RerasRodriguez
Usuario (Venezuela)
Desde mis años mozos he oído decir que los partidos políticos son consustanciales con la democracia, que sin ellos esta forma de organización social y política es imposible y casi una herejía pretenderla; que los partidos son para la democracia y la libertad lo que el Nuevo Testamento es para los cristianos, la Torá para los judíos y el Corán para los musulmanes. Hemos llegado –entonces– a dogmatizar una afirmación que no por ser nutritiva para los intereses de algunos, resulta cierta universalmente. El concepto de Democracia ha cambiado poco desde que el ateniense Pericles pronunciara su admirable Oración Fúnebre o Herodoto se refiriera a las tres formas de Constitución: monarquía, oligarquía y democracia; la democracia, billones de veces nombrada en prosa y en verso, encontró su mejor resumen en la sabana de Gettysburg en noviembre de 1863: «el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo». El problema fundamental de la democracia en los tiempos modernos reside en la determinación de los mecanismos para que la soberanía popular sea ejercida debidamente; en la Atenas de Pericles, cada ciudadano ejercía de forma directa su representación, es decir, acudía a la asamblea popular, a la ekklesia, y emitía sus opiniones de viva voz, sin intermediación alguna. Con el crecimiento poblacional, esta práctica directa se tornó imposible y fue menester abordar la representatividad, de manera tal que los ciudadanos se hacían representar por un reducido número de ellos; de esta manera nace la democracia representativa o, en otros términos, la soberanía ejercida indirectamente a través de representantes libremente escogidos, sin que ello signifique traslado o disminución de la soberanía residente en todos y cada uno de los ciudadanos. Recordemos el pasaje de la Oración Fúnebre de Pericles, donde definió la democracia: «Tenemos un régimen político que no se propone como modelo las leyes de los vecinos, sino que más bien es él modelo para otros. Y su nombre, como las cosas dependen no de una minoría, sino de la mayoría, es Democracia. A todo el mundo asiste, de acuerdo con nuestras leyes, la igualdad de derechos en los conflictos privados, mientras que para los honores, si se hace distinción en algún campo, no es la pertenencia a una categoría, sino el mérito lo que hace acceder a ellos; a la inversa, la pobreza no tiene como efecto que un hombre, siendo capaz de rendir servicio al Estado, se vea impedido de hacerlo por la oscuridad de su condición.» Es impensable la existencia de un régimen democrático donde la soberanía no resida en el pueblo o donde esa soberanía se exprese por mecanismos tan tortuosos que –en definitiva– resulte desviada, diluida o distorsionada. Ante la imposibilidad de volver a las grandes asambleas populares propias de la democracia directa, el foco de nuestra preocupación debe ser la idoneidad de los mecanismos de expresión de la voluntad popular. No basta decir constitucionalmente que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo y dejar al sector político la determinación de los mecanismos para ejercerla; esa dejación se ha ido convirtiendo, con el transcurrir de los años, en la madre de todos los vicios de nuestra política y ha dado paso a la grotesca situación de un pueblo que perdió la dirección de su destino y que resultó esquilmado por propios y extraños, al punto de ver morir a sus niños de hambre en las casas o de mengua en los hospitales. En este laboratorio de maldades en que se ha convertido Venezuela, vemos como los intereses de los ciudadanos y de sus «representantes» marchan por caminos diferentes. Tristemente podemos decir que el 6D no constituyó un triunfo popular; fueron los partidos apiñados en la MUD los que se hicieron con la victoria y ahora actúan de espaldas al pueblo que, aun sin conocer los nombres de los candidatos, les dio su voto en un acto de fe más propio del mundo religioso que del político. Hoy, esos legisladores elegidos por las cúpulas de los partidos y votados por el pueblo determinan el peso de los partidos de la MUD, de esos partidos que han tenido la desfachatez de concurrir a un diálogo frontalmente rechazado por la gente y de aceptar el papel de contrafiguras en este sainete político llamado revolución.
La situación de hambre, miseria y desesperanza en Venezuela cada día crece más, debido al ensañamiento de un gobierno contra un pueblo indefenso a quien ha condenado prácticamente a la muerte, por medidas impropias, por ineptitud y por la corrupción que galopa de manera obscena por todos los estratos de las instituciones de poder, haciendo mella en la calidad de vida de la población. Hoy y gracias a esta falsa revolución y a un gobierno totalmente fuera de sí, y metido hasta los teque teque en todos los negocios sucios, incluyendo narcotráfico, corrupción y hasta terrorismo, el 81% de la población está en condición de pobreza, lo que conlleva no sólo a un descalabro social monstruoso, sino que la salud mental y física de la inmensa mayoría del país está comprometida de manera alarmante, porque la ingesta de alimentos cada vez es más precaria y escasa, lo que pone en riesgo la vida de millones de venezolanos, a quienes la cúpula militar cívica, les dio la espalda luego de utilizarlos como bastión de supuesta lucha, para luego enriquecerse vulgarmente sin compasión alguna. Más de 3 millones de venezolanos comen de la basura, ya son familias enteras que se agrupan en containers de basura cerca de los comercios, para escarbar las bolsas de desechos y llevarse a sus bocas lo que consigan en las mismas para no morir de hambre. No obstante, según cifras reales y comprobables con sólo salir a las calles y palpar la cruda realidad, 9 millones de personas comen una sóla vez al día, desprovistos de los nutrientes requeridos para estar alimentados. Este es un país donde más del 70% de nuestra población bajó de manera desmesurada de peso y talla, y se habla que en un año, hay personas que han sufrido bajas de hasta 50 kilogramos, y no precisamente como resultado de una dieta balanceada, sino como consecuencia del hambre y de la falta de ingesta de los nutrientes requeridos para tener una alimentación idónea, como son las proteínas, los carbohidratos, granos, cereales, frutas y hortalizas. Aquí se come lo que venga, lo importante es engañar el crujir de los estómagos. Esta realidad dantesca, cruel y lamentable, provocada por el gobierno más corrupto, sádico e inmoral de nuestra historia, hace que la desnutrición afecte mayoritariamente a nuestros niños y a nuestros ancianos, debido a su vulnerabilidad. Asimismo, la deserción escolar es otro tema preocupante y de alarma para la población venezolana, nuestros niños dejan de asistir a la escuela para hacer las colas junto a sus padres para llevar algo de comida a la casa; porque no tienen fuerzas para asistir a clases sin nada de comida en sus estómagos; y lo más triste, muchos se suman a un mercado laboral para ayudar con los gastos de alimentación en sus hogares. Pues bien, entre 2005 y 2015, la deserción escolar aumentó a 141.823 estudiantes de primaria y secundaria que abandonaron las aulas de clases. Vemos con dolor e indignación como muchas familias se van desagrupando, porque tienen que enviar a sus hijos donde familiares que les puedan socorrer el hambre; y los que no cuentan con la misma suerte, toman medidas más extremas, como el caso que conmovió en horas recientes a los venezolanos, donde una indígena desesperada, regaló a su hija de 4 años en Cúcuta porque no tenía como mantenerla. Nicolás Maduro y su gobierno son sinónimo de hambre, de miseria y de corrupción. Es por ello que cada día tenemos que trabajar con más fuerza y en unidad junto a nuestro pueblo, para salir de esta tragedia histórica por la vía pacífica y constitucional. No podemos resignarnos a esta vida de mendicidad y hambre, los venezolanos nos merecemos una mejor calidad de vida, pero sólo nosotros podemos poner coto a esta política de exterminio del siglo XXI, que se ha llevado todo a su paso.
Dos hermanos partieron del condado de Cork, Irlanda, con rumbo a Angostura, sobre la margen derecha del río Orinoco, en algún momento de 1817. Se habían enrolado en un contingente mercenario contratado en Londres, con ofrecimientos engañosos, por los independentistas venezolanos que combatían a las unidades escogidas del Ejército español, bajo el mando del general Pablo Morillo. Se llamaban Brendan y Jonás McGee. De acuerdo al asiento que hizo en su bitácora el sujeto que los reclutó en Dublín, Brendan era aprendiz de talabartero. De la profesión de Jonás, nada sabemos. Lo que sí es casi seguro es que ninguno de los dos había empuñado jamás un arma de fuego. Sin embargo, como tantos otros de los miles de compatriotas suyos que se alistaron, Brendan y Jonás se cuidaron mucho de admitirlo. Eran, simplemente, los hermanos menores de una familia extendida muy pobre que prefirieron correr el albur de una campaña militar en un lugar perdido en el mapa de Sudamérica a morir de hambre en Irlanda. Es sabido que en Irlanda había, desde hacía siglos, una endémica propensión a morir de hambre. El afiche que Brendan y Jonás, ambos analfabetos, se hicieron leer en una taberna dublinesa por un abogado borrachín del que solo he podido averiguar que se apellidaba Aylmer fue impreso en Londres por un tal William Walton, intérprete y plumista a sueldo del señor Luis López Méndez, designado por Simón Bolivar para llevar adelante el reclutamiento. El afiche (posiblemente hubo varias versiones) puede hoy leerse con una sonrisa en los labios porque contiene párrafos dignos de un folleto turístico. Entre líneas, parece decir: “Viaje a las regiones más fértiles de Suramérica, a orillas del soberbio Orinoco, combata por la libertad de Colombia y hágase rico durante el pujante posconflicto”. Hubo contratos que ofrecían un anticipo equivalente a 200 dólares de la época, pagaderos, desde luego, en Angostura. La causa más frecuente de los muchos sangrientos motines de legionarios que estallaron en Angostura y otros sitios de nuestra geografía fue, por supuesto, el impago del anticipo. Otro motivo para amotinarse, contra los oficiales colombo-venezolanos fue la yuca amarga. El aspecto de este tubérculo es indistinguible del de la yuca dulce, que sanchochada o a la brasa acompaña la dieta popular venezolana y otros países del vecindario. Si no aprendes a diferenciarlas y comes de la amarga, mueres por envenenamiento. Los aborígenes amazónicos descubrieron que la yuca amarga tiene altas concentraciones del letal ácido cianhídrico (o cianuro de hidrógeno), principio activo del curare, veneno con que se inficionan las flechas y dardos para la guerra y la cacería. La hambruna venezolana, como toda hambruna, no solo mata por hambre sino, también, por desesperación. Ya son muchas las muertes registradas entre los muy pobres por comer yuca amarga buscando mitigar el hambre en medio de la atroz escasez que padece Venezuela. Los niños, alimentados por sus angustiadas madres con el líquido lechoso que deja el hervor del tubérculo, mueren casi en el acto. Característicamente, Nicolás Maduro se ha limitado a advertir, con una macabra chanza televisada, que si no se aprende a diferenciar la yuca amarga de la dulce “puede haber problemas”. Jonás McGee fue reportado desaparecido en la acción de Laguna de los patos, librada en los llanos venezolanos en 1819. Su hermano Brendan fue fusilado en el Tinaco, por haber encabezado un motín de legionarios irlandeses que vieron morir envenenados a decenas de sus compañeros de armas. Les habían dado sacas de yuca para alimentarse, pero nadie les enseñó a diferenciar la dulce de la amarga.
Cuando Mariano Rajoy, presidente del Gobierno español, con todos sus matices, opta por conceder nacionalidades a políticos, periodistas o empresarios calificados en un concierto internacional como perseguidos políticos, expresa, quiérase o no, un acuerdo común europeo. Y eso descoloca al Gobierno de Nicolás Maduro más que el recordado “Por qué no te callas? Del rey emérito Juan Carlos a Hugo Chávez en 2007, tanto por la espontánea reacción como por la falta de una capacidad de respuesta con respaldos automáticos. Si aquella frase entre el monarca y el fallecido mandatario quedó más como un espectáculo de micrófonos que como brecha con la Unión Europea, el escenario de hoy sí radiografía la fractura, aunque el manejo diplomático tienda siempre a suavizar la herida. Febrero de 2014 cambió rumbos, y la detención de Leopoldo López, líder de Voluntad Popular más el sometimiento a un juicio cargado de penumbras, testigos encapuchados y una sentencia a 14 años de cárcel que sería incluso revelada como “amañada” por el triste fiscal que huyó para luego cantar desde la comodidad de EEUU, tejieron relaciones en el viejo continente y América para prender nuevamente las alarmas sobre la represión y persecución por los revolucionarios en Venezuela. España torcía la cara y lo hacía en coro con la UE que por lo pronto se le notaba menos. Las prácticas de Maduro de perseguir y encarcelar a opositores, a editores de medios y otras figuras fue su promesa electoral traducida en hechos, la radicalización de la revolución, entendida más como un giro de tuerca para cargar de espantos y aplacar movilizaciones. Pero la Unión Europea respondería a través de Mariano Rajoy y España, cosa que sigue haciendo hasta hoy al nacionalizar a los perseguidos que llegan. Maduro se voltea y ofende al ibérico, pero no ve más allá. No es capaz de olfatear que, pese a ser una decisión soberana del Estado Español está tomada desde una abierta consulta con todo el gabinete ministerial, con la corona, y claramente con tutores de la UE que defienden las normas del club. Maduro no descifra que la comunidad europea deslegitima desde hace rato a la justicia venezolana y su Gobierno al votar en Bruselas (501 a favor 94 en contra y 73 abstenciones), en favor de la libertad de los presos políticos venezolanos, o al permitir desde el bloque supranacional, la protección con la nacionalidad española, a hombres como Miguel Henrique Otero, presidente Editor del Diario El Nacional, Leopoldo López Gil, padre del dirigente político Leopoldo López y miembro del Consejo Editorial de El Nacional, Lester Toledo, diputado zuliano y dirigente de Voluntad Popular y hasta Guillermo Zuloaga, que figuró en las primeras actas constitutivas del canal Globovisión antes que pasara a manos afines del Gobierno tras negociaciones hostiles contra el manejo editorial de Alberto Federico Ravell, otro editor perseguido, pero que logró un exilio a tiempo. Suerte contraria a la de Teodoro Petkoff, de Tal Cual, que ya no pudo salir del país. Y entonces Maduro promete a Rajoy que se le “reventarán los dientes” si se mete con Venezuela. El Presidente se aferra así a una lucha casi personal, al mejor estilo de su predecesor, buscando el enemigo que todo lo justifica, desde los golpes de Estado hasta el hambre. Mientras, la Unión Europea escolta a su miembro que a lo interno busca quitarse manchas de corrupción salpicadas por su partido, de una política económica que aprieta y empieza a cumplir al bloque, aunque a grandes sacrificios, pero que además tiende una mano a perseguidos venezolanos que califican para ser miembros de la UE pese a las sentencias, órdenes y calificaciones de la justicia venezolana, incluyendo al mismo Maduro. Si el bloque europeo considerara como duda razonable el argumento de la justicia revolucionaria en sus acusaciones de conspiración, difamación y agravio, al menos Miguel Henrique Otero y Leopoldo López Gil entrarían a revisión en España, pero la ayuda fue automática, aún más sabiendo que la causa por la que se les dictó prohibición de salida del país representaba un ataque directo a la libre prensa y también al liderazgo de Leopoldo López desde la cárcel. Diosdado Cabello, quien la impulsó, copó centimetraje en el Diario El Nacional, La Patilla, Tal Cual y otros medios regionales, como miembro de un cartel de droga administrado desde el poder del Gobierno venezolano. La investigación estallaba por el Diario ABC de España y los medios en Venezuela replicaban. El escenario daría incluso para analizar la posición del concierto europeo sobre la figura de Cabello. Dan protección a los acorralados por el señalado internacionalmente como narcotraficante. En pocas palabras confían primero en ABC antes que en los jueces venezolanos. España y la UE tampoco consiguen solidez en la causa contra el legislador zuliano Lester Toledo y se le otorga la nacionalidad. No valen ante Europa las acusaciones de terrorismo diseñadas en Venezuela. España acoge a otro perseguido y Rajoy dice que es parte del carácter protector de la democracia y las libertades que profesa su país. De hecho, lo nombra y describe su caso en artículo publicado en el Diario El País de Madrid. Los partidos PP, PSOE y Ciudadanos dan tribuna en el Congreso de los Diputados, a él, al joven Gabriel San Miguel, también líder perseguido de VP, y a Leopoldo López Gil, los escuchan y apoyan, salvando el voto de los morados de Podemos, aliados y negociadores con Chávez y Maduro. La UE hace coro al darle palabra a Toledo en el Parlamento Europeo y hasta la ONU que lo recibe en Ginebra como perseguido político. Antes lo ha hecho Almagro en la OEA y también Washington que abre puertas. Pero Maduro no interpreta la lectura, lo circunscribe a una España contraria y poco amigable, refuerza su sentimiento antihispánico y anacrónico nutrido de historias de la colonia y eso vende al pueblo, sin perderle pisada a Chávez, que usó ese discurso más como efervescencia nacionalista sin efectos en la hipocresía de la diplomacia. El Rey Felipe estuvo en su funeral. Maduro no desgaja el todo de un bloque europeo que recibe y potencia a los venezolanos que persigue y que, sencillamente, no cree en sus causas montadas de terrorismo. Y así va Europa con respecto a Venezuela, y Maduro solo quiere reventarle los dientes a Rajoy.
La MUD ha anunciado su reestructuración como resultado de la crisis que la atrapó desde el año pasado. Uno de los elementos fundamentales es la salida de su Secretario Ejecutivo, Chúo Torrealba, sin que formalmente se sepa por qué sale de ese cargo: ¿qué no hizo bien? ¿Qué ha debido hacer y no hizo? ¿Fue por el “diálogo”? ¿Y los que lo acompañaron? ¿Por qué es mejor una Secretaría colectiva que una individual? Ahora hay tres nuevos secretarios y el Coordinador General. Iban a ser figuras más o menos administrativas y los voceros serían, en forma rotativa, los jefes de los partidos. Lo cierto es que no se ha cumplido ni una cosa ni otra. Los nuevos secretarios aparecen con frecuencia en los medios porque son figuras públicas; y los voceros partidistas hablan a nombre de sus partidos pero no de la MUD reloaded. Además se ha consagrado un Reglamento absurdo por antidemocrático: unos partidos son más iguales que otros, con mayor número de votos que otros, a los que se estima minoría. En vez de hacer buena la idea de “un ciudadano, un voto” y “un partido, un voto”, la cosa pasa a ser lo mismo de antes: tres o cuatro partidos deciden y los demás son… minoría, con el sustento de algunas encuestas. Por cierto, sin tomar en cuenta que la democracia es el sistema en el que se impide la tiranía de la mayoría mediante el respeto hasta de la más ínfima de las minorías. En fin, la MUD parece haber finalizado su ciclo, con éxitos y derrotas, como le ocurrió a la Coordinadora Democrática. El problema de fondo es el de los objetivos. Hay un sector que considera útil cohabitar con Maduro y su régimen, que utiliza la mampara del “diálogo” y afirma: o dialogamos o nos matamos. Saben que el régimen solucionó esa disyuntiva hace rato, pues el gobierno “dialoga” y mata al mismo tiempo. Existen otros que están en una posición opuesta y son los que querrían que el régimen terminara ya; a su vez subdivididos en dos: los que no lo ven posible o aprecian que el esfuerzo para lograrlo es muy empinado, se decantan por unas elecciones de gobernadores, con la esperanza –sin fundamento conocido- de que van a tener lugar pronto. Y los otros, que piensan que hay que unir todas las fuerzas para la salida inmediata del régimen, en el entendido de que si no se procura este objetivo, las elecciones regionales en las que ganaría la oposición y hasta el cambio de régimen en 2019 se irían por la alcantarilla. Estas contradicciones, lejos de ser una tragedia, más bien crean el ambiente para que surja una verdadera unidad para ponerle fin al régimen.
Resulta que ahora sí nos gusta Donald Trump. Bastaron una foto y un mensaje twitter para nos brillaran los ojos y empezáramos a ver a Donald Trump de una manera diferente. Ya no es el ogro antihispano, antiinmigrantes, posible riesgo para los montones de venezolanos en Florida. Ahora es una nueva esperanza. No me cabe duda de que la foto de la esposa de Leopoldo López entre el Presidente y el Vicepresidente de Estados Unidos, y al lado el popular senador republicano y de correcto español Marco Rubio, y el mensaje personal de Trump por twitter casi de inmediato, conforman un mensaje claro y más poderoso que las sanciones contra el Vicepresidente de Venezuela. Las sanciones son una medida interna de Estados Unidos -impactante en su política exterior, pero interna y referida a delitos investigados dentro del territorio estadounidense- mientras que la foto en la Casa Blanca con el Poder Ejecutivo y el Senado estadounidenses, y la exigencia por escrito del propio Donald Trump de liberar a Leopoldo López, constituyen una toma de posición oficial del Gobierno de Estados Unidos. Eso no significa, sin embargo, que venga la poderosa Flota del Caribe ni que los marines desembarquen, ni que los bombarderos Stealth bombardeen Fuerte Tiuna ni Miraflores, ni que la CIA -a pesar de lo que algunos camaradas a ultranza sigan anunciando- vaya a llenar Venezuela de agentes operativos y asesinos entrenados. Mucho menos significa que los venezolanos podamos seguir sentados y aguantando colas en espera de que alguien venga a liberarnos, ni a los ciudadanos hartos ni a Leopoldo López. El trabajo sigue siendo nuestro, los demás países y la OEA y diversos Senados pueden declarar y protestar todo lo que quieran, pero la decisión es de los que vivimos aquí. Diferente y curiosa ha sido la actitud del Presidente Maduro, quien cuando Donald Trump había dicho apenas algunas vaguedades simbólicas sobre Venezuela, lo llamó bandido y ladrón, pero no mucho tiempo después cambió de táctica -no sé si por Tintori en la Casa Blanca o por las sanciones a su hombre de confianza real o presunta- y dejó firme y repetitivamente claro que no quiere problemas con el atropellador estadounidense y hasta que quería una foto de ambos, el venezolano en liquiliqui. Da la impresión de que el Presidente de Venezuela, que también ha realizado virajes bruscos con el Presidente de Gobierno de España, no está claro tampoco en cómo tratar al dueño de Mar-a-Lago ni qué esperar de él (en esto último hay que reconocer que coincidiría con unos cuantos jefes de estado). Tampoco estaría muy seguro en lo que se refiere a España, quizás le cueste comprender cómo el Gobierno de centroderecha dirigido desde la Moncloa sea tan político y cuidadoso con lo que en Caracas se hace, mientras los medios de comunicación españoles, incluyendo algún programa de la cadena estatal de televisión, sean tan duros críticos y hasta se burlen del propio Presidente Maduro y sus decisiones y anuncios. Lo que sí está claro en Venezuela es que tanto la oposición como el partidismo oficialista están bastante divididos entre sí, pero más allá de lo que ambos grupos decidan, los ciudadanos de a pie, los de las colas interminables, los que sienten cómo los bolívares se les convierten en arena, los atracados, los que llevan 17 años esperando promesas que no son más que mentiras y delirios, no podemos darnos el lujo de dividirnos ni de seguir esperando la tan mencionada ayuda internacional. Porque no va a venir, no hay playas de desembarco, campos para paracaidistas ni comisiones de peso más allá de los mensajes y declaraciones habituales. Lo que suceda en el país será lo que los venezolanos de barrios y parroquias queramos que pase, lo que decidamos que pase. Tenemos la oposición por la cual hemos votado y a la que hemos escuchado y seguido. Y también tenemos el Gobierno por el cual votamos y al cual escuchamos, y que hoy Maduro y sus camaradas se las hayan ingeniado para perder la gran mayoría del apoyo y la fe que los llevó al poder, no significa que hayan llegado allí sin respaldo mayoritario. Un Chávez moribundo nos dijo que debíamos elegir a Nicolás Maduro para sucederlo, y lo elegimos. Un Henrique Capriles nervioso o presionado o asustado -no sabemos qué pasó por su cabeza esa mañana- nos dijo que todo estaba bien y que nos fuéramos a casa, y nos fuimos. Maduro es Presidente, nos guste o no, y Capriles no lo es, nos guste o no. Llevamos casi 20 años en eso, para no contar años anteriores de quienes tenemos más edad y más elecciones a cuestas. Siguiendo consignas bonitas, apasionándonos por figuras como si fueran equipos de béisbol, pura emoción, nada de razón. Votamos, pero no pensamos. Protestamos, nos molestamos, nos desilusionamo, pero nada hacemos, nos sentamos a esperar al nuevo Mesías que vendrá a resolvernos los problemas que no somos capaces de decidirnos a resolver nosotros mismos. Donald Trump se manifiesta igual que otros han hecho antes, la diferencia es una foto -y no lo digo de manera despectiva-, pero en verdad ha dicho cosas menos duras que Mauricio Macri y Pedro Pablo Kuczinski o el Canciller de Paraguay, por ejemplo. Quienes se oponen a Maduro y al desastre socialista, están agradecidos, pero ellos están en lo suyo, en sus prioridades en Buenos Aires, en Lima y en Mercosur, Rajoy en Madrid, Trump en Washington, Loizaga en Asunción.
Resulta que ahora sí nos gusta Donald Trump. Bastaron una foto y un mensaje twitter para nos brillaran los ojos y empezáramos a ver a Donald Trump de una manera diferente. Ya no es el ogro antihispano, antiinmigrantes, posible riesgo para los montones de venezolanos en Florida. Ahora es una nueva esperanza. No me cabe duda de que la foto de la esposa de Leopoldo López entre el Presidente y el Vicepresidente de Estados Unidos, y al lado el popular senador republicano y de correcto español Marco Rubio, y el mensaje personal de Trump por twitter casi de inmediato, conforman un mensaje claro y más poderoso que las sanciones contra el Vicepresidente de Venezuela. Las sanciones son una medida interna de Estados Unidos -impactante en su política exterior, pero interna y referida a delitos investigados dentro del territorio estadounidense- mientras que la foto en la Casa Blanca con el Poder Ejecutivo y el Senado estadounidenses, y la exigencia por escrito del propio Donald Trump de liberar a Leopoldo López, constituyen una toma de posición oficial del Gobierno de Estados Unidos. Eso no significa, sin embargo, que venga la poderosa Flota del Caribe ni que los marines desembarquen, ni que los bombarderos Stealth bombardeen Fuerte Tiuna ni Miraflores, ni que la CIA -a pesar de lo que algunos camaradas a ultranza sigan anunciando- vaya a llenar Venezuela de agentes operativos y asesinos entrenados. Mucho menos significa que los venezolanos podamos seguir sentados y aguantando colas en espera de que alguien venga a liberarnos, ni a los ciudadanos hartos ni a Leopoldo López. El trabajo sigue siendo nuestro, los demás países y la OEA y diversos Senados pueden declarar y protestar todo lo que quieran, pero la decisión es de los que vivimos aquí. Diferente y curiosa ha sido la actitud del Presidente Maduro, quien cuando Donald Trump había dicho apenas algunas vaguedades simbólicas sobre Venezuela, lo llamó bandido y ladrón, pero no mucho tiempo después cambió de táctica -no sé si por Tintori en la Casa Blanca o por las sanciones a su hombre de confianza real o presunta- y dejó firme y repetitivamente claro que no quiere problemas con el atropellador estadounidense y hasta que quería una foto de ambos, el venezolano en liquiliqui. Da la impresión de que el Presidente de Venezuela, que también ha realizado virajes bruscos con el Presidente de Gobierno de España, no está claro tampoco en cómo tratar al dueño de Mar-a-Lago ni qué esperar de él (en esto último hay que reconocer que coincidiría con unos cuantos jefes de estado). Tampoco estaría muy seguro en lo que se refiere a España, quizás le cueste comprender cómo el Gobierno de centroderecha dirigido desde la Moncloa sea tan político y cuidadoso con lo que en Caracas se hace, mientras los medios de comunicación españoles, incluyendo algún programa de la cadena estatal de televisión, sean tan duros críticos y hasta se burlen del propio Presidente Maduro y sus decisiones y anuncios. Lo que sí está claro en Venezuela es que tanto la oposición como el partidismo oficialista están bastante divididos entre sí, pero más allá de lo que ambos grupos decidan, los ciudadanos de a pie, los de las colas interminables, los que sienten cómo los bolívares se les convierten en arena, los atracados, los que llevan 17 años esperando promesas que no son más que mentiras y delirios, no podemos darnos el lujo de dividirnos ni de seguir esperando la tan mencionada ayuda internacional. Porque no va a venir, no hay playas de desembarco, campos para paracaidistas ni comisiones de peso más allá de los mensajes y declaraciones habituales. Lo que suceda en el país será lo que los venezolanos de barrios y parroquias queramos que pase, lo que decidamos que pase. Tenemos la oposición por la cual hemos votado y a la que hemos escuchado y seguido. Y también tenemos el Gobierno por el cual votamos y al cual escuchamos, y que hoy Maduro y sus camaradas se las hayan ingeniado para perder la gran mayoría del apoyo y la fe que los llevó al poder, no significa que hayan llegado allí sin respaldo mayoritario. Un Chávez moribundo nos dijo que debíamos elegir a Nicolás Maduro para sucederlo, y lo elegimos. Un Henrique Capriles nervioso o presionado o asustado -no sabemos qué pasó por su cabeza esa mañana- nos dijo que todo estaba bien y que nos fuéramos a casa, y nos fuimos. Maduro es Presidente, nos guste o no, y Capriles no lo es, nos guste o no. Llevamos casi 20 años en eso, para no contar años anteriores de quienes tenemos más edad y más elecciones a cuestas. Siguiendo consignas bonitas, apasionándonos por figuras como si fueran equipos de béisbol, pura emoción, nada de razón. Votamos, pero no pensamos. Protestamos, nos molestamos, nos desilusionamo, pero nada hacemos, nos sentamos a esperar al nuevo Mesías que vendrá a resolvernos los problemas que no somos capaces de decidirnos a resolver nosotros mismos. Donald Trump se manifiesta igual que otros han hecho antes, la diferencia es una foto -y no lo digo de manera despectiva-, pero en verdad ha dicho cosas menos duras que Mauricio Macri y Pedro Pablo Kuczinski o el Canciller de Paraguay, por ejemplo. Quienes se oponen a Maduro y al desastre socialista, están agradecidos, pero ellos están en lo suyo, en sus prioridades en Buenos Aires, en Lima y en Mercosur, Rajoy en Madrid, Trump en Washington, Loizaga en Asunción.
Bajo el título “Expedientes prefabricados” abordaremos causas penales que reflejan la iniquidad del Poder Judicial venezolano, como el del larense Neif Antonio Gebran Frangie, que está sometido a un proceso judicial sin delito porque en Venezuela no hay justicia. En su caso no existe delito alguno, ni hecho que merezca ser sometido a tribunales penales, luciendo la Constitución de 1999, garantista de los derechos humanos, incompatible con las acciones de persecución, escarnio público e intimidación que padece junto a su familia, bajo señalamientos sin fundamento, los cuales no han sido comprobados por el Ministerio Público ni controvertida su veracidad en Juicio Oral y Público. El acoso en su contra se inició en octubre de 2012 en el estado Lara, a partir de información errada suministrada por un delator anónimo. Contrariando disposiciones legales y dictámenes de la Fiscal General de la República, Dra. Luisa Ortega Díaz, relativos a denuncias anónimas, el Sistema Judicial venezolano forjó la causa penal identificada con el N° 9C-18371-13 del Tribunal de Primera Instancia en Funciones Noveno (9º) de Control de la Circunscripción Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas, fijándole vínculo con una supuesta organización criminal, a la par de una campaña de difamación con una escalada de contenidos informativos de origen desconocido, divulgados por medios impresos regionales y portales web a modo de hecho noticioso. La inexactitud de información extraída de documentos obtenidos mediante allanamientos a inmuebles personales y de su familia, también evidencia el carácter fraudulento de la información de fuente anónima empleada como instrumento obligado para relacionarlo con actividades ilícitas, sin que consten antecedentes policiales o penales que lo sindicasen. Esa inexactitud opera como negación de la información obtenida de la denuncia anónima y que constituye el vértice de la criminalización de Neif Antonio Gebran Frangie y su familia, convirtiéndola en una actuación trágica en el mundo jurídico cuyas consecuencias más extremas son la conculcación del acceso a la justicia y la violación del debido proceso, específicamente de la presunción de inocencia. La conducta antigarantista del Sistema Judicial Venezolano, especialmente de los jueces avocados al conocimiento de la causa por la no realización del juicio, principalmente la actuación de la Juez Denisse Bocanegra Díaz, cuyo despacho fue intervenido por la Inspectoría General de Tribunales por presuntas irregularidades, produjo el quebrantamiento de la confianza en la administración imparcial de justicia, tomando en consideración que han transcurrido cuatro (04) años y cuatro (04) meses desde el inicio del proceso. El pase a la Fase de Juicio hubo de producirse sin dilaciones indebidas, como las reconocidas por la Sala de Casación Penal del Tribunal Supremo de Justicia en la Sentencia Nro. 366 del 24 de octubre de 2013, admitiendo expresamente la existencia de “retardo procesal” en la celebración de la Audiencia Preliminar. Obviamente, en Venezuela no hay garantías de juicio justo, menos en un proceso que sólo buscó el destierro de Gebran Frangie y el uso y abuso de bienes producto de su trabajo y el de su familia, porque jamás podrán vincularlo con los delitos que pretendieron atribuirle por su presunta conexión con Germán Arturo Arenas Rodríguez, quien es el único procesado en este caso en haber recibido un beneficio procesal consistente en una medida cautelar sustitutiva de libertad, sin que se presentará acusación en su contra, pero no se hizo efectivo el efecto extensivo de esta medida a los demás procesados como es el caso de Neif Antonio Gebran Frangie. Desde el campo político lo criminalizaron, por el sólo hecho de su disidencia ciudadana en la contienda electoral del año 2012, sufragios en los cuales el partido de gobierno, el PSUV, tuvo como candidato a la Gobernación del estado Lara a Luis Reyes Reyes, con altos niveles de rechazo que obligaron a su tolda política a recurrir a “medidas ejemplarizantes” que permitieran elevar su aceptación. Por intermedio de sus hermanos, Anibal Rafael Reyes Reyes y Belkis Maria Reyes De Burgos, hermanos de Luis Reyes Reyes, la última de éstos esposa de Ismael Antonio Burgos Urquiola, para la época Diputado del PSUV a la Asamblea Nacional por el estado Lara, el candidato del PSUV pretendió ejercer control sobre la actuación natural de este empresario en respaldo a su campaña electoral, al no acceder, los demonios rojos lanzaron la temeraria arremetida política judicial en su contra.
Al menos 405 cadáveres fueron ingresados a la morgue de Bello Monte durante el mes de febrero, así lo reportó la periodista de sucesos Altagracia Anzola. Lapatilla.com Asimismo, indicó que durante el asueto de Carnaval -de viernes a miércoles- fueron ingresados 78 cadáveres. Uno de los casos registrados fue el de un niño de 5 años de edad, identificado como José Miguel Toro, quien murió el lunes en el Hospital Domingo Luciani, tras permanecer allí desde el 1 de enero cuando fue herido de bala. El niño estaba con su familia recibiendo el Año Nuevo en una vivienda en Mamporal, región Barlovento del estado Miranda, cuando dos delincuentes abrieron fuego contra la casa donde se reunieron tres familias, dejando el saldo de 11 heridos. El dueño de la residencia murió y los heridos fueron llevados a distintos centros asistenciales, entre ellos el pequeño de 5 años, a quien el disparo le afectó el intestino grueso y delgado, razón por la que fue operado cinco veces. En ese mismo hecho resultó herida María Salas (35), quien tenía 8 meses de embarazo y perdió con los disparos a su bebe.