Ringo8586
Usuario (Argentina)

Consejos para impuntuales A las personas nos saca de quicio esperar. Solemos ser poco benévolos con los impuntuales. Más por la sensación de pérdida de tiempo que porque el otro llegue tarde. También existen quienes siempre llegan en punto, a veces en exceso. La puntualidad no es un rasgo de la personalidad, sino un buen hábito que forma parte del orden. Es una filosofía de vida. La idea de que “por más que me organizo, no consigo ser puntual” es falsa. Todos los que deseen llegar a su hora pueden conseguirlo. Las personas impuntuales achacan su tardanza a excusas como un exceso de compromisos, una agenda caótica, no saber organizarse… Todo esto es cierto, pero también puede influir la falta de motivación, tener la autoestima baja (para qué llegar en punto si consideran su aportación poco interesante) o incluso desaprobación y provocación hacia quien convoca. La mayoría de las personas impuntuales suelen apuntillar que por más que lo intentan, no consiguen llegar a tiempo. Pero suelen referirse a los pasos que dan cuando cierran la puerta de casa o de la oficina. Entonces es cuando les entra la prisa, caminan corriendo, se estresan…, y piensan que eso es hacer todo lo posible. Incluso buscan reafirmarse en otras personas preguntando: “¿A que sí hemos corrido?”. Sí, han corrido, pero cuando ya no tenía solución. La puntualidad se inicia con la planificación, no con los metros finales antes de la cita. Las personas que llegan tarde sufren consecuencias negativas. Una de ellas es la pérdida de credibilidad. Cuando alguien se retrasa una vez, todos solemos ser empáticos con el tropiezo, pero cuando se retrasa de forma reiterada, la consecuencia es que sus excusas no son creíbles, y sus promesas de cambio para la siguiente ocasión, tampoco. Llegar tarde proyecta una imagen negativa del tardón. La impuntualidad es sinónimo de desorganización, de no tener palabra, de ser poco profesional. Nadie quiere hacer tratos con una persona irresponsable que llega tarde a sus compromisos. La impuntualidad es un motivo de estrés para quien llega tarde y para quien espera. Retrasarse en una cita condiciona el encuentro, porque el enfado que genera en el que espera no desaparece en el instante en el que llega la persona, sino que suele perdurar, y lo que debería ser un encuentro efectivo o divertido se convierte en otra cosa. 1. Detecte en qué pierde tiempo y limítelo. Escriba en su agenda cuánto tarda en realizar cada actividad y cuadre lo que tiene planeado para que pueda llegar a todo. Tener una hora de inicio y otra de finalización también agilizará su mente. Saber a qué hora acaba permitirá divagar menos y centrarse en el tema. No se vuelva a liar, cumpla con los horarios. 2. Organice sus cosas. Muchas personas impuntuales llegan tarde por falta de organización. Al salir de casa les falta el móvil, no encuentran las llaves, no saben dónde dejaron la agenda y un largo etcétera. Tenga un lugar claro en el que colocar lo que necesita a la hora de salir o calcule previamente cinco minutos más para la puesta a punto antes de la salida. 3. Cuente con un margen de error. No establezca los tiempos como si no existiera el tráfico o pensando en una reunión perfecta. Deje siempre un margen de 15 minutos. Si al final no hay ningún imprevisto y llega antes, aproveche para revisar la agenda, poner ideas en orden, o lleve un libro y lea. Es preferible aparecer 10 minutos antes que 10 minutos retrasado. 4. No postergue el momento de levantarse cuando suene la alarma. Uno de los mayores placeres para muchas personas es apagar el despertador y seguir durmiendo cinco minutos más. Si a usted le gusta demorarse, déjelo para el fin de semana, pero no para los días en los que otras personas dependen de su presencia. Ponga el despertador lejos de la cama, de tal forma que manejarlo le obligue a salir de su sitio cómodo. Y no vuelva atrás. Inicie su rutina. Pase directo al baño, sírvase el café y póngase las pilas. 5. Calcule el tiempo que le lleva cada tarea de forma objetiva. No valore lo que le gustaría tardar, sino lo que realmente invierte. ¿Cuánto tiempo emplea en elegir la ropa, en desayunar, en maquillarse? ¿Cuánto tarda el trayecto de su transporte, su paseo hasta la estación o la parada de autobús, hacer cola, sacar el billete, bajar la escalera que le lleva al andén? Son muchas las personas que dicen que su tren o autobús tarda 10 minutos y salen de casa con los segundos justos pensando que se teletransportan hasta allí y que, por supuesto, su medio de viaje les estará esperando a su llegada. Ni siquiera cuentan con los dos o tres minutos entre un tren y el siguiente. Si a ese cálculo irracional le añadimos el de comer, desayunar, las llamadas, reuniones, contestar correos…, resulta que al final del día hemos dejado de contar por lo menos con un margen de dos horas. 6. Lleve reloj y consúltelo. El móvil ha sustituido al reloj de muñeca, pero es más fácil mirar la hora en este que sacar el teléfono del bolsillo o del bolso. 7. Oblíguese a llegar 10 minutos antes a cualquier cita. Por lo menos hasta que aprenda a gestionar su tiempo. Cuando haya conseguido este logro, se puede proponer llegar cinco minutos antes, y posteriormente, dos minutos antes. Así no fallará nunca. Es preferible que espere usted a que tengan que esperarle los demás. 8. Planifique la agenda con racionalidad. Si satura su agenda con muchas actividades y tiempos imposibles de cumplir, es normal que siempre llegue pasada la hora. Escriba en ella lo que es viable, con los horarios que empleará para conseguirlo. Y al margen, en el mismo día, anote otros temas pendientes que no sean ni urgentes ni importantes y que, de sobrarle tiempo, pueda atender. 9. Si es olvidadizo, póngase alarmas o anótese las cosas en su agenda. La memoria de trabajo, también conocida como memoria a corto plazo, da para lo que da. Si abusa de su capacidad de recuerdo, olvidará temas que tendrá que atender fuera de horario y le desorganizarán lo que tenía en ese momento. 10. Aprenda a decir no. Las personas muy solícitas y serviciales suelen tener problemas para decir que no a las peticiones y favores de otros. Rehúyen el conflicto y valoran tanto su colaboración y ayuda que terminan por sobrecargarse. Tener compromisos de más enlentece y retrasa su agenda. La persona que le pide un favor cuenta con que no se lo pueda hacer. Cumpla primero con sus compromisos, salvo excepciones, y luego, si usted lo decide, dedique el tiempo que le sobre a atender a los demás o a atenderse a usted mismo. Tiene derecho a gestionar su tiempo libre como le plazca. La impuntualidad habla mal de usted. No es buena compañera ni en su profesión ni en su vida personal. Tome nota.

¿Asfixia, dolor en el pecho? Cómo salvar tu propia vida en 4 situaciones de emergencia ¿Qué hacer si te encuentras solo y empiezas a sentir un dolor opresivo en el pecho? ¿O si te pica un insecto en la lengua? Obviamente, alertar a alguien cercano o llamar a una ambulancia, pero, ¿luego qué? En situaciones de asfixia, sin oxígeno, puede presentarse daño cerebral en tan solo 4 a 6 minutos y probablemente la ambulancia tardará más en llegar. Por lo tanto, es fundamental saber qué hacer en estas situaciones y actuar rápidamente. Obviamente no podrá ayudarse a sí mismo en todas las situaciones, pero BBC Mundo le dice que podría hacer en cuatro de ellas: Asfixia o ahogo Si algo bloquea las vías respiratorias, el reflejo natural de una persona es la de toser. En la mayoría de los casos esto funciona. Y si se hace inclinando el cuerpo con la cabeza hacía abajo mejor. Pero si esto no es suficiente, lo que la Cruz Roja recomienda es que se realice la maniobra de Heimlich que consiste en la compresión o empujes abdominales para ayudar a despejar las vías respiratorias. En uno mismo se puede hacer de la siguiente manera: ~ Empuñar la mano y colocar el pulgar debajo de la parrilla costal y por encima del ombligo. ~ Sujetar el puño con la otra mano y presionar en el área con un movimiento rápido hacia arriba También se puede apoyar sobre el borde de una mesa, silla o baranda y empujar rápidamente la parte superior del vientre (abdomen superior) contra el borde. Se debe repetir este movimiento hasta que el objeto que obstruye las vías respiratorias salga. Hemorragia Dependiendo de dónde se encuentra la herida, la sangre puede salir a borbotones a gran velocidad, por lo que se necesita actuar con rapidez para detener la pérdida de sangre excesiva y la pérdida del conocimiento. Según el sitio MejorconSalud lo primero que hay que hacer es presionar la hemorragia o herida impidiendo que salga más sangre. Si la hemorragia afecta a una extremidad, ésta debe levantarse. Si la hemorragia no cesa se puede presionar la arteria afectada para impedir el paso de la sangre hacia la herida. Pero esto sólo si se tienen los suficientes conocimientos. En casos extremos se puede aplicar un torniquete. Es muy importante hacerlo correctamente, que no duré más de 15 minutos, si es así, hay que relajar un poco la presión durante 30 segundos y volver a apretar y mantener el miembro frío. Un torniquete mal realizado o demasiado prolongado puede acarrear consecuencias más graves que la propia hemorragia como son gangrena, parálisis, etc. Si la herida ha sido causada por algún objeto que permanece en el cuerpo (madera, hierro, cristal, etc.), no se aconseja retirarlo, pues podría empeorar la situación. Problemas del corazón En caso de dolor en el pecho después de llamar a una ambulancia lo primero sería masticar una aspirina si no es alérgico a esta medicina (esto funciona más rápido que si se traga entera) y acostarse con la cabeza y los hombros ligeramente elevados. La aspirina reduce la velocidad de coagulación de la sangre, por lo que se evita que los coágulos que ya se han formado se hagan más grandes y de esta manera se reduce la posibilidad de que se produzca un ataque al corazón. Si toma nitroglicerina por prescripción médica, este es el momento de volver a tomar la medicina. Mientras se espera a que llegue la atención médica adecuada, hay que tratar de hacer respiraciones profundas. Esto ayuda a que el oxígeno llegue a los pulmones de manera más eficiente y a mantener la sangre circulando, según los servicios clínicos del St John Ambulance, de Londres. Además, los pacientes con un alto ritmo cardíaco pueden tratar de masajear una de las arterias carótidas en el cuello, en el lugar donde se siente el pulso. Estos pacientes también se pueden beneficiar de la maniobra de Valsalva, que consiste en taparse la nariz y cerrar la boca para luego tratar de soplar - similar a tratar de desbloquear los oídos en el vuelo. La idea es reducir el ritmo del corazón, debido a que el ritmo cardíaco acelerado puede empeorar los síntomas. Picaduras de insectos en la boca Las picaduras de insectos son bastante molestas pero cuando ocurren en la boca y la garganta pueden ser bastante preocupantes Las picaduras pueden hacer que la boca, la lengua y la garganta se hinchen, bloqueando las vías respiratorias y dificultando la respiración. Las personas que son alérgicas a las picaduras pueden tener reacciones potencialmente mortales. La Cruz Roja recomienda chupar cubitos de hielo y polos de hielo. El hielo reduce la hinchazón y el dolor, adormeciendo el área, y acelera el proceso de curación. Para los niños, los polos de hielo son mejores que los cubos de hielo porque hay menos probabilidad de asfixia.
Qué ocurre realmente en nuestro cuerpo cuando consumimos cannabis Hay quien defiende sus virtudes terapéuticas, pero los estudios concluyen que puede tener consecuencias nefastas para la memoria o los huesos ¿Perjudicial o terapéutica? Es la pregunta que arrastran décadas los debates sobre si el consumo de marihuana debe de ser o no legal. En 2016, justo cuando varios estados en los Estados Unidos lo han legalizado por sus posibles efectos terapéuticos, varias investigaciones científicas apuntaban riesgos de fumar porros que van más allá de los ya conocidos, como sacar peores notas en clase, tener menor sensación de satisfacción o sufrir adicción. “La marihuana es una preparación a base de hojas y flores secas de la planta Cannabis sativa. En la planta hay casi 100 sustancias, pero todavía no conocemos las acciones de gran parte de ellas sobre el cerebro. No obstante, sí se sabe que varias afectan a la actividad neuronal”, explica Emilio Ambrosio, catedrático de Psicobiología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Borra tu pasado Uno de los reclamos para justificar su legalización es apuntar a que la marihuana tiene propiedades medicinales, partiendo de informaciones proporcionadas por usuarios con diversas patologías, desde epilepsia a la enfermedad de Parkinson, que afirman que sus síntomas mejoran tras fumar porros. Sin cuestionar su posible importancia terapéutica, la literatura científica señala, sin embargo, que causa empobrecimiento cognitivo y daño cerebral. Por ejemplo, el consumo crónico de marihuana disminuye el nivel de flujo sanguíneo en numerosas regiones del cerebro, entre otras en el hipocampo, vital para la memoria a largo plazo, especialmente vulnerable en las primeras fases del Alzheimer, deteriorando el recuerdo de experiencias pasadas. “Eso implica que pueda llegar menos glucosa y oxígeno a las neuronas (o llegar más tarde) en esas partes del cerebro, con lo que la comunicación neuronal en las demencias puede verse seriamente afectada”, apunta el investigador Ambrosio. Dejas de recordar palabras Se sabe que el consumo regular de marihuana en la adolescencia induce cambios en las funciones y las estructuras en el cerebro que se manifiestan cuando son adultos. Esos cambios se dan al reducir la conectividad entre regiones del cerebro fundamentales para el aprendizaje y en la memoria. Una investigación ha comprobado que a lo largo de la vida de los consumidores crónicos, la memoria verbal se deteriora cuando se les analiza en la edad adulta. Los investigadores pidieron a los consumidores de marihuana que recordaran una lista de quince palabras, y comprobaron que uno de cada dos participantes recordaban un promedio de una palabra menos de la lista por cada cinco años de consumo regular, o lo que es lo mismo, uno de cada dos usuarios que llevaran diez años consumiendo recordaba dos palabras menos que los que no habían consumido. “El consumo regular de marihuana interfiere en los procesos de desarrollo normal del cerebro que deberían tener lugar en la adolescencia y puede hacer a algunos individuos más vulnerables a sus efectos a largo plazo. Se ha demostrado que los consumidores regulares con una cierta variación genética tienen una menor memoria de trabajo, la que permite desenvolvernos coordinando varias actividades a la vez. El consumo de marihuana en la adolescencia puede tener repercusiones negativas en el estado adulto como es la disminución de algunos tipos de memoria”, señala Ambrosio. Sufres psicosis cannábica Es común vincular el consumo de marihuana con diversos trastornos psiquiátricos como la depresión, el trastorno bipolar, diversos trastornos de la ansiedad, ciertos trastornos de la personalidad y la adicción a otras sustancias. Otro efecto, tal vez menos conocido, es el de la esquizofrenia. “En este caso, la marihuana exacerba los síntomas positivos de la enfermedad (los delirios y las alucinaciones) induciendo lo que se denomina psicosis cannábica. Después de dejar de consumir, en la mayoría de las personas esa psicosis desaparece poco a poco pero, en algunas permanece de por vida. Puede que la genética también influya, ya que se ha comprobado que hay variantes genéticas compartidas entre predisposición a la esquizofrenia y consumo de cannabis”, observa Ambrosio. Te puede romper el corazón (literalmente) El consumo de marihuana también tiene efectos sobre la salud del corazón, aumentando el riesgo de desarrollar una miocardiomiopatía de estrés, conocida como el síndrome del corazón roto, similar a un infarto pero sin sus desastrosas consecuencias. Examinando a más de 33.000 personas hospitalizadas con cardiomiopatía por estrés entre 2003 y 2011, los autores de esta investigación publicada en el American Journal of Managed Care comprobaron que los 210 pacientes que había consumido marihuana antes de padecer la cardiopatía eran sobre todo hombres jóvenes con menos factores de riesgo como la presión arterial alta o diabetes tipo 2, pero sin embargo eran más propensos a entrar en paro cardiaco y requerían un desfibrilador implantado para prevenir eventos cardiacos posteriores. Te destroza los dientes Perder kilos y tener unos huesos más vulnerables a roturas también forman parte del catálogo de posibles efectos de la marihuana en nuestra salud, según un estudio de la American Journal of Medicine. Los fumadores intensivos de marihuana sufren una gran reducción en la densidad ósea si se les compara con los no fumadores, por lo que tiene más cartas a la hora de desarrollar osteoporosis y fracturas a lo largo de la vida. Y no solo es una cuestión de poner en riesgo el esqueleto. Las encías también se ven comprometidas al fumar porros, como concluye un nuevo estudio publicado en JAMA Psychiatry l. De los 1.037 encuestados, 675 participantes confesaron haber consumido cannabis en cualquier cantidad en cualquier momento. Tras preguntar cuántas veces consumían entre los 18 y 38 años, los hallazgos revelaron que el cannabis podría estar detrás de la mala salud periodontal a los 38 años tras estar fumando durante 20 años, lo que ha hecho sospechar a los investigadores que los consumidores tienen una higiene bucal más descuidada y más tendencia a ser adictos al alcohol. Ves mal La actividad visual también se ve alterada al fumar cabannis, ya que un consumo habitual de marihuana puede retrasar el procesamiento de la información visual en nuestra retina. Una investigación reciente publicada en JAMA Ophthalmology detectó que los fumadores regulares experimentan un ligero retardo en el funcionamiento de las células encargadas de procesar la información visual entrante, de conectar la retina con el cerebro y de transformar la luz a través de una serie de pulsos eléctricos. No obstante, todavía queda por saber si este efecto en la salud visual es permanente o retrocede al abandonar la marihuana. Duermes peor Aunque la marihuana te sugiera relajación, puede que la idea de que fumar cannabis ayude a dormir mejor sea una falacia. Una investigación aparecida en el Journal of Addictive Diseases encontró que esta droga puede estar detrás con los trastornos de sueño al hallar que los fumadores de marihuana a diario encuestados padecían un porcentaje mayor de insomnio y alteración del sueño que los que consumidores con menor frecuencia.
Resumen taringuero: "la depresión es un estado pasajero y siempre lo que gana es el querer salir adelante con ayuda de profesionales" Luchar contra el desgano y el estigma: la batalla de Martín con la depresión Más de 300 millones de personas padecen la enfermedad en todo el mundo; según la OMS, es la principal causa de discapacidad y la segunda de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años Martín tiene 35 años, corre tres veces por semana y compone música. También escribe y se junta con amigos. Vive con su mamá y administra los gastos de la casa que comparte con estudiantes extranjeros. Parecen actos cotidianos, pero requieren un enorme esfuerzo para él y los más de 300 millones de personas en el mundo que sufren depresión, la principal causa de discapacidad según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Durante la depresión hay estado de ánimo bajo, pérdida de interés, de la capacidad de disfrutar, y reducción de la energía que produce una disminución de la actividad, todo ello durante un mínimo de dos semanas. Muchas personas con depresión también padecen síntomas de ansiedad, alteraciones del sueño y del apetito, sentimientos de culpa y baja autoestima, dificultades de concentración e incluso síntomas sin explicación médica”, define la OMS. Con mucho esfuerzo Martín fue víctima de esto y hasta el día de hoy batalla todas las mañanas con el desgano por salir adelante, pero realiza un tratamiento psicológico y psiquiátrico que lo ayudan a estar mejor y estable. “Cuando estás en el punto más álgido de la depresión, es una discapacidad , no podés hacer nada. Apenas te podes bañar, no vas a ir a buscar un trabajo. Si no comés, no tenés energía, entonces con qué ganas vas a hacer cosas. Tenés el autoestima muy bajo, entonces no confías en vos, no podés levantarte a la mañana, te cuesta interactuar, estás incapacitado, no podés trabajar porque no rendís, estás muy lejos de hacer bien las cosas. Uno tiene que hacer ciertos malabares para tener una sonrisa y no contaminarse”, confiesa. Aunque reconoce que siempre fue melancólico y tuvo apego a la tristeza “y la oscuridad”, como él mismo dice, su primer episodio depresivo apareció cuando tenía 20 años. Su papá estaba deprimido, “tirado en una cama”, y a uno de sus hermanos le habían detectado leucemia. “En la adolescencia, cuando estaba en el colegio, ya me deprimía. También se me generaba el placer del displacer, es decir encontrarle el gusto al sentirse mal. Tomaba la depresión como una cuestión de rebeldía, pensaba que estaba deprimido porque el mundo era una porquería o porque sí, pero de alguna manera era inocente”, cuenta Martín. El cambio vino después. “Mi hermano se enfermó de leucemia y mi padre entró en una depresión muy profunda. Me golpeó. Rápidamente podía perder a dos familiares. La enfermedad de mi hermano me desestabilizó y me volví vulnerable. A veces hay hechos que provocan una depresión, pero si encima tenés una tendencia genética que no acompaña, te soplan y te caés. Y yo la tenía”, dice. Tiempo después, el hermano de Martín murió y ahí comenzó su recorrido por psicólogos y psiquiatras. Una sucesión de buenos y malos tratamientos. Aciertos y errores. Hoy, 15 años después, encontró la terapia adecuada y tiene una mirada positiva sobre su problema, por eso habla del tema: quiere ayudar a otros de los millones que padecen depresión que, como explica la OMS, “en el peor de los casos puede llevar al suicidio”. “Mis depresiones fueron muy fuertes, extremas. Estar deprimido es como entrar a un lugar oscuro, profundo, del que no sabés si vas a salir. Lo intentás, pero tenés poco resto. Es doloroso, desgastante, te sentís a un 5% de tu capacidad, perdés el interés. Todo te da lo mismo, cualquier cosa te cuesta, bañarse cuesta, comer cuesta, la cama te atrapa, no querés hablar con nadie, pero a pesar de todo eso hay que buscar ayuda, levantar la mano y decir ‘che, me pasa esto’. A veces me cuesta creer que pude salir de ciertas situaciones, pero gracias a la medicina se puede. Con un tratamiento, se puede”, asegura Martín. Su segundo episodio depresivo vino con una crisis existencial. Él es publicista y trabajaba de eso, pero un día se dio cuenta de que su pasión era la música y quería dedicarse a componer. Su tercera depresión llegó de la mano de una separación, pero en los tres casos, con optimismo y ayuda de profesionales, salió adelante. “Mis depresiones siempre tuvieron un disparador. Cuando estuve deprimido lo supe, fui consciente por mis conductas, mi desgano hacia todo, pero en general siempre estuve asistido, entonces la recuperación era rápida”, dice. Más allá de lo emocional No alcanza con la decisión de querer estar bien, tampoco con que alguien le diga a quien padece depresión que tiene que ver la vida de una forma más optimista. La alteración en el estado de ánimo está acompañada de factores fisiológicos y contextuales que deben estar regulados. Comer al menos cuatro veces por día, dormir entre seis y ocho horas diarias y cumplir con pequeños hábitos como bañarse o hacer actividad física son metas que tiene que alcanzar quien padece la depresión para poder, de a poco, salir de ella, según explica el psicólogo Víctor Fabris. “Hay que hacer un monitoreo diario, trabajar sobre objetivos y metas de corto y largo plazo y activar la conducta para que el paciente vea cómo puede sentirse bien a partir de dar pequeños pasos. Nos bañamos y después nos sentimos frescos, no al revés, por eso es importante generar la capacidad para buscar refuerzos positivos como jugar con una mascota, salir a pasear, bañarse o reconectarse con seres queridos”, dice el psicólogo. Para Martín, también es importante ganarle a la mente: “Hay una lucha con los pensamientos y no hay que dejarlos entrar. Hay que darles batalla para que no te desestabilicen y validar otros pensamientos para que el negativo quede más pequeño. A veces uno se quiere sentir bien antes de tiempo y eso es peor. Hay que saber transitar el malestar. Es un pasito a pasito. Se sale haciendo y no pensando”. El estigma y la mirada del otro "En general, el que está fuera y nunca vivió la depresión no la entiende, porque piensa que es una cuestión de actitud y voluntad, y a veces con eso no alcanza. O tu estado de ánimo está tan abajo que tu voluntad se fue a dar un paseo por ahí porque pasa a ser algo químico y psicológico, no actitudinal", explica Martín. "Quizás tu genética no te está ayudando y vos no podés hacer nada. Creo que la depresión es difícil de entender cuando no la viviste, parece que es porque estás tomando decisiones incorrectas en tu vida o es una falta de hacer las cosas bien. Muchas veces ni siquiera se la toma como una enfermedad, se la subestima", añade. La falta de aceptación del otro para él fue un problema recurrente. "La gente no tiene mucha tolerancia a la depresión, porque no es divertido escuchar a alguien que está triste. Es un tema feo, al que la gente le huye. Es un fantasma al que la mayoría le tiene cierto temor porque es algo de lo que nadie está exento". Signos para estar alerta "La depresión es un trastorno en el que el estado de ánimo se deprime la mayor parte del día casi sin ningún disparador concreto. Hay una disminución del interés o de la capacidad para experimentar el placer o las actividades diarias, hay una importante alteración del peso tanto pérdida como aumento desmedido; se producen trastornos del sueño insomnio o hipersomnia, agitación o enlentecimiento, movimientos apesadumbrados, fatiga, perdida de energía, sentimientos de inutilidad o culpa, disminución en la capacidad para poder pensar y concentrarse y pensamientos recurrentes que pueden llevar a la ideación suicida", detalla Fabris. Además es importante prestar atención a los antecedentes biológicos y a los factores contextuales como despidos, acosos, bullying, violencia, violencia de género, desempleo, crisis económicas, entre otras cosas. Martín estuvo deprimido tres veces, logró salir las tres y da fé de que se puede: "Se sale haciéndole mucho caso a los médicos. Si tenés otra enfermedad y te mandan a hacer reposo, hay que hacerlo. Acá es todo lo contrario, hay que estar activo, hacer ejercicio, tomar la medicación. Se sale, haciendo caso y pensando que se puede, teniendo fe y paciencia", asegura, y a quienes están deprimidos les dice que "la depresión es un estado pasajero y siempre lo que gana es el querer salir adelante con ayuda de profesionales". El Gobierno de la Ciudad (Buenos Aires, Argentina) ofrece una línea telefónica de asistencia que opera de lunes a viernes de 8 a 20 hs. Por consultas comunicarse al 4863-8888