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Salame46

Usuario (Argentina)

Primer post: 26 dic 2013Último post: 26 dic 2013
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¡PUF!
¡PUF!
ArteporAnónimo12/26/2013

¡Puf! -Ahí va otro, otro momento que se desvanece. -Sí, te imaginas vivir sin ese cálido sonido, me hace tintinear las orejas cada vez. -La verdad que no, no encuentro forma de imaginarme sin ese sonido envolvente, que te acaricia el alma. ¡Puf! -¡Rápido! ¡Atrápalo! -No pude, ese se fue rápido. -¡Oiish! Siempre lo mismo con vos, a ver, dame, te muestro como se hace. … -¡Jiji! ¿Viste como lo hice? Creo que con esta cantidad va a alcanzar, vamos ¡Jiji! … Capítulo I: Esa Extraña Sensación ¿Qué es el tiempo? ¿Cómo lo definirías? ¿Existe realmente? Imaginemos por un momento, solo por un momento, que el tiempo es una partícula, o mejor dicho un conjunto de partículas. Vivimos con ellas, las respiramos, están en el ambiente. Ahora, bien, ¿Cómo se generan estas partículas? El tiempo se encuentra fluyendo constantemente, no para ni un segundo, pero, ¿Qué pasa con los momentos que ya tuvieron su lugar en el presente? ¿Pasan al pasado como un mero recuerdo? ¡No! ¡Por supuesto que no! ¿Cómo puedes pensar que un momento puede desaparecer para quedar en el mundo físico solo como un recuerdo? Debo decirles que las partículas de tiempo se generan cuando decidimos que ya superamos un momento y queremos que sea parte del pasado, es en ese momento en el que el mismo se “destruye” en miles de millones de partículas, como si fuera una foto que rompiéramos en pedacitos. ¿Piensas que estoy loco es verdad? Bueno, esto me lo conto ni nada más ni nada menos que una simple niñita de 8 años, Lili Vásquez era su nombre (si mi memoria no me falla). Siempre me ha sorprendido la visión tan simple de los niños, siendo la completa antítesis de la mía, yo siempre complicándome, buscando la solución más difícil y es esta la razón de mi asombro. Pero Lili era diferente, mucho más diferente si, tenía las mismas cualidades que acabo de decir pero multiplicadas, y todo comenzó con un simple… ¡Puf! … -Llego tarde, llego tarde, llego tarde, llego tarde. Otra vez a la puta alarma se le ocurre no sonar y ¡otra vez llego tarde! Si, ese soy yo, llegando tarde al trabajo por deci… onceab…, bah, por “x” vez en el mes, nunca me gusto este tema de vivir bajo un horario. Dormimos 8 horas por día, tenemos 15 minutos para comer, tardamos 5 en el baño, viajamos en colectivo durante 30 minutos, toda nuestra vida encasillada en años, meses, días, horas, y por qué, nosotros lo quisimos así. Pero bueno, solo estoy tratando de justificar mi nueva llegada tarde mientras corro el colectivo que nuevamente no alcanzo a tomar porque un simple error en los cálculos del tiempo me ocasionó esto. Verán, tome un café, que normalmente no tomo, eso me hizo extender mi tiempo en el baño 8 minutos, quise enmendar ese tiempo aumentando la velocidad con la que caminaba a la parada pero un encuentro indeseado con una vecina, una señora vieja y amarga, me hizo demorar 4 minutos. Sabía que no me quedaba mucho tiempo, así que decidí correr el resto del camino, pese a mi poca entrega hacia esa opción en situaciones normales, llegue con 3 minutos de sobra, pero adivinen que, no podemos controlar todo en este mundo, el colectivo ya había pasado y estaba a 1 cuadra de distancia. Decidí caminar, pero no precisamente a mi trabajo ya que sabía que mi última oportunidad de conservarlo se fue con el bondi. Camine sin rumbo durante horas, libre del tiempo, me sentí tan feliz. Termine en una plaza, era un día de viento, un viento helado, siempre me ha gustado la sensación de ese frio en mi cara, y hoy se sentía más especial aun. Me tire en un montón de anaranjadas hojas, claro signo del otoño que ya estaba casi por irse, cerré los ojos, tome una larga respiración por la nariz y la solté lentamente por la boca, estaba tan relajado, y sin haberlo previsto, me dormí… … Aunque haya disfrutado mucho mi día de libertad, no podía ignorar mi necesidad de buscar un trabajo nuevo. Los días venideros no fueron fáciles para mí, recorrer la ciudad en búsqueda de un trabajo mediocre para una persona mediocre no es tan fácil como uno piensa. Decidí entrar a la florería de una de las amigas de mi vieja, pese a mi sostenida negación ante esta solución, una negación perfectamente fundada ya que no sabía nada de flores y tampoco me interesaba saberlo. -Buen día señora Timerman. ¿Señora Timerman? ¿Hola?-Parece que no hay nadie, pero eso sería imposible, el local está abierto. -¡Señora Timerman! -¡Oh! Hola Arielsito, pasa pasa, no había necesidad de gritar ahuyentaras a los clientes.- El lugar estaba vacío. – Además a las rosas no les gustan los ruidos fuertes ¿Vienes por el trabajo no? Eso me dijo tu mamá. ¡Huy! Justo que yo necesitaba un ayudante, con mi operación de cadera se me hace doloroso ir y venir, además con el frio de esta época ¡huy huy huy! Si, a la señora Timerman le encantaba hablar en EXCESO. Pero era una viejita muy agradable y graciosa. Era la clase de persona que le habla a las flores para que crezcan rápido y bellas. -Exactamente, yo necesito un trabajo y usted necesita un ayudante, parece que hoy todo el mundo gana. -Bueno hijo, para empezar, ¿Sabes algo de flores? -Nada de nad…- Y en el momento que empecé a pronunciar esas palabras me di cuenta de mi error, había desatado a la bestia. -¡No es nada difícil! ¡Siempre quise un alumno! Mira, te explico. Luego de una larga charla, bueno, más que charla, monologo me entrego las llaves del local, la lista de precios. -¡Juju! ¡Al fin vacaciones! ¡Gracias arielsito! – Gritó desde la calle mientras se iba a una velocidad sorprendente para una persona tan mayor. Se veía tan feliz. Pero se fue tan rápido que no me dio tiempo a reaccionar, dejándome un anonadado ya que no había escuchado ni un tercio de todo lo que dijo. Paso un largo rato hasta que vino un cliente, y yo ya me había acomodado en una silla, como no había mucho que hacer había matado el tiempo limpiando el mostrador. Era una señora alta y flaca, con el pelo planchado y bien peinado. -Buen día ¿Qué necesita? -Quiero un encargo de 70 rosas y 40 margaritas, las quiero para el lunes, y quiero que sean manipuladas por un profesional, no tú, este es mi teléfono y esta es mi dirección para la entrega.- Su tono era cruel y soberbio, como si hubiera querido destruirme con sus palabras. -No hacemos entreg…- No alcance a terminar la frase, la peculiar mujer ya se había marchado. Y así pasaron los días, relatarlos sería una pérdida de tiempo ya que nada interesante pasa nunca en una florería, NUNCA. Aunque si había una cosa, algunos días venia una hermosísima chica, rubia, ojos verdes, mediana estatura, y demás cosillas que nos gustan a los hombres (y a algunas mujeres), pero lo interesante era que siempre llevaba un frasco, un frasco vacío. -Hola, ¿Lo mismo de siempre? -Sí, orquídeas y lilas, mejor si están frescas.- Pronunció con su tono triste de siempre, y su pálida y desganada expresión habitual. -Lindo día ¿no?-Dije mientras me disponía a buscar las flores -Sí, el sol te hace olvidar el frio- Adoraba su tono inocente y hasta pude observar un vestigio de sonrisa cuando dijo eso. -Acá están las flores- Mientras le entregaba el desprolijo ramo de flores. Ella lo miro y en un rápido movimiento de manos cambio mi vulgar ramo en uno perfecto que no tenía nada que envidiarle a los arreglos florales hechos por maestros floristas.- Eso fue impresionante -La práctica hace al maestro- Me entrego rápidamente el dinero y se fue con la misma velocidad; y otra vez pude observar esa sonrisa pícara. Vi que se le había caído una flor de su arreglo así que salí corriendo afuera para intentar alcanzarla, pero en mi torpe accionar choque con la pobre señora Timerman. Desgraciadamente murió luego de caer a la calle y ser brutalmente destrozado por el basurero, y yo pensé que era una verdadera lástima ya que era su bastón preferido. -¡Señora Timerman! ¿Está bien? -Sí, sí, menos mal que me agarraste antes de que cayera al suelo, un torpe chico me llevo por delante, ni lo vi al muy atolondrado. -Señora T, era yo, disculpe. Entre, la llevo hasta una silla, perdón por el baston, se lo repondré- Le di la mano en señal de que me usara de apoyo para entrar. La flor también había sufrido un mal trato, me deshice de ella antes de que la vea, para ella la muerte de una flor era como la muerte de un pariente muy cercano. … Quizás sea momento para hablarles un poco de mi vida personal, es decir, tengo una vida fuera de la florería. Nací en el fuerte invierno del ´94, mi vieja siempre me dice que esa es la razón por la cual el frio no me molesta tanto, el invierno no es lo más apropiado para los bebes, entonces mis inicios estuvieron plagados de enfermedades. De mi papá no tengo recuerdos firmes, desapareció de mi vida cuando yo rozaba los 4 años, mi mamá me conto que murió en un fuerte accidente en la ruta, camino a su trabajo, un camión quiso pasar a otro, este descarrilo y provoco múltiples accidentes, muertos y heridos. La señora T tuvo una fuerte presencia en mi infancia y años posteriores, era como una tía para mí, siempre me ayudaba a cubrir gamberradas y mocos de mi vieja. Sinceramente, no tengo nada de que quejarme, tuve una infancia perfectamente normal… o eso creía. … -¡Andate! ¡Andate de una vez! ¿¡No te das cuenta de lo que me haces pedazo de mierda inmunda!? Solo… solo vete por favor. – Llantos… … Llego un nuevo día y tenía que emprender camino a abrir el local de la señora T, si algo siempre me ha gustado es caminar solo por la ciudad. Hacia un lindo viento frio en mi desnuda cara, las calles estaban desoladas, el alba todavía no se había dignado a aparecer por lo que hizo mi caminata aún más tranquila, y para mí la tranquilidad es belleza. Llegue al local y para mi sorpresa allí estaba la hermosa chica de ojos verdes, sentada abrazada a sus piernas, con la cara en sus rodillas. Notó mi presencia a pesar de mí desconcertado silencio, levanto la vista y pude ver como una lágrima le recorría su bello rostro. -¿Qué ha pasado?- Pronuncie mientras la ayudaba a levantarse. -Mi… el frasco, mi frasco ¿Has visto mi frasco? Dime que si por favor- Dijo con un esfuerzo tremebundo de contener el llanto. -No, lo siento, pero veamos adentro, quizás se te ha caído- Me apresure a buscar las llaves y abrir la puerta. Entro rápidamente y recorrió todo el local como si fuera un ratoncillo buscando queso. -No está, no lo veo- Rompió a llorar en mi hombro. -¿Por qué es tan importante?- Mientras la contenía con un abrazo Aparto la cara de mi hombro y me miro directamente a los ojos- Era… era el- Y retomo su llanto. -Vamos, te llevo a tu casa. Salimos, aún era madrugada y mientras giraba la llave para cerrar la puerta, ella gritó de una forma que no nunca había escuchado, un grito pelado y aterrador. Gire rápidamente la cabeza, tenía los ojos abiertos, la cara pálida, todo formaba una expresión de terrible miedo, señalo al vacío, a donde no había nada, grito una vez más y se desvaneció en mis brazos. Yo no entendía nada. No sabía qué hacer, no sabía dónde vive la chica, su teléfono, ¡Ni siquiera su nombre! Constate que su pulso estaba bien y respiraba normalmente. No se me ocurrió mejor idea que llevarla adentro, improvisar una almohada hecha con flores y esperar a la señora T. Vecinos curiosos, alertados por los gritos empezaron a llegar, yo no tenía palabras sobre cómo explicar que había pasado porque ni yo mismo lo sabía. La señora Timerman llego en el mismo momento que la ambulancia, les explique a todos que su grito había sido de dolor, y se desmayó agarrada a su estómago, es lo mejor que se me ocurrió, prefería eso antes de decir que grito por algo que no estaba ahí. La señora T buscó entre las anotaciones de su pequeña libreta, agarro el teléfono y llamo a lo que supuse eran los padres de la peculiar chica. … Era tarde y la noche había caído en la ciudad, el hospital había cerrado su horario de visitas pero gracias a algunos contactos conseguí unos minutos, solo quería evitar las preguntas de los familiares y amigos. Me acerque a su camilla, ella estaba dormida, acaricie su pelo, no sé por qué pero sentía que debía hacerlo, aunque si se hubiera despertado en ese momento imagino que no estaría contenta con respecto a un completo extraño tocándola. Solo deje una flor flotando en un frasco, junto a una pequeña nota, y me fui “Sé que no es lo mismo, pero espero que este frasco sea un buen remplazo del anterior”. Cuando salí del hospital sentí una sensación extraña, una leve brisa me acariciaba el cabello, la misma sensación se reprodujo en el cuello, afilados dedos me lo rozaban delicadamente. De pronto la sensación se hizo más fuerte, los mismos dedos ahora me rasguñaban la carne, rasgándola, yo estaba paralizado pero no por miedo, sino como si estuviera a merced de la rara situación, esta paro de golpe y el viento comenzó de vuelta, más fuerte aún, y para aumentar mi pudor, note que los arboles no tenían ni el mínimo movimiento a pesar de la tremenda tormenta que parecía solo suceder en mi cuerpo. Mi bufanda se desprendió de mi cuello y yo corrí a buscarla. Cuando la levante había un hombre al frente mío, estaba parado ahí, sonriente con una mirada penetrante, su cara estaba llena de ira, como si intentara destruirme con la vista, no, era más que eso, sus ojos reflejaban un yo distinto, sufriendo inimaginablemente. Sacó la mano de su saco y estiro el brazo, sus manos eran terroríficas, negras, completamente negras, si me hubiera encontrado a más distancia hubiera creído que eran guantes. De pronto las abrió y dejo caer un frasco, mis ojos se abrieron y por mero reflejo lo agarre antes de que cayera al suelo, en ese mismo instante él dijo con una voz ronca y cruel: -Ábrelo- Y cuando aparte la mirada del frasco para verlo a él, desapareció dejando atrás penumbra negra, y yo caí sentado como si me hubiera liberado de una gran carga sobre mi espalda. Y ahí estaba yo, tirado en el medio de una solitaria calle, observando un frasco vacio, tocarlo me daba una sensación de cosquilleo en mis manos, como si me estuviera llamando. Mi cabeza estaba dividida en dos, ¿Debía llevárselo a la linda chica sin nombre o debía abrirlo?, no hice ninguna, descarte la primera opción porque no me parecía lo más sano para la pobre mujer y descarte lo segundo porque mi mamá solía decir que no abriera frascos de extraños, no con esas palabras pero es básicamente la misma idea. Decidí volver a casa, necesitaba descansar y tratar de convencerme de que todo fue una alucinación muy real, aunque ya sabía que era imposible disuadirme de tal experiencia. … Corro y no llego, me detengo y el piso se mueve, miro arriba y todo gira, el mundo se viene abajo y todo cae… menos yo, yo me mantengo… … -¡Hijo! ¡Llegaras tarde!- Gritó mi mamá desde el piso de abajo Desperté todo transpirado. -¡¿Podes hablar con la señora T?! ¡Hoy no voy, me siento mal!- Y me tape de vuelta Mi vieja subió, simulé estar dormido, ella acaricio mi frente y se fue al trabajo. Me vestí rápidamente y fui al hospital, no sabía si contarle mi pequeña aventura o no, pero tenía que asegurarme de que estuviera bien. Llegue y como suponía ella ya se había ido, su médico me dijo que estaba perfectamente saludable y eso me dejo tranquilo. Decidí olvidarme de mis problemas e ir a ayudar a la señora T, o quizás fui a ayudarla para olvidarme de mis problemas. Cuando llegue la señora T tenía una sonrisa pícara y me dijo que la bella chica había venido a preguntar por mí, y que al contarle de mi ausencia por mi “malestar” le pidió mi dirección y se fue. No me había puesto a pensarlo pero casi seguro que lo que ella vio ese día es el mismo aterrador hombre que yo vi. Corrí las 20 cuadras desde el negocio hasta mi hogar y allá estaba ella, llamando a la puerta, en vano ya que no había nadie, me acerque... -Hola chica sin nombre- Se dio vuelta y su cara se ilumino al verme, me tomo desprevenido y me abrazo. -¡Gracias a dios que estas bien! -¿Por qué no iba a estarlo?- Quería asegurarme si efectivamente lo que ella vio es lo mismo que yo vi -¿Cómo? ¿No lo viste? -Bueno, no esa vez pero… - Y le relate mi historia … -¿Así que recuperaste el frasco? -Es una forma de decirlo, en realidad no hice nada, el frasco vino a mí. -¿Lo tenes? -Sí, está adentro, ¿Queres pasar? – Abrí la puerta y entramos – Espera acá – Fui a buscarlo a mi pieza y se lo deje en la mesa del comedor. -¿Lo abriste? -No, pero, contame; ¿Qué es? ¿Qué tiene? ¿Por qué es tan importante? ¿Y quién carajo era ese hombre? -Yo se tanto como vos, pero el frasco era de mi hermana. -Y ella… -Murió cuando yo tenía 7 y ella 8, lo llevaba a todas partes. -Lo siento, no quiero revolverte el pasado pero, ¿Cómo…? -Fue en un fuerte accidente de autos, mi madre también estaba ahí, ella también murió.- Agarro su cruz y miro el suelo, su expresión cambió. -Lo siento, de nuevo – Mientras agarre sus pequeñas manos -No te preocupes. – Sonrió. -Aún no se tu nombre. -Ni yo el tuyo, soy Ludmi. -Yo Ariel - Aparte mi mirada de ella y observe el frasco. - ¿Qué lo hace tan misterioso? ¿Por qué siento que me llama? -¿Crees que; crees que deberíamos abrirlo? -No lo sé, es tu decisión y solo tuya. -No, estamos los dos en esto. -No quiero abrirlo, sinceramente no quiero saber nada con ese siniestro hombre – Solté sus manos e intente agarrar el frasco, pero este se me resbalo de la mesa y cayó al suelo y ocurrió una pequeña explosión, cubrí a Ludmila con mi cuerpo, resguardandola de los pedazos voladores de vidrio, afortunadamente ninguno me golpeo con gran contundencia, solo obtuve un par de cortes. -¿Estas bien Ludmila? ¿No? – Su mirada estaba clavada en el frasco roto, no creo que haya procesado lo que le dije. Nos acercamos a los pocos fragmentos que restaban en el suelo, era hermoso, se podía apreciar un remolino de polvo dorado, totalmente cautivador, su peculiar brillo hizo que nos acercáramos más, entre las partículas de polvo se podía apreciar estática, pequeñas conexiones eléctricas, como si fuera una mini tormenta eléctrica. Repentinamente el remolino se hizo más y más grande y se desplazó hacia nuestros rostros, todo se volvió confuso y el polvo “cegó” todos mis sentidos y de repente, nada, un vacío. … Me miro al espejo No me gusta lo que veo Mi reflejo se desvanece Solo yo, en este cuerpo. … -¡Señor! ¿Señor está bien? – La voz de una dulce niña se abrió paso a través de mi profundo sueño y logro sacarme de él. Capitulo II: Ni se te ocurra volver Abrí los ojos y una luz increíblemente blanca cegó mis ojos, mientras se me recomponían del destello note que mi cara estaba mojada, como si me estuviera cayendo algo en ese preciso instante, con la yema de mis dedos sentí la extraña sustancia y esta era pegajosa. Finalmente, pude abrir los ojos y mi primera imagen fue la de una niña con inocente cara, ojos verdes, sonriente con grandes cachetes, y una pequeñita nariz, estaba haciendo algo con la boca que no alcanzaba a distinguir, todo se hizo más claro y vi su método para despertarme. -¿¡Oh dios que haces!? – Dije mientras pegue un salto, poniéndome de pie - ¡¿Me babeaste?! -¡Ops! ¡Culpable! ¡Jiji! – Exclamo mientras echo a correr en zigzag con los brazos abiertos, como si fuera un avión, en dirección a un bosque. -¡No! ¡Espera! ¡¿Dónde carajo estoy?! - Grite en dirección al cielo agarrándome la cabeza. Estaba listo para correr en búsqueda de la misteriosa baboseadora pero antes me tome un momento para observar el lugar, era un hermoso claro de hermosa pastura verde, parecía sacado de un cuadro. No es que esté contento pero si te desmayas y apareces en cualquier lado a uno le agrada que sea un lugar tan bello, ya saben, podría haber sido el sótano de un asesino o la casa de un “reality” de T.V. Entre al bosque pero no había ni el menor rastro de la niñita. Me acerque hasta un curioso árbol, su rareza radicaba en que no tenía corteza, estaba pelado, deslice mi mano y tenía la suavidad de una esponja. Arranque una pequeña hoja que estaba colgando en frente de mis ojos, era de un brillantísimo verde, pero cuando la desprendí de su rama se desintegro en mi mano, y reapareció frente a mí de nuevo. Como cualquier otra persona, quise seguir experimentando el extraño suceso, pero sentí la sensación de que debía dejar el árbol en paz y eso mismo hice. Seguí mi camino, bueno, en realidad no tenía camino, solo estaba merodeando los alrededores, note la ausencia de pájaros, y el hecho de no haber pájaros en un lugar tan verde y natural me dio mala espina. Otra cosa que llamo mi atención, y esta vez a lo grande, fue la completa ausencia de cielo; no había nada, ni sol, ni nubes, todo era blanco. En el momento que aparte mi vista de la nada que representaba el techo del lugar en que me encontraba todo había cambiado, ahora el verde pastizal se había reducido a oscura tierra, no, no era tierra, eran cenizas; y los bellos arboles ahora solo eran negros troncos quemados, la imagen era sorprendente y devastadora. Me agache, agarre un puñado de la negra ceniza y la oprimí contra mi pecho, no sabía por qué pero ya sentía que extrañaba el hechizante lugar en el que había despertado, cerré mis ojos y ahora apreté con más fuerza mi puño contra mi pecho, respire profundamente mientras bajaba la cabeza y una lagrima se deslizo por mi rostro; todos mis sentidos se detuvieron, todo se detuvo y, de golpe, un fuerte viento me envolvió en un remolino en el que yo era el epicentro y, de nuevo, tranquilidad. Abrí mi mano, pero no escuche el sonido de las cenizas cayendo, entonces abrí mis ojos y era sorprendente, el hermoso paisaje había regresado, y además del bello bosque ahora, al margen de este, se encontraba un cristalino lago, pintado de un perfecto azul y a orillas de este estaba la pequeña niña de espaldas a mí, jugueteando con los pies en el agua. -Vaya vaya, parece que me has encontrado ¡Jiji! … -Antes de que desaparezcas de vuelta, ¿Me explicas aunque sea una sola cosa de todo lo que está pasando? -Yo creo que vas bien – Dijo sin detener su actividad. -¿Qué fue eso de recién? -¿Cómo? ¿Lo has hecho dos veces y aun no sabes qué es? No eres muy rápido de mente ¿no? ¡jiji! Chiste, chiste. – Esta vez se dio vuelta, me miro con una adorable sonrisa y volvió a su juego. -No tengo idea de a que te refieres. -¡Oish! ¿Acaso no es obvio? ¡Viajaste en el tiempo tontito! – Esta vez dejo lo que estaba haciendo, se puso de pie y se acercó hasta a mí -Viaje en el… - Me interrumpió -Sí, viajaste en el tiempo, querías volver aquí y lo hiciste – aplaudió soberbiamente -Pero eso es…- Me interrumpió nuevamente, se estaba empezando a poner molesto. -¿Imposible? Lo acabas de hacer - Pego un salto y me dio un golpe en la cabeza - ¡Es imposible que sea imposible! ¡Jiji! -¡Ouch! ¿Era necesario? – Podrá ser enana pero su golpe sí que dolió, proseguí con mis preguntas mientras sobaba mi cabeza - ¿Y que es este lugar? ¿Y quién eres tú? ¿Y qué haces aca? Y más importante aún ¿Qué hago yo acá? -Son muchas preguntas – Dijo bostezando mientras se desperezaba – yo creí que habías venido a jugar, dale, juguemos ¡Jiji! -¿Jugar? No quiero jugar, solo quiero volver a mi casa. -¡Sos malo, malo, malo! – Cruzó los brazos y armo terrible berrinche -Bien, si no me ayudas, me ayudo solo, dijiste que podía viajar en el tiempo ¿no?, solo tengo que concentrarme. Me senté en el suelo con las piernas cruzadas, con mis manos apoyadas en las rodillas, cerré los ojos, respire profundamente e intente recrear todos los pasos que había hecho la vez anterior, además me concentre en el momento en que rompí el frasco. Hice fuerza, caras extrañas, cerré los puños, agite los brazos; la verdad que no fue de mis momentos más lúcido; pero a pesar del espectáculo, nada paso. -Bueno, eso fue… interesante – Lo expreso con un tono de “te lo dije” y posteriormente rompió en ruidosas carcajadas, se tiró al piso, dio vueltas, golpeo el suelo; un poco exagerado en mi opinión, y aunque nadie disfruta ser objeto de burla, la actuación de la pequeña hizo que me uniera a la fiesta. Y ahí estábamos los dos, armando un gran alboroto, ella se dispuso a imitar mí fallido intento, y llorábamos de la risa, el jolgorio no paro hasta que ambos estuvimos exhaustos y nos acostamos en el suelo a reponer nuestra energía, alegremente gastada. -Por cierto, ¿Cómo te llamas enana? – Ella se acurruco en el suelo, se puso de costado y utilizó sus pequeñas manos como almohada. -Lili – Respondió con los ojos cerrados, ya con una voz de cansada. -¡Hey! ¿No es un peligroso dormirse acá? – Mi pregunta llego un poco tarde, ella ya estaba inconsciente. Puse mis manos detrás de mi cabeza, haciendo el mismo uso que Lili había hecho de sus manos, y mire el pálido cielo, eran tan relajante. -Espero que Ludmi esté bien – Suspire esas últimas palabras y yo también me rendí ante la dulce llamada del sueño. … La fuerte tormenta había pasado, ya era tiempo de dejar nuestra cueva, nuestro refugio… … Desperté de golpe, exaltado, como si hubiera tenido una pesadilla pero no recordaba nada, toque mi cabello y estaba escarchado. El lugar estaba todo cubierto de nieve pero con semejante nevada era curioso que yo no tuviera ni un poco de frio, a pesar de las pocas prendas que llevaba puesta, apenas un jean y una musculosa. El cielo seguía igual, por esa razón no tenía idea si era de noche o de día, o si siquiera existía el día en la noche en ese extraño lugar. Me levante y al ver la verde huella que mi cuerpo había dejado entre tanta nieve me hizo percatar de que Lili no estaba, y tampoco su huella, lo que era indicio de que hacía tiempo que se había ido. Empecé a caminar, no tenía rumbo en especial, y no fue hasta varios minutos después que note algo impresionante, increíble pero a la vez tan hermoso y cautivador. Todo el tiempo que creí haber estado caminando bajo la “lluvia” de nieve estaba equivocado, verán, los copos no caían, estaban quietos, si, ¡quietos!, totalmente inmovilizados y yo caminaba entre ellos, desplazándolos. Como muchos de ustedes hubieran querido hacer me puse a juguetear con el espectacular suceso, veía los copos de cerca, los tocaba, los rompía, los agarraba y hasta armaba pequeños dibujos en el aire con ellos. Pero luego de pasada la increíble alegría cayó en mí una gran preocupación sobre mi paradero. ¿Dónde estoy? ¿Qué es este lugar? ¿Cómo llegue aquí? ¿Estaré muerto? Lo único que hice para intentar responder tantas preguntas en mi cabeza fue concentrarme en el momento en que el frasco se rompió, hice varias hipótesis pero todas descartadas al fin, y la única solución que resulto de mi pensar fue que debía encontrar a Lili, de vuelta. El único problema es que no había dejado ninguna pista que pueda utilizar para encontrarla, pensé que la nieve me iba a ayudar con alguna posible huella que Lili hubiera dejado, pero luego de un buen rato desperdiciado caminando de aquí a allá y de allá a aquí, decidí volver al lugar de inicio, donde desperté. Una vez allí me senté, pero no me moje a pesar de la nieve, tampoco se sentía como tal cosa, probé su consistencia pero no sabría describirla, sería el equivalente de incoloro o insípida pero para el tacto todo era muy raro; pero entonces vi un destello en uno de los copos de nieve suspendidos en el aire. Me acerque a verlo, tuve que mirarlo bien de cerca y este lucia como una pequeñísima imagen en la que se distinguía poco y nada; con mi mayor esfuerzo visual pude ver a una niña y a un chico acostado. ¿Sera Lili? ¿Y ese, seré yo? Vi el siguiente copo de nieve y también había una imagen, pero distinta, esta vez la chica estaba de pie y el chico seguía acostado. La siguiente me mostro a la chica caminando y en la consecutiva solo se apreciaba el chico durmiendo. Ahora no tengo dudas, ese sí que soy yo, pero ¿Qué hago con esto? Continuara...

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