Rodrodriem
Usuario (Argentina)
El objetivo fundamental de este trabajo es, mediante el estudio de las causas y desarrollos del Liberalismo, refutar sus principales argumentos. Para concretarlo me basaré, especialmente, en los trabajos de Carlos A. Sacheri, quien en su vida rompió con todos los esquemas de las ideologías imperantes, para guiar a los jóvenes en el camino a la verdad con sus enseñanzas Un análisis conceptual de la palabra “liberalismo” nos propone la idea de exaltación de la libertad individual, la que, analizada en el plano moral, no es otra cosa más que el permiso al egoísmo individual o al amor propio, lo que se ve reflejado por ende en todas las áreas en que el hombre está inmerso. El liberalismo, en sus aspectos constitutivos, se presenta como la síntesis de un grupo de ideas que desde tiempos remotos han buscado la exaltación del hombre por encima de lo natural y lo sobrenatural, como son: el antropocentrismo renacentista, el racionalismo, el utilitarismo, el protestantismo (sobre todo en su versión calvinista que fomentó el espíritu de la acumulación de riquezas), el nominalismo del siglo XIV con su negación de la universalidad del conocimiento y su énfasis en lo individual, y el iluminismo que dio lugar al libre pensamiento y a la concepción del hombre como ser autónomo en el ámbito moral. El padre de esta ideología fue John Locke, quien concebía el ESTADO DE NATURALEZA como una condición de "paz, benevolencia y ayuda mutua", es decir, consideraba que en esta situación “los hombres debieron gozar de perfecta libertad para ordenar sus actos y para disponer de sus propiedades y sus personas como mejor les parecía, dentro de los limites de la Ley Natural, sin necesidad de pedir permiso y sin depender de la voluntad de otra persona"· El fundamental derecho a la libertad que se deduce de las intenciones del Creador y de la necesidad de auto conservación, no conoce otro límite que la Ley Natural. Esta ley que gobierna el estado de la naturaleza y que debe ser entendida como manifestación de la voluntad de Dios, enseña que nadie debe dañar a otro en su vida, salud y libertad. Así, todos los hombres están dotados de la razón y la libertad suficiente para conocer un orden del mundo que los lleva a cooperar con la preservación de sus derechos. Para Locke mediante la razón el hombre conoce la Ley Natural y por ello le asiste el derecho de imponer a los demás su cumplimiento. Tiene el derecho a castigar a los transgresores de esa ley con un castigo que impida su violación. La concepción de Locke es una concepción judeocristiana. El hombre tiene una naturaleza caída, como consecuencia del pecado original. Y los hombres - en el estado de naturaleza - viven en situación de relativa felicidad y son titulares de derechos individuales. Los hombres pues, para preservar y disfrutar mejor de estos derechos individuales, resuelven abandonar la etapa pre-social y pre-política, formulando así un contrato multilateral que es distinto al de Hobbes y al de Rousseau. Porque aquí, los hombres no se alienan, no se enajenan totalmente, no entregan la totalidad de los derechos individuales. La única atribución que los hombres entregan, es esa de repeler mediante la fuerza, la agresión ajena. Es el PODER COACTIVO, que pasará ahora a ser patrimonio del Estado que se forma en este contrato multilateral. Justamente, para garantizar la segura represión de la violación de los derechos individuales. Los derechos individuales, de los cuales nos habla mucho Locke, guarda enorme relación con lo que es el liberalismo, y la misma se da en que al exaltar lo individual por sobre lo colectivo, primero se olvida del bien común de la sociedad y se hace a un lado el término de justicia social, constituyendo el interés particular por sobre el colectivo, lo cual no lleva más que al egoísmo en todos los aspectos de la vida, lo cual trae aparejado un verdadero subjetivismo que nos lleva a vivir en la era de lo relativo. Locke, que había estudiado la filosofía escolástica, descarta las ideas tomistas de justicia social y bien común, concibiendo el Estado como la institución encargada de aplicar los castigos a los transgresores de los derechos individuales, desligando así de la acción del gobernante el garantizar y promover el bien común mediante la preservación y garantía de los derechos y deberes de las personas. Su pensamiento, muy diferente al ideal de libertad populista del medioevo, influye de manera considerable en la Revolución Francesa de 1789, en la que se adorara a la diosa razón y la libertad de acción, triunfando con ello: El liberalismo como ideología (exaltando la voluntad libre del sujeto) El capitalismo liberal como sistema económico (poniendo el interés personal por sobre el colectivo) El laicismo como guía del espíritu (con la tolerancia religiosa que busca preservar el interior de los individuos para que puedan expresarse de manera plena con todas sus facultades) De todas las particularidades de esta ideología, puede destacarse su filosofía del individualismo como esencia de la sociedad. Al respecto nos dice García Pelayo: “Los valores individuales son superiores a los colectivos y el individuo decide su destino y hace historia”. La Iglesia Católica se ha pronunciado en contra de esta ideología desde sus orígenes, y al respecto podemos citar algunos documentos, como la encíclica de Pio IX Quanta Cura en la que se la condena con las siguientes palabras: “…a saber: «que la libertad de conciencia y cultos es un derecho propio de todo hombre, derecho que debe ser proclamado y asegurado por la ley en toda sociedad bien constituida; y que los ciudadanos tienen derecho a la libertad omnímoda de manifestar y declarar públicamente y sin rebozo sus conceptos, sean cuales fueren, ya de palabra o por impreso, o de otro modo, sin trabas ningunas por parte de la autoridad eclesiástica o civil.» Pero cuando esto afirman temerariamente, no piensan ni consideran que predican la libertad de la perdición (San Agustín, Epístola 105 al. 166), y que «si se deja a la humana persuasión entera libertad de disputar, nunca faltará quien se oponga a la verdad, y ponga su confianza en la locuacidad de la humana sabiduría, debiendo por el contrario conocer por la misma doctrina de Nuestro Señor Jesucristo, cuan obligada está a evitar esta dañosísima vanidad la fe y la sabiduría cristiana» (San León, Epístola 164 al. 133, parte 2).” Como este, encontramos muchísimos más textos, donde se advierte la gran peligrosidad de la corriente liberal, que aleja al hombre de Dios al exaltar la razón humana como única fuente de conocimiento y por sobre todo considerar al individuo auto-suficiente, negando la participación de Dios en la naturaleza del mundo, en la naturaleza del hombre y haciéndolo autosuficiente, dado que en esta situación el interés particular prima por sobre el colectivo, por sobre el bien común. El liberalismo en nuestro país se pregona desde la Revolución de Mayo, con Mariano Moreno y Bernardino Rivadavia. A pesar de esto, los historiadores hablan de un cese en el avance de esta ideología durante el gobierno de Rosas, resurgiendo luego de la batalla de Caseros en 1853 con la victoria de Urquiza ante las tropas rosistas. El auge del liberalismo según diferentes historiadores se da con la promulgación de la Ley Sáenz Peña, decayendo con el primer golpe de estado en 1930 cuando Uriburu derroca al Presidente radical de entonces, Hipólito Irigoyen. Las siguientes rupturas del orden constitucional son también baches en el avance del liberalismo. Por otro lado en estos periodos hubo posturas fascistas y marxistas predominantemente que se hicieron notar, lo cual da muchas explicaciones al modo en que se actuó en este tipo de gobiernos. Carlos Sacheri tuvo que vivir en esos tiempos tumultuosos y enfrentar con afán los ataques que esas ideologías lanzaban a sus convicciones. A continuación profundizaremos en los distintos aspectos de su vida y obra. Carlos Alberto Sacheri (Buenos Aires, 22 de octubre de 1933 – 22 de diciembre de 1974) fue un académico y filósofo argentino, uno de los principales exponentes del tomismo en este país. Discípulo del presbítero Julio Meinvielle, un conocido doctrinario de los movimientos nacionalistas argentinos; la más difundida de sus publicaciones fue La Iglesia clandestina (1971), una denuncia contra el modernismo y la teología de la Liberación desde posiciones tradicionales. Fue un conocido promotor del anticomunismo. Sacheri se incorporó a la Acción Católica Argentina durante sus estudios secundarios. Ingresó a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires para cursar la carrera de abogacía; conoció al Padre Meinvielle durante sus estudios, y se unió a los grupos de suma que dirigía éste. Influido por la lectura de Tomás de Aquino, interpretada por Meinvielle, Sacheri comenzó estudios de filosofía en la UBA. Egresó en 1957, y con una beca del Consejo de Artes de Canadá se trasladó a la Universidad de Laval (Quebec) para estudiar filosofía bajo la dirección del tomista canadiense Charles de Koninck. Se licenció en 1963, y cinco años más tarde obtuvo su doctorado con una tesis sobre La existencia y la naturaleza de la deliberación. Regresó a la Argentina en 1967, donde se hizo cargo de la obra de la Ciudad Católica, en lugar del ingeniero Roberto Gorostiaga. Obtuvo una plaza como docente en la UBA —enseñando Filosofía del Derecho e Historia de las Ideas Filosóficas— y en la recientemente creada Universidad Católica Argentina —Metodología Científica y Filosofía Social—, donde fue invitado por el obispo Octavio Nicolás Derisi. Sería luego profesor visitante en el Instituto de Filosofía Comparada de París, dictando Ética y Filosofía Social, en la Universidad de Laval, y en la Universidad Andrés Bello de Caracas. Fue secretario de la Sociedad Tomista Argentina, presidente de la Ciudad Católica, y coordinador general del Instituto de Promoción Social Argentina. En 1970 obtuvo una plaza como secretario científico del CONICET; dirigió luego el Instituto de Filosofía de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UBA, y en 1974 fue coordinador general del Ingreso Único a ésta universidad. Mientras tanto militó en el nacionalismo católico, siendo miembro del directorio del efímero Movimiento Unificado Nacionalista Argentino. En el conflicto en el seno de la Iglesia Católica entre la rama tradicionalista y la progresista —encarnada en grupos como el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo— Sacheri se identificó con la primera, y expresó su doctrina en numerosas publicaciones. Fue colaborador de las argentinas Presencia, Universitas, Mikael y Ethos, así como de varias extranjeras. En 1971 resumió sus observaciones sobre lo que consideraba desviaciones doctrinarias y litúrgicas del progresismo en La Iglesia clandestina; en esta obra exponía sus tesis acerca del progresismo, al que acusaba de ser una simple expresión del marxismo ateo. El libro atacaba, entre otros, a los jesuitas del Colegio Máximo y al director de la revista Criterio, el hoy cardenal Jorge Mejía, acusándolos de subversivos y aliados de organizaciones armadas comunistas. La misma doctrina se vertió en el diario La Nueva Provincia, donde publicó artículos sobre la Doctrina Social de la Iglesia, que se recopilaron luego con el título de El orden natural. Ambas obras fueron calurosamente elogiadas por el nuncio apostólico en la Argentina, Lino Zanini, y se difundieron gratuitamente entre el personal de las Fuerzas Armadas. Algunas fuentes dicen que su mensaje era un fuerte ataque a la comunidad judía, aunque quien conozca la vida y la obra de Sacheri sabe que esa opinión carece del más mínimo fundamento. …¿Cómo hacia?... solo una capacidad intelectual excepcional, una salud de hierro y un corazón caritativo pueden explicarlo… Fueron años de plomo, literalmente-alusión a su oposición al gobierno de Isabel Perón- . La guerrilla argentina estaba en su esplendor: constituía un verdadero ejército, ya sea inspirado de modo textual, original y coherente en las ideas del ateísmo marxista o recalando sustancialmente en ellas (montoneros), sin descontar otras organizaciones menores. Se proponía tomar el poder en la Argentina por la violencia, que incluía secuestros, asesinatos, colocación de bombas de mortalidad indiscriminada, tomas de cuarteles, de sedes policiales, empresas, aviones e incluso de territorio y población, con miras a la independencia y el reconocimiento internacional, cosa inaudita en el siglo pasado salvo, quizá, Colombia. Contaban como regla de acción, con el maquiavelismo propio de la moral marxista. La guerrilla argentina desplegó un poder que ninguna guerrilla de la época pudo igualar. En 1974 fue asesinado brutalmente por un comando armado frente a toda su familia mientras regresaba de misa; el Ejército Revolucionario del Pueblo se atribuyó la acción. Así este gran cristiano y defensor de la verdad en su libro El Orden Natural, en cuanto se refiere a “La iglesia frente al liberalismo” nos dice: “El liberalismo considera a la libertad como la esencia misma de la persona (…). El hombre es considerado como naturalmente bueno y justo, poseedor de una libertad absoluta, que no reconoce limite alguno. (…). En la medida del ejercicio pleno de su independencia, el ser humano está llamado a un progreso indefinido y necesario, tanto intelectual como moral. En el plano de la conducta, el sujeto no puede estar sometido a regulación ética alguna que no provenga de su autodeterminación. Este Subjetivismo moral lleva aparejada la negación de todo orden objetivo de valores, del Derecho Natural y de la Ley o Providencia Divina”. Más adelante el maestro continúa escribiendo sobre la moral y el derecho haciendo referencia a lo citado anteriormente: “Dado que el individuo es autónomo, no reconoce otras normas que las que él mismo se dicte. Todos los valores morales se reducen a lo subjetivo, razón por la cual, lo que uno concibe como recto o justo no tiene por que ser admitido por lo demás. Así como la moral se separa de la religión, el derecho se independiza de la moral (positivismo jurídico). Todo derecho es subjetivo y no reconoce otra regla más que la voluntad de los sujetos (…). En nombre del sufragio universal y de la soberanía popular, la democracia liberal expresa en forma de ley lo que los individuos han decidido. El derecho positivo no reconoce ninguna dependencia con relación al derecho natural y se exige en principio la separación total de la Iglesia y Estado.” Como vemos nuestro autor va enlazando los temas en la medida de como va afectando el liberalismo al hombre en los diferentes ámbitos, y es por ello que continúa hablando de la cultura y la religión: “Esta exaltación de los valores individuales también afecta al plano de la cultura, que es concebida como una actividad autónoma, desvinculada de los valores éticos. En el plano religioso, el liberalismo conduce primeramente a un indiferentismo y luego al ateísmo. Su naturalismo integral lo seculariza todo. La religión se reduce a sentimientos subjetivos, separados de las actividades diarias. Este ateísmo práctico se traduce en el laicismo educativo y social, que elimina toda referencia de lo trascendente y exalta la liberta de conciencia y de cultos (…)”. Así vemos con Sacheri, no solo cual es su pensamiento, sino que además sus enseñanzas nos sirven para estudiar la doctrina social de la Iglesia Católica, la cual ha defendido durante su vida, dando batalla también a las divisiones internas de la iglesia, como observamos en su libro “La Iglesia Clandestina” que combatió el progresismo en los religiosos que conformaban movimientos pro-tercer mundo, acusados de ser una expresión del marxismo ateo, cosa que no es ajena al mundo actual donde incluso encontramos “sacerdotes” que profesan, por ejemplo, estar a favor del matrimonio homosexual. A ellos también les caben las siguientes palabras del capitulo segundo de ese libro, titulado “Crisis de unidad, crisis de fe”, ya que nos habla de cómo los pontífices de los dos últimos siglos han afirmado permanentemente que a la civilización moderna no se la ha construido de acuerdo al evangelio. Y más adelante dice algo determinante para la unidad y sobre todo la fe: “quien no está conmigo, está contra mí, quien no recoge conmigo desparrama. Tal es el juicio de Nuestro Señor, tal es el único criterio auténticamente cristiano. Toda tentativa de reconciliación del mundo moderno con la Iglesia que no se funde en una verdadera conversión del mundo a la iglesia, está condenada de antemano y no servirá sino para hacer el juego del adversario.” Es rotundo en su concepción, y fielmente acabado a lo que es y debe ser un cristiano y la Iglesia. Si bien estos textos citados parecen duros, me voy a permitir citar unas palabras de San Agustín tomadas de su libro Confesiones, referidas también por Carlos Sacheri: “San Agustín señalaba en sus confesiones (VII, 3) que: Toda parte no proporcionada a su todo es deforme. El cristiano se debilita y se degrada en la medida misma en que se debilita su unión con la Iglesia. Ser miembro-dice Pascal- es no tener vida, ni ser, ni movimiento, sino por el espíritu del cuerpo y para el cuerpo; y San Agustín advierte: Mirad de lo que tenéis que guardaros, ved por lo que debéis velar, veis lo que debéis temer. A veces se corta un miembro en el cuerpo humano, o más bien, se separa del cuerpo una mano, un dedo, un pie. ¿Acaso sigue el alma al miembro cortado? Cuando el miembro está en el cuerpo, vive; cuando se corta, pierde la vida. Así el hombre, mientras vive en el cuerpo de la Iglesia, es Cristiano Católico; separado se hace herético. El alma no sigue al miembro amputado”. Es evidente que el liberalismo ha venido para arrasar el legado de quienes creyeron en la construcción de la Patria con Dios como Padre y Guía, librando por diversos medios su combate con los más vulnerables, los jóvenes, y con las instituciones fundamentales, como la familia, célula básica de toda sociedad. Por ello, Sacheri luchaba para la unión de la Iglesia, para que no exista “religión” que imponga la dictadura del relativismo, o proponga discursos de supuesta igualdad, despojando a los pueblos de sus raíces, de sus culturas, para fundirlas en una sola, suponiendo HERMANDAD. Si se quita el EVANGELIO de la vida de los pueblos, cualquier política aparentemente buena es un PARCHE. Quien quiera entender que entienda. Conclusión: Pasando por el pensamiento de Locke hasta llegar a cómo se dio y se da en nuestro país, vimos que el liberalismo tiene una sola faceta y es negativa en todos sus aspectos. Tanto es así que muchos se levantaron y lucharon en su contra. Desarrollamos el ejemplo de un mártir de la Ciudad de Dios y un héroe de la Patria terrena, que movido por su fe inquebrantable y sus virtudes de amor y humildad, entregó su vida al servicio de la verdad. Pero no podemos quedarnos sólo con el testimonio: una lámpara no se enciende para ponerse bajo la cama. Es por esto, que a partir de este sencillo trabajo espero que quienes tengan acceso a él puedan comprender que aunque por nuestra naturaleza caída seamos todos igualmente vulnerables ante la seducción de las ideas y modelos que nos propone el mundo, estamos en él pero no somos de él. Por la Fe y la Razón sabemos que fuimos hechos para algo sublime, superior a cualquier gloria terrena, pero para lograr esta jerarquía debemos abandonar la soberbia cuyos efectos bien conocemos, ya que sabemos que por las ideas de superioridad de un hombre murieron millones de personas, por la mal entendida libertad, día a día millones de niños son abortados y por el individualismo extremo, hoy tenemos edificios más altos y autopistas más anchas, pero temperamentos más cortos y puntos de vista más estrechos. Gastamos más, pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes pero familias más pequeñas. Tenemos más compromisos, pero menos tiempo. Tenemos más conocimientos pero menos criterio. Tenemos más medicinas pero menos salud. Hemos multiplicado nuestras posesiones, pero hemos reducido nuestros valores. Hablamos mucho, amamos poco y odiamos demasiado. Hemos llegado a la luna y regresamos, pero tenemos problemas para cruzar la calle y conocer a nuestro vecino. Hemos conquistado el espacio exterior pero no el interior. Tenemos mayores ingresos, pero menos moral. Estos son tiempos con más libertad, pero menos alegría. Con más comida pero menos nutrición. Son días en que llegan dos sueldos a casa, pero aumentan los divorcios. Son tiempos de casas más lindas, pero más hogares rotos. Así como nos dice una muy atinada reflexión anónima. Por eso, continúo con mi idea, llenémonos de humildad y volvamos a las raíces, no quitemos a Dios de nuestras vidas. En una conferencia el mismo Churchill declaró que el arma más fuerte de América era el ser Católica. Sólo Dios basta dice Santa Teresa de Ávila, pero esto no nos da el permiso de quedarnos quietos. La paz es acción, debemos buscar reivindicar al hombre desde nuestro lugar, tomando en nuestras manos la oración, la formación y el apostolado como únicas armas posibles y efectivas contra la asechanza del demonio, encarnado en el mundo. No nos volvamos apariencias. Hay quienes nos precedieron y con brazo firme lucharon por la unidad de los pueblos y el engrandecimiento de la Patria. San Martín dijo una vez, “SERÁS LO QUE DEBAS SER, O NO SERÁS NADA”, una invitación a la entrega orgullosa por defender nuestras convicciones, por más adversidad que exista. Jesús mismo dijo “OS ENVÍO COMO CORDEROS EN MEDIO DE LOBOS”, pero añadió también “YO ESTARÉ CON USTEDES HASTA EL FIN DE LOS TIEMPOS”. Por eso, no pensemos en hacer el bien como una posibilidad, sino más bien como un deber moral que debe ser cumplido del mejor modo. Sólo así lograremos vencer cada dificultad que se nos presente y podremos hacer un uso total y efectivo de nuestras facultades, al contrario de lo que se nos propone hoy. Ante todo esto Lope de Vega nos decía lo siguiente en su poesía ¿Yo para que naci?: ¿Yo para qué nací? Para salvarme. Que tengo que morir es infalible; Dejar de ver a Dios y condenarme Triste cosa será, pero posible. ¡Posible...! ¿Y río y duermo y quiero holgarme? ¡Posible...! ¿Y tengo amor a lo visible? ¿Qué hago? ¿En qué me ocupo? ¿En qué me encanto? ¡Loco debo yo ser, pues no soy santo! Para concluir les leeré la consigna de la conferencia más famosa de Carlos A. Sacheri: “Quiero terminar con una sola consigna que esta en el espíritu de todos y que todos deberán retomar: lo que se nos exige hoy, como cristianos y como argentinos, no es ni mas ni menos que una militancia heroica, y en nuestra condición de universitarios, dedo que lo que esta en juego es precisamente una alternativa doctrinal para el país. La gran opción entre el marxismo y el cristianismo, dado que el liberalismo ha llegado a sus ultimas consecuencias históricas, la gran opción que se impone a la Argentina hoy en 1973, es la Argentina marxista o la Argentina Católica”. Ante estas palabras de este gran maestro que hacia referencia a la etapa del país que le tocaba vivir, me tomare el atrevimiento de tomarlas para mi y cambiar algunos aspectos de acorde a lo que sucede hoy en dia y terminar así mi trabajo: “Quiero terminar con una sola consigna que esta en el espíritu de todos y que todos deberán retomar: lo que se nos exige hoy, como cristianos y como argentinos, no es ni mas ni menos que una militancia heroica, y en nuestra condición de universitarios, dedo que lo que esta en juego es precisamente una alternativa doctrinal para el país. La gran opción entre el liberalismo y el cristianismo, dado que el marxismo ha llegado a sus ultimas consecuencias históricas, la gran opción que se impone a la Argentina hoy en 2010, es la Argentina liberal o la Argentina Católica”. Bibliografía Carlos Alberto Sacheri, El Orden Natural, sexta edición, editorial Vortice. Carlos Alberto Sacheri, La Iglesia Clandestina. Encíclica Quanta Cura del Sumo pontífice Pio IX. John Locke, Ensayos sobre el gobierno civil. John Locke, Ensayos sobre la ley de la naturaleza. Héctor H. Hernández, Sacheri Predicar y Morir por la Argentina.