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El Holocausto judio y su manifestacion cinefila “Holocausto” es una palabra de origen griego que significa “sacrificio por fuego”. El Holocausto fue la persecución y asesinato de seis millones de judíos por parte del gobierno nazi. Todo esto se realizó basado en la creencia que tenían los alemanes de que eran una raza superior, y por tanto, los judíos eran una raza considerada inferior y merecían morir. Además de judíos, los alemanes también consideraban razas inferiores a los gitanos, los discapacitados y algunos grupos eslavos como polacos y rusos. Por razones políticas otros grupos perseguidos fueron los homosexuales, los testigos de Jehová, comunistas y socialistas. Antes de empezar la Segunda Guerra Mundial, los alemanes ya habían creado campos de concentración para encarcelan a todos los grupos perseguidos. Durante la guerra, los nazis crearon los ghettos, campos de detención temporal y campos de trabajos forzados. En ellos, forzaban a la población judía a vivir en condiciones realmente miserables. Los aislaban de la población no judía así como de las otras comunidades judías. Los nazis crearon más de 400 ghettos. Entre 1942 y 1944, los nazis deportaron a millones de judíos desde los territorios ocupados a los campos de exterminio, donde fueron ejecutados en instalaciones diseñadas especialmente para ello. Los alemanes nazis obligaban a los judíos a realizar trabajos forzados para el gobierno alemán, así como a llevar insignias que los marcaban como judíos. Si partimos del concepto en el que el arte debe representar un objeto, pensamiento o sensación; es complejo abordar la manifestación cinéfila de un acontecimiento como el Holocausto. “Hay verdades que no pueden comunicarse ni siquiera con el silencio. Y que aun así han de ser comunicadas”. El escritor judío Elie Wiesel manifiesta con estas palabras una tendencia al rechazo de la imagen, a la negación de toda representación del horror. Elie Wiesel recibió el premio Nobel de la Paz, el y su familia fueron capturados y destinados a campos de concentración, solo el sobrevivió. Con apenas 16 años, conoció el infierno. Es una postura más que respetable que ha generado un tabú para aquellos cineastas que pretenden abordar la temática del Holocausto. Sobre todo para aquellos que apelan a la ficción y no a lo documental. Pero estos últimos no se ven desligados de semejante peso ya que deben seleccionar la imagen adecuada, el testimonio, el rostro que conmueva, que narre, que comunique. La ficción por su parte se ha visto mas exigida pero no por eso frustrada, y se ha esforzado mas en proponer espacios ficcionales cargados de intensidad y poesía, de transformar el abuso del impacto visual en un minucioso trabajo de los textos y de las situaciones a representar. Alejandro Baer-profesor de Antropología Social de la UCM- hace su descargo manifestando que el cine transgrede los límites de la representación y en el caso del Holocausto porque es imposible la relación entre el acontecimiento histórico y su representación. El cine estetiza el horror, por ende relaciona el objeto con el placer propio de la naturaleza del arte. El séptimo arte, en este caso también es preso de la veracidad y fidelidad de los hechos que representa, de pertenecer a la industria cultural y por consecuencia a una mercantilización de los hechos ficcionalizados, y por ultimo de utilizar imágenes de archivo que no colaboran con la difusión de los hechos, por no haber sido realizadas desde la mejor intencionalidad, por poseer el punto de vista subjetivo del perpetrador, por manifestar un horror que alcanza la irrealidad y descoloca al espectador y por quitarle dignidad a los protagonistas. Pese a todas las trangresiones, el cine logra tocar le veta sensible del que lo consume, aunque solo sea consumidor, porque desvela los tabúes y los preceptos, las trabas que el mismo dolor va colocando. El cine permite aquello que es necesario para no olvidar: ver y oír el Holocausto. "Es la memoria la que salvará a la humanidad". Elie Wiesel -Premio Nóbel de Literatura He aqui algunos de los films mas representativos, sus datas principales, sinopsis y criticas...un homenaje a los fallecidos y al septimo arte. Amén. (2002). Dir.: Constantin Costa-Gavras Genero: Drama Sinopsis Dos sistemas: por una parte la maquinaria nazi... y por otra la diplomacia del Vaticano y de los Aliados. Pero dos hombres luchan desde dentro. El primero es Kurt Gerstein, químico y miembro de las SS que en la vida real se encargaba de suministrar el gas Ziklon B a los campos de la muerte. Pero eso no le impide denunciar los crímenes, alertando a los Aliados, al Papa, a los alemanes y a sus iglesias, jugándose la vida y la de su familia. El segundo, Ricardo, un joven jesuita, personaje de ficción que representa a todos los sacerdotes que supieron oponerse a la barbarie, pagando muchas veces con su propia vida. Es un símbolo de todos esos religiosos, conocidos o desconocidos, que rechazaron el silencio impuesto por sus iglesias. ¿Pero, en qué momento la ética supera a la prudencia? Kurt Gerstein sabía lo que estaba ocurriendo y quería que el mundo entero también lo supiera. La película pone en tela de juicio la indiferencia de todos aquellos que sabían lo que estaba pasando y decidieron callarse. Critica Costa-Gavras, director que siempre ha utilizado el cine como un método de denuncia, con una narrativa valiente y eficaz, abarcando temas de polémica y permanente actualidad, se ha sumergido en esta ocasión, cuando su carrera pasa por un momento de verdadera regresión, en los recovecos más oscuros de la Iglesia Católica con "Amen.", una sugestiva cinta que gira alrededor del papel que jugó el clero en el genocidio judío de la Segunda Guerra Mundial. El director nacido en Grecia vuelve a la Berlinale después de haber ganado el Oso de Oro en 1990 con "La caja de música" y, la verdad, ha quedado algo anclado desde aquella época. Su estilo sigue siendo el característico de la década de los ochenta, su narrativa sigue empleando los mismos esquemas, y eso deja un poso de normalidad en "Amen." que resta emoción a toda la interesante historia. Pero al margen de eso, es perfectamente agradable retomar a un incansable luchador de la defensa de la transparencia en la información. La película nos presenta a una institución que sigue cerrada en sus principios medievales, que no rectifica en sus acciones y que carece de la humildad que predica para reconocer sus errores, tal como se ha comprobado hoy en la rueda de prensa posterior, en la que un corresponsal del Vaticano ha mostrado su indignación. Nos muestra con inteligencia el mecanismo de dos ideologías que comparten el que se comportan como dos entidades financieras, como dos industrias: el nazismo y la Iglesia. El primero en la manera que mecaniza toda la exportación de judíos a los campos de concentración y cómo explora nuevas técnicas para agilizar las ejecuciones. La segunda, en la manera que mide sus intereses y cómo piensa en beneficios cuando se trata de salvar vidas humanas, de poner en la práctica el mensaje que utiliza como bandera y como yugo. ¿Cómo explicar si no que la Iglesia se aliara con Hitler sino como un terror a la pérdida de su poder en manos de la extensión comunista? Las verdades no gustan puestas en la pan-talla, y tal como el Festival de Berlín demuestra año tras año una meritoria labor de redención por su fase nacionalsocialista con películas relacionadas, la Iglesia debería aceptar sus acciones pasadas y no seguir tratando de ocultar toda la corrupción que, desde siempre y todavía, afecta a las cúpulas del poder eclesiástico. Así, "Amen." indaga en la fe, en lo insostenible que es en ocasiones creer en un Dios que hace justicia y, sobre todo, en cuán separado ha que-dado el verdadero mensaje cristiano de las labores retrógradas e intolerantes de la Iglesia moderna. Se aprecia en Gavras un gran esfuerzo por conseguir llevar a cabo una película que resultaba cara, pero que tenía un mensaje tan importante para él que ha querido realizar aun sin la financiación suficiente. Por ello, se puede ver con lástima algún efecto especial precario. Sin embargo, el director enlaza todas las tomas con laboriosos planos, con ingeniosas composiciones y contando con una banda sonora excelente de Armand Amar, aunque no consigue encontrar un reparto adecuado, con el único nombre conocido de Mathieu Kassovitz en el papel de un cura que luchará por la liberación judía, que estrellará sus ilusiones contra un coloso corrupto y que optará finalmente por emprender su acción cristiana en solitario. En él se encierra el principal espíritu de la película, controvertido y polémico. Tan potente que hace de "Amen." una película sumamente interesante pese a su insipidez cinematográfica. Der Untergang (2005). Dir.: Oliver Hirschbiegel Genero: Drama Sinopsis Berlín, abril de 1945. Una nación está a punto de sufrir su hundimiento. Una encarnizada batalla se libra en las calles de la capital. Hitler y su círculo de confianza se han atrincherado en el búnker del Führer. Entre ellos se encuentra Traudl Junge, secretaria personal de Hitler. En el exterior, la situación se recrudece. A pesar de que Berlín ya no puede resistir más, el Führer se niega a abandonar la ciudad. Mientras el sangriento peso de la guerra cae sobre sus últimos defensores, Hitler prepara su despedida final. Horas antes de suicidarse juntos, él y Eva Braun contraen matrimonio. Sus cadáveres deben ser incinerados para que no caigan en manos del enemigo. Muchos otros optan por el suicidio. Cuando la situación se hace insostenible, Magda Goebbels envenena a sus seis hijos y seguidamente su esposo y ella se quitan la vida. Poco después, Traudl Junge y otros supervivientes consiguen escapar en el último momento. Critica 60 años después del término de la guerra, el cine alemán retrata su pasado reciente mostrando los últimos días en el bunker de Hitler antes de que Berlín cayera en manos del ejército ruso. La película es hablada en alemán, mostrando un Hitler mucho más dramático y convincente. La actuación de Bruno Ganz en la cinta ha sido destacada por la crítica y personalmente creo que es notable, a la altura de los clásicos. El Hitler de la película es un líder en decadencia, nervioso y que alucina con ejércitos imaginarios. Por momentos llega a ser patético. La historia es contada desde la perspectiva de Traudl Junge (Alexandra Maria Lara) la inocente (?) secretaria de Hitler, quien en el principio y en el final es entrevistada en un documental hecho el 2002. Hitler se muestra algunas veces como un "abuelo amable" escuchando cantar a los niños o siendo empático con su secretaria. Eva Braun, es una mujer que parece querer disfrutar la vida sabiendo que el final se acerca. La loca de patio corre por cuenta de Magda Goebbels quien es una Hitlerista (Como la Maldo) empedernida y sufre en forma real ante la caída del reich. Ante un mundo que se viene negro toma una decisión trágica... Se muestra también, el sufrimiento del pueblo alemán de una forma que jamás las producciones gringas tratan. Algunos, aún desde la estructura del reich sacan la grandeza humana y se transformen en pequeños héroes. Como en la realidad, el bueno no es tan bueno y el malo no es tan malo. Existe una galería de personajes secundarios (Con la aparición de Albert Speer, Himmler, Goebbels o Göring) . En la película se da importancia a su relación con el Führer, pudiendo casi dividirlos en leales-no leales. Aún sabiendo la situación, varios, prefieren caer o permanecer con su líder, otros buscan salvar el pellejo. Para quienes entiendan parcialmente el idioma la experiencia y la emoción se acrecientan. Notable la escena de Hitler vuelto loco gritando "Das war ein Befeeeeehl!!" (Eso era una orden!). Buena fotografía y bien llevado el clima de tensión durante la película. En suma, La caída es una película valiente, honesta y fundamental en la filmografía de la II Guerra Mundial El diario de Ana Frank (2001). Dir.: Robert Dornhelm Genero: Drama Sinopsis Basada en el aclamado libro de Melissa Müller, Ana Frank nos lleva más allá de la historia que ya conocemos y nos relata la historia antes y después de su encierro. Nos muestra a la alegre y popular joven antes de la guerra y a las valientes personas que arriesgaron su vida para protegerla. Ana Frank también investiga el misterio de quién denunció a la familia Frank y revela lo que aconteció después. Critica Cuando comenzó la guerra, ella era tan sólo una pequeña niña. Cuando acabó, era la voz de una generación.... "Ana Frank" trata de ser un fiel reflejo de la historia de esta niña que murió en un campo de concentración nazi. Ana Frank fue una niña normal que nació y murió en circunstancias extraordinarias, convirtiéndose así en símbolo de paz de todo el mundo. Nació en 1929 en Frankfurt, Alemania, en el seno de una familia judía. En 1933 se vieron obligados a huir a Holanda, cuando Hitler subió al poder y comenzó a perseguir a los judíos. Pero, tras la Segunda Guerra Mundial, el nazismo llegó hasta allí, y los Frank vivieron ocultos en un almacén entre 1942 y 1944, hasta que fueron delatados y arrestados. La familia fue separada y enviada a diferentes campos de concentración. Ana, su hermana Margot y su madre Edith murieron en estos campos. El único superviviente fue su padre, Otto Frank. Durante los meses que vivió en su escondite, Ana escribió un diario personal que fue encontrado por unos amigos, guardado y publicado por primera vez en 1947. En él narra sus sentimientos y temores con una madurez poco habitual en una niña de 13 años. El gran dictador (1940). Dir.: Charles Chaplin Genero: Comedia Sinopsis Un barbero judío que combatió con el ejército de Tomania en la primera guerra mundial vuelve a su casa años después del fin del conflicto. Amnésico a causa de un accidente de avión, no recuerda prácticamente nada de su vida pasada y no conoce la situación política actual del país: Adenoid Hynkel, un dictador fascista y racista, ha llegado al poder y ha iniciado la persecución del pueblo judío, a quien considera responsable de la situación de crisis que vive el país. Paralelamente, Hynkel y sus colaboradores han empezado a preparar una ofensiva militar destinada a la conquista de todo el mundo. Critica El gran dictador, más que una crítica al fascismo y a los gobiernos totalitarios, más allá de la parodia / caricatura grotesca que propone de los gobiernos de Adolf Hitler y Benito Mussolini, es un canto a la esperanza, un canto a la democracia, la paz y la libertad. El mensaje del film, claro y contundente, es subrayado por Chaplin en el mítico discurso final, organizado para celebrar la anexión de Ostelrich a Tomania. El dictador Hynkel es confundido con el barbero judío por sus propios hombres (los dos personajes son interpretados por Chaplin), y este, tras el discurso del ministro de propaganda Garbitsch - "Hoy en día, democracia, libertad y igualdad son palabras que enloquecen al pueblo. No hay ninguna nación que progrese con estas ideas, que le apartan del camino de la acción. Por esto las hemos abolido. En el futuro cada hombre tendrá que servir al Estado con absoluta obediencia" - se ve obligado a dirigirse a una audiencia de millones de personas: "Nos hemos de ayudar los unos a los otros, los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar nadie. En este mundo hay sitio para todo el mundo (...) El camino de la vida puede ser libre y bonito, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos: el maquinismo que crea abundancia nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos, nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que máquinas, necesitamos humanidad, más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades, la vida será violenta, se perderá todo. (...) La desgracia que padecemos no es nada más que la pasajera codicia y la amargura de los hombres que tienen miedo de seguir el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará y caerán los dictadores y el poder que tomaron al pueblo será reintegrado al pueblo y así, mientras el hombre exista, la libertad no desaparecerá". El contexto político de la época impediría que este contundente mensaje de paz y libertad llegara dónde tenía que llegar: la película sería prohibida de manera fulminante en Alemania (Hitler ya había prohibido de manera explícita las películas de Chaplin en el año 1937), Italia y todos los países ocupados por estas dos potencias, y tampoco se estrenaría en Brasil, Argentina y Costa Rica, entre otros países. En España, la película permanecería prohibida hasta en el año 1976. Tras el sangrante desarrollo de la segunda guerra mundial y de las atrocidades cometidas por el régimen nazi en los campos de concentración, Chaplin matizaría sus palabras y la verdadera intención de la película en sus memorias (publicadas en el año 1964): "Si hubiera tenido conocimiento de los horrores de los campos de concentración alemanes no habría podido rodar la película: no habría podido burlarme de la demencia homicida de los nazis; no obstante, estaba decidido a ridiculizar su absurda mística en relación con una raza de sangre pura". El niño con el pijama de rayas. (2008) Dir.: Mark Herman Genero: Drama/Ficción histórica Sinopsis Bruno, de 8 años, es el hijo protegido de un oficial nazi ascendido y trasladado desde su cómoda casa en Berlín a un lugar desolado en donde no encuentra nada entretenido ni tiene a nadie con quien jugar. Cansado del aburrimiento y motivado por su curiosidad, Bruno desobedece las instrucciones de su madre de no acceder e los campos y jardines que ha visto a lo lejos. En este lugar prohibido es donde conoce a Shmuel, un niño de su misma edad, quien vive una realidad completamente diferente a la suya del otro lado de la cerca. El encuentro de Bruno con el niño de pijama de rayas los lleva de la inocencia a la conciencia del mundo real. Sus encuentros con Shmuel desembocan en una amistad con consecuencias devastadoras. Critica Es el ejemplo más cuestionable de la mirada novelada (por no decir edulcorada) que, hace algún tiempo, la industria cinematográfica europea le dedica al horror nazi. Esta otra adaptación de una obra literaria, best-seller para más detalle, no sólo vuelve a caricaturizar el pasado sino que lo convierte en una fábula donde el villano recibe su merecido, el peor de los castigos divinos. La película de Mark Herman comparte con títulos como El lector, Operación Valquiria y Cuatro minutos el afán por probar que no todos los alemanes fueron (son) malos. Desde esta perspectiva, el Holocausto adquiere un status similar al zafarrancho perpetrado por uno o varios psicópatas made in Hollywood. En contra de las ponencias que señalan el gran poder de convocatoria que el proyecto hitleriano tuvo entre la ciudadanía germana, estas producciones insisten en demonizar a uno o dos personajes (en este caso, al padre del protagonista y al chofer) y en liberar de culpa y cargo a los representantes de la sociedad civil (en este caso, a la madre del protagonista y al ama de llaves). Pero esta simplificación no es el desacierto más grave de El niño con el pijama a rayas… Tampoco lo es la recreación light (¿apta para todo público?) de un campo de concentración donde un chico confinado puede charlar y jugar, alambres electrificados mediante, con el hijo de un jerarca. El desatino mayor es la moraleja que se desprende de este ejercicio ficcional, y que podría sintetizarse de la siguiente manera: “los nazis habrían entendido la barbarie que cometieron si la hubieran sufrido en carne propia”. Por lo pronto, cuesta ignorar la contracara oculta de tamaña especulación: sugerir que “para entender la barbarie que cometieron, los nazis deberían sufrirla en carne propia”. Aquí estamos ante la reedición solapada del refrán “quien a hierro mata; a hierro muere” y, por lo tanto, ante la idea de un castigo merecido, aún cuando paguen justos por pecadores. El mensaje subliminal admite la generalización de que “sólo imaginándonos en el lugar de las víctimas, podemos entender la barbarie cometida”. Como si la aberración de los crímenes genocidas se revelara únicamente en el plano subjetivo, epidérmico, cuando nos identificamos con el personaje victimizado. Con la excusa de narrar desde las impresiones de un chico de 8 años, El niño con el pijama a rayas convierte al nazismo en un monstruo más cercano a la maldad hollywoodense que a un pasado complejo, aberración exclusiva de nuestra condición humana. Así, el film de Herman aprovecha su simulacro de inocencia para simplificar, tergiversar, confundir y manipular. El noveno día (2004). Dir.: Volker Schlöndorff. Genero: Drama Sinopsis He aquí un dramático episodio de la Segunda Guerra Mundial que no registra antecedentes en materia cinematográfica: sacerdotes prisioneros en campos de concentración por oponerse al régimen nazi o simplemente por pertenecer a países conquistados por el fanático de Hitler. Basado libremente en el diario que Jean Bernard escribió en prisión, El noveno día narra el conflicto moral al que es puesto a prueba Henri Kremer (Ulrich Matthes), abad luxemburgués de buena familia, quien se encuentra privado de su libertad en Dachau junto a otros religiosos en una barraca exclusiva para ellos. Los castigos corporales y las humillaciones que allí sufrieron fueron ruines, viles e impiadosos y sólo su fe en Dios les permitió a algunos sobrevivir un tiempo en esa deleznable cárcel ideológica. En ese contexto de horror no faltaban desde ejecuciones sumarias, torturas psicológicas y hasta incalificables crucifixiones. Kremer padece este calvario con mucho miedo pero eso es sólo el preámbulo para un problema aún mayor. Porque a Dachau se presenta un oficial de la Gestapo con la orden de darle un permiso especial por nueve días para que el sacerdote pueda asistir al funeral de su recién fallecida madre. Kremer sale del campo de concentración con el peso de saber que en sólo unas horas su retorno al mismo es inevitable. No obstante, muy pronto se sabe de los verdaderos planes de los nazis que pretenden convencer por la fuerza a Kremer para que interceda ante el obispo de Luxemburgo y que éste lleve su palabra al Papa Pío XII para llegar a un acuerdo entre la Iglesia y las autoridades alemanas y que aquella le dé el visto bueno públicamente al régimen liderado por el Fűhrer. Caso contrario, le jura el oficial de los SS Gebhard (August Diehl), hará asesinar a su hermana, cuñado y demás familiares y, como si no le alcanzara al muy sádico, a todos sus infortunados compañeros de Dachau. Un dilema complejísimo que, desde un ángulo ciertamente diferente, podría cotejarse con la dolorosa película de Alan J. Pakula La decisión de Sofía (1982). Critica Schlöndorff ha construido con sobriedad el minucioso Vía Crucis de este hombre escindido por la responsabilidad que le toca en suerte en medio de la cruenta contienda. Kremer duda y por momentos sus ojos alucinados nos dejan entrever el abismo negro al que se enfrenta sin saber muy bien cómo hacerlo. Ulrich Matthes cumple en ese rol una de las más destacadas actuaciones de la historia del séptimo arte. Cuesta creer que este clérigo compasivo ha sido compuesto por el mismo actor que le dio vida al desequilibrado Joseph Goebbels en La caída. Además del aspecto físico indispensable (para el cual debió perder bastante peso), hay una descomunal labor interior de Matthes en la que su tortuoso personaje convence con creces. También se destaca August Diehl como el Némesis de Kremer alternando estallidos violentos con momentos de calculada suavidad (aunque siempre severa). A pesar de sus muchos logros hay algo que los autores y el realizador de El tambor no han podido evitar: la previsibilidad del último acto. Quizás sea éste uno de esos casos en los que no importa tanto el desenlace sino el desarrollo. El pianista (2002). Dir.: Roman Polanski Genero: Drama/Belico Sinopsis Wladyslaw Szpilman, un brillante pianista polaco y judío, escapa de la deportación tras la invasión de Polonia por las tropas alemanas al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Obligado a vivir con su familia en el corazón del ghetto de Varsovia, comparte el sufrimiento, la humillación y los esfuerzos por sobrevivir. Critica Las películas sobre el holocausto se surten de tópicos en su planteamiento y desarrollo, en su descripción, en la construcción de personajes o ambientes, y esta no es una excepción, pero la perspectiva naturalista y autobiografica(aunque la película aborde la historia real del pianista Wladyslaw Szpilman) incrementa el recordatorio afectivo de su autor, quien aísla a su personaje central en un afán de desahogo contextual, de una expectación ansiosa en su instinto natural de supervivencia, de una elevación del horror que lo asedia y del que es testigo silente, aquietado en las notas de Chopin ( la pieza que suena en el bombardeo es el Nocturno en Do sostenido menor). Estos sentimientos serian imposibles de transmitir si el personaje no fuese espléndidamente interpretado por Adrien Brody. La crónica intima y exorcizante de Polanski, que perdió a su madre en Auschwitz, mientras que su padre sobrevivió en Mauthausen, se encuentra realzada por el excelente trabajo fotográfico y el diseño de producción, aspectos técnicos que ayudan a conformar una luctuosa atmósfera, necesaria para robustecer emocionalmente esta zozobra individual y esta lastimera etapa histórica. El último tren a Auschwitz (2006). Dir.: Dana Vavrova Genero: Drama Sinopsis Los nazis quieren “limpiar” Berlín de judíos definitivamente. Más de 70.000 ya han sido deportados de la ciudad. En abril de 1943 sale de la estación de Grunewald un tren con 688 judíos hacia Auschwitz. El viaje dura seis días. En el tren comienza una lucha contra el calor, el hambre y la sed. En su desesperación, algunos intentan huir; entre ellos, Henry (Gedeon Burkhard), Lea (Lale Yavas) y Ruth (Sibel Kekilli). Pero el tiempo apremia y Auschwitz se acerca cada vez más. La película nos cuenta cómo, para conmemorar el cumpleaños de 1943 del Führer, un oficial nazi se enorgullece de finalizar la limpieza étnica de Berlín enviando a 688 judíos a Auschwitz. Los soldados entran en las casas en mitad de la noche y arrastran a varias familias con apenas una maleta hasta la estación. Durante los seis días que dure el desplazamiento, viajarán hacinados y sin provisiones en vagones de ganado. Sólo se les ha proporcionado un cubo con agua y otro para hacer sus necesidades. Dos mujeres deben amamantar a sus lactantes y tienen prioridad para beber, pero la resistencia de ancianos y niños no dura demasiado. Dos de los integrantes del grupo se erigen en cabecillas y deciden que habrá que escapar antes de llegar a una muerte segura. Otros tienen miedo de las represalias en caso de que su plan de huida sea descubierto. Critica Con este argumento es obvio que la película no puede ser sosegada y que la desesperación es un elemento buscado a propósito por los autores, el reconocido director alemán Joseph Vilsmaier (‘Leche de Otoño’, ‘Stalingrado’, ‘Rama dama’ o ‘Comedian Harmonists’) y la actriz y directora checa Dana Vávrová. Sin embargo, se exceden en la producción de desasosiego con una dilatación de los hechos tan desmedida que puede hacer perder la paciencia a más de uno. Además, al contrario de lo que aparenta el tráiler, la catarsis es mínima. Escape de Sobibor (1987). Dir.: Jack Gold Genero: Drama/Thriller Sinopsis La película relata el escape más grande un campo de concentración nazi. Deben escapar tantos como puedan ya que se les quitara la vida a la misma cantidad de los que puedan huir. Sobibor, ubicado en el este de Polonia fue entonces el campo de concentración y centro de exterminio en el que 250.000 judíos en su mayoría polacos fueron gaseados. Luego de la fuga unos 300 judíos logran llegar a los bosques colindantes pero muchos de ellos perecen tras ser bloqueadas las salidas. Muchos otros sobreviven en granjas de amigos, otros cruzan el río y se unen a la guerrilla rusa. El campo de concentración y exterminio de Sobibor fue escenario el 14 de octubre de 1943 de la única rebelión exitosa ocurrida en un sitio como este durante la Segunda Guerra mundial. La historia se desarrolla en el campo, poblado solo por judíos, hombres y mujeres cuyos trabajos los hacen valiosos para los alemanes. León (Alan Arkin) se ha convertido de alguna manera en un líder natural, a quien se dirige en general los prisioneros y a quien un trío le revela su intención de escapar del campo. León no los puede detener y solo puede oír los disparos cuando escapan y las explosiones en el campo minado que rodea a Sobibor. Trabajar para los alemanes ya es bastante duro, pero los hombres tienen otra tarea: recibir a los convoyes que llegan al campo, asistir en silencio a las escenas que se suscitan cuando las familias son separadas durante al selección y quienes son útiles, sastres, zapateros, orfebres son separados para ser explotados laboralmente mientras permanezcan en Sobibor. Quienes no tienen ninguna habilidad y no sirven a los nazis, tomarán una ducha para ser luego reasentados. Las filas de hombres y mujeres marchan hacia las duchas, sin sospechar siquiera que están siendo conducidas a las cámaras de gas y crematorios. Itzjak (Jack Sheperd) conoce la verdad la misma noche de su llegada, cuando León y su amigo Samuel (Emil Wolk) le cuentan que son las duchas. León ha pensado planes para escapar para 10 o 20 prisioneros, pero cuando en un acto de represalia ante el intento de huida de 10 prisioneros, que una vez capturados deben elegir a otros 10 que los acompañaran en su muerte o muchas más serán ejecutados, León entiende que todos deben intentar escapar. Mientras piensan en todas las posibilidades, en cómo enfrentar a los 16 oficiales de la SS y los 125 guardias ucranianos, un grupo de prisioneros soviéticos es traído al campo, donde son separados quienes van a uno de prisioneros de guerra y quienes quedan en Sobibor por su condición de judíos. Su líder es Sasha Pechersky (Rutger Hauer). Sasha preparará los aspectos tácticos y León los difundirá entre los prisioneros. Y el plan es audaz: para tener alguna chance de éxito, deberán matar a los 16 oficiales alemanes en el lapso de una hora. Finalmente, el escape comienza. Desordenadamente, los prisioneros se lanzan sobre el alambrado e inician una larga corrida a través del campo minado. De los 600 prisioneros, la mitad muere en el intento, pero el resto logra llegar a los bosques, dejando atrás a los ucranianos, que quedan en el campo sin sus jefes. El último mensaje de León a sus compañeros es que deben ser testigos, deben dar a conocer al mundo que ocurrió en Sobibor. Critica Este film, creado hace ya muchos años, muestra las estrategias que usaron los nazis en los campos de concentración para el exterminio de judíos en el contexto del periodo entreguerras y para la Segunda Guerra Mundial. Con un escenario verídico, la película mantiene solo un par de simples locaciones, las cuales pasan a un segundo plano cuando se trata de escuchar los diálogos que tratan de impactar y sensibilizar a los espectadores con el terror que la supuesta raza superior sembró en Europa en la primera fracción del siglo XX. Si consideramos que 20 años atrás hablar de historia era solamente hablar de fechas y de figuras heroicas, podemos decir, que “Escape from Sobibor” es un elemento valeroso para la historiografía no escrita, ya que concentra en su trama elementos sociales y políticos claros y expone desde un punto de vista comprensible y a la vez informativo aquel horrible episodio, sin caer en la simpleza del relato que a veces buscan las películas de época, pues da la sensación de que el director dijo “ si quiere entender la película, entiéndala historia tal como fue”. Hoy podemos disfrutar de documentales y películas que con mayor financiamiento y un avance tanto en el análisis historiográfico desde la academia y un cambio en la mentalidad del imaginario cultural acerca del nazismo, permiten que todos tengan la oportunidad de saber que paso, porque y cuales han sido las lamentables consecuencias de dicho acto, pero mientras usted quiera saber como se abordo desde el cine aquel conflictivo periodo 40 años después de su auge, alquile o compre “Escape from Sobibor”. Europa, Europa (1990). Dir.: Agnieszka Holland Genero: Drama/Bélica Sinopsis En Alemania, durante los primeros días de la Segunda Guerra Mundial, Solomon Perel (Marco Hofschneider), un muchacho judío, es separado de su familia. El chico oculta su identidad, haciéndose pasar por nazi, y es reclutado por el ejército de Hitler. Critica Realizada en 1990, EUROPA, EUROPA se inscribe de lleno en este capítulo, que con el paso del tiempo brindó dos títulos tan admirables como las oscarizadas LA LISTA DE SCHINDLER (Schindler’s List, 1993. Steven Spielberg) y EL PIANISTA (The Pianist, 2002. Roman Polanski) –con la que guarda ciertas curiosas semejanzas-. No puede decirse que esta realización de la polaca Agnieszka Holland pueda ser ubicada en idéntico pedestal que los dos ejemplos señalados, pero es evidente que nos encontramos con una muy interesante crónica que recoge las memorias del judío polaco Salomón Perel –que aparece anciano en las imágenes finales del film encarnando su propio personaje- en el que coincidiendo con su adolescencia tuvo que afrontar la terrible vivencia de la II Guerra Mundial conviviendo con el nazismo en carne propia al ocultar los rasgos que delatan su condición –fundamentalmente su circuncisión- y sobreviviendo con extraña fortuna con el régimen de Hitler al utilizar de forma inconsciente su encanto y en determinadas ocasiones por los propios azares del destino –en un momento determinado decide rendirse a los rusos pero las circunstancias le hacen ser considerado un héroe por el ejército nazi. Lo interesante de esta película proviene fundamentalmente de lo desapasionado de su crónica, que en todo momento deviene interesante y apenas acusa baches en su narrativa, manteniendo el punto de vista de las aventuras del joven Solly (magníficamente encarnado por el joven Marco Hofschneider). A partir de esa premisa, actitudes, situaciones y decisiones de su aventura muy pronto diluyen lo que pueden tener de confabulación con el nazismo para erigirse en la extrañísima historia de un adolescente que se ve abocado por las circunstancias a sobrevivir curiosamente en medio de un contexto que le debería ser hostil –nunca olvidemos que es un judío puro- y que la propia contradicción estética de las raíces nazis –la apariencia exterior- son las que posibilitan su progresiva andadura salvándose de difíciles y en ocasiones casi insalvables situaciones. Esa mirada desapasionada, brillantemente ambientada y con un semblante diferente al habitual aunque jamás despojado del horror del fondo de la historia, es el que posibilita la singularidad y la valía de la película. El recorrido del joven Solly se ve casi abocado por las circunstancias, teniendo la sorprendente facultad de sortear las situaciones mas difíciles más que en el camino vayan cayendo las personas con las que estrecha lazos de amistad. En este terreno no me gustaría dejar de resaltar el breve episodio de la extraña relación que se establece con Robert (excelente André Wilms), un veterano soldado alemán homosexual que queda prendado de Solly y descubre su circuncisión pero no lo delata, iniciando una profunda amistad que queda trágicamente rota cuando este cae abatido en un bombardeo no sin antes recibir el primer beso por parte del muchacho que lamenta la desaparición de su único amigo alemán. Como antes señalaba, EUROPA, EUROPA jamás decrece en su interés partiendo de la base de una historia llena de atractivos que reitero me llega a parecer como un ensayo de la recreada años después por Roman Polanski en la ya mencionada EL PIANISTA –que subrayaba aún más en el sentido del absurdo de la existencia consustancial a la filmografía del también polaco-. En cualquier caso ese tono de cotidianeidad, la adecuación de la voz en off del protagonista y su constante mirada, permite que el film se contemple siempre con notable interés, por más que me resulten francamente chirriantes las dos secuencias de sus pesadillas, en especial la primera de ellas en la que se escenifica un ridículo baile entre Hitler y Stalin. Esas secuencias estimo que prescindibles, la utilización de una banda sonora inadecuada en las secuencias con crescendo narrativo y cierta frialdad en ocasiones, son otras limitaciones que afloran en un producto pese a ello honesto, inteligentemente planteado y servido con humildad, implicación e interés cinematográfico. La lista de Schindler (1993). Dir.: Steven Spielberg Genero: Drama Sinopsis Septiembre de 1939. Los nazis invaden Polonia. Los judíos son internados en guetos, son asesinados en las calles, son enviados a los campos de concentración. El alemán Oskar Schindler ve en la situación un medio de prosperar económicamente y comienza una interesada relación con los militares más poderosos para poner en marcha una fábrica. La mano de obra no es problema, ya que procederá de los campos de concentración… Schindler logra hacerse con los servicios de Itzhak Stern, un judío que se hará realmente cargo del negocio, mientras que él se ocupará de la labor de salón con la cúpula nazi, con el objetivo de elaborar una lista de trabajadores judíos que estarán únicamente bajo su protección. Sin embargo, lo que empieza como un medio lucrativo acaba convirtiéndose en la obsesión –empeñando su dinero y su futuro– por arrancar a cuantas más personas mejor de la garras psicópatas de Amon Goeth, oficial al mando de uno de los campos. Critica El director recibió por la película una recompensa largamente acariciada. La Academia se volcó con ella, otorgándole siete Oscar, entre ellos los correspondientes a la mejor película, mejor guión y mejor dirección. Antes Spielberg había fracasado –en cuanto a premios se refiere– con El color púrpura (11 nominaciones y ningún premio), E.T., el extraterrestre, En busca del arca pérdida y Encuentros en la tercera fase. Ahora se consagraba definitivamente para un sector de la crítica, que siempre le había considerado el niño mimado por el público, un experto en hacer dinero con historias infantiles que ensalzaban los sueños y las aventuras por encima de las historias reales y los conflictos dramáticos. El director de Cincinnati necesitaba una película grande, monumental, un proyecto definitivo para demostrar su impresionante talento. Y lo encontró gracias a un libro del australiano Thomas Keneally donde se narraba la historia de Oskar Schindler, el empresario alemán que salvó a cientos de judíos de una muerte segura durante la II Guerra Mundial. La lista de Schindler es la historia de un héroe y un monumento a la dignidad humana, pero ambas cosas se hacen patentes poco a poco, tras un denso y trágico velo. Spielberg muestra a un Oskar Schindler nada ejemplar: vanidoso, mujeriego y hedonista. Un dandy oportunista que tardar cierto tiempo en comprender la barbarie nazi y en implicarse totalmente contra el holocausto. Además es el mismo horror el que produce una toma de partido por todo aquello que tenga aliento de vida. El asco y la repulsión de algunas imágenes no son aptas para paladares muy sensibles. La elección de actores es realmente acertada. Tipos como Harrison Ford, Bruno Ganz o Stellan Skarsgård fueron considerados para el papel de Schindler, pero fue Neeson quien finalmente bordó el itinerario interior de su personaje. Ralph Fiennes, por su parte, es un Amon Goeth estremecedor y acaba siendo como una reencarnación del Mal. Los distintos apartados técnicos funcionan a la perfección, desde el guión de Steven Zaillian, que presta atención minuciosa a los numerosos personajes y a la riqueza de sus diálogos, hasta la meticulosa labor de montaje, obra de Michael Kahn. Pero, ante todo, Spielberg sabe cómo jugar con los sentimientos de modo admirable y algunos pasajes quedan grabados para siempre en la memoria (los niños buscando refugio, las mujeres en las duchas de Auschwitz, los juegos asesinos de Goeth…). La formidable fotografía en blanco y negro de Janusz Kaminski aporta a la cinta una sólida entidad histórica, próxima en ocasiones al género documental, como en las escenas del gueto. Y la música del maestro John Williams suena como un desgarrador lamento imposible de olvidar. La zona gris (2001). Dir.: Tim Blake Nelson Genero: Drama Sinopsis El Sonderkommando (Comando Especial) número doce de Auschwitz es una de las trece Brigadas Especiales de prisioneros judíos creadas por los nazque se enfrentan al espeluznante dilema de ayudar a exterminar a sus compañeros judíos a cambio de conseguir unos meses más de vida. Cuando preparan una rebelión, un grupo de la unidad descubre a una joven de catorce años que milagrosamente ha sobrevivido a la cámara de gas. Un catalizador para su intento desesperado de redención individual; los hombres se obsesionan por salvar a la joven, a pesar de que ello signifique poner en peligro un levantamiento que podría salvar a miles de personas. Critica A Stanley Kubrick no le merecía buena opinión la película de Steven Spielberg de 1994: «El Holocausto son seis millones de judíos muertos. La lista de Schindler trata de seiscientos que sobrevivieron.» Tim Blake Nelson, desde luego, no incurre en semejante error. Al coger como protagonistas a los integrantes del duodécimo sonderkommando de Auschwitz-Birkenau, desde el primer momento sabemos que los protagonistas no sobrevivirán. Las opciones se reducen a dos: rebelarse y morir o morir sin rebelarse. Los dilemas éticos son más complejos, porque el sonderkommando se sitúa en una zona intermedia entre verdugos y víctimas. ¿Dónde empieza y dónde termina la complicidad con los verdugos? ¿Cómo se explica la pasividad de las víctimas? El espectador no puede evitar plantearse estas preguntas. Y, por supuesto, muchas más. La zona gris nos muestra, con voluntad casi didáctica y fotografía seudodocumental, los entresijos de las cámaras de gas y los hornos crematorios. Es decir, cómo funcionaba Auschwitz por dentro. Tim Blake Nelson se ha atrevido a entrar en el corazón del infierno nazi. Algo sin duda difícil. Y ha salido airoso de la empresa. Gracias, sobre todo, al estilo que ha adoptado: sobrio, distante, antirretórico (cabe señalar la ausencia de música). El mismo estilo, en definitiva, que en las obras de Primo Levi dedicadas a Auschwitz. El propio Levi lo explica en el apéndice a Si esto es un hombre: «Al escribir este libro adopté deliberadamente el lenguaje sereno y sobrio del testigo [...]: pensaba que mi palabra sería tanto más creíble y útil cuanto más objetiva apareciera y cuanto menos apasionada sonara.» La similitud de estilo no es nada casual. Nelson, nacido en el seno de una familia judía, se enteró de la existencia de los sonderkommados al leer a Primo Levi (el ensayo La zona gris). Se basó en dicho autor y en la autobiografía del médico judío Miklos Nyiszli para escribir en 1996 una obra de teatro titulada La zona gris. Ahora, corregida y aumentada, se acaba de estrenar en forma de película. Nelson ha mezclado elementos procedentes de los testimonios mencionados con otros inventados. (Y en algunos casos ha introducido detalles inexactos que se podía haber ahorrado; la mezcla de sexos en las cámaras de gas, por ejemplo.) En un momento dado, La zona gris se convierte en una acumulación de cadáveres, en detrimento de las peripecias de la intriga. La aparición de la chica que ha sobrevivido a la cámara de gas no cambia las cosas. Nelson tampoco alarga la insurrección ni se entretiene en los detalles de la estrategia adoptada. Algunos críticos se lo han reprochado. Yo creo, sin embargo, que la fuerza de la película estriba en no abandonar el tono frío y austero. Por lo demás, ¿qué era Auschwitz sino una fábrica de cadáveres que luego se volatilizaban en los hornos crematorios? En 1997, Francesco Rosi adaptó fielmente una obra de Primo Levi, La tregua. Al empezar en Auschwitz tras la liberación del campo, eludía mostrarnos la barbarie nazi en pleno funcionamiento. Narraba el largo periplo de Levi y sus compañeros por la Europa oriental y central antes de regresar a Italia. Era un relato lleno de peripecias, con momentos a veces dolorosos y trágicos, otras veces picarescos y cómicos. Era un relato, pues, diferente del de Nelson en La zona gris y de las obras de Levi centradas en Auschwitz. Todo esto no lo digo para criticar a Rosi, sino para subrayar que Nelson se ha enfrentado al núcleo más difícil de la obra de Levi. Noche y Niebla (1955). Dir.: Alain Resnais Genero: Documental Sinopsis y crítica Noche y niebla no representa documentos con la intención de encontrar respuestas a los hechos sucedidos; da cuenta, a través de sus imágenes (sus no-imágenes, como decía Daney), de una práctica y una lógica de exterminio como resultados de un discurso no-polisémico, no-ambiguo, no-múltiple. Se logro a partir de material cinematográfico y fotográfico incautado a los nazis. El film interpela el concepto de memoria como un resto de exigencia permanente (un resto traducido en imágenes mediante el contraste producido entre los registros en color de los campos y las secuencias en blanco y negro del archivo). Una exigencia de respuesta a la que el lenguaje (no psicótico) es sencillamente incapaz de responder. Es un film que interpela a discutir las responsabilidades colectivas de todo el planeta ante tales atrocidades. Shoah. Documental (1985). Dir.: Claude Lanzmann Genero: Documental Sinopsis La película se divide en dos etapas. La primera empieza con los recuerdos de Simon Srebnik, un superviviente que por entonces tenía 13 años de edad y al que los nazis utilizaban para que les cantara canciones en la región polaca de Chelmno. Al final de la guerra, Srebnik tenía que ser ejecutado. Afortunadamente, la bala no le dañó ningún órgano vital y fue recogido por un campesino. Más de treinta años después, Srebnik vuelve a Chelmno y comprueba que la antigua fábrica de muerte compuesta por dos gigantescos hornos crematorios han desaparecido por completo, y ya sólo queda un claro en el bosque. La película va entonces buscando a protagonistas anónimos, supervivientes judíos que dan gracias a Dios por olvidar lo que vivieron (el caso de Michaël Podchlebnik, que tuvo que enterrar los cuerpos gaseados de su mujer e hijos), e incluso a colectividades, como los miembros de la localidad de Grabow, que demuestran un poso de sentimiento antisemita al afirmar que “los judíos eran los que tenían el capital”. Los habitantes polacos de Grabow ocupan ahora las casas que eran de los judíos antes de la guerra, y la antigua sinagoga se ha convertido en un almacén de muebles. Critica Claude Lanzmann, escritor y periodista parisino nacido en 1925, decidió, en los años 70, volcar sus inquietudes en el cine, y se embarcó en la realización de esta película a la que se siempre ha negado la catalogación de documental: “Es una película excepcional, única en su género”, ha llegado a defender. Condecorado miembro de la Resistencia de la Segunda Guerra Mundial, Lanzmann decide mantener la historia viva en un documento realmente singular y atroz. La experiencia propia de Lanzmann le impide ser objetivo (si tal cosa, la objetividad, es posible de algún modo) y mucho menos imparcial. Lanzmann remueve, con sus entrevistas, los recuerdos, provoca a los entrevistados para que ejerciten su memoria, y se inmiscuye en los pasajes que no quedan claros. Lanzmann no oculta esta circunstancia, e incluso la muestra, como cuando le recuerda al ex - dirigente de las SS Franz Suchomel, a quien filma con cámara oculta, su promesa de mantener su nombre en el anonimato. A este respecto, que provocó bastantes críticas, Lanzmann señaló que “quería mostrar que le estaba mintiendo, porque esta gente mentía a diario para matar a los judíos”. En ocasiones, Lanzmann se muestra persistente, no desconecta la cámara cuando los supervivientes se emocionan en su ejercicio para recordar, y el cineasta les insta a continuar, ante el valor documental de lo filmado. La huella humana que ha dejado el Holocausto en Polonia es visible. Lanzmann opta por filmar siempre las ciudades en días nublados, ya que no concibe que pudiera hacer buen tiempo cuando pasaban los trenes cargados de judíos a Treblinka, como llega a expresarle a un campesino polaco. Y la memoria constituye también un proceso de revisión, como el ejercicio de volver a realizar en tren el viaje a Treblinka, con el mismo maquinista que conducía las deportaciones y que confiesa que se emborrachaba todos los días para soportar los gritos y el hedor de su transporte. La segunda etapa de “Shoah” se centra, una vez realizado el contexto y asumido por una enorme cantidad de voces la existencia de los campos de exterminio, en el funcionamiento por dentro de estas fábricas de aniquilación, para concluir con la descripción de la vida en el ghetto de Varsovia. Se emociona Abraham Bomba, un peluquero judío que cortaba el pelo a las víctimas dentro de la cámara de gas de Treblinka en la última acción antes de proceder al gaseado, quien no puede olvidar su impotencia al serle prohibido desvelar cuál era el destino inmediato de sus “clientes”: el que se iba de la lengua, acababa incinerado vivo en un horno. No faltan, a este respecto, los detalles de la parafernalia nazi para ocultar a los judíos de Treblinka su futuro. Ni tampoco falta una descripción somera del interior de un campo como Auschwitz o la misma Treblinka, que en sus mejores momentos de “producción” llegaban a quemar a 15.000 judíos diarios, cifra reconocida por el propio Franz Suchomel. Documento pesimista pero que busca la construcción de una memoria viva para evitar la repetición de esta catástrofe, “Shoah” (vocablo hebreo con el que se designa al Holocausto) es una cinta que mantiene el interés desde el principio hasta el final. No se trata de un documental al uso con imágenes de archivo, sino un crisol de voces perfectamente ordenado y montado que trata de explicar lo que ocurrió en el centro de Europa en la primera mitad de los años 40. La crueldad inexplicable, la lucha por la supervivencia, el recuerdo de unas vivencias que parecen de otro mundo conforman un magnífico film que abre en el cine caminos pocas veces explorados como instrumento de preservación de la memoria. Con “Shoah” queda testimoniada una parte de nuestra historia más reciente en un ejercicio doloroso y, al mismo tiempo, imprescindible. The Black Book (el libro negro). Dir.: Paul Verhoeven Genero: Suspenso/Bélica Sinopsis Es una historia que se desarrolla al final del verano de 1944. La Haya se encuentra bajo la ocupación alemana. Rachel Steinn, una joven cantante judía, intenta escapar junto a un grupo hacia la Holanda meridional. Una patrulla alemana los intercepta y sólo ella consigue sobrevivir a la terrible masacre. Convertida en miembro activo de la resistencia, recibirá la misión de infiltrarse en el servicio de seguridad alemán e intimar con el jefe de la Gestapo. Critica La abundante carga de sexo y violencia que nutre a sus películas, el modo en que los cuerpos proliferan en la pantalla sin ocultar siquiera su sexo (más bien exhibiéndolo para destacar la propia singularidad), la crudeza de muchas de sus secuencias, pueden dar la primera impresión de que estamos ante un director interesado en explotar los más Bajos instintos (escrito así, con las mayúsculas piernas de Sharon Stone que se abren en la película homónima de Verhoeven) del ser humano e improvisar imágenes sólo destinadas al impacto inmediato y epidérmico. Nada más lejos de la verdad. Pocos directores que hayan trabajado en el ojo del huracán de la industria estadounidense de cine durante las últimas dos décadas –casi ninguno– han sido capaces de componer planos tan precisos, funcionales al sentido dramático pero autónomos y exquisitos, como el responsable de Robocop, El vengador del futuro, Invasión, etc. La nómina de títulos, más el trabajo de publicidad típico de Hollywood y la receptora pacatería común a buena parte del planeta, lo han caracterizado como un director en algunos casos banal y en otros poco menos que diabólico. La primera acusación se basa en la ya obsoleta caracterización del arte cinematográfico como un entretenimiento simple, la segunda en el intenso horror que despierta un ateo militante y lúcido en las huestes de crédulos –no ya creyentes– cuya hipocresía es delatada por los complejos argumentos de los films de este hombre. Porque detrás del enfrentamiento entre villanos y héroes que Verhoeven reproduce junto con algunas de las más sabias convenciones narrativas del cine de géneros clásico, aparecen no pocos pliegues oscuros y detalles que cuestionan dicha estructura. En El libro negro tenemos a una heroína judía (Carice van Houten) que no sólo accede a tener sexo con un oficial nazi, sino que se enamora de él; a un líder de la resistencia con ambiciones y actitudes sospechosas que se acercan progresivamente a la traición; a cristianos que salvan la vida de otros pero manifiestan el mismo principio racista que guía a los criminales y, finalmente, a Estados que repiten sobre otros (Estados y seres humanos) las humillaciones de las que han sido objeto. Expuesto así, parece que estamos ante un mero catálogo de bajezas, un nuevo capítulo de ese libro de arena que es la Historia universal de la infamia y, con todo, Verhoeven elude siempre el miserabilismo. ¿Cómo lo hace? Rescatando el impulso vital de los personajes, depositando el desarrollo de la acción en protagonistas capaces del horror y la transgresión de todo tipo de leyes pero, también, de la generosidad y la alegría. Lo que los hace especialmente complejos es el hecho de que están moldeados por el mundo en el que se mueven y comparten la misma naturaleza que la nuestra. Eso es lo que permite y estimula, entonces, la empatía que nos despiertan y que logra, incluso, ponernos en los zapatos (y el punto de vista) de un nazi (Sebastián Koch, el mismo de la todavía en cartel La vida de los otros) en el último tramo del film, durante el cual llegaremos a desear que la pena de la que trata de escapar no se cumpla. En definitiva, si hay un sentimiento común a todos los personajes de su cine, es el de supervivencia. "Que el arte recuerde lo que el olvido enterraria por siempre" BIBLIOGRAFIA 1-AGUINIS, Marcos; y otros . 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El Holocausto judio y su manifestacion cinefila “Holocausto” es una palabra de origen griego que significa “sacrificio por fuego”. El Holocausto fue la persecución y asesinato de seis millones de judíos por parte del gobierno nazi. Todo esto se realizó basado en la creencia que tenían los alemanes de que eran una raza superior, y por tanto, los judíos eran una raza considerada inferior y merecían morir. Además de judíos, los alemanes también consideraban razas inferiores a los gitanos, los discapacitados y algunos grupos eslavos como polacos y rusos. Por razones políticas otros grupos perseguidos fueron los homosexuales, los testigos de Jehová, comunistas y socialistas. Antes de empezar la Segunda Guerra Mundial, los alemanes ya habían creado campos de concentración para encarcelan a todos los grupos perseguidos. Durante la guerra, los nazis crearon los ghettos, campos de detención temporal y campos de trabajos forzados. En ellos, forzaban a la población judía a vivir en condiciones realmente miserables. Los aislaban de la población no judía así como de las otras comunidades judías. Los nazis crearon más de 400 ghettos. Entre 1942 y 1944, los nazis deportaron a millones de judíos desde los territorios ocupados a los campos de exterminio, donde fueron ejecutados en instalaciones diseñadas especialmente para ello. Los alemanes nazis obligaban a los judíos a realizar trabajos forzados para el gobierno alemán, así como a llevar insignias que los marcaban como judíos. Si partimos del concepto en el que el arte debe representar un objeto, pensamiento o sensación; es complejo abordar la manifestación cinéfila de un acontecimiento como el Holocausto. “Hay verdades que no pueden comunicarse ni siquiera con el silencio. Y que aun así han de ser comunicadas”. El escritor judío Elie Wiesel manifiesta con estas palabras una tendencia al rechazo de la imagen, a la negación de toda representación del horror. Elie Wiesel recibió el premio Nobel de la Paz, el y su familia fueron capturados y destinados a campos de concentración, solo el sobrevivió. Con apenas 16 años, conoció el infierno. Es una postura más que respetable que ha generado un tabú para aquellos cineastas que pretenden abordar la temática del Holocausto. Sobre todo para aquellos que apelan a la ficción y no a lo documental. Pero estos últimos no se ven desligados de semejante peso ya que deben seleccionar la imagen adecuada, el testimonio, el rostro que conmueva, que narre, que comunique. La ficción por su parte se ha visto mas exigida pero no por eso frustrada, y se ha esforzado mas en proponer espacios ficcionales cargados de intensidad y poesía, de transformar el abuso del impacto visual en un minucioso trabajo de los textos y de las situaciones a representar. Alejandro Baer-profesor de Antropología Social de la UCM- hace su descargo manifestando que el cine transgrede los límites de la representación y en el caso del Holocausto porque es imposible la relación entre el acontecimiento histórico y su representación. El cine estetiza el horror, por ende relaciona el objeto con el placer propio de la naturaleza del arte. El séptimo arte, en este caso también es preso de la veracidad y fidelidad de los hechos que representa, de pertenecer a la industria cultural y por consecuencia a una mercantilización de los hechos ficcionalizados, y por ultimo de utilizar imágenes de archivo que no colaboran con la difusión de los hechos, por no haber sido realizadas desde la mejor intencionalidad, por poseer el punto de vista subjetivo del perpetrador, por manifestar un horror que alcanza la irrealidad y descoloca al espectador y por quitarle dignidad a los protagonistas. Pese a todas las trangresiones, el cine logra tocar le veta sensible del que lo consume, aunque solo sea consumidor, porque desvela los tabúes y los preceptos, las trabas que el mismo dolor va colocando. El cine permite aquello que es necesario para no olvidar: ver y oír el Holocausto. "Es la memoria la que salvará a la humanidad". Elie Wiesel -Premio Nóbel de Literatura He aqui algunos de los films mas representativos, sus datas principales, sinopsis y criticas...un homenaje a los fallecidos y al septimo arte. Amén. (2002). Dir.: Constantin Costa-Gavras Genero: Drama Sinopsis Dos sistemas: por una parte la maquinaria nazi... y por otra la diplomacia del Vaticano y de los Aliados. Pero dos hombres luchan desde dentro. El primero es Kurt Gerstein, químico y miembro de las SS que en la vida real se encargaba de suministrar el gas Ziklon B a los campos de la muerte. Pero eso no le impide denunciar los crímenes, alertando a los Aliados, al Papa, a los alemanes y a sus iglesias, jugándose la vida y la de su familia. El segundo, Ricardo, un joven jesuita, personaje de ficción que representa a todos los sacerdotes que supieron oponerse a la barbarie, pagando muchas veces con su propia vida. Es un símbolo de todos esos religiosos, conocidos o desconocidos, que rechazaron el silencio impuesto por sus iglesias. ¿Pero, en qué momento la ética supera a la prudencia? Kurt Gerstein sabía lo que estaba ocurriendo y quería que el mundo entero también lo supiera. La película pone en tela de juicio la indiferencia de todos aquellos que sabían lo que estaba pasando y decidieron callarse. Critica Costa-Gavras, director que siempre ha utilizado el cine como un método de denuncia, con una narrativa valiente y eficaz, abarcando temas de polémica y permanente actualidad, se ha sumergido en esta ocasión, cuando su carrera pasa por un momento de verdadera regresión, en los recovecos más oscuros de la Iglesia Católica con "Amen.", una sugestiva cinta que gira alrededor del papel que jugó el clero en el genocidio judío de la Segunda Guerra Mundial. El director nacido en Grecia vuelve a la Berlinale después de haber ganado el Oso de Oro en 1990 con "La caja de música" y, la verdad, ha quedado algo anclado desde aquella época. Su estilo sigue siendo el característico de la década de los ochenta, su narrativa sigue empleando los mismos esquemas, y eso deja un poso de normalidad en "Amen." que resta emoción a toda la interesante historia. Pero al margen de eso, es perfectamente agradable retomar a un incansable luchador de la defensa de la transparencia en la información. La película nos presenta a una institución que sigue cerrada en sus principios medievales, que no rectifica en sus acciones y que carece de la humildad que predica para reconocer sus errores, tal como se ha comprobado hoy en la rueda de prensa posterior, en la que un corresponsal del Vaticano ha mostrado su indignación. Nos muestra con inteligencia el mecanismo de dos ideologías que comparten el que se comportan como dos entidades financieras, como dos industrias: el nazismo y la Iglesia. El primero en la manera que mecaniza toda la exportación de judíos a los campos de concentración y cómo explora nuevas técnicas para agilizar las ejecuciones. La segunda, en la manera que mide sus intereses y cómo piensa en beneficios cuando se trata de salvar vidas humanas, de poner en la práctica el mensaje que utiliza como bandera y como yugo. ¿Cómo explicar si no que la Iglesia se aliara con Hitler sino como un terror a la pérdida de su poder en manos de la extensión comunista? Las verdades no gustan puestas en la pan-talla, y tal como el Festival de Berlín demuestra año tras año una meritoria labor de redención por su fase nacionalsocialista con películas relacionadas, la Iglesia debería aceptar sus acciones pasadas y no seguir tratando de ocultar toda la corrupción que, desde siempre y todavía, afecta a las cúpulas del poder eclesiástico. Así, "Amen." indaga en la fe, en lo insostenible que es en ocasiones creer en un Dios que hace justicia y, sobre todo, en cuán separado ha que-dado el verdadero mensaje cristiano de las labores retrógradas e intolerantes de la Iglesia moderna. Se aprecia en Gavras un gran esfuerzo por conseguir llevar a cabo una película que resultaba cara, pero que tenía un mensaje tan importante para él que ha querido realizar aun sin la financiación suficiente. Por ello, se puede ver con lástima algún efecto especial precario. Sin embargo, el director enlaza todas las tomas con laboriosos planos, con ingeniosas composiciones y contando con una banda sonora excelente de Armand Amar, aunque no consigue encontrar un reparto adecuado, con el único nombre conocido de Mathieu Kassovitz en el papel de un cura que luchará por la liberación judía, que estrellará sus ilusiones contra un coloso corrupto y que optará finalmente por emprender su acción cristiana en solitario. En él se encierra el principal espíritu de la película, controvertido y polémico. Tan potente que hace de "Amen." una película sumamente interesante pese a su insipidez cinematográfica. Der Untergang (2005). Dir.: Oliver Hirschbiegel Genero: Drama Sinopsis Berlín, abril de 1945. Una nación está a punto de sufrir su hundimiento. Una encarnizada batalla se libra en las calles de la capital. Hitler y su círculo de confianza se han atrincherado en el búnker del Führer. Entre ellos se encuentra Traudl Junge, secretaria personal de Hitler. En el exterior, la situación se recrudece. A pesar de que Berlín ya no puede resistir más, el Führer se niega a abandonar la ciudad. Mientras el sangriento peso de la guerra cae sobre sus últimos defensores, Hitler prepara su despedida final. Horas antes de suicidarse juntos, él y Eva Braun contraen matrimonio. Sus cadáveres deben ser incinerados para que no caigan en manos del enemigo. Muchos otros optan por el suicidio. Cuando la situación se hace insostenible, Magda Goebbels envenena a sus seis hijos y seguidamente su esposo y ella se quitan la vida. Poco después, Traudl Junge y otros supervivientes consiguen escapar en el último momento. Critica 60 años después del término de la guerra, el cine alemán retrata su pasado reciente mostrando los últimos días en el bunker de Hitler antes de que Berlín cayera en manos del ejército ruso. La película es hablada en alemán, mostrando un Hitler mucho más dramático y convincente. La actuación de Bruno Ganz en la cinta ha sido destacada por la crítica y personalmente creo que es notable, a la altura de los clásicos. El Hitler de la película es un líder en decadencia, nervioso y que alucina con ejércitos imaginarios. Por momentos llega a ser patético. La historia es contada desde la perspectiva de Traudl Junge (Alexandra Maria Lara) la inocente (?) secretaria de Hitler, quien en el principio y en el final es entrevistada en un documental hecho el 2002. Hitler se muestra algunas veces como un "abuelo amable" escuchando cantar a los niños o siendo empático con su secretaria. Eva Braun, es una mujer que parece querer disfrutar la vida sabiendo que el final se acerca. La loca de patio corre por cuenta de Magda Goebbels quien es una Hitlerista (Como la Maldo) empedernida y sufre en forma real ante la caída del reich. Ante un mundo que se viene negro toma una decisión trágica... Se muestra también, el sufrimiento del pueblo alemán de una forma que jamás las producciones gringas tratan. Algunos, aún desde la estructura del reich sacan la grandeza humana y se transformen en pequeños héroes. Como en la realidad, el bueno no es tan bueno y el malo no es tan malo. Existe una galería de personajes secundarios (Con la aparición de Albert Speer, Himmler, Goebbels o Göring) . En la película se da importancia a su relación con el Führer, pudiendo casi dividirlos en leales-no leales. Aún sabiendo la situación, varios, prefieren caer o permanecer con su líder, otros buscan salvar el pellejo. Para quienes entiendan parcialmente el idioma la experiencia y la emoción se acrecientan. Notable la escena de Hitler vuelto loco gritando "Das war ein Befeeeeehl!!" (Eso era una orden!). Buena fotografía y bien llevado el clima de tensión durante la película. En suma, La caída es una película valiente, honesta y fundamental en la filmografía de la II Guerra Mundial El diario de Ana Frank (2001). Dir.: Robert Dornhelm Genero: Drama Sinopsis Basada en el aclamado libro de Melissa Müller, Ana Frank nos lleva más allá de la historia que ya conocemos y nos relata la historia antes y después de su encierro. Nos muestra a la alegre y popular joven antes de la guerra y a las valientes personas que arriesgaron su vida para protegerla. Ana Frank también investiga el misterio de quién denunció a la familia Frank y revela lo que aconteció después. Critica Cuando comenzó la guerra, ella era tan sólo una pequeña niña. Cuando acabó, era la voz de una generación.... "Ana Frank" trata de ser un fiel reflejo de la historia de esta niña que murió en un campo de concentración nazi. Ana Frank fue una niña normal que nació y murió en circunstancias extraordinarias, convirtiéndose así en símbolo de paz de todo el mundo. Nació en 1929 en Frankfurt, Alemania, en el seno de una familia judía. En 1933 se vieron obligados a huir a Holanda, cuando Hitler subió al poder y comenzó a perseguir a los judíos. Pero, tras la Segunda Guerra Mundial, el nazismo llegó hasta allí, y los Frank vivieron ocultos en un almacén entre 1942 y 1944, hasta que fueron delatados y arrestados. La familia fue separada y enviada a diferentes campos de concentración. Ana, su hermana Margot y su madre Edith murieron en estos campos. El único superviviente fue su padre, Otto Frank. Durante los meses que vivió en su escondite, Ana escribió un diario personal que fue encontrado por unos amigos, guardado y publicado por primera vez en 1947. En él narra sus sentimientos y temores con una madurez poco habitual en una niña de 13 años. El gran dictador (1940). Dir.: Charles Chaplin Genero: Comedia Sinopsis Un barbero judío que combatió con el ejército de Tomania en la primera guerra mundial vuelve a su casa años después del fin del conflicto. Amnésico a causa de un accidente de avión, no recuerda prácticamente nada de su vida pasada y no conoce la situación política actual del país: Adenoid Hynkel, un dictador fascista y racista, ha llegado al poder y ha iniciado la persecución del pueblo judío, a quien considera responsable de la situación de crisis que vive el país. Paralelamente, Hynkel y sus colaboradores han empezado a preparar una ofensiva militar destinada a la conquista de todo el mundo. Critica El gran dictador, más que una crítica al fascismo y a los gobiernos totalitarios, más allá de la parodia / caricatura grotesca que propone de los gobiernos de Adolf Hitler y Benito Mussolini, es un canto a la esperanza, un canto a la democracia, la paz y la libertad. El mensaje del film, claro y contundente, es subrayado por Chaplin en el mítico discurso final, organizado para celebrar la anexión de Ostelrich a Tomania. El dictador Hynkel es confundido con el barbero judío por sus propios hombres (los dos personajes son interpretados por Chaplin), y este, tras el discurso del ministro de propaganda Garbitsch - "Hoy en día, democracia, libertad y igualdad son palabras que enloquecen al pueblo. No hay ninguna nación que progrese con estas ideas, que le apartan del camino de la acción. Por esto las hemos abolido. En el futuro cada hombre tendrá que servir al Estado con absoluta obediencia" - se ve obligado a dirigirse a una audiencia de millones de personas: "Nos hemos de ayudar los unos a los otros, los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar nadie. En este mundo hay sitio para todo el mundo (...) El camino de la vida puede ser libre y bonito, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos: el maquinismo que crea abundancia nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos, nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que máquinas, necesitamos humanidad, más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades, la vida será violenta, se perderá todo. (...) La desgracia que padecemos no es nada más que la pasajera codicia y la amargura de los hombres que tienen miedo de seguir el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará y caerán los dictadores y el poder que tomaron al pueblo será reintegrado al pueblo y así, mientras el hombre exista, la libertad no desaparecerá". El contexto político de la época impediría que este contundente mensaje de paz y libertad llegara dónde tenía que llegar: la película sería prohibida de manera fulminante en Alemania (Hitler ya había prohibido de manera explícita las películas de Chaplin en el año 1937), Italia y todos los países ocupados por estas dos potencias, y tampoco se estrenaría en Brasil, Argentina y Costa Rica, entre otros países. En España, la película permanecería prohibida hasta en el año 1976. Tras el sangrante desarrollo de la segunda guerra mundial y de las atrocidades cometidas por el régimen nazi en los campos de concentración, Chaplin matizaría sus palabras y la verdadera intención de la película en sus memorias (publicadas en el año 1964): "Si hubiera tenido conocimiento de los horrores de los campos de concentración alemanes no habría podido rodar la película: no habría podido burlarme de la demencia homicida de los nazis; no obstante, estaba decidido a ridiculizar su absurda mística en relación con una raza de sangre pura". El niño con el pijama de rayas. (2008) Dir.: Mark Herman Genero: Drama/Ficción histórica link: http://www.youtube.com/watch?v=rzow19gyNqQ Sinopsis Bruno, de 8 años, es el hijo protegido de un oficial nazi ascendido y trasladado desde su cómoda casa en Berlín a un lugar desolado en donde no encuentra nada entretenido ni tiene a nadie con quien jugar. Cansado del aburrimiento y motivado por su curiosidad, Bruno desobedece las instrucciones de su madre de no acceder e los campos y jardines que ha visto a lo lejos. En este lugar prohibido es donde conoce a Shmuel, un niño de su misma edad, quien vive una realidad completamente diferente a la suya del otro lado de la cerca. El encuentro de Bruno con el niño de pijama de rayas los lleva de la inocencia a la conciencia del mundo real. Sus encuentros con Shmuel desembocan en una amistad con consecuencias devastadoras. Critica Es el ejemplo más cuestionable de la mirada novelada (por no decir edulcorada) que, hace algún tiempo, la industria cinematográfica europea le dedica al horror nazi. Esta otra adaptación de una obra literaria, best-seller para más detalle, no sólo vuelve a caricaturizar el pasado sino que lo convierte en una fábula donde el villano recibe su merecido, el peor de los castigos divinos. La película de Mark Herman comparte con títulos como El lector, Operación Valquiria y Cuatro minutos el afán por probar que no todos los alemanes fueron (son) malos. Desde esta perspectiva, el Holocausto adquiere un status similar al zafarrancho perpetrado por uno o varios psicópatas made in Hollywood. En contra de las ponencias que señalan el gran poder de convocatoria que el proyecto hitleriano tuvo entre la ciudadanía germana, estas producciones insisten en demonizar a uno o dos personajes (en este caso, al padre del protagonista y al chofer) y en liberar de culpa y cargo a los representantes de la sociedad civil (en este caso, a la madre del protagonista y al ama de llaves). Pero esta simplificación no es el desacierto más grave de El niño con el pijama a rayas… Tampoco lo es la recreación light (¿apta para todo público?) de un campo de concentración donde un chico confinado puede charlar y jugar, alambres electrificados mediante, con el hijo de un jerarca. El desatino mayor es la moraleja que se desprende de este ejercicio ficcional, y que podría sintetizarse de la siguiente manera: “los nazis habrían entendido la barbarie que cometieron si la hubieran sufrido en carne propia”. Por lo pronto, cuesta ignorar la contracara oculta de tamaña especulación: sugerir que “para entender la barbarie que cometieron, los nazis deberían sufrirla en carne propia”. Aquí estamos ante la reedición solapada del refrán “quien a hierro mata; a hierro muere” y, por lo tanto, ante la idea de un castigo merecido, aún cuando paguen justos por pecadores. El mensaje subliminal admite la generalización de que “sólo imaginándonos en el lugar de las víctimas, podemos entender la barbarie cometida”. Como si la aberración de los crímenes genocidas se revelara únicamente en el plano subjetivo, epidérmico, cuando nos identificamos con el personaje victimizado. Con la excusa de narrar desde las impresiones de un chico de 8 años, El niño con el pijama a rayas convierte al nazismo en un monstruo más cercano a la maldad hollywoodense que a un pasado complejo, aberración exclusiva de nuestra condición humana. Así, el film de Herman aprovecha su simulacro de inocencia para simplificar, tergiversar, confundir y manipular. El noveno día (2004). Dir.: Volker Schlöndorff. Genero: Drama Sinopsis He aquí un dramático episodio de la Segunda Guerra Mundial que no registra antecedentes en materia cinematográfica: sacerdotes prisioneros en campos de concentración por oponerse al régimen nazi o simplemente por pertenecer a países conquistados por el fanático de Hitler. Basado libremente en el diario que Jean Bernard escribió en prisión, El noveno día narra el conflicto moral al que es puesto a prueba Henri Kremer (Ulrich Matthes), abad luxemburgués de buena familia, quien se encuentra privado de su libertad en Dachau junto a otros religiosos en una barraca exclusiva para ellos. Los castigos corporales y las humillaciones que allí sufrieron fueron ruines, viles e impiadosos y sólo su fe en Dios les permitió a algunos sobrevivir un tiempo en esa deleznable cárcel ideológica. En ese contexto de horror no faltaban desde ejecuciones sumarias, torturas psicológicas y hasta incalificables crucifixiones. Kremer padece este calvario con mucho miedo pero eso es sólo el preámbulo para un problema aún mayor. Porque a Dachau se presenta un oficial de la Gestapo con la orden de darle un permiso especial por nueve días para que el sacerdote pueda asistir al funeral de su recién fallecida madre. Kremer sale del campo de concentración con el peso de saber que en sólo unas horas su retorno al mismo es inevitable. No obstante, muy pronto se sabe de los verdaderos planes de los nazis que pretenden convencer por la fuerza a Kremer para que interceda ante el obispo de Luxemburgo y que éste lleve su palabra al Papa Pío XII para llegar a un acuerdo entre la Iglesia y las autoridades alemanas y que aquella le dé el visto bueno públicamente al régimen liderado por el Fűhrer. Caso contrario, le jura el oficial de los SS Gebhard (August Diehl), hará asesinar a su hermana, cuñado y demás familiares y, como si no le alcanzara al muy sádico, a todos sus infortunados compañeros de Dachau. Un dilema complejísimo que, desde un ángulo ciertamente diferente, podría cotejarse con la dolorosa película de Alan J. Pakula La decisión de Sofía (1982). Critica Schlöndorff ha construido con sobriedad el minucioso Vía Crucis de este hombre escindido por la responsabilidad que le toca en suerte en medio de la cruenta contienda. Kremer duda y por momentos sus ojos alucinados nos dejan entrever el abismo negro al que se enfrenta sin saber muy bien cómo hacerlo. Ulrich Matthes cumple en ese rol una de las más destacadas actuaciones de la historia del séptimo arte. Cuesta creer que este clérigo compasivo ha sido compuesto por el mismo actor que le dio vida al desequilibrado Joseph Goebbels en La caída. Además del aspecto físico indispensable (para el cual debió perder bastante peso), hay una descomunal labor interior de Matthes en la que su tortuoso personaje convence con creces. También se destaca August Diehl como el Némesis de Kremer alternando estallidos violentos con momentos de calculada suavidad (aunque siempre severa). A pesar de sus muchos logros hay algo que los autores y el realizador de El tambor no han podido evitar: la previsibilidad del último acto. Quizás sea éste uno de esos casos en los que no importa tanto el desenlace sino el desarrollo. El pianista (2002). Dir.: Roman Polanski Genero: Drama/Belico Sinopsis Wladyslaw Szpilman, un brillante pianista polaco y judío, escapa de la deportación tras la invasión de Polonia por las tropas alemanas al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Obligado a vivir con su familia en el corazón del ghetto de Varsovia, comparte el sufrimiento, la humillación y los esfuerzos por sobrevivir. Critica Las películas sobre el holocausto se surten de tópicos en su planteamiento y desarrollo, en su descripción, en la construcción de personajes o ambientes, y esta no es una excepción, pero la perspectiva naturalista y autobiografica(aunque la película aborde la historia real del pianista Wladyslaw Szpilman) incrementa el recordatorio afectivo de su autor, quien aísla a su personaje central en un afán de desahogo contextual, de una expectación ansiosa en su instinto natural de supervivencia, de una elevación del horror que lo asedia y del que es testigo silente, aquietado en las notas de Chopin ( la pieza que suena en el bombardeo es el Nocturno en Do sostenido menor). Estos sentimientos serian imposibles de transmitir si el personaje no fuese espléndidamente interpretado por Adrien Brody. La crónica intima y exorcizante de Polanski, que perdió a su madre en Auschwitz, mientras que su padre sobrevivió en Mauthausen, se encuentra realzada por el excelente trabajo fotográfico y el diseño de producción, aspectos técnicos que ayudan a conformar una luctuosa atmósfera, necesaria para robustecer emocionalmente esta zozobra individual y esta lastimera etapa histórica. El último tren a Auschwitz (2006). Dir.: Dana Vavrova Genero: Drama Sinopsis Los nazis quieren “limpiar” Berlín de judíos definitivamente. Más de 70.000 ya han sido deportados de la ciudad. En abril de 1943 sale de la estación de Grunewald un tren con 688 judíos hacia Auschwitz. El viaje dura seis días. En el tren comienza una lucha contra el calor, el hambre y la sed. En su desesperación, algunos intentan huir; entre ellos, Henry (Gedeon Burkhard), Lea (Lale Yavas) y Ruth (Sibel Kekilli). Pero el tiempo apremia y Auschwitz se acerca cada vez más. La película nos cuenta cómo, para conmemorar el cumpleaños de 1943 del Führer, un oficial nazi se enorgullece de finalizar la limpieza étnica de Berlín enviando a 688 judíos a Auschwitz. Los soldados entran en las casas en mitad de la noche y arrastran a varias familias con apenas una maleta hasta la estación. Durante los seis días que dure el desplazamiento, viajarán hacinados y sin provisiones en vagones de ganado. Sólo se les ha proporcionado un cubo con agua y otro para hacer sus necesidades. Dos mujeres deben amamantar a sus lactantes y tienen prioridad para beber, pero la resistencia de ancianos y niños no dura demasiado. Dos de los integrantes del grupo se erigen en cabecillas y deciden que habrá que escapar antes de llegar a una muerte segura. Otros tienen miedo de las represalias en caso de que su plan de huida sea descubierto. Critica Con este argumento es obvio que la película no puede ser sosegada y que la desesperación es un elemento buscado a propósito por los autores, el reconocido director alemán Joseph Vilsmaier (‘Leche de Otoño’, ‘Stalingrado’, ‘Rama dama’ o ‘Comedian Harmonists’) y la actriz y directora checa Dana Vávrová. Sin embargo, se exceden en la producción de desasosiego con una dilatación de los hechos tan desmedida que puede hacer perder la paciencia a más de uno. Además, al contrario de lo que aparenta el tráiler, la catarsis es mínima. Escape de Sobibor (1987). Dir.: Jack Gold Genero: Drama/Thriller Sinopsis La película relata el escape más grande un campo de concentración nazi. Deben escapar tantos como puedan ya que se les quitara la vida a la misma cantidad de los que puedan huir. Sobibor, ubicado en el este de Polonia fue entonces el campo de concentración y centro de exterminio en el que 250.000 judíos en su mayoría polacos fueron gaseados. Luego de la fuga unos 300 judíos logran llegar a los bosques colindantes pero muchos de ellos perecen tras ser bloqueadas las salidas. Muchos otros sobreviven en granjas de amigos, otros cruzan el río y se unen a la guerrilla rusa. El campo de concentración y exterminio de Sobibor fue escenario el 14 de octubre de 1943 de la única rebelión exitosa ocurrida en un sitio como este durante la Segunda Guerra mundial. La historia se desarrolla en el campo, poblado solo por judíos, hombres y mujeres cuyos trabajos los hacen valiosos para los alemanes. León (Alan Arkin) se ha convertido de alguna manera en un líder natural, a quien se dirige en general los prisioneros y a quien un trío le revela su intención de escapar del campo. León no los puede detener y solo puede oír los disparos cuando escapan y las explosiones en el campo minado que rodea a Sobibor. Trabajar para los alemanes ya es bastante duro, pero los hombres tienen otra tarea: recibir a los convoyes que llegan al campo, asistir en silencio a las escenas que se suscitan cuando las familias son separadas durante al selección y quienes son útiles, sastres, zapateros, orfebres son separados para ser explotados laboralmente mientras permanezcan en Sobibor. Quienes no tienen ninguna habilidad y no sirven a los nazis, tomarán una ducha para ser luego reasentados. Las filas de hombres y mujeres marchan hacia las duchas, sin sospechar siquiera que están siendo conducidas a las cámaras de gas y crematorios. Itzjak (Jack Sheperd) conoce la verdad la misma noche de su llegada, cuando León y su amigo Samuel (Emil Wolk) le cuentan que son las duchas. León ha pensado planes para escapar para 10 o 20 prisioneros, pero cuando en un acto de represalia ante el intento de huida de 10 prisioneros, que una vez capturados deben elegir a otros 10 que los acompañaran en su muerte o muchas más serán ejecutados, León entiende que todos deben intentar escapar. Mientras piensan en todas las posibilidades, en cómo enfrentar a los 16 oficiales de la SS y los 125 guardias ucranianos, un grupo de prisioneros soviéticos es traído al campo, donde son separados quienes van a uno de prisioneros de guerra y quienes quedan en Sobibor por su condición de judíos. Su líder es Sasha Pechersky (Rutger Hauer). Sasha preparará los aspectos tácticos y León los difundirá entre los prisioneros. Y el plan es audaz: para tener alguna chance de éxito, deberán matar a los 16 oficiales alemanes en el lapso de una hora. Finalmente, el escape comienza. Desordenadamente, los prisioneros se lanzan sobre el alambrado e inician una larga corrida a través del campo minado. De los 600 prisioneros, la mitad muere en el intento, pero el resto logra llegar a los bosques, dejando atrás a los ucranianos, que quedan en el campo sin sus jefes. El último mensaje de León a sus compañeros es que deben ser testigos, deben dar a conocer al mundo que ocurrió en Sobibor. Critica Este film, creado hace ya muchos años, muestra las estrategias que usaron los nazis en los campos de concentración para el exterminio de judíos en el contexto del periodo entreguerras y para la Segunda Guerra Mundial. Con un escenario verídico, la película mantiene solo un par de simples locaciones, las cuales pasan a un segundo plano cuando se trata de escuchar los diálogos que tratan de impactar y sensibilizar a los espectadores con el terror que la supuesta raza superior sembró en Europa en la primera fracción del siglo XX. Si consideramos que 20 años atrás hablar de historia era solamente hablar de fechas y de figuras heroicas, podemos decir, que “Escape from Sobibor” es un elemento valeroso para la historiografía no escrita, ya que concentra en su trama elementos sociales y políticos claros y expone desde un punto de vista comprensible y a la vez informativo aquel horrible episodio, sin caer en la simpleza del relato que a veces buscan las películas de época, pues da la sensación de que el director dijo “ si quiere entender la película, entiéndala historia tal como fue”. Hoy podemos disfrutar de documentales y películas que con mayor financiamiento y un avance tanto en el análisis historiográfico desde la academia y un cambio en la mentalidad del imaginario cultural acerca del nazismo, permiten que todos tengan la oportunidad de saber que paso, porque y cuales han sido las lamentables consecuencias de dicho acto, pero mientras usted quiera saber como se abordo desde el cine aquel conflictivo periodo 40 años después de su auge, alquile o compre “Escape from Sobibor”. Europa, Europa (1990). Dir.: Agnieszka Holland Genero: Drama/Bélica Sinopsis En Alemania, durante los primeros días de la Segunda Guerra Mundial, Solomon Perel (Marco Hofschneider), un muchacho judío, es separado de su familia. El chico oculta su identidad, haciéndose pasar por nazi, y es reclutado por el ejército de Hitler. Critica Realizada en 1990, EUROPA, EUROPA se inscribe de lleno en este capítulo, que con el paso del tiempo brindó dos títulos tan admirables como las oscarizadas LA LISTA DE SCHINDLER (Schindler’s List, 1993. Steven Spielberg) y EL PIANISTA (The Pianist, 2002. Roman Polanski) –con la que guarda ciertas curiosas semejanzas-. No puede decirse que esta realización de la polaca Agnieszka Holland pueda ser ubicada en idéntico pedestal que los dos ejemplos señalados, pero es evidente que nos encontramos con una muy interesante crónica que recoge las memorias del judío polaco Salomón Perel –que aparece anciano en las imágenes finales del film encarnando su propio personaje- en el que coincidiendo con su adolescencia tuvo que afrontar la terrible vivencia de la II Guerra Mundial conviviendo con el nazismo en carne propia al ocultar los rasgos que delatan su condición –fundamentalmente su circuncisión- y sobreviviendo con extraña fortuna con el régimen de Hitler al utilizar de forma inconsciente su encanto y en determinadas ocasiones por los propios azares del destino –en un momento determinado decide rendirse a los rusos pero las circunstancias le hacen ser considerado un héroe por el ejército nazi. Lo interesante de esta película proviene fundamentalmente de lo desapasionado de su crónica, que en todo momento deviene interesante y apenas acusa baches en su narrativa, manteniendo el punto de vista de las aventuras del joven Solly (magníficamente encarnado por el joven Marco Hofschneider). A partir de esa premisa, actitudes, situaciones y decisiones de su aventura muy pronto diluyen lo que pueden tener de confabulación con el nazismo para erigirse en la extrañísima historia de un adolescente que se ve abocado por las circunstancias a sobrevivir curiosamente en medio de un contexto que le debería ser hostil –nunca olvidemos que es un judío puro- y que la propia contradicción estética de las raíces nazis –la apariencia exterior- son las que posibilitan su progresiva andadura salvándose de difíciles y en ocasiones casi insalvables situaciones. Esa mirada desapasionada, brillantemente ambientada y con un semblante diferente al habitual aunque jamás despojado del horror del fondo de la historia, es el que posibilita la singularidad y la valía de la película. El recorrido del joven Solly se ve casi abocado por las circunstancias, teniendo la sorprendente facultad de sortear las situaciones mas difíciles más que en el camino vayan cayendo las personas con las que estrecha lazos de amistad. En este terreno no me gustaría dejar de resaltar el breve episodio de la extraña relación que se establece con Robert (excelente André Wilms), un veterano soldado alemán homosexual que queda prendado de Solly y descubre su circuncisión pero no lo delata, iniciando una profunda amistad que queda trágicamente rota cuando este cae abatido en un bombardeo no sin antes recibir el primer beso por parte del muchacho que lamenta la desaparición de su único amigo alemán. Como antes señalaba, EUROPA, EUROPA jamás decrece en su interés partiendo de la base de una historia llena de atractivos que reitero me llega a parecer como un ensayo de la recreada años después por Roman Polanski en la ya mencionada EL PIANISTA –que subrayaba aún más en el sentido del absurdo de la existencia consustancial a la filmografía del también polaco-. En cualquier caso ese tono de cotidianeidad, la adecuación de la voz en off del protagonista y su constante mirada, permite que el film se contemple siempre con notable interés, por más que me resulten francamente chirriantes las dos secuencias de sus pesadillas, en especial la primera de ellas en la que se escenifica un ridículo baile entre Hitler y Stalin. Esas secuencias estimo que prescindibles, la utilización de una banda sonora inadecuada en las secuencias con crescendo narrativo y cierta frialdad en ocasiones, son otras limitaciones que afloran en un producto pese a ello honesto, inteligentemente planteado y servido con humildad, implicación e interés cinematográfico. La lista de Schindler (1993). Dir.: Steven Spielberg Genero: Drama Sinopsis Septiembre de 1939. Los nazis invaden Polonia. Los judíos son internados en guetos, son asesinados en las calles, son enviados a los campos de concentración. El alemán Oskar Schindler ve en la situación un medio de prosperar económicamente y comienza una interesada relación con los militares más poderosos para poner en marcha una fábrica. La mano de obra no es problema, ya que procederá de los campos de concentración… Schindler logra hacerse con los servicios de Itzhak Stern, un judío que se hará realmente cargo del negocio, mientras que él se ocupará de la labor de salón con la cúpula nazi, con el objetivo de elaborar una lista de trabajadores judíos que estarán únicamente bajo su protección. Sin embargo, lo que empieza como un medio lucrativo acaba convirtiéndose en la obsesión –empeñando su dinero y su futuro– por arrancar a cuantas más personas mejor de la garras psicópatas de Amon Goeth, oficial al mando de uno de los campos. Critica El director recibió por la película una recompensa largamente acariciada. La Academia se volcó con ella, otorgándole siete Oscar, entre ellos los correspondientes a la mejor película, mejor guión y mejor dirección. Antes Spielberg había fracasado –en cuanto a premios se refiere– con El color púrpura (11 nominaciones y ningún premio), E.T., el extraterrestre, En busca del arca pérdida y Encuentros en la tercera fase. Ahora se consagraba definitivamente para un sector de la crítica, que siempre le había considerado el niño mimado por el público, un experto en hacer dinero con historias infantiles que ensalzaban los sueños y las aventuras por encima de las historias reales y los conflictos dramáticos. El director de Cincinnati necesitaba una película grande, monumental, un proyecto definitivo para demostrar su impresionante talento. Y lo encontró gracias a un libro del australiano Thomas Keneally donde se narraba la historia de Oskar Schindler, el empresario alemán que salvó a cientos de judíos de una muerte segura durante la II Guerra Mundial. La lista de Schindler es la historia de un héroe y un monumento a la dignidad humana, pero ambas cosas se hacen patentes poco a poco, tras un denso y trágico velo. Spielberg muestra a un Oskar Schindler nada ejemplar: vanidoso, mujeriego y hedonista. Un dandy oportunista que tardar cierto tiempo en comprender la barbarie nazi y en implicarse totalmente contra el holocausto. Además es el mismo horror el que produce una toma de partido por todo aquello que tenga aliento de vida. El asco y la repulsión de algunas imágenes no son aptas para paladares muy sensibles. La elección de actores es realmente acertada. Tipos como Harrison Ford, Bruno Ganz o Stellan Skarsgård fueron considerados para el papel de Schindler, pero fue Neeson quien finalmente bordó el itinerario interior de su personaje. Ralph Fiennes, por su parte, es un Amon Goeth estremecedor y acaba siendo como una reencarnación del Mal. Los distintos apartados técnicos funcionan a la perfección, desde el guión de Steven Zaillian, que presta atención minuciosa a los numerosos personajes y a la riqueza de sus diálogos, hasta la meticulosa labor de montaje, obra de Michael Kahn. Pero, ante todo, Spielberg sabe cómo jugar con los sentimientos de modo admirable y algunos pasajes quedan grabados para siempre en la memoria (los niños buscando refugio, las mujeres en las duchas de Auschwitz, los juegos asesinos de Goeth…). La formidable fotografía en blanco y negro de Janusz Kaminski aporta a la cinta una sólida entidad histórica, próxima en ocasiones al género documental, como en las escenas del gueto. Y la música del maestro John Williams suena como un desgarrador lamento imposible de olvidar. La zona gris (2001). Dir.: Tim Blake Nelson Genero: Drama Sinopsis El Sonderkommando (Comando Especial) número doce de Auschwitz es una de las trece Brigadas Especiales de prisioneros judíos creadas por los nazque se enfrentan al espeluznante dilema de ayudar a exterminar a sus compañeros judíos a cambio de conseguir unos meses más de vida. Cuando preparan una rebelión, un grupo de la unidad descubre a una joven de catorce años que milagrosamente ha sobrevivido a la cámara de gas. Un catalizador para su intento desesperado de redención individual; los hombres se obsesionan por salvar a la joven, a pesar de que ello signifique poner en peligro un levantamiento que podría salvar a miles de personas. Critica A Stanley Kubrick no le merecía buena opinión la película de Steven Spielberg de 1994: «El Holocausto son seis millones de judíos muertos. La lista de Schindler trata de seiscientos que sobrevivieron.» Tim Blake Nelson, desde luego, no incurre en semejante error. Al coger como protagonistas a los integrantes del duodécimo sonderkommando de Auschwitz-Birkenau, desde el primer momento sabemos que los protagonistas no sobrevivirán. Las opciones se reducen a dos: rebelarse y morir o morir sin rebelarse. Los dilemas éticos son más complejos, porque el sonderkommando se sitúa en una zona intermedia entre verdugos y víctimas. ¿Dónde empieza y dónde termina la complicidad con los verdugos? ¿Cómo se explica la pasividad de las víctimas? El espectador no puede evitar plantearse estas preguntas. Y, por supuesto, muchas más. La zona gris nos muestra, con voluntad casi didáctica y fotografía seudodocumental, los entresijos de las cámaras de gas y los hornos crematorios. Es decir, cómo funcionaba Auschwitz por dentro. Tim Blake Nelson se ha atrevido a entrar en el corazón del infierno nazi. Algo sin duda difícil. Y ha salido airoso de la empresa. Gracias, sobre todo, al estilo que ha adoptado: sobrio, distante, antirretórico (cabe señalar la ausencia de música). El mismo estilo, en definitiva, que en las obras de Primo Levi dedicadas a Auschwitz. El propio Levi lo explica en el apéndice a Si esto es un hombre: «Al escribir este libro adopté deliberadamente el lenguaje sereno y sobrio del testigo [...]: pensaba que mi palabra sería tanto más creíble y útil cuanto más objetiva apareciera y cuanto menos apasionada sonara.» La similitud de estilo no es nada casual. Nelson, nacido en el seno de una familia judía, se enteró de la existencia de los sonderkommados al leer a Primo Levi (el ensayo La zona gris). Se basó en dicho autor y en la autobiografía del médico judío Miklos Nyiszli para escribir en 1996 una obra de teatro titulada La zona gris. Ahora, corregida y aumentada, se acaba de estrenar en forma de película. Nelson ha mezclado elementos procedentes de los testimonios mencionados con otros inventados. (Y en algunos casos ha introducido detalles inexactos que se podía haber ahorrado; la mezcla de sexos en las cámaras de gas, por ejemplo.) En un momento dado, La zona gris se convierte en una acumulación de cadáveres, en detrimento de las peripecias de la intriga. La aparición de la chica que ha sobrevivido a la cámara de gas no cambia las cosas. Nelson tampoco alarga la insurrección ni se entretiene en los detalles de la estrategia adoptada. Algunos críticos se lo han reprochado. Yo creo, sin embargo, que la fuerza de la película estriba en no abandonar el tono frío y austero. Por lo demás, ¿qué era Auschwitz sino una fábrica de cadáveres que luego se volatilizaban en los hornos crematorios? En 1997, Francesco Rosi adaptó fielmente una obra de Primo Levi, La tregua. Al empezar en Auschwitz tras la liberación del campo, eludía mostrarnos la barbarie nazi en pleno funcionamiento. Narraba el largo periplo de Levi y sus compañeros por la Europa oriental y central antes de regresar a Italia. Era un relato lleno de peripecias, con momentos a veces dolorosos y trágicos, otras veces picarescos y cómicos. Era un relato, pues, diferente del de Nelson en La zona gris y de las obras de Levi centradas en Auschwitz. Todo esto no lo digo para criticar a Rosi, sino para subrayar que Nelson se ha enfrentado al núcleo más difícil de la obra de Levi. Noche y Niebla (1955). Dir.: Alain Resnais Genero: Documental Sinopsis y crítica Noche y niebla no representa documentos con la intención de encontrar respuestas a los hechos sucedidos; da cuenta, a través de sus imágenes (sus no-imágenes, como decía Daney), de una práctica y una lógica de exterminio como resultados de un discurso no-polisémico, no-ambiguo, no-múltiple. Se logro a partir de material cinematográfico y fotográfico incautado a los nazis. El film interpela el concepto de memoria como un resto de exigencia permanente (un resto traducido en imágenes mediante el contraste producido entre los registros en color de los campos y las secuencias en blanco y negro del archivo). Una exigencia de respuesta a la que el lenguaje (no psicótico) es sencillamente incapaz de responder. Es un film que interpela a discutir las responsabilidades colectivas de todo el planeta ante tales atrocidades. Shoah. Documental (1985). Dir.: Claude Lanzmann Genero: Documental link: http://www.youtube.com/watch?v=BbGO3x6JkxQ Sinopsis La película se divide en dos etapas. La primera empieza con los recuerdos de Simon Srebnik, un superviviente que por entonces tenía 13 años de edad y al que los nazis utilizaban para que les cantara canciones en la región polaca de Chelmno. Al final de la guerra, Srebnik tenía que ser ejecutado. Afortunadamente, la bala no le dañó ningún órgano vital y fue recogido por un campesino. Más de treinta años después, Srebnik vuelve a Chelmno y comprueba que la antigua fábrica de muerte compuesta por dos gigantescos hornos crematorios han desaparecido por completo, y ya sólo queda un claro en el bosque. La película va entonces buscando a protagonistas anónimos, supervivientes judíos que dan gracias a Dios por olvidar lo que vivieron (el caso de Michaël Podchlebnik, que tuvo que enterrar los cuerpos gaseados de su mujer e hijos), e incluso a colectividades, como los miembros de la localidad de Grabow, que demuestran un poso de sentimiento antisemita al afirmar que “los judíos eran los que tenían el capital”. Los habitantes polacos de Grabow ocupan ahora las casas que eran de los judíos antes de la guerra, y la antigua sinagoga se ha convertido en un almacén de muebles. Critica Claude Lanzmann, escritor y periodista parisino nacido en 1925, decidió, en los años 70, volcar sus inquietudes en el cine, y se embarcó en la realización de esta película a la que se siempre ha negado la catalogación de documental: “Es una película excepcional, única en su género”, ha llegado a defender. Condecorado miembro de la Resistencia de la Segunda Guerra Mundial, Lanzmann decide mantener la historia viva en un documento realmente singular y atroz. La experiencia propia de Lanzmann le impide ser objetivo (si tal cosa, la objetividad, es posible de algún modo) y mucho menos imparcial. Lanzmann remueve, con sus entrevistas, los recuerdos, provoca a los entrevistados para que ejerciten su memoria, y se inmiscuye en los pasajes que no quedan claros. Lanzmann no oculta esta circunstancia, e incluso la muestra, como cuando le recuerda al ex - dirigente de las SS Franz Suchomel, a quien filma con cámara oculta, su promesa de mantener su nombre en el anonimato. A este respecto, que provocó bastantes críticas, Lanzmann señaló que “quería mostrar que le estaba mintiendo, porque esta gente mentía a diario para matar a los judíos”. En ocasiones, Lanzmann se muestra persistente, no desconecta la cámara cuando los supervivientes se emocionan en su ejercicio para recordar, y el cineasta les insta a continuar, ante el valor documental de lo filmado. La huella humana que ha dejado el Holocausto en Polonia es visible. Lanzmann opta por filmar siempre las ciudades en días nublados, ya que no concibe que pudiera hacer buen tiempo cuando pasaban los trenes cargados de judíos a Treblinka, como llega a expresarle a un campesino polaco. Y la memoria constituye también un proceso de revisión, como el ejercicio de volver a realizar en tren el viaje a Treblinka, con el mismo maquinista que conducía las deportaciones y que confiesa que se emborrachaba todos los días para soportar los gritos y el hedor de su transporte. La segunda etapa de “Shoah” se centra, una vez realizado el contexto y asumido por una enorme cantidad de voces la existencia de los campos de exterminio, en el funcionamiento por dentro de estas fábricas de aniquilación, para concluir con la descripción de la vida en el ghetto de Varsovia. Se emociona Abraham Bomba, un peluquero judío que cortaba el pelo a las víctimas dentro de la cámara de gas de Treblinka en la última acción antes de proceder al gaseado, quien no puede olvidar su impotencia al serle prohibido desvelar cuál era el destino inmediato de sus “clientes”: el que se iba de la lengua, acababa incinerado vivo en un horno. No faltan, a este respecto, los detalles de la parafernalia nazi para ocultar a los judíos de Treblinka su futuro. Ni tampoco falta una descripción somera del interior de un campo como Auschwitz o la misma Treblinka, que en sus mejores momentos de “producción” llegaban a quemar a 15.000 judíos diarios, cifra reconocida por el propio Franz Suchomel. Documento pesimista pero que busca la construcción de una memoria viva para evitar la repetición de esta catástrofe, “Shoah” (vocablo hebreo con el que se designa al Holocausto) es una cinta que mantiene el interés desde el principio hasta el final. No se trata de un documental al uso con imágenes de archivo, sino un crisol de voces perfectamente ordenado y montado que trata de explicar lo que ocurrió en el centro de Europa en la primera mitad de los años 40. La crueldad inexplicable, la lucha por la supervivencia, el recuerdo de unas vivencias que parecen de otro mundo conforman un magnífico film que abre en el cine caminos pocas veces explorados como instrumento de preservación de la memoria. Con “Shoah” queda testimoniada una parte de nuestra historia más reciente en un ejercicio doloroso y, al mismo tiempo, imprescindible. The Black Book (el libro negro). Dir.: Paul Verhoeven Genero: Suspenso/Bélica Sinopsis Es una historia que se desarrolla al final del verano de 1944. La Haya se encuentra bajo la ocupación alemana. Rachel Steinn, una joven cantante judía, intenta escapar junto a un grupo hacia la Holanda meridional. Una patrulla alemana los intercepta y sólo ella consigue sobrevivir a la terrible masacre. Convertida en miembro activo de la resistencia, recibirá la misión de infiltrarse en el servicio de seguridad alemán e intimar con el jefe de la Gestapo. Critica La abundante carga de sexo y violencia que nutre a sus películas, el modo en que los cuerpos proliferan en la pantalla sin ocultar siquiera su sexo (más bien exhibiéndolo para destacar la propia singularidad), la crudeza de muchas de sus secuencias, pueden dar la primera impresión de que estamos ante un director interesado en explotar los más Bajos instintos (escrito así, con las mayúsculas piernas de Sharon Stone que se abren en la película homónima de Verhoeven) del ser humano e improvisar imágenes sólo destinadas al impacto inmediato y epidérmico. Nada más lejos de la verdad. Pocos directores que hayan trabajado en el ojo del huracán de la industria estadounidense de cine durante las últimas dos décadas –casi ninguno– han sido capaces de componer planos tan precisos, funcionales al sentido dramático pero autónomos y exquisitos, como el responsable de Robocop, El vengador del futuro, Invasión, etc. La nómina de títulos, más el trabajo de publicidad típico de Hollywood y la receptora pacatería común a buena parte del planeta, lo han caracterizado como un director en algunos casos banal y en otros poco menos que diabólico. La primera acusación se basa en la ya obsoleta caracterización del arte cinematográfico como un entretenimiento simple, la segunda en el intenso horror que despierta un ateo militante y lúcido en las huestes de crédulos –no ya creyentes– cuya hipocresía es delatada por los complejos argumentos de los films de este hombre. Porque detrás del enfrentamiento entre villanos y héroes que Verhoeven reproduce junto con algunas de las más sabias convenciones narrativas del cine de géneros clásico, aparecen no pocos pliegues oscuros y detalles que cuestionan dicha estructura. En El libro negro tenemos a una heroína judía (Carice van Houten) que no sólo accede a tener sexo con un oficial nazi, sino que se enamora de él; a un líder de la resistencia con ambiciones y actitudes sospechosas que se acercan progresivamente a la traición; a cristianos que salvan la vida de otros pero manifiestan el mismo principio racista que guía a los criminales y, finalmente, a Estados que repiten sobre otros (Estados y seres humanos) las humillaciones de las que han sido objeto. Expuesto así, parece que estamos ante un mero catálogo de bajezas, un nuevo capítulo de ese libro de arena que es la Historia universal de la infamia y, con todo, Verhoeven elude siempre el miserabilismo. ¿Cómo lo hace? Rescatando el impulso vital de los personajes, depositando el desarrollo de la acción en protagonistas capaces del horror y la transgresión de todo tipo de leyes pero, también, de la generosidad y la alegría. Lo que los hace especialmente complejos es el hecho de que están moldeados por el mundo en el que se mueven y comparten la misma naturaleza que la nuestra. Eso es lo que permite y estimula, entonces, la empatía que nos despiertan y que logra, incluso, ponernos en los zapatos (y el punto de vista) de un nazi (Sebastián Koch, el mismo de la todavía en cartel La vida de los otros) en el último tramo del film, durante el cual llegaremos a desear que la pena de la que trata de escapar no se cumpla. En definitiva, si hay un sentimiento común a todos los personajes de su cine, es el de supervivencia. "Que el arte recuerde lo que el olvido enterraria por siempre" BIBLIOGRAFIA 1-AGUINIS, Marcos; y otros . 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