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Usuario (Argentina)

Primer post: 10 may 2010Último post: 20 may 2010
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1810-2010: un nuevo escenario de crisis y revoluciones
1810-2010: un nuevo escenario de crisis y revoluciones
InfoporAnónimo5/20/2010

1810-2010: un nuevo escenario histórico de crisis y revoluciones Mayo de 1810 no fue un hecho aislado. Como todo el proceso independentista de América Latina es parte del ciclo histórico de la revolución burguesa: el de la emancipación de las colonias inglesas en 1776 y el de la Francia de 1789, dos grandes acontecimientos que tuvieron una influencia muy marcada en las rebeliones del sur del continente americano. Crisis mundial (I) El sistema colonial había crecido al amparo de una nueva era histórica y se agotó como parte de una etapa de crisis y revoluciones. Las colonias norteamericanas buscaron un camino propio cuando desde Londres se las asfixiaba con una confiscación impositiva intolerable, que tenía la finalidad de reconstituir las finanzas inglesas luego de una prolongada guerra con Francia. Del mismo modo, las colonias del sur buscaban quebrar el asfixiante monopolio hispano, que le vedaba un acceso independiente al mercado mundial, en expansión bajo los efectos de la revolución industrial. El desarrollo general de las fuerzas productivas, que el sistema colonial había contribuido a desarrollar, había encontrado su límite. El desarrollo del mercado mundial a partir del descubrimiento de América y el comercio a larga distancia fueron la condición de la industria moderna que revolucionó la capacidad productiva de la humanidad. Las contradicciones del sistema colonial estallaron al calor de una crisis mundial que tuvo por centro a sus metrópolis. El detonante fue la invasión de España por Napoleón, que buscaba crear un sistema continental protegido contra la competencia inglesa. La invasión napoleónica dejó a toda la administración colonial hispana colgada del pincel. Fue la oportunidad para que la débil burguesía rioplatense (estancieros y comerciantes) y la pequeña burguesía criolla que pretendía encarnar el espíritu de la época formaran la primera “junta” (denominación tomada de las “juntas” que se constituían en España contra el régimen de los invasores franceses), liquidando a la desgastada burocracia virreinal. La necesidad y la contingencia impulsaron una revolución en las despobladas pampas, en la comarca más lejana del imperio colonial español. El centro vital de éste era el Alto Perú, que en ese mismo momento comenzaba una declinación irreversible, luego de haber regado con oro y plata la acumulación de capital en Europa. Treinta años antes de 1810, la verdadera masa explotada, los indígenas de las minas y campos, se levantó contra el explotador colonial con Tupac Amaru en el Alto Perú, con los comuneros en Nueva Granada. Estos levantamientos marcaron el límite histórico de las oligarquías criollas, que se espantaron con el accionar del pueblo insurgente. Estas mismas oligarquías le dieron el contenido histórico de clase al movimiento de la independencia ríoplatense, que se plasmó en el régimen de la estancia y en la balcanización de Sudamérica. Crisis mundial (II) Nuestro Mayo se presentó al mundo en una etapa de crisis y revoluciones que marca el período que conduce al apogeo de la civilización burguesa. Su límite histórico quedará expuesto en el curso del siglo XIX, con las revoluciones europeas del 48 y el final de la guerra civil norteamericana en 1861. Diez años después, será el alba de un nuevo ciclo histórico, el que anticipa la gesta de la Comuna de París en 1871. Luego, bajo la presión de una gigantesca depresión capitalista mundial, el proletariado forjará sus partidos de masas y su Internacional. Esa crisis mundial abre paso también a la época del imperialismo capitalista. En 1890 esa crisis mundial llevó a la Argentina a la bancarrota y abrió la vía a un nuevo protagonista histórico en nuestro suelo: el proletariado, que con sus luchas marcará todo el período previo al Centenario, cuando la oligarquía terrateniente festejaba su condición de semicolonia de Inglaterra. En el Bicentenario, la historia nos encuentra en una nueva bisagra histórica -una nueva etapa de crisis y revoluciones, que ahora cubre la etapa senil del capital. América Latina no reunió las condiciones para desarrollar una nación, según la trayectoria que marcaron las colonias norteamericanas -que de todos modos necesitaron un levantamiento nacional (1776) y una enorme guerra civil en la sexta década del 800. Mientras la burguesía industrial norteamericana empleaba las armas para acabar con el sur esclavista, la oligarquía de los terratenientes y comerciantes pro-ingleses libraban una guerra de esclavización contra pueblo de Paraguay y para consolidar definitivamente la estructura semi-colonial del espacio rioplatense. Lo que no logró en el período de formación de los Estados nacionales, se sigue presentando, sin embargo, como una tarea histórica pendiente en el período de ladescomposición de esos Estados nacionales y de decadencia histórica del capitalismo. Es por eso que sobrepasa las posibilidades de la burguesía nacional y de su expresión política -el nacionalismo burgués. Argentina fue, en el siglo XX, el territorio de una amplia experiencia de nacionalismo burgués, del yrigoyenismo al peronismo, que fracasó en conquistar la independencia nacional, que no puede ser otra que la unidad de América Latina. La expresión de este fracaso está a la vista en la posición marginal que ocupa en la economía y política mundiales, y en su colonización por el capital financiero. El peronismo acabó creando a la Triple A. Otra expresión política la encontramos en el kirchnerismo, esa farsa que protagoniza la historia cuando quiere repetirse. En lugar de misiones revolucionarias hacia Paraguay y el Alto Perú, tenemos el Fondo del Endeudamiento. El Bicentenario nos encuentra ante una nueva crisis mundial, en la época de declinación del capitalismo. Provocará, como ya lo hace, crisis políticas y levantamientos populares, y crisis internacionales. Se trata de cambiar la historia en forma radical, para terminar con la explotación y las guerras. Para afrontar sus responsabilidades históricas, la clase obrera mundial necesita desarrollar su independencia política y construir partidos obreros revolucionarios. Pablo Rieznik-Jorge Altamira Fuente

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El ABC de la dialéctica Marxista
InfoporAnónimo5/10/2010

El A B C de la dialéctica marxista La dialéctica no es una ficción ni una mística, sino una ciencia de las formas de nuestro pensamiento en la medida en que éste no se limita a los problemas cotidianos de la vida y trata de llegar a una comprensión de procesos más profundos y complicados. La dialéctica y la lógica formal mantienen entre sí una relación similar a la que existe entre las matemáticas inferiores y las superiores. Trataré aquí de esbozar lo esencial del problema en forma muy concisa. La lógica aristotélica del silogismo simple, parte de la premisa de que “A” es igual a “A”. Este postulado se acepta como axioma para una multitud de acciones humanas prácticas y de generalizaciones elementales. Pero en realidad “A” no es igual a “A”. Esto es fácil de demostrar si observamos estas dos letras bajo una lente: son completamente diferentes una de otra. Pero, se podrá objetar, no se trata del tamaño o de la forma de las letras, dado que ellas no son solamente símbolos de cantidades iguales; por ejemplo, de una libra de azúcar. La objeción no es válida en realidad; una libra de azúcar nunca es igual a una libra de azúcar: una balanza delicada descubriría siempre la diferencia. Nuevamente se podría objetar: sin embargo, una libra de azúcar es igual a sí misma. Tampoco es verdad: todos los cuerpos cambian constantemente de tamaño, peso, color, etc. Nunca son iguales a sí mismos. Un sofista contestaré que una libra de azúcar es igual a sí misma “en un momento dado”. Fuera del valor práctico extremadamente dudoso de este “axioma”, tampoco soporta una crítica teórica. ¿Cómo debemos concebir realmente la palabra “momento”? Si se trata de un intervalo infinitesimal de tiempo, entonces una libra de azúcar está sometida durante el transcurso de ese “momento” a cambios inevitables. ¿O este “momento” es una abstracción puramente matemática, es decir, cero tiempo? Pero todo existe en el tiempo y la existencia misma es un proceso ininterrumpido de transformación; el tiempo es, en consecuencia, un elemento fundamental de la existencia. De este modo, el axioma “A” es igual a “A” significa que una cosa es igual a sí misma si no cambia, es decir, si no existe. A primera vista podría parecer que estas “sutilezas” son inútiles. En realidad, tienen decisiva importancia. El axioma “A” es igual a “A” es a un mismo tiempo punto de partida de todos nuestros conocimientos y punto de partida de todos los errores de nuestro conocimiento. Sólo dentro de ciertos límites se le puede utilizar con impunidad. Si los cambios cuantitativos que se producen en “A” carecen de importancia para la cuestión que tenemos entre manos, entonces podemos suponer que “A” es igual a “A”. Tal es, por ejemplo, el modo en que el vendedor y el comprador consideran una libra de azúcar. De la misma manera consideramos la temperatura del Sol. Hasta hace poco considerábamos de la misma manera el valor adquisitivo del dólar. Pero cuando los cambios cuantitativos sobrepasan ciertos límites se convierten en cambios cualitativos. Una libra de azúcar sometida a la acción del agua o de la gasolina deja de ser una libra de azúcar. Un dólar en manos de una presidente deja de ser un dólar. Determinar en el momento preciso el punto crítico en que la cantidad se transforma en calidad es una de las tareas más difíciles o importantes en todas las esferas del conocimiento, incluso de la sociología. Todo obrero sabe que es imposible elaborar dos objetos completamente iguales. En la transformación de bronce en conos, se permite cierta desviación para los conos, siempre que ésta no pase de ciertos límites (a esto se le llama “tolerancia”). Mientras se respeten las normas de la tolerancia, los conos son considerados iguales (“A” es igual a “A”). Cuando se sobrepasa la tolerancia, la cantidad se transforma en calidad; en otras palabras, los conos son de inferior calidad o completamente inútiles. Nuestro pensamiento científico no es más que una parte de nuestra práctica general, incluso de la técnica. Para los conceptos rige también la “tolerancia”, que no surge de la lógica formal basada en el axioma “A” es igual a “A”, sino de la lógica dialéctica cuyo axioma es: todo cambia constantemente. El “sentido común” se caracteriza por el hecho de que sistemáticamente excede la “tolerancia” dialéctica. El pensamiento vulgar opera con conceptos como capitalismo, moral, libertad, estado obrero, etc. El pensamiento dialéctico analiza todas las cosas y fenómenos en sus cambios continuos a la vez que determina en las condiciones materiales de aquellos cambios el momento crítico en que “A” deja de ser "A", un estado obrero deja de ser un estado obrero. El vicio fundamental del pensamiento vulgar radica en el hecho de que quiere contentarse con fotografías inertes de una realidad que consiste en eterno movimiento. El pensamiento dialéctico da a los conceptos -por medio de aproximaciones sucesivas- correcciones, concreciones, riqueza de contenido y flexibilidad; diría, incluso, hasta cierta suculencia que en cierta medida los aproxima a los fenómenos vivientes. No hay un capitalismo en general, sino un capitalismo dado, en una etapa dada de desarrollo. No hay estado obrero en general, sino un capitalismo dado, en una etapa dada de desarrollo. No hay estado obrero en general, sino un estado obrero dado, en un país atrasado, dentro de un cerco capitalista, etc. Con respecto al pensamiento vulgar, el pensamiento dialéctico está en la misma relación que una película cinematográfica con una fotografía inmóvil. La película no invalida la fotografía inmóvil, sino que combina una serie de ellas de acuerdo a las leyes del movimiento. La dialéctica no niega el silogismo, sino que nos enseña a combinar los silogismos en forma tal que nos lleve a una comprensión más próxima a la realidad eternamente cambiante. Hegel, en su Lógica (1812-1816), estableció una serie de leyes: cambio de cantidad en calidad, desarrollo a través de las contradicciones, conflictos entre el contenido y la forma, interrupción de la continuidad, cambio de la posibilidad en inevitabilidad, etcétera, que son tan importantes para el pensamiento teórico como el silogismo simple para las tareas más elementales. Hegel escribió antes que Darwin y antes que Marx. Gracias al poderoso impulso dado al pensamiento por la revolución francesa, Hegel anticipó el movimiento general de la ciencia. Pero porque era solamente una anticipación, aunque hecha por un genio, recibió de Hegel un carácter idealista. Hegel operaba con sombras ideológicas como realidad final. Marx demostró que el movimiento de estas sombras ideológicas no reflejaban otra cosa que el movimiento de cuerpos materiales. Llamamos “materialista” a nuestra dialéctica porque sus raíces no están en el cielo ni en las profundidades del “libre albedrío”, sino en la realidad objetiva, en la naturaleza. Lo consciente surgió de lo inconsciente, la psicología de la fisiología, el mundo orgánico del inorgánico, el sistema solar de la nebulosa. En todos los jalones de esta escala de desarrollo, los cambios cuantitativos se transformaron en cualitativos. Nuestro pensamiento, incluso el pensamiento dialéctico, es solamente una de las formas de expresión de la materia cambiante. En ese sistema no hay lugar para Dios, ni para el Diablo, ni para el alma inmortal, ni para leyes y normas morales eternas. La dialéctica del pensamiento, por haber surgido de la dialéctica de la Naturaleza, posee en consecuencia un carácter profundamente materialista. El darwinismo, que explicó la evolución de las especies a través del tránsito, de las transformaciones cuantitativas en cualitativas, constituyó el triunfo más alto de la dialéctica en todo el campo de la materia orgánica. Otro gran triunfo fue el descubrimiento de la tabla de pesos atómicos de elementos químicos, y posteriormente, la transformación de un elemento en otro. A estas transformaciones (de especies, elementos, etcétera) está estrechamente ligada la cuestión de la clasificación, de pareja importancia en las ciencias naturales y las sociales. El sistema de Linneo (siglo XVIII), que utilizaba como punto de partida la inmutabilidad de las especies, se limitaba a la descripción y clasificación de las plantas de acuerdo a sus características exteriores. El período infantil de la botánica es análogo al período infantil de la lógica, ya que las formas de nuestro pensamiento se desarrollan como todo lo que vive. Unicamente el repudio definitivo de la idea de especies fijas, únicamente el estudio de la historia de la evolución de las plantas y de su anatomía, preparó las bases para una clasificación realmente científica. Marx, que a diferencia de Darwin era un dialéctico consciente, descubrió una base para la clasificación científica de las sociedades humanas, en el desarrollo de sus fuerzas productivas y en la estructura de las formas de propiedad, que constituyen la anatomía social. El marxismo sustituye por una clasificación dialéctica materialista la clasificación vulgarmente descriptiva de sociedades y estados que aún sigue floreciendo en las universidades. Unicamente mediante el uso del método de Marx es posible determinar correctamente, tanto en el concepto de lo que es un estado obrero como el momento de su caída. Todo esto, como vemos, no contiene nada “metafísico” o “escolástico”, como afirman los ignorantes pedantes. La lógica dialéctica expresa las leyes del movimiento dentro del pensamiento científico contemporáneo. Por el contrario, la lucha contra la dialéctica materialista expresa un pasado lejano, el conservadurismo de la pequeña burguesía, la autosuficiencia de los universitarios rutinarios y... un destello de esperanza en la vida del más allá. Leon Trotsky Fragmento de “En defensa del marxismo”

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