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SemanarioMensual23

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Primer post: 28 ago 2009Último post: 28 ago 2009
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Lily y las Gentes del Barro (mini cuento propio)
ArteporAnónimo8/28/2009

Hola Amigos! Les dejo un cuento mio que escribí hace unos años. Espero que les guste! Aclaración: Ph. Parkinsön es mi seudónimo y lo usé para un concurso del que éste cuento participó. Saludos!! Lily y las Gentes del Barro Ya estaba preparada para la fiesta. Orgullosa de verse al espejo. Ese vestido que tan bien le quedaba: rojo y resplandeciente; el peinado recién terminado y hecho a la perfección. Seguro se iría a encontrar con él, ese misterioso hombre, tan hermoso y cordial era. Le habían dicho que la pasarían a buscar para que no llegara tarde, ni que tuviera que tomarse la molestia de llegar por si sola, igualmente no sabía donde quedaba así que convenía que vinieran por ella. Larga espera. Diez minutos. Veinte. Media hora. Cansada y de verdadero muy mal humor se dice así misma que no hay que confiar en esas personas, pero luego se tranquiliza pensando que tal vez se habían olvidado, ¡tenían tantas cosas por hacer! Una boda, y de tantas longitudes. ¡Dios! No le gustaría estar en su lugar. Decidió ir sola. Se largó a caminar por las solitarias calles. Extraño, a esas horas y en plena ciudad alguien tenía que estar. Pero ni un alma en el medio de esa solitaria calle había. Extraño, sí. Pero no se iba a dar el gusto de darle más importancia a una calle vacía que al casamiento de su hermana menor. Pero, ¡qué terrible! Su hermana menor se casaba y ella jamás ni siquiera un pretendiente, se daba vergüenza a sí misma. Igual ese casamiento era total y completamente “arreglado”. ¡Claro! Así cualquiera ¿no? Como su madre nunca la quiso, nunca se había preocupado por buscarle una buena coartada. Pero estaba llegando tarde y los resentimientos estaban surgiendo en una noche que solo había que sonreír y saludar; sonreír y saludar, sonreír y sal... Le vinieron a la cabeza esos recuerdos que su madre les había transmitido, que eran historia de la sangre, de la familia. La tía nunca casada y muerta en manos del amor de su vida, del hombre del que estaba enamorada. Terrible tragedia. Y el tío que nunca se había casado, que nunca había estado con una mujer, ni siquiera en contacto con la sombra de una; sin embargo muy enamorado de una que nunca supo que él existía. Una cazadora, que le pego un tiro por equivocación en un bosque minado de hombre. Pero el sino pudo mas que cualquier cosa y la bala pego en su pecho, justo allí. No estaba llegando a ningún lado, se había perdido. Revisó la dirección en la invitación y miró a los costados buscando alguien o algo en ruedas y caballos que la llevara al casamiento. Deseó en ese momento poder subir a un carruaje y decir simplemente “al casamiento” y que el chofer la deje en la puerta de ese terrible palacio de fiestas donde su madre había elegido realizar el gran evento. Difícilmente creyó oír un sonido de cabalgata. Y lo vio. Él. El hombre de su vida. Al que buscaba conquistar. Se encontró con su voz acabada, sus piernas tambaleantes y la mano levantada. - ¿Sola en la calle a estas horas? Y en estos momentos... Qué inoportuna usted. Supongo que va a la fiesta ¿no?- no esperó respuesta y prosiguió casi sin mirarla y levantándose el sombrero, por cortesía por supuesto, no porque quisiera impresionarla - Suba que yo la llevo- Subió sin decir una palabra ayudada por la mano del respetuoso caballero. Arnaldo. Bello hombre, de unos cuarenta y tantos, viudo, sin hijos, rico. La opción perfecta para un perfecto casamiento perfectamente arreglado. Era Perfecto, Arnaldo Perfecto se llamaba. Y ella la Lily “Imperfecta”, indeseada, ni siquiera la miró, ¡qué terror! El castillo resplandecía de lo hermoso, luces por todos los rincones, velas como para prender fuego toda una aldea de indios Americanos y la novia y el novio ya adentro saludando a los invitados. Se desilusiono al no poder haber estado en la entrada, pero por lo menos allí estaba y era lo más importante. La velada prosiguió como cada momento de su vida: tratando de hacer amigos sin lograrlo, queriendo mantener por un poco mas de un segundo la mirada con Arnaldo también sin lograrlo y tratando de hacerle entender a su madre que necesitaba proseguir con su vida y casarse y todo ese eterno cuento. Se cansó. Se dirigió a la flamante puerta y tomo el camino de regreso a su casa sin interesarle ya que las calles estén vacías o lo que fuere. Caminó. Caminó. Silencio sepulcral. Arboladas en ambos lados. Oscuridad profunda. Caminó. Caminó. Solo sus pasos se escuchaban en la hermosa noche de primavera, nada molestaba a sus oídos. Un disparo. Un grito ensordecedor. Dio un giro y se dirigió corriendo de nuevo al castillo. Las Gentes del Barro se hacían llamar. Eran la elite de la aldea: doctores y abogados, el cura y el alcalde, gente arreglada y bien posicionada en la escala social. El padre de Lily era parte de esa sociedad, se juntaban todos los sábados para discutir cosas comunes y hablar de cómo segur robándole a sus súbditos. Jóvenes estudiantes de medicina y abogacía formaban un grupo que intentaba unirse a los privilegios sociales, económicos y morales que la sociedad brindaba. Pero no todo era color de rosa y dinero. Tenían negocios turbios y muertes verdaderamente extrañas en su haber. Como la del padre de Lily. Lo encontraron en la bañera vestido con el traje blanco que usaba todos los sábados y con los bolsillos llenos de barro. Ahogado. Si, extraño. Pero a nadie se le ocurrió preguntar nada, ni siquiera a ella, la curiosa Lily. El nuevo marido de la hermana era uno de esos que quería entrar a Las Gentes desde hacia mucho tiempo pero por impedimentos tanto de Arnaldo como del padre de Lily nunca pudo lograrlo. Arnaldo le había pedido a la recién casada que le conceda la pieza, y la joven aceptó cordialmente. Una mueca. Todo por una mueca, y ya nada fue lo mismo. La constante rivalidad de Arnaldo con el novio. El arma del novio en la cintura. Una cara mal puesta sobre el hombro de la chica y todo se fue por la borda. En una de las vueltas del vals la novia ve que el recién casado estaba apuntando hacia ella. Se antepuso a Arnaldo y el tiro dio en el corazón. Lily estaba entrando, vio a su hermana tirada en el suelo desangrándose. Todos intactos como si el tiempo, caprichoso por la muerte, hubiera decidido parar por un momento y plasmar en la cabeza de los presentes el cuerpo sin vida de la joven muchacha. Arnaldo con la pistola en la mano. El tiempo decidió volver. El forcejeo entre ella y él por el arma homicida estaba siendo visto por todos y, el novio, al ver que nadie hacia nada, corrió en busca de ellos. Nada se divisó bien en esa pelea. El arma se disparó en mano de Arnaldo. El estomago de Lily empezó a sangrar. Tirada en el suelo quedó. Inmóvil. Ph. Parkinsön

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