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Selenanteus

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Primer post: 23 dic 2010Último post: 23 dic 2010
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Cultura: La Hamaca Visceral
ArteporAnónimo12/23/2010

La Hamaca Visceral (La hamaca “censurada”) http://ex-grafica.blogspot.com Por Salvador Baeza Este escrito pretende dar cuenta desde mi punto de vista de cómo un trabajo pasó, de ser una pieza “irrelevante” en donde simplemente la idea era “jugar” con el horror de la muerte utilizando un objeto como lo fue una hamaca-contenedor de vísceras, a convertirse en un instrumento que nos permitió (Ex –Gráfica) abrir un abanico de análisis, así como de la necesidad de realizar en un futuro obras mucho más pensadas, detalladas y documentadas y que tendrán que ver posiblemente con: las organizaciones de artistas visuales, las propuestas de estas agrupaciones, las galerías en Mérida (“alternativas” y “formales”) y su relación con los artistas locales y con el público, la autocrítica de los hacedores de imágenes visuales, la censura, las “redes sociales virtuales” y la producción de imágenes visuales y contenidos en esos “sitios”, el “arte” callejero en la ciudad de Mérida, la teorización de lo que hacemos, la documentación, los recursos y los canales para la presentación de nuestros resultados. Esta pieza es de la autoría intelectual del artista visual, curador, museógrafo y promotor cultural independiente Wilson Balam Peón, siendo sus colaboradores y realizadores: Mariana Isabel Ceballos Herrera, Yaning Ávila Lizarraga, Francisco Mex, Salvador Baeza y Juan Ramón González Valle. Inicia este asunto a partir de una “invitación” a participar en una exposición colectiva “por” o “para” día de muertos en una “galería” de la ciudad. Omitiré a lo largo del presente documento, de una manera deliberada y consensuada por los participantes en este trabajo, el lugar en donde se llevó a efecto tal muestra, así como los nombres de los “responsables” de que nuestra pieza de algún modo “creciera”. El motivo es simple y tiene que ver con la irrelevancia de una denuncia, propaganda o simple mención a las personas y al lugar en cuestión, ya que pensamos que los primeros responsables del desarrollo de nuestro trabajo, somos nosotros, Ex – Gráfica. Circunstancialmente se contextualizó “La hamaca visceral” (nombre con el cual designamos a este hecho) en lugares y con personas que, anónimamente unos e inconscientemente otros más, interactuaron y le dieron “cauce” a una serie de planteamientos que nosotros dirigimos desde un principio. Por tales motivos en muchos casos resultaría imposible y ocioso otorgar créditos. Sin embargo trataré de deslindar y señalar una serie de responsabilidades. Aceptada la invitación a participar en dicha muestra colectiva, y de manera colectiva (Ex - Gráfica con una pieza), se sucedieron errores tras errores por parte de Ex –Gráfica. Nos equivocamos tanto en la aceptación misma a tal invitación como en la planeación del trabajo a realizar allí porque Ex-Gráfica ya “sabía” lo siguiente: * Resulta totalmente irrelevante en Mérida exponer en términos de “ofrecer” o articular un discurso político-ideológico a través de la imagen visual, o meramente realizar alguna propuesta estética “seria” a través de las instancias que podría pensarse funcionan para tales fines; es ocioso pretender escalar a otros foros más “importantes” a partir de contar con un currículo de exposiciones locales. Finalmente también resulta muy difícil simplemente vender algo a los espectadores dentro de los “sistemas” actuales de las galerías (públicas y privadas) a “disposición” de los artistas que existen en la ciudad. Para exponer (entiéndase como la posibilidad de vender) en esos lugares es indispensable ofrecer una “obra” complaciente, decorativa y que “maneje” un “discurso amable” o mejor aún, “sin discurso alguno” (observar el cambio y adaptación “a las circunstancias locales” en la galería “LA LUZ” por ejemplo). Se puede comercializar con “los abstractos” (que son casi todos los pintores de abstracto locales) que están destinados a “pegar” (combinar) con el color de tal o cual recámara o mueble. También es posible vender ilustraciones “bien realizadas” de un figurativismo chabacano (de mal gusto pero ñoño): puertas, pájaros, retratos de personajes de “la alta”, mestizas del mercado con todo y sus gentes pobres (sean urbanos o rurales), “surrealismos” colgados en estructuras metálicas. También ya resultan “nais” los monitos tipo “manga”, y todo cuanto el espectador pueda “admirar” por su parecido a una imagen fotográfica siendo “hecho a mano”, y, por increíble que parezca, ¡por un yucateco! * Las piezas (posiblemente unas de mucha “calidad artística” y otras no tanto) que se presentan en estas exposiciones “colectivas” carecen del mínimo criterio museográfico y curaturial por parte de sus organizadores (salvo muy contadas excepciones). Y pareciera una “línea” actualmente el organizar “exposiciones colectivas”. Supongo que se hará “mas fácil” tanto para convocantes como para convocados: allí “incluyentemente” todos participan, y también todos “contentos”. * Nuestro trabajo nada tenía que ver con una amable reunión de amigos festejando el encuentro y el “gusto de verse” en “día de muertos”, “Hanal Pixan” o inclusive ya para otros un franco “Halloween”. Sin embargo, se le presentó al “dueño del lugar” la idea que pensábamos desarrollar, si bien con muy poca anticipación. Hubo un “acuerdo” y una aceptación previos a tal muestra. Lo que planeamos para ese compromiso fue el resultado de una reflexión apresurada, y por tal apresuramiento pasamos por alto la pertinencia de llevar a efecto o no nuestro trabajo con las características con que lo estábamos concibiendo y sin tomar en cuenta cabalmente los asuntos que anteriormente he expresado concerniente a los lugares de exposición en Mérida. * Sabemos claramente que cuando se abre un changarro así, de lo que tratará su dueño es meramente de que se “venda algo” y para este fin existe toda una concepción del “objeto artístico” como lo mencioné líneas arriba; concepción desde luego fallida, pero en torno a la cual indudablemente gira empecinadamente la idea de presentación, venta y posesión de lo que es considerado arte o hecho estético dentro del mundo de las imágenes visuales en nuestra Mérida. Dudo mucho que a nuestra pieza alguien quisiera llevársela a su casa. Es más, inclusive dudo que mucha gente hubiese querido siquiera verla, o detenerse a verla bajo los objetivos por los cuales se acude a estos lugares y bajo la concepción generalizada e imperante de “lo bien hecho”. Lo que hicimos sólo representaba un montón de horrible carroña pestilente, que francamente estorbaba y ofendía en el momento de conversar y beber vino agrio (bajada por peda). * Posiblemente provocadora, nada novedosa, incompleta e inmadura en su concepción, su construcción formal pudo haber sido más sofisticada o mejor “realizada”. En realidad bien pudo haber pasado por una pieza mediocre más. Y nada más hubiese ocurrido a no ser por la tragicómica pero también lamentable “censura” y agresión cobarde de que fue objeto Ex – Gráfica aquel día. Al llegar a la hora indicada en que se desarrollaría tal evento, nuestra pieza ya había sido retirada sin previo aviso ni autorización por parte de Ex – Gráfica. Pedimos alguna explicación al “dueño”. Sin embargo hasta el momento de escribir estas líneas nadie se ha hecho responsable de tal acto. Como era carroña la carroña - y nuevamente vuelvo a reconocer que nadie quisiera siquiera pasar junto a un montón de desperdicios putrefactos, lo cual siempre entendimos perfectamente y era el eje que sustentaba esa propuesta que sin lugar a dudas ejemplificaba desde nuestro punto de vista al objeto artístico en sí en el contexto de la celebración fúnebre-, no hubiésemos tenido problema alguno en retirar (con mucha pena) la pieza en cuestión. Pero los “hados” de la creación “iluminaron” a la “conciencia” de algún imbécil útil quien cual magdalena envuelta en un mar de lágrimas y sollozos la retiró por nosotros y decidió que “estaba mal” y “no era arte” la propuesta de Ex Gráfica. Nos abrió así la posibilidad de detenernos a reflexionar en lo que estábamos haciendo y en lo que deberíamos hacer al respecto. A partir de aquí la carroña tomará un sentido preciso y se convertirá en un exacto paralelismo entre el objeto artístico y la realidad artística y cultural imperante desde hace ya algún tiempo en nuestro medio. Hace no mucho, tal vez menos de tres años, un grupo entre “estudiantes” y al menos un “profesor” de artes visuales encabezados por Humberto Suaste, sin más decidieron destruir parcialmente el trabajo presentado por los arquitectos Isaac Zambra y Jesús Hernández en el Centro de Artes Visuales del ICY. Acto que nadie en su momento pudo detener. Artera agresión sin lugar a dudas a la obra de los arquitectos arriba mencionados. La justificación a tal acción por parte de los aquí señalados, según entendí en aquel momento, fue - palabras más palabras menos - porque ellos no consideraban “aquello” como arte y porque no estaban de acuerdo con la asignación de esos espacios y esos recursos otorgados por el ICY para tal exposición. Hice mención al caso de los arquitectos afectados porque pienso que esa situación se emparenta con lo recientemente acaecido contra Ex –Gráfica. Resulta que al parecer la ejecución de la censura pública la puede ejercer cualquiera en contra de lo que “no le guste” y realmente no pasa nada. O sea, el desarrollo abierto y desafiante de una cultura de impunidad, intolerancia y desapego a cualquier norma de convivencia, que parte, lamentablemente en ambos casos, de “artistas” que, a partir de ese tipo de actitudes, desconocen el tránsito de ideas, la toma de posturas, el debate y finalmente el diálogo como instrumento de solución a las diferencias entre posturas y actitudes contrapuestas. Supongo que el Estado o la Iglesia (los censores por excelencia) realmente poco tienen que censurar, ya que al parecer existen filtros bastante confiables para ellos y que parten desde los mismos criterios editoriales y de contenidos sobre todo de los medios masivos de comunicación que siempre han estado a su entero servicio y disposición. Tales criterios permean inclusive en alguna medida los contenidos en Internet. Por otro lado el artista también se autocensura con la finalidad de no resultar incómodo, y de esa manera poder obtener o conservar algún beneficio (real o ficticio) que piense que le pueda estar otorgando el stablishment. Resulta finalmente inverosímil que existan individuos que pretendan de una manera tan grosera “censurar” e impartir “justicia” autoproclamándose como una “consciencia reguladora” para dictar lo que es conveniente o digno de ser expuesto o no, valiéndose de medios ruines y cobardes . Insólito tratándose de individuos que se ostentan como “creadores independientes y pensantes”. La hamaca visceral se vio en la necesidad de instalarse en algo pretencioso como el Net Art., en el “feisbuk”, asimilada así (convertida sólo en chatarra cibernética) por los asiduos visitantes de esta “red social” en la cual, desde mi punto de vista, la inmensa mayoría de ell@s son meros espectadores estériles, enajenados, perdidos en sus soledades, sin personalidad alguna pero sobre todo totalmente vulnerables (mental e ideológicamente hablando), que forman una anónima masa de seres totalmente despolitizados que fantasean con la idea de un mundo totalmente cómodo y por tanto solamente virtual. Pues a esa cloaca precisamente fue a parar la hamaca visceral. Desde allí de una manara virtual se ha carcajeado mostrando toda su pelada dentadura de la mano de huiros y nacas a todo aquel que cayó en el encanto de la putrefacción electrónica de la hamaca visceral. Es así que seguramente casi toda la comunidad cultural se preguntó de qué tratará el despropósito ese. Despropósito que recorre alcantarillas, paraderos, anuncios sobre anuncios y banquetas, y sigue hueso por hueso, olor por olor y nausea por nausea recorriendo los espinazos destrozados por amorosos carniceros que amable y eficazmente hacen un trabajo puro y sincero. Así es: ¡el amor de un carnicero! Y por si alguien se quedó con las ganas de oler lo más feo, el “link” es: http://es-la.facebook.com/pages/La-hamaca-visceral/126949334029834

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