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Usuario (Uruguay)

La teoría del Big Bang fue creada por un sacerdote católico ¿Sabías que la teoría del Big Bang fue formulada por primera vez por un sacerdote católico? Su nombre: George Lemaître. En 1933, este matemático Belga y sacerdote católico, viajó con Albert Einstein a California para asisitir a unos seminarios. Después de que George detallara su teoría del Big Bang, Einstein se levantó, aplaudió y dijó: "Esta es la más bella y satisfactoria explicación sobre la creación que jamás había oído" Monseñor Georges Lemaître fue un cura y astrofísico belga. No sabemos bien cuál de las dos profesiones era la fachada, pero el hecho es que dio origen a la teoría más importante de la cosmología moderna: el Big Bang. Se cuenta que fue la única persona del auditorio en comprender una charla de Einstein. Para entonces (1933), él ya había esbozado la original idea de que el universo era producto de una explosión ocurrida hace unos 10 o 20 mil millones de años, en contra de toda suposición católica incluso hoy en día. No se contentó con la teoría y fue él mismo quien encontró la prueba: la radiación de fondo de microondas (foto), vestigios de aquella explosión primordial que hoy sabemos sin duda alguna que dio origen al universo conocido. ¿Qué ironía, no? Todo el mundo sabe algo de Galileo, Newton o Einstein, por citar tres nombres especialmente ilustres de la física. Pero pocos han oído hablar de Georges Lemaître, el padre de las teorías actuales sobre el origen del universo. La teoría del "Big Bang", la Gran Explosión que, según se cree, originó nuestro mundo, pertenece a la cultura general de nuestra época. Originalmente fue formulada por el belga Georges Lemaître, físico y sacerdote católico. Con ocasión del centenario de su nacimiento se ha editado un libro que ilustra la vida y obra de Lemaître Einstein y Lemaître El artículo de 1927, sobre la expansión del universo, no encontró mucho eco. Desde luego, Lemaître no era un hombre que se quedase con los brazos cruzados. Convencido de la importancia de su trabajo, fue a explicárselo al mismísimo Einstein. El primer encuentro fue, más bien, un encontronazo. Del 24 al 29 de octubre de 1927 tuvo lugar, en Bruselas, el famoso quinto congreso Solvay, donde los grandes genios de la física discutieron la nueva física cuántica. Lemaître buscó hablar con Einstein sobre su artículo, y lo consiguió. Pero Einstein le dijo: "He leído su artículo. Sus cálculos son correctos, pero su física es abominable". Lemaître, convencido de que Einstein se equivocaba esta vez, buscó prolongar la conversación, y también lo consiguió. El profesor Piccard, que acompañaba a Einstein para mostrarle su laboratorio en la Universidad, invitó a Le-maître a subir al taxi con ellos. Una vez en el coche, Lemaître aludió a la velocidad de las nebulosas, tema que en aquellos momentos era objeto de importantes resultados que conocía muy bien y que se encuentra muy relacionado con la expansión del universo. Pero la situación se volvió bastante embarazosa, porque Einstein no parecía estar al corriente de esos resultados. Piccard, para salvar la situación, ¡comenzó a hablar con Einstein en alemán, idioma que no entendía! Religion y Ciencia ¿de la mano? "La revelación divina no nos ha enseñado lo que éramos capaces de descubrir por nosotros mismos, al menos cuando esas verdades naturales no son indispensables para comprender la verdad sobrenatural. Por tanto, el científico cristiano va hacia adelante libremente, con la seguridad de que su investigación no puede entrar en conflicto con su fe. Incluso quizá tiene una cierta ventaja sobre su colega no creyente; en efecto, ambos se esfuerzan por descifrar la múltiple complejidad de la naturaleza en la que se encuentran superpuestas y confundidas las diversas etapas de la larga evolución del mundo, pero el creyente tiene la ventaja de saber que el enigma tiene solución, que la escritura subyacente es al fin y al cabo la obra de un Ser inteligente, y que por tanto el problema que plantea la naturaleza puede ser resuelto y su dificultad está sin duda proporcionada a la capacidad presente y futura de la humanidad. Probablemente esto no le proporcionará nuevos recursos para su investigación, pero contribuirá a fomentar en él ese sano optimismo sin el cual no se puede mantener durante largo tiempo un esfuerzo sostenido. En cierto sentido, el científico en su trabajo prescinde de su fe, no porque esa fe pudiera entorpecer su investigación, sino porque no se relaciona directamente con su actividad científica".