Serecito
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Registrate y eliminá la publicidad! René François Ghislain Magritte (1898 - 1967), pintos surrealista belga. A mi parecer uno de los mejores pintores dentro del movimientos surrealista. Pero en esta ocación me quiero referir al surrealismo en general, y Magritte es lo suficientemente famoso como para que yo lo presente. Quiero hacer referencia específicamente a tres pinturas: "La condición Humana" (la primera posteada), "Los Paseos de Euclides (la segunda), y "La tradición de las imágenes" (o "La Perfídia de las Imágenes, segun la traducción;la última.) Me parece que Magritte, en esa etapa de su composición artística investiga la relación entre palabras, imágenes y los objetos que estas denotan. Siguiendo una tradición filosófica (´Platón, Saussure -lingüista-, Foucault-lo anticipa-, etc.) las pinturas expresan claramente la imposibilidad de reproducir la realidad. Es a través del lenguaje que los seres humanos podemos conocer el mundo. El lenguaje (y por lenuaje me refiero a todo tipo de lenguaje: verbal, pictórico, etc.) es solo una forma de representación y es imposible reproducir la realidad a través de éste. En las pinturas de Magritte estos conceptos aparecen claramente: en las dos primeras tenemos un paisaje natural continuado por la pintura artificial. La realidad se muestra como un todo irreproducible, dejándole al lenguaje, a la pintura en este caso, solo la posibilidad de representarlo, de poner en evidencia el artificio denotado en la presencia del caballete. Y no solamente la imposibilidad de reproducir la realidad, sino la imposibilidad de representarla en su totalidad: en las dos primeras pinturas, la pintura interna solo representa una parte del paisaje; hay cosas que quedan inexorablemente afuera (como la pared, el dintel de la puerta o la bola negra del piso en "La Condición Humana" y el marco de la puerta, parte del cielo, las cortinas en "Los Paseos de Euclides".) En "La Tradición de las imágenes" todo se explicita, todo es imposibilidad: la frase que está al pie de la obra dice "Ceci n´est pas une pipe" (para los que no saben frances "Esto no es una pipa".) Eso no es una pipa, sino la representación de una pipa, la pintura de una pipa. El artificio de la creación artística llevado al extremo. Este es mi humilde aporte al estudio sobre la pintura de este grandioso artista. Espero que les haya gustado.
En fin... ya que no puedo hablar de política, hablaré de literatura. Y de literatura latinoamericana, que es mi especialidad. Este es un pequeñísimo estudio que hice acerca de una novela del mexicano Gonzalo Celorio, que se llama "Y Retiemble en sus Centro la Tierra." Sin no la leyéron, háganlo. Como no puedo hablar de política, mi lectura es simplemente platónica. No tiene título (muy mal), así que ahí va. Pareciera que el error es la figura que en Y retiemble en sus centros la tierra construye las formas de la errancia. Una errancia incierta, variable, imprecisa. El espacio escritural sería así un desplazamiento, no acertado muchas veces, hacia algo. “…de ir al centro se trataba” , esta es la excusa del itinerario del personaje. El centro de la ciudad. Lo que conduce al centro. Lo que rodea al centro. Una Arquitectura periférica, porque todo lo que está más allá de un centro es periferia, superpuesta, enlaminada, barroca. El recorrido se efectúa por el centro ciudadano; el centro que señala otro centro, el lugar hacia donde: el Zócalo mexicano, el sitio abierto y sacrificial, que congrega en su entorno la institucionalidad civil, religiosa y escrituraria (emblema del logocentrismo). Un recorrido entre cantinero y arquitectónico, lleno de “desplazamientos”, “superposiciones” y “alteraciones aberrantes” . Un recorrido que es un “imperativo”, “una condena” , un escenario donde el personaje –una vez más- puede cumplir su ascendencia sobre sus alumnos inesperadamente ausentes (ausencia que es error temporal del encuentro). Y es desde este recorrido errante desde donde emerge el espacio de la ciudad, desde donde se materializa. Un personaje en la ex-cursión (fuera de su curso, salido de sí) en busca del centro “aunque el centro se escondiera en las entrañas de la tierra”. Y ese centro, pluralizado inconcebiblemente en el himno nacional mexicano, inaugura un movimiento desacertado, en continuo desplazamiento, aún en la aparente precisión de un itinerario prefijado, conocido. Si como expresa Campra “el centro del mundo es el único lugar posible para una fundación” , y ese centro constituido centro del mundo convierte por el gesto fundacional, al “espacio vacío en una cualidad sagrada” , la novela de Celorio podría pensarse como el intento no ya de constituir su DF literario como centro del imaginario mexicano, sino de fundar un espacio narrativo que se construya en el des-cubrimiento errante. Una errancia hacia lo primigenio: de la ciudad actual a la originaria; de un sujeto constituido, con identidad, legitimado, a su despojamiento producido tanto por el carácter expulsivo de su sed en el recorrido como por la in-cursión en su memoria, hecha de transposiciones de lugares y personas (Del bar Alfonso a la Dulcería Celaya. Del borracho a sus vínculos amistosos originarios. De la Casa de las Sirenas al Oak bar y a Alejandra. De la prostitución del cabaret a la institución de su sexualidad promovida por su hermano). Una errancia hacia lo terminal, que en un singular y profano Vía Crucis, culminará al personaje desnudo y sacrificial, en la inmolación definitiva del trayecto. El espacio ciudadano se construye así a partir de la superposición de capas diferentes, de huellas, de rastros, de signos aún latentes. El pasado se insinúa a veces; otras irrumpe, mostrándose entre las fisuras exteriores de la superposición. El presente es una planta ciudadana y narrativa que des-cubre, de manera oscilante, las capas que han constituido históricamente tanto al personaje como a la ciudad, las cincela. Ecos y latencias de ambos, que en un proceso de extrañamiento, van desdibujándose, volviéndose imprecisos. Zonas errantes, tambaleantes, tanto en el recorrido como en la memoria. Así, el espacio de la enunciación se constituye también a partir de la idea de la errancia. Un narrador impreciso en su oscilación. Borroneado. Que yerra entre las personas enunciativas del singular, que logra precisarse débilmente en sus alternadas funciones. Una primera persona actualizadora, pasando por una segunda que funciona como interlocutor modal y temporal (emitiendo órdenes, anticipando consecuencias, apreciando estados del personaje, conduciendo hacia el pasado, siendo confidencial), y una tercera descriptiva, atenta al desplazamiento urbano, al recorrido más estrictamente cartográfico. Un itinerario fundacional y, al mismo tiempo deconstructivo. Un desmontaje a fuerza de la Sed incontenible y del alcohol que justifica, provisoriamente, la vacilación y la pérdida. Pablo. Espero que les haya gustado...no puse las notas, si las quieren, pídaanmelas. una fotito de la portada de la novela.