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Simone-Blumer

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Primer post: 13 oct 2011Último post: 13 oct 2011
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Dialogo entre un sacerdote y un moribundo (reflexión)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo10/13/2011

-Fue publicado en fecha tardía en su lengua original. En su forma manuscrita había hecho algunas incursiones por las salas de remates de París, en 1850, en 1851, y, posteriormente, en 1920. El cuaderno del que forma parte estaba compuesto de 48 páginas, pero en su aspecto actual consta únicamente de 46, pues las dos primeras han desaparecido. Comienza este cuaderno, en su tercera página, con el SUJET DE ZÉLONIDE, COMEDIE EN CINQ ACTES ET EN VERS LIBRES, el cual termina en la página 9. En la siguiente, a dos columnas, está escrita una SUITE DU TABLEAU DES EMPEREURS GRECS, y en la subsiguiente se encuentran pensamientos y notas históricas, los que terminan en la parte superior de la página 12. En la mitad de ésta comienza el Diálogo, que se continúa hasta el final de la página 24. La Nota ocupa las cinco primeras líneas de la página siguiente. Notas históricas, citas, críticas literarias y pensamientos filosóficos (“algunos muy notables”, nos dice Maurice Heine al describir el manuscrito), van desde esta página hasta la 47. La última lleva el título de PAGE DE BROUILLON y tiene la misma disposición de la décima página, es decir, está escrita a dos columnas. Al final de la página 47 se lee al margen:Terminado el 12 dejulio de 1782. Esta importante indicación nos permite situar la redacción del manuscrito cuando Sade contaba 43 años y estaba encerrado desde hacía tres enVincennes.Este Diálogo fue publicado por primera vez, en 1926, por Maurice Heine (Stendhal et Compagnie, París), en 500 ejemplares numerados, respetando, dice Heine en su Introducción, “la graphie del original, salvo lapsus calami evidente”.Es, pues, según esta edición, la traducción que ahora les ofrecemos.El SacerdoteLlegado el instante fatal en que el velo de la ilusión sólo sedesgarra para dejar al hombre reducido al cuadro cruel de sus errores ysus vicios, ¿no te arrepientes, hijo mío, de los múltiples desordenes a losque te condujo la humana debilidad y fragilidad?El MoribundoSí, amigo mío, me arrepiento.El SacerdotePues bien, aprovecha estos remordimientos felices para obtenerdel cielo, en este corto intervalo, la absolución general de tus faltas, ypiensa que es por la mediación del santísimo sacramento de lapenitencia que te será posible obtenerla del Eterno.El MoribundoNo nos comprendemos.El Sacerdote¡Cómo!El MoribundoTe he dicho que me arrepentía.El SacerdoteAsí lo oí.El MoribundoSí, pero sin comprenderlo.El Sacerdote¿Qué interpretación?….El MoribundoEsta…. Creado por la naturaleza con inclinaciones ardorosas, conpasiones fortísimas, únicamente colocado en este mundo paraentregarme a ellas y para satisfacerlas, y estos efectos de mi creaciónno siendo más que necesidades relativas a las primeras vistas de lanaturaleza, o, si lo prefieres, sólo derivaciones esenciales de susproyectos sobre mí, todos en razón de sus leyes, sólo me arrepiento deno haber reconocido bastante su omnipotencia, y mis únicosremordimientos sólo se refieren al mediocre uso que hice de lasfacultades (criminales según tú, según yo muy simples) que ella mehabía dado para servirla. La he resistido algunas veces, de eso mearrepiento. Cegado por tus sistemas absurdos, con ellos combatí toda laviolencia de los deseos que había recibido de una inspiración más quedivina, de eso me arrepiento. Coseché sólo flores cuando pude hacer unaamplia cosecha de frutos… Estos son los justos motivos de mi pesar.Estímame en algo para no atribuirme otros.El Sacerdote¡A dónde te arrastran tus errores, a dónde te conducen tussofismas! Prestas a la cosa creada todo el poder del creador. ¿No vesque esas desdichadas tendencias que te extravían no son más queefectos de la naturaleza corrompida, a la cual atribuyes toda la potencia? El MoribundoAmigo, me parece que tu dialéctica es tan falsa como tu espíritu.Quisiera que razonaras más exactamente o que me dejaras morir enpaz. ¿Qué entiendes por creador, y qué entiendes por naturalezacorrompida?El SacerdoteEl Creador es el dueño del universo, es él quien lo ha hecho todo,lo ha creado todo, y quien conserva todo por un simple efecto de suomnipotencia.El MoribundoEs un gran hombre, sin duda. Pues bien, dime por qué estehombre, que es tan poderoso, ha hecho sin embargo, según tú, unanaturaleza corrompida.El Sacerdote¿Cuál hubiera sido el mérito de los hombres si Dios no les hubieredejado su libre arbitrio, y qué mérito hubiesen tenido para disfrutarlo sino hubiera habido en la tierra la posibilidad de hacer el bien y la deevitar el mal?El MoribundoAsí, pues, tu dios ha querido hacerlo todo oblicuamente sólo paratentar o probar a su criatura. ¿No la conocía pues, no sospechaba puesel resultado?El SacerdoteSin duda que la conocía, pero una vez más quería dejarle elmérito de la elección.El Moribundo¿Para qué, desde el momento que sabía el partido que tomaría ysólo dependía de él, ya que le proclamas tan omnipotente, y sólodependía de él, repito, el hacerla tomar el bueno?El Sacerdote¿Quién puede comprender los designios inmensos e infinitos deDios con respecto al hombre, y quién puede comprender todo lo quevemos?El MoribundoAquel que simplifica las cosas, amigo mío, sobre todo aquel queno multiplica las causas para mejor enredar los efectos. ¿Para quénecesitas una segunda dificultad cuando no puedes explicar la primera, ydesde el momento en que es posible que la naturaleza, haya hecho porsí sola lo que le atribuyes a tu dios, por qué quieres buscarle un amo? Lacausa de que no comprendas es quizá lo más simple del mundo.Perfecciona tu física y comprenderás mejor la naturaleza, depura turazón y entonces no tendrás necesidad de tu dios.El Sacerdote¡Desdichado! Sólo te creía sociniano, tenía armas paracombatirte, pero veo claramente que eres ateo, y desde el momento enque tu corazón se niega a la inmensidad de las pruebas auténticas querecibimos cada día de la existencia del creador, no tengo nada más quedecirte. No se le da luz a un ciego.El MoribundoAmigo mío, admite un hecho, de los dos, el más ciego esseguramente aquel que se pone una venda que el que se la arranca. Túedificas, inventas, multiplicas, yo destruyo, simplifico. Tú agregas errorsobre error, yo los combato. ¿Cuál de los dos es el ciego?El Sacerdote¿No crees, pues, en Dios?El MoribundoNo. Y esto por una simple razón. Es perfectamente imposiblecreer en lo que no se comprende. Entre la comprensión y la fe debenexistir conexiones inmediatas; la comprensión es el primer alimento dela fe; cuando la comprensión no actúa muere la fe, y ésos que en talcaso pretendieran tenerla, mienten. Te desafío a que creas en el diosque me predicas – ya que no sabrías demostrármelo, ya que no está enti el definírmelo, y, por lo tanto, no lo comprendes – y desde elmomento en que no lo comprendes no puedes suministrarme de élningún argumento razonable, pues, en una palabra, todo lo que está porencima de los límites del espíritu humano es quimera o inutilidad. Si tudios no puede ser más que una u otra cosa, en el primer caso sería unloco si creyera en él; un imbécil, en el segundo. Amigo mío, pruébame lainercia de la materia y te concederé el creador. Pruébame que lanaturaleza no se basta a sí misma y te prometo suponerle un dueño.Hasta entonces, nada esperes de mí, sólo me rindo a la evidencia y sólola recibo de mis sentidos; dónde ellos se detienen allí mi fe queda sinfuerzas. Creo en el sol porque lo veo, lo concibo como el centro dereunión de toda la materia inflamable de la naturaleza, su marchaperiódica me complace sin asombrarme. Es una operación de física,acaso tan simple como la de la electricidad, pero que no nos estápermitido comprender. ¿Qué necesidad tengo de ir más lejos? ¿Cuándome hayas levantado los andamios de tu dios por encima de esto, quéhabré avanzado? ¿No necesitaré hacer tanto esfuerzo para comprenderal obrero como el gastado en definir la obra? Por consiguiente, no mehas prestado ningún servicio con la edificación de tu quimera, hasturbado mi espíritu sin iluminarlo, y debo odiarte en vez de agradecerte.Tu dios es una máquina que fabricaste para que sirva a tus pasiones, yla has hecho mover a tu capricho, pero desde el momento en queincomoda los míos permíteme que la haya derribado. En el instante enque mi alma débil tiene necesidad de calma y de filosofía no vengas aespantarla con tus sofismas, que la asustarían sin convencerla, que lairritarían sin hacerla mejor. Amigo mío, esta alma es lo que la naturalezaquiso que fuera, es decir, el resultado de los órganos que ha queridoformarme en razón de sus designios y de sus necesidades; y como ellatiene una necesidad igual de vicio y de virtud, cuando quiso llevarmehacia el primero así lo ha hecho, cuando ha querido la segunda, me hainspirado deseos por ella, y me ha entregado a ambos de igual modo.Busca sus leyes como única causa de nuestra inconsecuencia humana, yno busques a sus leyes más principios que su voluntad y su necesidad.El SacerdoteAsí pues, todo es necesario en el mundo.El MoribundoSeguramente.El SacerdotePues, si todo es necesario, todo está, pues, regulado.El Moribundo¿Quién dice lo contrario?El Sacerdote¿Y quién pudo arreglarlo todo como está si no es una manoomnipotente y sabia?El Moribundo¿No es necesario que la pólvora se inflame cuando se le aplica el fuego?El SacerdoteSí.El Moribundo¿Y qué sabiduría encuentras en eso?El SacerdoteNinguna.El MoribundoEs posible, pues, que haya cosas necesarias sin sabiduría, yposible, por consiguiente, que todo derive de una causa primera, sin quehaya razón ni sabiduría en esta primera causa.El Sacerdote¿A dónde quieres llegar?El MoribundoA probarte que todo puede ser lo que es y lo que no es, sin queninguna causa sabia y razonable lo conduzca, y que efectos naturalesdeben tener causas naturales, sin que haya necesidad de suponerleotras antinaturales, como lo sería tu dios, ya que él mismo tendríanecesidad de explicación sin suministrar ninguna. Y, por consiguiente,desde que tu dios no es bueno para nada, es perfectamente inútil; ycomo hay gran probabilidad de que todo lo inútil es nulo y de que todo lonulo es la nada, así pues, para convencerme de que tu dios es unaquimera no tengo necesidad de otro razonamiento fuera del que mesuministra la certeza de su inutilidad.El SacerdoteSobre este pie me parece innecesario hablarte de religión.El Moribundo¿Por qué no? Nada me divierte tanto como la prueba del excesode fanatismo y de la imbecilidad humana sobre este punto. Sonextravíos tan prodigiosos que el cuadro, aunque horrible, a mi juicio essiempre interesante. Responde con franqueza, y, sobre todo, destierra elegoísmo. Si fuera tan débil que me dejara sorprender por tus ridículossistemas de la existencia del ser que hace necesaria la religión, ¿bajocuál forma me aconsejarías que le rindiera culto? ¿Quisieras queadoptara los desvaríos de Confucio mas bien que los absurdos Brahama?¿Qué adorara a la gran serpiente de los negros, al astro de los peruanoso al dios de los ejércitos de Moisés? ¿A cual de las sectas de Mahomaquisieras que me rindiese? ¿Qué herejía de los cristianos es, a tu juicio,preferible? Cuidado con tu respuesta.El Sacerdote¿Puede ser dudosa?El MoribundoDila, pues, egoísta.El SacerdoteNo, sería amarte tanto como a mí si te aconsejara lo que yo creo.El MoribundoY es querernos muy poco el escuchar semejantes errores.El Sacerdote¿A quien pueden cegar los milagros de nuestro divino redentor?El MoribundoA quien no vea en él sino al más ordinario de todos los bribones yal más vulgar de todos los impostores.El Sacerdote¡Dios, le escucháis sin descargar vuestra ira!El MoribundoNo, amigo mío, todo está en paz porque tu dios, sea porimpotencia, sea por razón, o, en fin, por lo que tú quieras, en un ser alque admito por un momento sólo por condescendencia a ti, o, si loprefieres, para prestarme a tus pequeños designios, porque ese dios,repito, si existiera como tienes la locura de creerlo, no puede, paraconvencernos, haber tomado los medios tan ridículos como los que tuJesús supone.El Sacerdote¡Cómo, las profecías, los milagros, los mártires, no son pruebas!El Moribundo¿Cómo quieres, en buena lógica, que pueda recibir como pruebaaquello que necesita probarse? Para que la profecía sea una prueba seríanecesario, primeramente, que yo tuviera la certidumbre completa de queha sido hecha; pues, al consignársela en la historia sólo tiene para mi lafuerza de los otros hechos históricos, dudosos en sus tres cuartaspartes; y si a esto agrego la apariencia más que verdadera de que mehan sido transmitidos por historiadores interesados, estaría, como loves, más que en mi derecho para dudar de ellos. ¿Quién me asegura,por otra parte, que esa profecía no ha sido hecha con posterioridad, queno ha sido el efecto de la combinación de la más simple política como lade concebir un reino feliz bajo un rey justo, o la de la helada eninvierno? Y si esto es así, ¿cómo quieres que la profecía, al tener tantanecesidad de ser probada, pueda convertirse en prueba? Con respecto atus milagros, ellos tampoco se me imponen. Todos los bribones los hanhecho, y todos los tontos los han creído. Para persuadirme de la verdadde un milagro tendría necesidad de estar muy seguro de que elacontecimiento que tú llamas de esa manera fuera absolutamentecontrario a las leyes de la naturaleza, pues sólo lo que está fuera de ellapuede pasar por milagro. ¿Y quién la conoce bastante para atreverse aafirmar cuál es precisamente el punto en que se detiene y cuál es el queinfringe? Bastan dos cosas para acreditar un pretendido milagro, untitiritero y unas mujerzuelas. Vamos, no busques jamás un origendistinto para los tuyos. Todos los nuevos sectarios los han hecho, y, loque es más singular, todos encontraron imbéciles para creerles. Tu Jesúsno ha hecho algo más singular que Apolonio de Tiana, y, sin embargo,nadie ha pensado en tomar a éste por un dios. En cuanto a tus mártires,éste es el más débil de tus argumentos, sólo falta él entusiasmo y laresistencia para hacer mártires, y mientras la causa opuesta me ofrezcatantos como la tuya, jamás estaré lo suficientemente autorizado paracreer a la una mejor que la otra, sino muy inducido, en cambio, asuponer despreciables a ambas. ¡Amigo mío! Si fuera verdad que existeel dios que predicas, ¿tendría necesidad de milagro, mártir o profecíapara establecer su imperio? Y si, como dices, el corazón humano fuerasu obra, ¿no sería ése el santuario que hubiera elegido para su ley? Estaley igual, pues emanaría de un dios justo, se encontraría de manerairresistible grabada igualmente en el corazón de todos, y, de un extremoal otro del universo, todos los hombres, al ser semejantes por eseórgano delicado, igualmente serían semejantes por el homenaje querendirían al dio5 que le hubiera dado este corazón, no tendrían más queuna manera de amarlo, más que una manera de adorarlo y servirlo y tanimposible les sería desconocer ese dios como resistir a la inclinaciónsecreta de su culto. ¿En vez de eso, no veo en el universo tantos diosescomo países; tantas maneras de servir a esos dioses como diferentescabezas o diferentes imaginaciones hay? Esta multiplicidad de opiniones,en la cual físicamente me es imposible elegir, ¿sería, a tu juicio, la obrade un dios justo?. Vamos, predicante, ultrajas a tu dios al presentármelode esta manera. Déjame negarlo completamente, pues si existiera,entonces le ultrajaría menos mi incredulidad que tus blasfemias. Vuelvea la razón, predicante, tu Jesús no vale más que Mahoma, Mahoma,menos que Moisés, y estos tres, menos que Confucio, quien, sinembargo, dictó algunos buenos principios mientras que los otros tresdisparataban. Pero, en general, todos éstos no son más que impostores,de los cuales el filósofo se ha burlado, y a los cuáles la canalla ha creído,y a los cuales la justicia hubiera debido ahorcar.El Sacerdote¡Ay de mí, sólo lo hizo con uno!EI MoribundoEra el que más lo merecía. Sedicioso, turbulento, calumniador,bribón, libertino, grosero, farsante y malvado peligroso, poseía el artede engañar al pueblo y mereció, por lo tanto, el castigo de un reino en elestado en que se encontraba entonces el de Jerusalem. Fueron muyprudentes al deshacerse de él, y es quizás el sólo caso en que mismáximas, extremadamente dulces y tolerantes por lo demás, admiten laseveridad de Temis. Excuso todos los errores, salvo aquellos que puedenser peligrosos para el gobierno en que se vive. Los reyes y susmajestades son las únicas cosas que se me imponen, las únicas querespeto, pues quien no ama a su país y a su rey, no Es digno de vivir.El SacerdotePero, en fin, admitirás algo después de esta vida, es imposibleque tu espíritu no se haya complacido, algunas veces, en atravesar laespesura tenebrosa de la suerte que nos espera. ¿Qué sistema puedeser más satisfactorio que el de una multitud de penas para quien viviómal y el de una eternidad de recompensas para quien vivióbien?El Moribundo¿Cuál, amigo mío? El sistema de la nada nunca me ha espantado:es consolador y simple. Todos los otros son obra del orgullo, sólo éste loes de la razón. Por lo demás, no es ni espantosa ni absoluta esa nada.¿No tengo ante mi vista el ejemplo de las generaciones y regeneracionesde la naturaleza? Nada perece, amigo mío, nada se destruye en elmundo. Hombre hoy, gusano mañana, pasado mañana mosca., ¿no essiempre existir? ¿Y por qué quieres que me recompensen por virtudescuyo mérito no tengo, o me castiguen por crímenes cuyo dueño no hesido? ¿Puedes conciliar la bondad de tu pretendido dios con estesistema, y puede él haber querido crearme para darse el placer decastigarme, y esto sólo a consecuencia de una elección de la que no hesido dueño?El SacerdoteLo eres.El MoribundoSí, según tus prejuicios. Pero la razón los destruye. Y el sistemade la libertad humana sólo fue inventado para fabricar el de la graciaque llegó a ser tan favorable a tus desvaríos. ¿Qué hombre en el mundo,si viera el patíbulo junto al crimen, lo cometería si fuera libre de nocometerlo? Una fuerza irresistible nos arrastra, y ni por un instantesomos dueños de determinarnos por nada que no esté del lado hacia elcual nos inclinamos. No hay una sola virtud que no sea necesaria a lanaturaleza; y, reversiblemente, ni un solo crimen del que no tenganecesidad, y toda su ciencia consiste en el perfecto equilibrio en quemantiene a ambos. ¿Podemos ser culpables del lado hacia el que nosarroje? Tanto como la avispa que clava su aguijón en tu piel.El SacerdoteAsí, pues, ¿los crímenes más grandes no deben inspirarnosningún espanto?El MoribundoNo he dicho eso. Basta que la ley lo condene y que la cuchilla dela justicia lo castigue para que nos inspire la aversión o el terror, perodesde que desdichadamente se haya cometido, hay que saber tomar supartido y no entregarse a estériles remordimientos. Su efecto es vano,pues no pudo preservarnos de él; nulo, pues no lo repara. Es absurdo,pues, entregarse a los remordimientos, y más absurdo aun temer elcastigo en el otro mundo si somos bastante dichosos de haber escapadoal castigo de éste. Dios no quiera que vaya con esto a estimular elcrimen, hay que evitarlo tanto como se pueda, pero es por la razón quees necesario huirle, y no por falsos temores que no consiguen nada, ycuyo efecto se destruye tan rápido en una alma firme. La razón -amigomío- sí, sólo la razón debe advertirnos que perjudicar a nuestrossemejantes no puede jamás hacernos felices, y nuestro corazón, quecontribuir a su felicidad es la mas grande que la naturaleza nos hayaacordado en la tierra. Toda moral humana Se encierra en esta solafrase: hacer a los demás tan felices como uno mismo desea serlo, y nocausarles nunca un mal que no quisiéramos recibir. Estos son, amigomío, estos son los únicos principios que debemos seguir y no haynecesidad de religión ni de dios para apreciados y admitirlos: Sólo senecesita un buen corazón. Pero siento que me debilito, predicante,abandona tus prejuicios sé hombre, sé humano, sin temor y sinesperanza, abandona tus dioses y tus religiones. Todo esto sólo esbueno para poner cadenas en las manos de los hombres, y el solonombre de todos estos horrores ha hecho verter más sangre en la tierraque todas las otras guerras y plagas juntas. Renuncia a la idea del otromundo, no lo hay, pero no renuncies al placer de ser feliz y de hacer lafelicidad en éste. Esta es la única manera que te ofrece la naturalezarara duplicar o extender tu existencia. Amigo mío, la voluptuosidadsiempre fue el más querido de mis bienes, le he ofrecido incienso todami vida, y quiero terminarla en sus brazos. Mi fin se aproxima. Seismujeres más bellas que el día están en el cuarto vecino, las reservabapara este momento. Toma de ellas tu parte, trata de olvidar en su seno,a ejemplo mío, todos los vanos sofismas de la superstición y todo losimbéciles errores de la hipocresía.NOTAEl moribundo llamó, las mujeres entraron y el predicante seconvirtió en sus brazos en un hombre corrompido par la naturaleza, porno haber sabido explicar lo que era la naturaleza corrompida.

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