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Por qué los bebés de Finlandia duermen en cajas de cartón
Por qué los bebés de Finlandia duermen en cajas de cartón
Ciencia EducacionporAnónimo1/28/2015

Durante 75 años, las mujeres embarazadas en Finlandia han recibido cajas de cartón del Estado. Es como un paquete inicial con ropa, sábanas y juguetes que a su vez puede ser usado como camita. Muchos argumentan que esta política ha ayudado a que el país nórdico sea una de las naciones con menor tasa de mortalidad infantil en el mundo. Se trata de una tradición que data de la década de los años 30 y busca dar a todos los niños finlandeses, sin importar su condición social, un comienzo de vida equitativo. El paquete de maternidad, un regalo del gobierno, está disponible para todas las que esperan un bebé. Contiene monitos, sacos de dormir, ropa para el aire libre, productos para el baño, así como pañales y un colchón pequeño. Con el colchón en el fondo, la caja se convierte en la primera cama del bebé. Muchos niños tienen su primera siesta dentro de la seguridad que brindan las paredes de cartón. Las madres pueden escoger entre tomar la caja o recibir efectivo (unos US$214), pero el 95% opta por la caja, pues su valor es mucho mayor. Esta tradición nació en 1938. Al principio era sólo para familias de bajos recursos, algo que cambió en 1949. "No sólo fue ofrecido a todas las futuras madres, sino que la nueva legislación también significó que, para obtener la caja, tenían que visitar a un médico y una clínica pública prenatal antes de los cuatro meses de embarazo", cuenta Heidi Liesivesi, quien trabaja en Kela, la institución de seguridad social finlandesa. La caja les daba a las madres lo que necesitaban para cuidar a sus bebés, pero también ayudaba a guiar a las mujeres hacia los brazos de los profesionales de la salud del Estado de bienestar naciente de Finlandia. Cambio brusco En Finlandia, el índice de mortalidad por nacimientos ha bajado de más de 70 por cada 1.000 bebés a menos de cinco. En los años 30, el país nórdico era muy pobre y la mortalidad infantil era alta, con 65 muertes por cada 1.000 nacimientos. Pero estos datos mejoraron rápidamente en las décadas siguientes. Mika Gissler, un profesor del Instituto Nacional de la Salud y Bienestar en Helsinki, ofrece varias razones para esto: a la caja de maternidad y los cuidados prenatales para todas las mujeres en los años 40 les siguieron, en los 60, un sistema de seguridad social nacional y una red de hospitales centralizada. Con 75 años, la caja está ahora institucionalizada en Finlandia como la transición hacia la maternidad, algo que une a varias generaciones de mujeres. Reija Klemetti, de 49 años, vive en Helsinki. Recuerda ir a la oficina de correos y recoger la caja de uno de sus seis hijos. "Era emocionante recibirla y que de alguna forma fuera la primera promesa de bebé. Mi mamá, mis amigos y mis familiares estaban ilusionados con ver qué tipo de cosas recibiría y qué colores habían escogido para ese año". Su suegra, de 78 años, contó en gran medida con la caja cuando tuvo al primero de sus cuatro hijos en los años 60. En ese punto, tenía poca idea de lo que podía necesitar. Más recientemente, la hija de Klemetti, Solja, compartió con 23 años la emoción que su madre sintió una vez, cuando se hizo poseedora de la "primera cosa substancial" incluso antes que el bebé. Ahora tiene dos hijos. "Es fácil saber en qué año nacieron los bebés, porque cada año cambia un poco la ropa que viene. Está bien comparar y pensar 'ese niño nació el mismo año que el mío'", dice Titta Vayrynen, una madre de 35 años que tiene dos hijos. "Las más felices" Algunas familias no podrían costear el contenido de la caja si no fuera gratuito, a pesar de que para Vayrynen fue más una cuestión de ahorrar dinero. Ella trabajaba muchas horas cuando quedó embarazada de su primer hijo y agradeció no tener que buscar tiempo para salir de compras y comparar precios. "Hubo un reciente informe en el que se asegura que las madres finlandesas son las más felices del mundo y la caja es una de las cosas que me vienen a la mente. Nos cuidan muy bien, incluso ahora que algunos servicios públicos han sido recortados", agrega Vayrynen. Cuando tuvo a su segundo hijo, Ilmari, ella optó por el dinero en efectivo en lugar de la caja y sencillamente volvió a usar todo lo que le habían dado para su primogénito Aarni. Un niño también puede pasarle ropa a una niña y viceversa, pues los colores son deliberadamente neutrales. El contenido de la caja ha cambiado bastante con el paso de los años. Durante las décadas del 30 y del 40, tenían telas porque las madres estaban acostumbradas a confeccionar ropa de bebés. Pero durante la Segunda Guerra Mundial, el algodón y los tejidos eran requeridos por el Ministerio de Defensa, así que en las cajas había sábanas de papel y un cobertor de tela. En los años 50 hubo un incremento de la ropa fabricada, y en los 60 y 70 la indumentaria incorporó nuevas telas elásticas. Sin desechables ni biberones El saco de dormir apareció en 1968 y al año siguiente hubo pañales desechables por primera vez. Pero no por mucho tiempo. Con la llegada del nuevo siglo, retiraron los pañales desechables y regresaron los de tela, cumpliendo con lineamientos de protección del medio ambiente. Motivar una buena maternidad y paternidad siempre ha sido parte de la política de la caja. "Los bebés solían dormir en la misma cama que sus padres y se recomendó dejar de hacerlo", explica Panu Pulma, profesor de historia finlandesa y nórdica en la Universidad de Helsinki. "Incluir la caja como cama significó que la gente empezó a dejar que sus bebés durmieran aparte". En determinado momento, las botellas de bebés (biberones o teteros) y los chupetes o chupones fueron retirados para promover la lactancia materna. "Uno de los principales objetivos de todo el sistema ha sido lograr que las mujeres den más el pecho", dice Pulma, quien agrega que "ha funcionado". El experto también piensa que incluir un libro de cuentos ilustrado ha tenido un efecto positivo, pues motiva a los niños a manipular libros y, un día, a leerlos. Además de todo esto, Pulma asegura que esta caja es un símbolo. Un símbolo de la idea de igualdad y de la importancia de los niños.

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8 inventos olvidados que Tesla descubrió antes que nadie
8 inventos olvidados que Tesla descubrió antes que nadie
Ciencia EducacionporAnónimo1/29/2015

Aunque poco a poco Nikola Tesla, ese gran olvidado durante el siglo XX, va recuperando el lugar que se merece en la historia, todos los días continuamos utilizando diversos aparatos y tecnologías que él ideó cuando otros sólo se atrevían a soñarlos. Tesla amaba la ciencia pero miraba con cierto desdén los negocios. Esto provocó que muchos de sus inventos no fuesen puestos bajo protección de patentes o que otros se los robasen sin mucha consideración. Aquí van 8 inventos olvidados que el genio descubrió antes que nadie: La radio Probablemente el "robo" más flagrante que nunca le hicieron a Tesla. En colegios, en las tarjetas de Trivial o simplemente en la cultura general la respuesta a quién fue el inventor de la radio es siempre la misma: Guglielmo Marconi. Fue Tesla sin embargo el principal padre del invento y Marconi el que, simplemente, jugó mejor sus cartas. Entre ellas utilizar 17 de las patentes de Tesla. Marconi manejó mejor a la prensa, se alió con Edison y en 1901 consiguió transmitir la letra S en código Morse a través del Atlántico. Años más tarde, en 1909, un Nikola Tesla deprimido tuvo que ver cómo Marconi ganaba el Nobel gracias a su descubrimiento. La denuncia no se resolvió hasta varias décadas después y justo en medio de la Segunda Guerra Mundial, en 1943, cuando Tesla y Marconi ya habían muerto. Rayo de la muerte Un nombre espectacular para un invento espectacular. El Rayo de la Muerte era una gigantesca maquinaria que Tesla construyó y que tenía un enfoque principalmente bélico, aunque él siempre se empeñó en defender el valor científico de su invento más allá del ámbito militar. Nunca llegó a terminarse, ni siquiera con las presiones del gobierno de Estados Unidos al llegar la Segunda Guerra Mundial pero la propaganda lo definía como "un arma de 60 millones de voltios capaz de exterminar a 300 kilómetros de distancia". Tesla. Corriente alterna Es cierto que probablemente sea el descubrimiento que más se le ha reconocido, pero incluso con eso es probable que nunca recuerdes al llegar a casa y encender la luz,o al enchufar y poner a cargar tu smartphone, que le debes una a Tesla. La guerra que el inventor mantuvo con Edison por extender el uso de la corriente es de sobra conocida, y Tesla la ganó cuando se instaló una central de corriente en las cataratas del Niágara. Desde entonces ha sido el método más usado en todo el mundo para transportar la electricidad desde las centrales hasta donde sea necesaria. Bobina de Tesla No es su invento más útil pero se continúa enseñando en escuelas con fines didácticos. Afortunadamente, el instrumento lleva su nombre y es fácil reconocer su autoría. Elaborado a partir de la teoría del condensador de descarga que había descubierto Lord Kelvin varias décadas antes, la intención original del inventor era usarlo para generar y transmitir inalámbricamente energía (lo que hoy conocemos como Witricity). Motor polifásico de inducción El motor polifásico de inducción, aunque poco conocido según qué ámbito, se continúa utilizando a día de hoy en algunas áreas. En este tipo de motor la corriente está rotando todo el rato, y en su propia rotación hace girar mediante inducción el rotor. No es el tipo de motor más común, ni el más conocido, pero fue inventado por Tesla en una época en la que el hombre todavía estaba descubriendo cómo moverse adecuadamente en automóvil. Aeroplano de despegue y aterrizaje vertical O lo que es lo mismo: un helicóptero. Aunque lo que Tesla llegó a inventar realmente se puede considerar un precursor primitivo y el descubrimiento como tal se lo podemos atribuir al español Juan de la Cierva y su autogiro, lo interesante es ver cómo Tesla describía el aparato y auguraba que en un futuro sería un instrumento básico para la industria y el comercio. No se equivocó. Terapia mecánica Hoy en día la terapia mecánica, o vibratoria, se utiliza habitualmente en varias áreas de la Medicina y la Fisioterapia. Tesla descubrió accidentalmente sus beneficios un día que se subió a una gran máquina que estaba probando. Las vibraciones de la misma se transmitieron a su cuerpo e intrigado por la sensación y por el cosquilleo instó a sus asistentes que la probaran. Para sorpresa de Tesla, unos minutos más tarde sintieron todos unas ganas irrefrenables de ir al cuarto de baño. Aunque él todavía no lo sabía, había conseguido replicar en cierta manera los movimientos peristálticos que mueven el alimento por el tubo digestivo. Teleautómata Aunque hoy en día no hay nada que se parezca del todo al teleautómata de Tesla, podemos considerarlo como una mezcla intermedia entre el primer submarino que perfeccionaría años más tarde Isaac Peral y los primeros vehículos a control remoto. El Teleautómata (deTeleautomaton, el nombre con el que fue presentado) era un dispositivo capaz de codificar y descodificar ondas hertzianas directamente desde el dispositivo. Aunque era un método algo rudimentario, todo esto ocurrió casi 50 años antes de la invención del primer transistor y de las primeras puertas lógicas AND/OR. Los electrónica, los robots o los drones le deben mucho a ese primer Teleautomaton de Tesla.

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La historia del experimento de Stanford
La historia del experimento de Stanford
Ciencia EducacionporAnónimo3/31/2015

Esta es la historia del experimento de Stanford, una prueba de la Facultad de Psicología que se les acabó yendo de las manos a todos. Todavía hoy, 44 años después, es un caso de estudio en las facultades de Psicología y Sociología, y fruto de polémica por sus implicaciones éticas y morales. En 1971 se llevó a cabo un experimento psicológico sobre la influencia de un entorno extremo como el de la vida de un preso en las conductas de las personas y su evolución a lo largo del tiempo. Tanto para los presos como para sus carceleros. Tuvo lugar en la cárcel de Stanford, y desde entonces se le conoce como "El experimento de la cárcel de Stanford" o, simplemente, "El experimento de Stanford". Todavía hoy, 44 años después, es objeto de estudio en las facultades de psicología y sociología. Y eso que tuvo que ser cancelado bastante antes de lo previsto. Sus consecuencias fueron mucho más duras de lo que se llegó a prever. Los investigadores El equipo de investigación estaba capitaneado por Philip Zimbardo, que debutó en la Universidad de Stanford tres años antes, y es un personaje célebre en Psicología Social y estudios sobre el comportamiento desde entonces. El estudio arrancó con recursos procedentes del ejército estadounidense, que quería entender las causas de los conflictos en sus prisiones. Philip Zimbardo días antes del comienzo del experimento. Asimismo, Zimbardo quería probar su teoría, que decía que muchos de los abusos vividos en dichas prisiones tenían su origen en cierta "autoselección" mediante la cual tanto cautivos como guardianes (prisioneros vs carceleros) adoptaban y asumían sus roles, y en base a sus guiones tenían lugar todas las situaciones posteriores. Prisioneros y guardianes Todos los participantes fueron escogidos mediante un proceso de selección homogéneo, sin distinguir entre prisioneros y guardianes. De los 70 candidatos,el equipo de investigadores se quedó con 24, imponiendo el equilibrio mental y una buena salud psicológica como principales factores de selección. De los 24, todos eran estudiantes universitarios y la mayoría respondían al habitual perfil de varón blanco de clase media. Recorte del anuncio en el periódico en el que se pedían candidatos para el experimento. A todos ellos se les prometió un pago de 15 dólares diarios por su contribución a la investigación (según un cálculo rápido, equivalentes a 88.5 dólares diarios de 2015). Una vez aceptaron, el grupo se dividió en dos de forma aleatoria. Aquella primera división causó el primer conflicto: muchos de los prisioneros decían que era evidente que los guardianes habían sido escogidos por tener en general un físico más rocoso y grande que el de los prisioneros. En realidad el sorteo había sido tal, sin una influencia hacia un resultado determinado, y ni siquiera había diferencias reales entre el físico de unos y otros. Más bien fue producto de la sugestión de los que quedaron en el papel de prisioneros, lo cual dice bastante de cómo iba a continuar el experimento. Una vez fueron seleccionados los 24, se les mandó regresar a sus casas hasta que recibieran una visita que indicase que el experimento daría comienzo. Recuerden la parte de la "visita" para más adelante. La cárcel Aunque habitualmente se suele hablar de este experimento como el que "tuvo lugar en la cárcel de Stanford", no tuvo lugar en una verdadera cárcel. Pero casi. Los sótanos del Departamento de Psicología de la Universidad de Stanford fueron remodelados para que pareciese una auténtica prisión. El acondicionamiento de los sótanos no fue solo para darle la apariencia de una cárcel, sino también para habilitar los entornos de observación y grabación para los investigadores. La implicación del equipo de investigadores es uno de los aspectos más discutidos de este experimento, como veremos más adelante a la hora de hablar de sus consecuencias. Zimbardo tomó el rol de superintendente, y un asistente suyo, el de alcalde. El experimento de Stanford. Día 0. El experimento arrancó con la comunicación de unas condiciones durísimas impuestas por Zimbardo, especialmente para los que hacían de prisioneros. El objetivo era que estos acabarán sintiéndose desorientados y deshumanizados durante los 14 días que iba a durar aquello. Los guardias recibirían uniformes de estilo militar, incluyendo porras.Sólo los guardias podrían trabajar por turnos y regresar a sus casas durante su tiempo libre. Los prisioneros estaban ahí las 24 horas.Los guardias llevarían gafas de sol de espejo para evitar el contacto visual con los prisioneros. Parte del proceso de deshumanización. En cambio... Los prisioneros llevarían túnicas de muselina (una tela casi transparente, muy fina, utilizada a menudo para la confección de cortinas y visillos). Sin ropa interior.Su calzado serían sandalias con tacones de goma, ya que así nunca estarían del todo cómodos y aumentaría su desorientación.Una media en la cabeza les hacía parecer estar rapados. Aunque en la práctica simplemente era un complemento ridículo.Dentro del experimento, no tenían nombres. Sólo eran números, y así se dirigirían todos a ellos.Para aumentar la sensación de opresión, los prisioneros llevarían una cadena abrazando sus tobillos. Las normas que se les impuso a los guardias antes de comenzar el experimento fueron escasas y algo difusas, lo único que se les prohibió fue ejercer violencia física. Se les pidió que dirigieran la cárcel de la forma que ellos creyesen oportuna, con todo lo que ello supone. Comienza el experimento ¿Recuerdan lo de la "visita" que daría inicio al experimento? Los prisioneros del experimento fueron visitados en sus casas por policías reales del Departamento de Policía de Palo Alto. Se les acusó de robo a mano armada y fueron llevados a dependencias policiales, donde pasaron por un proceso de detención como el de la vida real, con fotografía policial y toma de huellas dactilares. Después pasaron a la "cárcel" de los sótanos del Departamento de Psicología, ahí fueron explorados desnudos, desparasitados y provistos de su nueva identidad en forma de números, no nombres. Falsa detención, con policías reales, de los prisioneros. La "visita". Foto de Philip Zimbardo Continuación de la detención en dependencias policiales. Atuendo de los prisioneros. Media en la cabeza, túnica fina, números identificadores, sandalia con tacón de goma. El primer día fue más o menos normal, sin sobresaltos, con un trato incluso hospitalario. El segundo día los prisioneros hicieron un motín. La primera consecuencia fue que los guardias sacrificaron su tiempo libre para hacer horas extra no remuneradas y ayudar a controlar la situación. La segunda consecuencia fue que el experimento se le fue de las manos tanto a investigadores como a guardias, y nunca volvió a un estado normal. Sadismo Los guardias acabaron atacando a los prisioneros rociándoles con extintores como "armas" improvisadas, los obligaron a ir desnudos para humillarles, les negaron el derecho a ir al lavabo para convertirlo en un privilegio o una costosa recompensa, hasta se decidió convertir la comida en un premio en lugar de mantenerlo como derecho fundamental. De ahí se pasó a prácticas aún más crueles, como obligar a algunos prisioneros a dormir en el suelo de hormigón, desnudos, tras quitarles tanto sus túnicas como los colchones de sus celdas. También se les impusieron castigos en forma de ejercicio físico forzado e incluso tener que limpiar retretes con las manos desnudas, lo cual es un síntoma claro de que se abrazó rápidamente la humillación gratuita, ya ni siquiera los castigos normales eran suficientes La medida más eficaz y que más hizo desmoronarse psicológicamente a los prisioneros fue una actuación improvisada pero que resultó tener precedentes en otras prisiones de Estados Unidos: se decidió separar a los prisioneros en "celdas para buenos" y "celdas para malos" de forma semialeatoria, dando la sensación de que había chivatos que se delataban entre ellos. A partir de ese momento creció la desconfianza entre los prisioneros, hasta entonces unidos por un enemigo común, y nació la impotencia. De formar un equipo de oprimidos se pasó a individuos incapaces de reaccionar, de rebelarse, de luchar. Los guardias comenzaron a ejercer prácticas de sadismo puro, especialmente cuando se hacía de noche y creían que las cámaras que grababan sus movimientos estaban apagadas. Cuando llegó el cuarto día del experimento, llegó a los oídos tanto de Zimbardo como del equipo de guardias el rumor de que los prisioneros estaban preparando un plan para huir de la falsa prisión. Su reacción fue tratar de que el experimento se trasladase a una cárcel real, o al menos a un conjunto de celdas reales, las de la policía de Palo Alto. La policía no quiso prestarse a ello y Zimbardo llegó a enfadarse por su poca cooperación. Zimbardo esperó durante toda la noche en la salida tras el rumor de fuga. Como los participantes, acabó actuando como un superintendente real. Las líneas entre realidad y ficción se difuminaron. Foto de Philip Zimbardo. Sin embargo, algo que se fue percibiendo y que defendió Zimbardo posteriormente al experimento es que cada uno aceptó su papel, asumió que era parte de un juego de rol incluso tras experimentar unas condiciones tan duras. Esto se pudo comprobar tras un pequeño intra-experimento dentro del ídem: a cada prisionero se le ofreció la "libertad condicional" a cambio de renunciar a su paga. Casi todos aceptaron. Luego se les informó que dicha libertad condicional había sido rechazada. En lugar de abandonar el experimento, como parecía lógico que hicieran una vez ya habían decidido perder todo el dinero, todos se quedaron en la "cárcel". Podían haberse salido libremente en cualquier momento y no quisieron, sólo lo aceptaron cuando el entramado formaba parte del juego (lo de esa "libertad condicional". Como objeto de estudio de la conducta es una de las partes más interesantes del experimento, realmente resulta muy inquietante. Consecuencias Los prisioneros, tras ser sometidos a un trato sádico, a humillaciones reiteradas y a una opresión brutal que les dejaba físicamente extenuados y mentalmente bloqueados, sufrieron transtornos y desórdenes emocionales muy graves incluyendo depresiones profundas. En algunos casos llegaron a tener su reflejo físico, como el de un sarpullido psicosomático que le salió a un prisionero cuando su libertad condicional fue rechazada. No se podía pensar con claridad. La comunicación entre prisioneros se hizo difusa. Se oían llantos en las celdas. El estrés y el pánico dominaban. Mientras tanto, el sadismo de los guardias continuaba desarrollándose. Dos prisioneros sufrieron traumas tan graves que fueron reemplazados durante el experimento. Uno de sus reemplazos quedó tan impactado por el trato que los guardias sometían a sus compañeros que inició una huelga de hambre. Como castigo, lo recluyeron en un pequeño cubículo y lo obligaron a sostener las salchichas que se había negado a comer. Sus compañeros prisioneros, en lugar de verlo como un recién llegado que había decidido solidarizarse con su durísima situación, lo interpretaron como un alborotador que acabaría causándoles problemas a todos. Cuando los guardias detectaron esta actitud, decidieron usarla en su propio beneficio (sádico). Ofrecieron a los prisioneros renunciar a las mantas y terminar con el confinamiento al recluso en huelga de hambre, o en su lugar conservar las mantas y permitir que el confinamiento durase toda la noche. Los reclusos escogieron quedarse con las mantas, aunque al final Zimbardo entró en escena y obligó a permitir que el preso en huelga de hambre volviese a su celda. Fin del experimento Cuando habían pasado seis días desde que comenzó el experimento, Zimbardo decidió cancelarlo. El motivo fue la visita de una estudiante, Christina Maslach, a las instalaciones donde tenía lugar para realizar algunas entrevistas. Ella, que no había tenido constancia de cómo era la rutina allí, cuestionó la ética y la moralidad de ese entorno, de esas condiciones. Zimbardo cayó en la cuenta de que nadie hasta entonces había cuestionado algo tan evidentemente reprobable. Los guardias estaban disfrutando de su rol, los prisioneros parecían haber aceptado su sometimiento y sus condiciones, y los investigadores estaban atendiendo al experimento en sí sin tener en cuenta el factor humano y los límites de una investigación con personas como sujetos. Mientras tanto, algunos padres de los voluntarios del experimento reclamaron la suspensión del experimento y la "liberación" de sus hijos. Lo hacían tras algunos horarios de visita concertados durante el mismo. Aunque Zimbardo ordenaba que tanto los voluntarios como sus celdas estuviesen limpios en esas ocasiones, esta petición fue inevitable. Se desestimaba en todo momento. Recursos En 2001 se grabó la película "El experimento" (título original, "Das Experiment", en alemán), dirigida por Oliver Hirschbiegel. Bastante fidedigna en el desarrollo aunque con un final puramente cinematográfico. link: https://www.youtube.com/watch?v=6UOWGiVl9TE En 2010 se grabó otra película igualmente titulada "El experimento", pero esta vez en Estados Unidos, dirigida por Paul Scheuring y protagonizada por Adrien Brody. Es un remake de la de 2001, que si ya de por sí tenía algunas licencias, en esta cinta se opta por abrazar una mayor recaudación en taquillas antes que por mantenerse fiel a la trama original. link: https://www.youtube.com/watch?v=n_li-ibwcnk En inglés, un buen resumen del experimento y sus hallazgos, si bien es cierto que como se suele indicar, está rodeado de polémica: la muestra es pequeña, el tiempo fue breve, y las condiciones que rodearon al experimento fueron muy particulares como para pretender sacar conclusiones y generalizaciones. También se puede echar un ojo a la web de Philip Zimbardo y comprobar que, más de 40 años después, sigue siendo alguien bastante peculiar. Desde allí enlaza a la web oficial del Experimento de Stanford, con una larga lista de artículos, enlaces, documentación y hasta un DVD a la venta. Como curiosidad histórica final, documentos originales de la época escaneados con el informe del experimento. Entrevista a Zimbardo link: https://www.youtube.com/watch?v=UwmuvCytcd4

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Ésta es la droga psicoactiva más consumida del mundo y
Ésta es la droga psicoactiva más consumida del mundo y
Ciencia EducacionporAnónimo4/1/2015

Digámoslo ya desde el principio: la droga psicoactiva más consumida del planeta (aproximadamente una dosis diaria en 5.000 millones de habitantes) es la cafeína, que principalmente se toma a través de una taza de café (no hemos de olvidar que el té, el cacao o la nueces de guaraná, entre otros, también son productos con cafeína). Con todo, la mejor forma de tomar cafeína es a través de un café servido en Etiopía: podéis leer aquí acerca del aparatoso ritual para hacerlo. En realidad, este alcaloide orgánico lo producen muchas plantas tropicales como autodenfesa, es decir, que la cafeína es un pesticida natural. La cafeína afecta al sistema nervioso de muchos depredadores, haciendo que desistan de comer la planta. Sin embargo, muchos de nosotros somos adictos a ella. A ese polvo blanco e inodoro con sabor amargo que fue aislado de los granos crudos de café por primera vez en 1820. Tal y como explica Mark Pendergrast en su libro El café: El hígado humano reacciona ante la cafeína como si fuera un veneno e intenta furiosamente desmantelarlo, desprendiendo los grupos de metilos. Pero no puede con todos, de modo que unas pocas moléculas enteras de cafeína logran superar el hígado y encontrar finalmente un lugar donde alojarse en el cerebro. El cerebro no es el único órgano que queda afectado por la cafeína. El corazón palpita más rápidamente, estrecha algunos vasos sanguíneos y hace que algunos músculos se contraigan más fácilmente. Es también un diurético y hace que en la orina floten pequeñas cantidades de calculo, lo que conduce a una posible pérdida de hueso. Como hemos visto, el café y la cafeína han estado implicados en una enorme serie de dolencias, pero estudios posteriores no han podido confirmar la mayoría de los descubrimientos negativos. La posible dosis letal de cafeína está en unos 10 gramos, aunque es prácticamente imposible consumir tamaña cantidad bebiendo café. Con todo, los signos iniciales de toxicidad incluyen vómitos, calambres abdominales y fuertes palpitaciones cardíacas. Por sorprendente que pueda parecer existen pocas pruebas de que la cafeína produce algún daño a los niños normales, a pesar de la creencia generalizada de que atrofia el crecimiento, arruina la salud, etc. No obstante, al igual que los adultos, los niños están sujetos a síntomas de abstinencia, a causa de la privación de bebidas de cola, más frecuentemente que del café La cafeína, pues, es una droga complicada de estudiar porque afecta de forma muy diferente a las personas. Hay quienes pueden estar estimuladas durante horas con un simple sorbo, pero otras personas pueden beber un café justo antes de irse a dormir sin problemas. Tal vez cada uno de nosotros deberá, de momento, estimar qué consumo es el más oportuno, aunque generalmente se acepta que no debería exceder las dos o tres tazas de café por día (unos 100 miligramos de cafeína por taza).

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La historia de las Voyager
La historia de las Voyager
Ciencia EducacionporAnónimo8/2/2015

¿Qué misión espacial no tripulada es la más importante de todos los tiempos? Hay muchas candidatas, pero tanto por sus resultados científicos como por el impacto que causaron en toda una generación, me quedo con las sondas Voyager, los viajeros cósmicos por antonomasia. Las Voyager nos descubrieron un Sistema Solar exterior fascinante, complejo y misterioso a partes iguales. Incluso hoy, acostumbrados como estamos a las espectaculares imágenes de sondas como la Cassini o Curiosity, las fotografías de las Voyager siguen siendo mágicas. Como muestra, vale la pena recrearse en esta asombrosa imagen de Júpiter compuesta por Björn Jónsson a partir de 14 fotografías originales de la Voyager 1 procesadas con técnicas actuales: ¿No es simplemente alucinante? Y lo más sorprendente es que se trata de imagenes tomadas hace más de treinta años. El 5 de septiembre de 1977, hace ahora casi 35 años, la Voyager 1 despegó desde Cabo Cañaveral a bordo de un cohete Titán 3E-Centaur. A pesar de su nombre, la Voyager 1 fue lanzada después que su hermana -lanzada el 20 de agosto de ese mismo año-, pero como debía seguir una trayectoria más rápida hasta Júpiter, la NASA consideró que era mejor reservar el numeral ‘1’ para la primera nave que llegase al gigante joviano. En realidad, las Voyager debían haber pasado a la historia como las Mariner 11 y Mariner 12, y sólo a última hora -el 4 de marzo de 1977- se decidió bautizarlas con un nombre menos anodino y más acorde con su histórica misión. La elección del nombre corrió a cargo del equipo de la misión, quien también propuso nombres como Nomad o Pilgrim. Un programa de la NASA de finales de los años sesenta para mandar varias sondas a Marte también se había llamado Voyager, así que la elección causó cierto revuelo en la NASA por temor a que se confundieran los dos proyectos. El Grand Tour, la oportunidad del siglo La misión de las Voyager fue única en un sentido estricto. El destino quiso que los planetas exteriores del Sistema Solar se alineasen a finales de los años 70 para permitir que una nave espacial pudiera visitarlos en pocos años mediante maniobras de asistencia gravitatoria sin necesidad de consumir combustible. Fue una verdadera suerte que esta alineación se produjese justo cuando la humanidad había aprendido a viajar por el espacio. Si el Sputnik hubiese sido lanzado una década más tarde no habríamos podido aprovechar esta oportunidad y tendríamos que haber esperado a mediados del siglo XXII para que se volviese a repetir. Qué cortas son nuestras vidas comparadas con el movimiento de los planetas. El primero en darse cuenta de las posibilidades prácticas de esta alineación planetaria fue Gary Flandro, un posgraduado del laboratorio JPL de la NASA. Flandro se basó a su vez en los estudios de Michael Minovich, un científico del JPL que en 1961 había detallado cómo llevar a cabo una misión a Mercurio utilizando la asistencia gravitatoria de Venus, esquema que finalmente sería usado por la sonda Mariner 10. Minovich también había estudiado en 1962 posibles misiones a los planetas exteriores y había llegado a la conclusión de que se podía lanzar una sonda a varios planetas exteriores en las ventanas de 1962-1966 y 1976-1980. En 1964, Flandro refinó los cálculos de Minovich y se dio cuenta de que una sola sonda lanzada en 1976-1978 podría visitar los cuatro planetas exteriores, o bien varias combinaciones de los mismos además de Plutón. La última vez que los planetas se habían alineado de forma parecida fue en 1801. Para apreciar el alcance del descubrimiento, hay que tener en cuenta que una misión sin asistencia gravitatoria que use métodos de propulsión convencionales tardaría treinta años en llegar a Neptuno…¡treinta años!. Y sin embargo, usando esta maniobra, sólo necesitaría doce. Flandro no se lo podía creer. La naturaleza había puesto a los planetas exteriores al alcance de la humanidad. Y durante unos días fue la única persona en el mundo que lo sabía. Gary Flandro (NASA). Flandro denominó a una hipotética misión de este tipo como Grand Tour. En realidad, el nombre no fue idea suya, sino que lo tomó prestado de la obra del italiano Gaetano Crocco, quien en 1956 había propuesto misiones a Venus y Marte usando maniobras de asistencia gravitatoria. Además de visitar Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno en un solo viaje -trayectoria JSUN-, la alineación planetaria de los 70 permitía visitar Júpiter, Urano y Neptuno -trayectoria JUN- o Júpiter, Saturno y Plutón -trayectoria JSP- por separado. Las Voyager fueron en realidad un plan de contingencia propuesto por la NASA para aprovechar la irrepetible ventana de lanzamiento de 1977-1979. En principio, la agencia había propuesto una misión mucho más ambiciosa a cargo de cuatro sondas llamadasTOPS, más conocidas por el nombre que Flandro había hecho popular, Grand Tour. Además de los cuatro planetas gigantes, dos de estas cuatro naves hubieran visitado Plutón. Las sondas TOPS fueron canceladas por su excesivo coste, pero la NASA propuso rápidamente las misiones Mariner Jupiter-Uranus (MJU) y Mariner Jupiter-Saturn (MJS) para reemplazarlas. El proyecto Mariner Jupiter-Saturn de 1977 (MJS77) sería finalmente el elegido y evolucionaría hasta dar lugar a las Voyager. En principio, y para mantenerse dentro del magro presupuesto, las dos naves debían limitarse a sobrevolar Júpiter y Saturno, aunque serían capaces realizar el Grand Tour inicialmente previsto y visitar los cuatro planetas exteriores si la NASA recibía los fondos pertinentes. Paradójicamente, aunque el presupuesto inicial de las Voyager fue de 250 millones de dólares, muy inferior a los 750 millones del programa TOPS, la factura de final de la misión desde su comienzo hasta el siglo XXI terminaría alcanzado los 865 millones debido a las sucesivas misiones extendidas. Eso sí, el coste estaría repartido entre más de tres décadas de operaciones, así que probablemente las Voyager sean las misiones más eficientes jamás lanzadas teniendo en cuenta la relación entre el precio y los resultados científicos. Emblema original de la misión MJS77 (fuente). Pero había un problema. La ventana de lanzamiento de 1977 sólo permitía visitar los cuatro planetas gigantes siempre y cuando las naves no pasasen cerca de Ío y Titán, dos objetivos claves de la misión. Por este motivo, los encargados de la misión TOPS habían decidido en su momento mandar dos naves en la trayectoria Júpiter-Saturno-Plutón y otras dos en la ruta Júpiter-Urano-Neptuno. Por lo tanto, desde el principio se tomó la decisión de ‘sacrificar’ una de las dos Voyager para visitar Ío y Titán a poca distancia. La nave elegida, que finalmente sería la Voyager 1, no podría continuar hacia Urano y Neptuno, incluso si la NASA decidía ampliar su misión. Si por algún motivo la Voyager 1 no hubiera podido sobrevolar Ío y Titán, la Voyager 2 hubiera tomado el relevo de su gemela y la humanidad habría perdido la histórica oportunidad de visitar Urano y Neptuno. Para los científicos de la misión, Titán -la unica luna con atmósfera del Sistema Solar- bien valía ese sacrificio. Por suerte, tras el éxito de las visitas de Júpiter por las dos sondas en 1980 y 1981, la NASA recibió la autorización para mandar la Voyager 2 a Urano y Neptuno, aunque en ese momento nadie sabía si algunos instrumentos de la sonda, especialmente las cámaras, serían capaces de funcionar correctamente a tales distancias de la Tierra y en unas condiciones que se salían de las especificaciones originales. Finalmente, la responsabilidad de realizar el Grand Tour original recaería sobre la Voyager 2. Trayectoria de las dos naves Voyager (NASA). Dos naves gemelas Aunque en teoría debían haber formado parte de la serie Mariner, las Voyager eran muy distintas a esta mítica familia de naves. Cada Voyager era básicamente una gran antena de alta ganancia de 3,66 metros de diámetro unida a un cuerpo decagonal con unas dimensiones de 1,88 metros de diámetro y 47 centímetros de alto donde se encontraba la mayor parte de los sistemas electrónicos, un tanque de hidrazina y el sistema de propulsión. La masa al lanzamiento era de 826 kg, incluyendo 115 kg correspondientes a los diez instrumentos científicos. Aunque no den esa impresión, lo cierto es que las Voyager eran bastante grandes para los estándares de la época. Aspecto de las Voyager (NASA). Diseño y partes de la nave (NASA).Sobresaliendo del cuerpo principal, varios brazos y antenas desplegables daban a las sondas un aspecto de frágil insecto cósmico. El más importante era el brazo de la plataforma de instrumentos, donde se encontraban las cámaras. La plataforma móvil, de 107 kg, era capaz de orientarse en dos ejes y resultaba fundamental para permitir que las cámaras e instrumentos apuntasen constantemente a las lunas de los planetas gigantes mientras las sondas pasaban a toda velocidad a través de cada sistema planetario. Sin ella, nunca habríamos disfrutado de las espectaculares imágenes de la misión. La plataforma incorporaba dos cámaras, un espectrómetro ultravioleta (UVS), un espectrómetro infrarrojo (IRIS), un instrumento de plasma y un fotopolarímetro. Las cámaras de las Voyager, conocidas por el anodino nombre de Imaging Science Subsystem (ISS), fueron la carta de presentación de la misión para el gran público y las protagonistas indiscutibles de todos los instrumentos. Eso sí, eran muy diferente de las cámaras digitales actuales, basadas en el uso de CCDs. Se trataban en realidad de dos cámaras de televisión a base de tubos vidicon, una con un objetivo gran angular dotado de una focal de 200 mm (f/8.5), y otra con un teleobjetivo de 1500 mm (f/3). Cada cámara estaba equipada con ocho filtros y la masa total del instrumento era de 38,2 kg. Para los niveles actuales, la calidad de las imágenes sin procesar no era gran cosa: cada fotografía tenía 0,64 megapíxels (más concretamente, 800 líneas con 800 píxeles cada una). Dependiendo de la iluminación, las cámaras podían tardar entre 0,005 y 61 segundos en tomar una imagen. Plataforma de instrumentos de las Voyager (NASA/JPL). Por otro lado, el espectrómetro infrarrojo IRIS (Infrared Radiometer Interferometer and Spectrometer) estaba formado en realidad por tres instrumentos en uno. Su función principal era medir la temperatura y composición de los cuerpos celestes. Contaba con un campo de visión de 15′ y estaba dotado de un telescopio Cassegrain de 50 cm de diámetro. El espectrómetro ultravioleta UVS (Ultra-Violet Spectrometer) trabajaba en el rango de longitudes de onda de 400-1600 angstroms y tenía una masa de 4,5 kg. El experimento de rayos cósmicos CRS (Cosmic Rays Subsystem) también estaba situado en el brazo de instrumentos, aunque no en la plataforma móvil, y era capaz de detectar partículas con energías de 0,15-500 MeV por nucleón. Al lado de este instrumento se hallaba el detector LECP (Low-Energy Charged Particle Detector) para captar de partículas cargadas de baja energía. El fotopolarímetro (PPS, Photopolarimeter Subsystem) fue el instrumento gafado de la misión. Debía estudiar las partículas y anillos de los planetas gigantes en longitudes de onda de 230-750 nm, pero sin embargo el PPS de la Voyager 1 dejó de funcionar antes del encuentro con Júpiter y el de la Voyager 2 experimentó multitud de problemas que impidieron su correcto funcionamiento, aunque transmitió datos útiles de varios cuerpos celestes durante el transcurso de la misión. Por su parte, el instrumento de plasma PLS (Plasma Investigation System) tenía una masa de 9,9 kg y consistía en dos detectores de partículas cargadas de baja energía. También sobresalían de las sondas dos antenas de 10 metros que formaban un ángulo de 90º entre sí y que eran parte de los instrumentos de radioastronomía planetaria (PRA) y del estudio de las ondas de plasma (PWS) al mismo tiempo. Por último, cada sonda tenía un mástil desplegable de 13 metros y 2,3 kg en el que se situaban dos magnetómetros para campos magnéticos débiles, uno situado en el extremo del mástil y otro a seis metros de la nave. Otros dos magnetómetros para campos intensos (20 gauss) estaban situados en el cuerpo del vehículo. El instrumento PLS, las antenas PWS y los detectores de partículas, los instrumentos más ‘aburridos’ durante la fase de estudio de los planetas, se convertirían con el tiempo en los protagonistas de la misión para estudiar los límites de la heliosfera. Prueba en tierra del despliegue del magnetómetro (NASA). Otro brazo de 2,3 metros portaba los tres generadores de radioisótopos (RTGs) que proporcionarían energía eléctrica a la sonda en los lejanos confines del Sistema Solar, allá donde el Sol no es más que una estrella ligeramente más brillante que el resto. Cada RTG pesaba 39 kg y estaba situado en un contenedor de berilio de 40,6 x 50,8 cm, y podía generar 157 W de potencia eléctrica al lanzamiento gracias a la desintegración del plutonio-238. En total, los tres RTGs proporcionaban 7 kW de potencia calorífica, que se transformaban en 470 W eléctricos, una cifra que ya se había reducido a 400 W durante el sobrevuelo de Saturno y que en 1997 rondaba los 335 W. Cada año, la potencia eléctrica disponible disminuía unos 7 W por culpa de la desintegración del plutonio y la degradación de los termopares. RTGs de las Voyager (NASA). Las sondas fueron diseñadas de tal forma que la potencia máxima consumida, con todos los sistemas y los diez instrumentos funcionando a la vez, fuese de unos 400 W. Los RTGs de las Voyager habían sido construidos a partir de los RTGs de las canceladas sondas TOPS y, por primera vez, el plutonio estaba almacenado en forma de pequeñas esferas sólidas y no como polvo metálico, evitando así la posibilidad de una fuga de material radiactivo en caso de un accidente durante el lanzamiento. Para evitar los nocivos efectos de la radiación proveniente de los RTGs sobre los instrumentos de la plataforma móvil, éstos estaban situados a 6,7 metros de distancia en la dirección opuesta. Además, entre los RTGs y los instrumentos se hallaba todo el cuerpo central de la nave. Curiosamente, la mayor parte de ilustraciones de las Voyager no reflejan su verdadero color. Aunque la antena de alta ganancia era de un blanco inmaculado, lo cierto es que el cuerpo de la sonda era predominantemente negro azabache para permitir así un mejor control de la temperatura. Efectivamente, el vehículo estaba cubierto por láminas de kaptón, un material que, además de ser oscuro, conduce la electricidad y evita la acumulación de cargas electrostáticas en zonas aisladas de la nave. Bajo el kaptón se encontraban varias capas de mylar y tedlar, este último un material usado para proteger a los satélites de impactos de micrometeoros. Además, cuatro de los diez compartimentos con los equipos electrónicos estaban dotados de pequeñas ‘persianas’ para regular la temperatura del interior. También se emplearon calefactores de plutonio (RHUs) de 1 W de potencia para elevar la temperatura de los magnetómetros y sensores solares. Los RHUs complementaban a varios calefactores eléctricos convencionales en aquellas partes de la nave más inaccesibles. Los encargados del proyecto Voyager (NASA).A pesar de su bajo coste comparado con el programa Grand Tour, el proyecto Voyager fue uno de los más ambiciosos y arriesgados jamás lanzados por la NASA. Y es que las dificultades técnicas a los que se enfrentaron los encargados de la misión eran enormes. Para empezar, las dos naves debían llevar a cabo todo tipo de operaciones de forma autónoma. La gran distancia a la que se encuentran los planetas exteriores impedía una comunicación fluida con las sondas. Para lograrlo, cada vehículo llevaba tres ordenadores redundantes dotados de una memoria de 4-8 kB. En condiciones normales, un ordenador -el FDS (Flight Data Subsystem)- sería el encargado de las comunicaciones con la Tierra. Otro gestionaría el flujo de datos de los instrumentos (CCS, Computer Command Subsystem) y un tercero controlaría en todo momento la posición de la nave y de la plataforma de instrumentos (el AACS, Attitude and Articulation Control Subsystem). Un tercio de la memoria de uno de los ordenadores podía ser reprogramada en vuelo, lo que resultaría esencial de cara a la misión extendida de la Voyager 2 en Urano y Neptuno. Las naves también disponían de un grabador de cinta magnética con una capacidad de almacenamiento de 67 MB, suficientes para guardar unas cien fotos a máxima resolución. El diseño de los ordenadores de las Voyager se basaba en el ambicioso sistema STAR (Self Testing and Repair) que debía haber controlado las sondas TOPS. La sonda en configuración de lanzamiento (NASA). La estabilidad de la nave era una de las mayores preocupaciones de los ingenieros. A diferencia de las Pioneer, que estaban estabilizadas mediante giro, las Voyager serían naves del tipo ‘estabilizadas en tres ejes’, es decir, que no podrían usar las ventajas de la conservación del momento angular. Este requisito era necesario para permitir que los instrumentos -especialmente las cámaras- pudiesen apuntar a sus objetivos de forma más o menos continua. El problema es que al mismo tiempo la nave debía mantener la antena principal constantemente apuntada hacia la Tierra, lo que significaba que la capacidad de orientación de la sonda debía tener una precisión de al menos un sexto de grado en todo momento, la anchura del haz de radio emitido por la sonda. Para ello, las Voyager disponían de un conjunto de 16 impulsores de 0,89 newtons de empuje a base de hidrazina. Doce de estos impulsores servían para controlar la orientación de la nave y cuatro para maniobras de cambio de trayectoria. El tanque de hidrazina, de 71 centímetros de diámetro y fabricado en titanio, estaba situado en el centro del cuerpo decagonal del vehículo y contenía 104 kg de esta sustancia. El sistema de propulsión de las Voyager permitía un cambio de velocidad total, o Delta-V, de 0,19 km/s, muy poco para una misión tan ambiciosa. Sin embargo, el escaso empuje de los motores de las sondas no sería un inconveniente: la gravedad de los planetas gigantes se encargaría de la mayor parte del trabajo de ‘propulsión’. La sonda se orientaba en el espacio gracias a un sensor solar y dos sensores estelares, que tenían como referencia a la estrella Canopus (la más brillante del cielo lejos de la eclíptica). El sensor solar sobresalía a través de un hueco en la antena de alta ganancia. Otro desafío era la radiación. Las sondas Pioneer 10 y 11 habían descubierto en 1974 y 1975 que los niveles de radiación en las cercanías de Júpiter eran mucho más elevados de lo que se esperaba. Como resultado, fue necesario aumentar el ‘blindaje’ de la nave para evitar que los sistemas de la nave resultasen fritos por las partículas de alta energía. Por último, las comunicaciones constituirían una verdadera odisea. Las estaciones terrestres de la red DSN de la NASA (Goldstone, Madrid y Australia) deberían ser capaces de captar la débil señal de 23 W que emitían las naves a través de las dos antenas de alta y baja ganancia. ¡Captar una señal con la potencia de una bombilla a distancias superiores a los 4500 millones de kilómetros! Difícil, sí, pero no imposible. Pruebas en tierra de la sonda (NASA).Cada sonda disponía de cuatro transmisores redundantes capaces de enviar señales en banda-S (2,3 GHz) y en banda-X (8,4 GHz), así como dos receptores en banda-S para captar las órdenes procedentes de la Tierra. Los receptores eran redundantes, lo que de hecho salvó la misión de la Voyager 2 cuando su receptor primario falló en abril de 1978. Las Voyager transmitían datos a una velocidad de 115,2 kbps a la distancia de Júpiter, pero sólo a 14,4 kbps desde la órbita de Neptuno. El canal en banda S se usó hasta el encuentro con Neptuno en 1989 para mandar ordenes a las naves a 40 bps, pero ahora únicamente se usa la banda X. Pero sin duda, el elemento más famoso de las Voyager serían los mensajes destinados a posibles alienígenas que encontrasen las sondas en el futuro, una iniciativa dirigida por el popular astrónomo Carl Sagan. A diferencia de la simple placa que llevaron las sondas Pioneer 10 y 11, las Voyager incluirían el disco ‘Sonidos de la Tierra’, también conocidos simplemente como Voyager Golden Record, un disco de cobre de 30 centímetros de diámetro bañado en oro -un elemento muy estable- con imágenes, canciones y sonidos de nuestro planeta. La cubierta del disco contiene las instrucciones para su uso y la descripción de la posición de la Tierra en la Galaxia con respecto a varios púlsares, así como un trozo de uranio-238 de gran pureza. Gracias a este trozo de uranio, los posibles alienígenas que capturen las sondas serán capaces de saber su edad con precisión. El disco ‘Sonidos de la Tierra’ y su cubierta con las instrucciones para usarlo y su lugar de instalación (NASA/JPL).La parte en audio contiene un saludo en 55 idiomas -incluyendo lenguas muertas como el acadio o el hitita-, 35 ‘sonidos de la Tierra’ -latidos, besos, risas o cantos de ballena-, así como 90 minutos de música de todo tipo, desde Mozart hasta Chuck Berry. Las 115 imágenes se grabaron en formato analógico, por lo que el disco incluye las instrucciones para reconstruirlas. El disco se instaló en un lateral de la nave y no en su interior, como pedían algunos para protegerlo mejor de los micrometeoros. Los ‘Sonidos de la Tierra’ siguen siendo actualmente el mensaje físico más elaborado que la humanidad haya enviado para comunicarse con una posible civilización extraterrestre, aunque las probabilidades de que algún alienígena pueda detectar alguna de las pequeñas Voyager en medio del espacio interestelar es prácticamente nula. Cubierta del disco antes de instalarlo en la nave, junto con una bandera norteamericana (NASA). Instalación del disco en la nave (revista LIFE). Unos comienzos problemáticos La ventana de lanzamiento para la trayectoria Júpiter-Saturno-Urano-Neptuno se abría el 20 de agosto de 1977 y sólo duraría un mes. Para no desperdiciar esta oportunidad histórica, se tomó la decisión de construir tres sondas, denominadas VGR77-1, VGR77-2 y VGR77-3. La VGR77-1 era un modelo técnico de ingeniería y carecía varios sistemas esenciales, pero sería usada como ‘donante’ de repuestos en caso necesario y por este motivo se traslado a Cabo Cañaveral junto con las otras dos sondas de serie. En principio, la primera en despegar debía haber sido la VGR77-2, pero antes del lanzamiento se detectaron problemas con dos de los tres ordenadores principales y fue sustituida por la VGR77-3. Tras ser reparada, la VGR77-2 sería lanzada posteriormente como la Voyager 1. Lanzamiento de la Voyager 2 (NASA).La Voyager 2 (VGR77-3) fue lanzada el 20 de agosto de 1977, justo cuando se abría la ventana de lanzamiento para la trayectoria JSUN. Ese mismo día comenzaron los problemas con la nave. Antes y durante el despegue, la sonda experimentó fallos del ordenador AACS, provocando que la nave cambiase al ordenador de reserva. Se produjo además otro contratiempo debido a que la velocidad de giro del cohete Titán III excedió los límites de los tres giróscopos del sistema inercial de la sonda, dejando a la Voyager sin capacidad de navegación. Afortunadamente, durante esta crítica fase el control del vehículo estaba a cargo del ordenador de la etapa superior Centaur del Titán III. Sin embargo, para esta misión el impulso de la Centaur no era suficiente. La nave debía encender un motor de combustible sólido adicional para poder viajar hasta Júpiter. La trayectoria inicial de la Voyager 2 sería una órbita solar elíptica con un afelio situado a 942 millones de kilómetros del Sol. Por suerte, cuando el motor se encendió 71 minutos después del lanzamiento, el problema con los giróscopos se había solucionado sin intervención humana. Sin embargo, apenas dos minutos después de que finalizase este encendido, la Voyager 2 sufrió otro problema de orientación y entró en modo seguro para evitar que la antena de alta ganancia dejase de apuntar a la Tierra. Este incidente fue corregido, pero entonces el control de la misión observó con horror que la telemetría de la nave indicaba que el brazo con la plataforma de instrumentos no se había desplegado correctamente. De ser así, la misión podía darse prácticamente por perdida de cara a la opinión pública. Afortunadamente, después de tomar varias fotografías y comprobar el campo estelar al que apuntaban las cámaras, se supo que el error residía en el sensor que debía confirmar el correcto despliegue de la plataforma y no en ésta. Inserción de la Voyager en la cofia del cohete. Bajo la sonda se aprecia el motor de combustible sólido (NASA). Pero la Voyager 2 siguió dando guerra. Diez días después del lanzamiento se realizó una maniobra para corregir la trayectoria, comprobándose que uno de los propulsores de hidrazina de la sonda estaba mal orientado y su escape incidía sobre otras estructuras de la nave. Como resultado, la Voyager 2 se desviaba ligeramente de su rumbo cada vez que el propulsor se activaba, gastando más combustible del previsto. De seguir así, no habría podido continuar con su misión más allá de Saturno. Para solventar este inconveniente, fue necesario reprogramar el sistema de propulsión del vehículo, además de mejorar el sistema de navegación. A partir de entonces, el sistema de guiado también usaría la estrella Deneb además de Canopus para ahorrar combustible. A pesar de todo, hacia el 2 de septiembre ya se había comprobado el correcto funcionamiento de la mayoría de sistemas e instrumentos. No obstante, en noviembre la sonda volvió a perder el control de actitud al expulsarse la tapa del instrumento IRIS. El problema se solventó, pero un mes después se descubrió que IRIS estaba mandando datos de poca calidad por culpa de la deformación en el vacío del material usado para fijar los espejos del telescopio. El asunto se solucionó activando un simple calefactor en el instrumento, pero el susto fue mayúsculo. Comparado con el de su hermana, el lanzamiento de la Voyager 1 (VGR77-2) el 5 de septiembre fue como la seda. Y más le valía que lo fuera, porque la ventana de lanzamiento sólo permanecería abierta hasta el 20 de septiembre. Eso sí, antes del despegue la NASA decidió revisar el sistema de despliegue de la plataforma de instrumentos y otras partes de la nave después de los problemas experimentados con la Voyager 2. Estas pruebas obligaron a retrasar el despegue, que originalmente estaba previsto para el 1 de septiembre. Aunque el lanzamiento fue correcto, la etapa Centaur funcionó inicialmente peor de lo esperado y tuvo que aumentar la duración de su segundo encendido para compensar este problema. Si la Centaur no hubiera corregido su escaso rendimiento inicial, la Voyager 1 no habría podido alcanzar Júpiter. Pero lo más grave es que si esta etapa Centaur hubiese sido la empleada en el lanzamiento de la Voyager 2, la nave habría sido incapaz de llegar a Urano y Neptuno. La misión se había salvado por muy poco. Lanzamiento de la Voyager 1 (NASA).Dos semanas después del despegue, la Voyager 1 tomaría la primera imagen icónica de la misión: una fotografía del sistema Tierra-Luna a doce millones de kilómetros. Era sólo un aperitivo de lo que estaba por venir. Moviéndose en una trayectoria más rápida, la Voyager 1 adelantó a su hermana el 19 de diciembre. Para no ser menos que su hermana, la sonda experimentó su cuota de problemas el 23 de febrero de 1978, cuando se detectó que la plataforma móvil de instrumentos se había atascado por culpa de un problema con el lubricante. Aunque el problema se solucionó tres meses después gracias al esfuerzo de los ingenieros, la salud de la plataforma de la Voyager 1 constituyó un dolor de cabeza durante toda la misión. El sistema Tierra-Luna visto por la Voyager 1 a doce millones de kilómetros (NASA).No obstante, el incidente más grave de la misión tuvo lugar en abril de 1978, cuando casi se pierde el contacto con la Voyager 2 de forma permanente por culpa de una concatenación de problemas menores. El control de tierra, enfrascado con el asunto de la plataforma de la Voyager 1, se había olvidado de comunicarse con la Voyager 2. La nave incorporaba un sistema de seguridad de tal forma que si en una semana no recibía ningún mensaje desde la Tierra, el ordenador debía asumir que existía un problema con el receptor primario y cambiaría al receptor secundario. Desgraciadamente, el receptor secundario tenía un defecto por el cual sólo podía captar las señales que se enviasen hacia la sonda en una única frecuencia determinada. En condiciones normales, los receptores de las Voyager eran capaces de reconocer la frecuencia de la señal incidente y ajustarse a ella, pero no en el caso del receptor secundario. En principio, el control de la misión no le dio importancia al cambio de receptores porque la nave también estaba programada para volver a activar el receptor primario si no se recibía ninguna señal a través del secundario tras doce horas, cosa que la sonda hizo diligentemente. Lamentablemente, media hora después del cambio, el receptor primario sufrió un cortocircuito y quedó fuera de servicio. Siete días más tarde, la sonda cambió automáticamente al receptor secundario otra vez. Finalmente, la NASA pudo comunicarse con la nave el 13 de abril a través de la estación de Madrid, pero no sin dificultades. Debido a los movimientos relativos de la rotación terrestre, de la Tierra alrededor del Sol o de la propia sonda, el equipo de la misión tuvo que calcular la frecuencia exacta de las señales enviadas hacia la Voyager 2 para que pudiesen ser ‘escuchadas’ por el problemático receptor secundario. Pero el control de tierra no había tenido en cuenta los efectos de la temperatura de la nave en la frecuencia (una diferencia de 1º C podía ocasionar cambios de hasta 96 Hz), así que las comunicaciones no se normalizarían hasta varios días más tarde, justo a tiempo para que la sonda pudiera realizar una maniobra crítica el 3 de mayo. Desde entonces, todas las comunicaciones con la Voyager 2 tuvieron que tener en cuenta el cálculo de las frecuencias exactas, para lo cual se llegó a construir un modelo térmico de la sonda con el fin de calcular las variaciones en la temperatura del receptor con una precisión de 0,1º C. La crítica misión de la Voyager 2 dependía ahora de un único receptor. Detalle de la antena de alta ganancia (NASA). Júpiter Resulta prácticamente imposible resumir los resultados científicos de los encuentros de las dos naves viajeras con los cuatro gigantes gaseosos exteriores. Porque las Voyager no se limitaron a sobrevolar cuatro planetas, sino que estudiaron cuatro sistemas solares en miniatura completos, cada uno de ellos con decenas de mundos nunca antes vistos de cerca. La Voyager 1 comenzó la fase de observación del gigante joviano el 4 de enero de 1979. A medida que se acercaba a Júpiter se pudieron vislumbrar más y más detalles del planeta y sus lunas. El 13 de febrero el disco de Júpiter era tan grande que no cabía en una sola imagen y la nave realizó una de sus fotos más conocidas en las que se ve la Gran Mancha Roja con Ío y Europa posando delante del planeta. El 3 de marzo la sonda entró en la magnetosfera de Júpiter y cruzó la órbita de Calisto, el más exterior de los cuatro satélites galileanos. Dos días después, la Voyager 1 sobrevoló Júpiter a 206 700 kilómetros por encima de sus nubes, descubriendo de paso un anillo de finas partículas desconocido hasta entonces. Ío y Europa en frente del planeta (NASA).Pocas horas más tarde, la Voyager 1 pasó a tan sólo 21 000 kilómetros de Ío, uno de los encuentros más cercanos con una luna llevado a cabo durante toda la misión de ambas sondas. Las fotografías revelaron un misterioso cuerpo amarillo-anaranjado con una superficie sin apenas cráteres -es decir, muy joven- extrañamente parecida a una pizza. La verdadera naturaleza de Ío no se aclararía hasta cuatro días después, cuando la ingeniera de navegación del JPL Linda Morabito descubrió lo que parecía ser una erupción volcánica en una imagen del limbo de Ío vista a contraluz. ¡Volcanes en el Sistema Solar exterior! La noticia causó sensación. Efectivamente, pronto se supo que Ío es el mundo con mayor actividad volcánica del Sistema Solar, cortesía de las brutales fuerzas de marea a la que está sometido. El volcán Loki de Ío pillado in fraganti (NASA/JPL). Linda Morabito poco después del descubrimiento (NASA).La sonda pasó a 734 000 kilómetros de Europa, pero no tomó imágenes porque se aproximó por el hemisferio nocturno. Por suerte, antes había fotografiado este satélite desde unos dos millones de kilómetros. El 6 de marzo sobrevoló Ganímedes, el mayor de los satélites galileanos, a 114 000 kilómetros de distancia, revelando una compleja corteza de hielo formada aparentemente por dos tipos de terreno, incluyendo unos misteriosos surcos frutos de algún tipo de actividad tectónica. Trece horas después del encuentro con Ganímedes se acercó a 126 000 kilómetros de Calisto, que resultó ser uno de los cuerpos con una superficie más antigua de todo el Sistema Solar. Cráteres de todos los tamaños se acumulaban en su corteza de hielo, incluyendo la enorme cuenca de impacto Valhalla, con un diámetro de 3800 kilómetros. El encuentro se saldó con el descubrimiento de varias lunas, entre las que destacan Adrastea, Metis y Tebe. Cuenca de impacto Valhalla en Calisto (NASA).Por su parte, la Voyager 2 comenzó su fase de observación de Júpiter el 24 de abril de 1979. A resultas de los descubrimientos de su hermana se decidió cambiar el programa del encuentro y se incluyeron más observaciones del volcánico Ío, cuya inusual actividad había encandilado a los científicos y medios de comunicación por igual. El 9 de julio la sonda pasó a 570 000 kilómetros de las nubes de Júpiter y se acercó luego a 62 000 kilómetros de Ganímedes y a 205 000 kilómetros de Europa. Si Ío había sido el protagonista del encuentro de la Voyager 1 con Júpiter, Europa lo sería del encuentro de la Voyager 2. En las imágenes de la Voyager 1 a gran distancia, esta luna aparecía como una simple bola blanca sin apenas marcas, pero la Voyager 2 nos descubrió uno de los mundos más apasionantes del Sistema Solar. Europa tiene una corteza de hielo que se renueva constantemente y bajo la cual puede que se esconda un océano de agua líquida donde quizás existan las condiciones para que florezca la vida. Hoy en día, Europa nos sigue llamando. Mosaico de Europa captado por la Voyager 2 (NASA).La Voyager 2 transmitiría un total de 17 000 imágenes del sistema de Júpiter, incluyendo las mejores obtenidas de sus tenues anillos. Sin embargo, el resultado más importante del encuentro fue el cambio en nuestra visión de Júpiter. Hasta ese momento, Júpiter parecía ser un aburrido planeta rodeado de bolas de hielo aún más aburridas. Las Voyager descubrieron una variedad de mundos nunca antes imaginada, mundos activos y complejos que hicieron añicos los modelos teóricos de la época. Saturno Tras sobrevolar Júpiter, las Voyager fueron aceleradas por el campo gravitatorio del planeta y alcanzaron la velocidad de escape del Sistema Solar. Ya no había marcha atrás. Las Voyager se habían convertido en la segunda pareja de naves interestelares de la humanidad, después de las Pioneer 10 y Pioneer 11. Saturno visto por la Voyager 2 (NASA).La Voyager 1 realizó dos maniobras con el fin de corregir su trayectoria el 9 de abril y el 10 de octubre de 1979 para asegurarse de que la sonda sobrevolaría Titán, pero obviamente teniendo cuidado de no impactar contra él. Por fin, el 12 de noviembre de 1980 la Voyager 1 se acercó a tan sólo 4000 kilómetros de Titán. Después de tantos sacrificios para poder realizar este sobrevuelo, las imágenes fueron un poco decepcionantes. Por entonces ya se sabía que Titán era la única luna del Sistema Solar con atmósfera y el equipo de la Voyager esperaba poder fotografiar la superficie. Algunos científicos incluso esperaban que Titán podría albergar océanos de metano. Pero no pudo ser. Todo el satélite estaba cubierto por una espesa neblina de hidocarburos que impidía ver la superficie, salvo en el infrarrojo. Desgraciadamente, las cámaras de las Voyager no funcionaban en estas longitudes de onda. La Voyager 1 descubriría que la atmósfera de Titán era mucho más densa de lo esperado -1,5 veces la presión de la atmósfera terrestre- y que era el nitrógeno, no el metano, su elemento más abundante. Hoy en día sabemos que Titán es un mundo apasionante, pero por entonces todavía quedaban muchos años antes de que la sonda Cassini descubriese finalmente los tan esperados mares y lagos de metano del hemisferio norte. La estructura compleja de los anillos de Saturno (NASA).Tras el sobrevuelo de Titán, la Voyager 1 cambiaría su trayectoria de tal forma que no podría visitar Urano y Neptuno. El resto de lunas del sistema de Saturno resultaron ser bolas de hielo, pero bolas con una interesante historia a cuestas. La nave pasó a 416 000 kilómetros de Tetis, una luna repleta de cráteres con una gigantesca fractura, denominada Ithaca Chasma, que recorre su superficie de polo a polo y que termina en el enorme cráter Odysseus de 450 kilómetros de diámetro, es decir, dos quintos del diámetro del satélite. El 12 de noviembre, la Voyager 1 sobrevoló Saturno a 64 200 kilómetros de sus nubes más altas, descubriendo detalles nunca imaginados en la estructura de los anillos. Poco después pasó a 88 000 kilómetros de Mimas, un pequeño satélite de 390 kilómetros marcado por la huella del gigantesco cráter Herschel de 130 kilómetros, causante de que esta luna sea conocida con el apodo de ‘Estrella de la Muerte’. El 13 de noviembre la sonda se acercó a 202 000 kilómetros de Encélado, cuya lisa y brillante superficie del hemisferio sur revelaba signos de una actividad geológica inusual. Posteriormente le tocó el turno a Dione, un satélite repleto de cráteres muy parecido a Tetis. Pero la luna con más cráteres resultó ser Rea, a la que se acercó a 74 000 kilómetros de distancia. Titán visto por la Voyager 2 (NASA).El encuentro con Saturno aceleró la sonda en 3,73 km/s y la catapultó 35º por encima del plano de la eclíptica. La misión planetaria de la Voyager 1 había concluido. A partir de entonces, la principal tarea de la nave sería monitorizar el medio interplanetario. La Voyager 2 comenzó su visita a Saturno el 5 de junio de 1981. El 23 de agosto tuvo lugar el máximo acercamiento a Japeto, una misteriosa luna con un hemisferio oscuro y otro brillante. Ese mismo día fotografió Hiperión, un satélite de rotación caótica y forma irregular que también constituía un enigma para los investigadores. El 24 de agosto la nave se acercó a medio millón de kilómetros de Titán y observó su polo norte, aunque tampoco fue capaz de vislumbrar la superficie a través de la impenetrable neblina anaranjada de hidrocarburos. Tras realizar más observaciones de otros satélites, el 26 de agosto la Voyager 2 pasó a 41 000 kilómetros de las nubes de Saturno. Media hora después sobrevoló Encélado a 87 000 kilómetros, confirmando las observaciones de la Voyager 1. Años después se descubriría que Encélado posee géiseres de agua en el hemisferio sur, géiseres que alimentan el anillo E de Saturno y convierten a esta pequeña luna en uno de los mundos más interesantes de todo el Sistema Solar. Entre otras cosas, las Voyager también descubrieron que Saturno puede presumir de tener unos vientos extremadamente rápidos, de nada más y nada menos que 1800 km/h. Por otro lado, la existencia de ‘lunas pastoras’ que dan forma a los anillos gracias a las interacciones gravitatorias también fue toda una sorpresa. Urano Durante los encuentros con Júpiter y Saturno, la Voyager 1 había acaparado en cierta forma los titulares de la misión. Pero ahora que la Voyager 2 continuó en solitario, la cosa cambió. Para poder cumplir su misión a las enormes distancias a la que se encuentra Urano, fue necesario superar varios retos tecnológicos. Debido a los sucesivos encuentros con Júpiter y Saturno, la velocidad de la Voyager 2 había aumentado considerablemente y pasaría por el sistema de Urano a una enorme velocidad. Para complicar las cosas, la iluminación solar en la órbita de Urano era muy inferior a la encontrada por la nave a la distancia de Júpiter. Además, la geometría del sistema dificultaba el encuentro, ya que todos los satélites están situados en un plano inclinado 90º con respecto a la eclíptica. El eje de Urano está ‘tumbado’, al igual que lo están los planos orbitales de sus satélites. Como resultado, con el fin de permitir que la Voyager 2 pudiera fotografiar Urano y sus lunas se realizaron varias modificaciones. Por un lado, se reprogramó el sistema de propulsión para que los impulsores fueran capaces de efectuar maniobras menos bruscas. Por otro lado, se introdujo un nuevo sistema para comprimir las imágenes, muy parecido a los algoritmos usados por la mayoría de formatos de imágenes digitales actuales, pero toda una novedad en la época (no olvidemos que estamos hablando de mediados de los años 80). Debido al largo tiempo de exposición requerido para obtener imágenes en unas condiciones de iluminación tan poco favorables, también fue preciso sincronizar al milímetro el movimiento de giro de la nave y de la plataforma para evitar que las fotografías saliesen desenfocadas. Composición del sistema de Urano y sus lunas (NASA).Por culpa de la curiosa inclinación del eje de Urano y sus lunas, la Voyager 2 atravesó el sistema en un sólo día, como si fuese una bala dirigida hacia una enorme diana. El encuentro tuvo lugar el 24 de enero de 1986 y la nave pasó a 81 500 kilómetros de Urano. El descubrimiento más importante fue sin duda la tortuosa naturaleza de la pequeña luna Miranda, formada aparentemente a partir de fragmentos de otros satélites anteriores. Hoy en día, Miranda es famosa por poseer los mayores acantilados del Sistema Solar, Verona Rupes, con una caída de 5-10 kilómetros. Debido a la baja gravedad de Miranda, un astronauta tardaría doce minutos en caer por estos acantilados y alcanzaría el fondo a 200 km/h. Verona Rupes en Miranda, los acantilados más altos del Sistema Solar (NASA).Los otros cuatro grandes satélites de Urano resultaron ser conglomerados de hielo y roca muy parecidos a los satélites de Saturno y tanto Titania como Ariel presentaron indicios de cierta actividad tectónica. La Voyager 2 también descubriría que el campo magnético del planeta está desviado 60º con respecto al eje de rotación, provocando que la magnetosfera se retuerza como un sacacorchos. De los diez nuevos satélites descubiertos durante el encuentro, varios eran lunas pastoras que perfilaban los finos anillos de Urano. Neptuno El 14 de febrero de 1986, los impulsores de la Voyager 2 se encendieron durante 2,5 horas para realizar una ajuste de trayectoria que garantizase el sobrevuelo de Neptuno. La nave consumió 12 kg de hidrazina en la maniobra, la última importante de toda la misión. Tomar fotografías a la distancia de Neptuno suponía un reto aún mayor que en el caso de Urano, pero el equipo de las Voyager había agotado los ‘trucos’ tecnológicos para facilitar esta tarea. La solución pasaba por aumentar, una vez más, el tamaño de las antenas de la DSN, que pasaron de 64 a 70 metros de diámetro. También se aumentó su número: hasta 38 antenas participarían en el encuentro con Neptuno. Las nubes de Neptuno (NASA).Durante agosto de 1989, la Voyager 2 descubrió un planeta activo. Frente al soso Urano, Neptuno presentaba varias formaciones nubosas, entre las que destacaba la Gran Mancha Oscura, mancha que desaparecería pocos años después. La Voyager 2 también midió los vientos más rápidos de cualquier planeta del Sistema Solar: 2000 km/h (!). El encuentro propiamente dicho tendría lugar el 25 de agosto, cuando la nave pasó a 5000 kilómetros del planeta. Se descubrieron seis nuevas lunas: Naiad, Thalassa, Despina, Galatea, Larissa y Proteus. Unas cinco horas después pasó a 39 800 kilómetros del centro de Tritón, la mayor luna de Neptuno. Tritón es en realidad un objeto transneptuniano muy similar a Plutón capturado por la gravedad de Neptuno. Con una temperatura superficial de apenas 38º C por encima del cero absoluto, Tritón presenta una compleja superficie con una tenue atmósfera de nitrógeno y una corteza formada por este mismo elemento (a esa temperatura, el nitrógeno sólido tiene la consistencia de la roca en la Tierra). La Voyager 2 descubrió oscuros géiseres de nitrógeno mezclado con materia orgánica, resultado de una actividad criovolcánica. Estos volcanes de nitrógeno en los confines del Sistema Solar serían las últimas maravillas planetarias descubiertas por las Voyager. El misterioso ‘terreno de piel de melón’ de Tritón con sus géiseres de nitrógeno (NASA). Camino a las estrellas La visita de las Voyager 2 al sistema de Neptuno cerró una fase histórica. La humanidad había concluido su primera exploración del Sistema Solar exterior, y todo en menos de una década. La gravedad de Neptuno desvió la trayectoria de la Voyager 2 hacia el sur de la eclíptica, en el sentido opuesto a su hermana. A partir de entonces, el objetivo de las dos sondas sería determinar dónde finaliza la heliosfera, es decir, encontrar el límite que separa el Sistema Solar del espacio interestelar, límite conocido como heliopausa. El azar quiso que las dos Voyager se dirijan hacia el frente más cercano de la heliopausa. De no haber sido así, las dos naves habrían agotado su fuente de energía mucho antes de alcanzar el límite de la heliosfera. Estructura de la heliosfera (NASA).El 14 de febrero de 1990, las cámaras de la Voyager 1 funcionaron por última vez para tomar 64 emotivas fotografía, un ‘retrato de familia’ de los planetas del Sistema Solar a seis mil millones de kilómetros de distancia, con excepción de Mercurio y Marte, demasiado débiles para ser captados a esa distancia. Este retrato de familia sería el legado de las cámaras de las Voyager después de haber obtenido más de 67000 imágenes. Las fotos, sin valor científico alguno, servirían de inspiración para la famosa obra ‘Un punto azul pálido’ de Carl Sagan. Para entonces, las dos Voyager estaban tan lejos que la Tierra no era más que un minúsculo y humilde punto azul en la inmensidad del espacio interplanetario. En palabras de Sagan: Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es casa. Eso es nosotros. En él se encuentra todo aquel que amas, todo aquel que conoces, todo aquel del que has oído hablar, cada ser humano que existió, vivió sus vidas. La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada esperanzado niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol. Retrato del Sistema Solar (NASA). La Tierra como un simple punto azul pálido. ¿La encuentras? (NASA).Definitivamente, si al ver esta imagen no sientes un escalofrío, es que no eres humano. A medida que la potencia de los RTGs fue disminuyendo, las Voyager fueron apagando sus instrumentos uno a uno. Un poco como en aquella memorable escena de ‘2001’, cuando Dave Bowman apaga poco a poco al díscolo HAL 9000. Moviéndose a una velocidad de 17,4 km/s -o lo que es lo mismo, 540 millones de kilómetros al año-, el 17 de febrero de 1998 la Voyager 1 adelantó a la Pioneer 10 y se convirtió en el objeto humano más lejano. Y muy probablemente lo será durante muchas décadas. Por su parte, la Voyager 2 se aleja del hogar a 16 km/s, recorriendo 470 millones de kilómetros al año, aunque todavía le queda algún tiempo para adelantar a la Pioneer 10. La sonda New Horizons, también destinada a abandonar el Sistema Solar, jamás adelantará a las Voyager, ya que su velocidad hiperbólica será inferior a los 15 km/s. La Voyager 1 alcanzó la onda de choque de la heliopausa (bow shock) en 2003-2004 -la fecha exacta se discute aún-, cuando se encontraba a unos 14000 millones de kilómetros del Sol. La Voyager 2 hizo lo propio el 30 de agosto de 2007, unos 1600 millones de kilómetros más cerca del Sol que su compañera. Recientemente, observaciones de los rayos cósmicos captados por la Voyager 1 parecen indicar que al fin la sonda se está acercando a la heliopausa, aunque podría tratarse de una falsa alarma. En cualquier caso, la mayoría de modelos predicen que para 2020 las dos sondas deberán haber alcanzado el límite del Sistema Solar. Ruta de escape del Sistema Solar de las Voyager y Pioneer 10 y 11 (NASA). Trayectoria de las dos Voyager hacia el frente de la heliopausa (NASA). Trayectoria relativa de las dos Voyager con respecto a la eclíptica (NASA). Incremento de los rayos cósmicos recibidos por la Voyager 1. ¿Se acerca a la heliopausa? (NASA). La potencia de los RTGs disminuye año tras año de forma inexorable. En algún momento alrededor de 2025 o 2030, casi medio siglo después de ser lanzadas desde la Tierra, las dos sondas se apagarán para siempre y nunca volveremos a escuchar su señal. Pero la aventura no habrá concluido. Una vez en el espacio interestelar, las Voyager seguirán alejándose del Sol durante toda la eternidad, suponiendo que no choquen con un pequeño asteroide en su camino. Dentro de 38000 años, la Voyager 1 pasará silenciosamente a 1,6 años luz de AC+79 3888, una estrella anónima en la constelación de Camelopardalis. Si alguna noche contemplas el cielo estrellado, acuérdate de mirar hacia la constelación de Ofiuco. Allí está la Voyager 1. Por su parte, la Voyager 2 se acercará a ‘solamente’ 1,7 años luz de la estrella Ross 248 dentro de 40000 años. Y si esperamos 296 000 años, veremos como pasa a 4,3 años luz de Sirio, la estrella más brillante del cielo. ¿Pero sabes que es lo más fascinante de estas naves? Que dentro de decenas de millones de años, cuando la humanidad haya desaparecido y no quede ningún rastro de nosotros, las Voyager seguirán ahí fuera con su mensaje -nuestro mensaje- al Universo. Un mensaje que se resume en un ‘estuvimos aquí. Vivimos y exploramos el cosmos con curiosidad. No nos olvides’.

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¿Qué pasaría si todos los parásitos desaparecieran?
¿Qué pasaría si todos los parásitos desaparecieran?
Ciencia EducacionporAnónimoFecha desconocida

Te presento al Ancylostoma duodenale. En realidad es de color gris rosáceo y tiene una boca ancha, casi tan grande como su cabeza, armada con dos pares de dientes afilados. Parece un dedo con las mandíbulas de un tiburón. Y es un parásito. Vive en los intestinos de animales más grandes, entre ellos muchos humanos. Se aferra a la pared de los intestinos con sus dientes y le chupa la sangre a su anfitrión. Así, prospera a expensas de él. Y como todos los parásitos, no da nada a cambio. ¡Seguro que estaríamos mejor sin este tipo de buenos para nada aprovechándose de nuestros recursos! Supongamos que todos los parásitos del mundo desaparecieran de un momento al otro. ¿No serían los otros animales más sanos y que habría menos sufrimiento? Pues no: un mundo sin parásitos podría no ser muy agradable. Es probable que siguiera habiendo tanta enfermedad y dolor como antes, pero mucho de la belleza del mundo natural desaparecería. Y quizás hasta dejaríamos de tener relaciones sexuales. Están por doquier La palabra se deriva del griego "parásītos" que significa "alguien que come en la mesa de otro". Hay millones de parásitos distintos. Muchos hongos son parásitos, entre ellos el organismo vivo más grande de la Tierra, un hongo de miel que ocupa 3,8 kilómetros de las montañas Blue en Oregón, Estados Unidos. También hay plantas parásitas, como el muérdago. Y no hay que olvidar las pulgas y piojos, y los virus y bacterias. Hay hasta pájaros parásitos: el más famoso es el cucú, que tiene la costumbre de poner sus huevos en los nidos de otros pájaros. De hecho, los científicos estiman que alrededor del 50% de todos los organismos son parasitarios. Y, como dice el experto Andrés Gómez de ICF International en Washington, "son abundantes, ubicuos, diversos e importantes". Claramente entonces, si nos deshiciéramos de todos los parásitos, el mundo se vería muy distinto... ¡notarías la diferencia antes de que se ocultara el Sol! "En cuestión de horas, millones de gente pobre se curaría de enfermedades crónicas graves como malaria, esquistosomiasis y ascariasis", dice Kevin Lafferty, del US Geological Survey en Santa Barbara, California. "La gente podría trabajar más duro y disfrutar más de la vida. El ganado y las cosechas también serían más sanos". Pero esa luna de miel no duraría mucho. La rebeldía de nuestro cuerpo Por un lado, nuestros cuerpos podrían rebelarse. "Si nos deshiciéramos de los parásitos, podría haber consecuencias no anticipadas, pues hemos evolucionado junto con ellos durante tanto tiempo", advierte Jaap de Roode de la Universidad Emory, EE.UU.  Pulga suspendida en ámbar: uno de los parásitos que compartimos con los animales domésticos. Según la "hipótesis de la higiene" nuestro sistema inmunitario ha evolucionado para hacerle frente a cierta cantidad de infecciones. Así que si no estamos expuestos a parásitos y otras enfermedades cuando somos jóvenes, nuestro sistema inmunitario no se desarrolla bien y puede empezar a atacar nuestros propios cuerpos. Eso podría explicar por qué tanta gente que hoy en día vive en entornos limpios sufre de alergias y enfermedades autoinmunes. Y no sería sólo nuestro sistema inmunitario lo que se descontrolaría. Plagas y pestes Además de hacerle daño a la gente, los parásitos mantienen bajo control el número de insectos que comen plantas y otros animales que consideramos como plagas. En cuestión de meses, los números de esas especies aumentarían y causarían daños graves en los cultivos, señala Lafferty. Como resultado tendríamos que usar aún más pesticidas, lo que afectaría la vida silvestre. "Casi todas las especies tienen su parásito", confirma Levi Morran, también de la Universidad Emory. "Y estos tienen un rol en los ecosistemas: sin ellos, la población podría explotar. Tendríamos que empezar a matar muchas cosas". Y no seríamos nosotros los únicos "matadores". Habría una cornucopia de animales y plantas que en el mundo con parásitos habrían muerto, pero que sin ellos requerirían de algo que se los coma. "A la naturaleza realmente no le gusta el vacío", dice Lafferty. Depredadores como las arañas y los pájaros llenarían el lugar de los parásitos desaparecidos. Con el tiempo, se multiplicarían y a largo plazo, evolucionarían. El incremento de la amenaza de los depredadores transformaría a muchos animales y plantas. Después de unos pocos siglos, dice Lafferty, la evolución cambiaría los "tipos de defensas que los animales y las plantas adquieren: más espinas, conchas más gruesas, químicos desagradables".                                                                                          La polilla de la col es una de las plagas más destructivas; parásitos como estos hacen que deseemos que no existieran. Parásitos... ¿gracias? Los cambios pueden ser particularmente dramáticos en los océanos, apunta Luis Zaman, de la Universidad de Washington en Seattle. Como están llenos de algas y otros microorganismos -los cuales directa o indirectamente alimentan a otros animales- que "están constantemente batallando con virus", lo que mantiene la población controlada, "si se extraen todos los parásitos del ecosistema, probablemente colapsará". Pero además de controlar poblaciones, los parásitos tienen otro efecto más a largo plazo: impulsan la evolución de nuevas especies.  Entonces, ¿mejor volver a empezar con otra imagen de una Ancylostoma duodenale? Sí, es cierto: tenemos mucho que agradecerle a los parásitos por la diversidad de vida en la Tierra. ¿Por qué? Los anfitriones y los parásitos están en una carrera armamentista evolucionaria constante. Eso hace que afinen su habilidad para sobrevivir. "Cuando interactúan, evolucionan juntos y esa coevolución es responsable de una cantidad masiva de cambio en la historia del planeta", señala Morran. Para una investigación, publicada en 2014, Zaman estimuló la evolución de organismos usando un modelo de computador y confirmó que los parásitos fuerzan a sus anfitriones a volverse más complejos. Cuando los sacaba, los animales se volvían más simples y parecidos. En la vida real, la diferencia sería más dramática, calcula Zaman. "Apuesto que veríamos índices de extinción aún más dramáticos. Muchas investigaciones han demostrado que los parásitos son importantes impulsores y protectores de la diversidad". Pero, ¿por qué dijeron que no tendríamos relaciones sexuales? Pues porque es posible que fueran los parásitos los que llevaron a los animales a volverse más atractivos sexualmente para sus parejas potenciales. No hay un ritual de cortejo como el de las aves de emparrado. Viven en los bosques de Nueva Guinea y Australia, y los machos hacen bellas obras de arte para atraer a su pareja. Construyen un emparrado o una especie de quiosco con ramitas y lo decoran con objetos de colores brillantes, como frutas, conchas y hasta cosas hechas por el hombre, como lápices. Las hembras sólo copulan con ellos si la obra es de excelente calidad. La teoría es que la evolución de esta extraordinaria exhibición se debe a los parásitos. Y a ellos se les atribuyen también otros asombrosos atributos sexuales, como las dramáticas plumas de las colas de los pavos reales, la gran melena de los leones y los teátricos cuernos del carnero. A principios de los años 80, W.D. Hamilton y Marlene Zuk estudiaron los despliegues sexuales de los pájaros norteamericanos. Notaron que las especies que eran más propensas a tener parásitos en la sangre tendían a ser más espectaculares: el plumaje de los machos y las hembras eran más coloridos, y los machos cantaban mejor. Indicaron de las dramáticas características de los machos -como las colas de los pavos reales- eran una especie de medalla de honor; un mensaje a las hembras de que habían derrotado a sus parásitos y todavía les quedaba energía. A la hembra le convenía escogerlos pues era probable que sus descendientes heredaran la habilidad de resistir infecciones. ¿Y los humanos? Es posible que el mensaje que envían las características que nos hacen atractivos sea el mismo que el de los pavos reales. "Hay quienes piensan que el cerebro que tenemos puede ser resultado de la selección sexual, en la que se piensa que los parásitos son la clave", señala Roode. Es más, así como impulsaron la evolución de un cortejo llamativo, los parásitos también pueden haber sido el principal motor para la existencia del sexo mismo. El gran beneficio del sexo es que mezcla los genes de manera que les permite a los animales producir crías diferentes a ellos mismos. Los parásitos pueden haber sido -y seguir siendo- los que alientan ese rápido cambio genético al forzar a sus anfitriones a seguir evolucionando. La idea es que los animales tienen que seguir mejorando su diseño para seguir vivos en un mundo competitivo. Esa es la hipótesis de la Reina Roja. Fue propuesta por el biólogo Leigh Van Valen en 1973. Su nombre viene de un pasaje de la novela de Lewis Carroll "Alicia a través del espejo" en el que la Reina Roja le dice a Alicia que en ese mundo alternativo "hay que correr todo lo que se pueda para quedarse en el mismo lugar". ¿No haría falta copular?  Aunque estamos programados para hacerlo, podríamos llegar a dejar de tener relaciones sexuales. Si los parásitos impulsaron la evolución del sexo, ¿si nos deshiciéramos de ellos dejaríamos de practicarlo? "Podríamos llegar al punto en el que la asexualidad se volviera prevalente", reflexiona Morran. Le sucedería primero a especies más pequeñas, especula. Los humanos estamos tan programados a tener relaciones sexuales que pasaría mucho tiempo antes de que nuestra especie se volviera asexual o se autofertilizara. Pero si sucediera, seríamos más genéticamente parecidos. Y los machos tenderían a ser obsoletos: "en áreas en las que los parásitos son raros, los caracoles machos empiezan a desaparecer y las hembras se reproducen solas", dice Lafferty. Así que más que tratar de eliminar a los parásitos del mundo, algunos científicos ahora están proponiendo que los conservemos, así como lo hacemos con los pandas y los tigres. El problema es: ¿donarías fondos para proteger a una tenia? ¿Harías campaña para salvarla?

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10 razones para tocarnos más
OfftopicporAnónimo7/7/2015

Las filas de pago son cada vez más largas. Las tiendas se llenan cada vez más. El espacio entre persona y persona se reduce notablemente. Al parecer, nos acercamos más unos a otros. Sin embargo, nos miramos menos a los ojos y nos tocamos menos. Para el psicólogo Matthew Hertenstein, de la Universidad DePauw, vivimos en una sociedad con fobia al contacto. Este, no obstante, es el arma secreta en muchas relaciones exitosas y es una forma de lenguaje que apenas empieza a decodificarse: las palabras no son suficientes para describir lo que el contacto físico transmite. Hertenstein considera que tenemos una habilidad innata para identificar emociones al tocarnos, y que la posibilidad de acertar la emoción que transmite una persona a otra es hasta de 78%. Asimismo, puede disminuir la ansiedad, proveer reafirmación y disminuir el dolor. Esta forma de relación física está rodeada de innumerables reglas sociales; incluso, en sus inicios, la psicología prohibía como método el contacto directo con los pacientes, ya que podría percibirse como aterrador y amenazante. Por eso tenemos tantas normas, asegura el profesor emérito de la Universidad de Comunicación del estado de San Diego, Peter Andersen; pareciera que la única regla que nos puede salvar de no caer en el acoso o vernos como “necesitados” es la de “no tocar” que nos lleva a dejar de lado todos los beneficios que se obtienen de esto que nos es tan natural como especie. Tiffany Field, quien es directora del Touch Research Institute, ha estudiado el toque en la forma de masaje y ha encontrado un cúmulo de beneficios; de acuerdo con sus hallazgos, cuando se estimulan los receptores de presión de la piel se disminuye la cantidad de hormonas del estrés. Al mismo tiempo, el contacto cálido estimula la “hormona del amor”, la oxitocina que aumenta el sentido de confianza y apego. Asimismo, se ha comprobado que una persona que da un abrazo obtiene tanto beneficio como quien lo recibe. La psicoterapeuta Ali Goldfield dice 10 razones para tocarnos más: 1.     Seguridad: Un firme apretón de manos puede transmitir autoridad, fortaleza y competencia. 2.     Confianza: El contacto puede promover la cooperación. Al tocar a nuestro interlocutor creamos una conexión que puede inclinarlo a ayudarnos. 3.     Pequeño apapacho: Tocar a una persona en el brazo lo puede motivar a ofrecer un mejor desempeño. 4.     Inseguridad: Un ligero contacto físico puede ayudar a disminuir la ansiedad en situaciones estresantes, cuando nos asustamos o nos encontramos preocupados por algo. 5.     Solidaridad: Un toque en el brazo o una palmada en la espalda permite hacernos sentir importantes, promover los lazos y mejorar la comunicación. 6.     Cuidado: Antes de de tocar a una persona, asegúrate de que tu relación con ella lo permite o pregúntale si está bien que la toques. 7.     Piensa: Tómate un momento para meditar lo que vas a transmitir; recuerda que hay una alta posibilidad de que pueda percibirlo. 8.     Con cuidado: Trata de que siempre sea de una manera respetuosa y que tus manos se encuentren lo más limpias posible. 9.     Siente: Observa los distintos escenarios en que decides tocar a alguien; mira lo que te gusta y te hace sentir bien, y cuida lo que provocas en los demás. 10.   Dato extra: El psicólogo estadounidense Harry Harlow demostró que un macaco bebé formaba una relación de apego con una madre sustituta de felpa, pero no con una hecha de alambre, aun cuando esta última era la que ofrecía alimento.

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15 curiosidades de Groenlandia
OfftopicporAnónimo4/17/2015

Groenlandia es un territorio singular y de paisajes soberbios. Puede llegar a ser el lugar más inhóspito del mundo para vivir, pero está lleno de curiosidades como estas: 1. En Groenlandia no existe el derecho de propiedad sobre la tierra; toda es comunal 2. Las cañerías de suministro de agua y de alcantarillado a las viviendas están calefactadas; si no, en invierno se congelarían y estallarían. 3. Un supermercado groenlandés tiene las mismas mercancías que el supermercado de al lado de tu casa; pero todo se trae de fuera. En el país no se produce nada, más allá de manufacturas de pescado. 4. La ballena es junto con la foca el plato nacional. Pero lo más apreciado de un cetáceo no es su carne (que se vende muy barata) sino lapiel, por la alta cantidad de vitaminas que contiene. Se paga a elevados precios y se come cruda o cocida en sopa. 5. No existe ninguna carretera que una dos núcleos habitados de Groenlandia. Para ir de una aldea a otro o de una ciudad a otra hay que usar avión, barco o trineos de perros o motonieve en invierno. 6. De los dos millones de kilómetros cuadrados de superficie que tiene Groenlandia (cuatro veces la extensión de España), el 85% está cubierto por una capa de hielo, el Inlandsis, que alcanza los 3 kilómetros de espesor. Sus 57.000 habitantes viven en los tramos de costa que no ocupa el hielo. 7. En esos dos millones de kilómetros cuadrados solo existen dos juegos de semáforos, que están en la misma calle de Nuuk, la capital. 8. En la década de los 50 Dinamarca comenzó un plan forzado de reasentamiento para los inutis (esquimales) groenlandeses en poblaciones estables con casas de madera donde poder dar mejores servicios y controlar a la población. Ese paso de nómadas prehistóricos a ciudadanos sedentarios del siglo XX llevó a Groenlandia a tener aún hoy la mayor tasa de suicidios del mundo por número de habitantes y una de las más altas de ingesta de alcohol. 9. El país votó mayoritariamente por el derecho a la autodeterminación en un referéndum en 2008. Y se siente ya tan independiente que incluso celebran el Día de la Independencia, el 21 de junio. Pero no puede independizarse de Dinamarca. Groenlandia, con su actual estructura económica, es inviable como país. Sin la aportación anual de 450 millones de euros por parte de Dinamarca no habría dinero suficiente para mantener los servicios básicos. Se espera que los futuros ingresos por la explotación de las gigantescas reservas de petróleo, uranio y metales raros que se esconden bajo el hielo (y que el cambio climático hará más accesibles) puedan generarlos, pero hasta los más independentistas son conscientes de que pasar de depender del subsidio de la metrópoli (Dinamarca) a hacerlo de una compañía minera china o una petrolera multinacional. 10. Una de las prendas más apreciadas en los mercadillos de cualquier pueblo son redecillas antimosquitos para la cabeza. Los mosquitos groenlandeses tiene el tamaño de un iceberg y la voracidad de un oso polar. 11. Groenlandia estuvo cerrada a los extranjeros (y por tanto también a los turistas) hasta 1953. Era considerada por Dinamarca como una colonia y no se permitía el acceso más que científicos acreditados y autorizados por Copenhague. 12. Cuando llegaron los primeros vikingos al sur de Groenlandia procedentes de Islandia, en el año 982 y liderados por Erik el Rojo, la zona meridional de la isla estaba deshabitada (de hecho los actuales inuits llegaron después) y tenía menos hielo que ahora. Por eso la llamaron la isla verde (Greenland o Grønland en danés) 13. El hijo de Erik el Rojo, Leif Erikson, partió desde los asentamientos vikingos del sur de Groenlandia y alcanzó las actuales costas de Canadá. Fueron en justicia los europeos que descubrieron América. Curiosamente casi todas las biografías omiten o minusvaloran que Colón estuvo en Islandia en 1477. Es muy probable que los islandeses le contaran que sus antepasados ya sabían de la existencia de tierra entre Europa y Asia. 14. La primera iglesia cristiana de Groenlandia la construyó Erik el Rojo para su mujer. Como geográficamente Groenlandia forma parte del continente americano, esa fue la primera iglesia cristiana de América. Una reproducción puede verse hoy en Qassiarsuk. 15. Groenlandia es el único territorio de la UE que se ha ido del club europeo. Entró en el Mercado Común cuando lo hizo Dinamarca, en 1973, pero en 1982 sus ciudadanos decidieron en referéndum salirse de la Unión Europea para salvaguardar sobre todo sus intereses pesqueros.

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