S

SatyrWongraven

Usuario

Primer post: 23 mar 2018Último post: 11 ago 2018
3
Posts
87
Puntos totales
68
Comentarios
¿
¿Como te lavaban el cerebro los comunistas?
InfoporAnónimo3/23/2018

El experimento Pitesti De los incontables crímenes que, en nombre del comunismo, se cometieron en Europa del Este, el más desconcertante fue el perpetrado por la Securitate, la policía política rumana, en la prisión de Pitesti entre 1949 y 1952. Fue un experimento macabro concebido para reeducar mediante la tortura. Y no cualquier tortura, sino un auténtico lavado de cerebro que arrebataba a los presos su personalidad para introducirlos en un delirante inframundo de sufrimientos físicos y psicológicos hecho a la medida de cualquiera de esos sádicos fanatizados por la ideología que tanto menudean en los regímenes totalitarios. La Rumanía de 1949 tenía todos los ingredientes para que una historia de terror como la de Pitesti se hiciese realidad. Los comunistas acababan de hacerse con el poder tras expulsar al rey Miguel y proclamar una república popular que fue extraordinariamente rápida aplicando el manual comunista. En sólo unos meses, los primeros de 1948, se colectivizó el campo, se nacionalizó la economía y se prohibió el disenso. Todo un récord, incluso para un país tan amigo de los extremos como ha sido siempre Rumanía. La versión local de la NKVD, la Securitate, nació en agosto. El invento se lo entregaron a Alexandru Nicolschi, un judío de Tiraspol que había ejercido de espía soviético durante la guerra. Nicolschi conocía bien la URSS y los métodos de la Cheka –en la que había alcanzado el rango de coronel–, pero no le terminaban de convencer los resultados. La Cheka castigaba con dureza ejemplarizante, pero aun así era incapaz de reeducar a los disidentes, de reconvertirlos en hombres nuevos que perpetuasen el socialismo. La nueva Rumanía habría de levantarse sobre un país tradicional, muy religioso y de gentes desconfiadas, es decir, diametralmente opuesto a lo que tenían en mente los comunistas. Como sucedería más tarde con la Stasi, los primeros operativos de la Securitate se nutrieron con antiguos fascistas reconvertidos a toda prisa. Uno de los que cambió de camisa en aquellos días fue Eugen Turcanu, que se despojó de los correajes de la Guardia de Hierro de Corneliu Codreanu y Horia Sima para abrazar con entusiasmo el marxismo-leninismo en su variante estalinista. Turcanu era, además, un sádico de crueldad inaudita dispuesto a cualquier cosa para hacer méritos y labrarse un futuro dentro de la revolución. El hombre ideal en el momento adecuado. Nicolschi quería emprender un experimento muy personal de reeducación de presos que le granjease buena prensa y le hiciese escalar puestos en el Politburó. Tras obtener los permisos necesarios trasladó a Turcanu a Pitesti, un penal a 100 kilómetros de Bucarest. Allí el antiguo guardia de hierro se inventó una organización fantasma, la ODCC (Organización de Prisioneros con Convicciones Comunistas), compuesta por antiguos militantes fascistas que mostraban propensión a convertirse en buenos camaradas. La única misión de los presos de la ODCC era torturar a sus compañeros de presidio hasta que, machacados física y moralmente, se uniesen a ellos. Así, el grupo iría creciendo sostenidamente. Cualquier condenado, por muy reincidente que hubiese sido, terminaría por ablandarse y, lo más importante, se pasaría al otro bando por voluntad propia. Ese era, en resumidas cuentas, el experimento de Nicolschi, que llenaría los pueblos y ciudades rumanas de comunistas puros despojados de todo resabio del orden anterior. Conseguir que un jovenzuelo fascistón proclive a la violencia se transformase en un perfecto comunista era relativamente sencillo. Es más, para conseguirlo no hacía falta intimidarle demasiado. En lo teórico, comunismo y fascismo son doctrinas hermanas, no es casualidad que el fascismo lo crease Benito Mussolini, un exmilitante socialista. En la práctica se parecen como dos gotas de agua, por eso los puentes entre ambos han estado siempre tan transitados. El problema aparecía cuando el preso no era un legionario de Codreanu, sino una persona normal. Turcanu, que no era un bárbaro iletrado como luego se quiso hacer ver, condensó el camino que había que seguir en un sucinto manual que tenía que aplicarse en Pitesti punto por punto. El proceso constaba de cuatro fases, y en ninguna intervenían los carceleros. La primera se llamaba desenmascaramiento externo y consistía en un larguísimo interrogatorio, trufado de torturas, durante el cual el reo tenía que contar hasta el detalle más ínfimo de su vida privada fuera de la prisión. Desnudo por fuera y por dentro, el preso pasaba a la segunda fase del programa: el desenmascaramiento interno. Utilizando el mismo sistema convencional de preguntas y torturas, se pedía al prisionero que delatase a todos los que, dentro de Pitesti, le habían tratado bien o habían buscado su complicidad. Esto daba lugar a una retroalimentación continua de las depuraciones. Si cantaba de plano y satisfactoriamente, le pasaban al siguiente escalón, denominado desenmascaramiento moral público: en este punto del recorrido debía renegar mediante insultos de todo aquello que tuviese por sagrado: su mujer, sus hijos, sus amigos o, directamente, Dios. En este último caso se le obligaba a blasfemar repetidas veces. A estas alturas del itinerario, el preso era un guiñapo humano, lleno de heridas, con algún hueso roto, desnutrido y vencido mentalmente por semanas o meses de tormento. Cuando ya se había convertido en un robot ideológicamente intachable tenía que afrontar la prueba más dura, la que señalaría si su conversión era sincera. La cuarta fase, tras la cual se pasaba a militar en la ODCC, se cifraba en convertir al torturado en torturador. Se ordenaba al preso que tomase a un compañero de celda y le torturase con sus propias manos hasta obtener una confesión. Si lo conseguía, pasaba a ser considerado uno de los elegidos. Pero para entonces, con toda seguridad, ya era irrecuperable para sociedad, incluso hasta para sí mismo. La mayor parte de los que sobrevivían a tan peculiar programa de reeducación por la tortura enloquecían o se suicidaban. Una minoría se convertía en asesinos natos al servicio de la causa. El resto perecía víctima de los abusos y la violencia desatada de los verdugos que, a un tiempo, eran sus propios compañeros de presidio. Si Pitesti desde fuera aparentaba ser una cárcel como cualquier otra, las torturas que se practicaban en su interior estaban lejos de ser convencionales. Los hombres de Turcanu ensayaron suplicios inimaginables. La saña con que se empleaban en las palizas no se había visto jamás. El escritor y superviviente Eugen Magirescu fue de los que pudo contarlo, y lo hizo en estos sobrecogedores términos en sus Memorias de Pitesti: Me desnudaron, me metieron unos calcetines en la boca con el mango de una cuchara hasta que empecé a sangrar, me ataron las manos por detrás con una cuerda y los pies con otra cuerda. Lo que siguió no se puede describir... golpes en la cabeza para embrutecerme, golpes en la cara para desfigurarme, miles de golpes en la espalda, debajo de las costillas, en el plexo, en las plantas de los pies. Docenas de desmayos, y así una y otra vez durante horas, mientras el guardia vigilaba. Me rompieron los huesos, los pulmones y el hígado, todos bailaban calzados sobre mis huesos, sobre mis pulmones. El tipo de prisioneros que más despertaban el espíritu homicida de Turcanu eran los cristianos, sobre todo los seminaristas. Con ellos se empleaba a fondo. Virgil Ierunca, reputado crítico literario de posguerra y uno de los mayores críticos del régimen comunista rumano, lo consigna así en El fenómeno de Pitesti, la obra capital sobre este genocidio silencioso: La imaginación de Turcanu se desataba contra los creyentes que no querían renegar de Dios. Algunos eran bautizados todas las mañanas del siguiente modo: se les sumergía la cabeza en cubos llenos de orines y restos fecales. Para continuar indefinidamente con el suplicio les sacaban la cabeza para que pudiesen respirar y volvían a hundírsela en aquel magma. Uno de los bautizados, que había sido sometido sistemáticamente a esta tortura, adquirió un tic que le duró unos dos meses, para gran regocijo de los reeducadores: todas las mañanas iba él mismo a meter la cabeza en el orinal. El sistema de Nicolschi era inhumano, precisamente por eso fue acogido con agrado por los jerarcas del Partido, hasta el punto de que el Gobierno de Gheorghiu-Dej pensó en extenderlo a las obras del canal Danubio-mar Negro, donde algunos de los fanáticos egresados de Pitesti prestaban servicio como guardianes. Pero entonces sucedió lo impredecible. La prensa occidental, en especial algunas emisoras como Radio Europa Libre –donde, por cierto, había comenzado a trabajar Virgil Ierunca–, empezaron a hacerse eco de las atrocidades que se estaban cometiendo en Pitesti. Gheorghiu-Dej, uno de los lacayos más perfectos que jamás tuvo Stalin, quiso evitarse líos y ordenó en agosto de 1952 que se interrumpiese el experimento. Se detuvo a Turcanu junto a veinte de los suyos y se les condenó a muerte en un proceso relámpago. La justificación oficial fue la típica de los regímenes comunistas de todos los tiempos: todo se había debido a una infiltración en la Securitate de agentes imperialistas y elementos fascistas provenientes de la Guardia de Hierro. Nicolschi se fue de rositas y fue premiado con la secretaría general del Ministerio del Interior. Moriría cuarenta años más tarde, en 1992, ya en la Rumanía post Ceaucescu, justo un día antes de que tuviese que prestar declaración ante el fiscal general por una denuncia que los familiares de las víctimas le habían puesto a cuento de la infamia de Pitesti. Al final, tanto él como sus crímenes quedaron impunes. Toda una metáfora del comunismo.

0
0
Querés apostatar de la Iglesia Catolica? te enseño cómo
Querés apostatar de la Iglesia Catolica? te enseño cómo
InfoporAnónimo8/11/2018

¿Qué es apostatar? La apostasía tiene tantas definiciones como religiones existen. Dado que ninguna es más válida que otra no prestamos atención a ninguna de estas definiciones. Desde esta web proponemos la apostasía en el sentido de darse de baja de la Iglesia Católica. Para apostatar, en el pasado, se debía recurrir a un artículo del Código de Derecho Canónico, una suerte de Código Civil eclesiástico. Aunque el apóstata no lo reconociera como una legislación válida, debía invocarlo si deseaba darse de baja. Hoy, gracias a Dios (sarcasmo), la ley de Hábeas Data protege nuestros datos de instituciones manipuladoras como la Iglesia Católica, por lo que podemos pedir que se nos dé de baja sin aparentes contradicciones. Pero… ¿por qué darse de baja? Las razones por las que una persona querría apostatar son de lo más variadas. Dado que la Iglesia Católica cuenta como católico a todo bautizado, hay ateos que sienten que es su obligación darse de baja para mantener una coherencia. También hay quien apostata por no estar de acuerdo con las doctrinas de la Iglesia aún cuando cree en Dios, entonces, apostata para que su nombre no sea parte de esa institución. Desde esta web proponemos apostatar precisamente porque para la Iglesia Católica todo bautizado es católico, está de acuerdo con sus doctrinas, y por lo tanto utiliza la cifra de bautizados (muy alta porque el bautismo se transformó en una cuestión cultural) para imponer sus puntos de vista en la legislación y conseguir privilegios. La Iglesia Católica para ser escuchada argumenta que casi el 90% del país es católico (boletín AICA Nº 2500) e indirectamente apoya sus doctrinas. Es decir, se erigen en la voz del pueblo, y vos, que fuiste bautizado, sos contado como parte de ese 90%. La realidad es que el 90% del país fue bautizado, y que ni siquiera la totalidad del pequeño porcentaje de practicantes está de acuerdo con sus doctrinas (encuesta CONICET). Si apostatás, se anota al lado de la anotación de tu bautismo que abandonaste la fe católica, el modo católico de darte de baja. Si vos no querés ser parte de ese 90%, entonces hacé el trámite. Apostatar es tu derecho. ¡Que no hablen en tu nombre! Trámite de Apostasía ¿Cómo? Enviando una carta informando de la decisión de dejar de pertenecer a la Iglesia Católica y por lo tanto exigiendo que se modifiquen los registros donde figuramos como católicas o católicos. La carta no debería tener demasiadas justificaciones dado que la decisión de dejar de pertenecer a la institución es íntima y no es necesario dar explicaciones de ello. De todas maneras de aquí se puede descargar la carta modelo que proponemos, a la que por supuesto se pueden hacer todas las modificaciones que consideren necesarias. Es importante que la carta contenga datos del bautismo (parroquia y fecha aproximada, al menos el año). ¿Dónde? La carta debe ser enviada a la diócesis a la que pertenece la parroquia donde fueron bautizados. Aquí puede encontrarse el detalle de las diócesis y arquidiócesis de todo el pais, sus zonas de cobertura, domicilio postal, responsable y algunos datos de contacto. Puede ser enviada por correo postal o entregada personalmente, pero en todos los casos conviene tener alguna constancia de entrega. Si se envía por correo es mejor hacerlo al menos certificada, y si se entrega en persona conviene llevar una copia para que sea sellada a modo de acuse de recibo. ¿Y luego? La carta exige una respuesta favorable en el término de cinco días. Lamentablemente no conocemos ningún caso en los que se hayan respetado este plazo, pero si en el transcurso de los 15 días se han recibido respuestas informando de que se estaba tramitando la modificación de los registros. Si no llega ninguna respuesta hay dos caminos posibles. Intentar un contacto informal con la diócesis para verificar el estado del trámite y en todo caso apurarlo, o bien hacer una denuncia en la Dirección Nacional de Protección de Datos Personales. No son opciones excluyentes y bien se puede consultar primero y a falta de respuestas proseguir con la denuncia, pero para la segunda va a ser necesaria la constancia del envío y posiblemente se vuelva todo un poco más engorroso. Posibles respuestas: Si se recibe alguna respuesta, posiblemente sea alguna de las que siguen Invitación a presentarse a la diócesis para demostrar su identidad o hacer la renuncia en forma personal. Si es posible asistir es recomendable porque seguramente agilizará el trámiteInvitación a hablar personalmente con un obispo/vicario/sacerdote para reconciliar posiciones. No es necesario ya que no tenemos que dar explicaciones de nuestra decisión y ellos deberán actualizar sus registros.Aviso de que la carta debe ser enviada a la diócesis del domicilio actual del interesado y no a la diócesis correspondiente a la parroquia de bautismo. No todas las diócesis se manejan de esta manera, pero hemos visto casos en los que así sucede. En principio parece una traba burocrática más, pero también puede facilitar el trámite si es que va a ser necesario ir personalmente luego. Nada se pierde intentando.Aviso de que se cursa el pedido a la parroquia respectiva. Todo marcha bien y el pedido está en cursoFotocopia de la partida de bautismo con la notación de renuncia al margen. Feliticaciones! Estás fuera de la Iglesia Católica Carta Modelo Aborto Sr. Obispo de ................................., S / D ..............................................................................................,DNI ........................... con domicilio real y constituido a efecto s de la presente solicitud en el domicilio postal: ............................................................................................................................................y ...................................................................................................... Correo electrónico: [email protected]..................... me dirijo a Ud. en atención a los deberes y atribuciones que le confieren los cánones 381.1 y 393 del Código de Derecho Canónico con el objeto de solicitarle se sirva ordenar que todo registro relativo a mi persona actualmente mantenido por la Iglesia Católica Apostólica Romana sea eliminado de inmediato y que dicha institución se abstenga de establecer en el futuro cualquier nuevo registro referido a mi persona si no mediara expreso consentimiento de mi parte. El derecho a elegir libremente religión o creencia se encuentra ampliamente garantizado en nuestro plexo constitucional y necesariamente implica el derecho a abandonar una religión y reemplazarla por otra la religión o creencia o adoptar una visión atea. Pero más allá de mis creencias personales, ha sido la actitud desplegada en estos últimos meses por la Iglesia Católica argentina en el debate público sobre la legalización del aborto voluntario lo que me ha decidido a romper de manera definitiva todo vínculo formal con la Iglesia Católica Apostólica Romana. No sólo no comparto la posición doctrinaria de la jerarquía eclesiástica respecto de la moralidad del aborto, sino que rechazo sus intentos de imponer mediante la legislación positiva la doctrina católica sobre la interrupción del embarazo. Escudándose en la supuesta legitimidad que le otorga ser la religión mayoritaria en el país, líderes católicos han buscado obstruir primero el debate público, luego el debate parlamentario y finalmente la eventual implementación de la ley. A esto debe agregarse la constante misoginia, violencia y persecución de quienes no comparten las posiciones políticas y doctrinarias de la Iglesia Católica lo cual, sumado a las amenazas más o menos vedadas hacia les representantes democráticamente elegides, refleja el profundo desprecio de la Iglesia Católica Argentina hacia nuestras instituciones republicanas. Por consiguiente, en ejercicio del derecho constitucional a la libertad de religión, en plena conciencia y con entera libertad, he resuelto que no deseo pertenecer a la Iglesia Católica Apostólica Romana, ni estar vinculado a ella de manera alguna, ni permitirle hablar en mi nombre, ni autorizar a esa institución a que lleve registro alguno sobre mis creencias. Como seguramente sabrá el Sr. Obispo, la Ley Nacional 25.326 protege los datos personales asentados en archivos, registros, bancos de datos, u otros medios técnicos de tratamiento de datos, informatizados o no, y considera datos personales sensibles, entre otros, a aquellos que revelen las convicciones religiosas, filosóficas o morales de las personas. Solicito, por lo tanto, que en los términos del art. 16 de la citada ley, se eliminen todos los registros referentes a mi persona bajo control de la Iglesia Católica Apostólica Romana. No siendo ya miembro de la Iglesia Católica, corresponde de pleno derecho la eliminación total e inmediata de toda constancia registral relativa a mi anterior pertenencia a la misma En consecuencia, apreciaré que en el plazo legal de cinco días haga suprimir los registros sobre mi persona que actualmente se hallan bajo responsabilidad de la Iglesia católica en la República Argentina y que, con el fin de facilitar y acelerar la búsqueda, refiero a continuación: Bautismo: Ciudad:..................................................................................................................... Fecha aproximada: ..................................................................................................... Parroquia: ................................................................................................................. Comunión: Ciudad: .................................................................................................................. Fecha aproximada: ..................................................................................................... Parroquia: ................................................................................................................. Confirmación: Ciudad: .................................................................................................................. Fecha aproximada: ..................................................................................................... Parroquia: ................................................................................................................. Apreciaré asimismo que, realizada la supresión, me notifique por escrito al domicilio postal o electrónico arriba constituido. En caso de negativa, obstaculización o cumplimiento parcial de lo que aquí solicito, hago expresa reserva de iniciar las acciones judiciales de protección de datos personales a las que la ley me habilita. Sirva la presente de formal notificación conforme al Art. 16 inc. 2 de la Ley 25.326. Quedando a la espera de una pronta y favorable respuesta, lo saludo a Ud. atentamente, Firma y aclaración Acompaño a la siguiente documentación (tachar lo que no corresponda): Fotocopia simple de mi DNI / Fotocopia simple de acta de bautismo. Fotocopia simple de acta de comunión / Fotocopia simple de acta de confirmación. Otra: ......................................................................................................... CUALQUIER CONSULTA https://www.facebook.com/ApostasiaColectiva/

0
8
A
Ateos reunidos en contra de la Semana Santa
HumorporAnónimo3/30/2018

Algunas de sus frases mas duras: "El ateísmo es la religión basada en la fervorosa creencia en la inexistencia del Monstruo de Espagueti Volador " "Creo que Dios no existe" "Creo que Dios es lo mas malo que ha existido" "Creeré en él cuando lo vea" "Soy malo y peco constantemente" "La religion atrasó mil años la humanidad" "El cristianismo acabo con 6 millones de cientificos" "La humanidad estaría más avanzada sin el cristianismo, con autitos voladores y esas cosas..." "Que semana santa ni que verga, voy a escuchar Black Metal y que chinguen a su madre" "Ese Yisus es un loquillo"

87
0
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.