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Colegio Americano de Pediatras: “La ideología trans es una abuso de menores institucionalizado” La presidenta del Colegio Americano de Pediatras, Michelle Cretella, considera que la ideología trans produce un "abuso de menores a gran escala". Cretella explica ocho hechos científicos que desmontan el argumentario de quienes empujan a los menores a la cultura trans. La doctora Michelle Cretella, presidenta del Colegi Americano de Pediatras, ha publicado en The Daily Signal una reflexión fundada en datos científicos en el que denuncia que la ideología de género se ha infiltrado en el campo pediátrico. A su juicio, la explosión de ingerencias sobre la disforia de género infantil ha alcanzado tal magnitud en los últimos años, que ha provocado “un abuso de menores institucionalizado” y a “gran escala” articulado sobre una base argumental que deja mucho que desear. En primer lugar, Cretella expone cómo en muy pocos años se ha producido un “avance del consenso médico sobre la naturaleza de la identidad de género” que sonsiste en una metamorfósis conceptual: “Los que los doctores una vez trataron como una enfermedad mental, ahora lo afirma como normal la mayoría de la comunidad médica, e incluso, lo promueve”. En este sentido, Cretella plantea cómo desde que en 2013 el trastorno de identidad de género pasó a llamarse “disforia de género”. Desde entonces, las llamadas “clínicas de género” se han multiplicado. En 2014, había 24 clínicas de género, agrupadas de forma principal a lo largo de la costa este y California. Un año después, eran 40 en todo el país. A esto hay que sumar más de 200 programas de adoctrinamiento de futuros pediatras basados en una premisa: Los niños que “insisten consistentemente y persistentemente” en que no tienen el género asociado con su sexo biológico son innatamente trasngénero. Una afirmación que ignora, a juicio de Cretella, el hecho de que “en la vida normal y en la Psiquiatría, cualquiera que ‘de forma consistente y persistente insiste’ en algo contrario a la realidad física, se considera confundido o delirante, es ignorado”. La presidenta del Colegio Americano de Pediatras denuncia que este enfoque “ha sido acogido por las instituciones públicas, en los medios, la educación y nuestro sistema legal y ahora está recomendado por la mayoría de las organizaciones médicas nacionales”. De esta forma, el movimiento transgénero ha ganado terreno “ofreciendo un relato profundamente defectuoso” dado que “la investigación científica y los hechos hablan de una historia diferente”. Esto son los ocho hechos científicos con los que Michelle Cretella denuncia el movimiento favorable a promover el transgenerismo entre los menores de edad, que la doctora considera un “abuso de menores institucionalizado a gran escala”. 1.- Los estudios de gemelos prueban que nadie nace trans Cretella denuncia que los estudios cerebrales que sugieren que algunos nacen con un cerebro transgénero “son seriamente defectuosos y no prueban nada”. En este sentido, los estudios sobre gemelos idénticos que se realizan de forma rutinaria para discernir qué factores (biológicos o no) contribuyen más a la expresión de un determinado rasgo, son claves. Si los gemelos idénticos tienen el 100% del mismo ADN y están expuestos a las mismas hormonas prenatales, y esto fuera determinante para desarrollar transgenerismo, “deberíamos esperar que ambos gemelos se identificaran como transgénero alrededor del 100 de las veces”. Sin embargo, en el mayor estudio sobre gemelos transgénero adultos, publicado por el doctor Milton Diamond en 2013, sólo en el 28 por ciento de los gemelos idénticos ambos se identificaban como transgénero, según refire la pediatra. Los gemelos idénticos comparten el 100% del ADN, pero eso no los determina en toda su existencia a ser iguales. Este dato sugiere que “el transgenerismo no se manifiesta por sí mismo sin factores no biológicos externos”. Por otro lado, que el 72% de ellos difiera a punta a que “al menos el 72% de lo que contribuye al transgenerismo en un gemelo está constituido por experiencias no compartidas después de nacer”, o lo que es lo mismo, factores no biológicos. De esta manera, concluye Cretella, se demuestra que la creencia en la identidad de género concebida como innata “es un mito que no tiene base científica”. 2.- La identidad de género es maleable, especialmente en los jóvenes La doctora Cretella, contra quienes apuestan por suministrar bloqueadores de la pubertad a los menores que expresan algún tipo de confusión sobre su identidad sexual, recuerda que “el manual de Sexualidad y Psicología de la Asociación Psicológica Americana admite que entre el 75 y el 95 por ciento de los niños lo superan”. “La inmensa mayoría termina por aceptar su sexo biológico al final de la adolescencia después de haber pasado de forma natural por la pubertad”, añade. Sólo a través de la propaganda y la presión social y política en especial en la sociedad occidental, “el número de niños que expresan aflicción sobre su género y que persisten a lo largo del tiempo, se ha incrementado de forma dramática”, tal y como demuestra un estudio en el Reino Unido. 3.- Los bloqueadores de la pubertad no han probado su seguridad Los bloqueadores de la pubertad son aplicados de forma segura para el tratamiento de la pubertad precoz, “un desorden médico infantil causado por la secreción anormal e insana de hormonas infantiles”, explica la doctora. Sin embargo, de acuerdo a un estudio publicado en The New Atlantis, no se puede inferir que sean igualmente seguros “en niños psicológicamente normales con disforia de género”. En dicho estudio, recuerda Cretella, se explica que su uso no indicado de estos bloqueadores provoca un aumento “del riesgo de fracturas de huesos cuando sean jóvenes adultos, un riesgo potencial creciente de obesidad y cáncer testicular y un desconocido impacto en el desarrollo psicológico y cognitivo”. La presidenta del Colegio Americano de Pediatras refiere que “en 2006 y 2007, la revista ‘Psychoneuroendocrinology’ [Psiconeuroendocrinología] reportó anormalidades cerebrales en el área de la memoria y del funcionamiento ejecutivo entre los hombres adultos que recibieron bloqueadores por razones ginecológicas”. El uso de bloqueadores de la pubertad para procesos de transexualidad en menores con lleva riesgos. 4.- No hay casos de niños con disforia que dejen los bloqueadores Los partidarios de que se suministre bloqueadores de la pubertad a los menores argumentan que su uso puede ser abandonado sin demasiadas complicaciones. Sin embargo, no existen casos documentados de menores que abandonaran su uso en este contexto. De hecho, “la mayoría, si no todos” continúan tomando hormonas de cruzamiento sexual (estrógenos para niños biológicos, testosterona para niñas biológicas) depués de los bloqueadores, según la doctora. Así lo asegura el único estudio hasta la fecha que ha seguido a los niños prepúberes que fueron tratados con bloqueadores a una edad temprana: el 100% expresó una identidad transgénero y eligió la ingesta de hormonas de cruzamiento sexual. A juicio de Cretella, “esto sugiere que el protocolo médico [pro trans] en sí mismo puede llevar a los chicos a identificarse como transgénero” en una suerte de “efecto auto realizable” en el proceso de que los menores “suplanten el sexo biológica y socialmente”. 5.- Las hormonas de cruzamiento sexual son peligrosas para la salud Por estudios de adultos sabemos que los riesgos de las hormonas de cruzamiento sexual incluyen, peor no se limitan, a enfermedades cardiacas, hipertensión arterial, coágulos de sangre, diabetes y cáncer. 6.- Los adolescentes y la capacidad para la evaluación de riesgos Los datos científicos muestran que las personas por debajo de los 21 años tienen menos capacidad de evaluar los riesgos. Hay un problema ético serio en permitir procedimientos irreversibles de cambios vitales en los menores que son demasiado jóvenes para dar un consentimiento válido. 7.- No hay prueba de que prevenga el suicidio en menores La prevención del suicidio de menores que sufren disforia de género es uno de los argumentos más empleados para reclamar el apoyo a las terapias tempranas con finalidad trasngénero. Es más, se acusa a quienes se oponen a dichas terapias de provocar el suicidio. Aparte de que en la mayor parte de los casos la disforia desaparece tras el paso de la pubertad como se ha señalado con anterioridad, la pediatra asegura que “no hay pruebas de que el acoso y la discriminación, y mucho menos la falta de afirmación trans, sean la principal causa de suicidio en cualquier grupo minoritario“. “Al menos un estudio de 2008 encontró que la discriminación percibida por quienes se identifican como LGTBI no era causal”, recuerda Cretella, que añade: “Más del 90% de la gente que se suicida tiene diagnosticado un desorden mental y no hay prueba de que los chicos con disforia de género sean en este sentido diferentes”. 8.- La reasignación sexual no es antídoto del suicidio Tal y como expone la presidenta del Colegio Americano de Pediatras, “los adultos que se realizan una reasignación sexual, incluso en Suecia, que es una de las naciones más proclives a los LGTBI, tienen una tasa de suicidio alrededor de 20 veces mayor que la población general“. Conclusión: abuso de menores institucionalizado A su juicio, según estos datos científicos, “claramente, la reasignación sexual no es la solución a la disforia de género”. La conclusión a la que llega la doctora Michelle Cretella es que se está “usando el mito de que se nace transgénero para justificar una experimentación masiva, incontrolada e inconsecuente sobre niños” cuyos problemas psicológicos desaparecen tras la pubertad en la inmensa mayoría de los casos. Debido a la presión institucional “están empujando a los niños a suplantar al sexo opuesto (…) por el camino de los bloqueadores de la pubertad, la esterilización, la eliminación de partes sanas del cuerpo y un daño psicológico indecible“, explica. “Estos daños constituyen nada menos que un abuso de menores institucionalizado”, subraya al tiempo que llama a trabajar para acabar con él: “Es momento de que nuestros líderes nacionales y la mayoría silenciosa de los profesionales de la salud aprendan exactamente qué está sucediendo con nuestros niños y, unidos, pasen a la acción”.

Por qué enseñar a discutir ayuda a los niños a mejorar en la escuela Un estudio realizado en 78 escuelas inglesas determinó que enseñar a los chicos a discutir tiene claras repercusiones en el aprendizaje escolar. Se observó un aumento de sus capacidades cognitivas en materias como inglés, matemáticas y ciencias El estudio confirma que el aprendizaje está estrechamente vinculado con los conceptos de discusión y coparticipación en el aula (iStock) Es muy común escuchar en discusiones entre padres e hijos la frase "no me discutas que soy tu padre". Esta frase debería ser desterrada ya que estudios científicos confirmaron que la discusión es uno de los ejes fundamentales para el desarrollo cognitivo de los más pequeños de la familia. La investigación fue impulsada por la Universidad Sheffield Hallam y se realizó en 78 escuelas británicas. En el caso de 2.493 alumnos de entre 9 y 10 años, que recibieron una intervención escolar focalizada en aprender a razonar, discutir y argumentar, se observó un importante progreso en materias como matemática, inglés y ciencias. En solo dos meses, los avances de este primer grupo fueron mayores en comparación con los alumnos que no recibieron esta técnica de aprendizaje escolar. La investigación analizó durante dos meses a 2.493 alumnos de entre 9 y 10 años que demostraron un importante progreso en el aprendizaje en inglés y ciencias (iStock) "Los resultados arrojados por este estudio sugieren que este tipo de enfoque puede mejorar el pensamiento global de los niños y las habilidades de aprendizaje en lugar de fomentar su conocimiento cognitivo en un tema en particular", aseguró en su estudio Kevan Collins, director ejecutivo de la Fundación de Dotación Educativa (EEF). Los maestros fueron capacitados para poder aplicar esta técnica que tiene como objetivo maximizar el poder de diálogo en el aula para aumentar el compromiso de los alumnos, el aprendizaje y logros personales. El programa utiliza material en video y papel, así como una tutoría en la escuela para apoyar la planificación, la enseñanza y la evaluación de los profesores en diferentes materias escolares. El programa utiliza material de video e impresión, así como tutoría en la escuela para apoyar la planificación (iStock) "Hacer que los niños piensen y hablen sobre su propio aprendizaje de manera más explícita puede ser una de las herramientas más efectivas para mejorar los resultados académicos. Pero puede ser difícil poner esto en práctica en el aula. Aunque no hay estrategia o truco simple, el informe de evaluación de hoy sobre la enseñanza dialógica da a los directores de escuelas primarias y a los profesores pruebas prácticas sobre un enfoque que parece ser eficaz en diferentes materias", detalló Collins. El programa desarrolla lo que se conoce como "rutinas de pensamientos" que ayudan a los alumnos a analizar y razonar sobre la temática a trabajar. Se trata de impulsar una pregunta inspiradora que invite a la discusión grupal; estas simples técnicas, si se practican de manera frecuente en el aula, se naturalizan y los sujetos podrán aplicarlas a la totalidad de sus mundos cognitivos. El programa desarrolla lo que se conoce como “rutinas de pensamientos” que ayudan a los alumnos a pensar y razonar sobre la temática a trabajar (iStock) Pero este modelo educacional ya fue expuesto hace años por uno de los más significativos pedagogos, Paulo Freire, quien aseguraba que el conocimiento no se transmite, sino que se "construye", y que el acto educativo no consiste en una transmisión de conocimientos, sino que es el goce de la construcción de un mundo común entre alumno y docente. Su teoría ya se ha impulsado en varios países del mundo y evidencia su rotundo éxito en materia de conocimiento y desarrollo intelectual. La coparticipación de los más chicos tanto en las aulas como en el hogar es la puerta para que puedan comprender la fuerza transformadora de su interior. Está técnica de aprendizaje ya fue desarrollada por el pedagogo Paulo Freire, quien aseguró que la clave del conocimiento es la construcción y no la transmisión (iStock) Como lo señaló Freire: "La cultura no es atributo exclusivo de la burguesía. Los llamados 'ignorantes' son hombres y mujeres cultos a los que se les ha negado el derecho de expresarse y por ello son sometidos a vivir en una 'cultura del silencio'". Existe el bardo educativo ? FUENTE: http://www.infobae.com/tendencias/2017/07/14/por-que-ensenar-a-discutir-ayuda-a-los-ninos-a-mejorar-en-la-escuela/

Asesinos a los 14: historia de los homicidas más jóvenes del Reino Unido im Edwards y Lucas Markham La joven de 14 años Kim Edwards y su novio, Lucas Markham, fueron condenados a cadena perpetua por el asesinato de la madre y la hermana de Kim. Era la medianoche del lunes, 11 de abril de 2016, en la pequeña localidad mercantil de Spalding. El joven de 14 años, Lucas Markham, se dirigía a la avenida Dawson, donde se encontraba la casa de su novia, Kim Edwards. En la mochila, enrollados en una camiseta negra, llevaba cuatro cuchillos de cocina. Una vez en la parte trasera de la casa, Lucas trepó al techo de un cobertizo y dio tres golpes con los nudillos en el cristal la ventana de la habitación de Kim. Esperó, pero al poco tiempo se dio cuenta de que la joven, también de 14 años, estaba profundamente dormida, así que Lucas volvió a casa solo. Regresó la noche del día siguiente, volvió a golpear en la ventana de Kim y, nuevamente, la joven no lo oyó. La noche del tercer día, miércoles, Kim oyó la llamada de Lucas y le franqueó la entrada por la ventana del baño. Una vez dentro, Lucas le preguntó: "¿Estás segura de que quieres hacerlo?". "Le dije que sí", declararía Kim posteriormente a la policía, "pero al final, no fui capaz y lo hizo él". Kim esperó en el baño y Lucas se dirigió hacia el dormitorio de Liz, la madre de Kim, de 49 años. En ese instante, Kim se percató de que se habían desviado ligeramente del plan que tan metódicamente habían elaborado. "Quítate los zapatos", le susurró. Lucas llegó a la cama de Liz sin despertarla y a continuación le asestó ocho puñaladas. Las dos primeras, dirigidas al cuello, seccionaron casi por completo la tráquea de la mujer, que se despertó e intentó defenderse mientras Lucas le propinaba otras cinco puñaladas en las manos. Luego, el joven se subió encima de ella e intentó asfixiarla con una almohada sobre la cara. En sus declaraciones a la policía, Lucas dijo que Liz le arañó la "cara, la espalda y el trasero" en su intento por zafarse. Lucas llegó a la cama de Liz sin despertarla y a continuación le asestó ocho puñaladas. Las dos primeras, dirigidas al cuello, seccionaron casi por completo la tráquea de la mujer, que se despertó e intentó defenderse Kim entró en la habitación en mitad del forcejeo. Había sangre por toda la cama y las paredes. Lucas le ordenó que cerrara la puerta. La joven se acercó a la cama, y la mano de su madre, estirada hacia ella con un gesto desesperado, se encontró con la suya. "Estaba luchando", recordó Kim más tarde. "Tenía la mano estirada y se la tomé. Luego me di cuenta de que era su mano, la solté inmediatamente y me acurruqué en el suelo, junto a la puerta. Me dije a mí misma 'Respira' , porque estaba a punto de sufrir un ataque de pánico. Me temblaban las piernas. Luego empecé a caminar de un lado a otro y a repetir: 'Todo va a salir bien, relájate. Pronto se va a acabar'. Después de 10 minutos, durante los que Lucas estuvo apoyando todo su peso sobre ella, finalmente murió. Ya no se resistía, pero de abajo de la almohada se oía un gorgoteo. Creo que en ese momento pregunté si estaba muerta". Lucas le buscó el pulso a la madre de Kim. Tras asegurarse de que estaba muerta, los dos niños se dirigieron a la habitación de al lado, que Kim compartía con su hermana de 13 años, Katie. Allí, Lucas repitió la misma escena, apuñalando a la joven repetidamente en la garganta y luego asfixiándola con una almohada. Kim recuerda oír las últimas palabras de su hermana: "No puedo…", dijo en un grito ahogado, "con una voz que daba miedo… como muy rasgada", según cuenta Kim. “Tenía la mano estirada y se la cogí. Luego me di cuenta de que era su mano, la solté inmediatamente y me acurruqué en el suelo, junto a la puerta. Me dije a mí misma, Respira, porque estaba a punto de sufrir un ataque de pánico” — Kim Edwards La pareja se dio un baño para limpiarse las manchas de sangre. Cuando terminaron, arrastraron el colchón de Kim al piso de abajo, frente al televisor, comieron galletas con té y helado, tuvieron sexo y vieron tres películas de Crepúsculo seguidas. Por este último detalle los medios de comunicación los bautizaron como los "asesinos del crepúsculo". Los jóvenes habían acordado suicidarse a las dos de la tarde del día siguiente. Kim escribió una nota que decía: "Quiero que se esparzan mis cenizas y las de Lucas en nuestro lugar especial. De parte de Lucas y Kim. Ya no nos importa nada una mierda". Sin embargo, cuando llegó la hora acordada, cambiaron de idea y prefirieron ver una cuarta entrega de la saga Crepúsculo. Kim y Lucas estuvieron 36 horas encerrados en la casa. La policía, alertada por los profesores de su colegio acerca de que no habían acudido a clase, finalmente entró a la fuerza a través de una ventana del piso de abajo y encontró a la pareja tapada con un edredón. Los agentes preguntaron a Kim dónde estaba su madre. "Arriba", fue la respuesta de la joven. Preguntaron a Lucas qué le había pasado a la mujer. "¿Por qué no suben y lo ven?", repuso. Lucas y Kim, detenidos La razón que alegaron Lucas y Kim para justificar lo que hicieron se destaca por lo banal. Kim creía que su hermana, Katie, era la favorita de su madre.Aseguraba que Katie "acaparaba toda la atención" y que había apartado a su madre de su lado. Cuando Kim tenía ocho años, en una discusión, su madre perdió los estribos y golpeó a la joven en la mandíbula. A partir de aquel episodio, las hermanas quedaron bajo la tutela de una familia de acogida durante cuatro meses y luego volvieron con Liz. Pero las desavenencias entre Kim y su madre no cesaron. El sábado antes de los asesinatos, habían discutido porque Liz se negaba a dejar que Kim fuera a ver a su padre, Peter Edwards. "No me he llevado bien con mi madre desde que era pequeña. Sabía que prefería a mi hermana antes que a mí. Ella decía que no, pero yo sabía que mentía. Siempre hablaban entre ellas, y cuando mi madre y yo discutíamos, Katie se ponía de su parte… Lucas odia verme disgustada, y por eso tampoco le caían bien ni mi madre ni mi hermana. Me deshice de la razón principal por la que me sentía deprimida: mi madre. Fue un alivio", confesó Kim a los detectives. Madre y hermana de Kim Kim y Lucas estuvieron 36 horas encerrados en la casa. La policía, alertada por el profesorado de su colegio de que no habían acudido a clase, finalmente entró a la fuerza a través de una ventana del piso de abajo Kim conoció a Lucas en septiembre de 2013, cuando el joven fue castigado por lanzar una silla por los aires en clase, en el colegio Sir John Gleed. Ambos trabaron amistad y el 23 de mayo de 2015, Lucas invitó a Kim a salir por Facebook. El joven se veía envuelto en frecuentes peleas en el colegio, y en el momento de cometer los asesinatos, había sido expulsado por mal comportamiento. Los jóvenes planearon el asesinato juntos, en el jardín de la casa de Kim y en un McDonald's que había a 15 minutos caminando desde la casa de ella. "Ya llevaba tiempo con la idea de asesinarlas rondándome por la cabeza", declaró Kim a la policía. Un ex compañero de escuela de Kim, Adam Free, dijo a los medios que Lucas había hablado sobre su intención de matar a Liz, pero que nadie se lo tomó en serio. La psicóloga infantil Alice Jones imparte clases de Psicología en Goldsmiths y está especializada en el desarrollo de comportamientos antisociales y psicopatías en menores. Jones asegura que los niños que cometen homicidios suelen mostrar un patrón de conducta violenta antes incluso de cometer el asesinato, y considera que existen una serie de señales indicativas de que la comisión del asesinato puede llevarse a cabo en los casos más graves. "Sobre todo en niños que tienen este trasfondo de agresividad y a los que además no parecen importarles los sentimientos de los demás". Los jóvenes planearon el asesinato juntos, en el jardín de la casa de Kim y en un McDonald’s que había a 15 minutos caminando desde casa de ella. En noviembre de 2016, en la sala de lo penal del juzgado de Nottingham, Lucas Markham y Kim Edwards fueron condenados a cadena perpetua. No solo son, sin embargo, los asesinos dobles más jóvenes de Gran Bretaña. El juez que instruía el caso, Justice Haddon, remarcó especialmente el poco arrepentimiento que demostraron por el delito que habían cometido y el grado de planificación con el que lo llevaron a cabo. "En muchos aspectos, este caso no tiene precedentes", aseguró. "Tras este acto había una premeditación y una planificación extraordinarias. Es, desde cualquier punto de vista, un crimen sólido, meticuloso y reiterado. La forma de ejecutar los asesinatos denota una brutalidad extrema, y ambas víctimas debieron de haber sufrido lo indecible durante sus últimos minutos de vida". Ofrendas a la puerta de la casa de Spalding en la que se hallaron los cadáveres de Elizabeth Edwards, de 49 años, y Katie Edwards, de 13 Los dos jóvenes deberán cumplir una condena mínima de 17 años y medio en prisión, si bien la doctora Jones cree que probablemente uno de los dos permanecerá mucho más tiempo encerrado. "No me sorprendería que al menos uno de los dos se meta en más problemas durante su reclusión", afirma. Jones fundamenta su predicción en la dificultad de llevar a cabo con éxito la rehabilitación de niños con tendencia psicopática. "¿Pueden reintegrarse en la sociedad? Me parece muy difícil después de lo que han hecho, porque les cambia la vida, sobre todo para Kim, que le ha hecho esto a su propia familia", explica Jones. "En general, a los niños que muestran estos rasgos no les resulta fácil cambiar su conducta. Uno no puede hacerlos sentir empatía por los demás. Si no la sientes, difícilmente alguien podrá lograr que lo hagas. Es algo biológico. Cuando no sientes miedo ni tristeza, ¿cómo vas a entender esos sentimientos en los demás?". Sin embargo, Carol Anne Davis, autora del libro Children Who Kill, señala casos como los de Mary Bell y Bernadette Protti como prueba de que, en determinadas ocasiones, es posible rehabilitar a los adultos que en la infancia han cometido asesinatos. "Lucas y Kim solo tenían 14 años cuando lo hicieron. Sus cerebros todavía tienen que madurar", afirma. “En general, a los niños que muestran estos rasgos no les resulta fácil cambiar su conducta. Uno no puede hacer sentir empatía a los demás. Si no la sientes, difícilmente alguien podrá lograr que lo hagas. Es algo biológico” — Alice Jones "Los adolescentes no son capaces de controlar sus emociones, como los adultos, y son propensos a asumir riesgos y a ceder a las presiones de sus pares. A los 25 años ya han desarrollado muchas más sinapsis y pueden cambiar por completo su carácter. Gran parte de esto dependerá de las relaciones que establezcan durante sus años de reclusión; una figura que se preocupe por ellos podría suponer una diferencia de incalculable valor". Al margen de lo que pase, Lucas y Kim —que tienen 15 años— deberán acarrear el peso de dos horribles asesinatos durante el resto de sus vidas, al igual que los familiares y los amigos de Liz y Katie. Tras ver cómo una de sus hijas ha sido condenada por el asesinato de la otra, Peter Edwards compró la parcela que se encuentra junto a la sepultura de Katie. "Debo decir que ahora soy dueño del lugar en el que estoy deseando descansar cuando llegue el momento", escribió en Facebook. Inglaterra un país con buena gente
La queja que se repite en Nueva Zelanda: “El colegio permite a mi hijo de ocho años ver pornografía” El porno se cuela no sólo en los hogares, a través de los ordenadores, sino también en las aulas. La escuela primaria de Rotorua (Nueva Zelanda) ha recibido multitud de quejas de padres que descubren asombrados que sus hijos ven pornografía sin ningún tipo de restricción en el colegio. El número de menores que acceden a la pornografía gracias a Internet se incrementa sin cesar El peligro de que menores de edad usen sus móviles para ver pornografía o películas demasiado violentas es casi inevitable si los niños tienen teléfono e internet sin restricciones. Pero el caso de la escuela de primaria de Rotorua, en Nueva Zelanda, ha puesto el grito en el cielo de muchos padres, porque en los últimos días acaban de descubrir no solo que sus hijos ven pornografía en clase -algunos con solo ocho años- sino que el colegio hace la vista gorda y no toma medidas para remediarlo. El Ministerio de Educación neozelandés ha hablado con el director del colegio que ha confirmado que ha recibido una queja al respecto. Según la empresa de software que trabaja con el colegio, el acceso al porno se está convirtiendo en “un problema masivo” para los niños. “He oído hablar de escuelas donde a algunos niños se les obliga a apagar sus móviles en el recreo porque son adictos al porno. Y tienen 13 ó 14 años”, declara Rory Birkbeck, de la organización SafeSurfer al nzherald. Una de las madres que se han quejado de este problema reconoce que su hijo fue a buscar en el ordenador de su colegio -en este caso el Selwyn School, con unos 450 alumnos- una información sobre libros electrónicos y acaba viendo chicas desnudas. Otra madre contó cómo llegó un día su hijo de 7 años ha casa y empezó a actuar de forma extraña hablando de culos y moviéndose de una forma que nunca antes había utilizado. También hay mucha violencia en los contenidos que ven estos niños. Así se lo contó un hijo a su madre, que le confesó cómo vieron a un hombre matar a una chica y hacerle “mil pedazos” la cabeza. El director de la escuela, Peter Barker, no ha querido realizar comentarios al respecto más que “existen una serie de políticas y procedimientos establecidos para que los padres puedan plantear sus problemas a través de los canales apropiados”. Pero la madre que utilizó esos canales para quejarse de la situación que se vive en el colegio volvió a quejarse una semana después diciendo que nada había cambiado y que los niños seguían accediendo a todo tipo de páginas en las clases y en el recreo. Los niños admiten que sus profesores no les hacen caso y miran hacia otra parte, por eso existe tanta impunidad. “El colegio anunció que iba a implementar un programa para evitar que los alumnos pudiesen acceder a esas páginas con el wifi, pero nada”, se queja uno de los padres. FUENTE : https://www.actuall.com/educacion/la-queja-que-se-repite-en-nueva-zelanda-el-colegio-permite-a-mi-hijo-de-ocho-anos-ver-pornografia/