RebellionIsHere
Usuario (Argentina)

Soy estudiante de Ciencia Política, y me topé con un texto de sociología que me resultó particularmente interesante, y me gustaría compartirlo con ustedes. El objetivo del texto es responder de una manera sencilla y fácil de comprender a la pregunta sobre qué es la sociología, y acude a utilizar como un primer ejemplo el amor romántico. En fin, procedamos. ---------- El ámbito de la sociología: un primer ejemplo ¿Ha estado enamorado alguna vez? Es prácticamente seguro que sí. La mayoría de la gente sabe desde la adolescencia qué es estar enamorado y, para muchos de nosotros, el amor y el romance aportan algunos de los más intensos sentimientos de nuestra vida. ¿Por qué se enamoran las personas? La respuesta, a primera vista, parece obvia. El amor expresa una atracción física y personal que dos individuos sienten el uno por el otro. Hoy en día, podemos ser escépticos ante la idea de que el amor "es para siempre", pero solemos pensar que enamorarse es una experiencia que procede de sentimientos humanos universales. Parece del todo natural que una pareja que se enamora quiera realizarse personal y sexualmente a través de su relación, y quizá mediante el matrimonio. Sin embargo, esta situación que hoy nos parece evidente es, de hecho, bastante inusual. Enamorarse no es una experiencia que tenga la mayoría de los habitantes del mundo y, si la tienen, no suele vincularse al matrimonio. La idea del amor romántico no se extendió en Occidente hasta fecha bastante reciente y ni siquiera ha existido en la mayoría de las otras culturas. Sólo en los tiempos modernos se ha considerado que el amor y la sexualidad estén íntimamente ligados. John Boswell, historiador del medioevo europeo, ha señalado hasta qué punto nuestra idea contemporánea del amor romántico es inusual. En la Europa medieval casi nadie se casaba por amor. De hecho, existía entonces el siguiente dicho: "Amar a la propia esposa con pasión es adulterio". En aquellos días y durante siglos los hombres y las mujeres se casaban principalmente para mantener la propiedad de los bienes familiares o para criar hijos que trabajaran en sus granjas. Una vez casados, podían llegar a ser buenos amigos, sin embargo esto ocurría después de las bodas y no antes. A veces la gente tenía otras relaciones sexuales al margen del matrimonio pero éstas apenas inspiraban las emociones que ahora relacionamos con el amor. El amor romántico se consideraba, en el mejor de los casos, una debilidad y, en el peor, una especie de enfermedad. Hoy día nuestra actitud es casi la contraria. Con razón habla Boswell de que "prácticamente una obsesión en la moderna cultura industrial" con el amor romántico: Los que están inmersos en este "mar de amor" suelen darlo por hecho [ ... ] En muy pocas culturas premodernas o contemporáneas no industrializadas se aceptaría esta idea -que no suscita polémica en Occidente- de que "el objetivo de un hombre es amar a una mujer y el de una mujer amar a un hombre". A la mayoría de las personas de todas las épocas y lugares esta valoración del ser humano les parecería bastante pobre. (Boswell, 1995, p. xix.) Por consiguiente, el amor romántico no puede considerarse como parte intrínseca de la vida humana sino que, en realidad, esta concepción es fruto de muy diversas influencias sociales e históricas, que son el objeto de estudio de los sociólogos. La mayoría de nosotros vemos el mundo según las características que tienen que ver con nuestra propia vida. La sociología demuestra que es necesario utilizar un punto de vista más amplio para saber por qué somos como somos y por qué actuamos de la forma en que lo hacemos. Nos enseña que lo que consideramos natural, inevitable, bueno o verdadero puede no serlo y que las "cosas dadas" de nuestra vida están influidas por fuerzas históricas y sociales. Para el enfoque sociológico es fundamental comprender de qué forma sutil, aunque compleja y profunda, la vida individual refleja las experiencia sociales. ---------- Fuente: Sociología, Anthony Giddens.

¿Cómo abordar nuestros problemas ante la magnitud de la crisis? Los fenómenos, que brotan y se suceden con extraordinaria rapidez, se encargan todos los días de “mostrarnos” y “escondernos” la interrelación íntima que hay entre lo particular y lo general; la relación de dependencia que hay entre lo que nos pasa a nosotros y lo que le pasa a la sociedad. En otras palabras, nos oculta la magnitud de la crisis. Es decir que nos “muestra” y nos “esconde” que nuestros problemas no son propiedad privada y única de cada uno de nosotros. Que cada persona está íntimamente ligada a los demás, y que lo que le pasa es la manifestación particular de algo que sucede en general. Pongamos ejemplos. Todos los días hay robos, muertes, violaciones, estafas, violencia familiar, adicciones, malestar, etc., etc.; preguntémonos, ¿estos hechos de dónde provienen? ¿Es la mala suerte la que hace que nos toque a nosotros, es la casualidad? ¿Brotan de la nada o existen y se crean condiciones para eso? Las condiciones para que el problema surja Las personas vivimos en una sociedad, somos parte de ella. Desde que nacemos nos incorporamos a algo que ya existe desde hace un tiempo determinado. En ese algo (la sociedad humana) estamos insertados y dependemos de ella a la vez que la constituimos. Lo que nos pasa, por lo tanto, está relacionado con lo que le pasa a la sociedad humana, y con la forma en que esta sociedad humana tiene en ese momento de su proceso histórico concreto. Esa sociedad, como todas las cosas, viene de algo y va hacia algo. Está siempre en movimiento en un conjunto de procesos, y depende de la relación de su base material (la economía que la sustenta) con su superestructura (las formas institucionales, ideológicas, políticas, jurídicas en que toma cuerpo esa base). Esa base material y su correspondiente superestructura, es el capitalismo (su forma actual). El capitalismo se desarrolló como forma de la existencia humana en base a una contradicción principal y a contradicciones secundarias. La contradicción principal que determinó su desarrollo, como es natural, se estableció y se movió en torno a sus dos componentes esenciales: la burguesía y el proletariado. Al lado de estas clases sociales, o en el medio de éstas, se desarrolló una “clase” que funcionó a lo largo de la historia como un colchón entre las dos clases principales: la pequeña burguesía (la vulgarmente llamada “clase media”). En el desarrollo del capitalismo, mientras se iba concentrando el capital, con la lucha de clases como fondo, se fue transformando la base material y el capitalismo iba cambiando de fisonomía. Cada cambio de fisonomía se dio a través de temblores y espasmos más o menos violentos y a través de crisis cada vez más grandes y graves que envolvían a toda la sociedad, con secuelas en la psiquis de las personas que siempre ocuparon una posición y función determinadas por la división social del trabajo en la sociedad. Desde el nacimiento del capitalismo, cada crisis cíclica fue agregando cantidad de contradicciones y acomplejando su evolución. Del capitalismo de la “libre competencia” del principio, pasando por un proceso de acumulación, concentración y centralización de los capitales, se llegó a un momento-desde 1860 a 1900 aproximadamente-, donde la magnitud de los capitales acumulados parió a los monopolios. Moría la libre competencia y la sociedad se veía envuelta en una lucha feroz entre los distintos capitales para dominar el mercado mundial. En medio de esto se desenvolvía la lucha de clases del proletariado por el poder político. La experiencia política propia del proletariado, lograda en medio de estas convulsiones, había sintetizado y paría su primera experiencia (la Revolución Rusa y el nacimiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS), experiencia política que se instaló y dio batalla en medio de condiciones en extremo duras de una Primera Guerra Mundial, donde las distintas burguesías de los países centrales: Inglaterra, Francia y Alemania, por un lado, y Estados Unidos y Japón como potencias emergentes por el otro, se disputaban el dominio de los mercados que ya no alcanzaban para todos. La aparición de los monopolios transformaba al mundo, producía condiciones nuevas. Nuevas reglas del juego que estaban sujetas a esos cambios en la base material económica y requerían cambios en la política y en las formas de los estados nacionales. Todo el desarrollo mundial se tenía que ajustar ahora a las necesidades del capital financiero. Las convulsiones y la lucha de clases que esto provocó, no se solucionó, ni podía hacerlo, con la Primera Guerra Mundial. Sólo acomplejó las contradicciones y provocó un espasmo mayor: la crisis mundial que estalló en la Bolsa de Estados Unidos y se extendió por el mundo en 1929, cuya forma de “salida” devino en la Segunda Guerra Mundial. Como vemos, la crisis violenta es el elemento que da vida al capitalismo, es su forma de ser. Recordemos a Marx y Engels en el Manifiesto Comunista: “¿Cómo vence estas crisis la burguesía? Por una parte, con la destrucción obligada de una masa de fuerzas productivas; por otra, por la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de los antiguos. ¿De qué modo lo hace, entonces? Preparando crisis más extensas y más profundas y disminuyendo los medios de prevenirlas.” Estas son las condiciones en que surgen los problemas. Éstos no son simples ni dependen de lo inmediato que nos rodea, sino que están ligados a las condiciones que se generan en la lucha de clases mundial y al interior de cada clase. Entonces… ¿cómo abordar nuestros problemas ante la magnitud de la crisis? Al llegar aquí, la pregunta de principio toma otra tónica. Desde esta perspectiva los problemas, por más particulares que parezcan, tienen una raíz y un cariz completamente social, y, por lo tanto, su resolución sólo puede ser social. Pero, dicho así, sólo es el reconocimiento formal de la esencia social de los problemas. Lo cual no significa que la forma de abordarlo sea social. En nuestros hábitos y nuestras costumbres está arraigada una forma cultural de abordar los problemas, forma que está sometida a una contradicción inmanente en el capitalismo: hábitos individualistas para enfrentar problemas que son sociales. Por un lado, la tendencia empuja a destruir la base material de sustentación de esos hábitos, porque la concentración de los capitales y la introducción de nueva tecnología va dejando cada vez más obreros y trabajadores en la calle, y va proletarizando a los sectores de la pequeña burguesía, creando una tendencia a acercarnos y buscarnos cuando los problemas se agravan, toda la escala social se achata y es descendente (hecho que se va consolidando porque la sucesión de los problemas y la falta de solución de parte del régimen burgués nos hace despegar de su sistema político), en un polo se concentra la riqueza (el sector más concentrado de la burguesía) y en el otro la pobreza (el proletariado); mientras, por otro lado, la magnitud de esa destrucción nos aplasta porque nos vemos chiquitos e impotentes ante semejante problema. De esa manera estamos ante un cúmulo de contradicciones que nos empujan en un doble sentido, estamos entre una realidad cada vez más agobiante para los que no estamos preparados y , sin embargo, la necesidad de resolver que nos exige una preparación. ¡Qué paradoja! Tener que resolver una situación para la cual no estás preparado y, a la vez, tener que emprender la marcha partiendo desde esa falta de preparación. Ahora bien, ¿qué es prepararse? Lo primero que cualquier persona o clase social tiene frente a sí, es la espontaneidad (el momento presente de los hechos), pero esa espontaneidad no es una caja vacía que carece de comprensión, o sea, no es una consciencia que sólo ve y vive el momento, sino que es una consciencia que está cargada con las múltiples lecciones que el desarrollo del capitalismo nos fue dando, todas las calamidades vividas en el capitalismo, están en forma caótica y confusa, en la mente de millones de personas que se vieron empujadas a comprenderlo. Entonces, esa espontaneidad no es tan espontánea. Tiene una carga importante de consciencia. Le sirve para entender qué es lo que no quiere. Pero no le alcanza para comprender lo que necesita, es por eso que no sabe lo que quiere. Por lo tanto, a esa espontaneidad le falta consciencia. Pero, ¿qué decimos con esto? Que con el transcurrir de la vida las personas, de acuerdo a su posición y función, van colectando datos que si bien se acumulan en su cabeza, con ellos no pueden aún ensamblar conceptos claros. Y estos datos, que las mentes de millones de personas tienen sin ordenar e hilar, necesitan de impulsos externos que le ayuden a hacer la ilación necesaria para llegar a un concepto claro. Entendemos que el transcurrir de la vida por sí sola no puede darle a la sociedad ese concepto claro. Desde la experiencia se puede llegar a entender, en cierto modo, lo que pasó, pero no se puede llegar a entender el devenir. Para entender el devenir hay que comprender el conjunto de procesos que lo engendró, y para eso hace falta estudiar, pero no sólo estudiar, sino estudiar buscando algo y desde una postura determinada. Es decir que hace falta tener un proyecto. Pero no un proyecto cualquiera, sino un proyecto que se plantee cambiar las condiciones que engendraron este desaguisado que es el capitalismo de hoy. Pero, para elaborar el programa tiene que ir formándose una parte que se aparte del todo que es la clase obrera en general, para estudiar y entender el proceso real y desde allí concebir el proyecto. Y eso no lo puede hacer todo el proletariado, sino la parte que se ponga al hombro esta tarea y comience a reunir la fuerza necesaria para hacerlo. Es decir que, no es que entendemos que un grupo de elite tiene que agruparse para hacer lo que las masas no pueden; sino al revés, es este grupo el que tiene que analizar ese movimiento de las masas para ayudar a enhebrar esos conocimientos sueltos que están en el cerebro de ellas, y de ese modo, la función del grupo es crear consciencia en los sujetos para empujar los cambios profundos y revolucionarios. Es decir que hay que tomar esa espontaneidad cargada de datos para convertirla en estado de consciencia. El estado de la consciencia y la política En este punto de la pregunta inicial, la profundización de la pregunta nos lleva a la política. Pero… ¿Qué es la política para nosotros? Desde luego no la que vemos a diario. Cuando nos vemos como individuos la magnitud del problema a resolver nos empequeñece y nos aplasta. Si alcanzamos a divisar siquiera la magnitud del problema a resolver, y lo miramos desde nuestra individualidad, nos empieza a correr un frío por la espalda que nos paraliza. ¿Cómo vamos a cambiar esto desde una fuerza tan pequeña? Somos pigmeos que enfrentan a las fuerzas del Universo; esa, más o menos, es la comparación. Y la primera sensación que surge desde allí es de temor y parálisis. Claro que desde esa concepción cualquier cambio es imposible. En ese momento de la consciencia, y con un determinado compromiso adquirido, sentimos lo que dice la canción que: “el cuerpo tira adelante y el alma tira pa’ atrás”. Queremos enfrentar la situación, pero no podemos, o sentimos que no podemos. Pero, ¿por qué no podemos? ¿Realmente no podemos? No podemos como estamos, porque como estamos es el producto y resultado de lo que hicimos hasta ahora. Pero, a la vez, lo que hicimos hasta ahora es lo que sabemos hacer, lo que nos sale más fácil. Y, lo que hace falta de acuerdo a la situación actual, lo tenemos que aprender. Por lo tanto, nos encontramos ante una contradicción entre lo que conocemos y es carne en nuestras actitudes y la nueva situación que nos plantea un nuevo hacer y una nueva consciencia. Otra dificultad que se nos plantea para poder, es superar una costumbre nuestra de “patear para adelante” lo que no podemos enfrentar ni resolver. Porque esa fue históricamente la “forma de resolver”. Como es difícil enfrentar lo real, se suele eludir ese enfrentamiento, dejando atrás “lo no resuelto” como si estuviera resuelto. Y, como muchísimos años se estuvo actuando de esa manera, esa forma de enfrentar la realidad se hizo carne en nosotros dejando sus huellas de maniobra y manipulación, que era la manera con que se trataba de lograr lo que se quería. Pero, como la crisis actual no da tregua, esa forma de actuar está haciendo crisis y nos pone de nuevo ante la misma situación, sólo que ahora de manera ineludible. Cada vez hay menos espacio para la maniobra y los deterioros son tan pronunciados que nos hacen imposible vivir. De allí surge que los estados de malestar sean tan prolongados y tan profundos. Entonces, como la crisis empuja, los cambios se hacen necesarios e ineludibles; y como nuestra costumbre es “patear para adelante” y eso tiene poco margen, esa necesidad puede expresarse de las maneras siguientes: o bien, se trabaja la voluntad para enfrentar el problema real, o también, se sujeta a la voluntad actual y se sucumbe ante la magnitud del problema. En ambos casos la voluntad es el centro, sólo que de diferente manera. En el primer caso la voluntad se trabaja para alcanzar mayor volumen, para enfrentar lo que sea para estudiar, entender y actuar para resolver el problema. En el segundo la voluntad es débil o nula para enfrentar la situación y se deja arrastrar por la misma. En el primer caso la voluntad puede o no contribuir a resolver el problema. La voluntad por sí sola no es garantía de resolución del problema, pero es totalmente seguro que sin el concurso de ella no se puede resolverlo. Cuando los problemas generados por la crisis desbordan la individualidad y afectan a millones, son esos millones los que necesitan enfrentarse al problema. La política, entonces, se convierte en la forma de resolución que reclama ese o esos problemas. Es política la necesidad y es política la solución. Pero históricamente hubo dos formas de ver la política: o reclamarle a las autoridades del sistema que solucionen el problema; o desbordar el sistema e intentar solucionarlo por fuera. Pero para solucionarlo por fuera hace falta hacerse cargo de lo que ello significa. La política para nosotros es el cómo se articulan las fuerzas que ya existen y tienden hacia fuera del sistema, es la construcción y elaboración de las nuevas fuerzas que exige esta situación, es entender cómo se pueden utilizar las fuerzas “prestadas” para construir la salida social a la crisis, y para eso, hace falta más consciencia. Entonces, nos encontramos en un espiral dialéctico ascendente que hace falta comprender. Pero para romper el círculo vicioso de la consciencia espontánea y entrar en el espiral dialéctico hace falta crear un grupo de personas que estén dispuestos a hacer todo lo que haga falta para eso. ¿Cómo se hace eso? A nuestro juicio, y por nuestra experiencia, lo primero es el estudio sistemático de la teoría materialista dialéctica y materialista histórica del marxismo, para tener los instrumentos y las categorías de análisis necesarias para indagar en la realidad y transformarla. Los pasos siguientes son la transformación de las personas en el acto de acomodar su vida para entender, modificar prioridades y utilizar profundamente el método de crítica y la autocrítica hecha en grupo. Donde cada uno tiene que tener la posibilidad de decir lo que piensa y siente de lo de los demás, y que éstos tengan la posibilidad de decir a los otros sobre ellos. Es decir que, los límites colectivos juegan un papel fundamental, en la construcción de personas que pongan por delante la necesidad del conjunto antes que la necesidad individual. Con lo cual no se elimina la necesidad individual, sino que ésta se realiza en la del conjunto. Esa es la esencia de la política para nosotros. Entender la necesidad del conjunto y luchar para imponerla como única forma de resolver los problemas sociales. Recorrido este tramo de la pregunta inicial podríamos respondernos que: • El papel de la individualidad tiene que estar subsumido por la necesidad social. • Hace falta estudiar, analizar, actuar y comprender el proceso real para sacar conclusiones más precisas. • Hace falta distinguir con claridad los intereses en juego, para iniciar la construcción de un proyecto propio que de salida social a la crisis. • Hace falta comprender que los problemas no son económicos ni individuales, sino que son sociales y políticos.