. Sucederá así porque nuestra revolución será social y no anticolonial. Porque enfrenta y enfrentará a una burguesía que, por más que sea dependiente en la realidad, económica, política e ideológicamente, en lo formal ya ha concretado la independencia política, ya ha estructurado su estado como estado "soberano". No es posible aquí -y esto es útil retenerlo- una lucha nacional, anti-imperialista, al margen de la lucha de clases. Dicho de otro modo: lo central y prioritario es la revolución contra la burguesía nacional dependiente y sólo a través de ésta se desarrollará la verdadera lucha por la causa nacional del pueblo. Toda política militar revolucionaria será, entonces, una política militar de clase, que en todas sus etapas debe coincidir con los intereses de la clase obrera y demás clases trabajadoras. Es inútil, por tanto, intentar concitar la adhesión de sectores burgueses en torno a una política revolucionaria, por más que ésta se vista de "nacional". Las tareas de la revolución uruguaya apuntan a un tránsito al socialismo y el aspecto nacional de esas tareas, está inevitablemente subordinado a aquel, su contenido esencial. Ha habido guerrillas cuyo objetivo ha sido lograr, simplemente, cambios a nivel político (derribar una dictadura militar, por ejemplo) y realizar ciertas reformas económico-sociales (reformas agrarias, por ejemplo). Tal fue el caso de la guerrilla en Cuba, en su etapa propiamente guerrillera de la Sierra Maestra. La guerrilla no se inició allí con objetivos socialistas, aunque actuaran en sus filas, desde el principio, militantes que ya eran, sin duda, socialistas como el Che. La ideología de Fidel en su alegato "La historia me absolverá" luego del ataque al Moncada, es la ideología de un pequeño burgués, liberal y reformista. No más. El programa económico del "26 de Julio" bajo la influencia del economista Felipe Pazos, era desarrollista, postulaba un desarrollo capitalista nacional que incluía, como siempre en estos casos, y como aconsejaba CEPAL, medidas de reforma agraria y reformas sociales diversas. El objetivo político era derrocar la dictadura militar de Batista para restablecer la democracia parlamentaria, la democracia liberal burguesa. El objetivo económico-social era la reforma agraria propietarista, la lucha contra los monopolios extranjeros, el desarrollo capitalista "nacional", la "justicia social"...capitalista. Se pagaba tributo así a la utopía pequeño-burguesa de un capitalismo independiente, sin las "injusticias" y los "abusos" de los monopolios extranjeros. Un capitalismo pre-monopolista y "humano" con el obrero... Con este programa, enfrentada a una dictadura corrupta, aplicando por primera vez en América Latina la estrategia del foco guerrillero rural, la guerrilla agrupó, en poco tiempo, tras de sí a todo el pueblo, incluso a la colonia cubana, para enviar fondos al movimiento del "Doctor Castro" que salía, sin problemas, fotografiado en las portadas de "Life". ¿Qué esperaba el imperialismo? Al principio sostuvo a Batista. Cuando vio que éste estaba gastado lo abandonó. No desembarcaron allí los "marines" como lo harían unos años después en Santo Domingo. Se resignaron a que el "Doctor Castro" -al fin de cuentas un joven e inexperto guerrillero liberal, pensaban- volteara a la dictadura militar. Luego los viajes políticos burgueses de aquella islita vecina se encargarían de que las cosas se encarrilaran democráticamente...en favor del imperialismo y su burguesía dependiente. Estas previsiones yanquis parecieron cumplirse al principio. Un abogado burgués, el Doctor Urrutia, recibió la presidencia de manos de Fidel victorioso. Miró Cardona fue primer ministro y respetables figuras formaron su gabinete. Es un tiempo después que cayó Batista que se produce la radicalización de la Revolución Cubana, su rápido viraje hacia nuevos objetivos: hacia objetivos socialistas. No vamos a describir ese proceso que nos apartaría de nuestro tema. Baste recordar que Urrutia tuvo que renunciar, que Miró Cardona huyó a Miami, que varios ministros de la primera hora pasaron a la contrarrevolución... Imperialismo y burguesía esperaban un mero relevo del personal de gobierno y les salió un cambio de sistema social. Nunca más se expondrían en América Latina a tales sorpresas. Toda revolución, en lo sucesivo, debe contar con la intervención extranjera respaldada por las burguesías locales. En el caso uruguayo, cuando llegue a peligrar, alguna vez, la dominación burguesa, la intervención vendrá. Según lo que se puede prever ahora, lo más probable es que intervenga la burguesía de Brasil. Este es otro elemento que importa retener. Recapitulando. Si nos remitimos a las experiencias históricas de guerrillas urbanas victoriosas o a la experiencia triunfante de guerrilla foquista latinoamericana, a la pregunta del principio: ¿para qué se hacen las guerrillas, cuáles son sus objetivos?, deberemos contestar: se han hecho por la independencia política de colonias o por restaurar la democracia liberal-burguesa. 1. A la segunda pregunta: ¿cuándo se inicia la guerrilla y cuándo termina?, ya estamos, por supuesto, en condiciones de contestarla. La guerrilla anticolonial comienza cuando la maduración de una burguesía local dependiente operando al amparo de una coyuntura internacional favorable, lanza un movimiento nacional. Termina cuando se logra la independencia política formal. La guerrilla anti-dictatorial, democrática, comienza cuando la dictadura, perdiendo su base social, se hace "insoportable" para la mayoría de la gente, incluyendo sectores importantes de la burguesía. Termina, con la restauración de la democracia burguesa. En Uruguay, cuando empezó a operar la guerrilla: ¿Había una situación colonial?. NO. ¿Había una situación de dictadura? NO. Pero si no era ni anticolonial, ni democrática, ¿qué sentido, qué carácter, qué objetivos tenía la lucha armada que se iniciaba? Responder a estas preguntas, implica explicarse los errores y aciertos del M.L.N. en la resolución de dos problemas básicos que citamos al principio: a) el de la vinculación guerrilla-masa y b) el de la destrucción militar del aparato represivo. VI En el Uruguay, cuando empezó a operar el foco, no había una situación colonial. Uruguay es, por supuesto, un país capitalista dependiente pero es quizás, ahora, uno de los países donde la acción del imperialismo se ejerce a través de mecanismos menos visibles para las masas. El imperialismo existe, pero se ve mucho menos que en otros lados. No se trataría pues de una guerra anticolonial. No había una dictadura. Existía por supuesto -y existe- la dictadura burguesa de clase, común a todos los países capitalistas, aquí excepcionalmente bien velada por la forma de estado democrático-burguesa. El liberalismo democrático está muy arraigado, como ideología, en la conciencia del pueblo, incluso en la clase obrera. Los partidos tradicionales, el reformismo pequeño-burgués y obrero (encarnado especialmente por el Partido Comunista) contribuyen invariablemente a consolidar en las clases dominadas la influencia de la tendencia ideológica burguesa. A esta tendencia se va integrando, cada vez más, el reformismo obrero que se sigue auto-designando, sin embargo, como "marxista-leninista". Pero si no es anticolonial, ni "democrática", ¿qué carácter tiene la guerra que la guerrilla foquista inició? En términos generales ¿qué carácter tiene -y tendrá- al menos en su etapa inicial y por un largo período, la acción armada en el Uruguay? Tuvo, tiene y tendrá por un largo período, un carácter decisivamente social, un carácter de clase. Tendrá, por lo tanto, una impronta claramente socialista y así será percibida por las clases dominantes que, a partir de Cuba, ven en toda acción popular armada un peligro, diga lo que diga. Se inició y se hará la lucha armada en función del interés de las clases dominadas contra el interés de las clases dominantes. Representará los intereses de la clase obrera, de la pequeña burguesía trabajadora, del proletariado agrícola y también -en una etapa al menos- de la pequeña burguesía tradicional urbana (propietaria de medios de producción) y de la pequeña burguesía pobre y aún media del campo (minifundistas, pequeños y aún medianos propietarios y arrendatarios, etc.). Las clases trabajadoras son beneficiarias de un régimen socialista con el cual por supuesto, no tienen contradicciones objetivas. Los sectores pequeño-burgueses no tienen por qué tener contradicciones antagónicas, en lo inmediato con el proceso revolucionario. Sí las tienen las clases dominantes. Los grandes terratenientes, la fracción comercial de la burguesía importadora y exportadora, ligada al imperialismo, la burguesía industrial asociada o vinculada al imperialismo, los monopolios imperialistas, la fracción financiera de la burguesía, etc. En definitiva, toda la burguesía que aquí, como en toda América Latina es cada vez más dependiente y el imperialismo del cual depende. Todos ellos son y serán contrarrevolucionarios. La guerrilla, la guerra en nuestro país, por lo tanto no podía ni puede empezar siendo "patriótica" o "democrática". Aunque puede devenir, en su desarrollo, "nacional" y eventualmente, "democrática", nace socialista y ese será el fin, su rasgo dominante. Por lo tanto, será enfrentada, desde el pique, por todas las clases dominantes. Tiene un carácter de guerra de clases aunque adquiera, en una etapa avanzada un carácter también de guerra nacional, pues si el proceso avanza, intervendrán las burguesías de los países vecinos. Esta lucha armada es el nivel más alto de una descarnada y cruda lucha de clases, que ninguna posibilidad de alianzas con sectores burgueses "nacionales" puede, en lo esencial, enturbiar ni aún en la etapa en que se convierta en guerra nacional. Enunciamos todo esto aquí, en un tono que, provisoriamente puede resultar esquemático, porque sólo lo traemos a colación para ubicar, primariamente, las condicionantes dentro de las que se movió la práctica foquista. Esta implicó una particular comprensión y una peculiar interpretación de esas condicionantes, según veremos. La acción armada expresa así, el nivel más elevado de la lucha de clases y en el Uruguay, decimos, no puede expresar otra cosa. Al menos inicialmente. Pero ¿cuál era y cuál es el nivel adquirido por esa lucha de clases aquí? A nivel económico ésta ha tenido una amplia extensión y una relativa profundización, en los últimos tiempos, en ciertos sectores. Hay un movimiento sindical cuantitativamente importante y capaz de actuar, a veces, con bastante combatividad por reivindicaciones de tipo preferentemente salarial, aunque también sostenga objetivos políticos importantes, vinculados, sobre todo a la preservación de la autonomía de los sindicatos como órganos de clase (luchas contra reglamentaciones sindicales u otros intentos de integrarlos institucionalmente al estado). Pero a nivel político e ideológico la clase obrera y todas las clases trabajadoras siguen, en alto grado, prisioneras de la influencia de la tendencia ideológica de las clases dominantes. Siguen concibiendo la acción política en los términos que se la propone la ideología burguesa. El Partido Comunista, como fuerza más gravitante en la dirección del movimiento obrero, a través de la estrategia y la táctica coherentemente reformistas que ha impuesto a la lucha de clases, tanto a nivel económico como político, no hace más que consolidar así el predominio de la tendencia ideológica burguesa. El propio Partido Comunista se pliega a ella "importándola" dentro del movimiento obrero y popular y al propio tiempo se va viendo cada vez más prisionero de ella. El peso del predominio ideológico burgués en las masas, reforzado por el reformismo obrero del Partido Comunista, desconceptuó a ojos de algunos revolucionarios la viabilidad de una línea de masas revolucionaria. Identificaron las modalidades reformistas de acción a nivel económico de la lucha de clases con la lucha económica en sí. Esto les ocultó la perspectiva de una práctica revolucionaria aún en el nivel económico, el más elemental de la lucha de clases. La acción sindical les pareció entonces poco redituable políticamente, demasiado limitada o inútil a algunos revolucionarios, impacientes ante la lentitud con que la clase obrera procesa su ascenso desde el nivel de la lucha económica al nivel de la lucha política. No evaluaron que ese tránsito puede postergarse más aún, puede no darse, incluso, si la lucha económica la dirige el reformismo. No vieron que la lucha económica, sin dejar de serlo, pero bajo dirección revolucionaria, es el fundamento primario del desarrollo de la conciencia de clase, que es conciencia política, conciencia de los intereses históricos de clase. Pero bajo dirección reformista ese proceso de maduración puede enlentecerse, distorsionarse y congelarse por largos períodos. A nivel de lucha política incluso, el retraso ideológico de las clases dominadas, su contumaz adhesión a la ideología burguesa, al electoralismo y a los partidos burgueses en las elecciones, operó en el mismo sentido. ¿Qué hacer entonces? Ante esta pregunta, la lucha armada se les apareció, a muchos revolucionarios, como un atajo que permitiría acortar el proceso, abreviarlo salteando etapas. La decepción sobre las posibilidades de desarrollo político de las masas ambientó la adopción de la concepción foquista de la guerrilla, contribuyó a plantear como contradictorios dos aspectos de una misma práctica política, que sólo son válidos si se dan dialécticamente unidos: la acción armada y la acción de masas. Cabe aquí una precisión que creemos justo y útil hacer: subestimando la importancia de una línea de masas, subestimando las posibilidades y la necesidad política vital de un trabajo organizado en las masas, los compañeros del M.L.N. no negaron, sin embargo, todo papel a las masas en el proceso. No es justa, nos parece, la acusación de "putchismo", de "blanquismo" que desde el reformismo se les lanzara, antes en voz baja y de soslayo y ahora abiertamente. El M.L.N. trató de no ser una sociedad de conjurados que con un golpe de mano sorpresivo, tomaría el poder. El M.L.N. buscó, desde el principio, concitar la simpatía de las masas. En este aspecto sus errores fueron de otro tipo: Consistieron: 1o.) En la forma en que concibió la obtención de esa simpatía de masas, en la táctica a la que se fijó para tratar de obtenerla. 2o.)En el papel que asignó, dentro del proceso, a las masas cuya simpatía fuera adquiriendo gradualmente. Ambos errores reflejan, por supuesto las debilidades de la concepción foquista. Una práctica política revolucionaria justa, en el Uruguay de hoy, debe integrar acción armada y acción de masas. Pero ¿qué es lo central, lo prioritario? ¿Cuál es el aspecto principal al cual debe subordinarse el otro? El M.L.N. subestimó las posibilidades de una práctica política revolucionaria en las masas. Subestimó, en función de ello, la actividad política organizada en los sindicatos y la actividad pública (legal o no) de organizaciones de tipo político. Negó la necesidad de centralizar la práctica política en todos sus niveles (sindical, política pública, político-militar clandestina, teórico-ideológica) desde un partido clandestino. Creyó, paradójicamente, que era posible centralizar la orientación de las masas desde un centro sólo militar, desde la guerrilla, entendida según la concepción foquista. Quiso ponerle una cabeza militar a masas a las cuales no reconocía el grado de desarrollo necesario para hacer viable una línea sindical, ideológica y política, revolucionaria a ese nivel, a nivel de masas. El malestar social, de raíz en última instancia económica, que no consideraba suficiente para viabilizar una línea revolucionaria de masas, le parecía sí, en cambio suficiente como para llegar a posibilitar el respaldo a una práctica militar que, lógicamente supone la existencia de un nivel bastante elevado de conciencia. El retraso político-ideológico de la clase trabajadora, su conciencia sólo "economista", su "sindicalismo", fue invocado para no "quemar" las pocas fuerzas disponibles inicialmente impulsando allí un trabajo de masas revolucionario. Pero al mismo tiempo la conciencia reivindicativa, el nivel alcanzado por las luchas económicas, la combatividad en ellas demostrada frecuentemente, se invocó reiteradamente como prueba de la necesidad de crear un foco guerrillero que tradujese esa combatividad al nivel político como una alternativa de poder. Esta contradicción, el M.L.N. confió superarla a través del revulsivo ideológico que constituye el empleo ejemplificante de la violencia VII Decíamos que, desde el comienzo, la concepción de la actividad para las masas del foquismo, adoleció de una contradicción. Contradicción nunca resuelta adecuadamente a pesar de las distintas variantes e inflexiones que la línea foquista tuvo en esa materia. La contradicción consistió en que mientras, por un lado, se subestimó la actividad organizada en las masas, en base a una evaluación muy pesimista de sus posibilidades, por otro lado se supuso, en las mismas masas, la aptitud política necesaria para llegar a aceptar y simpatizar con una actividad armada concebida como paralela a las luchas populares. Consistió en considerar, simultáneamente, que la clase trabajadora estaba "verde" para aceptar una línea revolucionaria de masas, pero "madura" para aceptar una práctica militar de guerrilla urbana, paralela a las luchas de esas mismas masas. Esta práctica militar sería paralela y no coincidente ni convergente con las luchas de los trabajadores en la medida en que lo que se trataba era de la preparación de un aparato armado clandestino capaz de llegar a poder disputarle el poder a la burguesía. Toda la política para masas del M.L.N. se supeditó al logro de este objetivo, fue puesta al servicio de su logro. Las simpatías de las masas se obtendrían a través de acciones armadas. Se desenvolvió así una peculiar versión de la propaganda por el hecho (hechos armados "simpáticos" complementada, por períodos, con formas de propaganda armada. Hay en este criterio elementos positivos y erróneos. Fuente : http://www.pvp.org.uy/caribonicopei.htm

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Zoo Bal Park el zoologico mas deprimente que vi en mi vida.
Zoo Bal Park el zoologico mas deprimente que vi en mi vida.
EcologiaporAnónimoFecha desconocida

Hago este post para quejarme de algo que me paso hace unos 10 años , cuando viaje a Misiones y que esto me tiene dando vuelta en la cabeza desde aquella vez y necesito compartirlo y que lo vean por ustedes mismos . La historia de como conocí este zoo fue así , tenía yo alrededor de 11 años era un viaje familiar , yo mi mamá , mi papá y mi hermana fuimos a visitar las famosas Cataratas del Iguazú en Misiones . El viaje fue en auto , bueno vamos al punto yendo para iguazu por ruta 12 en la localidad de "Montecarlo" vimos un cartel que decía zoologico a 2 kilometros , nos pareció una buena idea ir a visitar ese lugar ya que yo y mi hermana en esa época teniamos fascinación por los animales , llegamos al zoologico . tenía una entrada bastante pintoresca : Este zoologíco cabe aclarar que no es un zoologico del estado y es particular , dice ser que tiene buenas condiciones y que los animales están bien cuidados , pero la realidad es totalmente diferente , son jaulas extremadamentes pequeñas , donde los animales apenas se pueden mover , lamentablemente las fotos que tome en esa época se perdieron , pero no obstante les voy a mostrar algunas que se pueden encontrar en internet y son de las mas "livinanas" por así decirlo .... Antes de msotrarles las fotos , les voy a decir lo que yo presencie en persona aquella vez . #Monos Titis encerrados en una jaula de cotorra y no eran ni 2 , ni 3 , eran 10 ! # Tigres y leones en jaula 2x2 con alimentos podridos que largaban un olor nausiabundo , cabe destacar que los animales estaban sumamente flacos . #Cocodrilos en piletas de pelopincho #Un elefante atado a un arbol con unas cadenas , en donde apenas se podían mover . #Aves de todo tipo encerradas en jaulas diminutas , y cuyas jaulas están todas sucias por su propias eses Ahora si , las fotos que te dan bronca e impotencia de como puede haber un lugar así que funcione sin mas impunidad . Y si no es suficiente con esas imagenes les dejo un video ! link: En su pagina oficial lo pintan todo muy lindo y hermoso , pero la realidad es otra , es un zoologico que esta hecho de forma muy casera , hecho para el disfrute de las personas y no para el disfrute de los animales . Si le quieren dejar un comentario les dejo su web oficial http://www.conocermisiones.com.ar/es/lugares/zoo-bal-park no hago este post para tener puntos ni nada , solo para desahogarme ya que esto me estaba la conciencia y me sentia culpable por haber ido a ese lugar .

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Ni el Gangam style ni peter la anguila , el baile del Nigga.
HumorporAnónimo12/29/2012

link: http://www.youtube.com/watch?v=rdsmuElafSY&feature=share Nigga nigga nigga nigga nigga ♪♫

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